VI.
Tu función especial (1ª parte).
1. La gracia de Dios descansa dulcemente sobre los ojos
que perdonan, y todo lo que éstos contemplan le habla de Dios al espectador. 2Él
no ve maldad, ni nada que temer en el mundo o nadie que sea diferente de él. 3Y
de la misma manera en que ama a otros con amor y con dulzura, así se contempla
a sí mismo. 4Él no se condenaría a sí mismo por sus propios errores
tal como tampoco condenaría a otro. 5No es un árbitro de venganzas
ni un castigador de pecadores. 6La dulzura de su mirada descansa
sobre sí mismo con toda la ternura que les ofrece a los demás. 7Pues
sólo quiere curar y bendecir. 8Y puesto que actúa en armonía con
Este párrafo
describe el estado mental y espiritual de quien ha elegido el perdón como su
modo de ver el mundo. La “gracia de Dios” no es algo abstracto, sino una
experiencia concreta que se manifiesta en la percepción: los ojos que perdonan
ven inocencia, igualdad y seguridad en todo y en todos. El perdón transforma la
mirada, de modo que ya no se percibe maldad ni amenaza, y se reconoce la unidad
esencial con los demás. La autoaceptación y la compasión se reflejan en la
relación con los otros: quien no se condena a sí mismo tampoco condena a los
demás. El perdón elimina la necesidad de castigo y venganza, y en su lugar
surge el deseo de curar y bendecir. Esta actitud, alineada con la Voluntad de
Dios, otorga un poder real de sanación y bendición, que se extiende a todo lo
que se contempla.
Mensaje central del punto:
- El perdón es la puerta de acceso a la gracia
de Dios y a la verdadera visión.
- La mirada que perdona no ve maldad ni
peligro, sino inocencia y unidad.
- La autoaceptación y la compasión hacia uno
mismo son inseparables de la compasión hacia los demás.
- El perdón elimina la condena y el deseo de
castigo, y lo reemplaza por el deseo de curar y bendecir.
- Al actuar en armonía con la Voluntad de
Dios, el perdón se convierte en un poder real de sanación para uno mismo y
para el mundo.
- La función especial de cada uno es ser un
canal de esta gracia, extendiendo el perdón y la bendición a todo lo que
se contempla.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Cuando te sorprendas juzgando o condenando a
alguien (o a ti mismo), haz una pausa y recuerda que puedes elegir ver con
los ojos del perdón.
- Practica la autoaceptación: reconoce tus
errores sin condenarte, y extiende esa misma comprensión a los demás.
- Ante un conflicto, pregúntate: “¿Quiero
castigar o quiero curar? ¿Quiero tener razón o quiero ser feliz?”
- Haz del perdón un hábito diario, no solo en
grandes ofensas, sino en los pequeños roces y malentendidos cotidianos.
- Recuerda que la verdadera fuerza está en la
ternura y la compasión, no en la dureza ni en el juicio.
- Visualiza cada día que la gracia de Dios
descansa sobre tu mirada, y que todo lo que ves puede ser bendecido a
través de ti.
Citas relacionadas de otras secciones de UCDM:
“La visión de
Cristo es el don que Él te da a ti. Su Ser es el don que Su Padre le dio a Él.”
(T-30.VII.6:6-7)
“El perdón es
el medio para comprender que las mentes están unidas y que no hay separación.” (T-15.VI.3:1-2)
“No hay nadie
que no merezca tu perdón, ni hay nadie que no merezca tu amor.” (T-13.X.14:1)
“La
impecabilidad es la base de la visión verdadera.” (T-20.VIII.9:1)
“Los inocentes
otorgan libertad como muestra de gratitud por su liberación. Y lo que ven apoya
su liberación del encarcelamiento y de la muerte.” (T-31.III.7:1-2)
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿Cómo reacciono ante los errores propios y
ajenos? ¿Con condena o con comprensión?
- ¿Me permito ver la inocencia y la bondad en
los demás, incluso cuando se equivocan?
- ¿Reconozco que el perdón es un regalo que me
hago a mí mismo tanto como a los demás?
- ¿Estoy dispuesto a dejar de castigar y a
empezar a curar, en mis pensamientos, palabras y acciones?
- ¿Puedo imaginar cómo sería mi vida si mirara
a todos con la dulzura y la ternura de la gracia de Dios?
Conclusión:
El perdón es
mucho más que una acción puntual: es una forma de ver, una actitud interior que
transforma la experiencia de la vida. Cuando eliges perdonar, permites que la
gracia de Dios descanse sobre tu mirada y se extienda a todo lo que ves. El
juicio y la condena se disuelven, y en su lugar surge la compasión, la ternura
y el deseo de curar. Esta es la función especial de cada uno: ser un canal de
la gracia, la sanación y la bendición de Dios. Al perdonar, te unes a la
Voluntad de Dios y experimentas el poder real de sanar y bendecir el mundo.
Frase inspiradora:
“Que la gracia
de Dios descanse en mis ojos, para que todo lo que contemple sea curado y
bendecido por el perdón. Hoy elijo ver con ternura, sin condena, y ser un canal
de sanación para mí y para todos.”
Invitación práctica:
- Haz una pausa antes de juzgar y repite: “Elijo ver con los ojos del perdón y la gracia.”
- Recuerda que la gracia de Dios se extiende a través de ti cuando eliges perdonar, incluso en los pequeños detalles.
- Si surge un error, propio o ajeno, elige la ternura y la comprensión en vez de la condena.
- Haz del perdón tu propósito diario, sabiendo que así actúas en armonía con la Voluntad de Dios y te conviertes en canal de bendición.
- Reflexiona al final del día: ¿He mirado hoy con ojos de perdón y bendición? ¿He sentido la gracia de Dios en mi mirada?
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