domingo, 31 de agosto de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 243

LECCIÓN 243

Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra.

1. Hoy seré honesto conmigo mismo. 2No pensaré que ya sé lo que no puede sino estar más allá de mi presente entendimiento. 3No pensaré que entiendo la totalidad basándome en unos cuan­tos fragmentos de mi percepción, que es lo único que puedo ver. 4Hoy reconozco esto. 5así quedo eximido de tener que emitir juicios que en realidad no puedo hacer. 6De esta manera, me libero a mí mismo y a todo lo que veo, de modo que pueda estar en paz tal como Dios nos creó.

2. Padre, hoy dejo que la creación sea lo que es. 2Honro todos sus aspec­tos, entre los que me cuento. 3Somos uno porque cada aspecto alberga Tu recuerdo, y la verdad sólo puede derramar su luz sobre todos nosotros cual uno solo.

¿Qué me enseña esta lección?

Me zambullí en el agua. El contacto con mi cuerpo me hizo sentir sensaciones contradictorias. Un tramo del agua me hizo apreciar su frescor y mi piel reaccionó de una manera especial; identifiqué en mi mente esa sensación con el concepto de frío. Sin embargo, al bracear unos metros, ese mismo cuerpo despertó otra sensación bien distinta. La calidez del agua me llevó a sentir un intenso placer; identifiqué en mi mente esa nueva sensación con el concepto de calor.

Me pregunté en ese instante cómo hubiese reaccionado mi mente al no conocer los conceptos frío y calor. Sin darme cuenta, tenía asociado el frío con el malestar, mientras que el calor lo asociaba al placer. Me cuestioné que si tuviese la mente pura como la de un niño recién nacido, ¿qué juicio extraería de aquella experiencia? ¿Cómo reaccionaría ese niño al contacto con el frescor o calidez del agua? ¿Se sentiría molesto con el frío? ¿Se sentiría feliz con el calor?

Tomé conciencia del valor que tiene el juicio. Juzgamos cuando nos dejamos llevar por la percepción. Es la percepción la que nos lleva a interpretar lo que experimentamos. Lo hace basándose en su fuente cognitiva, la dualidad. Es entonces cuando valoramos lo agradable como bueno y lo desagradable como malo. Sin embargo, la percepción es unilateral y muy particular. Lo que es bueno para unos o malo para otros, puede ser valorado de manera diferente. Hemos ido más lejos, y hemos establecido costumbres y hábitos en nuestra cultura, basados en la percepción. A veces son tan firmes, que estamos dispuestos a defenderlas, pese a quien pese.

El sesgo del juicio nos lleva a ser arbitrarios, pues en verdad carecemos de la visión integral de aquello que estamos juzgando. Es más, el juicio que hacemos sobre lo externo es la proyección de lo que vemos en nuestro interior. Juzgamos lo que vemos externamente ante la negatividad de verlo internamente. Esta dinámica nos lleva a condenar en la medida en que nos condenamos a nosotros mismos.

El despertar de la consciencia de la unidad nos libera del hábito del juicio. Esa consciencia nos llevará a implantar la verdad más allá de la percepción y dará lugar a la mente recta.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 243 enseña que:

• La percepción es limitada.
• El juicio se basa en información incompleta.
• No juzgar libera la mente.
• La paz surge al soltar interpretación.
• Todo puede ser visto sin conflicto.

No es indiferencia. Es claridad humilde.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Hoy no juzgaré nada de lo que ocurra.”

Cada repetición reduce la reactividad, disuelve interpretaciones automáticas, abre espacio mental y facilita la paz.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

El juicio es uno de los hábitos más automáticos de la mente.

Se manifiesta como crítica, evaluación constante, etiquetado e interpretación inmediata. Esto genera estrés, conflicto interno y ansiedad.

