lunes, 2 de febrero de 2026

¿Dice Un Curso de Milagros que el sufrimiento del mundo “no existe” y que debemos mirar hacia otro lado?

¿Dice Un Curso de Milagros que el sufrimiento del mundo “no existe” y que debemos mirar hacia otro lado?

La cuestión que hemos elegido para reflexionar sobre el contenido de la lección 31 del Libro de Ejercicios de UCDM “No soy víctima del mundo que veo”, es una de las objeciones más habituales —y más honestas— cuando se estudia Un Curso de Milagros. La inquietud de los estudiantes no es superficial ni “egoica”; nace de una preocupación legítima por la ética, la responsabilidad y el sufrimiento real que parece vivirse en el mundo. Pasemos a analizar la respuesta desde las enseñanzas del Curso.

No. Un Curso de Milagros no enseña indiferencia, irresponsabilidad ni negación moral. Enseña algo mucho más profundo —y mucho más exigente—: un cambio de nivel en la comprensión de la causa del sufrimiento.

Cuando el Curso afirma que “el mundo que veo no es real” o que “he inventado el mundo que veo” (Lección 32), no está diciendo que las experiencias de dolor, guerra, abuso o destrucción no se vivan como reales en la experiencia humana. Lo que cuestiona no es la experiencia, sino la interpretación de su causa.

El Curso distingue claramente entre dos niveles: 

  • El nivel de la forma (el mundo, los cuerpos, los acontecimientos).
  • El nivel del contenido (la mente y el sistema de pensamiento desde el que se percibe).

El error habitual —y aquí está el punto clave— es confundir niveles.

Entonces, ¿las guerras, los incendios, los abusos y la destrucción ambiental son “imaginación”?

Desde el nivel del mundo, sí son hechos: hay víctimas, daños, cuerpos heridos, ecosistemas devastados. Negar eso sería una forma de negación psicológica, no espiritual.

Pero desde el nivel que el Curso trabaja, esos hechos no son la causa del sufrimiento, sino el efecto visible de una mente que cree en la separación.

El Curso no dice: “Eso no está pasando”. Dice: “Eso no está pasando por la razón que crees”.

La causa no está “ahí fuera”, en ciertos individuos malvados o en fuerzas externas autónomas, sino en un sistema de pensamiento compartido basado en miedo, culpa, escasez y ataque.

¿Significa esto que no hay responsables y que “todo vale”?

Aquí es donde suele producirse la mayor confusión.

UCDM no elimina la responsabilidad: la traslada. La saca del nivel del castigo y la coloca en el nivel de la mente.

El mundo necesita leyes, límites y acciones correctivas mientras creamos vivir en él. El Curso no se opone a que se detenga una guerra, se proteja a los vulnerables o se frene un abuso. Lo que cuestiona es el uso del juicio, la condena y el odio como “solución”.

Responsabilizar no es lo mismo que condenar.

  • El ego responsabiliza para castigar: “Alguien es culpable y debe pagar”.
  • El Espíritu Santo responsabiliza para sanar: “Aquí hay un error que pide corrección”.

Cambiar pecado por error no justifica el daño; elimina la lógica del castigo y abre la puerta a una corrección real, que no perpetúa el ciclo de violencia.

Entonces, ¿qué hacemos frente a la injusticia según el Curso?

No “dejar hacer”.
No “mirar hacia otro lado”.
No “convencernos de que no pasa nada”.

Lo que cambia no es la acción, sino la mente desde la que actuamos.

Desde el ego:

  • Actúo desde la rabia, el miedo y el ataque.
  • Creo enemigos.
  • Refuerzo la separación que intento combatir.

Desde el perdón:

  • Actúo sin odio.
  • Busco corrección, no venganza.
  • No me coloco por encima del otro, aunque ponga límites claros.

El Curso no enseña pasividad; enseña acción sin ataque.

¿Por qué el Curso insiste tanto en que “soy responsable de lo que veo”?

Porque mientras crea que el origen del mal está fuera de mí, seguiré atrapado en un mundo que necesito percibir como peligroso.

La frase “no soy víctima del mundo que veo” no niega el dolor vivido; niega la impotencia.

Me devuelve el poder a un único lugar donde realmente existe: la elección del sistema de pensamiento desde el cual interpreto y respondo.

En resumen:

  • El mundo refleja una mente que cree en la separación.
  • El sufrimiento no se niega, pero se entiende como efecto, no como causa.
  • No se justifica el daño, pero se abandona la condena.
  • No se elimina la acción, se purifica su origen.
  • No se fomenta la irresponsabilidad, sino la responsabilidad radical de la mente.

El Curso no nos pide que cerremos los ojos al dolor del mundo. Nos pide que dejemos de fabricarlo una y otra vez desde el mismo sistema de pensamiento que decimos querer corregir.

Ahí —y solo ahí— comienza una verdadera sanación que no es solo personal, sino colectiva. 

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 33

LECCIÓN 33

Hay otra manera de ver el mundo.

1. Lo que se intenta con la idea de hoy es que reconozcas que puedes cambiar tu percepción del mundo tanto en su aspecto externo como en el interno. 2Deben dedicarse cinco minutos completos a la sesión de práctica de por la mañana, así como a la de por la noche. 3En estas sesiones debes repetir la idea tan a menudo como te resulte cómodo, aunque es esencial que las aplicaciones no sean apresuradas. 4Alterna tu examen entre tus percepciones externas e internas, de tal forma que el cambio de unas a otras no sea abrupto.

