viernes, 28 de febrero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 59

LECCIÓN 59

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (41) Dios va conmigo dondequiera que yo voy.

2¿Cómo puedo estar solo cuando Dios está siempre conmigo? 3¿Cómo puedo dudar o sentirme inseguro cuando en Él mora la perfecta certeza? 4¿Cómo puede haber algo que me pueda pertur­bar cuando Él mora en mí en paz absoluta? 5¿Cómo puedo sufrir cuando el amor y la dicha me rodean por mediación Suya? 6No he de abrigar ninguna ilusión con respecto a mí mismo. 7Soy perfecto porque Dios va conmigo dondequiera que yo voy.

2. (42) Dios es mi fortaleza. 2La visión es Su regalo.

3Hoy no recurriré a mis propios ojos para ver. 4Quiero estar dis­puesto a dejar de lado la lamentable ilusión de que puedo ver, e intercambiarla por la visión que Dios me da. 5La visión de Cristo es Su regalo y Él me lo ha dado. 6Hoy me valdré de este regalo de tal forma que este día me ayude a comprender la eternidad.

3. (43) Dios es mi Fuente. 2No puedo ver separado de Él.

3Puedo ver lo que Dios quiere que vea. 4No puedo ver nada más. 5Más allá de Su Voluntad sólo hay ilusiones. 6Son éstas las que elijo cuando pienso que puedo ver separado de Él. 7Son éstas las que elijo cuando trato de ver con los ojos del cuerpo. 8No obstante, se me ha dado la visión de Cristo para reemplazarlos. 9A través de esta visión es como elijo ver.

4. (44) Dios es la luz en la que veo.

2No puedo ver en la oscuridad. 3Dios es la única luz. 4Por lo tanto, si he de ver, tiene que ser por medio de Él. 5He tratado de definir lo que es ver y me he equivocado. 6Ahora se me concede poder entender que Dios es la luz en la que veo. 7Le daré la bien­venida a la visión y al mundo feliz que me mostrará.

5. (45) Dios es la Mente con la que pienso.

2No tengo pensamientos que no comparta con Dios. 3No tengo pensamientos aparte de los Suyos porque no tengo otra mente que la Suya. 4Puesto que soy parte de Su Mente mis pensamien­tos son Suyos, y Sus Pensamientos son míos.


¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Dios va conmigo dondequiera que yo voy.
  • ¿Existe mayor dicha que sentir permanentemente la presencia de tu Padre, junto a ti? ¿Sentirás miedo ahora que sabes que tu Padre vela tus días? Dondequiera que estés, podrás disfrutar de Su presencia. Es más, cualquier pensamiento de soledad es un pensamiento demente. Su presencia está en ti por toda la eternidad, pues eres una extensión de Su pensamiento.
Dios es mi fortaleza. 2La visión es Su regalo.
  • Saber quién eres es tu mayor fortaleza, pues te reconoces como Hijo de Dios, Hijo de la Luz. ¿Qué mayor regalo puedes recibir que la verdadera visión de lo que eres? Reconocer tu condición divina en los demás te permitirá compartir tu fortaleza con el mundo.
Dios es mi Fuente. 2No puedo ver separado de Él.
  • Tienes la capacidad de decidir qué mundo ver. Ahora bien, recuerda que, aunque te
    identifiques con el mundo de la ilusión, no podrás negar la existencia del mundo real. De tu voluntad depende el que permanezcas ciego a la Luz o compartas tu visión con Ella. ¿Crees acaso que, siendo parte de la Mente de Dios, puedes crear separado de Él? ¿No será que te sientes un ser especial? ¿No será que estás tratando de crear sin contar con la esencia del amor?
Dios es la luz en la que veo.
  • ¿Acaso puedes ver en la oscuridad? Te has identificado con los objetos que percibes en ese mundo oscuro, y has alimentado la creencia de que ese mundo es tu realidad. Sin embargo, sientes que ese mundo es precario, y ello te lleva a añorar las verdades eternas. Cuando despiertes a la verdadera luz, comprenderás que la oscuridad es la manifestación de su ausencia. ¿Por qué crees que el mundo que has inventado no te aporta felicidad y sí en cambio te produce un profundo temor? 
Dios es la Mente con la que pienso.
Fabricaste un pensamiento que te dio la autoconciencia y decidiste que ese pensamiento era ajeno a tu Creador. Pero tu percepción te llevó a alimentar un error; pensaste que, a partir de ese momento, estabas separado de Dios. ¿Acaso el pensamiento no pertenece a la Mente de dónde emanó? Entonces, ¿cómo puedes pretender que tu pensamiento esté separado del Pensamiento que te creó? 

