martes, 20 de febrero de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 51

PRIMER REPASO

Introducción

1. Hoy comenzaremos una serie de sesiones de repaso. 2Cada una de ellas abarcará cinco de las ideas ya presentadas; comenzando con la primera y terminando con la quincuagésima. 3A cada idea le sigue un breve comentario que debes tener en cuenta al hacer tu repaso. 4Durante las sesiones de práctica, los ejercicios deben llevarse a cabo de la siguiente manera:

2. Comienza el día leyendo las cinco ideas, incluyendo los comentarios. 2De ahí en adelante no es necesario seguir un orden determinado al repasarlas, aunque se debe practicar con cada una de ellas por lo menos una vez. 3Dedica dos minutos o más a cada sesión de práctica, pensando en la idea y en los comentarios que le siguen después que los hayas leído. 4Haz esto tan a menudo como te sea posible durante el día. 5Si una de las cinco ideas te atrae más que las otras, concéntrate en ella. 6Sin embargo, asegúrate de repasarlas todas una vez más al final del día.

3. No es necesario abarcar, ni literal ni concienzudamente, los comentarios que siguen a cada idea en las sesiones de práctica. 2Trata, más bien, de poner de relieve el punto central y de pensar en dicho comentario como parte de tu repaso de la idea en cues­tión. 3Después de leer la idea y sus comentarios, los ejercicios deben hacerse, a ser posible, con los ojos cerrados y cuando estés solo en un lugar tranquilo.

4. Hacemos hincapié en este procedimiento para las sesiones de práctica debido a la etapa de aprendizaje en la que te encuentras. 2Es necesario, sin embargo, que aprendas que no necesitas ningún ambiente especial donde aplicar lo que has aprendido. 3Tendrás más necesidad de tu aprendizaje en aquellas situaciones que parecen desagradables que en las que aparentan ser apacibles y serenas. 4El propósito de tu aprendizaje es capacitarte para que la quietud te acompañe donde quiera que vayas, y para que cures toda aflicción e inquietud. 5Esto no se consigue evadiendo tales situaciones y buscando un refugio donde poder aislarte.

5. Ya aprenderás que la paz forma parte de ti y que sólo requiere que estés presente para que ella envuelva cualquier situación en la que te encuentres. 2finalmente aprenderás que no hay límite con respecto a dónde tú estás, de modo que tu paz está en todas partes, al igual que tú.

6. Notarás que, para los efectos de este repaso, algunas de las ideas no se presentan en su forma original. 2Úsalas tal como se presentan aquí. 3No es necesario volver a las lecciones originales, ni aplicar las ideas tal como se sugirió entonces. 4En lo que ahora estamos haciendo hincapié es en la relación que existe entre las primeras cincuenta ideas que hemos presentado hasta el momento y en la cohesión del sistema de pensamiento hacia el cual te están conduciendo.


LECCIÓN 51

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. Nada de lo que veo significa nada.

2La razón de que esto sea así es que veo lo que no es nada y lo que no es nada no tiene significado. 3Es necesario que reconozca esto, para poder aprender a ver. 4Lo que ahora creo ver ocupa el lugar de la visión. 5Tengo que desprenderme de ello dándome cuenta de que no significa nada, para que de este modo la visión pueda ocupar el lugar que le corresponde.

2. Le he dado a todo lo que veo todo el significado que tiene para mí.

2He juzgado todo lo que veo, y eso, y sólo eso, es lo que veo. 3Eso no es visión. 4Es meramente una ilusión de realidad porque he juzgado sin tomar en cuenta la realidad. 5Estoy dispuesto a reconocer la falta de validez de mis juicios porque quiero ver. 6Mis juicios me han hecho daño, y no quiero ver basándome en ellos.

3. No entiendo nada de lo que veo.

2¿Cómo puedo entender lo que veo si lo he juzgado errónea­mente? 3Lo que veo es la proyección de mis propios errores de pensamiento. 4No entiendo lo que veo porque no es comprensible. 5No tiene sentido tratar de entenderlo. 6Pero sí tiene sentido que me desprenda de ello y dé cabida a lo que se puede ver, entender y amar. 7Puedo intercambiar lo que ahora veo por ésto, sólo con estar dispuesto a ello. 8¿No es ésta una mejor elección que la que hice antes?

4. Estos pensamientos no significan nada.

2Los pensamientos de los que soy consciente no significan nada porque estoy tratando de pensar sin Dios. Lo que yo llamo "mis" pensamientos no son mis pensamientos reales en absoluto. 4Mis pensamientos reales son los pensamientos que pienso con Dios. 5No soy consciente de ellos porque he inventado mis pensamientos para que ocupasen su lugar. 6Estoy dispuesto a reconocer que mis pensamientos no significan nada y a abandonarlos. Elijo reemplazarlos por los que ellos tuvieron como propósito reemplazar8Mis pensamientos no significan nada, sin embargo, toda la creación descansa en los pensamientos que pienso con Dios.

5. Nunca estoy disgustado por la razón que creo.

2Nunca estoy disgustado por la razón que creo porque estoy tratando constantemente de justificar mis pensamientos. 3Estoy tratando constantemente de hacer que sean verdad. Hago de todas las cosas mi enemigo de modo que mi ira esté justificada y mis ataques sean merecidos. 5No me he dado cuenta del mal uso que he hecho de todo lo que veo asignándole ese papel. He hecho esto para defender un sistema de pensamiento que me ha hecho daño y que ya no deseo. 7Estoy dispuesto a abandonarlo.

¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Nada de lo que veo significa nada.
  • Cuando te miras al espejo, ¿a quién ves? ¿te reconoces en esa imagen? ¿eres un ser real o ilusorio? Si, lo que ves no significa nada, ¿qué significado tiene lo que ves? ¿es real lo que ves?
Le he dado a todo lo que veo todo el significado que tiene para mí.
  • ¿Estás seguro de que la imagen que ves de ti es lo que realmente eres? ¿quién eres, realmente? Cuando ves reflejado tu rostro, ¿qué opinión tienes de ti? ¿Te amas? ¿Te juzgas? ¿Te percibes como un ser diferente a los demás?
No entiendo nada de lo que veo.
  • ¿Conoces tu procedencia? ¿Conoces tu linaje? ¿Por qué estás, donde crees estar? ¿Comprendes lo que ven tus ojos? ¿Conoces lo que has de hacer?
Estos pensamientos no significan nada.
  • ¿Qué estás pensando, cuando ves tu rostro reflejado? ¿Cuál es el origen de tu pensamiento? ¿A quién sirve tus pensamientos? ¿Eres consciente de que aquello que estás pensando sobre ti, no es tu verdadera realidad? ¿Acaso crees ser aquello que ves?
Nunca estoy disgustado por la razón que creo.
  • ¿Eres feliz con lo que crees ser? ¿Te crees diferente a los demás? ¿Piensas que puedes ser atacado? ¿Te ves reflejado en los demás? ¿Quién son los otros? ¿Te crees separado del mundo que te rodea? ¿Te percibes separado del resto de los hombres? ¿Por qué juzgas? ¿A quién juzgas? 

lunes, 19 de febrero de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 50

LECCIÓN 50

El Amor de Dios es mi sustento.

1. He aquí la respuesta a cualquier problema que se te presente, hoy, mañana o a lo largo del tiempo. 2Crees que lo que te sustenta en este mundo es todo menos Dios. 3Has depositado tu fe en los símbolos más triviales y absurdos: en píldoras, dinero, ropa "protectora", influencia, prestigio, caer bien, estar "bien" relacionado y en una lista interminable de cosas huecas y sin fundamento a las que dotas de poderes mágicos.

2. Todas esas cosas son tus sustitutos del Amor de Dios. 2Todas esas cosas se atesoran para asegurar la identificación con el cuerpo. 3Son himnos de alabanza al ego. 4No deposites tu fe en lo que no tiene valor. 5No te sustentará.

3. Sólo el Amor de Dios te protegerá en toda circunstancia. 2Te rescatará de toda tribulación y te elevará por encima de todos los peligros que percibes en este mundo a un ambiente de paz y seguridad perfectas. 3Te llevará a un estado mental que no puede verse amenazado ni perturbado por nada, y en el que nada puede interrumpir la eterna calma del Hijo de Dios.

4. No deposites tu fe en ilusiones. 2Te fallarán. 3Deposita toda tu fe en el Amor de Dios en ti: eterno, inmutable y por siempre indefectible. 4Ésta es la respuesta a todo problema que se te presente hoy. 5Por medio del Amor de Dios en ti puedes resolver toda aparente dificultad sin esfuerzo alguno y con absoluta confianza. 6Dite esto a ti mismo con frecuencia hoy. 7Es una declaración de que te has liberado de la creencia en ídolos. 8Es tu reconocimiento de la verdad acerca de ti.

5. Durante diez minutos dos veces al día, una por la mañana y otra por la noche, deja que la idea de hoy se adentre muy hondo en tu conciencia. 2Repítela, reflexiona sobre ella, deja que pensamientos afines vengan a ayudarte a reconocer su verdad, y per­mite que la paz se extienda sobre ti como un manto de protección y seguridad. 3No permitas que ningún pensamiento vano o necio venga a perturbar la santa mente del Hijo de Dios. 4Tal es el Reino de los Cielos. 5Tal es el lugar de descanso donde tu Padre te ubicó eternamente.

¿Qué me enseña esta lección?

Preguntémonos, ¿sentimos amor o temor por Dios?

Tal vez, si nos surge la duda, la siguiente reflexión nos ayude a encontrar una respuestas: “cuán grande tiene que ser el Amor de Dios por nosotros, para que Él nos haya dado una parte de Sí Mismo a fin de evitarnos dolor y brindarnos dicha”.

Debemos saber, que “El temor a Dios es el resultado ineludible de la lección que afirma que Su Hijo es culpable, de la misma manera en que el Amor de Dios no puede sino recordarse cuando el Hijo reconoce su inocencia”.

“Dios no juzga a Su inocente Hijo. Habiéndose dado a Sí Mismo a él, ¿cómo iba a poder juzgarlo?”

¿Qué podría haber que fuese más grande que el Amor de Dios?

Tomar consciencia de esta realidad nos llevará a sentir una profunda paz interior. Ese reconocimiento, nos indica que hemos alcanzado un punto importante de comprensión de lo que somos en verdad.

Significa tener la certeza de que somos Hijos de Dios y que, como tal, somos merecedores de su heredad. La Eternidad y su Abundancia Plena, nos colmará de la máxima satisfacción a la que podemos aspirar.

El Amor de Dios, aunque a un nivel superior, inspira el amor que sentimos por nuestros hijos a nivel microcósmico. Sabemos que cuando tengamos miedo, Él, a través de su Voz, nos socorrerá, nos calmará, alejando de nuestro sueño las trágicas pesadillas; cuando estemos identificados con los malos momentos, con la tribulación, Él nos cobijará y aportará consuelo. 

Si conseguimos albergar en nuestro corazón el sentimiento de Amor hacia nuestro Padre, nuestra vida será una experiencia enriquecedora.

Os invito a participar en un acto de honestidad individual. Preguntémonos, ¿realmente encontramos la paz que añoramos en las cosas que nos ofrece el mundo material? Difícilmente podremos encontrar la paz en lo efímero, en la ilusión. Tal vez, como yo, puedas traer a tu presente, el recuerdo de alguna vivencia que temporalmente te haya podido aportar paz. Si te tomas unos minutos y recreas fielmente lo ocurrido en ese instante, tal vez puedas captar que la experiencia externa no es realmente la que te permite sentirte en paz. Eres tú, el que le da ese "poder" a tu mente, es decir, te permites juzgar que lo que estás viviendo es motivo para sentirte en paz.