2. Mira simplemente de pasada al mundo que percibes como externo a ti. aLuego cierra los ojos y examina tus pensamientos internos de la misma manera. 2Trata de ser igualmente desapegado con ambos, y de mantener ese desapego cuando repitas la idea en el transcurso del día.

3. Las sesiones de práctica más cortas se deben hacer tan frecuentemente como sea posible. 2La idea de hoy debe aplicarse también de inmediato, de surgir cualquier situación que te tiente a sentirte perturbado. 3En estas aplicaciones, di:

4Hay otra manera de ver esto.

4. Recuerda aplicar la idea de hoy en el momento en que notes cualquier molestia. 2Quizá sea necesario sentarte en silencio un minuto más o menos y repetir la idea para tus adentros varias veces. 3Cerrar los ojos probablemente te ayudará en este tipo de aplicación.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me invita a estar atento a mis pensamientos. El ego responde de forma automática, juzgando todo lo que percibe desde creencias arraigadas por el hábito. Confunde lo conocido con lo seguro y rechaza cualquier forma diferente de ver.

El ego teme lo desconocido y, por ello, cierra las puertas que conducen a una nueva percepción. Sin embargo, esta lección me recuerda que hay otra manera de ver el mundo, y que acceder a ella no requiere esfuerzo, sino disposición a soltar el juicio.

Cuando dejo de defender mi manera habitual de pensar, permito que se abra la puerta a una visión distinta y más pacífica.

Ese estado de atención y conciencia sostenida nos permite reconocer que siempre estamos ante una elección: abrirnos a una manera diferente de ver o repetir la respuesta habitual que el ego nos ofrece. No se trata de forzar un cambio, sino de darnos cuenta de qué opción estamos eligiendo en cada momento.

Desde la práctica, es comprensible encontrar dificultades. Un Curso de Milagros es, ante todo, un entrenamiento mental, y la mayoría de nosotros estamos profundamente identificados con el ego, con la mente dividida y con la percepción centrada en el cuerpo y el mundo material. Hemos aprendido a desenvolvernos con soltura en lo físico, pero no a observar ni a dirigir la mente.

Nuestra atención ha sido educada principalmente a través de la experiencia corporal, mientras que el ámbito mental ha permanecido en gran medida inconsciente. Por eso, cuando comenzamos a observar los pensamientos, descubrimos que no obedecen fácilmente y parecen moverse sin dirección ni control.

Ante esto, el Curso no nos pide esfuerzo ni lucha, sino paciencia y amabilidad. La práctica consiste en observar sin juzgar y en volver, una y otra vez, a la disposición de elegir de nuevo. Con el tiempo, esa vigilancia tranquila va sustituyendo la reacción automática, y la mente aprende a aquietarse de forma natural.

Estamos tan habituados a funcionar en “piloto automático” que rara vez prestamos atención consciente a lo que está ocurriendo en la mente. Esta falta de observación no es un fallo, sino una indicación clara de que el entrenamiento requiere constancia. Del mismo modo que el cuerpo adquiere fuerza y destreza con la práctica continuada, la mente aprende a aquietarse y a clarificarse cuando es observada con regularidad.

Con el tiempo, descubrimos que la resistencia inicial disminuye. No porque hayamos forzado un control, sino porque hemos aprendido a reconocer los pensamientos sin identificarnos con ellos. Entonces se hace evidente que sí tenemos la capacidad de elegir, no los pensamientos que aparecen, sino la manera de mirarlos. Y en esa elección surge la posibilidad de ver las cosas de otra manera.

Siempre hay otra manera de ver el mundo. Pero es importante recordar que el mundo que percibimos refleja el sistema de pensamiento desde el que estamos mirando. No vemos la realidad tal como es, sino teñida por los significados que le hemos atribuido.

Cuando la mente se alinea con el amor, la percepción se suaviza de forma natural. Cuando, en cambio, nos identificamos con el papel de víctimas, veremos pruebas que parecen confirmarlo. No porque el mundo nos ataque, sino porque estamos interpretando desde pensamientos de miedo, juicio o carencia. Lo que creemos recibir del exterior no es más que el reflejo de lo que estamos sosteniendo internamente.

Por eso, la invitación del Curso no es a vigilar con tensión, sino a tomar conciencia antes de dar valor a un pensamiento. Aquello a lo que le damos crédito se refuerza, se convierte en creencia y, finalmente, guía nuestra experiencia. Al observarlo a tiempo, abrimos el espacio para que sea reinterpretado y, con ello, para que la paz ocupe su lugar natural. 

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 33 introduce un giro decisivo pero suave: no confronta directamente la percepción actual, sino que abre una puerta. No exige renuncia, ni corrección inmediata, ni comprensión intelectual profunda. Solo propone una posibilidad:

Tal vez lo que veo no es la única manera de ver.

El propósito de esta lección es debilitar la rigidez perceptiva del ego. El ego necesita creer que su manera de ver es la única posible, porque de ese modo justifica el juicio, el miedo y la defensa. Esta lección no ataca al ego; lo deja sin argumento.

Aquí se reconoce algo clave: tanto el mundo “externo” como el mundo “interno” (pensamientos, emociones, recuerdos) son igualmente ilusorios. No hay uno más verdadero que otro. Ambos pertenecen al mismo sistema de percepción errónea.

