miércoles, 15 de agosto de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 227

LECCIÓN 227

Éste es el instante santo de mi liberación.

1. Padre, hoy es el día en que me libero porque mi voluntad es la Tuya. 2Pensé hacer otra voluntad. 3Sin embargo, nada de lo que pensé aparte de Ti existe. 4Y soy libre porque estaba equivocado y las ilusiones que abri­gaba no afectaron en modo alguno mi realidad. 5Ahora renuncio a ellas y las pongo a los pies de la verdad, a fin de que sean para siempre borradas de mi mente. 6Éste es el instante santo de mi liberación. 7Padre, sé que mi voluntad es una con la Tuya.

2. Y de esta manera, nos encontramos felizmente de vuelta en el Cielo, del cual realmente jamás nos ausentamos. 2En este día el Hijo de Dios abandona sus sueños. 3En este día el Hijo de Dios regresa de nuevo a su hogar, liberado del pecado y revestido de santidad, habiéndosele restituido finalmente su mente recta.


¿Qué me enseña esta lección?


Si nos seguimos identificando con el cuerpo; si creemos que ese envoltorio representa nuestra identidad, nuestra realidad, nuestra verdad, entonces, es que aún permanecemos “dormidos”.

Ese estado de conciencia, nos lleva a creer que permanecemos separados de nuestro Creador; nos lleva a creer que hemos actuado de manera contraria a las Leyes de Dios; nos lleva a creer en el pecado; nos lleva a creer, que debemos sufrir las consecuencias de nuestro acto pecaminoso y para ello, justifica y da la bienvenida al castigo, al sufrimiento, al dolor; nos lleva a creer que debemos sentir temor de nuestro Padre, pues Él ha juzgado nuestra acción creadora como un agravio a su Voluntad y nos ha expulsado del Paraíso Terrenal.

Pero hoy es un día dichoso y feliz, pues nuestra consciencia despierta de su sueño y dirige su mirada hacia la única y verdadera Realidad, lo que le permite ver lo que Somos: Un Ser Espiritual.

Ese despertar nos permite tener la certeza de que Somos Inocentes; de que Somos el Santo Hijo de Dios; de que Somos Perfectos; de que Somos Uno con nuestro Padre y con su Filiación; de que Somos Abundantes y Felices; de que contribuimos conscientemente en el Plan Divino de Salvación, ejecutando fielmente, nuestra función, el perdón.

Ejemplo-Guía: "Me pregunto, ¿habrá una señal que me indique cuál es el instante santo de mi liberación?

Podría ser una inquietud compartida por muchos estudiantes. ¿Cómo sabremos que estamos preparados para la liberación?

En muchas ocasiones, participamos de la creencia de que nuestra liberación está en manos de algún maestro, de algún gurú, de alguien de condición santa. Intuyo que no hay un solo camino que nos conduzca al instante santo del despertar. Pero, creo que independientemente del camino elegido para alcanzar la meta, lo importante es que debemos lograr un nivel de consciencia, que sin duda será igual para todos los aspirantes: la consciencia de la Unidad con nuestro Creador.

Los maestros, gurús y personas santas que encontremos en el camino podemos verlas como las señales de tráfico que anuncian al conductor las muchas variantes de la carretera, pero ellos, no pueden aportarnos, ni vendernos el instante en el que se produce el despertar. Ese instante santo es una experiencia que nos conduce a la percepción verdadera, la que nos ilumina y nos permite comprobar que siempre hemos sido el soñador de nuestros sueños.

Enseñanzas como la que estamos estudiando, realizan el mismo papel que los maestros y guías espirituales. Nos aportan una información que debemos completar llevándola al Conocimiento. Pero la teoría no debemos confundirla con la iluminación. Puedo ser un magnífico disertador de las enseñanzas, aglutinar grandiosos foros y sin embargo, mi conciencia permanece identificada con el mundo de la percepción.

Conocemos las señales del mundo del ego. Todas ellas se fundamentan en el miedo, en la culpa y en el dolor como vía redentora. Mientras que nuestros pensamientos rindan culto a esos falsos ídolos, seguiremos perteneciendo a este mundo.

Cuando las viejas ataduras dejen de mantenernos prisionero de las tenebrosas voces del miedo, entonces estaremos preparados para recibir ese instante liberador que nos anuncie que nos hemos salvado de este mundo. No importa que permanezcamos en él por un tiempo, pues ya no lo identificaremos como nuestro verdadero hogar, y sus regalos han dejado de satisfacernos.

Te bendigo hermano, si llegado este día, has degustado las mieles de la iluminación.

Reflexión: Respiro profundamente. Miro el mundo y no veo en él nada que tenga valor. La ilusión da paso a la verdad y me siento liberado. Gratitud.

martes, 14 de agosto de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 226

LECCIÓN 226

Mi hogar me aguarda. Me apresuraré a llegar a él.

1. Puedo abandonar este mundo completamente, si así lo decido. 2No mediante la muerte, sino mediante un cambio de parecer con respecto al propósito del mundo. 3Si creo que tal como lo veo ahora tiene valor, así seguirá siendo para mí. 4Mas si tal como lo contemplo no veo nada de valor en él, ni nada que desee poseer, ni ninguna meta que anhele alcanzar, entonces ese mundo se ale­jará de mí. 5Pues no habré intentado reemplazar la verdad con ilusiones.

2. Padre, mi hogar aguarda mi feliz retorno. 2Tus Brazos están abiertos y oigo Tu Voz. 3¿Qué necesidad tengo de prolongar mi estadía en un lugar de vanos deseos y de sueños frustrados cuando con tanta facilidad puedo alcanzar el Cielo?

¿Qué me enseña esta lección?

Puedo estar en el mundo y no pertenecer a él.

