jueves, 29 de enero de 2026

Si en aquello que ves no encuentras a Dios, entonces lo que ves no es real.

La Lección 29 introduce una afirmación que desafía frontalmente la percepción ordinaria del mundo.

Leída superficialmente, esta idea puede parecer peligrosa, insensible o incluso ofensiva cuando se la aplica a experiencias extremas como un atentado o una violación. Por eso es fundamental aclarar desde el inicio qué afirma y qué no afirma Un Curso de Milagros.

Lo que esta lección no dice.

Desde la perspectiva del Curso, esta frase no significa:

  • Que Dios cause el ataque o la violencia.
  • Que el sufrimiento sea “voluntad divina”,
  • Que haya que justificar el mal,
  • Que la víctima no haya sido dañada en el nivel humano.
  • Que no deban tomarse medidas de protección, justicia o cuidado.

Nada de eso pertenece a la enseñanza del Curso. Atribuirle ese sentido sería una distorsión grave.

Para comprender esta lección, hay que recordar una distinción básica del Curso.

  • Nivel de la percepción (el sueño): Aquí aparecen el cuerpo, el mundo, el tiempo, la violencia, el dolor, la injusticia.
  • Nivel de la realidad (el conocimiento): Aquí solo existe Dios, el Amor, la Unidad y el Ser invulnerable.

Cuando la lección afirma que “lo que no contiene a Dios no es real”, no está negando la experiencia humana, sino afirmando que no pertenece al nivel de la Realidad creada por Dios.

Entonces, ¿cómo se aplica esto a un atentado o una violación?

Esta es la pregunta clave.

Desde el punto de vista de UCDM, un atentado o una violación son reales como experiencia en el sueño, pero no son reales como creación de Dios. Son expresiones extremas del sistema de pensamiento del ego: miedo, separación, ataque, culpa y deseo de destrucción.

Por eso, en ese acto no se puede encontrar a Dios: no hay Amor, no hay Unidad, no hay Creación, no hay Voluntad divina.

Y precisamente por eso, no es real en el sentido que el Curso usa la palabra “real”.

¿Dónde está Dios entonces?

Aquí aparece el punto más delicado y más profundo de la lección.

Dios no está en el acto. Dios no está en la violencia. Dios no está en el daño.

Pero Dios sí está en la inocencia esencial de la víctima, en el Ser que no puede ser violado, en la Vida que no puede ser destruida y en la dignidad ontológica que permanece intacta más allá del cuerpo.

Ver a Dios no es mirar el acto, sino mirar más allá de él.

La visión de Cristo no niega el horror, lo trasciende.

Desde la percepción del ego, decir que algo “no es real” equivale a minimizarlo.
Desde la visión de Cristo, decir que algo “no es real” equivale a negarle poder ontológico.

Esto es crucial. Un atentado o una violación tienen efectos devastadores en el plano humano, y el Curso no pide ignorarlos. Pero sí enseña que no definen lo que eres, ni lo que es tu hermano, ni lo que es Dios.

La visión de Cristo mira a la persona afectada y afirma: “Lo que te hicieron no es lo que eres.”

Y mira incluso al agresor y afirma: “Lo que hiciste no es lo que eres.”

Esto no es absolución moral ni ausencia de consecuencias en el mundo. Es una afirmación ontológica: el Ser no puede ser atacado.

¿Qué significa “ver a Dios” aquí, de manera práctica?

Aplicada a una experiencia así, la lección no pide que digas: “Dios estaba en ese acto”.

Eso sería una negación violenta de la experiencia. Lo que invita a reconocer, cuando la mente esté preparada, es algo muy distinto:

  • Dios no fue dañado.
  • El Ser no fue corrompido.
  • La inocencia esencial no se perdió.
  • La Realidad no fue alterada.

Esto no elimina el proceso de duelo, trauma o sanación psicológica.
Pero impide que el ataque se convierta en una condena ontológica permanente.

En UCDM, el perdón no es un acto moral, sino perceptivo.

Perdonar aquí no significa: decir que estuvo bien, reconciliarse externamente, exponerse de nuevo, renunciar a la protección o a la justicia.

Perdonar significa negar que el ataque tenga poder para definir la verdad del Ser.

Es un acto interno, íntimo y muchas veces largo.

El sentido profundo de la Lección 29.

Esta lección no está diseñada para aplicarse desde la mente intelectual, ni mucho menos desde el shock emocional. Está pensada como una orientación final de la visión, no como una exigencia inmediata.

Su función es esta: recordar que Dios no puede encontrarse en lo que ataca, pero sí en lo que permanece intacto más allá del ataque.

Y eso, en situaciones extremas, no es una consigna espiritual, sino una tabla de salvación ontológica.

La Lección 29 no pide que niegues el dolor del mundo. Pide que no lo confundas con la Realidad.