La lección no dice aún cuál es la otra manera de ver. Solo afirma que existe. Y eso basta para iniciar el cambio.

Instrucciones prácticas:

La práctica de esta lección es especialmente introspectiva.

Se recomiendan: 4 sesiones al día, de 3 minutos cada una.

En cada sesión:

  1. Repite lentamente:
    Hay otra manera de ver el mundo.
  2. Cierra los ojos.
  3. Observa los pensamientos que surgen.
  4. Reconoce que esos pensamientos son imágenes mentales, representaciones del mundo que crees ver.

No se trata de analizar los pensamientos ni de cambiarlos, sino de reconocer su naturaleza representacional.
El ejercicio entrena a la mente para darse cuenta de que no está viendo hechos, sino interpretaciones.

Aspectos psicológicos y espirituales:

A nivel psicológico, esta lección introduce una distancia saludable entre el observador y sus pensamientos. Al reconocer que lo que vemos —externa o internamente— es una representación mental, la mente deja de estar completamente identificada con su contenido.

Esto reduce: la reactividad, la ansiedad, la compulsión a juzgar.

No se pide que la mente abandone sus pensamientos, sino que reconozca que no son la verdad.

Espiritualmente, esta lección prepara el terreno para la visión verdadera. Antes de poder ver con claridad, la mente necesita aceptar que no sabe cómo ver.

Aceptar que hay “otra manera” es un acto de humildad espiritual. Y en UCDM, la humildad no es rebajarse, sino alinearse con la verdad.

Aquí comienza a deshacerse la identificación absoluta con el sistema de pensamiento del ego.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 33 continúa una secuencia muy precisa:

  • 31: No soy víctima del mundo que veo.
  • 32: He inventado el mundo que veo.
  • 33: Hay otra manera de ver el mundo.

Es el paso lógico siguiente. Una vez reconocida la invención, surge naturalmente la pregunta: ¿puedo ver de otra forma?

Esta lección prepara directamente las siguientes:

  • 34: Podría ver paz en lugar de esto.
  • 35: Mi mente es parte de la de Dios.

Aquí se afloja la estructura perceptiva para que la paz pueda ser aceptada más adelante.

Consejos para la práctica:

  • No intentes descubrir cuál es “la otra manera”.
  • No forces una experiencia distinta.
  • No busques sensaciones especiales.
  • Permite la duda: la duda es útil aquí.

Si surge resistencia, simplemente obsérvala. La resistencia también es una forma de ver, no la verdad.

Un buen indicador de práctica correcta es sentir alivio al pensar: Tal vez no tenga razón en cómo estoy viendo esto.

Conclusión final:

La Lección 33 no te pide que cambies el mundo, ni siquiera que cambies tus pensamientos.
Solo te pide algo mucho más sencillo y poderoso: Reconocer que no estás obligado a ver como has visto hasta ahora.

Esa apertura es el inicio de la visión verdadera. Mientras haya una sola rendija por la que pueda entrar otra forma de ver, la luz tiene acceso.

Esta lección no te da respuestas. Te libera de la necesidad de tenerlas. Y en esa liberación comienza la paz.

Ejemplo-Guía: "Noticias de sucesos dramáticos"

El ejemplo es deliberadamente genérico, ya que no se trata de analizar el contenido de la noticia, sino el efecto que produce en nuestra mente. Al margen de los detalles, una noticia de sucesos dramáticos puede alterar de forma significativa nuestro estado anímico y nuestra manera de percibir.

Cuando observamos este impacto con atención, sin juicio ni carga emocional añadida, podemos reconocer cómo ese tipo de información condiciona nuestra mente y, con ello, la experiencia que hacemos del mundo. No es la noticia en sí la que nos afecta, sino la interpretación que nuestra mente adopta al recibirla.

Este ejercicio nos invita a tomar conciencia de ese proceso interno. Al hacerlo, dejamos de reaccionar automáticamente y abrimos la posibilidad de elegir de nuevo cómo queremos mirar lo que se nos presenta.

Los medios de comunicación suelen dar prioridad a las noticias impactantes. Desde una lógica comercial, se argumenta que la primicia y el contenido dramático atraen más atención y, con ello, mayores beneficios. Esta dinámica también responde al interés del propio espectador, que ha aprendido a otorgar más valor a lo que confirma el miedo que a lo que expresa calma o cooperación.

Junto a esta visión, es frecuente pensar que quienes deciden qué se comunica utilizan los medios para influir en la opinión colectiva, orientando gustos, temores y reacciones. Desde esta perspectiva, la difusión insistente de noticias asociadas a la crisis, la amenaza o la inestabilidad tendría como objetivo generar un estado mental determinado en la población.

Sin embargo, el Curso nos invita a ir más allá de estas interpretaciones externas. No se trata de determinar intenciones ni de buscar responsables, sino de observar el efecto que estas informaciones producen en nuestra mente. La influencia no se sostiene por sí misma; solo opera cuando es aceptada internamente.

Cuando damos valor a mensajes basados en el miedo, participamos en su fabricación a nivel perceptual. El mundo que parece construirse desde la amenaza no se origina en los medios, sino en la disposición de la mente a interpretarlo así. Reconocer esto nos devuelve la responsabilidad de elegir de nuevo y de no alimentar una percepción que debilita nuestra paz.

