viernes, 15 de diciembre de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 349

LECCIÓN 349

Hoy dejo que la visión de Cristo contemple todas las cosas por mí, y que en lugar de juzgarlas, les conceda a cada una un milagro de amor.

1. Así quiero liberar todas las cosas que veo; concediéndoles la libertad que busco. 2De esta manera obedezco la ley del amor, dando lo que quiero encontrar y hacer mío. 3Ello se me dará, porque lo he elegido como el regalo que quiero dar. 4Padre, Tus regalos son míos. 5Cada regalo que acepto me concede un milagro que puedo dar. 6Y al dar tal como quiero recibir, comprendo que Tus milagros de curación me pertenecen.


2. Nuestro Padre conoce nuestras necesidades, 2y nos concede la gracia para satisfacerlas todas. 3Y así, confiamos en que Él nos enviará milagros para bendecir al mundo y sanar nuestras men­tes según regresamos a Él.

¿Qué me enseña esta lección? 

Hoy he recibido la visita de viejas sombras del pasado, que me invitaban a enfrentarme al recuerdo del miedo, del temor. Son miedos, de los que desconozco, conscientemente, su procedencia, pero que sin duda consiguen dañar mi integridad.

He sido totalmente consciente de la situación vivida. La he afrontado con calma, con paz, con amor. Mentalmente, lo que en otro momento era interpretado como una agresión, en esta, lo he enfocado como un regalo para restituir mi salud.

He sido capaz de ver el conjunto de la vivencia de una manera diferente. A pesar de todos los contratiempos encontrados en el camino, he mantenido la tranquilidad necesaria para no dejarme llevar por la tensión causada por el dolor físico. Había entregado, en manos del Espíritu Santo, la situación que estaba viviendo. Ello me aportaba la certeza de que todo cuanto ocurriera, sería beneficioso para mi aprendizaje.

Mi fuerza física se sentía muy mermada. Sin embargo, la fuerza espiritual me aportaba el aliento necesario para sentirme seguro y protegido. Gracias a ese estado de bienestar interno, he podido percibir como mi cuerpo ha respondido con agradecimiento a la ayuda recibida. El tratamiento recibido ha hecho su efecto y me siento muy recuperado.

Hoy he aprendido, cómo todo cambia, cuando afrontamos las vivencias con amor y agradecimiento. Las dificultades se viven de otra manera y los impedimentos, dejan de serlo.

Ejemplo-Guía: "Una nueva Visión, una nueva experiencia"

¿No os ha pasado nunca, que cuando vemos una película por segunda vez, nuestras impresiones, sensaciones y vivencias, son otras bien distintas?

La película es la misma. La única diferencia (menuda diferencia) es que ya no somos la misma persona que la vio por primera vez, y no lo somos, por la sencilla razón de que la vemos con una mirada diferente.

En ocasiones, hemos percibido imágenes que nos han despertado nuestros miedos. Esa primera impresión, nos ha calado tan profundamente que nuestro cuerpo ha reaccionado de manera condicionada por ese miedo. Sin embargo, en ese momento, se ha encendido una luz y ello nos ha permitido percibir esa imagen, a priori, tenebrosa, como la silueta de un objeto proyectada como una grotesca sombra que invitaba a la imaginación a recrear ilusorias sensaciones. 

A partir de esa nueva visión, todo cambia. Nuestro cuerpo ya no sufre los efectos procedentes de la causa motivada por el miedo en nuestra mente. Pues bien, lo que llamamos realidad en este mundo, son falsas e ilusorias imágenes proyectadas como tenebrosas sombras y que nos causan un profundo miedo. La experiencia se convierte en el preámbulo de la nueva visión que nos permitirá mirar con otros ojos y sustituir la ilusión por la verdad.

Si hasta ahora hemos experimentado bajo la visión del ego, nuestras experiencias justifican el miedo, el dolor, el sufrimiento, pues esa visión está condicionada por un sistema de pensamiento y creencias basadas en la ilusión de que somos seres separados.

La Visión de Cristo, la mirada del perdón, nos llevará a una percepción distinta, pues veremos unidad, en vez de separación. Las experiencias consecuentes con esa Visión, serán vivencias liberadoras, donde gozaremos de la Gracia y de la Dicha divina, efectos estos, de ver la inocencia en nuestro interior y en cada uno de nuestros hermanos.

Reflexión: Aquello que quiero recibir, es lo que doy.

jueves, 14 de diciembre de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 348

LECCIÓN 348

Ni mi ira ni mi temor tienen razón de ser, pues Tú me rodeas. Y Tu gracia me basta para satisfacer cualquier necesidad que yo perciba.

