jueves, 31 de julio de 2025

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (1ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (1ª parte).

1. Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión, sino la verdad. 2Sólo para el ego, para el que la verdad no tiene significado, pare­cen ser las ilusiones y la desilusión las únicas alternativas, las cuales son diferentes entre sí. 3Pero en verdad son lo mismo. 4Ambas aportan el mismo cúmulo de sufrimiento, aunque cada una parece ser la única manera de escaparse de la aflicción que la otra ocasiona. 5Toda ilusión alberga dolor y sufrimiento entre los tenebrosos pliegues de las pesadas vestiduras tras las que oculta su inexistencia. 6Sin embargo, esas sombrías y pesadas vestiduras son las que cubren a aquellos que van en pos de ilusiones, y las que los mantienen ocultos del júbilo de la verdad.

Comienza Jesús este apartado dedicado a la impecabilidad de tu hermano definiendo con claridad que el sistema de pensamiento del ego tiene puesta su fe en que la ilusión es la fuente donde ha de buscar la felicidad y, sin embargo, su percepción, en este sentido, es errónea, ya que aquello que percibe, la ilusión, no es real, no es verdad. Para el ego, la ilusión es la verdad y la desilusión, lo contrario.

Para la mente recta, tanto la ilusión como la desilusión forman parte del mismo error, pues ambas proceden de la creencia falsa en la separación, la cual es la causa del sufrimiento y del dolor. Todo lo ilusorio es perecedero y la pérdida nos causa dolor y nos lleva a pensar que nuestra naturaleza pecaminosa es vulnerable y exige el castigo divino por nuestra transgresión.

2. La verdad es lo opuesto a las ilusiones porque ofrece dicha. 2¿Qué otra cosa sino la dicha podría ser lo opuesto al sufri­miento? 3Abandonar un tipo de sufrimiento e ir en busca de otro no es un escape. 4Cambiar una ilusión por otra no es realmente un cambio. 5Tratar de encontrar felicidad en el sufrimiento es una insensatez, pues ¿cómo se iba a poder encontrar felicidad en el sufrimiento? 6Lo único que se puede hacer en el tenebroso mundo del sufrimiento es seleccionar algunos aspectos de él, ver­los como si fuesen diferentes y luego definir la diferencia como felicidad. 7Percibir una diferencia donde no la hay, no obstante, realmente no cambia nada.

El ego surge como consecuencia de elegir un pensamiento de escasez, de necesidad. Este pensamiento se opone frontalmente a la verdad, pues en realidad, en virtud de nuestra condición divina, hemos heredado la plenitud y la abundancia de nuestro creador. Somos tal como Dios nos ha creado. Por ello, es imposible que no seamos tal y como es Él: Perfecto e impecable.

El deseo de ser especial embriagó la mente con el propósito de ver una dimensión distinta a la de nuestro creador. En el Mundo de Dios Todo es Uno. Pero la mente, aliada con el deseo de individualidad, propició la percepción de un nivel donde el amor y la unidad fueron sustituidos por el miedo y por la división. A partir de esa elección nos creímos separados de la Fuente de la que emanamos y surgió el pensamiento del pecado, el cual se personificó en la identidad del cuerpo físico.

El mundo de paz y felicidad de Dios, pasó al olvido y en su lugar nuestros ojos se abrieron para percibir un mundo donde las leyes de la temporalidad nos llevarían a experimentar el sufrimiento, el dolor y la muerte.

3. Lo único que hacen las ilusiones es ocasionar culpabilidad, sufrimiento, enfermedad y muerte a sus creyentes. 2La forma en que las ilusiones se aceptan es irrelevante. 3A los ojos de la razón, ninguna forma de sufrimiento se puede confundir con la dicha. 4La dicha es eterna. 5Puedes estar completamente seguro de que todo lo que aparenta ser felicidad y no es duradero es realmente miedo. 6La dicha no se convierte en pesar, pues lo eterno no puede cambiar, pero el pesar puede volverse dicha, pues el tiempo cede ante lo eterno. 7Únicamente lo eterno permanece inmutable, 8pero todo lo que se encuentra en el tiempo puede cambiar con el paso de éste. 9No obstante, para que el cambio sea real y no imaginado, las ilusiones tienen que ceder ante la verdad y no ante otros sue­ños igualmente irreales. 10Eso no sería diferente.

Jesús nos aporta en este punto una información muy interesante y esperanzadora. La ilusión, el mundo que percibimos con nuestros ojos físicos y que procede, como hemos visto, de la creencia en la separación, o lo que es lo mismo, de la elección de ser distinto a Dios, al estar bajo la regencia de las leyes de la temporalidad, no nos puede llevar a la felicidad permanente, pues tan sólo lo eterno es inmutable.

El ego se regocija de sus logros, de sus posesiones, de sus conquistas, pero ese regocijo nada tiene que ver con la dicha eterna, pues el solo hecho de pensar en su pérdida nos produce temor y miedo. El miedo nunca aporta felicidad y es la causa principal que nos lleva a no gozar en nuestras relaciones de la felicidad y el amor perseguido. Amamos a alguien y ese amor es tan abrasador que el miedo a perderlo limita su gozo libremente. Es cuando decidimos inventarnos mecanismos que nos garanticen la seguridad de ese amor, pero lo hacemos imponiendo condiciones a la relación. Nuestro miedo a perder el amor conquistado nos hace proyectarlo sobre el otro y lo ahogamos con nuestros temores, imponiéndole limitaciones.

miércoles, 30 de julio de 2025

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (4ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (4ª parte).

9. Ten por seguro que Dios no puso a Su Hijo en manos de quien no es digno de él. 2Solamente lo que es parte de Dios es digno de estar unido. 3Y es imposible que nada que no sea parte de Él pueda unirse. 4La comunicación tiene que haberse restablecido entre los que se unen, ya que nunca se habrían podido unir a través de sus cuerpos. 5¿Qué es lo que los ha unido, entonces? 6La razón te diría que tuvieron que haberse visto el uno al otro a través de una visión que no era del cuerpo y haberse comunicado en un lenguaje que el cuerpo no habla. 7No pudo tampoco haber sido una visión o sonido atemorizante lo que tan dulcemente los unió. 8Fue más bien que cada uno vio en el otro un perfecto refu­gio donde su Ser podía renacer a salvo y en paz. 9Así se lo dijo la razón y así lo creyó porque era la verdad.

Seguro que en alguna ocasión habrás experimentado con alguien o con muchos la vivencia de conexión no corporal a la que hace referencia este punto. Se produce a nivel mental. Es una conexión en el campo de donde emanan las ideas, las creencias. Es un reconocimiento en la mente de los demás de pensamientos con los que nuestra mente se une. Para mí, es la clara evidencia de que nuestra esencia es mental, espiritual y no física.