De hecho, esa es la única realidad a la que debemos prestar atención.

El error que hay que corregir, es la creencia de que nuestra identidad está depositada en el cuerpo físico, otorgándole plenos poderes para dirigir nuestras vidas.

Una vez que tomamos consciencia de que el cuerpo sirve a la mente y al Espíritu, podemos utilizar ese vehículo para comunicar las Enseñanzas del Padre. Nuestro comportamiento en el mundo físico es una oportunidad para dar testimonio de los valores que somos portadores.

Ver en nuestros hermanos el rostro de la Divinidad, nos llevará a amar en vez de atacar; a perdonar en vez de culpar.

No creer en el mundo físico, en sus leyes, nos liberará de la prisión de la ilusión, del padecimiento, de la culpa, del miedo, del dolor, del sufrimiento, de la enfermedad.

La única Ley que debe imperar en el Universo, es la Ley del Amor.

Ejemplo-Guía: "Si vivo la vida sin anhelos, la viviré desde la apatía"

Es el planteamiento que muchos estudiantes, al leer esta Lección, se hacen. Si nada en este mundo tiene valor, ni significado, si no debemos anhelar metas, ¿cómo debemos vivir? 

Este cambio de creencias, de paradigma, identificado como el "no ser", viene acompañado de un profundo miedo. Ese miedo, es la principal credencial del ego. El único referente del ego, es el cuerpo y su escenario natural, el mundo físico. Si dicho mundo no tiene significado, si deja de ser la fuente que alimenta nuestros deseos y sacia la sed de nuestros anhelos, es lógico que se produzca la ilusión del miedo, pues sería mirar de frente la realidad de lo que somos y comprobar que hemos estado identificados erróneamente con una realidad ilusoria.

Pero el "no ser", es la única vía que nos conduce al "Ser". Si entendemos lo que esto significa, entenderemos igualmente, que podemos vivir en la verdadera plenitud, lo más alejado de la apatía, a pesar de no experimentar la ilusión del anhelo, del deseo.

Todos sabemos, a esta altura del camino, lo que significa para el ego el concepto ser. Para el ego, en verdad, dicho concepto no existe si no va acompañado de otros verbos, como tener, poseer, guardar, etc. Para el ego, definir el concepto "ser" es testimoniar de sus pertenencias: soy un cuerpo, alto, bajo; hermoso o grotesco; débil o fuerte; ágil o torpe; enfermo o saludable. Igualmente, testimoniar de sus habilidades, de su formación: soy inteligente o imbécil; soy loco o cuerdo; soy ingeniero o basurero. O testimoniar de sus posesiones: soy abundante o escaso; rico o pobre.

¿Cómo podemos vivir en este mundo, sin marcarnos metas y no ser víctima de la apatía?

La apatía, al igual como otros estados anímicos, como la soledad, son expresiones que proceden de los profundos miedos propios del ego. La apatía, en el sentido en el que la estamos utilizando, es el resultado inevitable de no utilizar la fuerza del deseo para conquistar metas en el mundo físico. Si prestamos atención a las diferentes fases que sigue el proceso de anhelar una meta hasta conseguirla, nos sorprenderá reconocer, que mientras que el proceso de conquista se lleva a cabo, nos sentimos contagiado de alegría, de emociones que nos agradan. Pero una vez que se ha conquistado la meta y el anhelo desaparece, en muchas ocasiones hace uso de presencia la apatía, pues aquello que hemos conquistado ha dejado de interesarnos. Esta dinámica es propia del mundo físico. La temporalidad y los cambios permanentes, no van acorde con el modo en que el ego concibe la búsqueda de la felicidad. La ley de alternancia propia del mundo físico hace imposible el mantener una felicidad permanente. De este modo, el anhelo da paso a la apatía, como si se tratase de los dos polos de un mismo eje.

¿Y si cambiamos la fuerza del deseo por la del amor? Muchas veces pensamos que cuando estamos amando, estamos deseando. Nada más lejos de la realidad. El deseo separa y el amor une. El deseo pide ser satisfecho, el amor, satisface. Podemos estar realizando cualquier cosa, pues tenemos el deseo de hacerlo y no amar lo que hacemos, pues lo único que pretendemos es ver satisfecha nuestra necesidad. En este sentido, el deseo es una fuente de necesidad, mientras que el amor es una fuente de abundancia.

Dicho esto, no interpretemos que no tener metas significa no amar lo que hacemos, todo lo contrario, el no tener deseos, favorece la aparición del amor, la única fuerza que tiene la capacidad de hacer que la felicidad sea una experiencia permanente.

Si siento el deseo de ser médico, ingeniero, agente de bolsa o albañil, para evitar que ese deseo nos conduzca finalmente a la apatía, a la desilusión, a la infelicidad, es llenando ese deseo de amor. Cuando hacemos esto, lo que en verdad estamos haciendo es compartiendo nuestros dones y talentos.

Cuando amas lo que haces, o lo que es lo mismo, cuando el amor se convierte en nuestra identidad, el hecho de que seamos médico o albañil; seamos ricos o pobres; guapos o grotescos, no será motivo para que dejemos de sentirnos felices. En verdad, es imposible que el amor juzgue la vida en términos de dualidad, pues el Amor es la condición esencial del Ser.

Reflexión: Vivir en este mundo, sin quedar apegado a él.

lunes, 13 de agosto de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 225

LECCIÓN 225

Dios es mi Padre, y Su Hijo lo ama.

1. Padre, no puedo sino corresponder a Tu Amor, pues dar es lo mismo que recibir y Tú me has dado todo Tu Amor. 2Tengo que corresponder él, pues quiero tener plena conciencia de que es mío, de que arde en mi mente y de que, en su benéfica luz, la mantiene inmaculada, amada, libre de miedo y con un porvenir en el que sólo se puede perfilar paz. 3¡Cuán apacible es el camino por el que a Tu amoroso Hijo se le conduce hasta Ti!