Sentido general de la Lección:

La Lección 59 enseña que:  La mente no necesita sostenerse sola. Todo lo que necesita ya está dado en Dios.

Después de recordar la identidad (Lección 57) y extender la santidad al mundo (Lección 58), el Curso ahora reubica completamente el sostén interno.

No soy yo quien se fortalece, se orienta, ve, piensa, ama, sino que todo eso ocurre desde una Fuente compartida.

Este repaso marca el paso de: “yo tengo que poder con esto” a “no estoy solo en nada”.

Propósito y sentido del repaso:

El propósito de este repaso es deshacer la creencia de autosuficiencia del ego.

El ego se defiende diciendo:

  • “Tengo que ser fuerte”
  • “Tengo que entender”
  • “Tengo que resolver”
  • “Tengo que saber amar”

El Curso responde con suavidad y firmeza: No tienes que sostener lo que no creaste. La Fuente no se perdió.

Este repaso no promueve dependencia infantil, sino confianza ontológica.

Análisis de las ideas repasadas:

Dios va conmigo dondequiera que voy (Lección 41)

Psicológicamente:

  • Reduce la sensación de abandono.
  • Disuelve la soledad existencial.
  • Introduce una presencia interna estable.

Espiritualmente:

  • Niega la separación como hecho real.
  • Afirma la compañía constante de la Fuente.

Clave: Nunca estoy verdaderamente solo.

Dios es mi fortaleza (Lección 42)

Psicológicamente:

  • Alivia la autoexigencia.
  • Reduce el agotamiento mental.
  • Permite soltar el control.

Espiritualmente:

  • La fortaleza no es resistencia, es apoyo.
  • El poder no nace del yo, sino de la Fuente.

Clave: No tengo que ser fuerte solo.

Dios es mi Fuente (Lección 43)

Psicológicamente:

  • Sana la sensación de carencia.
  • Disuelve la ansiedad por “no tener”.

Espiritualmente:

  • Todo lo real procede de una única Fuente.
  • Buscar fuera es olvidar el origen.

Clave: No necesito fabricar lo que ya está dado.

Dios es la Luz en la que veo (Lección 44)

Psicológicamente:

  • Reduce la confusión perceptiva.
  • Disminuye la rigidez interpretativa.

Espiritualmente:

  • Ver no es interpretar, es recibir.
  • La Luz no se crea: se permite.

Clave: No veo solo desde mi historia.

Dios es la Mente con la que pienso (Lección 45)

Psicológicamente:

  • Disuelve la sobreidentificación con el pensamiento.
  • Reduce la rumiación y la culpa mental.

Espiritualmente:

  • El pensamiento real es compartido.
  • La mente individual no es la fuente.

Clave: No pienso en soledad.

Sentido psicológico global del repaso:

Este repaso:

  • desactiva la autosuficiencia forzada,
  • reduce la carga mental,
  • devuelve descanso a la mente.

La mente deja de sostenerse a sí misma y empieza a apoyarse.

Sentido espiritual global del repaso:

Espiritualmente, la Lección 59 afirma:

La separación nunca fue total, por eso el apoyo nunca se perdió.

La vida deja de ser un esfuerzo individual y se convierte en una experiencia compartida con la Fuente.

Instrucciones prácticas:

Durante el día:

  • notar cuándo intentas hacerlo todo solo,
  • observar la tensión de “tener que poder”,
  • repetir suavemente:
    “Dios es mi fortaleza / mi Fuente / la Mente con la que pienso.”

Especialmente útil cuando surjan pensamientos como:

  • “No puedo más”
  • “No sé cómo hacer esto”
  • “Todo depende de mí”

Advertencias importantes:

No usar estas ideas para evadir responsabilidad.
No convertir la confianza en pasividad.
Usarlas para soltar el peso innecesario.
Usarlas para recordar el apoyo constante.

