jueves, 31 de julio de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 212

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .

4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.

LECCIÓN 212

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (192) Tengo una función que Dios quiere que desempeñe.

2Busco la función que me ha de liberar de todas las vanas ilu­siones del mundo. 3Solamente la función que Dios me dio puede ofrecerme libertad. 4Eso es lo único que busco y lo único que aceptaré como propio.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.

¿Qué me enseña esta lección?

(192) Tengo una función que Dios quiere que desempeñe.

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

El Curso afirma que la verdadera libertad no se encuentra en el mundo de las ilusiones. Se encuentra en cumplir la función que Dios nos dio. Esa función no depende de la profesión, del estatus ni del reconocimiento social.

La función es interior. Es una manera de ver y relacionarse con el mundo.

EL VELO DE LA SEPARACIÓN.

Cuando la mente se identificó con el mundo material, surgió una percepción de separación. Apareció un velo. Ese velo hizo que el Hijo de Dios olvidara su origen.

Entonces comenzó a percibirse como separado, vulnerable, culpable y limitado. Esta percepción produjo miedo. El miedo generó defensa. Y la defensa generó ataque.

Así surgió el sistema de pensamiento del ego.

EL MUNDO FABRICADO POR EL EGO.

El ego construye una realidad basada en la percepción. En ese mundo, proyectamos nuestros pensamientos, atribuimos nuestras emociones a otros e interpretamos los acontecimientos desde el miedo.

Cuando sentimos culpa, buscamos culpables. Cuando sentimos miedo, vemos amenazas. Cuando sentimos ira, justificamos el ataque.

El mundo se convierte entonces en un espejo de la mente.

LA BÚSQUEDA DE SIGNIFICADO.

Incluso dentro del sistema del ego surge una pregunta inevitable: ¿Cuál es mi función?

El ego intenta responderla mediante roles, como la profesión, la identidad social, el reconocimiento y el éxito. Pero ninguna de esas respuestas satisface plenamente. Porque la verdadera función no pertenece al ego. Pertenece al Espíritu.

LA FUNCIÓN VERDADERA.

El Curso enseña que nuestra función en el mundo es una: Perdonar.

El perdón no es simplemente un acto moral. Es un cambio de percepción. Significa reconocer que la separación fue un error de percepción.

Cuando perdonamos, dejamos de proyectar culpa, liberamos al otro de nuestro juicio y recordamos la inocencia compartida.

El perdón abre la puerta al regreso al hogar.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La Lección 212 enseña que:

  • La verdadera función procede de Dios.
  • El ego fabrica funciones ilusorias.
  • El perdón es la función del Hijo de Dios.
  • El mundo refleja el estado de la mente.
  • La liberación llega al cumplir nuestra función.

El propósito de nuestra presencia en el mundo no es competir. Es sanar la percepción.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

La lección 212 continúa profundizando el proceso iniciado en el Sexto Repaso.

La secuencia revela un camino interior:

  • 211 → Reconozco que soy el Hijo de Dios.
  • 212 → Reconozco que tengo una función divina.

Primero recordamos quién somos. Luego recordamos para qué estamos aquí.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce la sensación de propósito profundo, la reducción de la confusión existencial, la disminución de conflictos internos, una mayor coherencia emocional y el incremento de empatía.

Clave psicológica: Cuando comprendemos que nuestra función es perdonar, dejamos de intentar controlar el mundo.

La mente se libera del peso de tener que defender constantemente su identidad.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma que:

  • Dios asignó una función al Hijo.
  • Esa función conduce a la liberación.
  • El perdón restaura la unidad.
  • El Espíritu guía el proceso.
  • La salvación se extiende a través de la mente que perdona.

Cada acto de perdón contribuye a la sanación del mundo.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Durante el día, recuerda con frecuencia: “Tengo una función que Dios quiere que desempeñe.”

Cuando surja conflicto con alguien, pregúntate: ¿Cuál es mi función aquí?

La respuesta será siempre la misma: Perdonar.

Independientemente del rol que ocupemos en la vida, el propósito interior permanece constante.