Todos esos argumentos pertenecen al ámbito del mundo ilusorio del ego. Detenernos a debatir sus detalles no hace sino reforzar la creencia en el miedo y en la separación. Mientras permanezcamos en ese nivel de análisis, seguimos dando realidad a lo que no la tiene.

La enseñanza de esta lección se presenta como una auténtica apertura a la esperanza. Reconocer que el mundo que percibimos es una proyección de la mente, y que tanto esa percepción como el contenido mental pueden ser reinterpretados, nos libera de la necesidad de cambiar el mundo. En lugar de ello, se nos invita a ver de otra manera.

Algunas personas optan por evitar las noticias, la prensa o la televisión, especialmente cuando se trata de sucesos dramáticos, con la intención de protegerse de juicios o estados emocionales perturbadores. Puede ser una elección válida, pero si nace del miedo, no hace sino reforzarlo. En ese caso, no se nos ofrece la oportunidad de mirar desde una percepción diferente, sino que se confirma la creencia de que el miedo tiene poder.

Ver de otra manera implica sustituir la creencia errónea en la separación por la creencia verdadera en la unión y el amor. Desde esta perspectiva, una noticia de carácter dramático se convierte en una oportunidad de aprendizaje. No para juzgar los hechos ni a sus protagonistas, sino para observar la relación entre causa y efecto. El drama pertenece al nivel del efecto; la causa reside en el sistema de pensamiento que lo ha fabricado.

Esta comprensión no exige que neguemos las emociones que puedan surgir ante el sufrimiento que se nos presenta. La sensibilidad y la empatía permanecen. Lo que se nos pide es no utilizar esas emociones para justificar el juicio o la condena, pues hacerlo sería volver a mirar desde la mente separada y perpetuar el error.

En lugar de preguntarnos por qué ocurren las cosas, el Curso nos invita a formular una única pregunta con sentido: ¿para qué?
Cuando esta pregunta se entrega al Espíritu Santo —a la mente recta— la respuesta no refuerza el miedo, sino que trae comprensión y paz.

Ahí es donde se produce el verdadero cambio de percepción.

Reflexión: Analizo mi respuesta ante las situaciones cotidianas. ¿Crees que elegir ver las cosas (dar un significado -propósito- diferente) de otra manera pudiera cambiar tu percepción de lo vivido?

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (2ª parte).

VII. La roca de la salvación (2ª parte).

2. Es imposible que el deseo de morir del "pecador" sea tan fuerte como la Voluntad de Dios por la vida. 2Tampoco es posible que los cimientos de un mundo que Él no creó fuesen tan firmes y seguros como el Cielo. 3¿Cómo iba ser posible que el Cielo y el infierno fuesen lo mismo? 4¿Y cómo podría ser que lo que Su Voluntad no dispuso no se pudiese cambiar? 5¿Qué otra cosa aparte de Su Voluntad es inmutable? 6¿Y qué puede compartir sus atributos, excepto ella misma? 7¿Qué deseo puede alzarse contra Su Voluntad, y ser inmutable? 8Si pudieses darte cuenta de que lo único que es inmutable es la Voluntad de Dios, este curso no te resultaría difícil. 9No obstante, eso es precisamente lo que no crees. 10Sin embargo, no podrías creer nada más, sólo con que vieses lo que realmente es.

Este párrafo profundiza y culmina el razonamiento iniciado en la primera parte: solo la Voluntad de Dios es inmutable, y todo lo que no procede de Ella debe ser necesariamente mutable, cambiante y, por tanto, irreal.

El texto desmonta la aparente fuerza del pecado mostrando su absoluta desproporción frente a la Voluntad de Dios. El “deseo de morir” —que el Curso atribuye al concepto del pecador— no puede competir con la Voluntad divina por la Vida, porque hacerlo implicaría aceptar que Dios puede ser derrotado, corregido o limitado.

Las preguntas retóricas no buscan información, sino deshacer una creencia profundamente arraigada: la idea de que el infierno, el pecado o el mundo tienen la misma consistencia que el Cielo. El Curso expone lo absurdo de esta creencia desde la razón iluminada: si algo no fue dispuesto por la Voluntad de Dios, no puede ser inmutable, y si no es inmutable, no puede ser real.

La dificultad del Curso, afirma el texto, no está en su contenido, sino en la resistencia a aceptar esta única premisa: que solo la Voluntad de Dios es real. Ver “lo que realmente es” disolvería automáticamente toda creencia contraria.

Mensaje central del punto:

  • La Voluntad de Dios por la Vida no puede ser superada ni desafiada.
  • El pecado se define como un deseo de muerte, y por ello carece de poder real.
  • Nada que Dios no haya creado puede ser tan firme, seguro o eterno como el Cielo.
  • Solo lo que Dios dispone es inmutable.
  • Si algo puede cambiar, no comparte los atributos de la creación.
  • La dificultad del Curso reside únicamente en no creer todavía que la Voluntad de Dios es lo único real.