Cuando un conjunto de mentes se une, se siente la atracción de crear grupos donde se comparten las mismas ideas. Yo le llamo "conspiración acuariana" en alusión directa a las cualidades del signo mental Acuario, el arquetipo de la igualdad.

Hay teorías esotéricas que nos hablan de la Era de Acuario y con ello nos quieren anunciar que las vibraciones arquetípicas del Signo serán especialmente sensibles a la conciencia humana, lo que favorecerá el surgimiento de un impulso encaminado a unir las mentes, bien a través de grupos físicos, bien a través de las tecnologías actuales que favorecen y facilitan el acercamiento de ideas. La Era de Acuario se caracterizará por un cambio profundo en el modo de ver las cosas, en el renacimiento de una nueva consciencia y sobre todo, el resurgir de la visión crística, de la unidad espiritual, del trato egoísta y separatista a un trato confraternal.

10. He aquí la primera percepción directa que puedes construir. 2la construyes a través de una conciencia que es más antigua que la percepción, y que, sin embargo, renace en un instante. 3Pues ¿qué es el tiempo para lo que siempre ha sido como es? 4Observa lo que ese instante trajo consigo: el reconocimiento de que "aquello otro" que tú pensabas ser, era sólo una ilusión. 5Y la verdad brotó ins­tantáneamente, para mostrarte dónde se encuentra tu Ser. 6Al negar las ilusiones invitas a la verdad, pues al negarlas reconoces que el miedo no significa nada. 7En el santo hogar donde el miedo es impotente el amor entra dando las gracias, agradecido de ser uno con vosotros que os unisteis para dejarlo entrar.

La visión y el reconocimiento de la verdad comienzan con uno mismo, lo que significa que hemos elegido de nuevo quién será nuestro anfitrión. En dicha elección, va implícita la corrección del error de la creencia en la separación y en el deseo de ser especial. Ahora sabemos que la falsa identidad a la que rendíamos pleitesía era ilusoria. Ahora nos sabemos eternos y portadores de los dones de Dios. Ahora la alegría acompaña nuestros corazones y el amor se convierte en el pensamiento que compartimos con cada uno de nuestros hermanos.

El cuerpo, el símbolo de nuestra falsa identidad, deja de atemorizarnos y ya no lo interpretamos como el representante del pecado y del miedo. Ahora, ese vehículo lo utilizamos para que realice la hermosa función de manifestar el amor a través del nivel perceptivo. Vivir y experimentar el amor incondicional -relación santa- es la meta más elevada que puede alcanzarse en este mundo.

11. Cristo acude a lo que es semejante a Él; a lo que es lo mismo, no a lo que es diferente. 2Pues siempre se siente atraído hacia Sí Mismo. 3¿Qué se asemeja más a Él que una relación santa? 4lo que hace que tú te sientas atraído hacia tu hermano, es lo que hace que Él se sienta atraído hacia ti. 5Ahí Su dulzura y Su benévola inocencia están a salvo del ataque. 6Y ahí Él puede regresar con confianza, pues la fe que depositas en otro es la fe que depo­sitas en Él. 7No cabe duda de que estás en lo cierto al considerar a tu hermano el hogar que Cristo ha elegido, pues al hacer eso ejerces tu voluntad junto con la de Cristo y la de Su Padre. 8Esto es lo que la Voluntad de tu Padre dispone para ti, y la tuya junto con la de Él. 9Y el que se siente atraído hacia Cristo se siente atraído hacia Dios tan irremediablemente como Cristo y Dios se sienten atraídos hacia toda relación santa: la morada que ha sido preparada para Ellos a medida que la tierra se convierte en el Cielo. 

La relación santa, decíamos en la reflexión del punto anterior, es la meta más elevada que puede alcanzarse en el mundo perceptivo, pues es la manifestación del amor crístico, del amor incondicional compartido entre los Hijos de Dios.

La relación santa significa que hemos abandonado el deseo de ser especiales y hemos recuperado la visión de la unidad que nos hace uno con nuestros hermanos de Filiación. Esa visión de unidad, al ser una proyección de nuestro mundo interno, de lo que somos en verdad, nos lleva a percibir en el otro al Santo Hijo de Dios, el cual nos ofrece andar juntos el camino que ha de conducirnos a la salvación, a las puertas del Cielo.

Cuando el mundo vibre por igual a la frecuencia del amor crístico, hablará una misma lengua cuyo idioma nos hará iguales. Nuestras mentes unidas en la Fuente de Dios resplandecerán e iluminarán el lugar donde dos hermanos se bendigan mutuamente en nombre de la paz.

martes, 29 de julio de 2025

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (3ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (3ª parte).

6. De todos los mensajes que has recibido y que no has enten­dido, sólo este curso está al alcance de tu entendimiento y puede ser entendido. 2Éste es tu idioma. 3Aún no lo entiendes porque tu comunicación es todavía como la de un bebé. 4No se puede dar credibilidad a los balbuceos de un bebé ni a lo que oye, ya que los sonidos tienen un significado diferente para él, según la ocasión. 5ni los sonidos que oye ni las cosas que ve son aún estables. 6Pero lo que oye y todavía no comprende será algún día su len­gua materna, a través de la cual se comunicará con los que le rodean y ellos con él. 7Y esos seres extraños y cambiantes que se mueven a su alrededor serán quienes lo consuelen, y él recono­cerá su hogar y los verá allí junto con él.

Jesús me admira una vez más con dos mensajes que resuenan en mi alma. Por un lado, nos informa de la credibilidad del curso que estamos estudiando y nos dice que está al alcance de nuestro entendimiento y puede ser atendido. 

El texto de Un Curso de Milagros, llegó a mis manos de forma providencial. Fue un regalo de una amiga que, en gratitud por los servicios que le había prestado, quiso compensármelo ofreciéndome la posibilidad de elegir varios libros. Recuerdo que invoqué a mi ser espiritual para que guiara mi mano hacia los libros que me ofrecieron escoger. Uno de ellos fue el texto mencionado. Durante un tiempo hizo compañía a otros libros que aguardaban su vez para ser leídos. Por entonces era un "devorador" de libros. Cuando le tocó su turno al Curso de Milagros, ya no pude dejar de estudiarlo con un propósito cada vez más intenso y que ganó todo mi interés hasta que me dije: "Esto es lo que buscaba".

El otro mensaje que me ha resonado en el alma es la similitud que establece Jesús con el proceso de entendimiento de un bebé y nuestro estado actual para alcanzar el nivel de entendimiento de los mensajes que este Curso nos ofrece. En este sentido, conozco muchos casos en los que los estudiantes manifiestan dificultad para entender el contenido del Texto, sobre todo aquellos en los que se ocupa de temas con un trasfondo metafísico.