Al practicar el no juicio disminuye la carga mental, aumenta la claridad, se reduce la tensión emocional y aparece mayor neutralidad.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente la lección afirma que la verdad no necesita juicio, que la percepción puede purificarse, que la unidad se reconoce al soltar interpretaciones y que la paz es el estado natural.

Esto revela algo muy profundo: cuando dejo de juzgar, me acerco a la visión de Cristo.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

  1. Observa cualquier reacción automática.
  2. Cuando surja un juicio, detente.
  3. Di internamente: “No sé lo que esto significa.”
  4. Permite que la situación sea tal como es.
  5. Descansa en la neutralidad.

No necesitas entender. Solo dejar de interpretar.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No reprimir pensamientos.
No forzar indiferencia.
No intentar “vaciar la mente”.

Observar sin engancharse.
Soltar suavemente.
Practicar con paciencia.

El no juicio es apertura, no bloqueo.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa:

  • 241: La salvación ocurre ahora.
  • 242: Entrego el día.
  • 243: Suelto el juicio sobre lo que ocurre.

Esto es clave: ya no interpretas, comienzas a ver sin interferencia.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 243 es una invitación a descansar de una carga constante: la necesidad de interpretar todo.

Durante mucho tiempo, la mente ha intentado comprender, clasificar y juzgar cada experiencia. Pero ese esfuerzo no trae paz. Trae tensión.

Hoy se propone algo distinto: dejar que la vida sea tal como es, sin imponer significado.

Y en ese espacio, algo se abre. La mente se aquieta. Y la paz, que siempre estuvo ahí, se vuelve evidente.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de juzgar, dejo espacio para ver.”



Ejemplo-Guía: "Juzgar o no juzgar".

37No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. (Lucas, 6:37)

1No juzguéis para que no seáis juzgados. (Mateos, 7:1) 

He rescatado estas dos citas del Nuevo Testamento para introducir el tema que vamos a tratar con motivo de la lección de hoy. Ambas citas confirman uno de los mensajes que se repiten a lo largo de las enseñanzas de Un Curso de Milagros: dar es recibir. En la medida en que hacemos uso del juicio, seremos juzgados, es decir, en la medida en que sembramos, cosechamos.

Un Curso de Milagros nos arroja mucha luz sobre el tema del juicio, y me gustaría extraer algunas referencias para ampliar nuestra visión sobre este interesante debate.

“Juzgar no es un atributo de Dios” (T-2.VIII.2:3).
 

Si aceptamos esta afirmación como verdadera, la cuestión que nos hemos planteado como ejemplo-guía queda contestada de manera definitiva, pues si hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, no podemos ser diferentes a Él, lo que viene a significar que juzgar no es un atributo que hayamos podido heredar. 

Si Dios no juzga, el Hijo de Dios, tampoco. Entonces, ¿por qué juzgamos? Por la misma razón de que hemos olvidado lo que realmente somos y por haber elegido identificarnos con una imagen irreal de nosotros. 

El juicio tiene su origen en el pensamiento que nos ha llevado a la percepción, a la separación. Como bien nos define el Texto, "la percepción no puede tener lugar sin la creencia en "más" y en "menos". La percepción entraña selectivi­dad a todo nivel. Es un proceso continuo de aceptación y rechazo, de organización y reorganización, de substitución y cam­bio. Evaluar es un aspecto esencial de la percepción, ya que para poder seleccionar es necesario juzgar” (T-3.V.7:5-8). 

¿Qué le ocurre a la percepción en ausencia de juicios, o de nada que no sea perfecta igualdad? Percibir se vuelve imposible" (T-3.V.8:1-2).  

“Cuando la Biblia dice "No juzguéis y no seréis juzgados" lo que quiere decir es que si juzgamos la realidad de otros, no podremos evitar juzgar la nuestra propia” (T-3.VI.1:4).  

“La decisión de juzgar en vez de conocer es lo que nos hace perder la paz. Juzgar es el proceso en el que se basa la percep­ción, pero no el conocimiento” (T-3.VI.2:1-2).  