1. Padre, déjame recordar que Tú estás aquí y que no estoy solo. 2Pues estoy rodeado de un Amor imperecedero. 3No hay razón para nada, excepto para la paz y alegría perfectas que comparto Contigo. 4¿Qué necesidad tengo de ira o de temor, 5cuando lo único que me rodea es la seguridad perfecta? 6¿Cómo puedo sentir miedo cuando la eterna pro­mesa que me hiciste jamás se aparta de mí? 7Estoy rodeado de perfecta impecabilidad. 8¿Qué puedo temer, cuando la santidad en la que Tú me creaste es tan perfecta como la Tuya Propia?


2. La gracia de Dios nos basta para hacer todo lo que Él quiere que hagamos. 2Y eso es lo único que elegimos como nuestra voluntad, así como la Suya.


¿Qué me enseña esta lección? 


El Amor nos ofrece un camino de Paz, de Alegría, de Felicidad. El miedo nos ofrece un camino de odio, de ira, de temor, de tristeza, de infelicidad, de amargura, de dolor.

Si nos ofreciesen, con total garantías, elegir uno de esos dos caminos, ¿cuál elegiríamos?

Parece fácil la respuesta: el del amor. ¿Quién podría elegir el camino del sufrimiento, teniendo a su alcance, el de la Dicha?

Sin embargo, a pesar de que esa respuesta nos parece fácil y lógica, no debe serlo, pues elegimos, permanentemente, el camino del dolor. ¿Por qué?

La respuesta es, por temor. Sentimos miedo al amor. Nos hemos identificado tanto con el mundo material, con el mundo de la percepción, que nos parece imposible reconocer, que nuestra condición natural es la Inocencia, la Impecabilidad, la Abundancia, la Plenitud, y no la necesidad y la escasez. Pensamos que dando, perdemos lo que damos, cuando en verdad, es dando como recibimos.

Nuestro temor, tiene una procedencia ancestral. Se basa en la falsa creencia en que hemos violado la Ley de Dios, lo que nos lleva a ser víctimas de su cólera, de su ira.

Proyectamos nuestra visión sobre Él, y le otorgamos nuestras frustraciones. Vemos nuestra ira, nuestro odio, nuestro instinto vengativo, en Él, cuando en realidad nos pertenece.

Nuestro Creador es Amor y nos ha creado de ese Amor, por lo tanto, Somos Amor.

¿Qué podemos esperar del Amor? Tan sólo Amor.

Ejemplo-Guía: "Despojándonos de nuestras viejas y falsas vestiduras"

Al leer el contenido de esta Lección, se me ha venido a la mente la idea que comparto con todos vosotros y que da título al ejemplo-guía de hoy: "despojarse de las viejas vestiduras".

He tenido una visión, en la que me veía cubierto por viejos y pesados ropajes. Todos ellos eran reconocibles, pues se trataba de ropa elegida por mi con el único propósito de que me aportase la imagen deseada para cada ocasión.

Lo curioso de esa escena, era que cada vestidura se superponía una a la otra, formando un grueso equipaje ambulante que me acompañaba en cada instante. Sentía el pesado fardo sobre mi cuerpo, pero a pesar de haberse convertido en un obstáculo que me impedía caminar con soltura y libertad, no me sentía llamado a despojarme de ninguna de aquellas prendas. Me decía, puedes desechar este abrigo que se encuentra deshilachado, pero al mismo tiempo, cuando todo parecía que me iba a desprender de él, otra voz, me advertía, ¿estás seguro de lo que vas a hacer? Ten en cuenta de que el invierno es largo y puedes añorar el no contar con esa prenda de abrigo que tantos momentos de confort te han aportado. Entonces, desisto de la idea de abandonarla, lo que hubiese supuesto el experimentar un poco de más libertad.

Estas proyecciones de mi mente, me trasladan a una nueva visión, que intuyo más cercana a la verdad. Un nuevo escenario toma vida ante mis nuevos ojos. En esta ocasión, veo con total nitidez, como voy despojándome de mis viejas vestiduras. Con cada prenda, noto que me siento más ágil, más libre, más animado. Pensé, que por unos momentos iba a percibir la inclemencias del tiempo externo, pero, de manera milagrosa, no consigo percibir esa sensación. En su lugar, sí percibo una cálida brisa que envuelve a mi cuerpo, ahora desnudo, aportándole una grata sensación de bien-ser.

Comprendo, gracias a estas proyecciones que mi mente, tan generosamente me ha ofrecido, que todas y cada una de las vestiduras que nos han acompañado a lo largo y ancho de este mundo, han tenido su papel estelar y nos han llevado a un punto del camino en el que ya no podemos continuar con ellas, pues lo que nos aguarda más allá, no da valor a sus prestaciones. Es necesario, renacer a nuestra desnudez primigenia, ese Estado de Ser que nos hace Uno con nuestro Creador. Ese instante, supone el renacer del Espíritu y el fin de la personalidad pasajera, del ego. Ese instante, supone el triunfo del Amor sobre el miedo; el triunfo de la Unidad sobre la falsa creencia en la separación; supone el triunfo de la Inocencia, sobre la creencia en el pecado; el triunfo de la impecabilidad, sobre la culpa; el triunfo de la Vida, sobre la muerte, de la Eternidad, sobre el tiempo, de la Verdad, sobre la ilusión.