Ya lo hemos dicho, en alguna otra ocasión, no es en el nivel de los efectos donde debemos corregir, sino en el nivel de las causas, o lo que es lo mismo, no es en lo percibido, sino en el pensamiento que nos lleva a percibirlo. Si en tu código mental encuentras la creencia de que para gozar de paz, debes experimentar unas vivencias determinadas, entonces estarás poniendo en manos de lo externo, las condiciones para que puedas sentir o no esa paz.

Pero si en nuestra mente, albergamos la creencia de que tan solo Dios es nuestro sustento y nuestra única realidad, entonces estamos reclamando que la paz es nuestra elección, independientemente de lo que experimentemos externamente.

Así lo expresa UCDM:


Un Hijo de Dios es feliz únicamente cuando sabe que está, con Dios. Ése es el único medio ambiente en el que no sufre tensión porque ahí es donde le corresponde estar. Es también el único medio ambiente que es digno de él porque su valía está más allá de cualquier cosa que él pueda inventar.
Examina el reino que fabricaste y juzga su valor imparcialmente. Es acaso digno de ser la morada de una criatura de Dios? ¿Protege tal mundo su paz e irradia amor sobre ella? ¿Evita acaso que su corazón se vea afectado por el miedo, y le permite dar siempre sin experimentar ninguna sensación de pérdida? ¿Le enseña que esa forma de dar es su dicha, y que Dios Mismo le agradece lo que da? Ése es el único ambiente en el que puedes ser feliz. Tú no lo puedes "crear", como tampoco puedes "crearte" a ti mismo. Fue creado para ti, tal como tú fuiste creado para él. Dios vela por Sus Hijos y no les niega nada. Mas cuando ellos lo niegan a Él, dejan de ser conscientes de eso porque se niegan todo a sí mismos. Tú, que podrías estar dando el Amor de Dios a todo lo que ves, a todo lo que tocas y a todo lo que recuerdas, estás literalmente negándote el Cielo a ti mismo.

Ejemplo-Guía: ¿Por qué si somos "abundantes", en nuestras vivencias experimentamos la escasez?

Algunos, interpretareis esta pregunta como inapropiada desde el punto de vista de las enseñanzas que nos aporta Un Curso de Milagros. Y estoy de acuerdo en esa apreciación. No obstante, son muchos los estudiantes que se plantean, en sus inicios, esta preocupación.

Es evidente, que la pregunta tan solo puede proceder de una mente identificada con el mundo de la percepción, la que fundamenta a las creencias que dan credibilidad a la naturaleza del ego. Todas las preguntas planteadas por el ego, tratará de menospreciar la verdad espiritual. De hecho, su "existencia" depende del despertar de la consciencia a la verdad que nos revelará nuestra propia realidad.

Si la cuestión que hemos planteado en nuestro ejemplo no la hacemos desde el corazón, si verdaderamente, no deseamos oír la respuesta, difícilmente podremos aceptar lo que la verdad tiene que aportar sobre ella. Nadie aprende a menos que quiera aprender, y crea que de alguna manera lo necesita.


Si bien en la creación de Dios no hay carencia, en lo que hemos fabricado es muy evidente. De hecho, ésa es la diferencia fundamental entre lo uno y lo otro. La idea de carencia implica que creemos que estaríamos mejor en un estado que de alguna manera fuese diferente de aquel en el que ahora nos encontramos. 
La cuestión es que antes de la "separación", que es lo que significa la "caída", no se carecía de nada. No había necesidades de ninguna clase. Las necesidades surgen debido únicamente a que nos privamos a nosotros mismos. Actuamos de acuerdo con el orden particular de necesidades que  establecemos, y esto, a su vez, depende de la percepción que tenemos de lo que creemos ser.

Podemos darle todas las vueltas que queramos. Pero la verdad es muy simple. Si creemos que estamos separados de Dios, estaremos proclamando nuestra carencia. Estaremos creyendo en el mandato condenatorio, procedente de nuestro Creador, que resuena en nuestro inconsciente colectivo con gran fuerza y determinación: "ganarás el pan con el sudor de tu frente".

Pero estamos tergiversando ese mensaje, y lo hacemos porque hemos elegido sentirnos pecadores al utilizar los Atributos divinos con los que Él nos creó. ¿Qué contradicción? Dios nos crea a Su Imagen y Semejanza, pero con una condición, "no actúes como Dios". Es como si a nuestros hijos, lo castigásemos por hacer uso de su capacidad creadora. Nuestro hijo, tendría todos los argumentos a su favor para preguntar a su padre, ¿cómo me pides que no haga lo que tú has hecho?

El Curso nos dice a este respecto: "La única carencia que realmente necesitas corregir es tu sensación de estar separado de Dios. Esa sensación de separación jamás habría surgido si no hubieses distorsionado tu percepción de la verdad, percibiéndote así a ti mismo como alguien necesitado".
 ¿Te identificas entre los que te crees separado de Dios? ¿Te identificas entre los que tienen dudas y no se deciden en confiar tan sólo en Dios? ¿Te identificas entre los que necesitan ver para creer?

Fijaros lo que el Curso nos recomienda en este sentido:


Sólo el Espíritu Santo sabe lo que necesitas. Pues Él te proveerá de todas las cosas que no obstaculizan el camino hacia la luz. ¿Qué otra cosa podrías necesitar? Mientras estés en el tiempo, Él te proveerá de todo cuanto necesites, y lo renovará siempre que tengas necesidad de ello. No te privará de nada mientras lo necesites. Mas Él sabe que todo cuanto necesitas es temporal, y que sólo durará hasta que dejes a un lado todas tus necesidades y te des cuenta de que todas ellas han sido satisfechas. El Espíritu Santo no tiene, por lo tanto, ningún interés en las cosas que te proporciona. Lo único que le interesa es asegurarse de que no te valgas de ellas para prolongar tu estadía en el tiempo. Sabe que ahí no estás en casa, y no es Su Voluntad que demores tu jubiloso regreso a tu hogar.