“Los juicios siempre entrañan rechazo. Nunca ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan, ya sea en nosotros o en otros. Lo que se ha percibido y se ha rechazado, o lo que se ha juzgado y se ha determinado que es imperfecto, permanece en nuestra mente porque ha sido percibido” (T-3.VI.2:4-6).  

¿Has experimentado lo agotador que resulta estar permanentemente emitiendo juicios? 

Un Curso de Milagros nos dice a este respecto:  "No tienes idea del tremendo alivio y de la profunda paz que resultan de estar con tus hermanos o contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase. Cuando reconozcas lo que eres y lo que tus hermanos son, te darás cuenta de que juzgarlos de cualquier forma que sea no tiene sentido. De hecho, pierdes el significado de lo que ellos son precisamente porque los juzgas. Toda incertidumbre procede de la creencia de que es imprescindible juzgar" (T-3.VI.3:1-4). 

Tal vez te estés preguntando cómo podemos sobrevivir en este mundo sin hacer juicios, sin valorar lo que es bueno o malo. La cuestión radica en que, aun sabiendo que este mundo no es real, necesitamos saber lo que es falso o verdadero.  

En este sentido, hay que añadir un nuevo elemento al debate; me estoy refiriendo a la condenación.  "La condenación es un juicio que emites acerca de ti mismo, y eso es lo que proyectas sobre el mundo. Si lo ves como algo condenado, lo único que verás es lo que tú has hecho para herir al Hijo de Dios. Si contemplas desastres y catástrofes, es que has tratado de crucificarlo. Si ves santidad y esperanza, es que te has unido a la Voluntad de Dios para liberarlo. Estas son las únicas alternativas que tienes ante ti. lo que veas dará testimonio de tu elección y te permitirá reconocer cuál de ellas elegiste. El mundo que ves tan sólo te muestra cuánta dicha te has permitido ver en ti y aceptar como tuya" (T-21.In.2:1-7).  

Tal vez nos ayude saber que los juicios, al igual que cualquier otra defensa, se pueden utilizar para atacar o para proteger, para herir o para sanar. Al ego se le debe llevar a juicio y allí declararlo inexistente.  Sin tu lealtad, protección y amor, el ego no puede existir” (T-4.IV.8:7-9). 

He llegado a la conclusión de que, mientras nos encontremos viviendo en el "sueño", el único juicio que debemos hacer, sin valor condenatorio, es negar la realidad del ego.

Un Curso de Milagros nos advierte que "el primer paso hacia la libertad comprende separar lo falso de lo verdadero. Éste es un proceso de separación en el sentido cons­tructivo de la palabra, y refleja el verdadero significado del Apo­calipsis. Al final cada cual contemplará sus propias creaciones y elegirá conservar sólo lo bueno, tal como Dios Mismo contempló lo que había creado y vio que era bueno. A partir de ahí, la mente podrá comenzar a contemplar sus propias creaciones con amor, por razón del mérito que tienen. Al mismo tiempo, la mente repudiará inevitablemente sus creaciones falsas que, en ausencia de la creencia que las originó, dejarán de existir” (T-2.VIII.4:1-5). 

El único propó­sito del tiempo es "darte tiempo" para alcanzar ese juicio, el cual no es otra cosa que el juicio perfecto con respecto a tus propias creaciones perfectas. Cuando todo lo que retengas en la memo­ria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que sigas teniendo miedo. Ése es tu papel en la Expiación" (T-2.VIII.5:8-11).


Ya sabemos cuál es nuestra función en este mundo, perdonar. El perdón es lo que sana la percepción de la separación. Es necesario que percibamos correctamente a nuestro hermano debido a que las mentes han elegido considerarse a sí mismas como entidades separadas.

Reflexión: ¿En verdad tenemos el conocimiento global de las cosas para poder juzgarlas?

sábado, 30 de agosto de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 242

LECCIÓN 242

Este día se lo dedico a Dios. Es el regalo que le hago.

