IV. La luz que traes contigo (1ª parte).
1. Las
mentes que están unidas, y que reconocen que lo están, no pueden sentir
culpabilidad. 2Pues no pueden atacar, y se regocijan de que así
sea, al ver que su seguridad reside en ese hecho feliz. 3Su alegría
radica en la inocencia que ven. 4Y por eso la buscan, puesto que su propósito es contemplarla y
regocijarse. 5Todo el mundo anda en pos de lo que le proporcionaría
alegría, según cada uno la define. 6No es el objetivo en sí lo que
varía. 7Sin embargo, la manera en que se ve el objetivo es lo que
determina la elección de los medios, y lo que hace que éstos no puedan
cambiar a no ser que se cambie el objetivo. 8Si éste cambia, se
escogen otros medios, ya que lo que ha de proporcionar felicidad se define de
otra manera y se busca de forma distinta.
Este fragmento es una síntesis magistral de la psicología espiritual
del Curso. Nos invita a mirar la raíz de la culpa y el ataque, y a comprender
cómo la percepción de la unión o la separación determina toda nuestra
experiencia emocional y existencial.
El texto también señala que todos los seres humanos buscan la
felicidad, pero la forma en que la definen determina los medios que emplean
para alcanzarla. Si la felicidad se asocia a la competencia, el tener razón, el
control o el éxito externo, los medios serán el ataque, la comparación y la
lucha. Si la felicidad se redefine como paz interior, unión y perdón, los
medios serán la aceptación, la compasión y la renuncia al juicio.
Llevar este fragmento a la vida cotidiana implica un cambio radical
de perspectiva. Nos invita a observar cómo, en cada situación de conflicto, la
raíz está en la percepción de separación. Cuando nos sentimos atacados o
tentados a atacar, en realidad estamos olvidando la unión esencial con la otra
persona.
Practicar esta enseñanza significa: detenerse ante el impulso de
juzgar o defenderse, y recordar que la verdadera seguridad está en la unión, no
en la separación; reconocer que la culpa es una ilusión que sólo puede existir
en una mente que se cree separada; redefinir la felicidad: dejar de buscarla en
el triunfo sobre los demás o en la validación externa, y empezar a buscarla en
la paz interior, la aceptación y el perdón.
Ejemplos concretos:
Ejemplo 1: En una discusión familiar, si percibo separación, puedo
sentirme atacado y reaccionar con ira, sarcasmo o distancia. Sin embargo, si
hago una pausa y recuerdo que, en esencia, estamos unidos, puedo elegir
responder con comprensión, escuchar sin juzgar y buscar el punto de encuentro.
Ejemplo 2: En el trabajo, si creo que mi felicidad depende de tener
razón o de destacar sobre los demás, tenderé a competir, a defender mis ideas y
a ver a los otros como rivales. Si cambio mi objetivo y busco la armonía y la
colaboración, los medios que elijo serán la cooperación, la empatía y el apoyo
mutuo.
Ejemplo 3: Ante un error propio, si me percibo separado, me
castigaré con culpa y autocrítica. Si recuerdo la unión y la inocencia, podré
perdonarme, aprender y seguir adelante en paz.
Citas relacionadas:
- “Las mentes que están unidas y que reconocen que lo están no pueden sentir culpabilidad” (T-25.IV.1:1).
- “La culpabilidad es el signo de que aún crees en el ataque” (T-13.I.8:1).
- “El perdón es la clave de la Felicidad” (L-pI.121).
- “La inocencia es incapaz de atacar, y el ataque es incapaz de penetrar en la Inocencia” (T-23.I.1:1).
- “La paz y la culpabilidad son opuestas, y la inocencia es la condición para la paz” (T-14.III.1:4).
Preguntas para la reflexión:
Conclusión o síntesis:
La enseñanza esencial de este fragmento es que la unión elimina la
culpa y nos conduce a la verdadera alegría: la inocencia compartida. Cuando
cambiamos nuestra definición de felicidad y la buscamos en la paz interior y la
unión, los medios que empleamos se transforman. El perdón, la aceptación y la
compasión se convierten en caminos naturales hacia la felicidad.
Frase inspiradora: "La paz llega cuando eliges ver la inocencia
en lugar del ataque."
Una invitación:
Este fragmento es, sobre todo, una invitación a experimentar la vida
desde la unión, la inocencia y la verdadera alegría. UCDM nos recuerda que la
paz y la felicidad no dependen de circunstancias externas, sino de una decisión
interna: elegir ver la inocencia en nosotros y en los demás, y reconocer que la
separación es solo una ilusión.
¿Cómo aceptar esta invitación?
Elige la unión: cuando surja el conflicto, recuerda que la separación es una percepción, no una realidad.
Pregúntate: ¿Qué pasaría si viera a esta persona como parte de mí?
Busca la inocencia: haz el propósito de ver la inocencia en cada encuentro, incluso cuando el ego quiera juzgar o atacar.
Redefine tu felicidad: permítete cuestionar tus viejas ideas sobre lo que te hace feliz. ¿Y si la verdadera alegría estuviera en la paz interior y no en tener razón o ganar?
Sé portador de
luz: tu decisión de buscar la inocencia y la unión no solo te transforma a ti,
sino que irradia paz y esperanza a quienes te rodean.
Invitación práctica: Hoy, dedica unos minutos a observar tus
pensamientos y reacciones. Cuando notes que surge la culpa, el ataque o la
separación, haz una pausa y repite para ti: "Elijo ver la inocencia. Elijo la
unión. Elijo la paz".

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