Deja, por lo tanto, todas tus necesidades en Sus manos. Él las colmará sin darles ninguna importancia. Lo que Él te provee no conlleva ningún riesgo, pues Él se asegurará de que no pueda convertirse, en un punto tenebroso, oculto en tu mente y que se conserva para hacerte daño. Bajo Su dirección viajarás ligero de equipaje y sin contratiempos, pues Él siempre tiene puestas Sus miras en el final de la jornada, que es Su objetivo. El Hijo de Dios no es un viajero por mundos externos. No importa cuán santa pueda volverse su percepción, ningún mundo externo a él contiene su herencia. Dentro de sí mismo no tiene necesidades de ninguna clase, pues la luz sólo necesita brillar en paz para dejar que desde sí misma sus rayos se extiendan quedamente hasta el infinito.

Siempre que te sientas tentado de emprender un viaje inútil que no haría sino alejarte de la luz, recuerda lo que realmente quieres, y di: 
   
 El Espíritu. Santo me conduce hasta Cristo, pues, ¿a qué otro sitio querría ir?

¿Qué otra necesidad tengo, salvo la  de despertar en Él?

Reflexión: ¿Pones tus problemas en manos de Dios o le exiges cómo debe responder?

domingo, 18 de febrero de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 49

LECCIÓN 49

La Voz de Dios me habla durante todo el día.

1. Es muy posible escuchar la Voz de Dios durante todo el día sin que ello interrumpa para nada tus actividades normales. 2La parte de tu mente donde reside la verdad está en constante comunicación con Dios, tanto si eres consciente de ello como si no. 3Es la otra parte de tu mente la que opera en el mundo y la que obedece sus leyes. 4Ésa es la parte que está constantemente distraída, y que es desorganizada y sumamente insegura.

2. La parte que está escuchando a la Voz de Dios es serena, está en continuo reposo y llena de absoluta seguridad. 2Es la única parte que realmente existe. 3La otra es una loca ilusión, frenética y perturbada, aunque desprovista de toda realidad. 4Trata hoy de no prestarle oídos. 5Trata de identificarte con la parte de tu mente donde la quietud y la paz reinan para siempre. 6Trata de oír la Voz de Dios llamándote amorosamente recordándote que tu Creador no se ha olvidado de Su Hijo.

3. Hoy necesitaremos por lo menos cuatro sesiones de práctica de cinco minutos cada una, e incluso más si es posible. 2De hecho, trataremos de oír la Voz de Dios recordándote a Dios y a tu Ser. 3Abordaremos el más santo y gozoso de todos los pensamientos llenos de confianza, sabiendo que al hacer esto estamos uniendo nuestra voluntad a la Voluntad de Dios. 4Él quiere que oigas Su Voz. 5Te la dio para que la oyeses.

4. Escucha en profundo silencio. 2Permanece muy quedo y abre tu mente. 3Ve más allá de todos los chillidos estridentes e imaginaciones enfermizas que encubren tus verdaderos pensamientos y empañan tu eterno vínculo con Dios: 4Sumérgete profundamente en la paz que te espera más allá de los frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes de este mundo demente. 5No vives aquí. 6Estamos tratando de llegar a tu verdadero hogar. 7Estamos tratando de llegar al lugar donde eres verdaderamente bienvenido. 8Estamos tratando de llegar a Dios.

5. No te olvides de repetir la idea de hoy frecuentemente. 2Hazlo con los ojos abiertos cuando sea necesario, pero ciérralos siempre que sea posible. 3Y asegúrate de sentarte quedamente y de repetir la idea cada vez que puedas, cerrando los ojos al mundo, y comprendiendo que estás invitando a la Voz de Dios a que te hable.

¿Qué me enseña esta lección?

Si no puedes oír la Voz de Dios, es porque estás eligiendo no escucharla. Pero que sí escuchas a la voz de tu ego lo demuestran tus actitudes, tus sentimientos y tu comportamiento. (T.4.IV.1:2)

La Voz de Dios en el Curso es la voz del Espíritu Santo. Esa Voz, es la llamada a la Expiación, es decir, a la restitución de la integridad de la mente. El Espíritu Santo es la Mente de la Expiación y representa un estado mental lo suficientemente próximo a la Mentalidad-Uno como para que la transferencia a ella sea finalmente posible.

Dios no puede ver el “sueño” en el que está sumergido Su Hijo, pero una extensión de Si Mismo, a la que esta Lección llama su Voz, el Espíritu Santo tiene la capacidad de manifestarse dentro del sueño sin pertenecer en él. Desde ese estado, su labor permite al Hijo de Dios, el cual se encuentra identificado con el mundo de la forma, cambiar su percepción y acercarla lo máximo posible hasta la visión del Reino de los Cielos.

En este sentido, la visión o la Voz del Espíritu Santo, es universal; es incapaz de atacar y conduce a la mente más allá de su propia integración, hacia los senderos de la creación.

Nos dice UCDM, que Dios no está dentro de nosotros en un sentido literal, más bien, formamos parte de Él. Cuando elegimos abandonarlo nos dio una Voz para que hablase por Él, pues ya no podía compartir Su conocimiento con nosotros libremente. La comunicación directa se interrumpió cuando nos inventamos otra voz.

La Voz del Espíritu Santo no da órdenes porque es incapaz de ser arrogante. No exige nada porque su deseo no es controlar. No vence porque no ataca. Su Voz es simplemente un recorda­torio. Es apremiante únicamente por razón de lo que te recuerda. Le ofrece a tu mente el otro camino, permaneciendo serena aun en medio de cualquier confusión a que puedas dar lugar. La Voz que habla por Dios es siempre serena porque habla de paz. (T.5.II.7)

Si le prestamos oídos a la voz que no debemos, perdemos de vista a nuestra alma. Aunque, realmente, no podemos perderla, pero sí podemos no cono­cerla y nos parecerá, que la hayamos "perdido" hasta que elijamos correctamente. 

