La Lección 29 introduce una afirmación que desafía frontalmente la percepción ordinaria del mundo.
Leída
superficialmente, esta idea puede parecer peligrosa, insensible o incluso
ofensiva cuando se la aplica a experiencias extremas como un atentado o una
violación. Por eso es fundamental aclarar desde el inicio qué afirma y qué no
afirma Un Curso de Milagros.
Lo que esta
lección no dice.
- Que Dios cause el ataque o
la violencia.
- Que el sufrimiento sea
“voluntad divina”,
- Que haya que justificar el
mal,
- Que la víctima no haya
sido dañada en el nivel humano.
- Que no deban tomarse
medidas de protección, justicia o cuidado.
Para
comprender esta lección, hay que recordar una distinción básica del Curso.
- Nivel de la percepción (el
sueño): Aquí aparecen el cuerpo, el mundo, el tiempo, la violencia, el
dolor, la injusticia.
- Nivel de la realidad (el
conocimiento): Aquí solo existe Dios, el Amor, la Unidad y el Ser
invulnerable.
Cuando la
lección afirma que “lo que no contiene a Dios no es real”, no está
negando la experiencia humana, sino afirmando que no pertenece al nivel de la
Realidad creada por Dios.
Entonces,
¿cómo se aplica esto a un atentado o una violación?
Esta es la pregunta clave.
Desde el punto
de vista de UCDM, un atentado o una violación son reales como experiencia en el
sueño, pero no son reales como creación de Dios. Son expresiones extremas del
sistema de pensamiento del ego: miedo, separación, ataque, culpa y deseo de
destrucción.
Por eso, en
ese acto no se puede encontrar a Dios: no hay Amor, no hay Unidad, no hay
Creación, no hay Voluntad divina.
Y precisamente
por eso, no es real en el sentido que el Curso usa la palabra “real”.
¿Dónde está
Dios entonces?
Aquí aparece el punto más delicado
y más profundo de la lección.
Dios no está en el acto. Dios no
está en la violencia. Dios no está en el daño.
Pero Dios sí
está en la inocencia esencial de la víctima, en el Ser que no puede ser
violado, en la Vida que no puede ser destruida y en la dignidad ontológica que
permanece intacta más allá del cuerpo.
Ver a Dios no es mirar el acto,
sino mirar más allá de él.
La visión de
Cristo no niega el horror, lo trasciende.
Desde la
percepción del ego, decir que algo “no es real” equivale a minimizarlo.
Desde la visión de Cristo, decir que algo “no es real” equivale a negarle poder
ontológico.
Esto es
crucial. Un atentado o una violación tienen efectos devastadores en el plano
humano, y el Curso no pide ignorarlos. Pero sí enseña que no definen lo que
eres, ni lo que es tu hermano, ni lo que es Dios.
La visión de
Cristo mira a la persona afectada y afirma: “Lo que te hicieron no es lo que
eres.”
Y mira incluso
al agresor y afirma: “Lo que hiciste no es lo que eres.”
Esto no es
absolución moral ni ausencia de consecuencias en el mundo. Es una afirmación
ontológica: el Ser no puede ser atacado.
¿Qué significa
“ver a Dios” aquí, de manera práctica?
Aplicada a una
experiencia así, la lección no pide que digas: “Dios estaba en ese acto”.
Eso sería una
negación violenta de la experiencia. Lo que invita a reconocer, cuando la mente
esté preparada, es algo muy distinto:
- Dios no fue dañado.
- El Ser no fue corrompido.
- La inocencia esencial no
se perdió.
- La Realidad no fue
alterada.
Esto no
elimina el proceso de duelo, trauma o sanación psicológica.
Pero impide que el ataque se convierta en una condena ontológica permanente.
En UCDM, el
perdón no es un acto moral, sino perceptivo.
Perdonar aquí no
significa: decir que estuvo bien, reconciliarse externamente, exponerse de
nuevo, renunciar a la protección o a la justicia.
Perdonar
significa negar que el ataque tenga poder para definir la verdad del Ser.
Es un acto
interno, íntimo y muchas veces largo.
El sentido
profundo de la Lección 29.
Esta lección
no está diseñada para aplicarse desde la mente intelectual, ni mucho menos
desde el shock emocional. Está pensada como una orientación final de la visión,
no como una exigencia inmediata.
Su función es
esta: recordar que Dios no puede encontrarse en lo que ataca, pero sí en lo que
permanece intacto más allá del ataque.
Y eso, en
situaciones extremas, no es una consigna espiritual, sino una tabla de
salvación ontológica.
La Lección 29 no pide que niegues
el dolor del mundo. Pide que no lo confundas con la Realidad.
No te invita a buscar a Dios en el horror, sino a no identificar a Dios —ni a ti mismo— con él. Porque si Dios estuviera en la violencia, el Amor no sería real. Y el Curso es tajante en esto:
- Nada real puede ser amenazado.
- Nada irreal existe.