Relación con el proceso del Curso:

  • Lección 57 → Recuerdo de identidad
  • Lección 58 → Extensión de la santidad
  • Lección 59 → Reubicación del sostén

Aquí el Curso consolida la confianza radical.

Conclusión final:

La Lección 59 enseña una verdad profundamente estabilizadora:

No tengo que sostener mi vida solo. La Fuente no me abandona porque nunca me abandoné.

Cuando dejo de cargar conmigo mismo, la paz aparece como descanso natural.

Frase inspiradora final: “Cuando dejo de sostenerme solo, descubro que siempre estuve sostenido.”

Capítulo 18. IX. Los dos mundos (2ª parte).

IX. Los dos mundos (2ª parte).

4. El círculo de temor yace justo debajo del nivel que los ojos del cuerpo perciben, y aparenta ser la base sobre la que el mundo descansa. 2Ahí se encuentran todas las ilusiones, todos los pensa­mientos distorsionados, todos los ataques dementes, la furia, la venganza y la traición que se concibieron con el propósito de conservar la culpabilidad, de modo que el mundo pudiese alzarse desde ella y mantenerla oculta. 3Su sombra se eleva hasta la superficie lo suficiente como para conservar sus manifestacio­nes más externas en la oscuridad, y para causarles desespera­ción y mantenerlas en la soledad y en la más profunda tristeza. 4Su intensidad, no obstante, está velada tras pesados cortinajes, y se mantiene aparte de lo que se concibió para ocultarla. 5El cuerpo es incapaz de ver esto, pues surgió de ello para ofrecerle protección, la cual depende de que eso no se vea. 6Los ojos del cuerpo nunca lo verán. 7Pero verán lo que dicta.

El Ser Espiritual que somos, el Hijo de Dios, ha sido creado a imagen y semejanza de Su Creador, con quien comparte el vínculo eterno de la Unidad. Su esencia es Luz y Amor y su identidad es verdadera y real. Por tal motivo no está sujeto al cambio. Es inalterable e inmutable. Perfecto como Su Padre es Perfecto. Su poder es semejante al de Su Padre, pues así ha sido creado.

El uso de ese "poder" lo hace libre para crear, pero también lo hace libre para fabricar, es decir, para imaginar una ficticia realidad sujeta a las leyes de la temporalidad y el cambio.

Ese acto de imaginación le lleva a creer imágenes ilusorias de sí mismo. Sucumbir a la "tentación" del deseo (simbolizada por la tentadora serpiente) le llevó a ver de otra manera, lo que propició una visión basada en su imaginación que le llevó a la creencia de que fue "expulsado" del "paraíso" (símbolo de la unidad). Dicha creencia dio lugar al miedo y a la culpa. En esa visión distorsionada dejó de sintonizar la frecuencia de luz para entrar en un estado de soñoliencia del que aún no ha despertado.

El peso de la culpa, junto al miedo, nubla la visión verdadera y lo mantiene prisionero de la percepción errada. La mente dejó de servir al Amor para ser sierva del miedo.

5. El cuerpo seguirá siendo el mensajero de la culpabilidad y actuará tal como ella le dicte mientras tú sigas creyendo que la culpabilidad es real. 2Pues la supuesta realidad de la culpabili­dad es la ilusión que hace que ésta parezca ser algo denso, opaco e impenetrable, y la verdadera base del sistema de pensamiento del ego. 3Su delgadez y transparencia no se vuelven evidentes hasta que ves la luz que yace tras ella. 4Y ahí, ante la luz, la ves como el frágil velo que es.

Sentirse culpable por haber transgredido la Voluntad de Dios dio lugar a pensamientos de temor y a ver a su Creador como un ser vengativo y despiadado. Ocultar lo que interpretó como su pecado le llevó igualmente a ocultar su culpa. Ese temor es una sombra que cobija en su mente y que, cuando es analizada desde la luz de la verdad, se difumina, pues no es más que el fruto de un acto imaginativo de lo que nunca ocurrió.

La pregunta que debemos hacernos es simple de entender y de contestar: ¿Qué padre que crea a su hijo en un acto de amor lo castigaría por sus errores? El castigo nunca puede ser un acto de amor, así como las tinieblas no pueden ser confundidas con la luz. ¿No es más inteligente pensar que ese padre mostrará su rostro amoroso para invitar a su hijo a ver de otra manera aquello que ha malinterpretado? Siendo así, ¿cómo vamos a continuar culpándonos y culpando a Dios de nuestras desgracias?