Claves de comprensión:

  • Inmutabilidad = realidad.
  • Cambio = irrealidad.
  • El pecado, el infierno y el mundo son sistemas de pensamiento basados en el cambio y la oposición.
  • La Voluntad de Dios no tiene opuestos.
  • Ver la realidad tal como es elimina la necesidad de esfuerzo, lucha o sacrificio espiritual.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Cuando surja la sensación de lucha interior, recuerda: nada se está oponiendo realmente a la Voluntad de Dios.
  • Observa el miedo o la culpa como señales de una creencia en algo mutable que estás tomando por real.
  • Ante la confusión, pregúntate: “¿Esto procede de la Voluntad de Dios o de una creencia cambiante?”
  • Practica descansar en la idea de que la Vida no necesita defensa.
  • Permite que la visión sustituya al esfuerzo: ver es suficiente.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Qué cosas sigo creyendo que no pueden cambiar?
  • ¿Confundo intensidad emocional con realidad?
  • ¿En qué momentos actúo como si la Voluntad de Dios pudiera ser derrotada?
  • ¿Estoy dispuesto a aceptar que ver la verdad haría el camino sencillo?
  • ¿Qué perdería realmente si dejara de creer en lo inmutable del miedo?

Conclusión / síntesis:

Este pasaje establece con total claridad la roca definitiva de la salvación:
solo la Voluntad de Dios es inmutable, y solo lo inmutable es real. Todo lo demás —pecado, muerte, infierno, mundo— depende de la creencia en que algo puede oponerse a Dios.

El Curso no pide fe ciega, sino visión. Afirma que, si vieras lo que realmente es, no podrías creer otra cosa. La salvación no requiere lucha, sino el abandono de una única creencia falsa: que existe algo tan poderoso como la Voluntad de Dios.

Frase inspiradora:

“Lo único que es inmutable es la Voluntad de Dios, y eso es Vida.”

Invitación práctica:

Hoy, ante cualquier pensamiento de conflicto, repite lentamente:

“Nada puede oponerse a la Voluntad de Dios por la Vida.”

Y permite que esa certeza sustituya al esfuerzo.

domingo, 1 de febrero de 2026

Sobre la ley de causa y efecto (respuesta al estudiante).

Sobre la ley de causa y efecto (respuesta al estudiante).

Pregunta: “En el mundo, parecen darse situaciones externas que “ocurren” y, a partir de ellas, se generan creencias. Desde ese nivel, parece evidente que la causa está fuera”.

Respuesta: Tu planteamiento es muy lógico desde la experiencia cotidiana, y el Curso no lo niega.

Sin embargo, Un Curso de Milagros no está hablando de causa y efecto en el nivel de los acontecimientos, sino en el nivel de la mente.

La pregunta clave no es: “¿Qué ocurrió primero en el mundo?”, sino: “¿Desde qué sistema de pensamiento fue interpretado lo que ocurrió?”

El Curso no dice que tú hayas provocado conscientemente que alguien te maltrate. Eso sería una distorsión peligrosa de la enseñanza. Lo que sí dice es algo mucho más preciso: No existe experiencia humana sin una interpretación previa de la mente.

En tu ejemplo ocurre un hecho (una persona pega), y ese hecho es real en el nivel del mundo, pero no produce automáticamente una creencia. Entre el hecho y la creencia hay un paso intermedio: la interpretación.

Dos personas, ante un mismo hecho, pueden tener creencias distintas y esto es clave para entender la lección.

Ante un mismo acto de agresión, una persona puede concluir: “El mundo es peligroso”, otra: “Esa persona tiene un problema”, otra: “Necesito poner límites sin cerrarme al mundo”, otra: “Esto confirma que no se puede confiar en nadie”.

Si el hecho externo fuera la causa directa de la creencia, todos llegarían a la misma conclusión. Pero no ocurre así.

Esto demuestra que la causa de la creencia no es el hecho, sino la interpretación del hecho. Y la interpretación siempre nace de un sistema de pensamiento previo, aunque no seamos conscientes de él.

Entonces, ¿dónde está la causa según el Curso?

La causa no está en el golpe, en la persona agresora, ni en la situación externa. La causa está en el marco mental desde el que se le da significado a lo ocurrido.

Eso no significa culpa. Significa responsabilidad interpretativa.

El Curso no dice: “Tú causaste el ataque”. Dice: “Tú decides qué significado tendrá el ataque en tu mente.”

Y ese significado es lo que genera miedo o aprendizaje, cierre o discernimiento, y desconfianza rígida o límites sanos.

¿Crees posible que exista un efecto sin la causa que lo originó?

Si el efecto es el miedo, ¿puede el miedo existir sin una interpretación previa que le dé sentido a lo ocurrido?

Esto no niega el hecho externo. Cuestiona la inevitabilidad del significado que le damos.

El Curso no te pide que niegues lo que pasó. Te invita a cuestionar si el significado que extraíste es el único posible. No eres responsable del ataque.
Pero sí eres responsable de si lo conviertes en una condena permanente del mundo o en una experiencia que no define la verdad de la vida.

Ahí —y solo ahí— habla el Curso de causa y efecto.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 32

LECCIÓN 32

He inventado el mundo que veo.

1. Continuamos hoy desarrollando el tema de causa y efecto. 2No eres víctima del mundo que ves porque tú mismo lo inventaste. 3Puedes renunciar a él con la misma facilidad con la que lo cons­truiste. 4Lo verás o no lo verás, tal como desees. 5Mientras desees verlo, lo verás; cuando ya no lo desees ver, no estará ahí para que lo puedas ver.

