2. Padre, Te ofrezco este día. 2Es un día en el que no haré nada por mi cuenta, sino que tan sólo oiré Tu Voz en todo lo que haga. Y así, Te pediré únicamente lo que Tú me ofreces y aceptaré únicamente los Pensamientos que Tú compartes conmigo.
¿Qué me enseña esta lección?
Esta lección me enseña que siempre recibo lo que pido, pero que antes debo mirar con honestidad desde dónde estoy pidiendo y qué creo realmente que deseo. Pedir desde el ego no es lo mismo que pedir desde el Espíritu Santo. Una petición nacida del miedo busca completar una carencia. Una petición nacida del Amor reconoce una plenitud que desea extenderse.
La Lección 339 se titula: “Se me concederá todo lo que pida”. Esta afirmación puede ser malinterpretada si la llevamos al terreno del deseo personal, como si Dios estuviera al servicio de las necesidades del ego. Pero el Curso va mucho más hondo. Nos recuerda que “nadie desea el dolor”, aunque puede creer que el dolor es placer; y que nadie quiere eludir su felicidad, aunque puede creer que la dicha es algo doloroso, amenazante y peligroso (L-pII.339.1:1-4).
Ahí está la raíz de nuestra confusión.
No es que Dios no nos conceda lo que pedimos. Es que, muchas veces, no sabemos lo que estamos pidiendo. Creemos pedir felicidad, pero desde una mente que aún valora el miedo. Creemos pedir amor, pero lo confundimos con posesión, dependencia o especialismo. Creemos pedir abundancia, pero lo hacemos desde la sensación de escasez. Creemos pedir paz, pero todavía queremos tener razón, controlar, defendernos o conservar algún juicio.
La lección afirma: “No hay nadie que no haya de recibir lo que pida” (L-pII.339.1:5). Pero añade inmediatamente que podemos estar confundidos con respecto a lo que queremos y al estado que deseamos alcanzar (L-pII.339.1:6). Esta precisión es fundamental. La mente recibe de acuerdo con aquello que verdaderamente valora. Si valoro la separación, recibiré testigos de separación. Si valoro la culpa, veré motivos para culpar. Si valoro el miedo, encontraré amenazas. Si valoro el Amor, comenzaré a reconocer su presencia en todas partes.
Podemos pedir desde la visión separatista del ego, marcada por el miedo, el ataque y la necesidad. Desde ahí, pedimos como si estuviéramos expulsados del Hogar, como si nos faltara lo esencial, como si tuviéramos que ganarnos con esfuerzo aquello que Dios ya nos dio. Pedimos felicidad, olvidando que la dicha de Dios mora en nosotros. Pedimos amor, olvidando que el Amor es lo que somos. Pedimos abundancia, olvidando que la plenitud pertenece a nuestra verdadera Identidad.
Pero cuando pedimos desde la carencia, reforzamos la creencia de que carecemos.
Y cuando pedimos desde el miedo, reforzamos la idea de que algo externo debe salvarnos.
Esto no significa que no podamos pedir ayuda en asuntos concretos. Mientras vivimos en el mundo, hay necesidades prácticas, situaciones económicas, decisiones, enfermedades, relaciones y dificultades que parecen requerir respuesta. El Curso no nos pide negar la experiencia humana. Pero sí nos invita a no olvidar dónde está la verdadera causa de nuestra paz. No se trata sólo de pedir que cambie la forma, sino de pedir una nueva percepción.
Si atravieso una situación económica difícil, puedo pedir recursos, orientación y ayuda. Pero, sobre todo, puedo pedir luz para ver sin miedo. Puedo pedir que se deshagan mis pensamientos de escasez. Puedo pedir reconocer la abundancia de Dios en mi mente, para actuar desde la confianza y no desde la desesperación. Entonces la petición deja de ser una súplica nacida de la carencia y se convierte en una apertura a la guía.
La forma podrá cambiar o no según convenga al aprendizaje del perdón, pero mi mente habrá dejado de estar gobernada por el miedo.
Éste es el verdadero milagro.
El milagro no consiste necesariamente en que el mundo satisfaga mis deseos personales, sino en que mi mente deje de confundir el miedo con el amor, el dolor con la alegría y la escasez con la verdad. Por eso la lección pregunta: “¿Qué podría pedir, pues, que al recibirlo aún lo siguiese deseando?” (L-pII.339.1:7). Porque muchas veces hemos pedido cosas que, al obtenerlas, no nos dieron paz. Pedimos desde una mente equivocada y luego descubrimos que aquello no era lo que realmente deseábamos.
El ego pide para conservarse.
El Espíritu Santo pide para recordar.
El ego pide formas.
