VI. Tu función especial (2ª parte).
2. Los ojos se acostumbran a la oscuridad, y la luz de un día soleado les resulta dolorosa a los ojos aclimatados desde hace mucho a la tenue penumbra que se percibe durante el crepúsculo. 2Dichos ojos esquivan la luz del sol y la claridad que ésta le brinda a todo lo que contemplan. 3La penumbra parece mejor: más fácil de ver y de reconocer. 4De alguna manera lo vago y lo sombrío parece ser más fácil de contemplar y menos doloroso para los ojos que lo que es completamente claro e inequívoco. 5Éste, no obstante, no es el propósito de los ojos, y ¿quién puede decir que prefiere la oscuridad y al mismo tiempo afirmar que desea ver?
El fragmento utiliza una imagen poderosa y
cotidiana: los ojos que, tras mucho tiempo en la penumbra, encuentran dolorosa
la luz intensa. Esta metáfora describe cómo la mente y el corazón humanos
pueden habituarse a estados de confusión, miedo o autoengaño, hasta el punto de
que la claridad y la verdad resultan incómodas o incluso amenazantes. El texto
señala que, aunque la penumbra parece más fácil de soportar, no es el propósito
de los ojos (ni de la mente) permanecer en ella. La pregunta final desafía la
coherencia de quien dice desear la luz, pero sigue eligiendo la oscuridad.Este apartadp aborda la resistencia al despertar espiritual y a la transformación interior. La “oscuridad” representa los viejos hábitos mentales, las creencias limitantes, el miedo a la verdad y la tendencia a evitar el autoconocimiento profundo. La “luz” simboliza la claridad, la honestidad, la visión espiritual y la paz que provienen de aceptar la verdad sobre uno mismo y sobre la vida. El texto nos muestra que, aunque la luz puede resultar incómoda al principio, es el único camino hacia la verdadera visión y la libertad interior. La resistencia a la luz es, en el fondo, miedo al cambio y a la responsabilidad de ver y actuar desde la verdad.
Mensaje
central del punto:
- La costumbre de la oscuridad: Cuando
nos acostumbramos a vivir en la confusión, el miedo o el autoengaño, la
claridad puede parecernos amenazante. Esto se traduce en una tendencia a
evitar la introspección honesta o a justificar nuestras zonas oscuras.
- La comodidad de lo ambiguo: Es más
fácil permanecer en la ambigüedad, donde no hay que tomar decisiones
claras ni asumir responsabilidades. Lo vago y lo sombrío permiten
postergar el cambio.
- El propósito de la visión: Los ojos
(y la mente) están hechos para ver con claridad, para discernir la verdad
y actuar en consecuencia. Adaptarse a la penumbra es renunciar a la
plenitud de la visión.
- Incoherencia entre deseo y elección: No se
puede afirmar sinceramente que se desea la luz si se sigue eligiendo la
oscuridad. La transformación requiere coherencia y valentía para afrontar
la incomodidad inicial.
- La resistencia como autoengaño: Preferir la penumbra es una forma de protegerse del cambio, pero también de perpetuar el sufrimiento y la limitación.
Aplicación
práctica en la vida cotidiana:
- Detectar zonas de penumbra: Observa
en qué áreas de tu vida prefieres no mirar de frente, ya sea por miedo,
vergüenza o comodidad. Puede ser una relación, una emoción, un hábito o
una creencia.
- Aceptar la incomodidad inicial: Reconoce
que la claridad puede doler al principio, como la luz a los ojos
acostumbrados a la oscuridad. No huyas de esa incomodidad: es señal de
crecimiento.
- Practicar la honestidad radical: Atrévete
a ser honesto contigo mismo, incluso si eso implica reconocer errores,
limitaciones o deseos ocultos. La honestidad es el primer paso hacia la
libertad.
- Buscar la transparencia en las relaciones: Elige la sinceridad y la autenticidad, aunque al principio pueda
generar tensión o miedo al rechazo. La luz en las relaciones trae
confianza y profundidad.
- Transformar la resistencia en apertura: Cuando notes que te resistes a ver algo, repite mentalmente: “Puedo soportar la luz. Estoy dispuesto a ver con claridad, aunque al principio me incomode”.
Citas relacionadas:
- “La visión de Cristo es el don que Él te da a ti. Su Ser es el don que Su Padre le dio a Él.” (T-30.VII.6:6-7)
- “La luz brilla en ti ahora, y desde tu corazón se extiende a todo lo que ves.” (T-13.VI.9:1)
- “No hay nadie que no merezca tu perdón, ni hay nadie que no merezca tu amor.” (T-13.X.14:1)
- “La impecabilidad es la base de la visión verdadera.” (T-20.VIII.9:1)
Preguntas
para la reflexión personal:
- ¿En qué aspectos de mi vida me resulta más cómodo permanecer en la
penumbra que afrontar la luz de la verdad?
- ¿Qué emociones o pensamientos surgen cuando me acerco a la claridad y
la honestidad? ¿Siento miedo, vergüenza, resistencia?
- ¿Estoy dispuesto a soportar la incomodidad inicial de la claridad para
alcanzar una paz más profunda?
- ¿Reconozco cuándo me autoengaño o justifico mis zonas oscuras para
evitar el cambio?
- ¿Cómo puedo abrirme más a la luz en mis relaciones, en mi trabajo, en mi vida interior? ¿Qué pasos concretos puedo dar hoy?
Conclusión:
Este fragmento nos recuerda que la verdadera visión y la paz interior sólo se alcanzan cuando elegimos la luz de la verdad, aunque al principio resulte incómoda. La penumbra de la confusión y el autoengaño puede parecer más fácil, pero perpetúa el sufrimiento y la limitación. La coherencia entre lo que decimos desear (la luz, la paz, la claridad) y lo que realmente elegimos es fundamental para la transformación espiritual. La honestidad, la valentía y la apertura a la incomodidad inicial son el precio de la libertad y la plenitud.
Frase
inspiradora:
“Hoy elijo mirar de frente la luz, aunque al principio me incomode, porque sé que sólo la claridad me trae paz y libertad. Prefiero la incomodidad pasajera de la verdad a la falsa comodidad de la penumbra.”
Invitación
práctica:
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