2. La idea de hoy, al igual que las anteriores, es aplicable tanto a tu mundo interno como al externo, que en realidad son lo mismo. 2Sin embargo, puesto que los consideras diferentes, las sesiones de práctica de hoy tendrán una vez más dos fases: una dedicada al mundo que ves fuera de ti, y la otra, al que ves en tu mente. 3Trata de introducir en los ejercicios de hoy el pensamiento de que ambos se encuentran en tu propia imaginación.

3. Una vez más, comenzaremos la sesión de práctica de por la mañana y la de por la noche repitiendo la idea de hoy dos o tres veces mientras miras a tu alrededor al mundo que consideras como externo a ti. 2Luego cierra los ojos y mira tu mundo interno. 3Procura tratarlos a ambos con la mayor igualdad posible. 4Repite la idea de hoy sin ningún apresuramiento y tan a menudo como desees mientras observas las imágenes que tu imaginación le presenta a tu conciencia.

4. Se recomiendan de tres a cinco minutos para las dos sesiones de práctica más largas, siendo tres el mínimo requerido. 2Si notas que hacer los ejercicios te relaja, los puedes alargar a más de cinco minutos. 3Para facilitar esa relajación, escoge un momento en el que no preveas muchas distracciones, y en el que te sientas razonablemente preparado.

5. Estos ejercicios se deben seguir haciendo asimismo a lo largo del día tan a menudo como sea posible. 2Las aplicaciones más cortas consisten en lentas repeticiones de la idea según exploras tu mundo externo o tu mundo interno. 3No importa cuál de ellos elijas.

6. La idea de hoy también debe aplicarse inmediatamente a cualquier situación que te pueda perturbar. 2Aplícala diciéndote a ti mismo:

3He inventado esta situación tal como la veo.

¿Qué me enseña esta lección?

Ser consciente de la enseñanza que recoge este ejercicio es profundamente liberador. El Curso utiliza el término inventar para señalar que el mundo que percibo no es una realidad creada por Dios, sino un producto de la mente cuando elige interpretar desde la separación. Si el término fabricar facilita la comprensión, puede ser útil recordarlo así: el mundo que veo es algo hecho, no creado.

Nada de lo que parece sucederme fuera tiene significado por sí mismo. Lo que experimento como “exterior” no es una causa independiente, sino el efecto de la interpretación que mi mente le ha dado. No es el mundo el que me habla, sino mi propia mente reflejada en él.

En cada instante, la mente asigna significado a lo que percibe, y responde a ese significado como si fuera real. Esa asignación no es neutra: está profundamente condicionada por el aprendizaje, la cultura y el sistema de pensamiento que he aceptado sin cuestionar. Desde muy temprano he aprendido a interpretar el mundo de una determinada manera, y he sostenido esa interpretación como si fuera la verdad.

Incluso cuando creo haber cambiado mi forma de ver —cuando sustituyo un significado antiguo por uno nuevo— sigo moviéndome dentro del mismo marco ilusorio, mientras continúe creyendo que lo que veo tiene un significado en sí mismo. Tal como el Curso enseña desde el inicio:

  • Nada de lo que veo significa nada.

  • Mis pensamientos no significan nada.

  • Mis pensamientos sin significado me muestran un mundo sin significado.

  • Mis pensamientos son imágenes que yo mismo he fabricado.

Esta lección no me invita a buscar mejores interpretaciones, sino a reconocer que todas las interpretaciones del ego carecen de significado real. El problema no es qué significado doy, sino el hecho mismo de creer que el mundo necesita uno.

Reconocer que he inventado el mundo que veo no me hace culpable; me devuelve la libertad. Significa que no estoy atrapado en lo que percibo, porque no procede de una causa externa ni tiene poder sobre mí. Si el mundo es un efecto de mi elección de pensamiento, puedo elegir de nuevo.

Cuando juzgo una experiencia como dolorosa, como fracaso, pérdida o engaño, no estoy describiendo un hecho objetivo, sino revelando el sistema de pensamiento desde el que estoy mirando. El juicio no habla del mundo, habla de mi mente. Y es ahí, y solo ahí, donde puede producirse la corrección.

Esta lección me enseña que no necesito cambiar el mundo, ni justificarlo, ni condenarlo. Necesito cambiar de intérprete. Al renunciar al sistema de pensamiento del ego y permitir que el Espíritu Santo reinterprete lo que veo, dejo de fabricar significado y me abro a la percepción verdadera.

El “mundo real” no es un mundo distinto que deba construirse, sino la misma experiencia liberada del significado falso. Ver paz, amor o alegría no es imponer una visión positiva, sino dejar de proyectar miedo y culpa.

Así, al aceptar que soy el inventor del mundo que veo, no afirmo un poder personal, sino que recupero mi responsabilidad de elegir la visión que me libera. Y en esa elección, el mundo deja de ser una prisión y se convierte en un aula para el perdón.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 32 profundiza y radicaliza la enseñanza iniciada en la Lección 31. Si allí se afirmaba que no somos víctimas del mundo que vemos, aquí se da un paso más decisivo: el mundo que vemos ha sido inventado por la mente.

El propósito de esta lección es trasladar la responsabilidad desde el exterior hacia la mente, no para generar culpa, sino para restaurar el poder de elección. Mientras la mente crea que el mundo es la causa de su sufrimiento, permanecerá atrapada en una lógica de victimismo. Al reconocer que ha inventado el mundo que ve, la mente recupera su capacidad de elegir de nuevo.