Me siento afortunado al contar con cierto recorrido en lo concerniente al estudio de la metafísica y temas esotéricos. Ello me ha permitido comprender con mayor facilidad los mensajes que contiene el Curso y me ha motivado a compartir con los demás mis puntos de vista, tratando en todo momento de aplicar un método didáctico en mis aportaciones al objeto de facilitar el entendimiento del Curso. Esta labor la hago desde el corazón y totalmente desinteresada. Ya he cubierto el recorrido del estudio del Libro de Ejercicios y ahora lo estoy haciendo con el Texto.

7. Así es como renace en cada relación santa la capacidad de comunicar en vez de la de separar. 2Mas una relación santa, que apenas acaba de renacer de una relación no santa, y que, sin embargo, es más antigua que la vieja ilusión que acaba de reem­plazar, es como un bebé que ahora renaciera. 3Pero con este bebé se te devuelve la visión, ya que te hablará en un idioma que podrás entender. 4Este bebé no se nutre de "aquello otro" que tú creías ser. 5No fue dado ahí, ni tampoco fue recibido por nada excepto por ti mismo. 6Pues no es posible que dos hermanos se puedan unir, excepto a través de Cristo, Cuya visión los ve como uno.

Este punto nos aclara que la unión de dos hermanos tan sólo es posible al nivel de la consciencia crística, cuya visión es la unidad que prevalece en el Cielo, en el Reino de Dios. Ese es el verdadero significado de la relación santa, la cual va más allá de la unión de los cuerpos, lo cual no es real. Son las mentes las que se pueden unir, pues la unidad pertenece al mundo real y responde a la verdad, pues tan sólo la unidad es eterna. 

Pasar de una relación no santa a una relación santa ha de llevarnos a la verdad que acabamos de compartir. No es a través de la relación de los cuerpos, el símbolo del ego, que conseguiremos elevar la condición de la relación de no santa a santa, sino la comunión de nuestras mentes.

8Santo hermano mío, piensa en lo que se te ha dado. 2Este infante te explicará lo que no entiendes y te lo presentará de una manera muy clara. 3Pues su idioma no será una lengua extraña. 4Él no necesitará ningún intérprete para comunicarse contigo, pues fuiste tú quien le enseñó lo que sabe debido a que tú lo sabías. 5Él no habría podido acudir a nadie excepto a ti, nunca a "aquello otro". 6Donde Cristo ha entrado nadie está solo, pues Él nunca podría encontrar Su morada entre los que creen estar separados. 7Mas Él tiene que renacer en Su hogar de antaño -tan aparentemente nuevo, y, sin embargo, tan inmemorial como Él- como un pequeño recién llegado que depende de la santidad de tu relación para sobrevivir.

El despertar de la conciencia a la visión crística transformará nuestra percepción, llevándonos a deshacernos de nuestras viejas y caducas creencias y renaciendo a un modo nuevo de ver las cosas.

3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (Juan 3:3-6).

He elegido este pasaje del Nuevo Testamento para facilitar la comprensión del significado del término renacer. Jesús aclara a Nicodemo, representante de la conciencia antigua y tradicional, que el renacimiento no se produce a nivel del ego, es decir, del cuerpo, de la carne, sino a nivel espiritual, a nivel mental.

Cuando se produce ese renacimiento, nuestra manera de ver e interpretar las cosas cambia y, desde ese momento, la creencia en la separación es sustituida por la visión crística de la unidad. Esa etapa queda simbolizada en este punto con la alusión a recibir al infante, a la conciencia nueva, que nos mostrará el lenguaje que no nos resultará extraño y para el que estamos capacitados a comprender.

lunes, 28 de julio de 2025

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (2ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (2ª parte).

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3. No te has dado cuenta de que es imposible que puedas enten­der lo que nunca puede llegar hasta ti. 2Jamás has recibido men­saje alguno que hubieses podido entender. 3Pues has estado prestándole oídos a algo que no puede comunicarse en absoluto. 4Examina, entonces, lo que ha sucedido. 5Al negar lo que eres, y al estar firmemente convencido de que eres otra cosa, esa "otra cosa" que tú has creído ser se ha convertido en tus ojos. 6Sin embargo, debe ser esa "otra cosa" la que ve, y al no ser quien tú eres te explica lo que ve. 7Tu verdadera visión haría, por supuesto, que todo esto fuese innecesario. 8Pero si tus ojos están cerrados y le pides a esa cosa que te dirija y te explique el mundo que ve, no verás razón alguna para no escuchar lo que te dice ni para sospe­char que no es verdad. 9La razón te diría que es imposible que sea verdad porque tú no lo entiendes. 10Dios no tiene secretos. 11Él no te conduce por un mundo de sufrimiento, esperando hasta el final de la jornada para decirte por qué razón te hizo pasar por eso.

Cuando el cerebro trabaja para las percepciones del cuerpo, está eligiendo sustituir la verdadera visión del espíritu por la visión de los ojos físicos. Mientras que la visión espiritual nos reconoce como seres de luz, seres espirituales, seres de amor, los ojos físicos niegan todo aquello que no sea visible a su percepción y se refuerzan con todo aquello que le permite identificar bajo el código de significados que ha convertido en su sistema de pensamiento.

Es posible educar al cerebro de acuerdo a la visión espiritual, pero para ello se requiere "nacer de nuevo", no en su sentido literal, sino en el sentido de deshacer todo el contenido de creencias que acuñamos y atesoramos en la memoria. Que respondemos como autómatas es una realidad constatada por la ciencia. El cerebro aprende y registra lo aprendido, lo que nos llevará a responder ante la vida con respuestas condicionadas por el pasado. Me veo en la necesidad, una vez más, de aconsejaros la lectura del libro "Deja de ser tú", cuyo autor es el Dr. Joe Dispenza. Su lectura te permitirá adquirir información relativa a las funciones del cerebro y a cómo podemos cambiar ese acúmulo de creencias que nos hacen comportarnos de una manera autónoma y que condicionan la visión de nuestra realidad.

4. ¿Qué podría mantenerse oculto de la Voluntad de Dios? 2Sin embargo, tú crees tener secretos. 3¿Qué podrían ser esos secretos sino otra "voluntad" tuya propia, separada de la Suya4La razón te diría que esto no es un secreto que deba ocultarse como si se tratase de un pecado. 5Pero ciertamente es un error. 6No permitas que tu temor del pecado impida la corrección del error, pues la atracción que ejerce la culpabilidad es sólo miedo. 7He aquí la única emoción que has inventado, independientemente de lo que aparente ser. 8He aquí la emoción de los secretos, de los pensa­mientos privados y del cuerpo. 9He aquí la emoción que se opone al amor y que siempre conduce a la percepción de diferencias y a la pérdida de la igualdad. 10He aquí la única emoción que te man­tiene en  las tinieblas, dependiente de ese otro ser que tú crees haber inventado para que te guíe por el mundo que él fabricó para ti.