1. Hoy no dirigiré mi vida por mi cuenta. 2No entiendo el mundo, por lo tanto, tratar de dirigir mi vida por mi cuenta es una locura. 3Mas hay Alguien que sabe qué es lo que más me conviene. 4Él se alegra de tomar por mí únicamente aquellas decisiones que me conducen a Dios. 5Pongo este día en Sus manos, pues no quiero demorar mi regreso al hogar, y es Él el que conoce el camino que me conduce a Dios.

2. Y así, ponemos este día en Tus Manos. 2Venimos con mentes comple­tamente receptivas. 3No pedimos nada que creamos desear. 4Concédenos tan sólo lo que Tú deseas que recibamos. 5Tú conoces nuestros deseos y necesidades. 6Y nos concederás todo lo que sea necesario para ayudarnos a encontrar el camino que nos lleva hasta Ti.


¿Qué me enseña esta lección?

Hoy dispongo que mi única voluntad sea hacer la Voluntad del Padre.

Hoy dispongo que mi único deseo sea lo que Dios desea para mí.

Hoy dispongo que mi única creencia sea Ser Uno con el Pensamiento de mi Padre.

Hoy dispongo que todos mis actos den testimonios del Amor.

Soy consciente de que, mientras me encuentre transitando por el plano material, no entenderé las leyes que dan lugar a un mundo demente e ilusorio. Es por ello que le dedico todos mis pensamientos, deseos y actos al Padre, con el único propósito de que sea Él quien guíe mis pasos hacia el verdadero Hogar.

Con gratitud te entrego mi mente, Padre. 

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 242 enseña que:

• El control del ego es limitado.
• La guía divina es más sabia.
• El día puede ser ofrecido completamente.
• La receptividad abre el camino.
• La confianza sustituye al esfuerzo.

No es renuncia. Es alineación.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Este día se lo dedico a Dios. Es el regalo que le hago”.

Cada repetición relaja la mente, disuelve la necesidad de control, fortalece la confianza y abre la percepción a la guía.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección tiene un efecto muy concreto:

La mente suele anticipar, planificar en exceso, preocuparse e intentar controlar resultados. Esto genera ansiedad, tensión y agotamiento.

Al practicar la entrega, disminuye la sobrecarga mental, aumenta la sensación de apoyo, aparece mayor fluidez y se reduce la ansiedad.

Es una forma de descansar psicológicamente.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente la lección afirma:

• Dios conoce el camino.
• La guía divina es constante.
• La mente puede alinearse con ella.
• La entrega acelera el despertar.

Esto revela algo esencial:  no estás recorriendo el camino solo

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

  1. Al despertar, ofrece el día: “Este día es para Ti”.
  2. Antes de actuar, haz pausas breves.
  3. Recuerda que no necesitas decidir todo.
  4. Permanece abierto a lo que surja.
  5. Al final del día, agradece.

No necesitas hacerlo perfecto. Solo recordar y soltar.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No confundir entrega con pasividad.
No dejar de actuar cuando sea necesario.
No esperar señales espectaculares.

Actuar con calma.
Confiar en lo simple.
Permitir el proceso.

La guía es suave y constante.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa:

241 → La salvación ocurre ahora.

242 → Ahora vivo el día desde esa verdad.

Este es un cambio clave: la práctica deja de ser puntual, se convierte en forma de vivir.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 242 transforma el día en algo sagrado.

No como idea… sino como experiencia.

Cuando dejas de intentar controlar cada detalle y permites que el día sea guiado, algo cambia profundamente: la tensión disminuye, la mente se relaja y aparece una sensación de acompañamiento constante.

El día deja de ser una carga. Y se convierte en un espacio donde algo más profundo puede expresarse.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando entrego mi día, dejo de cargarlo y empiezo a recibirlo”.


Ejemplo-Guía: "Caminando en coherencia".

