2. Inicia las sesiones de práctica repitiendo la idea en tu interior. 2Luego cierra los ojos y busca con minuciosidad en tu mente aquellas situaciones pasadas, presentes o previstas que susciten ira en ti. 3La ira puede manifestarse en cualquier clase de reacción, desde una ligera irritación hasta la furia más desenfrenada. 4El grado de intensidad de la emoción experimentada es irrelevante. 5Te irás dando cuenta cada vez más de que una leve punzada de molestia no es otra cosa que un velo que cubre una intensa furia.¿Qué me enseña esta lección?
Esta lección nos conduce a un reconocimiento esencial: ver al otro es siempre vernos a nosotros mismos. Cuando proyecto mi manera de interpretar el mundo sobre mi hermano y lo juzgo de forma condenatoria, no estoy describiéndolo a él, sino poniendo de manifiesto el sistema de pensamiento desde el que yo mismo estoy mirando. El juicio que parece dirigirse hacia fuera es, en realidad, un reflejo de una creencia que habita en mi propia mente.
Nada de lo que no creo puede aparecer en mi percepción. Aquello que veo está determinado por lo que he decidido creer, y lo que creo está íntimamente ligado a lo que deseo ver. Así, la percepción no es un proceso pasivo, sino una selección activa guiada por deseos, miedos y expectativas. Desde ese filtro interno interpreto las situaciones y respondo a ellas, creyendo que reacciono ante algo externo cuando, en realidad, estoy respondiendo a mi propia interpretación.
He sido testigo de una experiencia dolorosa marcada por el reproche y la acusación. Mientras mi acompañante proyectaba su ira sobre otra persona, a quien percibía como injusta, yo no podía compartir esa misma apreciación. Al observarlo, comprendí que la diferencia no estaba en la situación, sino en la interpretación interna. Yo no me sentí atacado por la idea de injusticia porque esa creencia no estaba activa en mi mente en ese momento. Mi acompañante, en cambio, sí la experimentó como real, no porque el otro fuera objetivamente injusto, sino porque esa dureza estaba dirigida previamente hacia sí misma.
El Curso nos invita a un cambio profundo de percepción: aprender a ver de otra manera. Este cambio no se logra por esfuerzo moral, sino por la aceptación de una verdad fundamental: no estamos separados. Cuando esta certeza comienza a arraigar en la mente, el ataque pierde sentido, pues atacar a un hermano sería reconocerse atacando a uno mismo. La agresión deja de justificarse cuando la unidad es reconocida, aunque aún no sea plenamente comprendida.
A veces se recurre a analogías corporales para ilustrar esta idea, pero el Curso es claro al respecto: el cuerpo no es causa de nada. El cuerpo, incluido su aparente estado de armonía o desarmonía, es un efecto de la mente. No tiene poder para crear salud ni enfermedad, pues responde a la interpretación que la mente hace de sí misma. El cuerpo no se gobierna a sí mismo; sigue las instrucciones del pensamiento que lo utiliza como medio de expresión.
La mente, cuando se cree separada de su Fuente y se identifica con el ego, interpreta esa separación como conflicto. Ese conflicto se experimenta luego en forma de desorden, ataque o enfermedad, no porque el cuerpo tenga iniciativa propia, sino porque la mente ha aceptado una creencia falsa acerca de sí misma. Cuando la mente no escucha la guía del Espíritu Santo y pretende funcionar de manera independiente, la percepción resultante es incoherente, y esa incoherencia parece reflejarse en la experiencia corporal.
La enfermedad se percibe como real porque constituye uno de los pilares del sistema de pensamiento del ego. El ego necesita pruebas constantes de vulnerabilidad para sostener la creencia en la separación. Tal como señala el Curso:
“El cuerpo no puede crear, y la creencia de que puede —error básico— da lugar a todos los síntomas físicos.” (T-2.IV.2:6)
La corrección no consiste en luchar contra el cuerpo ni en analizar sus síntomas, sino en retirar la creencia en su poder y devolver la causa a donde realmente se encuentra: la mente. Al hacerlo, el cuerpo queda libre de una carga que nunca le correspondió, y la mente se abre nuevamente a la paz que proviene del reconocimiento de la unidad.
Propósito y
sentido de la lección:
Instrucciones prácticas:
- Realiza cinco sesiones de práctica de un minuto cada una a lo largo
del día (o las que puedas, con honestidad).
- En cada sesión:
- Repite mentalmente: “Estoy decidido a ver las cosas de otra manera”.