2. Hermano mío, ahora hallamos esa quietud. 2El camino está libre y despejado. 3Ahora lo recorremos juntos y en paz. 4Tú me has tendido la mano, y yo nunca te abandonaré. 5Somos uno, y es sólo esta unidad lo que buscamos a medida que damos los últi­mos pasos con los que concluye una jornada que nunca comenzó.


¿Qué me enseña esta lección?

No puedo amar a mis hermanos, si no me amo a mi mismo.

No puedo amarme a mi mismo, si no amo a Dios.

Amar a Dios, es dar lo que recibo de Él. Amar a mis hermanos es amar a Dios y amarme a mi mismo.

Esa es mi única y verdadera función en el mundo. Ver la Unidad en Todo lo creado, es una expresión del amor del que somos portadores.

El amor es esencial para la vida, como el agua que bebemos.

Todos Somos Amor, pero lo hemos olvidado.

Recordar lo que Somos, es renacer al Amor.


Ejemplo-Guía: "Practicando la Unidad"

Muchos nos preguntamos, en algún momento de nuestras vidas, ¿es posible experimentar la unidad?

En el noble empeño de encontrar una respuesta a esta cuestión, reconozco que no siempre me he orientado en la dirección correcta, pues he perseguido un objetivo, la experiencia de la unidad, en el escenario incorrecto, en el mundo de la percepción, lo que me ha llevado a exigir un comportamiento acorde al logro de la unidad.

Hoy, tengo una visión que considero más cercana a la realidad y por ello a la verdad. No es en el mundo de las formas, en el escenario donde experimentamos, en el ámbito de la percepción, en los efectos, donde debo realizar la conquista de la unidad, sino en el mundo de la mente, en el ámbito de las creencias, en las causas, donde debo crear el pensamiento Uno, ese nivel de comprensión cercano al Conocimiento de lo que Somos y que ha de aportarnos la certeza de que formamos un único vínculo con nuestro Creador y con Su Creación.

Esta visión, se convierte en el camino que nos conduce a la Salvación. Recorrer esa senda nos da la oportunidad de vivir en el eterno presente donde nuestra relación con el mundo que nos rodea se traduce en una oportunidad para perdonar la pesada culpa que recae sobre las creencias de la humanidad.

La Unidad tan solo es posible cuando hemos conquistado esa unidad a nivel interno, lo que significa, que no hay percepción de niveles, no hay incoherencia entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. No hay juicio; no hay percepción de separación. Y damos testimonio permanente de nuestra condición divina a través de compartir con el mundo nuestra visión espiritual, nuestra inocencia, nuestra impecabilidad, nuestra santidad.

Practicar la Unidad se convierte en un ejercicio enriquecedor que nos llevará una consciencia cercana a Dios y que se ha de ver expresada en el trato con el mundo que percibimos.

Reflexión: ¿Es la individualidad un obstáculo para la unidad?

domingo, 12 de agosto de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 224

LECCIÓN 224

Dios es mi Padre y Él ama a Su Hijo.

1. Mi verdadera Identidad es tan invulnerable, tan sublime e ino­cente, tan gloriosa y espléndida y tan absolutamente benéfica y libre de culpa, que el Cielo la contempla para que ella lo ilumine. 2Ella ilumina también al mundo. 3Mi verdadera Identidad es el regalo que mi Padre me hizo y el que yo a mi vez le hago al mundo. 4No hay otro regalo, salvo éste, que se puede dar o reci­bir. 5Mi verdadera identidad y sólo Ella es la realidad. 6Es el final de las ilusiones. 7Es la verdad.

2. Mi nombre, ¡oh Padre!, todavía te es conocido. 2Yo lo he olvidado, y no sé adónde me dirijo, quién soy, ni qué es lo que debo hacer. 3Recuér­damelo ahora, Padre, pues estoy cansado del mundo que veo. 4Revélame lo que Tú deseas que vea en su lugar.


¿Qué me enseña esta lección?

¿Cómo puedes pensar que en el mundo de las ilusiones, puedes encontrar la verdad?

Para el ego, la verdad que le aporta una identidad, es el cuerpo. Esa es la razón por la cual dedica tanto tiempo en desmenuzar, investigar, cada partícula de ese organismo que le aporta la vida. Su incesante búsqueda ha dado lugar a las leyes que postula la ciencia. Esa búsqueda aún no ha cesado, es más, cada vez, con los nuevos descubrimientos, gana en intensidad. Pero, la verdad que busca no la podrá encontrar en el cuerpo, pues la verdadera realidad, nuestra única identidad, es que Somos Seres Espirituales.

Es importante tener esa certeza. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez, qué es la verdad?

Toda búsqueda tiene que partir de un origen. Saber quién Somos es el Principio sobre el que se sustenta toda Verdad. Si no sabemos quién somos, ¿cómo podremos dar respuesta a las cuestiones, de dónde, cómo y cuándo?

Cuando exclamamos ¡Yo Soy!, estamos realmente afirmando que Somos Hijos de Dios; que hemos sido creados por Él, y que nuestro único objetivo es desarrollar Su Propia Condición Divina, de la que Somos su legítimo heredero.


Ejemplo-Guía: "Estoy cansado del mundo que veo"

Cuando leí este párrafo de la Lección, no pude evitar expresar mentalmente un pensamiento de alivio. Tenía la sensación de que me había leído la mente. Sentí una profunda comunión con él. Sí, desde hace un tiempo acá, no dejo de rondar esa creencia: ¡estoy cansado del mundo que veo!