Todas las mentes están unidas y toda idea sigue a su fuente. Si esto es así, es imposible mantener ocultos pensamientos que no se compartan con Dios y con Su creación, la Filiación.

Pero, como hemos tenido ocasión de estudiar a lo largo de esta enseñanza, la mente puede servir al deseo de ser especial y crear la ilusión de que podemos ser diferentes a la fuente que nos ha creado, o lo que es lo mismo, que las mentes están separadas. Desde la creencia en la separación y dado que la idea sigue a su fuente, en este caso, la mente errada, podemos rendir culto al único secreto que hemos fabricado, el de creernos pecadores y culpables de ello.

El sentimiento de culpabilidad nos hace sentirnos sucios con nosotros mismos, lo que nos lleva a mantenerlo en secreto, pero no podemos evitar el uso de la proyección al que ha dado lugar nuestro deseo de ser especial, que decidamos corregir esa culpa en lo que percibimos en los demás, ya que el otro no es reconocido en igualdad a nosotros, sino nuestro enemigo.

5. La visión se te concedió, junto con todo lo que puedes com­prender. 2No te resultará difícil comprender lo que esta visión te dice, pues todo el mundo ve sólo lo que cree ser. 3Y tú comprenderás lo que tu visión te muestre porque es la verdad. 4Única­mente tu visión puede comunicarte lo que puedes ver. 5Te llega directamente, sin necesidad de ninguna interpretación. 6Lo que necesita interpretación tiene que ser algo ajeno a ti. 7Y un intér­prete al que no entiendes nunca podrá hacer que ello sea inteligi­ble para ti.

En el mundo del ego, a diferencia del mundo espiritual, todas las cosas tienen un significado distinto. Digamos que esto es así dado que no gozan de la unidad que las mantiene unidas.

Mientras que la visión crística no permite ver la igualdad existente entre los Hijos de Dios, la visión física nos muestra la percepción de cuerpos separados y distintos entre sí. La visión crística te lleva al reconocimiento de forma directa, no requiriendo ser interpretada. Sin embargo, la visión de los ojos físicos nos muestra un mundo separado y que debe ser interpretado para ser conocido. Esta visión física responde siempre a lo que creemos ser y, como lo que creemos ser es un ser desmembrado, lo que percibe lo es también.

viernes, 25 de julio de 2025

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (1ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (1ª parte).

1. Deja que la razón dé otro paso. 2Si atacas a quien Dios quiere sanar y odias a quien Él ama, entonces tú y tu Creador tenéis voluntades diferentes. 3Pero si tú eres Su Voluntad, entonces debes creer que tú no eres quien eres. 4Puedes ciertamente creer esto y, de hecho, lo crees. 5Y tienes fe en ello y encuentras muchas pruebas a su favor. 6¿Y de dónde procede, te preguntas, tu extraño desasosiego, tu sensación de estar desconectado y tu constante temor de que tú no signifiques nada? 7Es como si hubieses llegado hasta aquí a la deriva, sin ningún plan, excepto el de seguir vagando, pues sólo eso parece seguro.

El uso de la lógica que emplea Jesús para ayudarnos a reconocer la verdad de lo que somos nos simplifica enormemente, al menos para mí, el encuentro con ese reconocimiento. Me amparo en la razón, pero también lo hago en el bagaje de vivencias que se acumulan en mi memoria y que me animan a plantearme una cuestión que considero fundamental.

A pesar de todo lo vivido, ¿eres feliz?

Reconozco que me hubiese gustado poder responder afirmativamente, pero no sería honesto conmigo mismo. Tanto a nivel mental, como emocional, mi percepción no es de ser feliz en este mundo. Y esta es la única razón por la que decidí buscar otra manera de ver las cosas, otra manera de percibir, pues entendí que no tenía poder sobre las cosas percibidas, pero sí lo tenía sobre el cómo las juzgabas, sobre el significado que les daba.

Sí, me he sentido a la deriva y ahora tengo la fortaleza para dirigir mi nave hacia el destino que comparto con el resto de la humanidad, hacia la salvación, hacia el reencuentro con mi santidad y con quien soy realmente.

2. Sin embargo, hemos oído una descripción muy similar ante­riormente, pero no se refería a ti. 2Aun así, crees ser esa extraña idea que con tanta precisión se describe ahí. 3La razón te diría que es imposible que el mundo que ves a través de ojos que no son los tuyos tenga sentido para ti. 4¿A quién le devolvería sus mensajes esta forma de ver? 5Ciertamente no a ti, cuya visión es totalmente independiente de los ojos que contemplan al mundo. 6Si ésa no es tu visión, ¿qué podría mostrarte? 7El cerebro no puede interpretar lo que tu visión ve. 8Esto tú lo puedes comprender. 9El cerebro interpreta para el cuerpo del que forma parte. 10Pero tú no puedes comprender lo que dice. 11Sin embargo, lo has escuchado. 12Y te has esforzado durante mucho tiempo por entender sus mensajes.

La razón por la cual me he sentido a la deriva durante tanto tiempo responde a la elección de servir al deseo de ser especial, lo que significa que me creo separado de mi Fuente y, a partir de ahí, mi fe se deposita en lo que mi deseo me muestra, un mundo cuya dimensión está sujeta a las leyes de la temporalidad y del cambio, lo que lo hace irreal y perecedero. Elegí la percepción que sustituyó a la verdadera visión. Mi mente se puso al servicio del especialismo y fabricó una realidad sujeta a la creencia en la separación y el miedo.

Hoy, cuando practicaba mi paseo matinal, reflexionaba sobre la función del cerebro en el cuerpo. Establecí cierta analogía al compararlo con un receptor de radio a través del cual podemos elegir sintonizar diferentes canales, los cuales están identificados por distintas frecuencias. En los sistemas de comunicación por radio, la información se transporta a través del espacio utilizando ondas de radio. Las ondas de radio son un tipo de radiación electromagnética con longitudes de onda en el espectro electromagnético más largas que la luz infrarroja. Dichas ondas no son visibles al ojo humano, aunque sí son medibles físicamente, lo que le aporta la condición de ser real desde el punto de vista del ego.

