martes, 6 de enero de 2026

Capítulo 25. IV. La luz que traes contigo (1ª parte).

IV. La luz que traes contigo (1ª parte).

1. Las mentes que están unidas, y que reconocen que lo están, no pueden sentir culpabilidad. 2Pues no pueden atacar, y se regoci­jan de que así sea, al ver que su seguridad reside en ese hecho feliz. 3Su alegría radica en la inocencia que ven. 4Y por eso la buscan, puesto que su propósito es contemplarla y regocijarse. 5Todo el mundo anda en pos de lo que le proporcionaría alegría, según cada uno la define. 6No es el objetivo en sí lo que varía. 7Sin embargo, la manera en que se ve el objetivo es lo que deter­mina la elección de los medios, y lo que hace que éstos no pue­dan cambiar a no ser que se cambie el objetivo. 8Si éste cambia, se escogen otros medios, ya que lo que ha de proporcionar felicidad se define de otra manera y se busca de forma distinta.

Este fragmento es una síntesis magistral de la psicología espiritual del Curso. Nos invita a mirar la raíz de la culpa y el ataque, y a comprender cómo la percepción de la unión o la separación determina toda nuestra experiencia emocional y existencial.

El mensaje central de este fragmento es que la culpabilidad y el ataque sólo pueden existir en una mente que se percibe separada. Cuando reconocemos la unión esencial con los demás, la culpa desaparece porque el ataque se vuelve imposible. La seguridad y la alegría surgen de contemplar la inocencia, tanto en uno mismo como en los demás. Por eso, la mente unida busca la inocencia y se regocija en ella.

El texto también señala que todos los seres humanos buscan la felicidad, pero la forma en que la definen determina los medios que emplean para alcanzarla. Si la felicidad se asocia a la competencia, el tener razón, el control o el éxito externo, los medios serán el ataque, la comparación y la lucha. Si la felicidad se redefine como paz interior, unión y perdón, los medios serán la aceptación, la compasión y la renuncia al juicio.

Llevar este fragmento a la vida cotidiana implica un cambio radical de perspectiva. Nos invita a observar cómo, en cada situación de conflicto, la raíz está en la percepción de separación. Cuando nos sentimos atacados o tentados a atacar, en realidad estamos olvidando la unión esencial con la otra persona.

Practicar esta enseñanza significa: detenerse ante el impulso de juzgar o defenderse, y recordar que la verdadera seguridad está en la unión, no en la separación; reconocer que la culpa es una ilusión que sólo puede existir en una mente que se cree separada; redefinir la felicidad: dejar de buscarla en el triunfo sobre los demás o en la validación externa, y empezar a buscarla en la paz interior, la aceptación y el perdón.

Ejemplos concretos:

Ejemplo 1: En una discusión familiar, si percibo separación, puedo sentirme atacado y reaccionar con ira, sarcasmo o distancia. Sin embargo, si hago una pausa y recuerdo que, en esencia, estamos unidos, puedo elegir responder con comprensión, escuchar sin juzgar y buscar el punto de encuentro.

Ejemplo 2: En el trabajo, si creo que mi felicidad depende de tener razón o de destacar sobre los demás, tenderé a competir, a defender mis ideas y a ver a los otros como rivales. Si cambio mi objetivo y busco la armonía y la colaboración, los medios que elijo serán la cooperación, la empatía y el apoyo mutuo.

Ejemplo 3: Ante un error propio, si me percibo separado, me castigaré con culpa y autocrítica. Si recuerdo la unión y la inocencia, podré perdonarme, aprender y seguir adelante en paz.

Citas relacionadas:

  • Las mentes que están unidas y que reconocen que lo están no pueden sentir culpabilidad” (T-25.IV.1:1).
  • “La culpabilidad es el signo de que aún crees en el ataque” (T-13.I.8:1).
  •  “El perdón es la clave de la Felicidad”  (L-pI.121).
  •  “La inocencia es incapaz de atacar, y el ataque es incapaz de penetrar en la Inocencia” (T-23.I.1:1).
  •  “La paz y la culpabilidad son opuestas, y la inocencia es la condición para la paz” (T-14.III.1:4).

Preguntas para la reflexión:

¿Cómo defino actualmente la felicidad en mi vida? ¿Depende de factores externos, de la aprobación, del control, de tener razón?
¿Qué siento cuando me percibo separado de los demás? ¿Cómo reacciono ante el conflicto o el desacuerdo?
¿Qué medios empleo habitualmente para alcanzar la paz o la felicidad? ¿Son coherentes con el objetivo de la unión y la inocencia?
¿En qué situaciones me resulta más difícil ver la inocencia en mí o en los demás? ¿Qué pasaría si eligiera buscarla activamente?
¿Estoy dispuesto a cambiar mi objetivo y, por tanto, los medios que utilizo para alcanzarlo?

Conclusión o síntesis:

La enseñanza esencial de este fragmento es que la unión elimina la culpa y nos conduce a la verdadera alegría: la inocencia compartida. Cuando cambiamos nuestra definición de felicidad y la buscamos en la paz interior y la unión, los medios que empleamos se transforman. El perdón, la aceptación y la compasión se convierten en caminos naturales hacia la felicidad.

Frase inspiradora: "La paz llega cuando eliges ver la inocencia en lugar del ataque."

Una invitación:

Este fragmento es, sobre todo, una invitación a experimentar la vida desde la unión, la inocencia y la verdadera alegría. UCDM nos recuerda que la paz y la felicidad no dependen de circunstancias externas, sino de una decisión interna: elegir ver la inocencia en nosotros y en los demás, y reconocer que la separación es solo una ilusión.

¿Cómo aceptar esta invitación? 

Elige la unión: cuando surja el conflicto, recuerda que la separación es una percepción, no una realidad. 

Pregúntate: ¿Qué pasaría si viera a esta persona como parte de mí? 

Busca la inocencia: haz el propósito de ver la inocencia en cada encuentro, incluso cuando el ego quiera juzgar o atacar. 

Redefine tu felicidad: permítete cuestionar tus viejas ideas sobre lo que te hace feliz. ¿Y si la verdadera alegría estuviera en la paz interior y no en tener razón o ganar? 

Sé portador de luz: tu decisión de buscar la inocencia y la unión no solo te transforma a ti, sino que irradia paz y esperanza a quienes te rodean.

Invitación práctica: Hoy, dedica unos minutos a observar tus pensamientos y reacciones. Cuando notes que surge la culpa, el ataque o la separación, haz una pausa y repite para ti: "Elijo ver la inocencia. Elijo la unión. Elijo la paz".

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