Y recuerda: “No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No interpretar el perdón como pasividad ante la injusticia.
❌ No negar emociones humanas legítimas.
❌ No usar la espiritualidad para evitar responsabilidades.
❌ No confundir función espiritual con profesión.

✔ Practicar perdón en las relaciones cotidianas.
✔ Reconocer la unidad con los demás.
✔ Permitir que el Espíritu guíe la percepción.
✔ Recordar que el amor corrige el error.

La función no exige sacrificio. Exige visión verdadera.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La Lección 212 revela el núcleo práctico del Curso: El perdón.

El Curso no busca cambiar el mundo exterior. Busca cambiar la forma en que lo percibimos.

Cuando la mente perdona, el mundo se transforma.

REFLEXIÓN PROFUNDA:

La reflexión propuesta es clara: El perdón como práctica diaria.

Cada encuentro es una oportunidad. Cada relación es un espejo. Cada conflicto es una invitación a elegir nuevamente.

El perdón no es debilidad. Es la expresión de la verdadera fuerza espiritual.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 212 declara: No estoy aquí sin propósito.

Mi función es recordar la inocencia del Hijo de Dios. Cuando perdono, libero al mundo del peso de la culpa. Y en ese mismo acto, descubro mi propia libertad.

FRASE INSPIRADORA: “Al cumplir mi función de perdonar, permito que la luz de Dios revele la unidad que siempre ha estado presente.”

Capítulo 22. II. La impecabilidad de tu hermano (1ª parte).

II. La impecabilidad de tu hermano (1ª parte).

1. Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión, sino la verdad. 2Sólo para el ego, para el que la verdad no tiene significado, pare­cen ser las ilusiones y la desilusión las únicas alternativas, las cuales son diferentes entre sí. 3Pero en verdad son lo mismo. 4Ambas aportan el mismo cúmulo de sufrimiento, aunque cada una parece ser la única manera de escaparse de la aflicción que la otra ocasiona. 5Toda ilusión alberga dolor y sufrimiento entre los tenebrosos pliegues de las pesadas vestiduras tras las que oculta su inexistencia. 6Sin embargo, esas sombrías y pesadas vestiduras son las que cubren a aquellos que van en pos de ilusiones, y las que los mantienen ocultos del júbilo de la verdad.

Comienza Jesús este apartado dedicado a la impecabilidad de tu hermano definiendo con claridad que el sistema de pensamiento del ego tiene puesta su fe en que la ilusión es la fuente donde ha de buscar la felicidad y, sin embargo, su percepción, en este sentido, es errónea, ya que aquello que percibe, la ilusión, no es real, no es verdad. Para el ego, la ilusión es la verdad y la desilusión, lo contrario.

Para la mente recta, tanto la ilusión como la desilusión forman parte del mismo error, pues ambas proceden de la creencia falsa en la separación, la cual es la causa del sufrimiento y del dolor. Todo lo ilusorio es perecedero y la pérdida nos causa dolor y nos lleva a pensar que nuestra naturaleza pecaminosa es vulnerable y exige el castigo divino por nuestra transgresión.

2. La verdad es lo opuesto a las ilusiones porque ofrece dicha. 2¿Qué otra cosa sino la dicha podría ser lo opuesto al sufri­miento? 3Abandonar un tipo de sufrimiento e ir en busca de otro no es un escape. 4Cambiar una ilusión por otra no es realmente un cambio. 5Tratar de encontrar felicidad en el sufrimiento es una insensatez, pues ¿cómo se iba a poder encontrar felicidad en el sufrimiento? 6Lo único que se puede hacer en el tenebroso mundo del sufrimiento es seleccionar algunos aspectos de él, ver­los como si fuesen diferentes y luego definir la diferencia como felicidad. 7Percibir una diferencia donde no la hay, no obstante, realmente no cambia nada.

El ego surge como consecuencia de elegir un pensamiento de escasez, de necesidad. Este pensamiento se opone frontalmente a la verdad, pues en realidad, en virtud de nuestra condición divina, hemos heredado la plenitud y la abundancia de nuestro creador. Somos tal como Dios nos ha creado. Por ello, es imposible que no seamos tal y como es Él: Perfecto e impecable.