6. Esta barrera tan aparentemente sólida, y ese falso suelo que parece una roca, es como un banco de nubes negras que flotan muy cerca de la superficie, dando la impresión de ser una sólida muralla ante el sol. 2Su apariencia impenetrable no es más que una ilusión. 3Cede mansamente ante las cumbres que se elevan por encima de ella, y no tiene ningún poder para detener a nadie que quiera ascender por encima de ella y ver el sol. 4Esta apa­rente muralla no es lo suficientemente fuerte como para detener la caída de un botón o para sostener una pluma. 5Nada puede descansar sobre ella, pues no es sino una base ilusoria. 6Trata de tocarla y desaparece; intenta asirla y tus manos no agarran nada.

En este punto, Jesús pone especial énfasis en hacernos comprender que la ilusión de la culpa y el miedo es un pensamiento muy frágil, a pesar de su rocosa apariencia cuando lo imaginamos desde el temor y la vergüenza.

Podemos comprobar la fragilidad del miedo cuando lo llevamos ante la presencia del amor. Así como la oscuridad se difumina y desaparece cuando encendemos la luz, el miedo nos muestra su verdadera esencia cuando lo miramos desde el amor. El amor es nuestra esencia verdadera y se convierte en nuestra fortaleza cuando lo expandimos a través de nuestra mente, compartiéndolo con los demás.

jueves, 27 de febrero de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 58

LECCIÓN 58

El repaso de hoy abarca las siguientes ideas:

1. (36) Mi santidad envuelve todo lo que veo.


2De mi santidad procede la percepción del mundo real. 3Habiendo perdonado, ya no me considero culpable. 4Puedo aceptar la ino­cencia que es la verdad con respecto a mí mismo. 5Cuando veo el mundo con los ojos del entendimiento, sólo veo su santidad por­que lo único que puedo ver son los pensamientos que tengo acerca de mí mismo.

2. (37) Mi santidad bendice al mundo.

2La percepción de mi santidad no me bendice únicamente a mí. 3Todas las personas y todo cuanto veo en su luz comparten la dicha que mi santidad me brinda. 4No hay nada que esté excluido de esta dicha porque no hay nada que no comparta mi santidad. 5medida que reconozca mi santidad, la santidad del mundo se alzará resplandeciente para que todos la vean.

3. (38) No hay nada que mi santidad no pueda hacer.

2El poder curativo de mi santidad es ilimitado porque su poder para salvar es ilimitado. 3¿De qué me tengo que salvar, sino de las ilusiones? 4¿Y qué son las ilusiones sino falsas ideas acerca de mí? 5Mi santidad las desvanece a todas al afirmar la verdad de lo que soy. 6En presencia de mi santidad, la cual comparto con Dios Mismo, todos los ídolos desaparecen.

4. (39) Mi santidad es mi salvación.

2Puesto que mi santidad me absuelve de toda culpa, reconocer mi santidad es reconocer mi salvación. 3Es también reconocer la sal­vación del mundo. 4Una vez que haya aceptado mi santidad, nada podrá atemorizarme. 5Y al no tener miedo, todos comparti­rán mi entendimiento, que es el regalo que Dios me hizo a mí y al mundo.

5. (40) Soy bendito por ser un Hijo de Dios.

2En esto reside mi derecho a lo bueno y sólo a lo bueno. 3Soy ben­dito por ser un Hijo de Dios. 4Todo lo que es bueno me pertenece porque así lo dispuso Dios. 5Por ser Quien soy no puedo sufrir pérdida alguna, ni privaciones ni dolor. 6Mi Padre me sustenta, me protege y me dirige en todo. 7El cuidado que me prodiga es infinito y eterno. 8Soy eternamente bendito por ser Su Hijo.


¿Qué me enseñan estas afirmaciones?

Os dejo una batería de preguntas, a título de ejemplo, que nos pueden ayudar a reflexionar sobre cada uno de los apartados.