El Espíritu Santo pide verdad.
El ego pide desde la necesidad.
El Espíritu Santo pide desde la certeza de que Dios ya nos ofrece todo lo real.
La lección nos invita a tomar una decisión: “Resolvamos hoy pedir lo que realmente deseamos, y sólo eso” (L-pII.339.1:9). ¿Y qué deseamos realmente? Paz. Amor. Verdad. Inocencia. Unidad. El recuerdo de Dios. Todo lo demás es símbolo, camino o sustituto. Si pido desde el ego, pediré sustitutos. Si pido desde el Espíritu, pediré únicamente lo que Dios me ofrece.
A medida que tomamos conciencia de nuestra realidad espiritual, cambia nuestra manera de pedir. Sentimos menos necesidad de reclamar y más deseo de extender. Porque entendemos que lo que damos, lo recibimos. Damos felicidad y reconocemos felicidad. Damos alegría y despertamos alegría. Damos amor y recordamos que somos Amor. Damos paz y la paz se afirma en nuestra mente.
No damos para conseguir.
Damos porque hemos recordado.
La oración de la lección expresa esta entrega con una sencillez preciosa: “Padre, Te ofrezco este día. Es un día en el que no haré nada por mi cuenta, sino que tan sólo oiré Tu Voz en todo lo que haga” (L-pII.339.2:1-2). Ésta es la petición correcta: no decidir solo, no pedir desde el miedo, no escuchar al ego. Oír la Voz de Dios en todo lo que haga.
Y añade: “Te pediré únicamente lo que Tú me ofreces y aceptaré únicamente los Pensamientos que Tú compartes conmigo” (L-pII.339.2:3). Aquí termina la confusión. No quiero pedir lo que me asusta. No quiero pedir lo que me ata. No quiero pedir lo que alimenta mi sensación de carencia. Quiero pedir sólo lo que Dios ofrece, porque sólo eso me dará paz.
Hoy pido luz para reconocer lo que realmente deseo. Hoy pido pensamientos de Amor donde antes había escasez. Hoy pido una percepción limpia, una mente guiada y un corazón dispuesto a dar. Hoy no pediré desde el miedo, sino desde la confianza. Y hoy aceptaré únicamente aquello que mi Padre comparte conmigo.
Reflexión: ¿Desde dónde estoy pidiendo hoy: desde la carencia del ego o desde la plenitud del Espíritu? ¿Qué deseo creo necesitar que, en realidad, podría estar reforzando mi miedo? ¿Estoy pidiendo que cambie sólo la forma externa o estoy pidiendo una nueva percepción? ¿Qué pensamientos de escasez necesito entregar para reconocer la abundancia de Dios en mí? ¿Podría ofrecer este día al Padre y pedir únicamente lo que Él me ofrece, aceptando sólo los Pensamientos que comparte conmigo?
SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:
La lección 339 enseña que siempre recibimos lo
que pedimos, por lo que es esencial elegir con sabiduría. Al escuchar la Voz de
Dios y pedir únicamente lo verdadero, nos liberamos del miedo y experimentamos
la paz y la dicha eternas.
Se me concederá todo lo que pida.
PROPÓSITO DE
LA LECCIÓN:
Practicar la idea: “Se me concederá todo lo que
pida”.
Cada repetición fortalece la claridad mental y
nos enseña a elegir el amor en lugar del miedo.
Hoy pido la paz y la verdad.
ASPECTOS
PSICOLÓGICOS:
Esta lección trabaja sobre la confusión
emocional, la búsqueda errónea de la felicidad y la percepción distorsionada
del placer y el dolor.
La mente egoica confunde el sufrimiento con la
satisfacción. Al aplicar esta idea se cultiva la claridad interior, se
fortalecen las decisiones conscientes y se alcanza el equilibrio emocional.
Elijo con sabiduría y amor.
ASPECTOS
ESPIRITUALES:
El Curso enseña que la Voluntad de Dios es
perfecta y que escuchar Su Voz nos conduce a la salvación.
Al pedir únicamente lo que Él nos ofrece,
aceptamos la verdad y recordamos nuestra unión con el Padre.
Pido lo que Dios dispone para mí.
INSTRUCCIONES
PRÁCTICAS:
Hoy, al comenzar el día, recuérdalo: “Se me
concederá todo lo que pida”.
Durante el día, cuando surja la duda, repite:
Permite
que cada pensamiento refleje esta certeza.
Esto no es
renuncia. Es sabiduría.
RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:
La progresión culmina en la comprensión de que
nuestras elecciones determinan nuestra experiencia y de que pedir la Voluntad
de Dios nos conduce a la paz eterna.
