¿Mis
pensamientos son privados?
El
estudio de la lección 18 del Libro de Ejercicios de UCDM nos lleva a reconocer
algo que contradice frontalmente la creencia básica del ego: la idea de que
mis pensamientos solo me afectan a mí.
El
Curso afirma que los pensamientos que dan lugar a lo que percibo no son
neutros, y añade aquí un paso más, sus efectos no se limitan a mi
experiencia individual.
Esto
no significa que “cause” directamente lo que otros viven en el plano físico,
sino que mi manera de ver participa de una mente compartida. Al elegir
una interpretación, estoy eligiendo dentro de una red de significado común.
El
foco no está en lo que veo, sino en cómo veo:
La lección es muy clara al desplazar la atención. No se trata de cambiar objetos. No se trata de analizar situaciones. No se trata de corregir el mundo. Se trata de observar la actitud mental desde la que miro.
Dos
personas pueden ver lo mismo y experimentar efectos completamente distintos. El
Curso nos invita a asumir que la causa no está en el objeto percibido,
sino en la interpretación que la mente hace de él.
La
mente no es un espacio aislado. Uno de los aportes más importantes de esta
lección es la introducción explícita de la idea de que las mentes están
unidas.
Esto significa que no pienso “solo”, no
interpreto “solo” y que no elijo desde un compartimento estanco.
Cada
vez que elijo ver desde el miedo, refuerzo un patrón de pensamiento
compartido.
Cada vez que elijo ver desde el perdón, ofrezco una alternativa a la mente
común.
Por
eso esta lección tiene un alcance que va más allá de lo personal.
La
reflexión que propone el Curso no busca generar culpa, sino responsabilidad
consciente. No se nos dice: “Eres culpable de lo que otros sienten”. Se nos
invita a reconocer: “Mi manera de ver tiene efectos, y no solo en mí”.
Esto
nos saca del victimismo y también de la indiferencia. Nos sitúa en un punto
intermedio muy sano: soy responsable de mi percepción, no culpable de los
efectos.
Al
repetir: “No soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver”,
la mente comienza a soltar la arrogancia del ego, que cree que su
interpretación es irrelevante o inocua.
La lección nos enseña que ver es un acto, interpretar
es una elección, y elegir tiene consecuencias.
Esto
abre de forma natural la puerta al perdón y a la corrección, no por obligación,
sino por coherencia interior.
La
reflexión central de esta lección podría expresarse así: Mi manera de ver no es
privada ni neutra. Al elegir cómo veo, participo en una mente compartida.
Por eso, elegir la paz no es solo un regalo para mí, sino una contribución
silenciosa a todos.
Esta
lección prepara el terreno para comprender que sanar la percepción propia es un
acto de servicio, y que cada cambio interno tiene un eco más amplio de lo que
el ego puede imaginar.
Aplicación
de la Lección 18 a la enfermedad.
«No
soy el único que experimenta los efectos de mi manera de ver.»
La
enfermedad no se vive en aislamiento:
Cuando
aparece la enfermedad, solemos interpretarla como algo estrictamente personal: “mi
cuerpo”, “mi dolor”, “mi problema”.
La
Lección 18 nos invita a ir más profundo y reconocer que la manera en que
interpreto la enfermedad no me afecta solo a mí.
No
porque “contagie” pensamientos, sino porque mi forma de ver participa de una
mente compartida. La enfermedad, tal como es percibida, no es solo una
experiencia física, sino una experiencia de significado.
El
efecto no está solo en el cuerpo:
La
lección no se centra en lo que veo (síntomas, diagnóstico, limitaciones), sino
en cómo lo veo.
- Si veo la
enfermedad como castigo, refuerzo la culpa.
- Si la veo como
amenaza, refuerzo el miedo.
- Si la veo como
pérdida, refuerzo la creencia en la vulnerabilidad.
Cada
una de esas interpretaciones tiene efectos que se extienden más allá del
cuerpo: en mis relaciones, en mi estado emocional, en la atmósfera mental que
comparto con otros.
Ver
la enfermedad desde la separación afecta a todos:
Cuando
interpreto la enfermedad desde la idea de separación —“estoy solo en esto”,
“mi cuerpo me ha fallado”, “algo va mal en mí”—, estoy reforzando un
sistema de pensamiento compartido que ve el cuerpo como identidad y la
fragilidad como verdad.
Ese modo de ver: normaliza el miedo, valida la
culpa y refuerza la idea de ataque o castigo.
La
Lección 18 nos hace conscientes de que esa forma de ver no es neutra, aunque
parezca privada.
Cambiar
la manera de ver es una forma de sanar compartida:
Aplicar
la lección no significa negar síntomas ni forzar una visión espiritual, sino asumir
responsabilidad por la interpretación.
Cuando elijo ver la enfermedad sin culpa, sin
condena, sin convertirla en identidad, estoy ofreciendo a la mente compartida una
alternativa al miedo.
Este
cambio no siempre produce efectos inmediatos en el cuerpo, pero sí produce un
efecto real en la mente, que es donde el Curso sitúa la causa.
Una
práctica concreta:
Ante
cualquier síntoma o diagnóstico, la aplicación de la lección puede ser tan
simple como esto: “No soy el único que experimenta los efectos de mi manera
de ver esta enfermedad.”
Y
añadir internamente, si surge: “Elijo ver esto de otra manera.”
No
para cambiar el cuerpo, sino para no reforzar el miedo como significado.
Conclusión
final:
Aplicada
a la enfermedad, la Lección 18 nos enseña que:
Mi
manera de ver el cuerpo no es privada. Al elegir miedo o paz en la
interpretación, contribuyo a una mente compartida.
Elegir
paz, incluso en la enfermedad, es una forma silenciosa de sanación para todos.
Esta
lección no nos hace responsables del síntoma, pero sí nos devuelve el poder
sobre el significado que le damos.
Y
en Un Curso de Milagros, cambiar el significado es el primer paso real hacia la
sanación.

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