Ese pensamiento, tiene un desgaste en nuestras relaciones con el mundo, con las personas que nos rodean. No todo el mundo comparte ese pensamiento y muchos incluso emiten juicios condenatorios y desaprobatorios cuando compartimos ese sentir con ellos.

El cansancio es un estado muy característico del mundo de la percepción, muy diferente a cuando nos encontramos en comunión con el Espíritu, en el que solemos expresar que estamos "animados". Esto es así, pues la fuerza que impera en el mundo que percibimos es la de destrucción -lo irreal es temporal-, mientras que la fuerza que impera en la vibración espiritual es la de Atracción.

Sí, estoy cansado de dar significado al miedo, al odio, al rencor, a la envidia, al apego, a la ira, a la mentira, a la enfermedad, a la escasez, a la separación, al desamor, al egoísmo, a la infelicidad, al dolor, al castigo, a la culpa, a la rivalidad, al perder, al no tener...

Me imagino un mundo en el que amaneces compartiendo tus dones y tus talentos. No tienes miedo al compartir, no tienes temor a perder. Das lo que eres, sin esperar nada a cambio y aceptas aquello que otros de ofrecen desde su sincera entrega.

Imagino ese mundo, en el que cada acto de entrega nos anima y nos acerca a los demás en un sincero acto de gratitud, de generosidad. Respiramos y en cada gesto, damos y recibimos. No existe el miedo a la escasez, no existe el miedo a la separación, a la inseguridad.

Imagino esa vida llena de aceptación y entrega. No juzgo las vivencias con el ánimo de sentir culpa o culpables. Reconozco mis cosechas, pues reconozco lo sembrado. Y acepto. No hay malo. No hay bueno. Tan existe la voluntad y el deseo de vivir la vida.

Imagino un mundo sin tiempo. Un mundo que se hace en el presente, en el ahora. En ese mundo, soy el eterno instante y ese fluir se renueva en cada presencia del Ser y se expresar en un constante y continuo renacer.

Estoy cansado del mundo que veo, pues me muestra una ilusión de lo que soy.

Mi nombre, mi identidad, es Espíritu. ¡Padre!, ayúdame a recordarlo.

Reflexión: No soy un cuerpo. Soy el Hijo de Dios.

sábado, 11 de agosto de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 223

LECCIÓN 223

Dios es mi vida. No tengo otra vida que la Suya.

1. Estaba equivocado cuando pensaba que vivía separado de Dios, que era una entidad aparte que se movía por su cuenta, desvinculada y encasillada en un cuerpo. 2Ahora sé que mi vida es la de Dios, que no tengo otro hogar y que no existo aparte de Él. 3Él no tiene Pensamientos que no sean parte de mí, y yo no tengo ningún pensamiento que no sea de Él.

2. Padre nuestro, permítenos contemplar la faz de Cristo en lugar de nuestros errores. 2Pues nosotros que somos Tu santo Hijo somos incapa­ces de pecar. 3Queremos contemplar nuestra inocencia, pues la culpabilidad proclama que no somos Tu Hijo. 4no queremos seguir relegándote al olvido, 5pues nos sentimos solos aquí y anhelamos estar en el Cielo, que es nuestro hogar. 6Queremos regresar hoy. 7Nuestro Nombre es el Tuyo, y reconocemos que somos Tu Hijo.

¿Qué me enseña esta lección?

El Hijo de Dios, ha fabricado un mundo inspirado en las Leyes que rigen en el Cielo. Así, ha diseñado un cuerpo que al nacer lo vincula a una familia a la que llama padres y hermanos. En ese seno, el Hijo de Dios, recuerda lo que es el Amor. Ama su sangre y da la vida por ello. 

Mientras que permanecemos identificados con esa visión, mientras que nos veamos separados del resto de las familias; mientras que estemos dispuestos a perder la vida, por salvaguardar los lazos de sangre, estaremos sirviendo al error que se fundamenta en la creencia de la separación.

Nuestro padre físico, así como nuestra familia, no es más que una transitoria representación de la identidad con la que nos identificamos mientras que creamos que el cuerpo es nuestra realidad.

Al igual que el padre físico vela por la seguridad de su familia, Dios, nuestro Padre Celestial, vela por la seguridad de su Hijo.

Cuando sentimos y percibimos la presencia de nuestro padre físico, el temor desaparece y ello nos permite crecer en un ambiente seguro y feliz.

Del mismo modo, cuando despertamos a nuestra verdadera realidad, cuando tenemos la certeza de lo que Somos, nos entregamos en manos de nuestro Padre, para que Él guíe nuestros pasos y nos contagie con su Paz. Ya no tendremos miedo; ya no veremos la culpa pues, no vemos el pecado; ya no nos sentimos separados de Él y sabremos reconocer en cada rostro, a nuestro verdadero Hermano.

Ejemplo-Guía: ¿Cómo aceptamos no ser una entidad corporal?

¿Da miedo el hecho de plantearse esa cuestión?

Tengamos un gesto de sinceridad con nosotros mismos y preguntémonos ¿creo en verdad que no soy un cuerpo físico? Podemos pensar, que es lógico y tiene sentido, que nos hagamos esa pregunta, cuando el que la hace es el propio cuerpo.

Pero cuidado, con esa visión, estamos dotando al cuerpo con la capacidad de pensar y en muchas ocasiones hemos dicho que el cuerpo es un envoltorio al servicio de la mente, que no tiene capacidad para emitir pensamientos.

Luego, tenemos identificada la fuente desde donde emana la pregunta: nuestra mente. La mente actúa como un foco y está al servicio de nuestra voluntad. Si nuestra voluntad presta atención a las cosas del Cielo, el resultado será un acto de expansión creador. Si nuestra voluntad presta atención a la tercera dimensión, a la percepción, el resultado será un acto de proyección y fabricación.

