miércoles, 21 de enero de 2026

Capítulo 25. VI. Tu función especial (1ª parte).

VI. Tu función especial (1ª parte).

1. La gracia de Dios descansa dulcemente sobre los ojos que per­donan, y todo lo que éstos contemplan le habla de Dios al especta­dor. 2Él no ve maldad, ni nada que temer en el mundo o nadie que sea diferente de él. 3Y de la misma manera en que ama a otros con amor y con dulzura, así se contempla a sí mismo. 4Él no se condenaría a sí mismo por sus propios errores tal como tam­poco condenaría a otro. 5No es un árbitro de venganzas ni un castigador de pecadores. 6La dulzura de su mirada descansa sobre sí mismo con toda la ternura que les ofrece a los demás. 7Pues sólo quiere curar y bendecir. 8Y puesto que actúa en armo­nía con la Voluntad de Dios, tiene el poder de curar y bendecir a todos los que contempla con la gracia de Dios en su mirada.

Este párrafo describe el estado mental y espiritual de quien ha elegido el perdón como su modo de ver el mundo. La “gracia de Dios” no es algo abstracto, sino una experiencia concreta que se manifiesta en la percepción: los ojos que perdonan ven inocencia, igualdad y seguridad en todo y en todos. El perdón transforma la mirada, de modo que ya no se percibe maldad ni amenaza, y se reconoce la unidad esencial con los demás. La autoaceptación y la compasión se reflejan en la relación con los otros: quien no se condena a sí mismo tampoco condena a los demás. El perdón elimina la necesidad de castigo y venganza, y en su lugar surge el deseo de curar y bendecir. Esta actitud, alineada con la Voluntad de Dios, otorga un poder real de sanación y bendición, que se extiende a todo lo que se contempla.

El núcleo de este fragmento es la transformación de la percepción a través del perdón. El perdón no es solo un acto puntual, sino una forma de ver: quien perdona se convierte en un canal de la gracia de Dios. Esta gracia suaviza la mirada, elimina el juicio y la condena, y permite ver la inocencia y la bondad en uno mismo y en los demás. El perdón es la llave que abre la puerta a la verdadera visión, en la que no hay enemigos ni diferencias, sino hermanos. La ausencia de condena, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, es el signo de que se ha trascendido el ego y se ha entrado en la experiencia de la unidad. El deseo de curar y bendecir reemplaza al deseo de castigar, y la mirada se convierte en un instrumento de sanación. Así, el perdón se revela como el medio por el cual la Voluntad de Dios se realiza en el mundo.

Mensaje central del punto:

  • El perdón es la puerta de acceso a la gracia de Dios y a la verdadera visión.
  • La mirada que perdona no ve maldad ni peligro, sino inocencia y unidad.
  • La autoaceptación y la compasión hacia uno mismo son inseparables de la compasión hacia los demás.
  • El perdón elimina la condena y el deseo de castigo, y lo reemplaza por el deseo de curar y bendecir.
  • Al actuar en armonía con la Voluntad de Dios, el perdón se convierte en un poder real de sanación para uno mismo y para el mundo.
  • La función especial de cada uno es ser un canal de esta gracia, extendiendo el perdón y la bendición a todo lo que se contempla.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Cuando te sorprendas juzgando o condenando a alguien (o a ti mismo), haz una pausa y recuerda que puedes elegir ver con los ojos del perdón.
  • Practica la autoaceptación: reconoce tus errores sin condenarte, y extiende esa misma comprensión a los demás.
  • Ante un conflicto, pregúntate: “¿Quiero castigar o quiero curar? ¿Quiero tener razón o quiero ser feliz?”
  • Haz del perdón un hábito diario, no solo en grandes ofensas, sino en los pequeños roces y malentendidos cotidianos.
  • Recuerda que la verdadera fuerza está en la ternura y la compasión, no en la dureza ni en el juicio.
  • Visualiza cada día que la gracia de Dios descansa sobre tu mirada, y que todo lo que ves puede ser bendecido a través de ti.

 Citas relacionadas de otras secciones de UCDM:

“La visión de Cristo es el don que Él te da a ti. Su Ser es el don que Su Padre le dio a Él.” (T-30.VII.6:6-7)

“El perdón es el medio para comprender que las mentes están unidas y que no hay separación.” (T-15.VI.3:1-2)

“No hay nadie que no merezca tu perdón, ni hay nadie que no merezca tu amor.” (T-13.X.14:1)

“La impecabilidad es la base de la visión verdadera.” (T-20.VIII.9:1)

“Los inocentes otorgan libertad como muestra de gratitud por su liberación. Y lo que ven apoya su liberación del encarcelamiento y de la muerte.” (T-31.III.7:1-2)

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Cómo reacciono ante los errores propios y ajenos? ¿Con condena o con comprensión?
  • ¿Me permito ver la inocencia y la bondad en los demás, incluso cuando se equivocan?
  • ¿Reconozco que el perdón es un regalo que me hago a mí mismo tanto como a los demás?
  • ¿Estoy dispuesto a dejar de castigar y a empezar a curar, en mis pensamientos, palabras y acciones?
  • ¿Puedo imaginar cómo sería mi vida si mirara a todos con la dulzura y la ternura de la gracia de Dios?

Conclusión:

El perdón es mucho más que una acción puntual: es una forma de ver, una actitud interior que transforma la experiencia de la vida. Cuando eliges perdonar, permites que la gracia de Dios descanse sobre tu mirada y se extienda a todo lo que ves. El juicio y la condena se disuelven, y en su lugar surge la compasión, la ternura y el deseo de curar. Esta es la función especial de cada uno: ser un canal de la gracia, la sanación y la bendición de Dios. Al perdonar, te unes a la Voluntad de Dios y experimentas el poder real de sanar y bendecir el mundo.

Frase inspiradora:

“Que la gracia de Dios descanse en mis ojos, para que todo lo que contemple sea curado y bendecido por el perdón. Hoy elijo ver con ternura, sin condena, y ser un canal de sanación para mí y para todos.”

Invitación práctica:

  1. Haz una pausa antes de juzgar y repite: “Elijo ver con los ojos del perdón y la gracia.”
  2. Recuerda que la gracia de Dios se extiende a través de ti cuando eliges perdonar, incluso en los pequeños detalles.
  3. Si surge un error, propio o ajeno, elige la ternura y la comprensión en vez de la condena.
  4. Haz del perdón tu propósito diario, sabiendo que así actúas en armonía con la Voluntad de Dios y te conviertes en canal de bendición.
  5. Reflexiona al final del día: ¿He mirado hoy con ojos de perdón y bendición? ¿He sentido la gracia de Dios en mi mirada?

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