Reflexión: ¡Padre!, ¿Cómo puedo sentir miedo cuando la eterna pro­mesa que me hiciste jamás se aparta de mí?

miércoles, 13 de diciembre de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 347

LECCIÓN 347

La ira procede de los juicios. Y los juicios son el arma que utilizo contra mí mismo a fin de mantener el milagro alejado de mi

1. Padre, deseo lo que va en contra de mi voluntad, y no lo que es mi voluntad tener. 2Rectifica mi mente, Padre mío, 3pues está enferma. 4Pero Tú has ofrecido libertad, y yo elijo reclamar Tu regalo hoy. 5Y así, le entrego todo juicio a Aquel que Tú me diste para que juzgara por mí. 6Él ve lo que yo contemplo, sin embargo, conoce la verdad. 7ÉI ve el dolor, mas comprende que no es real, y a la luz de Su entendimiento éste sana. 8Él concede los milagros que mis sueños quieren ocultar de mi conciencia. 9Que sea Él Quien juzgue hoy. 10No conozco mi voluntad, pero Él está seguro de que es la Tuya. 11Y hablará en mi nombre e invocará Tus milagros para que vengan a mí.


2. Escucha hoy. 2Permanece muy quedo, y oye la dulce Voz que habla por Dios asegurarte que Él te ha juzgado como el Hijo que Él ama.


¿Qué me enseña esta lección? 

Me pregunto, cómo podemos ayudarnos a no juzgar, cuando nuestra mente está diseñada para comprender, analizar, dilucidar, escudriñar, reconocer la verdad, aprender…

Desde que nacemos, nos inducen a sacar conclusiones de las experiencias vividas. La educación que recibimos nos condiciona a la hora de lo que debemos y no debemos pensar. Esto es bueno, esto otro es malo. La mente se ve sometida, obligada, a emitir juicios de valores para determinar lo que es bueno, de lo que no lo es. Aquello, que determinamos como malo, lo condenamos, en un intento de expulsarlo de nuestras vidas, no sea que nos contagie.

Hemos aprendido a dar un uso analítico a la mente. Nos han enseñado que hay que juzgar, y cuando lo hacemos, no podemos menos que justificar que nos encontramos separados unos de otros y, haciendo honor a esa creencia, entendemos que es lícito juzgar para protegernos de lo que no nos conviene. Ese es el argumento del ego y el camino que nos conduce a experimentar el dolor, el sufrimiento, el castigo, la ira, el miedo, la venganza, la enfermedad, la muerte.

Si nuestra visión, en cambio, nos hace ver la Realidad, nos permitirá construir nuestras vidas con los pilares del Amor y la Unidad. Entonces, sólo entonces, dejaremos de emitir juicios por nuestra cuenta (de separación), pues sería absurdo condenar al otro, cuando ese otro y nosotros formamos una misma unidad.

El milagro tan solo es posible cuando actuamos con amor. Cuando juzgamos por nuestra cuenta, cuando juzgamos desde la separación, ese amor no existe, es por ello, que el juicio es el pensamiento que nos impide gozar del milagro.

Juzgamos, muchas veces, en un intento de corregir nuestros errores. Sin embargo, ese juicio, al estar ausente de amor, nos impide disfrutar del verdadero antídoto contra el error, el milagro. El juicio, nos lleva a sentir culpa, y la culpa, despierta a la bestia del castigo.

Ejemplo-Guía: "¿Entendemos el papel del juicio?

"No juzguéis y no seréis juzgados" lo que quiere decir es que si juzgas la realidad de otros no podrás evitar juzgar la tuya propia. (UCDM)

He elegido este ejemplo-.guía, conocedor de que el tema del "juicio" y del "juzgar" no siempre es bien entendida, y dicha confusión, da lugar a conflictos mentales, pues el hecho de no juzgar, se interpreta como una invitación a no discernir, a no entender, a no comprender, función propia de la mente que ha olvidado la Fuente del Conocimiento.