El deseo de ser especial embriagó la mente con el propósito de ver una dimensión distinta a la de nuestro creador. En el Mundo de Dios Todo es Uno. Pero la mente, aliada con el deseo de individualidad, propició la percepción de un nivel donde el amor y la unidad fueron sustituidos por el miedo y por la división. A partir de esa elección nos creímos separados de la Fuente de la que emanamos y surgió el pensamiento del pecado, el cual se personificó en la identidad del cuerpo físico.

El mundo de paz y felicidad de Dios, pasó al olvido y en su lugar nuestros ojos se abrieron para percibir un mundo donde las leyes de la temporalidad nos llevarían a experimentar el sufrimiento, el dolor y la muerte.

3. Lo único que hacen las ilusiones es ocasionar culpabilidad, sufrimiento, enfermedad y muerte a sus creyentes. 2La forma en que las ilusiones se aceptan es irrelevante. 3A los ojos de la razón, ninguna forma de sufrimiento se puede confundir con la dicha. 4La dicha es eterna. 5Puedes estar completamente seguro de que todo lo que aparenta ser felicidad y no es duradero es realmente miedo. 6La dicha no se convierte en pesar, pues lo eterno no puede cambiar, pero el pesar puede volverse dicha, pues el tiempo cede ante lo eterno. 7Únicamente lo eterno permanece inmutable, 8pero todo lo que se encuentra en el tiempo puede cambiar con el paso de éste. 9No obstante, para que el cambio sea real y no imaginado, las ilusiones tienen que ceder ante la verdad y no ante otros sue­ños igualmente irreales. 10Eso no sería diferente.

Jesús nos aporta en este punto una información muy interesante y esperanzadora. La ilusión, el mundo que percibimos con nuestros ojos físicos y que procede, como hemos visto, de la creencia en la separación, o lo que es lo mismo, de la elección de ser distinto a Dios, al estar bajo la regencia de las leyes de la temporalidad, no nos puede llevar a la felicidad permanente, pues tan sólo lo eterno es inmutable.

El ego se regocija de sus logros, de sus posesiones, de sus conquistas, pero ese regocijo nada tiene que ver con la dicha eterna, pues el solo hecho de pensar en su pérdida nos produce temor y miedo. El miedo nunca aporta felicidad y es la causa principal que nos lleva a no gozar en nuestras relaciones de la felicidad y el amor perseguido. Amamos a alguien y ese amor es tan abrasador que el miedo a perderlo limita su gozo libremente. Es cuando decidimos inventarnos mecanismos que nos garanticen la seguridad de ese amor, pero lo hacemos imponiendo condiciones a la relación. Nuestro miedo a perder el amor conquistado nos hace proyectarlo sobre el otro y lo ahogamos con nuestros temores, imponiéndole limitaciones.

miércoles, 30 de julio de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 211

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .


4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.



LECCIÓN 211

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (191) Soy el santo Hijo de Dios Mismo.

2En silencio y con verdadera humildad busco la gloria de Dios a fin de contemplarla en el Hijo que Él creó como mi Ser.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.


¿Qué me enseña esta lección?

(191) Soy el santo Hijo de Dios Mismo.

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

La identidad que el mundo nos enseña es limitada. Nos identificamos con el cuerpo, la historia personal, los errores del pasado y los juicios del mundo. Pero la lección afirma que esa identidad no es nuestra esencia. Nuestra identidad verdadera es la creación directa de Dios.

Ser el Hijo de Dios significa participar de Su naturaleza.

LA SANTIDAD COMO NATURALEZA.

La palabra santo no se refiere aquí a perfección moral. Se refiere a origen divino. Ser santo significa haber sido creado por Dios y compartir Su esencia.

Por eso el Curso afirma:

  • No puedo sufrir realmente.
  • No puedo perder lo que es eterno.
  • No puedo ser separado de la Fuente.

La santidad no es algo que debamos conquistar. Es algo que debemos recordar.

LA HUMILDAD VERDADERA.

La lección habla de buscar la gloria de Dios con verdadera humildad. La humildad, en el sentido del Curso, no es sentirse pequeño. La verdadera humildad consiste en no negar la verdad de lo que somos.

