viernes, 30 de enero de 2026

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (1ª parte).

VII. La roca de la salvación (1ª parte).

1. No obstante, si el Espíritu Santo puede convertir cada senten­cia que te impusiste a ti mismo en una bendición, entonces no pudo haber sido un pecado. 2El pecado es lo único en todo el mundo que no puede cambiar. 3Es inmutable. 4Y de su inmutabi­lidad depende el mundo. 5La magia del mundo parece ocultar de los pecadores el dolor del pecado, y engañar con falsos destellos y con ardides. 6Mas todo el mundo sabe que el costo del pecado es la muerte. 7Y ciertamente lo es. 8Pues el pecado es una petición de muerte, un deseo de hacer que los cimientos de este mundo sean tan firmes como el amor, tan dignos de confianza como el Cielo y tan fuertes como Dios Mismo. 9Todo aquel que cree que es posible pecar mantiene al mundo excluido del amor. 10Y esto no cambiará. 11Sin embargo, ¿sería posible que lo que Dios no creó compartiese los atributos de Su creación, cuando se opone a ella desde cualquier punto de vista?

Este párrafo desmonta la creencia fundamental en el pecado como algo real e inmutable, mostrando su contradicción interna desde la lógica del Amor y de Dios. El argumento es claro y radical: si algo puede ser reinterpretado y transformado por el Espíritu Santo, entonces no puede ser pecado, porque el pecado —según la definición que sostiene el mundo— sería inmutable.

El texto revela que el pecado es la base ilusoria sobre la que se sostiene el mundo, un sistema de pensamiento que necesita que la muerte, la pérdida y el castigo sean reales para parecer coherente. La “magia del mundo” intenta ocultar el dolor que esta creencia genera, pero el Curso señala que todos saben, en el fondo, que el “precio del pecado” es la muerte, porque el pecado es, en esencia, un deseo de muerte.

Aquí se introduce una idea clave: el pecado pretende usurpar los atributos de Dios. Quiere ser tan firme como el Amor, tan estable como el Cielo y tan poderoso como Dios mismo. Pero el párrafo culmina con una pregunta decisiva que deshace la ilusión:

¿Puede lo que Dios no creó compartir los atributos de Su creación?

La respuesta implícita es no. Por tanto, el pecado no es real, aunque el mundo entero parezca depender de su “inmutabilidad”.

Mensaje central y claves de comprensión:

  • El pecado no puede ser real porque puede ser reinterpretado y deshecho por el Espíritu Santo.
  • Lo real es inmutable solo si procede de Dios.
  • El mundo se sostiene sobre la creencia en un pecado inmutable, pero esa base es falsa.
  • El pecado es una petición de muerte, no una realidad objetiva.
  • Nada que Dios no haya creado puede poseer los atributos de Su creación.
  • Creer en el pecado mantiene al mundo separado del Amor.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Cuando surja culpa o auto-condena, recuerda: si puede ser transformada en bendición, no es pecado.
  • Observa cómo el miedo, el castigo o la idea de pérdida surgen siempre de la creencia en el pecado.
  • Practica entregar al Espíritu Santo toda “sentencia interior”, sin defenderla ni justificarla.
  • Ante el juicio hacia otros, pregúntate:
    ¿Estoy sosteniendo un mundo sin amor al creer que el pecado es real?
  • Permite que la reinterpretación sustituya al autoataque.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Qué sentencias me sigo imponiendo como si fueran definitivas?
  • ¿Creo, aunque sea sutilmente, que hay errores que no pueden ser corregidos?
  • ¿Estoy dispuesto a dejar de usar el pecado como explicación del dolor?
  • ¿Qué cambia en mi percepción si acepto que nada opuesto al Amor puede ser real?

Conclusión / síntesis:

Este pasaje establece la roca sobre la que descansa la salvación: solo la Voluntad de Dios es inmutable. Si el pecado fuese real, Dios tendría que haberlo creado o perder Su poder ante él. Como eso es imposible, el pecado no puede ser más que una ilusión sostenida por el miedo.

La salvación comienza cuando aceptas que todo lo que parecía condenarte puede convertirse en bendición, y que lo que no procede de Dios no tiene poder, firmeza ni realidad.

Frase inspiradora:

“Lo que puede ser transformado por el Amor nunca fue un pecado.”

Invitación práctica:

Hoy, cuando aparezca la culpa o el juicio, repite lentamente:

“El Espíritu Santo puede usar esto para bendecirme.
Lo que no es Amor no es real.”

Y deja que esa idea se convierta en descanso.

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