CONCLUSIÓN
FINAL:
La lección 339 nos recuerda que siempre recibimos
aquello que pedimos. Al elegir con sabiduría y escuchar la Voz de Dios, dejamos
atrás la confusión y aceptamos la paz, la felicidad y la verdad que nos
pertenecen por derecho divino.
Y en esa certeza… descansamos en la Voluntad del
Amor.
FRASE INSPIRADORA: “Hoy pido la paz de Dios, y en ella recibo todo lo que realmente deseo”.
Ejemplo-Guía: Cuidado con lo que pides, pues se hace realidad.
La advertencia puede parecer una amenaza, pero encierra una enseñanza muy profunda: no se nos concede aquello que decimos querer con palabras, sino aquello que realmente estamos pidiendo desde el propósito que sostiene nuestra mente.
Petición. Deseo. Carencia. Voluntad. Abundancia. No son conceptos separados. Son distintas maneras de señalar una misma enseñanza: la mente siempre recibe de acuerdo con lo que ha elegido valorar como verdadero.
La lección 339 lo expresa con claridad: “Se me concederá todo lo que pida”. Y añade algo decisivo: nadie desea el dolor, pero puede creer que el dolor es placer; nadie quiere eludir su felicidad, pero puede creer que la dicha es algo doloroso, amenazante y peligroso. Por eso se nos invita a pedir únicamente lo que realmente deseamos, para no confundir el dolor con la alegría ni el miedo con el amor.
Esta es la gran confusión del ego. El ego cree que pedir es buscar fuera lo que falta dentro. Pero pedir desde la carencia refuerza precisamente la creencia de que carecemos.
Puedo pedir riqueza creyendo que soy pobre. Puedo pedir amor creyendo que estoy incompleto. Puedo pedir seguridad creyendo que soy vulnerable. Puedo pedir abundancia creyendo que vivo separado de la Fuente. Pero, si miro con honestidad, muchas veces descubro que mi petición no nace de la plenitud, sino del miedo a no tener.
El deseo, puesto al servicio del ego, se convierte en necesidad. Y la necesidad, cuando nace de la separación, siempre busca recibir desde una identidad que se cree privada de algo.
Por eso el ego no pide: reclama. Reclama compensación. Reclama reparación. Reclama garantías. Reclama pruebas de amor. Reclama que Dios intervenga en el sueño como si el sueño fuese real y como si Él fuese responsable de aquello que la mente separada fabricó.Pero Dios no responde reforzando la ilusión. Responde recordándonos la verdad.
Cuando pedimos desde el ego, muchas veces estamos diciendo sin darnos cuenta: “Padre, confirma que este mundo es real. Confirma que soy carente. Confirma que soy víctima. Confirma que necesito algo externo para estar completo”. Y ahí se esconde una carga profunda de culpa y miedo.
El Curso nos enseña que “verás aquello que desees ver”, y que la fe en lo irreal conduce a ajustar la realidad al objetivo de la locura. El objetivo del pecado induce a la percepción de un mundo temible para justificar su propósito.
Aquí se aclara una idea preciosa: no se trata de tener cuidado porque Dios pueda castigarnos concediéndonos mal lo que pedimos. Se trata de reconocer que toda petición revela un propósito. Y el propósito determina la experiencia que creemos recibir.
El ego, en cambio, nos enseña que la abundancia está fuera. Nos dice que, cuando tengamos más, seremos plenos; que, cuando recibamos lo que pedimos, estaremos seguros; que, cuando el mundo responda a nuestro deseo, desaparecerá la carencia. Pero esto es una inversión completa de la verdad.
La carencia no pide abundancia. La niega.
El miedo no pide amor. Lo oculta.
El deseo no crea. Fabrica.
La Voluntad no necesita. Extiende.
Por eso, cuando deseo riqueza desde la sensación de escasez, no estoy sembrando plenitud. Estoy sembrando necesidad. Y la necesidad no puede cosechar paz, porque procede de una mente que se ha definido como incompleta.
Aquí conviene distinguir con mucha claridad: en el Cielo no rige el deseo, sino la Voluntad. La Voluntad crea porque nace de la Unidad. El deseo fabrica porque nace de la separación. La Voluntad extiende lo que es. El deseo busca lo que cree no tener.
Y lo curioso es que pedimos lo que ya somos. Pedimos amor siendo Amor. Pedimos paz teniendo la paz de Dios en nuestra mente. Pedimos abundancia siendo herederos de la plenitud del Padre. Pedimos seguridad siendo sostenidos por una Fuente que nunca se ha retirado.
La verdadera oración comienza cuando dejamos de pedir desde la falta.