Sinceramente, yo mismo me he encontrado argumentando en ocasiones que el juicio, en su faceta condenatoria, debe ser evitado. Pero dicha afirmación, es cierta a medias. Si nos quedamos tan solo con la idea que el juicio condenatorio hay que evitarlo por el daño que causamos a los demás, estamos obviando, lo esencial, nos estamos quedando con los efectos de tal acto, cuando la corrección que debe llevarse a cabo es a nivel de la causa, es decir, si vemos la condena del otro, es porque en nuestra mente hay condena. Es a ese nivel donde debe producirse la ausencia de juicio, es decir, debe producirse la visión de la inocencia, de la impecabilidad. Condenar fuera, cuando la realidad es que nos estamos condenando a nosotros mismos, nos lleva al comportamiento errado de la mente.

Ver el mundo que hemos fabricado nos llevará a juzgar, pues juzgar es una función de la mente, la misma que nos ha llevado a "juzgar por nuestra cuenta" y a ver una realidad que es ilusoria: el mundo que percibimos. Por lo tanto, entendiendo que la causa original que ha dado lugar al mundo que percibimos es la mente, será, igualmente desde la mente que deberemos corregir el error, o lo que es lo mismo, será el juicio correcto (mente recta=Espíritu Santo) el que nos permita percibir correctamente.

En este sentido, el juicio debemos entenderlo como la acción que ha de llevarnos a entender, reflexionar, comprender, discernir, meditar, convirtiéndose en el fiel aliado de la conciencia. 

De todos modos, este escenario que estamos describiendo, no podemos olvidadlo, pertenece al mundo del sueño. El juicio ha dado lugar al mundo de la percepción, al mundo de la separación. Si no creyésemos estar separados gozaríamos del Conocimiento, el cual no evalúa. Así lo expresa el Curso:

La decisión de juzgar en vez de conocer es lo que nos hace perder la paz. Juzgar es el proceso en el que se basa la percep­ción, pero no el conocimiento. He hecho referencia a esto ante­riormente al hablar de la naturaleza selectiva de la percepción, y he señalado que la evaluación es obviamente su requisito previo. Los juicios siempre entrañan rechazo. Nunca ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan, ya sea en ti o en otros. Lo que se ha percibido y se ha rechazado, o lo que se ha juzgado y se ha determinado que es imperfecto permanece en tu mente porque ha sido percibido. Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto. Esto no puede ser verdad a menos que también creas que aquello contra lo que has juzgado no existe. Obvia­mente no crees esto, pues, de lo contrario, no lo habrías juzgado. En última instancia, no importa si tus juicios son acertados o no, pues, en cualquier caso, estás depositando tu fe en lo irreal. Esto es inevitable, independientemente del tipo de juicio de que se trate, ya que juzgar implica que abrigas la creencia de que la realidad está a tu disposición para que puedas seleccionar de ella lo que mejor te parezca. 

No tienes idea del tremendo alivio y de la profunda paz que resultan de estar con tus hermanos o contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase. Cuando reconozcas lo que eres y lo que tus hermanos son, te darás cuenta de que juzgarlos de cualquier forma que sea no tiene sentido. De hecho, pierdes el significado de lo que ellos son precisamente porque los juzgas. Toda incerti­dumbre procede de la creencia de que es imprescindible juzgar. No tienes que juzgar para organizar tu vida, y definitivamente no tienes que hacerlo para organizarte a ti mismo. En presencia del conocimiento todo juicio queda, automáticamente suspendido, y éste es el proceso que le permite al conocimiento reemplazar a la percepción.

Reflexión: Entregar todos nuestros juicios al Espíritu Santo.

martes, 12 de diciembre de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 346

LECCIÓN 346

Hoy me envuelve la paz de Dios, y me olvido de todo excepto de Su Amor.

1. Padre, al despertar hoy los milagros corrigen mi percepción de todas las cosas. 2Y así comienza el día que voy a compartir Contigo tal como compartiré la eternidad, pues el tiempo se ha hecho a un lado hoy. 3No ando en pos de cosas temporales, por lo tanto, ni siquiera las veré. 4Lo que hoy busco trasciende todas las leyes del tiempo, así como las cosas que se perciben en él. 5Quiero olvidarme de todo excepto de Tu Amor. 6Quiero morar en Ti y no saber nada de ninguna otra ley que no sea Tu ley del amor. 7Quiero encontrar la paz que Tú creaste para Tu Hijo, y olvidarme, conforme contemplo Tu gloria y la mía, de todos los absurdos juguetes que fabriqué.



2. Y al llegar la noche; recordaremos únicamente la paz de Dios. 2Pues hoy veremos qué clase de paz es la nuestra, cuando nos olvidamos de todo excepto del Amor de Dios.


¿Qué me enseña esta lección? 


La sincronicidad, ese hilo de tintes mágicos que nos acompaña cuando decidimos ajustar nuestro comportamiento a las Leyes Cósmicas, me ha visitado en el día de hoy. El primer pensamiento del día, nada más despertar, me hizo consciente de mi voluntad de ponerme al servicio del amor y sentirme un hacedor de milagros.