No te invita a buscar a Dios en el horror, sino a no identificar a Dios —ni a ti mismo— con él. Porque si Dios estuviera en la violencia, el Amor no sería real. Y el Curso es tajante en esto:

  • Nada real puede ser amenazado.
  • Nada irreal existe.
  • En esto radica la paz de Dios.

 

¿Cómo acompañar desde UCDM a alguien que ha sufrido una experiencia extrema (atentado, violación, abuso, violencia)?

Acompañar a alguien que ha sufrido una experiencia extrema desde la mirada de Un Curso de Milagros no consiste en enseñar el Curso, sino en no interferir con el Amor.

Este matiz es esencial. El Curso no fue escrito para ser usado como explicación del dolor ajeno, sino como corrección interna de la percepción propia. Cuando se olvida esto, incluso ideas verdaderas pueden causar un daño profundo.

Principio fundamental: El Curso nunca se aplica al otro.

Desde UCDM, toda aplicación es interna. Nunca se le dice a otra persona:

  • “Eso no fue real”
  • “Dios estaba ahí”
  • “Tienes que perdonar”
  • “Tu alma no fue dañada, así que no pasa nada”
  • “Esto es una lección espiritual”

Aunque estas frases puedan parecer “elevadas”, son profundamente invasivas cuando la herida está abierta.

Aplicar el Curso al otro es ego espiritual.

Primer nivel: presencia humana antes que corrección metafísica.

Ante una experiencia como una violación o un atentado, el primer acompañamiento no es espiritual, es humano:

  • Escuchar sin corregir.
  • Creer el relato.
  • Validar el dolor.
  • Respetar los tiempos.
  • No apresurar ningún significado.

Desde UCDM, esto no contradice la verdad espiritual. Al contrario: el Amor siempre se expresa primero como presencia, no como concepto.

El Curso jamás pide que se niegue el nivel humano mientras se esté viviendo en él.

¿Qué SÍ puedes ofrecer desde UCDM (sin decirlo)?

Acompañar desde el Curso no significa hablar del Curso, sino encarnar sus efectos:

  • No juzgar.
  • No interpretar.
  • No exigir comprensión.
  • No usar el lenguaje para cerrar el proceso.
  • No convertir el dolor en “error espiritual”.

Cuando haces esto, ya estás permitiendo que actúe el Espíritu Santo, aunque no lo nombres.

El gran peligro: el perdón mal entendido.

Uno de los mayores riesgos es introducir el perdón antes de tiempo.

En UCDM, el perdón no es una obligación, no es una meta moral, no es una exigencia temporal.

Forzar el perdón equivale a decir: “Tu dolor me incomoda.” Eso no es Amor.

El Curso enseña que el perdón es un resultado natural cuando la mente está lista, no una tarea impuesta desde fuera.

¿Entonces cuándo entra la visión del Curso?

Solo si la persona la pide, explícita o implícitamente.

Y aun así, entra muy despacio, como una posibilidad, nunca como una corrección.

Por ejemplo, no se dice: “Eso no te definió.”

Pero quizá, con el tiempo, se puede sostener silenciosamente: “Lo que eres es más que lo que te ocurrió.”

No como afirmación doctrinal, sino como espacio interno que se ofrece.

El lugar correcto de la afirmación “Nada real fue dañado”.

Esta idea central de UCDM nunca se dice al inicio. Primero debe ser sentida, no entendida.

Y cuando aparece —si aparece—, no suele hacerlo como frase, sino como experiencia íntima:

  • Un momento de descanso,
  • Una sensación de no estar rota del todo,
  • Una intuición de continuidad,
  • Una paz breve que no se explica.

Eso no se induce. Se permite.

¿Cómo mirar tú, internamente, sin proyectarlo?

Aquí sí entra plenamente el Curso: en tu mente.

Mientras acompañas, puedes trabajar internamente con ideas como:

  • “No sé qué es lo mejor para esta persona.”
  • “No voy a usar esto para sentirme espiritualmente superior.”
  • “Permito que el Espíritu Santo me muestre cómo estar presente.”
  • “No necesito entender para amar.”

Esta es la verdadera práctica.

Sobre la justicia, la protección y los límites.

UCDM no se opone a la justicia humana, la denuncia, la protección, la terapia, los límites firmes o la separación física del agresor.

Confundir espiritualidad con pasividad es un error del ego.

La visión de Cristo no elimina la acción clara; elimina el odio como motivación.

Señal de que estás acompañando desde el Amor.

No es que la persona “entienda algo espiritual”. Es algo mucho más simple: se siente menos sola, no se siente juzgada, no se siente presionada a sanar, ni se siente culpable por no estar bien.

Si eso ocurre, el Curso está actuando, aunque no se nombre.

Acompañar desde UCDM una experiencia extrema no consiste en ver más allá del dolor, sino en no usar la verdad para escapar de él.

La visión verdadera no invade, no acelera, no exige, no corrige al otro. Solo sostiene.

Y cuando el Amor sostiene sin condiciones, la mente herida —a su tiempo— empieza a recordar que es más que su herida. Eso no es doctrina. Eso es milagro.

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