El sueño del ego le lleva a percibir voces que lo alejan de la realidad. Se identifica con esas voces que tratan de guiarlo por el mundo con el que se identifica. Esas voces le recuerdan conceptos que les hace sentirse seguro en un mundo temporal, que está llamado a desaparecer al estar sujeto a leyes perecederas. Esas voces, son portadoras de mensajes distintos que les produce una permanente indecisión y duda. Son voces que les habla de temor y miedo, de separación, de culpa, de dolor y sufrimiento, como caminos para alcanzar la liberación. Sin embargo, esas voces no dejan oír con claridad la única Voz verdadera, la que nos conecta con Dios, nuestro Padre, guiándonos y conduciéndonos hacia la visión de la Unidad y del Amor: la Voz del Espíritu Santo.

Dios nos habla durante todo el día y depende del estado de silencio interno de nuestra mente, para que podamos oír con nitidez su mensaje o lo tergiversemos con las voces provenientes del mundo de la ilusión.

Ejemplo-Guía: ¿Cómo me comunico con el Espíritu Santo?

Para dar respuesta a esta cuestión elegida como ejemplo para la Lección de hoy, debemos conocer el papel que tiene encomendado el Espíritu Santo en el Plan de Salvación de Dios, e igualmente, debemos conocer la razón por la cual no oímos su Voz.

El uso del pensamiento nos lleva a la comunicación y en la medida en que tengamos lucidez en nuestra mente, el contenido que compartimos y que expresamos a través de la comunicación, tendrá esa característica de lucidez lo que facilitará su comprensión.

Si nuestra mente se encuentra ocupada con pensamientos fundamentados en el miedo, en el conflicto, en la separación, los canales de comunicación con el Espíritu Santo se verán bloqueados, pues el lenguaje de comunicación es diferente. Por mucha luz que nos quiera transmitir el Espíritu Santo, si no creemos en la luz, no entenderemos su mensaje,

Dentro de los 50 Principios de los Milagros recogidos en el Curso, el número 4, nos indica que Dios es el dador de la Vida y su Voz nos guiará muy concretamente y nos dirá lo que tenemos que hacer. Pero ya sabemos por nuestra experiencia, que cuando uno no quiere escuchar, no se entera de nada.

Un Curso de Milagros nos enseña sobre este tema: La Voz del Espíritu Santo en ti es débil. Por eso es por lo que debes compartirla. Tiene que hacerse más fuerte antes de que puedas oírla. Es imposible que la oigas dentro de ti mientras siga siendo tan débil en tu mente. No es que de por sí sea débil, sino que está limitada por tu renuencia a oírla. Si cometes el error de buscar al Espíritu Santo únicamente en ti, tus pensamientos te asustarán, ya que al adoptar el punto de vista del ego, estarás emprendiendo un viaje que le es ajeno al ego utilizándolo a él de guía. Esto no puede sino producir miedo.

La tarea del Espíritu Santo es deshacer lo que el ego ha hecho. Lo deshace en el mismo nivel en que el ego opera, pues, de otro modo, la mente sería incapaz de comprender el cambio. 

¿Qué medios utiliza el Espíritu Santo para comunicarse con nosotros? ¿Tenemos que tener un conocimiento especial sobre temas metafísicos?

El Espíritu Santo es el mediador entre las interpretaciones del ego y el conocimiento del espíritu. Su capacidad para utilizar símbolos le permite actuar con las creencias del ego en el propio lenguaje de éste. Su capacidad para mirar más allá de los símbolos hacia la eternidad le permite entender las leyes de Dios, en nombre de las cuales habla. Puede, por consiguiente, llevar a cabo la función de reinterpretar lo que el ego forja, no mediante la destrucción, sino mediante el entendimiento. El entendimiento es luz, y la luz conduce al conocimiento. El Espíritu Santo se encuentra en la luz porque Él está en ti que eres luz, pero tú desconoces esto. La tarea del Espíritu Santo consiste, pues, en rein­terpretarte a ti en nombre de Dios.
Tú no puedes comprenderte a ti mismo separado de los demás. Ello se debe a que tú, separado del legítimo lugar que ocupas en la Filiaciónno significas nada, y el legítimo lugar de la Filiación es Dios. Ésa es tu vida, tu eternidad y tu Ser. Esto es lo que el Espíritu Santo te recuerda. Esto es lo que Él ve.  (T.5.III.7)

Reflexión: ¿Qué te dice la Voz de Dios?

sábado, 17 de febrero de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 48

LECCIÓN 48

No hay nada que temer.

1. La idea de hoy afirma simplemente un hecho. 2No es un hecho para los que creen en ilusiones, más las ilusiones no son hechos. 3En realidad no hay nada que temer. 4Esto es algo muy fácil de reconocer. 5Pero a los que quieren que las ilusiones sean verdad les es muy difícil reconocerlo.

2. Las sesiones de práctica de hoy serán muy cortas, muy simples y muy frecuentes. 2Repite sencillamente la idea tan a menudo como puedas. 3Puedes hacerlo con los ojos abiertos en cualquier momento o situación. 4Recomendamos enérgicamente, no obstante  que siempre que puedas cierres los ojos durante aproximadamente un minuto y repitas la idea lentamente para tus adentros varias veces. 5Es especialmente importante también que la uses de inmediato si observas que algo perturba tu paz mental.

3. La presencia del miedo es señal inequívoca de que estás confiando en tu propia fortaleza. 2La conciencia de que no hay nada que temer indica que en algún lugar de tu mente, aunque no necesariamente en un lugar que puedas reconocer, has recordado a Dios y has dejado que Su fortaleza ocupe el lugar de tu debilidad3En el instante en que estés dispuesto a hacer eso, ciertamente no habrá nada que temer.

¿Qué me enseña esta lección?

En el mundo del ego, el miedo se convierte en una creencia basada en la separación con respecto al creador.