- Cierra los ojos y busca en tu mente situaciones, personas o
características que te hayan provocado ira, irritación o molestia, sin
importar la intensidad.
- No descartes pensamientos de ira “insignificantes”. Observa incluso
las pequeñas molestias.
- Para cada situación o persona, repite:
- “Estoy decidido a ver a _____ de otra manera.”
- “Estoy decidido a ver _____ de otra manera.”
- Si es una característica: “Estoy decidido a ver [característica] de
[persona] de otra manera.”
- Sé específico y honesto contigo mismo. No te juzgues por lo que
encuentres.
- Si surgen resistencias, obsérvalas sin juicio y continúa con la
práctica.
- Puedes escribir tus observaciones para profundizar en tu
autoconocimiento.
Consejo:
Si te resulta difícil identificar pensamientos de ira, observa cualquier
incomodidad, molestia, impaciencia o juicio, por pequeño que sea. Recuerda que
el objetivo no es reprimir ni negar lo que sientes, sino reconocerlo y estar
dispuesto a verlo de otra manera.
Aspectos
psicológicos y espirituales:
Psicológicamente, esta lección te ayuda a desenmascarar los mecanismos del ego que
justifican el ataque y la separación. Te muestra que la ira, aunque sea leve,
esconde una percepción distorsionada y que puedes elegir ver de otra manera. Es
un ejercicio de honestidad interior y de autoindagación: ¿qué me molesta
realmente? ¿Por qué me irrita esto? ¿Qué hay detrás de mi reacción?
Espiritualmente, la lección
te abre a la posibilidad de ver con los “ojos de Cristo” o con una visión más
compasiva y amorosa. Es un paso hacia el perdón auténtico y la sanación de las
relaciones. Te ayuda a soltar el papel de víctima y a empoderarte para elegir
la paz. Es un entrenamiento para ver más allá de las apariencias y conectar con
la verdad profunda de cada ser y situación.
Relación con
el resto del Curso:
La Lección 21 es un pilar clave en el proceso de
deshacer el sistema de pensamiento del ego. Marca el inicio de la verdadera
responsabilidad: ya no eres víctima de las circunstancias, sino el creador de
tu experiencia a través de tu percepción. Esta lección prepara el terreno para
el perdón, que es el núcleo de Un Curso de Milagros. Se conecta con ideas como
“No soy víctima del mundo que veo” y “Puedo elegir la paz en lugar de esto”. A
medida que avances en el Curso, verás que esta disposición a ver de otra manera
es la base de toda transformación interior.
Consejos para
la práctica:
- No te exijas perfección ni te juzgues si surgen resistencias o si
olvidas practicar.
- Si te cuesta identificar pensamientos de ira, observa cualquier
incomodidad, molestia o impaciencia, por pequeña que sea.
- Recuerda que el objetivo no es reprimir ni negar lo que sientes, sino
reconocerlo y estar dispuesto a verlo de otra manera.
- Si te resulta difícil ser específico, simplemente hazlo lo mejor que
puedas; la intención es lo que cuenta.
- Si te olvidas de practicar, no te castigues; simplemente retoma cuando
lo recuerdes.
- Puedes escribir tus observaciones o experiencias para profundizar en
tu autoconocimiento.
- Sé paciente contigo mismo: el cambio de percepción es un proceso, no
un evento instantáneo.
Conclusión
final:
La Lección 21 es una puerta hacia la libertad
interior. Cada vez que eliges ver de otra manera, aunque sea por un instante,
das un paso hacia la paz y el amor que realmente eres. No se trata de negar la
realidad, sino de abrirte a una percepción más amplia y compasiva. Confía en el
proceso, sé amable contigo mismo y recuerda que cada pequeño cambio en tu
percepción es un milagro en sí mismo. Elige de nuevo, una y otra vez, y
descubrirás que la paz está siempre disponible para ti.
Ejemplo-Guía: "Mi cuerpo está enfermo".
Aplicar la lección a este ejemplo nos conduce, en primer lugar, a revisar la propia formulación del problema. Si elijo ver las cosas de otra manera, debo empezar por cuestionar la interpretación que hago del cuerpo. Al afirmar “mi cuerpo está enfermo”, estoy atribuyéndole al cuerpo una capacidad que no posee, pues según Un Curso de Milagros, el cuerpo no puede crear ni ser causa de nada. El cuerpo no enferma por sí mismo; sólo da testimonio de una decisión tomada en la mente.Este cambio de visión abre la puerta a una comprensión más profunda: la causa de lo que parece manifestarse en el cuerpo debe buscarse siempre en la mente. Lo que los ojos perciben como enfermedad no es más que un efecto, una representación externa de una creencia interna. Así, la aplicación de la lección no consiste en negar lo que se percibe, sino en negarle poder causal y devolver la responsabilidad a la mente, que es donde realmente reside.