En nuestro presente, en este mismo instante, en el ahora, nuestra mente se encuentra prestando atención al mundo tridimensional. En estos mismos momentos, me encuentro pulsando el teclado de mi ordenador y traduciendo mi pensamiento en palabras que forman una serie de frases, que si lo consigo y adquieren significado explicarán el contenido de lo que mi voluntad quiere compartir. Este acto, no es real, es ilusorio, pertenece al mundo del sueño. Soy consciente de ello, y el hecho de que sea consciente, me permite tener la certeza de que soy el soñador del sueño. Esta cuestión es muy interesante, pues estoy en condiciones de elegir cómo voy a vivir las ensoñaciones.

No quiero desviarme del tema elegido en el ejemplo-guía. La Lección de hoy nos expresa con total claridad lo que realmente somos. Tan claro que no podemos tener dudas al respecto: "No existo aparte de Dios". "Él no tiene Pensamientos que no sean parte de mí, y yo no tengo ningún pensamiento que no sea de Él".

Ayer mismo, reflexionaba sobre la fabricación del cuerpo. Me di cuenta de que hasta ese momento, me había limitado a teorizar sobre la idea de que no somos un cuerpo. Sin embargo, en ese instante, mi mente había dado un paso más sobre esta creencia y ahora me ofrecía una nueva visión para que la meditara.

Encontré una similitud muy cercana al acto de fabricación del cuerpo, con el acto llevado a cabo por un escritor al imaginar el guión de una novela. Ese escritor, fabrica personajes a los que da una identidad ilusoria y de ficción, pero que desarrollan a lo largo del guion de la novela unas vivencias que son capaces de despertar sensaciones, sentimientos y emociones. La vida de esos personajes son tan efímeras como las de los cuerpos físicos.

Durante mi reflexión, me vi como una Mente Creadora con capacidad para fabricar personajes de ficción, y entre estos, me reconocí con las características de un cuerpo en concreto el cual respondía a un nombre y a unos apellidos, con una personalidad muy concreta y con un sin fin de peculiaridades a las que vengo llamando vida.

¿Qué fin tiene esa Mente al fabricar un cuerpo? ¿Qué fin tiene el escritor al dar vida a un personaje ficticio? 

Creo que la única respuesta posible para mi estado actual de compresión es esta: para crear.

Es una Ley natural. Se da lo que se tiene. Si como Hijo de Dios tengo la capacidad de crear, eso es lo que haré.

El escritor, en su imaginación, en su mente, ya tiene creada su obra. La escribe para compartirla, para extenderla. Para que su visión sea compartida.

El Hijo de Dios, antes de tener el "pensamiento original" que le llevó a tener la visión del mundo de percepción, gozaba de la Visión Una, es decir, no tenía conciencia de individualidad, ni de separación. 

No concibo ese "pensamiento original" como un pecado, sino como un acto volitivo dirigido hacia una dimensión distinta a la de su procedencia. No es lo mismo el mundo desde donde emana el pensamiento, al mundo donde se condensa ese pensamiento. Uno limita, el otro expande.

En la medida en que seamos consciente de este hecho, lo seremos también para elegir cuál de esos mundos es el verdadero, el que está sujeto a las leyes de alternancia o en el que rige las leyes de la eternidad.

Reflexión: ¿Dónde sitúas a Dios? ¿Dónde lo buscas?

viernes, 10 de agosto de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 222

LECCIÓN 222

Dios está conmigo. Vivo y me muevo en Él.

1. Dios está conmigo. 2Él es mi Fuente de vida, la vida interior, el aire que respiro, el alimento que me sustenta y el agua que me renueva y me purifica. 3Él es mi hogar, en el que vivo y me muevo; el Espíritu que dirige todos mis actos, me ofrece Sus Pen­samientos y garantiza mi perfecta inmunidad contra todo dolor. 4Él me prodiga bondad y cuidado, y contempla con amor al Hijo sobre el que resplandece, el cual a su vez resplandece sobre Él. 5¡Qué serenidad la de aquel que conoce la verdad de lo que Él dice hoy!

2. Padre, no tenemos en nuestros labios ni en nuestras mentes otras palabras que Tu Nombre, cuando acudimos silenciosamente ante Tu Pre­sencia, pidiendo que se nos conceda poder descansar Contigo por un rato en paz.

¿Qué me enseña esta lección?

¿Acaso puede el hijo negar la paternidad de su padre? No, no puede.

El hijo tiene libertad para expresar el potencial del que es portador. Puede pensar, sentir  y actuar con plena libertad. Puede, incluso, pensar que sus acciones creadoras tienen el poder suficiente para vivir una realidad distinta a la de su padre.

¿Acaso el padre abandona al hijo por decidir hacer uso de su libertad? No, no lo abandona.

Ningún padre que esté en su sano juicio, reniega de su hijo y le castiga por el hecho de hacer uso de las potencialidades que ha heredado de su propio padre.
Un padre amoroso, se engrandece cuando su hijo ejerce su función creadora, pues tiene la certeza de que ha elegido el Camino del Aprendizaje.

El padre siempre está con su hijo. Le inspira, le acompaña, le arropa y le protege.

Nuestro Padre, siempre está con nosotros. Somos Esencia de Su Propia Esencia. Toda nuestra vida está impregnada de su Ser y todas nuestras expresiones, sean mentales, emocionales o físicas, tienen como único fin, dar testimonio de su Voluntad.

Mi mente es una parte de la Mente de Dios. Mi mente está es paz, cuando habito la Morada de mi Padre, cuando soy expresión de la Unidad que me mantiene unido a Todos mis hermanos de Filiación.