¿Podríamos funcionar el cerebro como un receptor de radio? Hay teorías que lo relacionan con un holograma. No voy a entrar en estos detalles; lo que sí me gustaría compartir con vosotros es el motivo por el cual no utilizamos el cerebro al igual que lo hacemos con un receptor de radio. En el uso de la radio, si queremos oír música con unas características determinadas, lo que hacemos es sintonizar el canal adecuado por el cual se emite ese tipo de música. En esta práctica, lo que estamos haciendo es unir nuestra voluntad a nuestro deseo. Bien, si aceptamos que nuestro cerebro es como un receptor de radio que capta las ondas del pensamiento convirtiéndolas en ideas y creencias, cuando queramos utilizarlo de manera creativa, lo que tenemos que hacer es movilizar nuestra voluntad y unirla al deseo. La clave está en que debemos elegir la calidad de ese deseo, al igual que lo hacemos cuando queremos oír un tipo de música en concreto. No produce la misma relajación una música estridente que una pausada, al igual que no nos sentiremos igual con un deseo egoísta que con un deseo altruista. El cerebro, al igual que la radio, lo que hace es captar la fuerza de nuestra voluntad y de nuestro deseo.

Si nuestra mente sirve a nuestro ser espiritual, nuestro cerebro captará la frecuencia de pensamientos amorosos. Si nuestra mente sirve al ego, nuestro cerebro colapsará la frecuencia de pensamientos dementes.

jueves, 24 de julio de 2025

Capítulo 22. LA SALVACIÓN Y LA RELACIÓN SANTA: Introducción

 Capítulo 22

LA SALVACIÓN Y LA RELACIÓN SANTA

 

Introducción

1. Ten piedad de ti mismo, tú que por tanto tiempo has estado esclavizado. 2Regocíjate de que los que Dios ha unido se han jun­tado y ya no tienen necesidad de seguir contemplando el pecado por separado. 3No es posible que dos individuos puedan contem­plar el pecado juntos, pues nunca podrían verlo en el mismo sitio o al mismo tiempo. 4El pecado es una percepción estrictamente personal, que se ve en el otro, pero que cada uno cree que está dentro de sí mismo. 5Y cada uno parece cometer un error dife­rente, que el otro no puede comprender. 6Hermano, se trata del mismo error, cometido por lo que es lo mismo, y perdonado por su hacedor de igual manera. 7La santidad de tu relación os per­dona a ti y a tu hermano, y cancela los efectos de lo que ambos creísteis y visteis. 8Y al desaparecer dichos efectos, desaparece también la necesidad del pecado.

La presentación del Capítulo 22, dedicado a la salvación y la relación santa, es sencillamente maravillosa y alentadora, invitándonos a un encuentro con el consuelo de reconfortarnos en la afirmación de la certeza de que hemos despertado del sueño en el que hemos creído estar sumidos y en el que hemos sufrido el desvarío de pesadillas que nos han mantenido prisioneros de la ilusión de estar solos y abandonados.

Dejemos de atormentarnos, de castigarnos, dejemos de sufrir y, en su lugar, contemplemonos desde la inocencia, desde la pureza, desde la impecabilidad.

¿Has dejado el dolor atrás? Ahora lo que nos espera es maravilloso, pues la salvación es el camino que hemos elegido realizar de la mano de nuestros hermanos. En ese viaje compartiremos nuestra santidad, nuestra visión de unidad, nuestra percepción verdadera. De esa relación no puede menos que fluir el amor verdadero.

2. ¿Quién tiene necesidad del pecado? 2Únicamente los que deambulan por su cuenta y en soledad, creyendo que sus herma­nos son diferentes de ellos. 3Es esta diferencia, que aunque es visible no es real, lo que hace que el pecado, que si bien no es real es visible, parezca estar justificado. 4Todo esto sería real si el pecado lo fuese. 5Pues una relación no santa se basa en diferen­cias y en que cada uno piense que el otro tiene lo que a él le falta. 6Se juntan, cada uno con el propósito de completarse a sí mismo robando al otro. 7Siguen juntos hasta que piensan que ya no queda nada más por robar, y luego se separan. 8Y así, vagan por un mundo de extraños, distintos de ellos, viviendo tal vez con los cuerpos de esos extraños bajo un mismo techo que a ninguno de ellos da cobijo; en la misma habitación y, sin embargo, a todo un mundo de distancia.

Nuestros ojos se han abierto y por fin vemos la verdad. Reconocemos que todos somos Hijos de Dios y que todos hemos sido emanados de la misma Fuente. Por lo tanto, nuestros hermanos no serán unos extraños. Veremos en ellos nuestra propia condición espiritual y esa visión de unidad nos llevará a compartir la esencia del amor de la que somos portadores. El miedo y la creencia en la separación ya no forman parte de nuestra mente. Ahora conocemos que Dios camina junto a nosotros en perfecta santidad.

¿Qué temor nos puede atacar cuando tenemos la certeza de que caminamos junto a nuestro Hacedor?

3. La relación santa parte de una premisa diferente. 2Cada uno ha mirado dentro de sí y no ha visto ninguna insuficiencia. 3Al acep­tar su compleción, desea extenderla uniéndose a otro, tan pleno como él. 4No ve diferencias entre su ser y el ser del otro, pues las diferencias sólo se dan a nivel del cuerpo. 5Por lo tanto, no ve nada de lo que quisiera apropiarse. 6No niega su propia realidad porque ésta es la verdad. 7Él se encuentra justo debajo del Cielo, pero lo bastante cerca como para no tener que retornar a la tierra. 8Pues esta relación goza de la santidad del Cielo. 9¿Cuán lejos del hogar puede estar una relación tan semejante al Cielo?

Desde la visión Crística, tan sólo vemos igualdad en lo que realmente somos. Tan sólo percibimos que, si bien nuestros cuerpos son diferentes, nuestras mentes gozan de la unidad compartida con Dios.

Todas las relaciones inspiradas por la visión crística gozan de plenitud, de felicidad, de abundancia y de paz. Estas relaciones santas tienen como propósito común expandir el amor que los une y ayudar a despertar a aquellas almas que aún permanezcan sumidas en el sueño.

4. ¡Piensa en lo que una relación santa te podría enseñar! 2En ella desaparece la creencia en diferencias. 3En ella la fe en las diferen­cias se convierte en fe en la igualdad. 4Y en ella la percepción de diferencias se transforma en visión. 5La razón puede ahora llevaros a ti y a tu hermano a la conclusión lógica de vuestra unión. 6Ésta se tiene que extender, de la misma forma en que vosotros os extendisteis al uniros. 7La unión tiene que extenderse más allá de sí misma, tal como vosotros os extendisteis más allá del cuerpo para hacer posible vuestra unión. 8Y ahora la igualdad que visteis se extiende y elimina finalmente cualquier sensación de diferen­cia, de modo que la igualdad que yace bajo todas las diferencias se hace evidente. 9Éste es el círculo áureo en el que reconocéis al Hijo de Dios. 10Pues lo que nace en una relación santa es impere­cedero.