Negar la propia santidad sería una forma de error. Aceptar nuestra identidad divina no es arrogancia. Es reconocimiento.

LIBERACIÓN DE LAS ILUSIONES.

Cuando reconocemos nuestra santidad, muchas creencias pierden su fundamento, como la culpa, el miedo, el pecado, el castigo, el sufrimiento y  la separación. Estas experiencias pertenecen al sistema de pensamiento del ego.

La santidad revela que nuestra esencia permanece intacta. Nada real puede ser dañado.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La Lección 211 enseña que:

  • Nuestra identidad es divina.
  • La santidad es nuestra naturaleza.
  • El ego fabricó una identidad falsa.
  • La humildad consiste en aceptar la verdad.
  • El reconocimiento de la santidad trae liberación.

Recordar quién soy disuelve las ilusiones que sostenían el miedo.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

La Lección 211 inaugura una nueva fase del Sexto Repaso.

Después de descubrir el júbilo de Dios, el Curso nos invita a reconocer plenamente nuestra identidad.

La secuencia continúa profundizándose:

  • 209 → Experimento el Amor de Dios.
  • 210 → Elijo el júbilo de Dios.
  • 211 → Reconozco que soy el santo Hijo de Dios.

Aquí el Curso va al núcleo del despertar: La identidad.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce la liberación de la autocrítica excesiva, la disminución del sentimiento de culpa, el aumento de autoestima espiritual, una mayor confianza interior y la sensación de dignidad profunda.

Clave psicológica: Cuando dejamos de identificarnos con los errores del pasado, la mente se abre a nuevas posibilidades.

La identidad deja de estar basada en la culpa.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma que el Hijo de Dios es santo por creación, que  la esencia divina no puede ser dañada, que la separación es una ilusión de la mente, que la unidad con Dios es eterna, que la salvación consiste en recordar esta verdad y que la santidad es la evidencia de nuestra unión con la Fuente.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Durante el día, repite suavemente: “Soy el santo Hijo de Dios Mismo.”

No como afirmación intelectual, sino como recordatorio de identidad.

Cuando aparezca culpa o autocrítica, recuerda: “No puedo perder lo que Dios creó.”

Ante conflicto con otros, recuerda: “Ellos también son el santo Hijo de Dios.”

Y afirma: “No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No usar la idea de santidad para sentir superioridad espiritual.
❌ No negar los errores humanos que requieren corrección.
❌ No convertir la enseñanza en ego espiritual.
❌ No juzgar a otros desde esta idea.

✔ Practicar humildad verdadera.
✔ Reconocer la santidad en todos.
✔ Permitir que el perdón revele la verdad.
✔ Recordar la unidad de la creación.

La santidad no separa. La santidad une.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La Lección 211 profundiza en el reconocimiento de la identidad divina.

Después de experimentar paz, amor y júbilo, el Curso revela la base de esas experiencias: Somos el Hijo de Dios.

Cuando esta verdad se acepta, el miedo pierde su fundamento.

REFLEXIÓN PROFUNDA:

La reflexión propuesta es directa: “Soy el Hijo de Dios. ¿Cómo me siento?”

Tal vez surjan emociones diversas: alegría, incredulidad, paz o resistencia. Todas son parte del proceso de recordar.

Lo importante no es forzar una experiencia. Es permitir que la idea transforme gradualmente la percepción.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 211 declara: No soy una identidad frágil creada por el mundo.

Soy el santo Hijo de Dios.

Mi naturaleza es amor.
Mi esencia es libertad.
Mi origen es eterno.

Y recordar esta verdad es el comienzo de la verdadera salvación.

FRASE INSPIRADORA: “Al reconocer mi santidad, recuerdo que fui creado por el Amor y que jamás he estado separado de Él.”

Capítulo 22. I. El mensaje de la relación santa (4ª parte).