Por encima de todo, deseaba ser consciente de que soy un mensajero de la Ley del Amor y quería demostrarlo haciendo posible la manifestación del milagro. 

Ese pensamiento, me llevó a tomar consciencia de algunos errores que me invitaban a ser corregidos. Comprendí, que esa visión era fruto de que el milagro se estaba haciendo consciente en mí. Ese paso, es indispensable, pues de lo contrario, no podremos dar lo que no tenemos. Lo damos, porque lo hemos recibido y dándolo, lo recibiremos nuevamente.

Cuando leí el contenido de la lección de hoy, me di cuenta de que durante el sueño debí recibir información sobre su contenido y al despertar se hizo consciente.

Puedo afirmar, que mi corazón añora, por encima de todo, sentir la Paz de Dios. Tan sólo existe un camino para poder satisfacer esa añoranza, amar sin descanso, amar eternamente, amar conscientemente, amar, pues nuestra condición es, sencillamente, amar.

Ejemplo-Guía: "La paz tan solo tiene un camino, y ese camino, es amar"

Me pregunto, cómo sería nuestra existencia en ausencia del miedo, en ausencia de todo el significado temporal que le otorgamos a las cosas de este mundo. 

Me pregunto, cómo sería nuestra vida, si en vez de dirigir todos nuestros pensamientos en la obtención y logro de nuestros deseos materiales, los dirigiésemos únicamente hacia el propósito de construir un mundo donde compartir el amor sea una realidad.

Tendrían que cambiar muchas cosas. Tendríamos que comenzar cambiando nuestras creencias. Sustituir el miedo, significa que hemos alcanzado la visión real de lo que somos y por lo tanto, estamos en condiciones de ver con la Visión de Cristo. Desde esa rectificación, la semilla de la Unidad debe extenderse a través de la educación. Los hogares, las familias, se convertirán en el seno donde debe crecer la nueva idea, como el germen de donde ha de emanar el amor. En este sentido, el amor de sangre, debe dar paso al amor unificador que fluye desde la Fuente donde hemos sido creados.

A esta altura del aprendizaje, ya debe quedarnos claro, que la paz sobre es posible cuando experimentamos desde la conciencia del amor. No es posible experimentar paz, cuando nuestros pensamientos sirven a la creencia de la separación, del pecado y de la culpa.

Si nos vemos separados, alimentaremos el ataque. Si nos creemos pecadores, la culpa exigirá redención, dolor y sufrimiento.

Si nos vemos unidos, formando parte de una misma Filiación, compartiremos la visión de la inocencia, de la invulnerabilidad, de la impecabilidad.

Reflexión: Nacimos del Amor, somos Amor y vivimos en el Amor.

lunes, 11 de diciembre de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 345

LECCIÓN 345

Hoy sólo ofrezco milagros, pues quiero que retornen a mí.

1. Padre, todo milagro es un reflejo de los regalos que me haces a mí, Tu Hijo. 2Y cada uno que concedo retorna a mí, recordándome que la ley del amor, es universal. 3Incluso aquí dicha ley se manifiesta en una forma que se puede reconocer, y cuya eficacia puede verificarse. 4Los milagros que concedo se me devuelven en la forma que más me puede ayudar con los problemas que percibo. 5Padre, en el Cielo es diferente, pues allí no hay necesidades. 6Pero aquí en la tierra, el milagro se parece más a tus regalos que cualquier otro regalo que yo pueda hacer. 7Así pues, déjame hoy hacer solamente este regalo, que al haber nacido del verdadero per­dón, ilumina el camino que debo recorrer para poder recordarte.


2. Que la paz sea con todos los corazones que la buscan. 2La luz ha venido a ofrecer milagros para bendecir a este mundo exhausto. 3Éste hallará descanso hoy, pues nosotros ofreceremos lo que hemos recibido.


¿Qué me enseña esta lección? 


El mejor regalo que puedo compartir con mis hermanos, es la visión de la inocencia. En esa visión, va implícito el acto del perdón, el más elevado gesto de amor que podemos experimentar en el plano material.

Al ver la inocencia en los demás, estoy dando mi propia impecabilidad, lo que propiciará que reciba de retorno, una respuesta libre de juicios y condenas.

Es la Ley del Amor: recibimos lo que damos. 

La visión de la Inocencia, hace posible el estado de conciencia de unión con nuestro Creador. Es imposible sentirse culpable y ser Uno con Dios, pues el propio sentimiento de culpa nos priva de esa visión. La culpa es el efecto, la consecuencia de sentirnos pecadores, y el pecado es una fabricación, una creencia errónea de que estamos separados de Dios.

