2. Hoy vamos a intentar un nuevo tipo de "proyección". 2No vamos a tratar de deshacernos de lo que no nos gusta viéndolo afuera. 3En lugar de ello, trataremos de ver en el mundo lo que está en nuestras mentes, y lo que deseamos reconocer se encuentra ahí. 4Así pues, estamos tratando de unirnos a lo que vemos, en vez de mantenerlo separado de nosotros. 5Ésa es la diferencia fundamental entre la visión y tu manera de ver.¿Qué me enseña esta lección?
Nada de lo que percibo parece estar fuera de mí, porque todo lo que veo es el resultado de la manera en que mi mente interpreta. El mundo que experimento no es una realidad independiente, sino una representación de los pensamientos a los que he dado valor. Cuando percibo el exterior como algo separado de mí, estoy reafirmando la creencia del ego en la separación: la idea de que existen mentes, intereses y voluntades distintas y opuestas, y de que yo estoy aislado de mi Fuente.
La lección 30 introduce una corrección decisiva a esta forma de ver. Si Dios está en todo lo que veo, es porque Dios está en mi mente. Esto no significa que las formas del mundo sean divinas en sí mismas, sino que el significado que ahora puedo reconocer en ellas procede de la Presencia que mora en la mente. Al aceptar esta idea, la percepción deja de fragmentar y comienza a unificar.
Desde esta visión, los hermanos dejan de ser figuras externas con comportamientos propios que me afectan, y pasan a ser espejos que reflejan los pensamientos que albergo. No para culparme ni juzgarme, sino para que pueda reconocerlos y entregarlos a la corrección. Así, cada encuentro se convierte en una oportunidad de sanar la mente y recordar la unicidad que compartimos.
El Curso no enseña que seamos Dios, sino que somos Hijos de Dios, y que compartimos con Él la naturaleza de la mente. Por eso, cuando la mente se alinea con la verdad, sus pensamientos se expresan en coherencia, paz y amor. La división, el conflicto y la incoherencia no proceden de la realidad, sino de una interpretación errónea que puede ser corregida.
La verdadera visión no depende de los ojos del cuerpo. Los ojos no ven; sólo transmiten información sin significado. Es la mente la que ve, y por eso la visión puede ejercitarse incluso con los ojos cerrados. De hecho, la lección nos invita a practicar de este modo para ayudarnos a comprender que la visión no está limitada por la distancia, el espacio ni los sentidos físicos.
Con frecuencia, lo que creemos ver con los ojos no nos revela la verdad de lo percibido, porque la mente interpreta desde sus creencias previas. Esta interpretación errónea no es la excepción, sino la norma mientras la mente esté guiada por el ego. Por eso, el entrenamiento del Curso no consiste en cambiar lo que vemos, sino en aprender a ver de otra manera.
Podemos recordar ejemplos en los que la percepción sensorial no basta para comprender la realidad. Ver no es reconocer automáticamente. La mente necesita aprender a interpretar correctamente. Del mismo modo, recuperar la visión espiritual no consiste en añadir algo nuevo, sino en permitir que la mente sea guiada por la Fuente del significado, que es Dios.
La lección 30 nos enseña, en definitiva, que el mundo se abre ante nosotros cuando cambiamos la fuente desde la que vemos. Al reconocer que Dios está en nuestra mente, comenzamos a ver un mundo distinto, no porque las formas hayan cambiado, sino porque el significado ha sido devuelto a su origen. En esa visión unificada, la separación pierde sentido y la paz se vuelve posible.
Propósito y
sentido de la lección:
La Lección 30 es un punto de inflexión decisivo dentro del entrenamiento mental. El propio texto la define como “el trampolín a la visión”, es decir, el momento en que la mente empieza a dar el salto desde la percepción corregida hacia la visión verdadera.
Aquí se completa una secuencia lógica muy
precisa:
- Primero
se deshace el ataque (26).
- Luego se
prioriza la visión (27).
- Después
se aprende a ver de otra manera (28).
- Se
reconoce la presencia de Dios en todo (29).
- Y ahora
se revela por qué: porque Dios está en la mente.
El sentido profundo de la lección es cerrar
definitivamente la idea de separación. Si Dios está en tu mente, entonces
no puede estar “fuera” de ti, ni puede haber un mundo ajeno, hostil o separado
que deba ser interpretado o defendido.
Instrucciones prácticas:
A diferencia de otras lecciones, aquí no se
establecen sesiones formales estrictas. El énfasis está en la aplicación
constante y natural a lo largo del día.
La práctica consiste en:
- Repetir
la idea tan frecuentemente como sea posible.
- Hacerlo
lentamente, sin prisa.
- Mirar a
tu alrededor mientras la repites.