I. El mensaje de la relación santa (4ª parte).

9. Ten por seguro que Dios no puso a Su Hijo en manos de quien no es digno de él. 2Solamente lo que es parte de Dios es digno de estar unido. 3Y es imposible que nada que no sea parte de Él pueda unirse. 4La comunicación tiene que haberse restablecido entre los que se unen, ya que nunca se habrían podido unir a través de sus cuerpos. 5¿Qué es lo que los ha unido, entonces? 6La razón te diría que tuvieron que haberse visto el uno al otro a través de una visión que no era del cuerpo y haberse comunicado en un lenguaje que el cuerpo no habla. 7No pudo tampoco haber sido una visión o sonido atemorizante lo que tan dulcemente los unió. 8Fue más bien que cada uno vio en el otro un perfecto refu­gio donde su Ser podía renacer a salvo y en paz. 9Así se lo dijo la razón y así lo creyó porque era la verdad.

Seguro que en alguna ocasión habrás experimentado con alguien o con muchos la vivencia de conexión no corporal a la que hace referencia este punto. Se produce a nivel mental. Es una conexión en el campo de donde emanan las ideas, las creencias. Es un reconocimiento en la mente de los demás de pensamientos con los que nuestra mente se une. Para mí, es la clara evidencia de que nuestra esencia es mental, espiritual y no física.

Cuando un conjunto de mentes se une, se siente la atracción de crear grupos donde se comparten las mismas ideas. Yo le llamo "conspiración acuariana" en alusión directa a las cualidades del signo mental Acuario, el arquetipo de la igualdad.

Hay teorías esotéricas que nos hablan de la Era de Acuario y con ello nos quieren anunciar que las vibraciones arquetípicas del Signo serán especialmente sensibles a la conciencia humana, lo que favorecerá el surgimiento de un impulso encaminado a unir las mentes, bien a través de grupos físicos, bien a través de las tecnologías actuales que favorecen y facilitan el acercamiento de ideas. La Era de Acuario se caracterizará por un cambio profundo en el modo de ver las cosas, en el renacimiento de una nueva consciencia y sobre todo, el resurgir de la visión crística, de la unidad espiritual, del trato egoísta y separatista a un trato confraternal.

10. He aquí la primera percepción directa que puedes construir. 2la construyes a través de una conciencia que es más antigua que la percepción, y que, sin embargo, renace en un instante. 3Pues ¿qué es el tiempo para lo que siempre ha sido como es? 4Observa lo que ese instante trajo consigo: el reconocimiento de que "aquello otro" que tú pensabas ser, era sólo una ilusión. 5Y la verdad brotó ins­tantáneamente, para mostrarte dónde se encuentra tu Ser. 6Al negar las ilusiones invitas a la verdad, pues al negarlas reconoces que el miedo no significa nada. 7En el santo hogar donde el miedo es impotente el amor entra dando las gracias, agradecido de ser uno con vosotros que os unisteis para dejarlo entrar.

La visión y el reconocimiento de la verdad comienzan con uno mismo, lo que significa que hemos elegido de nuevo quién será nuestro anfitrión. En dicha elección, va implícita la corrección del error de la creencia en la separación y en el deseo de ser especial. Ahora sabemos que la falsa identidad a la que rendíamos pleitesía era ilusoria. Ahora nos sabemos eternos y portadores de los dones de Dios. Ahora la alegría acompaña nuestros corazones y el amor se convierte en el pensamiento que compartimos con cada uno de nuestros hermanos.

El cuerpo, el símbolo de nuestra falsa identidad, deja de atemorizarnos y ya no lo interpretamos como el representante del pecado y del miedo. Ahora, ese vehículo lo utilizamos para que realice la hermosa función de manifestar el amor a través del nivel perceptivo. Vivir y experimentar el amor incondicional -relación santa- es la meta más elevada que puede alcanzarse en este mundo.

11. Cristo acude a lo que es semejante a Él; a lo que es lo mismo, no a lo que es diferente. 2Pues siempre se siente atraído hacia Sí Mismo. 3¿Qué se asemeja más a Él que una relación santa? 4lo que hace que tú te sientas atraído hacia tu hermano, es lo que hace que Él se sienta atraído hacia ti. 5Ahí Su dulzura y Su benévola inocencia están a salvo del ataque. 6Y ahí Él puede regresar con confianza, pues la fe que depositas en otro es la fe que depo­sitas en Él. 7No cabe duda de que estás en lo cierto al considerar a tu hermano el hogar que Cristo ha elegido, pues al hacer eso ejerces tu voluntad junto con la de Cristo y la de Su Padre. 8Esto es lo que la Voluntad de tu Padre dispone para ti, y la tuya junto con la de Él. 9Y el que se siente atraído hacia Cristo se siente atraído hacia Dios tan irremediablemente como Cristo y Dios se sienten atraídos hacia toda relación santa: la morada que ha sido preparada para Ellos a medida que la tierra se convierte en el Cielo. 