Ejemplo-guía: "No te sientas culpable por lo que hagas, Dios no ve tu pecado"

Entonces, ¿puedo hacer lo que quiera? ¿Puedo matar, hacer daño, robar, mentir, sin que ello haga de mi un ser despreciable y necesitado de disciplina? ¿Qué valor tienen entonces las Tablas de la Ley de Moisés? ¿Qué valor tienen los Mandamientos de la Santa Madre Iglesia?

No diréis que no es interesante el tema de reflexión elegido para profundizar en las enseñanzas de la Lección de hoy.

En la presentación de dicha reflexión, he querido utilizar términos y conceptos que son parte de las verdades que la religión adora en sus púlpitos sagrados. Son Leyes inventadas y fabricadas por el ego y para el ego. Han sido útiles y lo siguen siendo, mientras que nuestra conciencia esté identificada con el cuerpo y con sus leyes y normas. Pero las verdades de este mundo, no son la Verdad de Dios, pues si empleamos el sentido común o mejor aún, si utilizamos la fuerza de nuestro corazón y le preguntásemos si dichas Leyes proceden directamente de Dios, al menos el mío, me dicta que no, pues como he argumentado en la introducción de esta Lección, el amor de un padre para su hijo ha de llevarle a perdonar sus errores y "pecados", pues en esa actitud va implícita su creencia en la unidad que los une, no por sangre, sino por alimentarse de la misma "Fuente", la Espiritual, la Divina.

Si pensamos que podemos hacer lo que queramos con nuestras elecciones y lo hacemos con la visión de quedar exento del castigo de las mismas, no estamos enfocando la vida desde la visión de la Verdad. No es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos, lo que certifica la calidad de nuestros actos. Ya sabemos que este mundo no es real, por lo tanto, no es lo que hacemos lo importante. En cambio, la condición de nuestro verdadero Ser, de nuestra Consciencia, emana una vibración que certifica la energía que estamos expandiendo. Si esa energía expande amor, la vibración creará un mundo de amor. Si esa energía expande miedo, entonces es señal de que estamos utilizando la mente para servir al ego, lo que pondrá de manifiesto la fabricación de un mundo ilusorio e irreal.

Cuando alcancemos la visión de la unidad, del Espíritu, podremos decir desde la certeza de que podemos hacer lo que queramos sin miedo al castigo, por una sencilla razón, nuestra mente tiene la creencia de que cuando condeno a otro, es a mi a quien únicamente estoy condenando. Esto significa que tendremos la creencia de que no existe nada externo a nosotros.

Dios tiene un sólo Hijo, pues de su Fuente ha emanado un Solo Pensamiento Creador. Ese Pensamiento tiene la capacidad de expandirse e igualmente tiene la capacidad de proyectarse. La expansión permite la continuidad de la unidad, mientras que la proyección tiene la propiedad de la división y de la multiplicación.

La ilusión que estamos soñando nos lleva a creer en que somos una multiplicidad. Pero la realidad es que Somos como Dios nos ha creado, Uno. 

Reflexión: ¿Estamos preparados para aceptar en nuestra mente el hecho de que todo lo que percibimos forma parte de nosotros mismos, y que el ahí afuera que percibimos no existe salvo que nosotros lo hagamos real?

jueves, 9 de agosto de 2018

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 221

SEGUNDA PARTE

Introducción

1. Las palabras apenas significarán nada ahora. 2Las utilizaremos únicamente como guías de las que no hemos de depender. 3Pues lo único que nos interesa ahora es tener una experiencia directa de la verdad. 4Las lecciones que aún nos quedan por hacer no son más que introducciones a los períodos en que abandonamos el mundo del dolor y nos adentramos en la paz. 5Ahora empezamos a alcanzar el objetivo que este curso ha fijado y a hallar la meta hacia la que nuestras prácticas han estado siempre encaminadas.

2. Lo que nos proponemos ahora es que los ejercicios sean sólo un preámbulo. 2Pues aguardamos con serena expectación a nuestro Dios y Padre. 3Él nos ha prometido que Él Mismo dará el paso final. 4Y nosotros estamos seguros de que Él cumple Sus prome­sas. 5Hemos recorrido un largo trecho, y ahora lo aguardamos a Él. 6Continuaremos pasando un rato con Él cada mañana y cada noche, mientras ello nos haga felices. 7No vamos a considerar el tiempo ahora como una cuestión de duración. 8Dedicaremos tanto tiempo como sea necesario a fin de lograr el objetivo que perse­guimos. 9No nos olvidaremos tampoco de nuestros recordatorios de cada hora, y recurriremos a Dios siempre que nos sintamos tentados de olvidarnos de nuestro objetivo.

3. Durante el resto de los días venideros seguiremos utilizando un pensamiento central para introducir nuestros períodos de descanso y para calmar nuestras mentes, según lo dicte la necesi­dad. 2No obstante, no nos contentaremos únicamente con practi­car los demás instantes santos con los que concluye este año que le hemos dedicado a Dios. 3Diremos más bien algunas palabras sencillas a modo de bienvenida, y luego esperaremos que nues­tro Padre Se revele a Sí Mismo, tal como ha prometido que lo hará. 4Lo hemos invocado y Él ha prometido que Su Hijo recibirá respuesta siempre que invoque Su Nombre.

4. Ahora venimos a Él teniendo únicamente Su Palabra en nues­tras mentes y en nuestros corazones, y esperamos a que Él dé el paso hacia nosotros que nos ha dicho, a través de Su Voz, que no dejaría de dar una vez que lo invitásemos. 2Él no ha dejado solo a Su Hijo en su locura, ni ha traicionado la confianza que éste tiene en Él. 3¿No le ha hecho acaso Su fidelidad acreedor a la invitación que Él espera para hacernos felices? 4Le extenderemos esa invita­ción y Él la aceptará. 5Así es como transcurrirán nuestros momen­tos con Él. 6Expresaremos las palabras de invitación que Su Voz sugiere y luego esperaremos a que Él venga a nosotros.