Qué diferente sería todo, si tuviésemos la certeza de que allí donde estemos, allí donde vayamos, siempre estamos acompañado de nuestro Padre. No puede ser de otro modo, pues somos una expansión de Su Mente. Todo lo creado sigue conectado con su Fuente original.

¿Cómo podríamos tener miedo cuando nuestro Padre nos guía? ¿Acaso un padre desea algo malo para su hijo?

¿Cómo podemos pensar que nuestro Padre nos va a castigar por nuestros actos, cuando nos ha creado con la Esencia del Amor?

Creemos que el uso que hemos hecho de Sus Atributos nos ha llevado a transigir sus Leyes, y como consecuencia de ello, somos merecedores de su ira, de su venganza, somos merecedores de su castigo y ello nos produce un profundo temor.

Esa ilusoria transgresión, nos ha llevado a la falsa creencia de que Dios nos ha expulsado del Paraíso, y nos ha sentenciado al Este del Edén, donde tendremos que ganar el sustento con el sudor de nuestra frente. Desde entonces, nos desposeímos de la abundancia y en su lugar elegimos la necesidad y la escasez; desde entonces, dejamos de reír y de ser felices, para sentirnos permanentemente tristes y desolados; decidimos, atacar para evitar ser atacados; decidimos enfermar para conocer el sentido de la armonía y la coherencia que habíamos olvidado.

El hombre se percibe un ser individualizado y con capacidad para “crear” su propia realidad. En esa percepción, los demás no mantienen una relación santa, sino que son valorados como agentes que nos amenazan con sus ataques, de los cuales el ego mantiene un estado de máxima alerta para protegerse de ellos, situándolo en un estado de permanente miedo.

El ego se siente solo, aislado y ello le atemoriza. Sin embargo, cuando despertemos, y nos liberemos de las percepciones erróneas, descubriremos felizmente que hemos vivido en una pesadilla, pues nunca hemos estado separados de nuestro creador.

La conciencia de Unidad con el Padre nos lleva a percibir la fortaleza del Ser. Ya nunca más sentiremos temor y el Amor sustituirá cualquier acción basada en esa emoción.

Ejemplo-Guía: ¿cómo vencer nuestros miedos?


En este planteamiento, hemos elegido conscientemente la formulación de la pregunta. No hemos utilizado el término "nuestros" de manera gratuita. Dicha identificación con el miedo, es algo muy personal. Lo que para mi es motivo de miedo, para ti puede ser motivo de risa.

Esta observación nos lleva a pensar que el miedo es consecuencia del proceso de individualización, o lo que es lo mismo, de la creencia en la separación. Podríamos simplificar el análisis y concretar que la única manera de poner fin a la creencia en el miedo es recordar nuestra consciencia de unicidad con Dios, donde únicamente podemos encontrar la Fortaleza necesaria para ver la realidad de lo que Somos: Seres de Amor y de Luz.

Pero, no nos vamos a conformar con esa concreción. Nos vamos a proponer hacer un recorrido por las enseñanzas que nos aporta el Texto del Curso y vamos a tomar prestado sus aportaciones, las cuales de una manera más extensa y detallada nos aportará las claves que debemos practicar para des-hacernos de la ilusión del miedo.

¿Podemos hablar del origen del miedo? Sí, podemos hacerlo y podemos identificar el momento en que comenzamos a creer en él.
Antes de la separación la mente era invulnerable al miedo, ya que el miedo no existía. Luego, su origen no lo busquemos en la dimensión temporal, sino en el nivel de la causación, es decir, busquemos su origen en el pensamiento erróneo que percibió de manera separada. En verdad, cada vez que nuestro pensamiento sirve a la ilusión de la separación, está llevándonos a percibir la textura del miedo.

Tanto la separación como el miedo son creaciones falsas que tienen que deshacerse a fin de que se pueda restaurar el templo y abrir el altar para que reciba la Expiación. Esto supone el fin de la separación, al poner dentro de ti la única defensa eficaz contra todo pensamiento de separación, haciendo de este modo que seas absolutamente invulnerable.

Cuando tenemos miedo de algo, estamos admitiendo que ello tiene el poder de hacernos daño. Debemos recordar que donde esté nuestro corazón allí también estará nuestro tesoro. Creemos en lo que consideramos valioso. Si tenemos miedo, es que estamos equivocado con respecto a lo que es valioso. En ese estado, nuestro entendimiento evaluará erróneamente, y al otorgar el mismo poder a todos los pensamientos, destruiremos inevitablemente la paz.

¿Qué ocurre en nuestra mente para que hagamos real el  miedo? Detallo una experiencia percibida. El Sr. M, desarrolla una labor profesional que no le satisface. No se siente motivado con las tareas que desempeña y ello le lleva a estar permanentemente quejándose de las condiciones laborales. Va a trabajara, cada día, con enfado y con una actitud de víctima del sistema. Los días se le hacen eternos y no se esfuerza lo más mínimo por hacer las cosas de una manera diferente. Lo más frustrante para el Sr. M, es reconocer que no se atreve a dejar el cargo que ocupa en la organización de la empresa, pues ello le supondría pérdida económica que no se puede permitir. A pesar de estar insatisfecho con la labor que realiza y aún conociendo que podría realizar otras tareas que sí le satisfaría, no acaba de decidirse y cambiar su situación, pues siente un profundo temor a la pérdida.

Nos revela UCDM, que nuestro miedo impide al Espíritu Santo darnos su control. Algo que considero muy importante recordar es que la presencia del miedo indica que hemos elevado pensamientos corporales al nivel de la mente, lo que significa que cedemos nuestro control a la personalidad del ego, lo que nos llevará ha sentirnos personalmente responsable de ellos. En el ejemplo anterior, vemos una evidencia, el Sr. M no goza de paz, sino que es víctima de sus propios pensamientos de miedo.
Siempre que tenemos miedo es señal inequívoca de que le hemos permitido a nuestra mente crear falsamente y de que no la hemos puesto al servicio del Espíritu Santo, permitiéndole ser nuestro guía.