La lección 339 nos ofrece una orientación limpia: “Padre, Te ofrezco este día”. No se trata de hacer nada por nuestra cuenta, sino de oír Su Voz en todo lo que hagamos, pedir únicamente lo que Él nos ofrece y aceptar únicamente los Pensamientos que Él comparte con nosotros.
Ésta es nuestra elección práctica. No elegimos entre pedir o no pedir. Elegimos entre pedir desde el ego o pedir desde la mente recta.
La voz del ego nos conduce a una petición de escasez: “dame lo que no tengo”, “protégeme de lo que temo”, “haz que el mundo confirme mi deseo”, “llena mi vacío”. La Voz del Espíritu Santo nos conduce a una petición de verdad: “ayúdame a reconocer lo que ya soy”, “enséñame a no confundir miedo con amor”, “que acepte los Pensamientos que Dios comparte conmigo”.
La abundancia, entonces, se comprende de otra manera. No es una acumulación externa. No es una cantidad. No es una protección contra la pérdida. No es una forma concreta que deba llegar para confirmar nuestro valor.
La abundancia es un estado mental que recuerda su unión con Dios.
Pedir desde la carencia refuerza el sueño. Pedir desde la plenitud despierta la mente.
Desear desde el ego fabrica necesidad. Escuchar la Voluntad extiende paz.
Buscar fuera aumenta el miedo. Compartir lo que somos revela abundancia.
El deseo pertenece al mundo. La Voluntad pertenece a Dios.
Por eso, cuando nos preguntamos qué estamos pidiendo, no se nos invita a asustarnos. Se nos invita a mirar el propósito de nuestra petición. Si pido desde el miedo, no necesito condenarme; necesito reconocer que estoy confundido acerca de lo que quiero. Si pido paz, perdón y visión, puedo agradecer que mi mente empieza a recordar lo que realmente desea.
Hoy puedo elegir de nuevo. Puedo decir: “Padre, no quiero pedir desde la carencia”. Puedo reconocer: “No necesito fabricar abundancia, sino recordar la plenitud que comparto Contigo”. Puedo entregar mis deseos al Espíritu Santo para que sean traducidos al lenguaje de la verdad.
Hoy no llamaré abundancia a lo que nace del miedo. No llamaré necesidad a mi verdadera identidad. No llamaré petición santa al deseo de conservar el sueño.
Hoy pediré únicamente lo que Dios me ofrece. Y al aceptar Sus Pensamientos, recordaré que no me falta nada, que no estoy separado de la Fuente y que todo lo que verdaderamente deseo ya me fue dado en el Amor que soy.


deseo ver este mundo de otra manera.
ResponderEliminarGracias, elijo ver de otra manera, estoy lista y dispuesta a verme como me ve mi Padre, ni carezco de nada por que tengo lo que todo necesito para ser feliz, que me viene dado por la Divinidad. Gracias Padre
ResponderEliminarHe leído con mucha atención estas lecciones y agradezco desde lo más profundo su contenido. Aun persisten en mi algunas interrogantes, por ejemplo: este mundo de las formas es interpretado por mi, yo lo cargo con calificaciones, pero las estrellas y galaxias, también son una ilusión o fue creado por Dios para ser visitado por mi y de esta forma experimentar mi vuelta a casa, en otras palabras ¿el universo es también una ilusión? . Espero que alguien me conteste y me regale su reflección.
ResponderEliminarUn abrazo
Todo lo mundano es ilusorio , sólo el Amor es Real.
EliminarCreemos vivir una experiencia , más seguimos en Él , en Dios Mismo.
Hola Buen día, Que lección tan hermosa.Pido cuando ya lo tengo todo.Gracias Padre por todo.Somos uno🙏❤
ResponderEliminarAsí es.
EliminarTe recomiendo leer el libro EL FIN DEL UNIVERSO de Gary
EliminarQue lección tan hermosa. Gracias ínfinitas
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarMuchas gracias
ResponderEliminarPido poder dar todos los regalos que recibí de mi Padre, dar el amor incondicional, la paz, el sosiego, la dicha, la comprensión, la ternura, la paciencia, la felicidad, la calma... para enriquecerme aún más de todos ellos ����
Gracias Dios,por concederme en Abundancia lo que ya Soy para compartirlo con mis hermanos...Gracias,Gracias,Gracias🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
ResponderEliminarSoy un Ser Abundante,pleno y Inocente ante los ojos de Dios,que comparto con El🤍🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙💙💙✨✨✨✨✨✨✨
ResponderEliminarGracias
ResponderEliminarGracias infinitas, Juan Jose. Amor y brndiciones. ❤❤❤
ResponderEliminarGratitud. 🙏
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