Cuando la mente se santifica, ya no puede dejar de crear, lo que nos lleva a compartir, a extender nuestra santidad, o lo que es lo mismo, nuestra visión de la unidad y del amor.

¿Puedes visualizar una vida pletórica donde la moneda de cambio sea el amor incondicional y el reconocimiento de la santidad que nos une a nuestros hermanos de Filiación? ¿Puedes imaginar un mundo donde no exista la necesidad, el sacrificio, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad? 

Ahora sabes lo que eres. Ahora reconoces el poder que siempre has tenido para crear tu realidad y del que eras inconsciente. Ahora puedes crear ese mundo. Yo creo en ti, pues cuando miro en mi interior veo ese poder y te veo a ti. Y si lo veo en mí, también está en ti. Hagamos que sea real. Cuando nos encontremos, te mostraré mi visión de unidad y te reconoceré en lo que realmente eres y nuestra relación será santa.

miércoles, 23 de julio de 2025

Capítulo 21. VIII. El cambio interno (2ª parte).

VIII. El cambio interno (2ª parte).


3. La razón te dirá que no puedes pedir felicidad de una manera inconsistente. 2Pues si lo que deseas se te concede, y la felicidad es constante, entonces no necesitas pedirla más que una sola vez para gozar de ella eternamente. 3si, siendo lo que es, no gozas de ella siempre, es que no la pediste. 4Pues nadie deja de pedir lo que desea a lo que cree que tiene la capacidad de concedérselo. 5Tal vez esté equivocado con respecto a lo que pide, dónde lo pide y a qué se lo pide. 6No obstante, pedirá porque desear algo es una solicitud, una petición, hecha por alguien a quien Dios Mismo nunca dejaría de responder. 7Dios ya le ha dado todo lo que él realmente quiere. 8Mas aquello de lo que no está seguro, Dios no se lo puede dar. 9Pues mientras siga estando inseguro es que no lo desea realmente, y la dación de Dios no podría ser completa a menos que se reciba.

Este punto encierra una interesante lección: la de crear. Si tuviésemos la certeza de que lo que en él se recoge es cierto y lo aplicásemos a nuestra vida, descubriríamos cómo podemos crear nuestra realidad. Pero, ¡cuidado! Si la aceptamos como una verdad y la aplicamos, tendremos que reconocer nuestra autoría. Os invito a que lo aceptemos cuanto antes, pues nuestra percepción de la realidad es obra nuestra. Es la manifestación de lo que hemos deseado, formando parte de nuestras creencias. Es como reconocer que somos los soñadores de nuestro sueño. Y ahora viene lo bueno. Si es así, podemos elegir tener sueños felices. ¿No sabes cómo hacerlo? Aplicando lo que nos enseña este punto.

"Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá". Mateo 7:7.

"Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá". Lucas 11:9.

Cuando se pide, lo que hacemos es movilizar el poder de la voluntad y lo ponemos al servicio del deseo. Es como si uniésemos el esperma-semilla al óvulo-tierra donde surgirá la creación. La clave está en hacerlo de manera consciente, lo que nos permitirá que la calidad de nuestro deseo sea cercana al amor (unidad) y no al especialismo (división).

Dios responderá a nuestras peticiones inspiradas por el deseo de amar. Ya hemos dicho que el amor es compleción.

El ego responderá a nuestras peticiones inspiradas por el deseo de ser especial. El egoísmo nos hace inconscientes e irresponsables de lo que hemos deseado.

4. Tú que completas la Voluntad de Dios y que eres Su felicidad; tú cuya voluntad es tan poderosa como la Suya, la cual es un poder que no puedes perder ni en tus ilusiones, piensa detenida­mente por qué razón no has decidido todavía cómo vas a contes­tar la última pregunta. 2Tu respuesta a las otras te ha ayudado a estar parcialmente cuerdo. 3Es la última, no obstante, la que real­mente pregunta si estás dispuesto a estar completamente cuerdo.

Es el paso decisivo. Diría que es el último deseo o el único deseo que nos permitirá gozar de la Gracia del Cielo. La venda que ha cubierto nuestros ojos ha caído y ahora vemos la verdad con total nitidez. Nuestra fe se refuerza al percibir esa visión y reconoce que todo ha sido un sueño del que hemos despertado.

Mi único deseo es dar lo que soy, y si lo que soy es Amor, entonces mi único deseo es expandir y compartir el amor con todos y cada uno de mis hermanos en la Filiación. Las huellas de mi personalidad antigua se han borrado cuando las olas del mar las han barrido, envolviéndolas con las aguas del olvido. Ahora soy libre y consciente para crear desde mi nueva visión. Ahora soy consciente para crear como Hijo de Dios.


5. ¿Qué es el instante santo, sino el llamamiento de Dios a que reconozcas lo que Él te ha dado? 2He aquí el gran llamamiento a la razón, a la conciencia de lo que siempre está ahí a la vista, a la felicidad que podría ser siempre tuya. 3He aquí la paz constante que podrías experimentar siempre. 4He aquí revelado ante ti lo que la negación ha negado. 5Pues aquí la última pregunta ya está contestada, y lo que pides, concedido. 6Aquí el futuro es ahora, pues el tiempo es impotente ante tu deseo de lo que nunca ha de cambiar. 7Pues has pedido que nada se interponga entre la santi­dad de tu relación y tu conciencia de esa santidad.

¡Así sea! Esa es mi petición. Que nada se interponga entre la santidad de mi relación con Dios y la Filiación y mi conciencia de esa santidad. Que mi único guía sea el Espíritu Santo y que mi única visión sea la de Cristo.

martes, 22 de julio de 2025

Capítulo 21. VIII. El cambio interno (1ª parte).

VIII. El cambio interno (1ª parte).

1. ¿Son, entonces, peligrosos los pensamientos? 2¡Para los cuerpos, sí! 3Los pensamientos que parecen destruir son aquellos que le enseñan al pensador que él puede ser destruido. 4Y así, "muere" por razón de lo que aprendió. 5Pasa de la vida a la muerte, la prueba final de que valoró lo efímero más que lo constante. 6Segu­ramente creyó que quería la felicidad. 7Mas no la deseó porque la felicidad es la verdad, y, por lo tanto, tiene que ser constante.

Para el sistema de pensamiento del ego, el cuerpo es el principal autor de todas sus experiencias, a las que considera reales en función de la percepción que le aportan los cinco sentidos físicos.  Desde este punto de vista, es el cuerpo el que piensa y razona, basándose siempre en la dualidad bien o mal.  El cerebro es la parte del cuerpo donde se perciben los pensamientos.  La mente, en este modelo de creencia, se encuentra en un segundo plano, sin apenas protagonismo sobre el cuerpo físico.  Esta línea de pensamiento ha formado parte de los fundamentos defendidos por la ciencia en los últimos tiempos, defendiendo la creencia de que lo percibido por el cuerpo es lo que condiciona nuestras ideas y que la mente tiene poco que decir al respecto.