5. La hora de la profecía ha llegado. 2Ahora es cuando las anti­guas promesas se honran y se cumplen sin excepción. 3No queda ningún paso que el tiempo nos pueda impedir dar. 4Pues ahora no podemos fracasar. 5Siéntate en silencio y aguarda a tu Padre. 6Él ha dispuesto que vendrá una vez que hayas reconocido que tu voluntad es que Él venga. 7Y tú nunca habrías podido llegar tan lejos si no hubieses reconocido, por muy vagamente que fuese, que ésa es tu voluntad.

6. Estoy tan cerca de ti que no podemos fracasar. 2Padre, Te entre­gamos estos santos momentos como muestra de agradecimiento por Aquel que nos enseñó a abandonar el mundo del pesar a cam­bio del que Tú nos diste como sustituto. 3Ahora no miramos hacia atrás. 4Miramos hacia adelante y fijamos la mirada en el final de la jornada. 5Acepta de nuestra parte estas humildes ofren­das de gratitud, mientras contemplamos, a través de la visión de Cristo, un mundo que está más allá del que nosotros construimos y que aceptamos como sustituto total del nuestro.

7. Y ahora aguardamos en silencio, sin miedo y seguros de Tu llegada. 2Hemos procurado encontrar el camino siguiendo al Guía que Tú nos enviaste. 3Desconocíamos el camino, pero Tú no te olvidaste de nosotros. 4sabemos que no Te olvidarás de nosotros ahora. 5Sólo pedimos que Tus promesas de antaño se cumplan tal como es Tu Voluntad. 6Al pedir esto, nuestra voluntad dispone lo mismo que la Tuya. 7El Padre y el Hijo, Cuya santa Voluntad creó todo lo que existe, no pueden fracasar en nada. 8Con esta certeza daremos estos últimos pasos que nos llevan a Ti, y descansaremos confiadamente en Tu Amor, el cual jamás defraudará al Hijo que Te llama.

8. Y así damos comienzo a la parte final de este año santo que hemos pasado juntos en busca de la verdad y de Dios, Quien es su único creador. 2Hemos encontrado el camino que Él eligió para que nosotros lo siguiésemos, y decidimos seguirlo tal como Él quiere que hagamos. 3Su Mano nos ha sostenido. 4Sus Pensamien­tos han arrojado luz sobre las tinieblas de nuestras mentes. 5Su Amor nos ha llamado incesantemente desde los orígenes del tiempo.

9. Quisimos privar a Dios del Hijo que Él creó para Sí. 2Quisimos que Dios cambiara y fuera lo que nosotros queríamos hacer de Él. 3creímos que nuestros desquiciados deseos eran la verdad. 4Ahora nos alegramos de que todo esto haya desaparecido y de que ya no pensemos que las ilusiones son verdad. 5El recuerdo de Dios despunta en los vastos horizontes de nuestras mentes. 6Un momento más y volverá a surgir. 7Un momento más, y nosotros que somos los Hijos de Dios, nos encontráremos a salvo en nues­tro hogar, donde Él desea que estemos.

10. A la necesidad de practicar casi le ha llegado su fin. 2Pues en esta última etapa llegaremos a entender, que sólo con invocar a Dios, toda tentación desaparece, 3En lugar de palabras, sólo necesitamos sentir Su Amor. 4En lugar de oraciones, sólo necesitamos invocar Su Nombre. 5en lugar de juzgar, sólo necesitarnos aquie­tarnos y dejar que todas las cosas sean sanadas. 6Aceptaremos la manera en que el plan de Dios ha de terminar, tal como aceptamos la manera en que comenzó. 7Ahora ya se ha consumado. 8Este año nos ha llevado a la eternidad.

11. Las palabras tendrán todavía cierta utilidad. 2Cada cierto tiempo se incluirán temas de especial relevancia, cuya lectura debe preceder a la de nuestras lecciones diarias y a los períodos de experiencia profunda inefable que deben seguir a éstas. 3Estos temas especiales deberán repasarse cada día hasta que se te ofrezca el siguiente. 4Debes leerlos lentamente y reflexionar sobre ellos por un rato antes de cada uno de esos santos y benditos instantes del día. 5He aquí el primero de estos temas especiales.

1. ¿Qué es el perdón?

1. El perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te había hecho en realidad nunca ocurrió. 2El perdón no perdona pecados, otorgándoles así realidad. 3Simplemente ve que no hubo pecado. 4Y desde este punto de vista todos tus pecados quedan perdonados. 5¿Qué es el pecado sino una idea falsa acerca del Hijo de Dios? 6El perdón ve simplemente la falsedad de dicha idea y, por lo tanto, la descarta. 7Lo que entonces queda libre para ocupar su lugar es la Voluntad de Dios.


2. Un pensamiento que no perdona es aquel que emite un juicio que no pone en duda a pesar de que es falso. 2La mente se ha cerrado y no puede liberarse. 3Dicho pensamiento protege la pro­yección, apretando aún más sus cadenas de manera que las dis­torsiones resulten más sutiles y turbias; menos susceptibles de ser puestas en duda y más alejadas de la razón. 4¿Qué puede interponerse entre una proyección fija y el objetivo que ésta ha elegido como su deseada meta?