La relación santa, decíamos en la reflexión del punto anterior, es la meta más elevada que puede alcanzarse en el mundo perceptivo, pues es la manifestación del amor crístico, del amor incondicional compartido entre los Hijos de Dios.

La relación santa significa que hemos abandonado el deseo de ser especiales y hemos recuperado la visión de la unidad que nos hace uno con nuestros hermanos de Filiación. Esa visión de unidad, al ser una proyección de nuestro mundo interno, de lo que somos en verdad, nos lleva a percibir en el otro al Santo Hijo de Dios, el cual nos ofrece andar juntos el camino que ha de conducirnos a la salvación, a las puertas del Cielo.

Cuando el mundo vibre por igual a la frecuencia del amor crístico, hablará una misma lengua cuyo idioma nos hará iguales. Nuestras mentes unidas en la Fuente de Dios resplandecerán e iluminarán el lugar donde dos hermanos se bendigan mutuamente en nombre de la paz.

martes, 29 de julio de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 210

SEXTO REPASO

Introducción

1. Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practi­caremos tan a menudo cómo podamos. 2Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica. 3Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendie­ses. 4Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

2. Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte leccio­nes. 2Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estu­dios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día. 3Uno solo basta. 4Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento. 5Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

3. Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección. 2El tema para el presente repaso es el siguiente:    

3No soy un cuerpo. 4Soy libre.
5Pues aún soy tal como Dios me creó.

6El día comienza y concluye con esto. 7Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acorde­mos, entre una hora y otra, que tenemos una función que trans­ciende el mundo que vemos. 8Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo aban­dono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

4. Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar. 2Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios. 3Sencilla­mente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender. 4Pues así es como nos libera­mos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender.

5. Hay una sola excepción a esta falta de estructura. 2No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo. 3Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere. 4Luego descarta tranquila­mente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.
6. Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

2No quiero este pensamiento. 3El que quiero es ________ .


4Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado. 5Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica. 6Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maes­tro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nues­tros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

7. A Él le ofrezco este repaso por ti. 2Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él. 3Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda. 4Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.


LECCIÓN 210

No soy un cuerpo. Soy libre.
Pues aún soy tal como Dios me creó.

1. (190) Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor.

2El dolor es mi propia invención. 3No es un pensamiento de Dios, sino uno que yo pensé aparte de Él y de Su Voluntad. 4Su Voluntad para Su Hijo bienamado es dicha y sólo dicha. 5Y eso es lo que elijo en lugar de lo que yo inventé.

4No soy un cuerpo. 5Soy libre. 6Pues aún soy tal como Dios me creó.

¿Qué me enseña esta lección?

(190) Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor.

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.

El Curso propone aquí una idea radical: El dolor es una invención de la mente separada. No es parte de la creación divina.

Dios no creó el dolor. Dios creó el Amor, la paz, la dicha y la unidad. El dolor aparece cuando la mente intenta vivir separada de esa fuente.

EL ORIGEN DEL DOLOR.

El dolor nace de un pensamiento fundamental: La creencia en la separación.

Cuando la mente cree estar separada de Dios, siente miedo, se percibe vulnerable, intenta defenderse y experimenta conflicto. De esa percepción surgen emociones dolorosas como la culpa, la tristeza, el resentimiento y la angustia.

El dolor no proviene del Amor de Dios. Proviene de una interpretación errónea de la realidad.

EL PODER DE LA ELECCIÓN.

La mente humana posee una capacidad extraordinaria: Puede elegir el sistema de pensamiento que seguirá.

Puede elegir el sistema del ego: separación, miedo y dolor, o el sistema del Espíritu: unidad, amor y júbilo. Esta elección ocurre constantemente. No siempre somos conscientes de ella, pero está presente en cada pensamiento.