Al dirigir la mirada hacia la mente, descubrimos que la raíz de todo conflicto físico es siempre la misma: la aceptación del sistema de pensamiento del ego, que se basa en la creencia en la separación. Creer que estamos separados de Dios implica asumir una identidad aislada, vulnerable y finita. De esta creencia surge el miedo, que es la emoción central del ego y la aparente antítesis del Amor.
El miedo se experimenta como omnipresente porque la mente que se cree separada se percibe a sí misma como desprotegida. Del mismo modo que un niño se siente inseguro cuando cree haber perdido la protección de sus padres, la mente que cree haberse apartado de Dios se siente culpable y teme castigo. Esta culpa no procede de Dios, sino de la proyección que el ego hace sobre Él, atribuyéndole una voluntad punitiva que jamás ha existido.
El Curso enseña que la idea de una “caída”, de un castigo o de una expulsión del Paraíso es un mito del ego, no un hecho real. La separación nunca ocurrió. El Hijo de Dios jamás abandonó su Hogar ni perdió la protección de su Padre. El “Edén” no se perdió; simplemente fue olvidado en el sueño de la separación.
Dentro de ese sueño, la mente eligió la percepción como medio de aprendizaje, y mientras siga identificándose con el deseo de separación, percibirá estados de conflicto y desarmonía. Esa desarmonía puede parecer manifestarse como enfermedad, pero no porque el cuerpo sea culpable, sino porque la mente está confundida acerca de su propia identidad.
Desde esta nueva percepción, la enfermedad deja de interpretarse como un castigo o como algo “malo” en sí mismo. Tampoco se la glorifica ni se le atribuye un propósito divino. Simplemente se reconoce que carece de significado real, salvo el que el ego le asigna para reforzar su narrativa de culpa y vulnerabilidad. La enfermedad no es verdad, pero puede convertirse en una oportunidad para elegir de nuevo, es decir, para permitir que la percepción sea corregida.
El Curso nos advierte de no utilizar este proceso para buscar culpables. Escudriñar la mente no significa buscar una “causa-culpa” que justifique el sufrimiento. Hacerlo sólo reforzaría el sistema del ego y nos llevaría al auto-castigo. La corrección no se logra mediante la culpa, sino mediante el perdón, que deshace la creencia en el error sin condenarlo.
Este proceso nos conduce, no a “pagar” por lo que creemos haber hecho mal, sino a lo que el Curso describe como un renacer en la percepción: ver las cosas de otra manera. Ver desde la verdad implica reconocer que somos Seres de Luz, inocentes e intactos, y que nada real puede ser dañado. Nada de lo que creemos haber hecho ha alterado lo que somos en verdad.
Desde esta comprensión, no se nos pide “hacer” nada para sanar, sino dejar de creer en lo que nunca fue verdad. Nuestra función no es repararnos, sino expresar lo que somos, extender Amor, compartir nuestros dones y permitir que la mente descanse en la certeza de su Inocencia.
Nuestra esencia es Amor.
No tenemos que conquistarla, sólo recordarla y vivirla.
Reflexión: Si lo que percibes es el efecto de lo que deseas, ¿qué debes hacer para cambiar tu percepción de dolor, de infelicidad, etc.?


Buenos dias,como o cúales ejercicios puedo realizar para mejorar mi aprendizaje? Bendecido día.
ResponderEliminarCuando procrastinas, duele màs durante el proceso que en el resultado.( que vas a obtener)
EliminarGracias sssss😍😍
ResponderEliminarbuen día seguro que mas aprenderemos como salir del dolor.....practicare a ciegas,para salir...del dolor y la herida gracias....
ResponderEliminarAquello que hagas, hazlo con consciencia.
ResponderEliminarJuan José,
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarSomos Amor,Somos Uno,Somos Hermanos Impecables y Santos unidos a Nuestro Padre por el vínculo del Amor🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
ResponderEliminarSoy Amor,Un Ser Omnipotente y,Impecable y Eterno,Instrumento y Canal de mi Padre en la Tierra🙏🙏🙏🙏🙏🙏🤍🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙💙✨✨✨✨✨✨
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