UCDM no afirma que el mundo sea “culpa” de nadie, sino que es un efecto del sistema de pensamiento elegido. El dolor no procede de los hechos, sino del significado que la mente les ha dado. Y lo que ha sido inventado puede ser reinterpretado.

Esta lección introduce una verdad liberadora: si yo he inventado el mundo que veo, también puedo dejar de sostenerlo.

Instrucciones prácticas:

La práctica de esta lección es directa y muy concreta. No requiere largos periodos formales, sino aplicaciones inmediatas ante cualquier perturbación.

La forma de practicar consiste en:

  • Detectar cualquier forma de malestar: físico, emocional o mental.
  • Nombrar la situación con honestidad, sin analizarla.
  • Aplicar la idea diciendo, por ejemplo:
    • He inventado este conflicto.
    • He inventado esta sensación de injusticia.
    • He inventado esta ansiedad.

Es importante destacar que no se niega la experiencia, sino el significado que se le ha atribuido. El Curso no pide que digas “esto no existe”, sino “esto no tiene el significado que le he dado”.

La práctica se puede repetir tantas veces como sea necesario durante el día, especialmente cuando surge la tentación de culpar, quejarse o justificarse.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Desde el punto de vista psicológico, esta lección desmonta uno de los pilares del ego: la creencia de que el sufrimiento es causado por factores externos. Al asumir que la mente ha inventado el mundo que percibe, se desactiva la necesidad de defensa y ataque.

Espiritualmente, esta lección devuelve a la mente su función creadora correcta. El ego fabrica, pero el Espíritu crea. Al reconocer que el mundo percibido es una invención, la mente deja de idolatrarlo y se abre a una reinterpretación guiada por el Espíritu Santo.

Aquí se produce un cambio esencial:

  • De la culpa → a la responsabilidad consciente.
  • Del miedo → a la libertad interior.

El reconocimiento de que el significado ha sido inventado no genera pérdida, sino alivio. Nada real puede perderse.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 32 se integra de forma perfecta en la secuencia pedagógica:

  • La 29 afirma que Dios está en todo lo que vemos.
  • La 30 revela que Dios está en la mente.
  • La 31 libera de la victimización.
  • La 32 explica cómo se fabricó el mundo de sufrimiento: a través de la invención mental.

Esta lección prepara el terreno para las siguientes, donde se profundizará en la corrección del significado, el perdón y la reinterpretación de la percepción.

Es un puente claro entre deshacer el error y aceptar la corrección.

Consejos para la práctica:

  • No uses la idea como un reproche hacia ti mismo.
  • No intentes analizar cómo inventaste la situación.
  • Aplícala con suavidad, incluso si no la entiendes del todo.
  • No la conviertas en una afirmación intelectual.
  • Úsala exactamente cuando te sientas perturbado.

Si aparece resistencia, obsérvala sin juzgar. La resistencia también forma parte del mundo inventado.

Conclusión final:

La Lección 32 no pretende que abandones el mundo, sino que abandones la creencia de que el mundo es la causa de tu sufrimiento.

Cuando reconoces que has inventado el significado de lo que ves, recuperas tu poder de elegir de nuevo. Y esa elección abre la puerta a la visión verdadera.

Nada te está pidiendo que pierdas nada.
Se te está invitando a dejar de sostener lo que nunca fue real.

El mundo que inventaste puede ser reinterpretado.
Y esa reinterpretación es el comienzo de la paz.

Ejemplo-Guía: "Todos los políticos son unos ladrones y unos mentirosos".

Al aplicar la lección anterior —"No soy víctima del mundo que veo"— a este ejemplo, comenzamos a observar con mayor claridad nuestras opiniones y juicios, especialmente aquellos dirigidos a los representantes sociales. Aprendimos que no podemos sostener la idea de ser víctimas de sus decisiones y, al mismo tiempo, colocarnos en el papel de jueces, limitándonos a condenar sus actuaciones mientras permanecemos al margen de la experiencia.

Desde esa comprensión, vimos que aquellas figuras a las que juzgamos están cumpliendo, en realidad, una función de aprendizaje para nosotros. Actúan como espejos en los que se reflejan nuestras proyecciones mentales: aquellas que calificamos como “buenas” y nos llevan a identificarnos y seguir, y aquellas que juzgamos como “malas” y nos conducen a sentirnos atacados, decepcionados o víctimas. El juicio no habla de ellos, sino del contenido de nuestra propia mente.

Con esta nueva lección avanzamos un paso más en la comprensión de la enseñanza de la causa y el efecto. Para ilustrar su profundidad, puede ser útil recurrir a un símil: el del arquitecto.

La función principal de un arquitecto es diseñar los planos de un edificio antes de que este sea construido. Todo lo que finalmente se manifiesta en la forma —la estructura, los espacios, los materiales— ha existido previamente como una idea en la mente. El arquitecto no improvisa el resultado final; lo concibe primero a partir de los conocimientos que ha adquirido y de las decisiones que toma en el proceso de diseño.

De la misma manera, el mundo que percibimos es el resultado de un diseño previo en la mente. Antes de que algo parezca ocurrir “fuera”, ya ha sido interpretado “dentro”. La causa no está en el mundo visible, sino en el sistema de pensamiento desde el que lo contemplamos. El mundo no es el origen de la experiencia, sino su efecto.