Como bien recoge este punto, los pensamientos son peligrosos cuando le otorgamos al cuerpo la hegemonía sobre ellos. Un ejemplo de lo que decimos lo observamos cuando juzgamos al cuerpo como el causante de nuestra creencia en el pecado. Es el cuerpo quien peca y no la mente que le dicta el deseo banal.

En este sentido, el cuerpo no es el que nos aporta la felicidad, ya que su condición temporal no habla a favor de la verdad. Tan sólo lo que es eterno y no cambia puede ser considerado real y verdadero. Es en la mente recta donde encontraremos la llave que nos abre la puerta de la felicidad.

2. Una dicha constante es una condición completamente ajena a tu entendimiento. 2No obstante, si pudieses imaginarte cómo sería eso, lo desearías aunque no lo entendieses. 3En esa condición de constante dicha no hay excepciones ni cambios de ninguna clase. 4Es tan inquebrantable como lo es el Amor de Dios por Su crea­ción. 5Al estar tan segura de su visión como su Creador lo está de lo que Él sabe, la felicidad contempla todo y ve que todo es uno. 6No ve lo efímero, pues desea que todo sea como ella misma, y así lo ve. 7Nada tiene el poder de alterar su constancia porque su propio deseo no puede ser conmovido. 8Les llega a aquellos que comprenden que la última pregunta es necesaria para que las demás queden contestadas, del mismo modo en que la paz tiene que llegarles a quienes eligen curar y no juzgar.

Al igual que yo, seguro que lo que más deseas en este mundo es gozar de paz y felicidad completa y constante. Se convierte en un deseo porque, al no ser capaces de mantener ese estado del ser, lo vivimos como una necesidad, con lo cual estamos reconociendo que no contamos con la llave que ha de conducirnos a ese encuentro. Aún dudamos de nuestra fortaleza. Aún no hemos encontrado la respuesta correcta a la última pregunta.

Más allá del deseo se encuentra el principio más elevado con el que Dios nos creó. Me refiero a la voluntad. La firmeza de la voluntad dirigida por la fuerza del amor se convierte en el regalo que Dios nos hace al brindarnos el poder para crear. El amor es completud. Por tal razón, cuando amamos, debemos amar todo, sin juicios, sin dualidad. Si no lo amamos todo, no amamos nada. No podemos amar un poco. El amor es nuestro estado de ser y cuando nuestro Ser se manifiesta, no puede hacerlo a medias. Lo que es verdad, no puede ser un poco verdad. O es o no es.

lunes, 21 de julio de 2025

Capítulo 21. VII. La última pregunta que queda por contestar (5ª parte).

VII. La última pregunta que queda por contestar (5ª parte).

11. El contenido de todas esas preguntas es el mismo. 2Pues cada una de ellas te pregunta si estás dispuesto a intercambiar el mundo del pecado por lo que el Espíritu Santo ve, puesto que es esto lo que el mundo del pecado niega. 3Los que ven el pecado, por lo tanto, están viendo la negación del mundo real. 4Sin embargo, la última pregunta suma a tu anhelo de querer ver el mundo real el deseo de permanencia, de tal forma que ese deseo se convierta en el único que tengas. 5Si contestas esta última pregunta con un "sí", añades sinceridad a las decisiones que ya has tomado con respecto a las demás. 6Pues sólo entonces habrás renunciado a la opción de poder cambiar de parecer nueva­mente. 7Cuando eso deje de interesarte, las Otras preguntas quedarán perfectamente contestadas.

Afirmar conscientemente que nuestro único deseo es ser lo que realmente somos es la confirmación de que estamos en comunión con Dios y con la Filiación.  Sin la visión de la unidad crística es imposible alcanzar ese estado de comunión.  Su reconocimiento nos hace conscientes del estado de inocencia e impecabilidad del ser.  La visión de la unidad requiere que sea una conquista interior, lo que significa que nuestra voluntad se pone al servicio del amor y renuncia al deseo de ser especial.

Al no ver el pecado en nuestra mente, tampoco lo proyectaremos hacia el exterior, lo que hará innecesario emitir juicio alguno.  El mundo exterior deja de ser una amenaza donde percibimos nuestras debilidades internas.  Ahora nuestra mente tiene el poder consciente para crear desde la visión holística de la unidad.  Todo forma parte del Todo.

12. ¿Por qué crees que no estás seguro de que las otras preguntas hayan sido contestadas? 2¿Sería acaso necesario plantearlas con tanta frecuencia si ya se hubiesen contestado? 3Hasta que no se haya tomado la decisión final, la respuesta será a la vez un "sí" y un "no". 4Pues has contestado sin darte cuenta de que "sí' tiene que significar "que no has dicho no". 5Nadie decide en con­tra de su propia felicidad, pero puede hacerlo si no se da cuenta de que eso es lo que está haciendo. 6si él ve su felicidad como algo que cambia constantemente, es decir, ahora es esto, luego otra cosa, y más tarde una sombra elusiva que no está vinculada a nada, no podrá sino decidir en contra de ella.

Este punto viene a reforzar la idea que ya hemos analizado anteriormente.  El sistema de pensamiento del ego gobierna nuestras respuestas ante lo que percibimos externamente y cree que es el cuerpo quien tiene el poder para tomar las decisiones, de ahí que lo convierta en el causante de nuestra naturaleza pecaminosa.  Ese error es la causa que nos lleva a ser inconscientes en la toma de nuestras decisiones.  La mente adquiere un segundo plano y, al proyectar en el exterior su contenido, lo hace fuera de nuestra conciencia, la cual se lo atribuye a los efectos percibidos por el cuerpo.

Cuando se produce un cambio en el sistema de pensamiento, bajo la guía del Espíritu Santo y la Expiación, la mente pasa a ocupar el papel estelar y el cuerpo deja de tener el protagonismo atribuido por el ego. Cuando decidimos elegir de manera consciente, la visión del mundo perceptivo cambia. Ya no se le atribuye al cuerpo el poder regente; ahora ese poder lo ejerce la mente y, si a su poder le unimos nuestra voluntad, adquirimos la facultad para crear de acuerdo a las Leyes Divinas, esto es, en base a la fuerza del Amor.