Ser Inocentes nos permite gozar de la Paz de Dios. En ese estado de Paz, nuestra condición natural, podemos extenderla a nuestro alrededor y el efecto que conseguiremos, será el milagro.

Cuando dejamos de gozar de ese estado, cuando nos dejamos llevar por los conflictos y problemas del mundo material, perdemos la capacidad para compartir nuestra luz, pues nos encontramos en un momento de oscuridad. Esa identificación de la mente, nos impide dar testimonio del amor, el vehículo del milagro, y al no poder darlo, tampoco podremos gozar de la experiencia de recibirlo.

Si queremos recibir el regalo que acompaña al acto de Amar, debemos estar en Paz con nosotros mismos, es decir, debemos sentirnos parte Una con Dios.

Amén


Ejemplo-Guía: "No podemos recibir, lo que no damos y no podemos dar, lo que no tenemos"

Parece un juego de palabras, pero si reflexionamos sobre su mensaje, descubriremos, que no es posible dar, si no tenemos, lo que significa que partimos, desde el inicio, desde la condición de tener. Pero ese "tener", cuando lo vemos con los ojos del espíritu, con la Visión Crística y con la Mente Recta, está revelando el estado innato del Ser.

Dios es Eternidad y es Presencia. Dios está, por lo tanto, en todo lo que vemos. Dios Es. El Hijo de Dios, creado a Su Imagen y Semejanza, adquiere esa misma condición, por lo que podemos decir, que somo Dioses en potencia, luego somos Eternidad y Presencia. El Hijo de Dios, Es.

En esa afirmación va implícita la idea de que tanto Dios como Su Creación, el Hijo de Dios, son expresiones de Abundancia, de Plenitud. Es desde este sentido, que podemos afirmar que el Hijo de Dios, lo es Todo.

Si no fuese así, no podría dar nada. Pero siendo Todo, puede darlo Todo. La falta de conciencia de lo que realmente somos, y la identificación con el mundo de la ilusión, cambia las leyes del Amor, por las leyes del miedo, lo que significa que nos creemos seres escasos y necesitados. Desde esta visión limitada y errónea, albergamos la creencia de que perdemos cuando damos. Para no perder, atacamos.

Ayer, tuve ocasión de ver una película de ciencia ficción, titulada "In Time", cuyo guión nos enseña mucho sobre la dinámica de dar-recibir. No me voy a extender en ello, pero os aconsejo que la veáis, os gustará.

El dar favorece el recibir, lo que significa, que cada vez que damos, ese impulso basado en la ley del amor, despierta nuestra adormecida conciencia y no revela el milagro de que somos seres inocentes, invulnerables a cualquier ataque procedente del mundo material. La base de esta afirmación se sustenta con la verdad de que no somos el cuerpo con el que estamos identificados.

Reflexión: Los milagros que concedo se me devuelven en la forma que más me puede ayudar con los problemas que percibo.

domingo, 10 de diciembre de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 344

LECCIÓN 344

Hoy aprendo la ley del amor: que lo que le doy a mi hermano es el regalo que me hago a mí mismo.


1. Ésa es Tu ley, Padre mío, no la mía. 2Al no comprender lo que signifi­caba dar, procuré quedarme con lo que deseaba sólo para mí. 3Y cuando contemplé el tesoro que creía tener, encontré un lugar vacío en el que nunca hubo nada, en el no hay nada ahora y en el que nada habrá jamás. 4¿Quién puede compartir un sueño? 5¿Y qué puede ofrecerme una ilu­sión? 6Pero aquel a quien perdone me agasajará con regalos mucho más valiosos que cualquier cosa que haya en la tierra. 7Permite que mis her­manos redimidos llenen mis arcas con los tesoros del Cielo, que son los únicos que son reales. 8Así se cumple la ley del amor. 9Y así es como Tu Hijo se eleva y regresa a Ti.

2. ¡Qué cerca nos encontramos unos de otros en nuestro camino hacia Dios! 2¡Qué cerca está Él de nosotros! 3¡Qué cerca el final del sueño del pecado y la redención del Hijo de Dios!

¿Qué me enseña esta lección? 

Cuando el Hijo de Dios eligió hacer uso de los Atributos Divinos con los que había sido creado, y dirigió su atención al mundo exterior y tridimensional, abrió una nueva vía de aprendizaje. Sustituyó la vía directa por la percepción.

La Unidad con Dios, nos alimentaba y no sentíamos necesidad, pues su alimento era eterno.

La identificación con el mundo de la percepción, con el mundo material, nos llevó a buscar el alimento por nosotros mismos (ganar el pan con el sudor de la frente), pero ese alimento, al estar regido por las leyes de la temporalidad, no nos saciaba permanentemente, lo que nos llevaba a tener que recolectar nuevos alimentos.