Comprender esto nos ayuda a dejar de reaccionar ante las formas y a dirigir la atención hacia la verdadera causa: la elección que hacemos en nuestra mente. Ahí es donde reside la posibilidad real de cambio.

El proceso puede entenderse del siguiente modo. En primer lugar, al arquitecto se le encarga un proyecto, por ejemplo, el diseño de una biblioteca. Esa idea inicial no es aún una forma concreta, sino un propósito que comienza a ser considerado en su mente.

Durante un tiempo, el arquitecto contempla distintas posibilidades. En ese nivel nada está definido; son solo ideas. Su atención se desplaza entre ellas, seleccionando unas y descartando otras, hasta que finalmente se detiene en una en particular. Ese primer acto de selección da lugar al boceto inicial.

A partir de ese momento, la idea elegida adquiere mayor peso en su mente. Surge una respuesta emocional que la refuerza o la descarta. Si la idea le resulta atractiva, aparece el impulso de desarrollarla. Ese impulso lo motiva a profundizar, a darle forma y coherencia, y a traducirla en planos técnicos que describen con precisión cómo habrá de manifestarse el edificio.

Cuando los planos están terminados, el proyecto, para el arquitecto, está completo en el nivel conceptual. La idea original ha sido organizada y estructurada; lo que antes era solo una posibilidad ahora tiene una forma clara y definida. Los planos constituyen una representación anticipada de lo que, más tarde, podrá materializarse.

Sin embargo, queda aún un paso decisivo: la construcción. Solo al llevar el proyecto al plano de la forma es posible comprobar si lo diseñado se ajusta realmente a la intención original o si requiere correcciones. La obra construida no crea el proyecto; simplemente da testimonio de él.

Del mismo modo, en nuestra experiencia, lo que percibimos como “mundo” no es la causa, sino el resultado de un proceso previo en la mente. Lo que aparece fuera es la manifestación de una elección interior. Comprender esto nos permite dirigir la atención hacia la causa real y reconocer que es ahí donde puede producirse la corrección.

Este ejemplo nos ayuda a comprender la relación entre causa y efecto. La causa se sitúa en la fase inicial, cuando el arquitecto elige una idea en su mente. El efecto aparece en la fase final, cuando esa idea se percibe externamente como un edificio construido.

Para cualquier observador que haya seguido todo el proceso, resulta evidente que la obra no es fruto del azar. Existe un único origen del proyecto: la mente del arquitecto. La construcción no se explica por sí misma ni puede atribuirse a la casualidad; es el resultado directo de una decisión previa.

Sin embargo, en la experiencia gobernada por el ego, esta relación no se reconoce con claridad. Tendemos a separar la causa del efecto, olvidando que lo percibido es consecuencia de una elección mental. No relacionamos la idea original con su manifestación, y creemos que el mundo que vemos existe de manera independiente de nuestra mente.

El Curso nos enseña que esta confusión es la base de la ilusión. Mientras creamos que la causa está fuera y el efecto dentro, nos sentiremos a merced de lo que percibimos. La corrección comienza cuando restablecemos el vínculo entre la mente y la experiencia, y reconocemos que el mundo no es la causa de lo que sentimos, sino su efecto.

Si percibimos a los políticos como ladrones o mentirosos, esa percepción no surge de manera independiente ni casual. Desde la enseñanza del Curso, no vemos nada que no esté ya presente en nuestra mente. El juicio no revela una realidad externa, sino el contenido que hemos elegido sostener internamente. Al juzgar, damos validez a lo que vemos y confirmamos su autoría en nuestra propia mente.

Esto no implica que seamos conscientes, en un primer momento, de las ideas que albergamos. Muchas de ellas permanecen ocultas, sostenidas por deseos no examinados, y se proyectan hacia el mundo adoptando formas concretas. Al percibirlas como “normales” o “adecuadas”, no las cuestionamos, del mismo modo que un arquitecto puede dar por válido su proyecto cuando la construcción parece ajustarse a los planos.

Si deseamos lo que creemos que no nos pertenece, o si ocultamos la verdad para proteger intereses personales, podemos llegar a justificarlo internamente. Mientras esa justificación permanezca inconsciente, el comportamiento se verá reflejado fuera, personificado en otros, y será ahí donde lo condenemos. El juicio aparece entonces como un intento de negar en el exterior lo que no hemos querido reconocer en la mente.

Cuando vemos en los demás aquello que rechazamos y lo condenamos, se nos ofrece una oportunidad de aprendizaje. No para sentir culpa, sino para reconocer que hay otra manera de ver. El mundo no nos acusa; nos muestra lo que aún necesita ser corregido en la mente.

Volviendo al símil del arquitecto: si, una vez construido el edificio, detecta errores, no culpa a la obra. Comprende que la corrección debe hacerse en la fase inicial, en el diseño. Al modificar la idea original, la forma resultante cambia necesariamente.

Del mismo modo, no es el mundo —ni los políticos— lo que debe ser corregido. La corrección se produce cuando dirigimos la atención a nuestros pensamientos y deseos, y permitimos que sean reinterpretados. Al hacerlo, dejamos de proyectar, dejamos de inventar un mundo que luego repudiamos, y abrimos el espacio para una percepción distinta, libre de juicio y orientada a la paz.

Reflexión: ¿Eres consciente de tus deseos?

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