III. Percepción y elección (9ª parte).
9. El Hijo de Dios no puede pecar, pero puede desear lo que le haría daño. 2Y tiene el poder de creer que puede ser herido. 3¿Qué podría ser todo esto, sino una percepción falsa de sí mismo? 4¿Y es esto acaso un pecado o simplemente un error? 5¿Es perdonable? 6¿Necesita él ayuda o condenación? 7¿Es tu propósito que él se salve o que sea condenado? 8No olvides que lo que decidas que él es para ti, determinará tu futuro. 9Pues estás construyendo tu futuro ahora: el instante en el que todo el tiempo se convierte en un medio para alcanzar cualquier objetivo. 10Elige, pues, pero reconoce que mediante esa elección se elige el propósito del mundo que ves, el cual se justificará.
¿Qué nos enseña este pasaje?
Nos enseña que el Hijo de Dios —la verdadera identidad espiritual— no puede pecar, pero sí puede desear lo que le daña, creyendo que puede ser herido. Esta creencia es una percepción falsa de sí mismo, no un pecado, sino un error que puede ser perdonado. El texto plantea una elección: ¿quieres que tu hermano se salve o sea condenado? Lo que decidas sobre él determinará tu propio futuro, porque estás eligiendo el propósito del mundo que ves. El tiempo se convierte en un medio para alcanzar ese propósito, y tu elección lo justifica.
Interpretación práctica:
En la vida cotidiana, este punto nos recuerda que nuestras percepciones de los demás no son neutrales. Si elegimos verlos como culpables, estamos eligiendo condenarnos también. Pero si los vemos como dignos de salvación, estamos construyendo un futuro de paz. Cada instante es una oportunidad para elegir el propósito del mundo que queremos ver: uno de ataque o uno de perdón.
¿Cómo aplicar a nivel práctico la enseñanza:
- Cuando juzgues a alguien, pregúntate: ¿Estoy eligiendo condenarlo o salvarlo?
- En momentos de conflicto, recuerda que tu percepción del otro define tu propio camino hacia la paz o el sufrimiento.
Ejemplos concretos:
- Ejemplo real: Teresa se siente traicionada por su pareja. Cree que él merece castigo. Pero al reflexionar, se da cuenta de que está eligiendo condenar. Decide ver el error como una percepción equivocada y elige perdonar, liberándose a sí misma.
- Ejemplo simbólico: Un niño ve que otro le quita su juguete. Cree que el otro es “malo”. Pero una figura luminosa le pregunta: “¿Quieres que él sea condenado o salvado?” El niño elige ver con amor, y el juguete se convierte en un símbolo de unión.
Algunas citas relacionadas con el mensaje:
- "El Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado". (T-13.I.1:1)
- "El perdón es la llave de la felicidad". (L-pII.121)
- "Lo que decidas acerca de tu hermano determinará tu propio destino". (T-31.III.6:1)
Algunas preguntas para la reflexión:
- ¿Estoy dispuesto a ver los errores como percepciones falsas y no como pecados?
- ¿Qué estoy eligiendo al juzgar a otro: condenación o salvación?
- ¿Qué propósito quiero que tenga el mundo que veo?
Resumiendo:
Este punto nos enseña que el pecado no existe, pero el error sí, y puede ser corregido. El Hijo de Dios no necesita condena, sino ayuda. Nuestra percepción de los demás define nuestro futuro, porque el mundo que vemos se justifica por lo que elegimos ver. El perdón transforma la percepción y nos libera.
“Elige, pues, pero reconoce que mediante esa elección se elige el propósito del mundo que ves, el cual se justificará.”
Una invitación: Hoy, elige ver a tu hermano como impecable. Tu futuro se construye en ese instante.

No hay comentarios:
Publicar un comentario