Esa dinámica, provocó el sentimiento de pertenencia. La cosecha de mi trabajo es mía, forma parte de mi identidad, hasta tal punto esto es así, que comenzamos a creer que somos aquello que poseemos: un cuerpo; un hogar; unos alimentos; poder; pertenencias e ídolos a los que damos un gran valor.

Con la creencia de la pertenencia, surgió uno de los errores que más daño hace a la consciencia: cuando doy, pierdo.

La condición natural del Hijo de Dios es dar, expandirse. Esa es la herencia legada por su Creador, pues el Hijo de Dios es la expansión de la Mente de Dios. Por lo tanto, cuando damos, estamos llevando a cabo la Voluntad de nuestro Padre y estamos creando. Mientras que cuando nos quedamos estancado en el acto de poseer para no perder, estamos actuando contrariamente al orden universal y aquello que guardamos con tanto celo, acabará convirtiéndose en un obstáculo para el desarrollo de nuestra consciencia.

El despertar de la consciencia al Ser que Somos, ha de llevarnos, ineludiblemente, a la visión de la Unidad. Es desde este punto de vista, que comprenderemos que cuando damos a los demás, realmente, nos estamos dando a nosotros mismos.

Ejemplo-Guía: "La práctica de dar sin perder"

Indudablemente, con la teoría no se aprende. Con la teoría no se experimenta. El aprendizaje se completa con la toma de conciencia, y para ello, qué mejor uso podemos dar a este mundo que el de utilizarlo como laboratorio donde hacer tangible nuestros descubrimientos.

Tal vez seamos reacios a aceptar la afirmación que nos hace esta Lección y no estemos seguros de que dar sea recibir. Para argumentar a favor de nuestras dudas, nos diremos, que cuando damos lo que tenemos, lo perdemos, si a cambio no le ponemos la condición de nos sea devuelto. Alcanzado este nivel de la reflexión, me he preguntado: ¿acaso tengo alguna experiencia en la que haya dado desde el corazón y no haya recibido? Sinceramente, no he encontrado ninguna respuesta, pues no recuerdo haber dado con esa actitud de entrega incondicional. Siempre he dado con condicionamiento, pues es la ley que rige este mundo, al menos así me lo han enseñado.

Pero, puedo aportar una visión diferente cuando sigo buscando en mi vida aspectos en los que aquello que de, no esté condicionado en recibir. Y en esta ocasión sí he encontrado una experiencia que puedo compartir con todos vosotros sin otro ánimo de aportar mi conciencia sobre el tema que estamos analizando.

Desde hace años, estoy entregado a una labor de difusión del conocimiento. Podríamos decir, que comparto de manera desinteresada el conocimiento teórico y práctico que voy adquiriendo en mi vida. Lo hago de manera desinteresado por elección y convencimiento de que debo hacerlo así. No entro en otras valoraciones, si es la mejor manera de hacerlo o podría hacerlo de otra manera. Lo hago como me sale del corazón y ello me hace feliz. Doy sin esperar nada a cambio (al principio, inconscientemente, buscaba reconocimiento). Cuando estoy compartiendo, como es este instante, se que tan solo soy un canal, un instrumento, un mensajero. Muchas veces, tengo que releer lo que he escrito pues no era consciente del mensaje que estaba transmitiendo. Compartir, para mi, es un acto de expansión de mi mismo y cuando lo hago, tengo la conciencia de que lo hago para mi mismo y en esa visión, veo el rostro de Cristo a través de mis hermanos. ¿Acaso puedo pedir más de lo que estoy recibiendo?

Tengo la certeza, de que cada uno de nosotros tiene sus propios dones y talentos. Si cada uno de nosotros expandiese esos dones y talentos, el mundo se beneficiaría de todo lo que cada uno de sus habitantes puede aportar. ¿Podemos imaginarnos un mundo así? Podemos comenzar por nuestro mundo interno, dejando de dar valor al sacrificio, al sufrimiento y apostando por aquello que amamos, siempre desde el amor.


Reflexión: Tan solo aquello que damos desde el Amor, perdurará eternamente.

sábado, 9 de diciembre de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 343

LECCIÓN 343

No se me pide que haga ningún sacrificio para encontrar la misericordia y la paz de Dios.



1. El final del sufrimiento no puede suponer una pérdida. 2El regalo de lo que lo es todo tan sólo puede aportar ganancias. 3Tú sólo das. 4Nunca quitas. 5Y me creaste para que fuese como Tú, de modo que el sacrificio es algo tan imposible para mí como lo es para Ti. 6Yo también no puedo sino dar. 7Y así, todas las cosas me son dadas para siempre. 8Aún soy tal como fui creado. 9Tu Hijo no puede hacer sacrificios, pues es íntegro, al ser su función completarte a Ti. 10Soy íntegro por ser Tu Hijo. 11No puedo perder, pues sólo puedo dar, y así, todo es mío eternamente.