La coherencia, podemos definirla como la relación lógica entre dos cosas o entre las partes o elementos de algo, de modo que no se produce contradicción ni oposición entre ellas. Decimos que una persona actúa en coherencia cuando actúa en consecuencia con sus ideas o con lo que expresa.

Caminar en coherencia, siguiendo la lógica expuesta, nos invita a pensar, sentir y actuar en una misma dirección. Cuando esto no es posible, cuando pensamos, sentimos y actuamos de forma distinta, decimos que actuamos incoherentemente y uno de los efectos de este estado de desarmonía interior da lugar, en el "sueño" que creemos estar experimentando y hacemos real, a la enfermedad.

El estado de la incoherencia tiene su origen en el pensamiento original que llevó al Hijo de Dios a ver las cosas de manera diferente a su Creador. Esa errónea visión dio lugar a la creencia en la separación y al adormecimiento de la consciencia Una, la cual quedó nublada por la percepción de una nueva dimensión.

Por lo tanto, la incoherencia es la visión errónea de lo que somos. El olvido de que somos seres espirituales dio lugar a la identificación con un envoltorio denso que tomó la forma del cuerpo físico.

Cada vez que recordamos lo que realmente somos, recuperamos la visión Una, o lo que es lo mismo, la coherencia o estado de unidad con todo lo creado. En la coherencia, no existe conflicto de niveles. Podemos decir que la coherencia es la manifestación de la mente recta, mientras que la incoherencia es la expresión de la mente errada.

La lección de hoy nos invita a recuperar el estado de coherencia y, para ello, nos sugiere que dejemos de dirigir nuestra vida y le entreguemos el timón de la misma al Espíritu Santo, a la Voz que habla por Dios, para que el uso que hagamos del cuerpo y de este mundo sea la extensión de la Voluntad de Dios.

Si nuestra mente se pone al servicio de la Luz y amamos esa Luz, la compartiremos en todas nuestras manifestaciones.


Reflexión: Un día sin deseos.

viernes, 29 de agosto de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 241

3. ¿Qué es el mundo? 

1. El mundo es una percepción falsa. 2Nació de un error, y no ha abandonado su fuente. 3Persistirá mientras se siga abrigando el pensamiento que le dio vida. 4Cuando el pensamiento de separa­ción haya sido sustituido por uno de verdadero perdón, el mundo se verá de una manera completamente distinta; de una manera que conduce a la verdad en la que el mundo no puede sino desaparecer junto con todos sus errores. 5Ahora su fuente ha desaparecido, al igual que sus efectos. 

2. El mundo se fabricó como un acto de agresión contra Dios. 2Es el símbolo del miedo. 3Mas ¿qué es el miedo sino la ausencia de amor? 4El mundo, por lo tanto, se fabricó con la intención de que fuese un lugar en el que Dios no pudiese entrar y en el que Su Hijo pudiese estar separado de Él. 5Esa fue la cuna de la percep­ción, pues el conocimiento no podría haber sido la causa de pen­samientos tan descabellados. 6Mas los ojos engañan, y los oídos oyen falsedades. 7Ahora es muy posible cometer errores porque se ha perdido la certeza. 

3. Y para sustituirla nacieron los mecanismos de la ilusión, 2que ahora van en pos de lo que se les ha encomendado buscar. 3Su finalidad es servir el propósito para el que se fabricó el mundo, de modo que diese testimonio de él y lo hiciera real. 4Dichos meca­nismos ven en sus ilusiones una sólida base donde existe la ver­dad y donde se mantiene aparte de las mentiras. 5No obstante, no informan más que de ilusiones, las cuales se mantienen separadas de la verdad. 

4. Del mismo modo en que el propósito de la vista fue alejarte de la verdad, puede asimismo tener otro propósito. 2Todo sonido se convierte en la llamada de Dios, y Aquel a quien Dios designó como el Salvador del mundo puede conferirle a toda percepción un nuevo propósito. 3Sigue Su Luz, y verás el mundo tal como Él lo ve. 4Oye sólo Su Voz en todo lo que te habla. 5Y deja que Él te conceda la paz y la certeza que tú desechaste, pero que el Cielo salvaguardó para ti en Él. 