- Reconocer
que se aplica a todo lo que ves y también a lo que podrías ver.
Además, se introduce un elemento nuevo:
- Pensar en
cosas que no están al alcance de la vista.
- Aplicar
la idea con los ojos cerrados, usando cualquier pensamiento que
surja.
Esto entrena a la mente para desprenderse de la
dependencia visual y empezar a reconocer que la percepción nace en la mente, no
en los sentidos.
Aspectos
psicológicos y espirituales:
Psicológicamente, esta lección redefine el
concepto de proyección. Hasta ahora, la mente proyectaba fuera lo que no quería
reconocer dentro. Aquí se propone un uso completamente distinto: reconocer
en el mundo lo que ya está en la mente.
Esto elimina la necesidad de defensa. Si lo que
ves no está separado de ti, no puede atacarte. El mundo deja de ser una amenaza
y se convierte en un reflejo neutro, abierto a una nueva interpretación.
Espiritualmente, la lección afirma algo radical: la
fuente de la visión es la mente, no los ojos. La visión no depende del
espacio, la distancia ni del cuerpo.
Dios no es percibido como algo externo que se
busca, sino como la presencia interna que hace posible ver. Cuando esta
idea se acepta, aunque sea de forma parcial, la percepción comienza a
transformarse de manera irreversible.
Relación con
el resto del Curso:
La Lección 30 sella el bloque inicial del
entrenamiento. A partir de aquí, el Curso ya no trabaja solo en deshacer
errores, sino en afianzar una nueva forma de ver.
Esta lección prepara directamente el terreno
para:
- la visión
sin juicios,
- la
experiencia de unidad,
- el perdón
como reconocimiento de lo compartido.
Es una antesala directa a la visión de Cristo,
donde no hay observador y observado separados, sino una sola experiencia
compartida.
Consejos para
la práctica:
- No
intentes “ver a Dios” con los ojos.
- No
busques imágenes, colores o sensaciones especiales.
- Permite
que la idea repose suavemente en la mente.
- Usa tanto
lo visible como lo invisible como campo de práctica.
Cerrar los ojos es especialmente importante aquí,
porque enseña a la mente que la visión no depende del mundo externo.
Conclusión
final:
Esta lección no te pide que entiendas cómo ocurre
la visión, sino que aceptes su fuente. Si Dios está en tu mente,
entonces la visión es inevitable.
El mundo no cambia porque tú lo fuerces, sino
porque tu manera de ver se transforma. Y cuando eso sucede, lo que antes
parecía sólido, separado y amenazante simplemente deja de serlo.
Ejemplo-Guía: "Me desespera el comportamiento de mi hijo".
Si somos capaces de aplicar correctamente la enseñanza de esta lección a este ejemplo, estaremos en condiciones de aplicarla a cualquier situación de nuestra vida. La razón es sencilla: no estamos intentando cambiar los efectos, sino corregir la causa, y eso es exactamente lo que define al milagro según Un Curso de Milagros.
Desde el sistema de pensamiento del ego, la mente funciona proyectando. Cree ver fuera lo que en realidad ha decidido dentro. Sus deseos, al estar orientados a sostener la individualidad y la separación, se acompañan inevitablemente de miedo. El ego teme perder aquello a lo que ha dado valor, aquello que cree poseer, y por eso interpreta el mundo como un lugar inestable y amenazante.
Cuando esos deseos parecen verse satisfechos en el exterior, la mente experimenta momentos fugaces de placer. Pero cuando encuentra resistencia o reflejos incómodos de sus propios pensamientos, se activa el mecanismo de defensa. Entonces ataca para no sentirse atacada. En ambos casos, la mente ignora que es ella misma la que se está atacando, al creer en la separación y proyectarla sobre los demás.
Las relaciones se convierten así en escenarios donde la mente puede observar sus propias creencias reflejadas. No como castigo, sino como oportunidad. Cada persona con la que nos relacionamos actúa como un espejo que nos muestra lo que aún creemos acerca de nosotros mismos. Desde esta perspectiva, no hay enemigos ni culpables externos, sino maestros que nos ayudan a reconocer lo que debe ser corregido en la mente.
La lección 30 introduce un giro decisivo: si Dios está en todo lo que veo, es porque Dios está en mi mente. Esto implica un cambio radical de orientación. Hasta ahora, la conciencia se ha alimentado de una percepción dirigida hacia fuera y gobernada por el ego. Ahora se nos invita a volver la mente hacia dentro y permitir que sea guiada por la Fuente del significado.
Esta reorientación no consiste en dejar de percibir, sino en permitir una percepción distinta: la percepción verdadera. En ella, la mente reconoce su origen, recuerda que es el soñador del sueño y deja de atribuir realidad absoluta a las formas. Desde esta visión, comienza a reconocer su naturaleza divina y a experimentar la paz que acompaña a ese recuerdo.