3. Un pensamiento que no perdona hace muchas cosas. 2Persigue su objetivo frenéticamente, retorciendo y volcando todo aquello que cree que se interpone en su camino. 3Su propósito es distor­sionar, lo cual es también el medio por el que procura alcanzar ese propósito. 4Se dedica con furia a arrasar la realidad, sin ningún miramiento por nada que parezca contradecir su punto de vista.


4. El perdón, en cambio, es tranquilo y sosegado, y no hace nada. 2No ofende ningún aspecto de la realidad ni busca tergiversarla para que adquiera apariencias que a él le gusten. 3Simplemente observa, espera y no juzga. 4El que no perdona se ve obligado a juzgar, pues tiene que justificar el no haber perdonado. 5Pero aquel que ha de perdonarse a sí mismo debe aprender a darle la bienvenida a la verdad exactamente como ésta es.

5. No hagas nada, pues, y deja que el perdón te muestre lo que debes hacer a través de Aquel que es tu Guía, tu Salvador y Pro­tector, Quien, lleno de esperanza, está seguro de que finalmente triunfarás. 2Él ya te ha perdonado, pues ésa es la función que Dios le encomendó. 3Ahora tú debes compartir Su función y per­donar a aquel que Él ha salvado, cuya inocencia Él ve y a quien honra como el Hijo de Dios.

LECCIÓN 221

Que mi mente esté en paz y que todos mis pensamientos se aquieten.

1. Padre, hoy vengo a Ti en busca de la paz que sólo Tú puedes dar. Vengo en silencio. 3Y en la quietud de mi corazón -en lo más recóndito de mi mente- , espero y estoy a la escucha de Tu Voz. 4Padre mío, háblame hoy. 5Vengo a oír Tu Voz en silencio, con certeza y con amor, seguro de que oirás mi llamada y de que me responderás.

2. Y ahora aguardamos silenciosamente. 2Dios está aquí porque esperamos juntos. 3Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. 4Acepta mi confianza, pues es la tuya. 5Nuestras mentes están unidas. 6Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.


¿Qué me enseña esta lección?

Me enseña a ver el mundo de otra manera, a no responder a las múltiples invitaciones del ego, de servir al miedo, a la culpa, al dolor y al ataque.

Hoy he vivido una experiencia en la que debía tomar una decisión, la cual, sin duda, condicionaría mi estado anímico. Podía oír la voz del ego, y sentirme atacado por el engaño de otra persona, o bien, podía elegir oír la voz del Espíritu y no juzgar esa situación como un ataque, lo que me evitaría, la tentación de vengarme respondiendo con la misma respuesta del ataque.

A pesar de que las circunstancias me aportaban argumentos para satisfacer las necesidades del ego, vengarme de ese engaño que hacía peligrar mi autoestima, decidí ver las cosas de otra manera. Sí, era consciente del acto, pero yo no hice un juicio condenatorio de la situación. Ni tan siguiera sentí la necesidad de perdonar, pues no interpreté lo ocurrido como una voluntad de ataque.

La sensación de paz que alcancé con esa elección me aportó una profunda satisfacción. Verdaderamente, fui sensible a la Voz de mi Ser Espiritual, que se complace en la experimentación de la Unidad.


Ejemplo-Guía: "Me he sentido amenazado por la actitud de mi compañero de trabajo"

He elegido un ejemplo-guía muy común. Se trata de una experiencia que es frecuente en nuestras vidas. En este caso, se hace referencia al compañero de trabajo, pero podemos sustituir a ese protagonista por cualquier otro, por ejemplo, puede ser nuestra pareja, nuestros padres, nuestros jefes, nuestros hijos, nuestros amigos y enemigos.

Si alguien nos hiciese esa pregunta, en busca de orientación y apoyo, no podemos dejarnos engañar por el escenario propuesto por el ego. En ese escenario siempre encontraremos una serie de pistas que nos ayudarán a identificar su estrategia.

Siempre existe la figura del atacante externo, es decir, siempre tenemos a un culpable al que identificamos como el causante de nuestros problemas. En este caso el compañero de trabajo.

Siempre existe la figura de una víctima. Es la persona que recibe y expresa el daño causado. En este caso, la persona que busca nuestra orientación.

En todos los casos, observaremos una misma perspectiva, una misma visión. Existe una clara creencia, en ambas partes, en que son seres separados, lo que justifica el ataque y la defensa-ataque.

Y por último, lo he dejado para el final debido a su sutilidad. En todos los casos, ambos protagonistas sienten un profundo miedo. El que ataca, por temor a ser atacado por el otro, y la víctima, por amenazarse a si mismo.

Esa última vinculación es la que nos exige un cambio de visión, pues pensamos que son los demás los que nos atacan y nunca podríamos aceptar, que somos nosotros los que nos estamos castigando y amenazando inconscientemente.

En el caso que nos ocupa, la autoamenzada de la víctima responde a un problema de confianza en si misma. No cree valer lo suficiente y oculta ese sentimiento de inferioridad con un comportamiento desmedido. Es ese comportamiento excesivo, lo que lleva a su compañero de trabajo a experimentar una competitividad desleal y para ganar la partida decide hostigar su relación laboral.

Si alguien se está preguntando: ¿Si la víctima deja de auto amenazarse, su compañero dejará de hostigarla? La respuesta es Sí, pues aquello que no vemos en nuestro interior no lo proyectamos y por lo tanto no lo percibiremos.

Parece ser un ejercicio sencillo. Bueno, nadie puede negar que la técnica lo es. Lo difícil es que como víctima seamos capaces de reconocer que aquello que nos amenaza externamente es nuestra propia proyección interna. He ahí la fuente del milagro. Veo, perdono ( no veo condena) y mi percepción será verdadera, es decir, mi único juicio será reconocer la verdad que a todos nos une y nos hace Uno.

Reflexión: ¿Cómo me siento cuando oigo la Voz de Dios?