El ego intentar corregir el miedo desde la percepción, enfrentándose a ellos en el nivel de los efectos. Con ello, lo único que está confirmando es que lo cree real, y cuanto más lo combate más valor le aporta.

En este sentido, el Curso nos deja muy claro que tenemos que cambiar de mentalidad, no de comportamiento, y eso es cuestión de que estemos dispuesto a hacerlo. No necesitamos orientación alguna excepto a nivel mental. La corrección debe llevarse a cabo únicamente en el nivel en que es posible el cambio. El cambio no tiene ningún sentido en el nivel de los síntomas donde no puede producir resultados.

Os dejo, una serie de recomendaciones, sobre cómo trata el miedo que pudieran haber sido extraídas de los mejores textos de psicología, procedentes del Curso de Milagros. Toda una maravilla:


Es posible alcanzar un estado en el que dejas que yo guíe tu mente sin ningún esfuerzo consciente por tu parte, más ello requiere un grado de buena voluntad que tú aún no posees. El Espíritu Santo no puede pedirte que hagas más de lo que estás dispuesto a hacer. La fuerza para hacer lo que Él te pide procede de una firme resolución por tu parte. Hacer la Voluntad de Dios no produce ninguna tensión una vez que reconoces que Su Voluntad es también la tuya. La lección en este caso es muy sencilla, aunque muy fácil de pasar por alto. Voy, por lo tanto, a repetirla, y te exhorto a que escuches atentamente. Sólo tu mente puede producir miedo. Hace eso cada vez que está en conflicto con respecto a lo que quiere, lo cual inevitablemente produce tensión, ya que existen discrepancias entre lo que quiere y lo que hace al respecto. Eso sólo puede corregirse aceptando un objetivo unificado.

El primer paso correctivo para deshacer el error es darse cuenta, antes que nada, de que todo conflicto es siempre una expresión de miedo. Dite a ti mismo que de alguna manera tienes que haber decidido no amar, ya que de otro modo el miedo no habría podido hacer presa en ti. A partir de ahí, todo el proceso correctivo se reduce a una serie de pasos pragmáticos dentro del proceso más amplio de aceptar que la Expiación es el remedio. Estos pasos pueden resumirse de la siguiente forma:
  • Reconoce en primer lugar que lo que estás experimentando es miedo.
  • El miedo procede de una falta de amor.
  • El único remedio para la falta de amor es el amor perfecto.
  • El amor perfecto es la Expiación. (T.2.VI.6:7)
Termino con otra perla del Curso:
El amor perfecto expulsa el miedo.
Si hay miedo, es que no hay amor perfecto.
Mas:
Sólo el amor perfecto existe.
Si hay miedo, éste produce un estado que no existe.
Cree esto y serás libre. Sólo Dios puede establecer esta solución, y esta fe es Su don.
Reflexión: Si tengo miedo, no estoy pensando con la Mente de Dios. 

viernes, 16 de febrero de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 47

LECCIÓN 47

Dios es la fortaleza en la que confío.

1. Si sólo confías en tus propias fuerzas, tienes todas las razones del mundo para sentirte aprensivo, ansioso y atemorizado. 2¿Qué puedes predecir o controlar? 3¿Qué hay en ti con lo que puedas contar? 4¿Qué te podría capacitar para ser consciente de todas las facetas de un problema, y de resolverlos de tal manera que de ello sólo resultase lo bueno? 5¿Qué hay en ti que te permita poder reconocer la solución correcta, y garantizar su consecución?

2. Por ti mismo no puedes hacer ninguna de esas cosas. 2Creer que puedes es poner tu confianza en algo que no es digno de ella, y justificar el miedo, la ansiedad, la depresión, la ira y el pesar. 3¿Quién puede depositar su fe en la debilidad y sentirse seguro? 4Por otra parte, ¿quién puede depositar su fe en la fortaleza y sentirse débil?

3. Dios es tu seguridad en toda circunstancia. 2Su Voz habla por Él en toda situación y en todos los aspectos de cada situación, diciéndote exactamente qué es lo que tienes que hacer para invocar Su fortaleza y Su protección. 3En esto no hay excepciones porque en Dios no hay excepciones. 4Y la Voz que habla por Él piensa como Él.

4. Hoy trataremos de llegar más allá de tu debilidad hasta la Fuente de la verdadera fortaleza. 2Son necesarias hoy cuatro sesiones de práctica de cinco minutos cada una, aunque se te exhorta a que hagas más y a que les dediques más tiempo. 3Cierra los ojos y comienza como de costumbre repitiendo la idea de hoy. 4Luego dedica un minuto o dos a buscar situaciones en tu vida que hayas revestido de temor, y desecha cada una de ellas diciéndote a ti mismo:

5Dios es la fortaleza en la que confío.

5. Trata ahora de deslizarte más allá de todas las preocupaciones relacionadas con tu propia sensación de insuficiencia. 2Es obvio que cualquier situación que te causa inquietud está asociada con sentimientos de insuficiencia, pues, de lo contrario, creerías que puedes lidiar con la situación con éxito. 3Confiando en ti mismo no es la manera de adquirir confianza. 4Mas la fortaleza de Dios en ti tiene éxito en todo.

6. Reconocer tu propia debilidad es un paso necesario para la corrección de tus errores, pero no es suficiente para darte la confianza que necesitas, y a la que tienes derecho. 2Debes adquirir asimismo la conciencia de que confiar en tu verdadera fortaleza está plenamente justificado en relación con todo y en toda cir­cunstancia.

7. En la última fase de cada sesión de práctica, trata de llegar muy hondo dentro de tu mente a un lugar de verdadera seguridad. 2Reconocerás que has llegado cuando sientas una profunda sensación de paz, por muy breve que sea. 3Despréndete de todas las trivialidades que bullen y burbujean en la superficie de tu mente, y sumérgete por debajo de ellas hasta llegar al Reino de los Cielos. 4Hay un lugar en ti donde hay perfecta paz. 5Hay un lugar en ti en el que nada es imposible. 6Hay un lugar en ti donde mora la fortaleza de Dios.