Aplicado al ejemplo que nos ocupa, ya no vemos a nuestro hijo como alguien separado que nos provoca desesperación. La separación deja de ser real para la mente. Aquello que antes parecía venir de fuera es reconocido ahora como una interpretación interna. Y es ahí, en ese nivel, donde se produce la corrección.
Al aceptar esta responsabilidad sin culpa, la mente puede perdonarse. Y al perdonarse, el perdón se extiende naturalmente al hermano. No se trata de justificar comportamientos ni de intervenir necesariamente en la forma, sino de cambiar la fuente desde la que miramos.
Cuando este modo de ver se convierte en un hábito nuevo, la relación se transforma. Puede que se utilicen menos palabras, pero las que se expresan proceden de un espacio distinto. El interés por el conflicto disminuye y surge una inclinación natural hacia el silencio interior, que es donde la mente aprende a escuchar a Dios.
Así, aplicar la lección 30 no nos lleva a cambiar el mundo, sino a cambiar la mente que lo interpreta. Y al hacerlo, el mundo que vemos ya no puede ser el mismo, porque su significado ha sido devuelto a su origen.
Reflexión: ¿Dónde crees que se encuentra lo real, en lo que percibes o en tus pensamientos?


Hola Juan José
ResponderEliminarPuedes ayudarme con la respuesta a tu pregunta? Por favor
Yo empezaría a preguntarme que es para mi la realidad. Una vez tenga esto claro, tendrás la respuesta a mi pregunta.
ResponderEliminarGracias Juan José todos los días te leo y me ayuda mucho tú explicación de la lección, de verdad te deseo que la luz del espíritu Santo ilumine tú vida, tú intelecto y tú deseo de ayudar con tus palabras. Te honró y te bendigo. *CADA VEZ QUE COMPARTIMOS UN CONOCIMIENTOS LO REFORZAMIS EN NUESTRA PROPIA MENTE* TE ENVÍO UN ABRAZO DESDE VENEZUELA.
ResponderEliminarComparto lo mismo Dalia eres de Venezuela yo también ,te mando un amoroso y cálido saludo José de caracas
EliminarGratitud, amiga.
EliminarSEPARACION: Creer que NO me estoy viendo a mi mismo.
EliminarYo aquí y el mundo .
NO hay UNIÓN.
Agradecida por hacer cada día las lecciones, encuentro paz en mi y en mi interior. Bendiciones 🙏🏻
ResponderEliminarGratitud, Estrella.
ResponderEliminarBuen día,
ResponderEliminarCon respecto a la reflexión, es según como creo, percibiendo....porque si Dios está en todo l9o que veo, percibo a Dios en todo, percibo amor, percibo luz, bondad, mi ser.
Muchas gracias Juan José cada vez veo más claro y la verdad gracias a ti.
Saludos.
Gracias, me gusta lo concreto yo creo que es dificil hacer adtraccion de la idea aquí descripta lo voy mostrar así, desde el término lejos y cerca, abordo la visión más allá de lo que veo contemplado su estructura lo que hay allí dentro en el microcosmo de cada cosa viva o inerte su estructura va desvaneciendo la imagen que veía ahora veo el mismo microcosmo mío en que yo me envuelvo si eso es soy lo mismo que veo, soy de muy lejos el mundo y de cerca soy nada la nada de la partícula que hay ti,en mi y todo lo que veo.
ResponderEliminarLo real es: Que no estamos en este mundo que percibimos. Mis pensamientos que emanan de mis deseos pueden emanar de otra fuente. Presisamente la lección de hoy nos enseña a integrar a Dios en lo que pienso para pedirle me muestre un significado diferente a lo que desde el ego le doy.😃🕊️
ResponderEliminarGracias Juan José, es una Bendición, estar guiandome por tus amorosos aportes y experiencia;
ResponderEliminarlo real lo puedo encontrar cuando mi conciencia indaga en la Consciencia (Dios está en mi mente), Gracias
Gracias J.J
ResponderEliminarMirando hacia Dentro descubro mi Realidad Divina que vive de Amor y de Perdón 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
ResponderEliminarPaciencia, Dorina, Paciencia!
ResponderEliminarDesde 2016 estoy repitiendo las 365 Lecciones, cada año entiendo y aplico más.
En el Silencio de mi Corazón encuentro a mi Padre que actuará a través de mi🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏✨✨✨✨✨✨✨💙💙💙💙💙💙🤍🤍🤍🤍🤍🤍🤍🤍
ResponderEliminarGracias, me encanta tu manera de explicar está lección 🙏
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