5. No nos quedemos tranquilos hasta que el mundo se haya unido a nuestra nueva percepción. 2No nos demos por satisfechos hasta que el perdón sea total. 3Y no intentemos cambiar nuestra función. 4Tenemos que salvar al mundo. 5Pues nosotros que lo fabricamos tenemos que contemplarlo a través de los ojos de Cristo, de modo que aquello que se concibió para que muriese pueda ser restituido a la vida eterna.




LECCIÓN 241

En este instante santo llega la salvación.

1. ¡Qué alegría tan grande la de hoy! 2Éste es un día de una cele­bración especial. 3Pues este día le ofrece al mundo de tinieblas el instante que se fijó para su liberación. 4Ha llegado el día en que todos los pesares se dejan atrás y el dolor desaparece. 5La gloria de la salvación alborea hoy sobre un mundo que ha sido libe­rado. 6Éste es un tiempo de esperanza para millones de seres. 7Ahora ellos se unirán conforme tú los perdones a todos. 8Pues hoy tú me perdonarás a mí.

2. Ahora nos hemos perdonado los unos a los otros, y así podemos por fin regresar a Ti. 2Padre, Tu Hijo, que en realidad jamás se ausentó, retorna al Cielo y a su hogar. 3iQué contentos estamos de que se nos haya restituido la cordura y de poder recordar que todos somos uno!

¿Qué me enseña esta lección?

Nos hemos sentido culpables desde el momento en que decidimos usar nuestro poder creador y fabricar un mundo distante y separado del de nuestro Padre. 

Decidimos abandonar el Hogar dispuesto por nuestro Creador para que creciésemos y nos desarrollásemos espiritualmente y, en cambio, dirigimos nuestra atención al mundo de la percepción, con el cual nos identificamos, llegando a creer que el cuerpo es nuestra verdadera realidad. 

Ese sentimiento de culpabilidad, surgido de la falsa creencia por haber violado los preceptos de nuestro Padre, nos llevó a sentir temor por Él. Desde ese instante, decidimos crecer separados de las Leyes Divinas, lo que nos llevó a proclamar nuestras propias leyes. Sustituimos el Amor por el miedo, por el castigo, por el dolor y la eternidad por el tiempo. 

La culpa es la manifestación del pecado. Este es el pensamiento del ego. Nos creemos merecedores del castigo y de la venganza divina y ello nos hace esclavos del sufrimiento, de la muerte. 

Cuando despertamos de ese amargo sueño, nuestro Ser añora su libertad. El único camino que nos conduce a ser libres es aquel que nos libera del peso del castigo y de la culpa: el camino del perdón. 

Debemos perdonar nuestro pasado ancestral; debemos perdonar cualquier acción emprendida por nuestra voluntad que entendamos contraria a las Leyes de Dios; debemos perdonar a nuestros hermanos, en los cuales proyectamos el reflejo de nuestra culpabilidad. 

Nuestra única función en el mundo que percibimos es el perdón, pues, en verdad, es el verdadero camino que nos conduce a la salvación, a la consciencia de unidad, a la consciencia de Amor.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 241 enseña que:

• La salvación ocurre en el presente.
• El instante santo está disponible ahora.
• El perdón abre la puerta a la liberación.
• El sufrimiento no es permanente.
• La unidad se revela en la experiencia.

No es un proceso lejano. Es un momento accesible.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “En este instante santo llega la salvación.”

Cada repetición trae la mente al presente, disuelve la identificación con el tiempo, abre un espacio de paz y facilita el perdón.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección tiene un impacto inmediato. La mente suele estar atrapada en el pasado, preocupada por el futuro y saturada de pensamientos.

El instante santo introduce una ruptura: un espacio sin carga mental.