8. Repite la idea frecuentemente en el transcurso del día. 2Úsala como respuesta a cualquier cosa que te perturbe. 3Recuerda que tienes derecho a la paz porque estás depositando tu confianza en la fortaleza de Dios.

¿Qué me enseña esta lección?

La personalidad identificada con el ego, busca la confianza, la fortaleza, fuera de sí mismo. Cuando se enfrenta a las dificultades, busca en los demás a la persona que le aporte la ayuda necesaria para solucionar su dificultad.

Ese comportamiento es fruto de la conciencia de separación, de la falta de autoconocimiento. La verdadera identidad de Ser, no se encuentra, aún, integrada en la consciencia. Para el ego es vital seguir buscando a fuera las respuestas que le permita seguir creyendo en el mundo que ha fabricado. De hecho, su existencia depende en exclusividad de seguir creyendo en el mundo exterior, en el mundo de la forma. Sin embargo, ese mundo no le aporta, por mucho que la busque, la solución definitiva que ha de permitirle gozar de la paz, de la alegría, de la felicidad, de la salud.

El ego deposita toda su confianza, toda su fortaleza, en el "dios de la posesión". Desde su primer acto de conciencia, se lanza a la desenfrenada aventura de poseer, lo que le lleva a atesorar todo cuanto se cruza en su existencia. Se siente necesitado, un ser escaso, y el "tener" se convierte en su principal objetivo en lo que llama vida. Su creencia de que dar es perder, le convierte en un ser celoso de lo que posee. 

Tan sólo cuando se adquiere la comunión con la naturaleza divina, podremos encontrar el poder, la fortaleza dentro de nosotros mismos y en ese encuentro descubrir la respuesta a nuestras necesidades.

Hoy me he cuestionado una pregunta que me gustaría compartir y desarrollar en los comentarios de esta Lección:

Ejemplo-Guía: ¿Cómo podemos resolver nuestros problemas?

Es evidente, que la pregunta la hago desde conciencia de ego. Lo hago así pues me interesa poner de manifiesto su "modus operandi". Lo que llamamos "problema", para el ego, siempre es una percepción, por lo que trata de resolverlo, no en su punto de origen, sino donde fue concebido. Por ejemplo, en un problema de relación, el ego enfocará su estrategia tratando los efectos conflictivos, pero de este modo, no tardará en darse cuenta de que en ese nivel no encontrará la solución, pues ésta se encuentra en su origen, es decir, en los pensamientos identificados con la creencia en la separación.
Por lo tanto, no es en manos del ego, donde debemos dejar la búsqueda de la solución de lo que llamamos problemas, sino en las manos del Espíritu Santo, al cual tan solo le inspira el deseo de resolver desde la integridad, lo que le lleva a encontrar la causa en la mente, donde deshace el error.

Un Curso de Milagros nos dice: No sabes cuál es el significado de nada de lo que percibes. Ni uno solo de los pensamientos que albergas es completamente verdadero. Reconocer esto sienta las bases para un buen comienzo. No es que estés desencaminado, es que no has aceptado ningún guía. De lo que más necesidad tienes es de aprender a percibir, pues no entiendes nada. Reconoce esto, pero no lo aceptes, pues el entendimiento es tu herencia. 

El Espíritu Santo nos dará la respuesta para cada problema específico mientras creamos que los problemas son específicos. Su respuesta es a la vez una y muchas mientras sigamos creyendo que el que es Uno es muchos.

¿Cómo resuelve el Espíritu Santo lo que llamamos problemas?

Las actuaciones inspiradas por el Espíritu Santo se caracterizan por su sello particular, aquello que resuelva será siempre una solución en la que nadie pierde. Y esto tiene que ser verdad porque Él no le exige sacrificios a nadie. Cualquier solución que le exija a alguien la más mínima pérdida, no habrá resuelto el problema, sino que lo habrá empeorado, haciéndolo más difícil de resolver y más injusto. 

Otra cuestión importante que nos ayuda a reconocer su "inspiración" es la siguiente: Es imposible que el Espíritu Santo pueda ver cualquier clase de injusticia como la solución. Para Él, lo que es injusto tiene que ser corregido porque es injusto. todo error es una percepción en la que, como mínimo, se ve a uno de los Hijos de Dios injustamente. De esta forma es como se priva de justicia al Hijo de Dios. Cuando se considera a alguien un perdedor, se le ha condenado. el castigo, en vez de la justicia, se convierte en su justo merecido.
Ver la inocencia hace que el castigo sea imposible y la justicia inevitable. La percepción del Espíritu Santo no da cabida al ataque. Lo único que podría justificar el ataque son las pérdidas, y Él no ve pérdidas de ninguna clase. 

El ego, ya lo hemos adelantado, resuelve problemas de otra manera. Pues ve la solución a cualquier problema como un estado en el que se ha decidido quién ha de ganar y quién ha de perder; con cuánto se va a quedar uno de ellos y cuánto puede todavía defender el perdedor. 

Desde las enseñanzas del Curso, ningún problema se puede resolver mediante la venganza, que en el mejor de los casos no haría sino dar lugar a otro problema.

La forma en que el Espíritu Santo resuelve todo problema es la manera de solventarlo. El problema queda resuelto porque se ha tratado con justicia. Hasta que esto no se haga, seguirá repitiéndose porque aún no se habrá solventado. El principio según el cual la justicia significa que nadie puede perder es crucial para el objetivo de este curso. Pues los milagros dependen de la justicia. Mas no como la ve el mundo, sino como la conoce Dios y como este conocimiento se ve reflejado en la visión que ofrece el Espíritu Santo.

Reflexión: ¿Crees que para que una situación de conflicto de relación se solucione, alguien tiene que perder o ganar?