13. La felicidad elusiva, la que cambia de forma según el tiempo o el lugar, es una ilusión que no significa nada. 2La felicidad tiene que ser constante porque se alcanza mediante el abandono del deseo de lo que no es constante: 3La dicha no se puede percibir excepto a través de una visión constante. 4Y la visión constante sólo se les concede aquellos que desean la constancia. 5El poder del deseo del Hijo de Dios sigue siendo la prueba de que todo aquel que se considera a sí mismo impotente está equivocado. 6Desea lo que quieres, y eso será lo que contemplarás y creerás que es real. 7No hay un solo pensamiento que esté desprovisto del poder de liberar o de matar. 8Ni ninguno que pueda abando­nar la mente del pensador, dejar de tener efectos sobre él.

Acabo de leer un libro titulado "Deja de ser tú", escrito por el Dr. Joe Dispenza, que está inspirado en la misma línea de pensamiento recogida en este apartado de la enseñanza de Un Curso de Milagros.  Os lo recomiendo.  El autor ofrece una guía para transformar nuestra vida mediante el cambio consciente de nuestra mente y nuestros hábitos.  Se centra en cómo las creencias, los pensamientos y las emociones moldean la realidad que experimentamos, y propone herramientas prácticas para reprogramar el subconsciente y alcanzar un estado más elevado de bienestar.  Aprovecha sus amplios conocimientos del comportamiento del cerebro físico y nos aporta información sobre los últimos avances en física cuántica, para mostrarnos los efectos que ejerce el uso de nuestra mente y el inmenso poder de esta para transformar aquellos aspectos de nuestra naturaleza que nos impiden ser dueños y señores del estado de ser que nos lleva a ser felices y a vivir en paz.

viernes, 18 de julio de 2025

Capítulo 21. VII. La última pregunta que queda por contestar (4ª parte).

VII. La última pregunta que queda por contestar (4ª parte).


8. Considera detenidamente qué respuesta vas a dar a esa última pregunta que todavía no has contestado. 2deja que la razón te diga que debe ser contestada, y que su contestación reside en las otras tres. 3Te resultará evidente entonces que cuando observes los efectos del pecado en cualquiera de sus formas, lo único que nece­sitarás hacer es simplemente preguntarte a ti mismo lo siguiente: 

4¿Es esto lo que quiero ver? 5¿Es esto lo que deseo?

Si elegimos ver el pecado, estamos decidiendo creer en la separación con la Fuente de donde emana nuestra existencia verdadera, y estamos sustituyendo el Amor por el miedo, la felicidad por la desdicha y el sufrimiento.

Considero que la enseñanza que se extrae de este punto es muy importante, pues nos ofrece la oportunidad de que comprendamos que somos los únicos responsables de aquello que percibimos en el exterior, pues lo que vemos es lo que deseamos ver y lo ha creado nuestra mente. Reconocer esto significa que tenemos en nuestras manos la llave para abrir la puerta que nos conduce a la salvación. No hay un mundo fuera de nosotros. Ese mundo es la proyección de nuestros deseos, de nuestra elección. Practiquemos verlo de otra manera y esta vez, elijamos desde el amor y no desde el miedo.

9. Ésta es tu única decisión, la base de lo que ocurre. No tiene nada que ver con la manera en que ocurre, pero sí con el por qué. 3Pues sobre esto tienes control. 4si eliges ver un mundo donde no tienes enemigos y donde no eres impotente, se te proveerán los medios para que lo veas.

Esta mañana, mientras reflexionaba sobre una experiencia pasada en la que me sentí muy implicado emocionalmente, me di cuenta de que su recuerdo me mostraba cómo me atacaba a mí mismo. Era el resentimiento, la ira y, en definitiva, la falta de amor los que proyectaban pensamientos no perdonados. Estos pensamientos justifican nuestras acciones en un intento de corregir nuestra culpa inconsciente a través del juicio externo. 

Me di cuenta de que para sanar verdaderamente, era necesario enfrentar esas emociones encubiertas, confrontarlas y, finalmente, liberarlas. No se trataba solo de entender por qué sentía lo que sentía, sino de permitirme a mí mismo experimentar esos sentimientos sin juicios, y luego dejarlos ir con amor y compasión. Solo así podría perdonar, no solo a los demás, sino también a mí mismo, y encontrar la paz que tanto anhelaba. 

Como bien recoge este punto, damos mucha importancia a la manera en que ocurren las cosas y nos decimos a nosotros mismos que tenemos que corregir fuera lo que estamos juzgando como incorrecto e injusto, cuando en realidad estamos obviando que lo que acontece fuera es lo que queremos ver, pues forma parte de lo que deseamos. 

En lo que acontecía, olvidé que era yo quien tenía el control para decidir cómo responder. Al elegir el juicio condenatorio, también estaba delatando mi propia autocondena. Reconocí a mi enemigo interior proyectándose en el comportamiento del otro y me resultaba más cómodo erigirme como un "salvador" que reconocer mi responsabilidad eligiendo ver lo que estaba viendo.

10. ¿Por qué es tan importante esta última pregunta? 2La razón te dirá por qué. 3Es igual a las otras tres, salvo en lo que respecta al tiempo. 4Las otras son decisiones que puedes tomar, volverte atrás y luego volverlas a tomar. 5Pero la verdad es constante e implica un estado en el que las vacilaciones son imposibles. 6Puedes desear un mundo en el que tú gobiernas y no uno que te gobierna a ti, y luego cambiar de parecer. 7Puedes desear inter­cambiar tu impotencia por poder, y luego perder ese deseo cuando un ligero destello de pecado te atrae. 8Y puedes desear ver un mundo incapaz de pecar, y, sin embargo, permitir que un "enemigo" te tiente a usar los ojos del cuerpo y a cambiar de parecer.

Me veo identificado con lo recogido en este punto. He comprendido que la enseñanza teórica del Curso no basta para mantener el control de la mente. El Libro de Ejercicios complementa y fortalece el contenido del Texto del Curso. La práctica de cada una de las lecciones nos permite ejercitar nuestra mente y prepararla para recibir la Expiación o, lo que es lo mismo, para corregir nuestros errores mentales y nuestras falsas creencias.

En el viaje para adquirir más dominio mental, experimentamos altibajos que poco a poco pulen los pensamientos abocados a satisfacer los hábitos adquiridos bajo el dominio del sistema de pensamiento del ego. Si no desistimos en el propósito de cumplir el plan de salvación que Dios ha dispuesto para nosotros, si nuestra visión egoica es sustituida por la visión crística, llegará un momento, un instante santo, en el que desecharemos el miedo y acogeremos el amor. Ese presente, ese instante, tomaremos el control de nuestras decisiones y contestaremos afirmativamente a la pregunta: "Sí, quiero ver un mundo feliz y en paz".

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 235

LECCIÓN 235 Dios, en Su misericordia, dispone que yo me salve. 1.  Tan sólo necesito contemplar todo aquello que parece herirme, y con abso...