Cuando se experimenta disminuye la ansiedad, se reduce la rumiación, aparece claridad y surge una sensación de alivio inmediato.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente la lección afirma que la salvación es atemporal, el presente es el punto de acceso, el perdón restituye la unidad y que el Hijo nunca se separó.

Esto revela una verdad profunda: el Cielo no es un lugar, es un estado que puede experimentarse ahora.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

  1. Haz pausas conscientes durante el día.
  2. Repite la idea lentamente.
  3. Suelta por un momento todo pensamiento.
  4. Permite un instante sin juicio.
  5. Descansa en ese espacio.

No necesitas mantenerlo. Solo entrar en él.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No intentar forzar el instante santo.
No buscar experiencias intensas.
No frustrarse si parece breve.

Aceptar momentos simples.
Practicar con suavidad.
Valorar incluso pequeños instantes.

El instante santo es natural, no espectacular.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa hacia una experiencia directa:

  • 239: Acepto mi gloria.
  • 240: El miedo no es real.
  • 241: La salvación ocurre ahora.

Este es un punto clave: la verdad deja de ser conceptual y se convierte en experiencia inmediata.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 241 es una invitación a detener la búsqueda en el tiempo.

Durante mucho tiempo, la mente ha creído que la paz está en el futuro. Que hay algo que alcanzar. Que falta algo.

Pero esta lección revela algo completamente distinto: nada falta, nada está pendiente y nada necesita esperar. La salvación no es un logro. Es un reconocimiento que ocurre… en un instante. Y ese instante… está disponible ahora.

FRASE INSPIRADORA: “La salvación no llega con el tiempo; se revela en el instante en que dejo de buscarla.”



Ejemplo-Guía: "El instante santo"

“¿Puedes imaginarte lo que sería no tener inquietudes, preocu­paciones ni ansiedades de ninguna clase, sino simplemente gozar de perfecta calma y sosiego todo el tiempo? Ése es, no obstante, el propósito del tiempo: aprender justamente eso y nada más” (T-15.I.1-2). 

De este modo, da comienzo el Capítulo 15 de Un Curso de Milagros, titulado "El instante santo". Reproduciré alguno de sus párrafos, pero os recomiendo su lectura integral, pues su enseñanza es muy reveladora. 

“El Maestro de Dios no puede sentirse satisfecho con Sus enseñanzas hasta que éstas no constituyan lo único que sabes. Su función docente no se consumará hasta que no seas un alumno tan dedi­cado que sólo aprendas de Él. Cuando eso haya ocurrido, ya no tendrás necesidad de un maestro, ni de tiempo en el que aprender” (T-15.I.3-5). 

“La razón del aparente desaliento del que tal vez padezcas es tu creencia de que ello toma tiempo y de que los resultados de las enseñanzas del Espíritu Santo se encuentran en un futuro remoto. Sin embargo, no es así, pues el Espíritu Santo usa el tiempo a Su manera, y no está limitado por él” (T-15.I.2:1-3). 

“El ego, al igual que el Espíritu Santo, se vale del tiempo para convencerte de la inevitabilidad del obje­tivo y del final del aprendizaje. Él objetivo del ego es la muerte, que es su propio fin. Mas el objetivo del Espíritu Santo es la vida, la cual no tiene fin” (T-15.I.2:7-9). 

“¡Cuán desolado y desesperante es el uso que el ego hace del tiempo! ¡Y cuán aterrador! Pues tras su fanática insistencia de que el pasado y el futuro son lo mismo se oculta una amenaza a la paz todavía más insidiosa. El ego no hace alarde de su amenaza final, pues quiere que sus devotos sigan creyendo que les puede ofrecer una escapatoria. Pero la creencia en la culpabilidad no puede sirio conducir a la creencia en el infierno, y eso es lo que siempre hace. De la única manera en que el ego permite que se experimente el miedo al infierno es trayendo el infierno aquí, pero siempre como una muestra de lo que te espera en el futuro. Pues nadie que se considere merecedor del infierno puede creer que su castigo acabará convirtiéndose en paz” (T-15.I.6:1-7).  

