Si el pensamiento es la
causa de todo acto, ¿cuál es la causa del pensamiento?
Desde la enseñanza de Un
Curso de Milagros, el pensamiento no es la causa primera, aunque
dentro del mundo de la percepción parezca serlo. El Curso introduce una
distinción fundamental entre nivel de causa real y nivel de efecto
ilusorio, y sitúa el pensamiento en un punto intermedio.
El pensamiento es causa de
los actos y de la experiencia, pero es efecto de una elección más profunda.
El pensamiento no se
origina a sí mismo:
El Curso enseña que los pensamientos que normalmente reconocemos como “nuestros” no son pensamientos reales, sino productos de una mente que se ha identificado con una idea falsa de sí misma. Por eso afirma —de manera no literal, pero doctrinalmente consistente— que los pensamientos que creemos pensar no son nuestros pensamientos verdaderos.
Esto implica que:
- el pensamiento no es autónomo,
- no surge de la nada,
- no se causa a sí mismo.
Antes de todo pensamiento
hay una decisión.
La causa del pensamiento
es una elección de identidad:
Según el Curso, la mente
posee un único poder real: elegir. Elegir no significa decidir
conductas, sino elegir con qué sistema de pensamiento se va a identificar.
Dicho de otro modo, antes
de pensar, la mente ya ha decidido:
- pensar con el ego (mente errada),
- o pensar con el Espíritu Santo (mente
recta).
El pensamiento es siempre
el efecto coherente con esa elección previa.
Por eso el Curso no
propone cambiar pensamientos directamente, sino elegir de nuevo cuando
no hay paz.
Dos posibles causas del
pensamiento:
a) Cuando la causa es Dios.
Cuando la mente se alinea
con su Fuente, los pensamientos que surgen:
- no generan conflicto,
- no están basados en el miedo,
- no necesitan defensa,
- se experimentan como paz, claridad y
quietud.
Estos no son pensamientos
“creados” por el individuo, sino pensamientos compartidos, que
permanecen en su Fuente. El Curso enseña que los pensamientos reales no
abandonan la mente que los piensa, porque no están separados de su origen.
Aquí el pensamiento extiende
la verdad; no fabrica nada nuevo.
Cuando la causa es la
creencia en la separación:
Cuando la mente se
identifica con la idea de estar separada de Dios, surge lo que el Curso llama
el ego. Desde esa identificación aparecen pensamientos de miedo, juicio, culpa
y ataque.
El Curso es muy radical en
este punto: una mente que se cree separada no puede pensar en sentido real.
Lo que produce no son pensamientos verdaderos, sino sustitutos ilusorios
del pensamiento.
Por eso el miedo no tiene
causa real. No procede de Dios ni de la creación, sino de una creencia errónea
aceptada como si fuera verdad.
La causa última del
pensamiento, según el Curso.
Desde la enseñanza global
del Curso, la respuesta es clara: La causa del pensamiento es la elección
del guía interior.
No pensamos primero y
luego elegimos. Elegimos primero y luego pensamos en coherencia con esa
elección.
Por eso, cuando un
pensamiento genera conflicto, el Curso no invita a analizarlo, combatirlo o
cambiarlo, sino a cuestionar la causa de la que procede y permitir una
nueva elección.
Implicación práctica.
Esta enseñanza tiene una
consecuencia muy liberadora:
- No soy culpable de mis pensamientos.
- Tampoco necesito controlarlos.
- Lo único que se me pide es no
insistir en pensar desde una causa que no me da paz.
Cuando la mente deja de
identificarse con el ego y se abre a la guía del Espíritu Santo, los
pensamientos se aquietan de manera natural, no por esfuerzo, sino porque la
causa ha sido corregida.
Conclusión final.
Desde Un Curso de
Milagros, podemos responder así a la pregunta inicial:
·
El pensamiento no es la causa primera.
·
Su causa es la elección de con qué
mente pienso.
·
Cuando pienso desde Dios, el
pensamiento extiende la verdad.
·
Cuando pienso desde la separación, el
pensamiento fabrica ilusiones.
Y esta es la clave del
Curso: no se trata de mejorar los pensamientos, sino de recordar la Fuente
de la que proceden.

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