VII.
La roca de la salvación (1ª parte).
1. No obstante, si el Espíritu Santo puede convertir
cada sentencia que te impusiste a ti mismo en una bendición, entonces no pudo
haber sido un pecado. 2El pecado es lo único en todo el mundo que no puede
cambiar. 3Es inmutable. 4Y de su inmutabilidad depende
el mundo. 5La magia del mundo parece ocultar de los pecadores el
dolor del pecado, y engañar con falsos destellos y con ardides. 6Mas
todo el mundo sabe que el costo del pecado es la muerte. 7Y
ciertamente lo es. 8Pues el pecado es una petición de muerte, un
deseo de hacer que los cimientos de este mundo sean tan firmes como el amor,
tan dignos de confianza como el Cielo y tan fuertes como Dios Mismo. 9Todo
aquel que cree que es posible pecar mantiene al mundo excluido del amor. 10Y
esto no cambiará. 11Sin embargo, ¿sería posible que lo que Dios no
creó compartiese los atributos de Su creación, cuando se opone a ella desde
cualquier punto de vista?
Este párrafo desmonta la creencia fundamental en
el pecado como algo real e inmutable, mostrando su contradicción interna desde
la lógica del Amor y de Dios. El argumento es claro y radical: si algo puede
ser reinterpretado y transformado por el Espíritu Santo, entonces no puede ser
pecado, porque el pecado —según la definición que sostiene el mundo— sería
inmutable.
El texto revela que el pecado es la base ilusoria sobre la que se sostiene el mundo, un sistema de pensamiento que necesita que la muerte, la pérdida y el castigo sean reales para parecer coherente. La “magia del mundo” intenta ocultar el dolor que esta creencia genera, pero el Curso señala que todos saben, en el fondo, que el “precio del pecado” es la muerte, porque el pecado es, en esencia, un deseo de muerte.
Aquí se introduce una idea clave: el pecado
pretende usurpar los atributos de Dios. Quiere ser tan firme como el Amor, tan
estable como el Cielo y tan poderoso como Dios mismo. Pero el párrafo culmina
con una pregunta decisiva que deshace la ilusión:
¿Puede lo que Dios no creó compartir los
atributos de Su creación?
La respuesta implícita es no. Por tanto, el
pecado no es real, aunque el mundo entero parezca depender de su
“inmutabilidad”.
Mensaje central y claves de comprensión:
- El pecado
no puede ser real porque puede ser reinterpretado y deshecho por el
Espíritu Santo.
- Lo real
es inmutable solo si procede de Dios.
- El mundo
se sostiene sobre la creencia en un pecado inmutable, pero esa base es
falsa.
- El pecado
es una petición de muerte, no una realidad objetiva.
- Nada que
Dios no haya creado puede poseer los atributos de Su creación.
- Creer en
el pecado mantiene al mundo separado del Amor.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Cuando
surja culpa o auto-condena, recuerda: si puede ser transformada en
bendición, no es pecado.
- Observa
cómo el miedo, el castigo o la idea de pérdida surgen siempre de la
creencia en el pecado.
- Practica
entregar al Espíritu Santo toda “sentencia interior”, sin
defenderla ni justificarla.
- Ante el
juicio hacia otros, pregúntate:
¿Estoy sosteniendo un mundo sin amor al creer que el pecado es real? - Permite
que la reinterpretación sustituya al autoataque.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿Qué
sentencias me sigo imponiendo como si fueran definitivas?
- ¿Creo,
aunque sea sutilmente, que hay errores que no pueden ser corregidos?
- ¿Estoy
dispuesto a dejar de usar el pecado como explicación del dolor?
- ¿Qué
cambia en mi percepción si acepto que nada opuesto al Amor puede ser real?
Conclusión / síntesis:
Este pasaje establece la roca sobre la que
descansa la salvación: solo la Voluntad de Dios es inmutable. Si el pecado
fuese real, Dios tendría que haberlo creado o perder Su poder ante él. Como eso
es imposible, el pecado no puede ser más que una ilusión sostenida por el
miedo.
La salvación comienza cuando aceptas que todo lo
que parecía condenarte puede convertirse en bendición, y que lo que no procede
de Dios no tiene poder, firmeza ni realidad.
Frase inspiradora:
“Lo que puede ser transformado por el Amor nunca fue un pecado.”
Invitación práctica:
Hoy, cuando aparezca la culpa o el juicio, repite lentamente:
“El Espíritu Santo puede usar esto para bendecirme.
Lo que no es Amor no es real.”
Y deja que esa idea se convierta en descanso.
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