“El Espíritu Santo enseña, por lo tanto, que el infierno no existe. El infierno es únicamente lo que el ego ha hecho del presente. La creencia en el infierno es lo que te impide comprender el presente, pues tienes miedo de éste. El Espíritu Santo conduce al Cielo tan ineludiblemente como el ego conduce al infierno. Pues el Espíritu Santo, que sólo conoce el presente, se vale de éste para desvanecer el miedo con el que el ego quiere inutilizar el pre­sente. Tal como el ego usa el tiempo, es imposible librarse del miedo. Pues el tiempo, de acuerdo con las enseñanzas del ego, no es sino un recurso de enseñanza para incrementar la culpabili­dad hasta que ésta lo envuelva todo y exija eterna venganza” (T-15.I.7:1-7). 

“El Espíritu Santo quiere desvanecer todo esto ahora. No es el presente lo que da miedo, sino el pasado y el futuro, mas éstos no existen. El miedo no tiene cabida en el presente cuando cada instante se alza nítido y separado del pasado, sin que la sombra de éste se extienda hasta el futuro. Cada instante es un nacimiento inmaculado y puro en el que el Hijo de Dios emerge del pasado al presente. Y el presente se extiende eternamente. Es tan bello, puro e inocente, que en él sólo hay felicidad. En el presente no se recuerda la oscuridad, y lo único que existe es la inmortalidad y la dicha” (T-15.I.8:1-7).  

“Esta lección no requiere tiempo para aprenderse. Pues, ¿qué es el tiempo sin pasado ni futuro? El que te hayas descarriado tan completamente ha requerido tiempo, pero ser lo que eres no requiere tiempo en absoluto. Empieza a usar el tiempo tal como lo hace el Espíritu Santo: como un instrumento de enseñanza para alcanzar paz y felicidad. Elige este preciso instante, ahora mismo, y piensa en él como si fuese todo el tiempo que existe. En él nada del pasado te puede afectar, y es en él donde te encuentras completamente absuelto, complemente libre y sin condenación alguna. Desde este instante santo donde tu santidad nace de nuevo, seguirás adelante en el tiempo libre de todo temor y sin experimentar ninguna sensación de cambio con el paso del tiempo” (T-15.I.9:1-7). 

“Si sientes la tentación de desanimarte pensando cuánto tiempo va a tomar poder, cambiar de parecer tan radicalmente, pregún­tate a ti mismo: "¿Es mucho un instante?” (T-15.I.11:1). 

“¿Cuánto dura un instante? Dura tan poco para tu hermano como para ti. Practica conceder ese bendito instante de libertad a todos aquellos que están esclavizados por el tiempo, haciendo así que para ellos éste se convierta en su amigo. Mediante tu dación, el Espíritu Santo te da a ti el bendito instante que tú les das a tus hermanos. Al tú ofrecerlo, Él te lo ofrece a ti. No seas reacio a dar lo que quieres recibir de Él, pues al dar te unes a Él. En la cristalina pureza de la liberación que otorgas radica tu inmediata liberación de la culpabilidad. Si ofreces santidad no puedes sino ser santo” (T-15.I.13:1-8). 

“¿Cuánto dura un instante? Dura el tiempo que sea necesario para re-establecer la perfecta cordura la perfecta paz y el perfecto amor por todo el mundo, por Dios y por ti; el tiempo que sea necesario para recordar la inmortalidad y a tus creaciones inmortales, que la comparten contigo; el tiempo que sea necesario para intercambiar el infierno por el Cielo. Dura el tiempo suficiente para que puedas trascender todo lo que el ego ha hecho y ascender hasta tu Padre” (T-15.I.14:1-5). 

¡Feliz instante santo!


Reflexión: ¿Qué nos mantiene alejado del instante santo?

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