EL JÚBILO COMO NATURALEZA.

El júbilo de Dios no es euforia pasajera. No depende de circunstancias externas. Es la alegría natural que surge cuando la mente se alinea con la verdad.

Cuando recordamos nuestra identidad espiritual, aparece una sensación profunda de plenitud. Ese júbilo no necesita justificación. Es una expresión natural del Ser.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La Lección 210 enseña que:

  • El dolor pertenece al sistema de pensamiento del ego.
  • El júbilo pertenece al sistema de pensamiento divino.
  • La mente tiene capacidad de elección.
  • La separación produce sufrimiento.
  • La unidad produce dicha.

La elección no está en el mundo. Está en la mente.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

La Lección 210 concluye un ciclo importante del Sexto Repaso.

El recorrido ha sido profundo:

  • 201 → Soy libre.
  • 202 → Recuerdo mi hogar.
  • 203 → Recuerdo mi Nombre.
  • 204 → Acepto mi herencia.
  • 205 → Elijo la paz.
  • 206 → Contribuyo a la salvación del mundo.
  • 207 → Bendigo al mundo.
  • 208 → Encuentro la paz en la quietud.
  • 209 → Experimento el Amor de Dios.
  • 210 → Elijo el júbilo de Dios.

Aquí el Curso afirma algo esencial: La verdadera naturaleza del Hijo de Dios es dicha.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección produce mayor conciencia de los pensamientos, reducción del victimismo, mayor responsabilidad emocional, incremento de la resiliencia Y sensación de poder interior.

Clave psicológica: Cuando comprendemos que el sufrimiento está relacionado con la interpretación de la mente, aparece la posibilidad de cambiar esa interpretación.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, la lección afirma que:

  • Dios creó dicha.
  • El Hijo de Dios comparte esa naturaleza.
  • El dolor pertenece a la ilusión.
  • El Espíritu Santo guía hacia la alegría.
  • El amor disuelve el sufrimiento.

El júbilo es el estado natural de la conciencia unificada.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Durante el día, observa tus pensamientos.

Cuando surja tristeza o conflicto interior, repite: “Elijo el júbilo de Dios en lugar del dolor.”

No como negación del sentimiento, sino como recordatorio de tu verdadera naturaleza.

Pregúntate: ¿Estoy interpretando esta situación desde el miedo o desde el amor?

Luego recuerda: “La Voluntad de Dios para mí es dicha.”

Y afirma suavemente: “No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.”

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No usar esta enseñanza para negar emociones humanas legítimas.
❌ No culparse por experimentar dolor.
❌ No interpretar el júbilo como obligación emocional.
❌ No espiritualizar el sufrimiento sin comprensión.

✔ Observar los pensamientos con honestidad.
✔ Permitir que el perdón transforme la percepción.
✔ Elegir el amor cuando sea posible.
✔ Recordar que el júbilo es natural.

El júbilo no se impone. Se revela cuando desaparece el miedo.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La Lección 210 cierra un ciclo profundo del Sexto Repaso.

Después de descubrir la paz y experimentar el Amor de Dios, el Curso revela el resultado natural de esa experiencia: El júbilo.

El Amor produce paz. La paz produce alegría. La alegría revela la verdad.

REFLEXIÓN PROFUNDA:

¿Somos conscientes de cuándo elegimos el dolor?

A veces lo elegimos sin saberlo cuando insistimos en tener razón, mantenemos resentimientos, alimentamos pensamientos de culpa y nos identificamos con el ego.

Cada vez que soltamos esos pensamientos, abrimos espacio al júbilo.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 210 declara: El dolor no define mi naturaleza.

Mi origen es el Amor de Dios. Mi herencia es la dicha.

Y en cada instante puedo elegir recordar esa verdad.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando elijo el Amor de Dios, el júbilo revela que mi verdadera naturaleza nunca estuvo separada de la dicha.”

Dejar de intentar cambiar… para empezar a ver: Aplicando la lección 82.

Dejar de intentar cambiar… para empezar a ver: Aplicando la lección 82. “¿Y si mi función no es cambiar a nadie… sino dejar de ver separació...