- En esto radica la paz de Dios.
¿Cómo acompañar desde UCDM a alguien que ha sufrido
una experiencia extrema (atentado, violación, abuso, violencia)?
Acompañar a
alguien que ha sufrido una experiencia extrema desde la mirada de Un Curso de
Milagros no consiste en enseñar el Curso, sino en no interferir con el Amor.
Este matiz es
esencial. El Curso no fue escrito para ser usado como explicación del dolor
ajeno, sino como corrección interna de la percepción propia. Cuando se olvida
esto, incluso ideas verdaderas pueden causar un daño profundo.
Principio
fundamental: El Curso nunca se aplica al otro.
Desde UCDM, toda
aplicación es interna. Nunca se le dice a otra persona:
- “Eso no fue real”
- “Dios estaba ahí”
- “Tienes que perdonar”
- “Tu alma no fue dañada,
así que no pasa nada”
- “Esto es una lección
espiritual”
Aunque estas
frases puedan parecer “elevadas”, son profundamente invasivas cuando la herida
está abierta.
Aplicar el
Curso al otro es ego espiritual.
Primer nivel:
presencia humana antes que corrección metafísica.
Ante una
experiencia como una violación o un atentado, el primer acompañamiento no es
espiritual, es humano:
- Escuchar sin corregir.
- Creer el relato.
- Validar el dolor.
- Respetar los tiempos.
- No apresurar ningún
significado.
Desde UCDM,
esto no contradice la verdad espiritual. Al contrario: el Amor siempre se expresa primero como presencia, no como concepto.
El Curso jamás
pide que se niegue el nivel humano mientras se esté viviendo en él.
¿Qué SÍ puedes
ofrecer desde UCDM (sin decirlo)?
Acompañar
desde el Curso no significa hablar del Curso, sino encarnar sus efectos:
- No juzgar.
- No interpretar.
- No exigir comprensión.
- No usar el lenguaje para
cerrar el proceso.
- No convertir el dolor en
“error espiritual”.
Cuando haces
esto, ya estás permitiendo que actúe el Espíritu Santo, aunque no lo nombres.
El gran
peligro: el perdón mal entendido.
Uno de los
mayores riesgos es introducir el perdón antes de tiempo.
En UCDM, el
perdón no es una obligación, no es una meta moral, no es una exigencia
temporal.
Forzar el
perdón equivale a decir: “Tu dolor me incomoda.” Eso no es Amor.
El Curso
enseña que el perdón es un resultado natural cuando la mente está lista, no una
tarea impuesta desde fuera.
¿Entonces
cuándo entra la visión del Curso?
Solo si la
persona la pide, explícita o implícitamente.
Y aun así,
entra muy despacio, como una posibilidad, nunca como una corrección.
Por ejemplo,
no se dice: “Eso no te definió.”
Pero quizá,
con el tiempo, se puede sostener silenciosamente: “Lo que eres es más que lo
que te ocurrió.”
No como
afirmación doctrinal, sino como espacio interno que se ofrece.
El lugar
correcto de la afirmación “Nada real fue dañado”.
Esta idea
central de UCDM nunca se dice al inicio. Primero debe ser sentida, no
entendida.
Y cuando
aparece —si aparece—, no suele hacerlo como frase, sino como experiencia íntima:
- Un momento de descanso,
- Una sensación de no estar
rota del todo,
- Una intuición de
continuidad,
- Una paz breve que no se
explica.
Eso no se
induce. Se permite.
¿Cómo mirar
tú, internamente, sin proyectarlo?
Aquí sí entra
plenamente el Curso: en tu mente.
Mientras
acompañas, puedes trabajar internamente con ideas como:
- “No sé qué es lo mejor
para esta persona.”
- “No voy a usar esto para
sentirme espiritualmente superior.”
- “Permito que el Espíritu
Santo me muestre cómo estar presente.”
- “No necesito entender para
amar.”
Esta es la
verdadera práctica.
Sobre la
justicia, la protección y los límites.
UCDM no se opone a la justicia humana, la denuncia, la protección, la terapia, los límites firmes o la separación física del agresor.
Confundir
espiritualidad con pasividad es un error del ego.
La visión de
Cristo no elimina la acción clara; elimina el odio como motivación.
Señal de que
estás acompañando desde el Amor.
No es que la persona “entienda algo espiritual”. Es algo mucho más simple: se siente menos sola, no se siente juzgada, no se siente presionada a sanar, ni se siente culpable por no estar bien.
Si eso ocurre,
el Curso está actuando, aunque no se nombre.
Acompañar
desde UCDM una experiencia extrema no consiste en ver más allá del dolor, sino
en no usar la verdad para escapar de él.
La visión
verdadera no invade, no acelera, no exige, no corrige al otro. Solo sostiene.
Y cuando el Amor sostiene sin condiciones, la mente herida —a su tiempo— empieza a recordar que es más que su herida. Eso no es doctrina. Eso es milagro.

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