2. La misericordia y la paz de Dios son gratuitas. 2La salvación no cuesta nada. 3Es un regalo que se debe dar y recibir libremente. 4Y esto es lo que vamos a aprender hoy.



¿Qué me enseña esta lección? 


En las Enseñanzas Cabalísticas, se nos revela las sendas que sigue la consciencia para alcanzar su meta final, fundirse en la Unidad del Padre.

Define tres sendas. La Senda de la Izquierda, la cual se fundamenta en el rigor de la Ley. La Senda de la Derecha, que se fundamenta en la Gracia y en el Amor. Y la Senda del Centro, la cual se basa en la Revelación de la Unidad.

Podríamos decir, que la Senda del Centro, unifica a las otras dos y la vía de aprendizaje se caracteriza en la Iluminación Directa de la Verdad.

La Vía de la Izquierda o del Rigor, nos hace partícipe de la creencia del sacrificio como acción indispensable para alcanzar la purificación y el bien obrar. Este camino justifica la afirmación siguiente: “No hay amor sin sacrificio”. Este mensaje es propio de la conciencia identificada con el mundo material, la cual participa de la creencia de la separación, la cual se adquiere por vía de la percepción.

La vía de la Derecha o del Amor, a diferencia de la anterior, para alcanzar la purificación y la salvación se toma el camino del Amor Incondicional. Este camina afirma que el Amor no exige sacrificio, pues el propio acto de amar es dar y cuando se da, se recibe.

La vía del Centro, la de la Iluminación, no llevará a la evidencia de la Verdad a través de un flash y en esa visión, conoceremos que el acto que veíamos como un sacrificio no es tal, pues forma parte de nuestra voluntad de expandir nuestro Amor con total libertad.

Ejemplo-Guía: "Si el amor te exige un sacrificio, entonces no es amor"

Tal vez te sientas sorprendido por tal afirmación. Tal vez, al igual como me sucedió a mi, hayas recibido desde muy pequeño el mensaje contrario, esto es, "no hay amor sin sacrificio". Hoy, con los recursos que nos ofrece las enseñanzas de Un Curso de Milagros, podemos ver este tema con ojos nuevos. Ello significa, que estamos en condiciones de reflexionar sobre el término sacrificio y ver que detrás del valor que le hemos aportado, se encuentra el viejo sistema de pensamiento del ego, basado, como ya sabemos, en la separación y en la culpa.

Si nos sentimos culpables, aunque sea a niveles inconscientes, es lógico que necesitemos acallar ese pesado fardo, asumiendo acciones que nos hagan sentir "buenos" y "mejores", es decir, que nos haga sentirnos liberados del dolor que sentimos por nuestras pecadoras acciones. El sacrificio aparece de este modo para aportarnos paz, pero curiosamente nunca lo consigue, pues la experiencia del sacrificio nos exige vernos separados de los demás. Hacemos las cosas porque nos sentimos culpables, pero no por verdadero amor, no porque sea nuestra condición natural, el expandir nuestra esencia amorosa.

Recuerdo las exclamaciones de mi madre, cuando me decía: "Eres un desagradecido, no valoras el sacrificio que estamos haciendo por ti". En verdad, no tenía consciencia del daño que le estaba ocasionando, pero percibía que sus palabras denotaban dolor.

Cuando nuestras acciones nos llevan a vivir lo que hacemos como un sacrificio, debemos darnos la oportunidad de reflexionar sobre lo que estamos haciendo y preguntarnos si en verdad ponemos amor en ello o tan solo lo hacemos por una obligación ética o moral.

Si nuestra mente cree en el sacrificio como la vía apropiada para redimir nuestras culpas, si es así, debemos saber que le estamos pidiendo al universo que nos ofrezca situaciones en las que debamos sacrificarnos. Todas estas situaciones nos llevan a experiencias en las que nos expresaremos con lamentos y nos quejaremos de que la vida tan solo nos muestra su rostro amargo, cuando en realidad es el rostro que estamos eligiendo. 

Si es sacrificio, no es amor. Lo veo ahora tan claro que no tengo la menor duda en que el sacrificio supone un esfuerzo, mientras que lo que hacemos con amor, no. El sacrificio nos agota, mientras que el amor nos anima, nos motiva.

Cuando hacemos algo por sacrificio, nos consumimos y nos cansamos. En cambio, cuando en lo que hacemos ponemos nuestro amor, aquello que hacemos nos ama y nos sentimos pletóricos y plenos.

En el sacrificio tenemos la sensación de pérdida. Mientras que en el amor, todo es expansión y abundancia.

Reflexión: La salvación no cuesta nada. Es un regalo que se debe dar y recibir libremente.