Mi santidad envuelve todo lo que veo.
  • Decido ver la realidad y mis ojos me muestran un mundo perfecto, libre de culpas; un mundo abundante y pleno; un mundo feliz y armonioso. Veo la santidad en cada uno de mis hermanos y reconozco mi propia santidad reflejada en sus rostros. ¿Qué harás hoy con tu abundancia? ¿Compartirás tus dones y talentos con los demás? ¿Extenderás tu santidad con el único propósito de liberar al mundo de la prisión de sus miedos y de sus culpas? 
Mi santidad bendice al mundo.
  • Recuerda que das lo que tienes; si tus pensamientos son santos, expandirás santidad
    en cada uno de tus actos y el mundo será bendecido por ello. Comparte tus pensamientos santos con el resto de la filiación y estarás creando una confraternización de Amor. ¿Qué harás hoy para compartir con el mundo tus bendiciones? ¿Qué pensamientos sembrarás? ¿Qué sentimientos despertarás? ¿Qué verdades transmitirás? ¿Qué realidades construirás?
No hay nada que mi santidad no pueda hacer.
  • Tu despertar te mostrará quién eres y, entonces, te descubrirás como un Ser Santo. Esa Santidad es tu condición natural; siempre has gozado de ella, aunque decidiste olvidarlo. La salvación del mundo es tu propia salvación. Sálvate tú, viviendo tu santidad, y el mundo se liberará. ¿Qué te mantiene atado a la culpa? ¿Qué miedo paraliza tu corazón?
Mi santidad es mi salvación.
  • Recuperar tu verdadera identidad te permitirá renunciar al mundo de perdición, donde tu visión se identifica con la ilusión. No eres un cuerpo; no estás sujeto a la temporalidad; libérate del temor de no tener; no te regocijes en el dolor, en el sufrimiento, en la enfermedad, no le des el valor del castigo. Eres un Ser Santo y eres Perfecto, como Perfecto es el Pensamiento Divino. ¿Aún percibes desde la necesidad? ¿Aún crees que fuiste expulsado del Paraíso Terrenal por desobedecer a Dios? ¿Aún piensas que has pecado y que eres merecedor del castigo redentor?
Soy bendito por ser un Hijo de Dios.
  • ¡Que así sea! No creas que eres maldito por haberte identificado con tu cuerpo. No caigas en el error de otorgarle esa potestad al vehículo material. En cambio, dirige tu atención hacia tus pensamientos y libérate de la creencia errónea que te mantiene prisionero del cuerpo. Utilízalo para expandir tu santidad y bendícelo por los servicios prestados. No te apegues a él, creyendo que es tu morada. Eres el Hijo de Dios y tu origen es divino y eterno, no terrenal y temporal. ¿Te sentirás feliz? ¿Te regocijarás al conocer que eres el bendito Hijo de Dios? ¿Qué harás con esa heredad? ¿En qué emplearás tu divinidad? 

Sentido general de la Lección:

La Lección 58 enseña que la santidad reconocida no se queda en la mente: se extiende.

Si en la Lección 57 el énfasis estaba en dejar de verse como víctima, en la 58 el foco se desplaza a lo que ocurre cuando recuerdo quién soy.

No basta con recordar la santidad: la santidad bendice, envuelve y transforma la percepción.

Este repaso marca el paso de: “yo cambio por dentro” a “el mundo cambia cuando me recuerdo”. 

Propósito y sentido del repaso:

El propósito de este repaso es deshacer la creencia de que la santidad es privada, pasiva o irrelevante para el mundo.  El ego se defiende diciendo:

  • “Mi estado interior no afecta a nadie”
  • “Yo no tengo nada que aportar”
  • “El mundo es demasiado grande para que yo influya” 

El Curso responde con claridad: Tu santidad no es personal, es expansiva. Y su efecto no depende de que lo comprendas.

Análisis de las ideas repasadas: 

Mi santidad envuelve todo lo que veo (Lección 36) 

Psicológicamente:

  • Disuelve la separación sujeto–objeto.
  • Reduce la sensación de amenaza externa.
  • La mente deja de verse rodeada de enemigos.

 Espiritualmente:

  • Afirma que la percepción parte de la identidad.
  • La santidad no se proyecta: se extiende.
  • Nada queda fuera del campo de la mente que recuerda.

 Clave: No veo desde el miedo cuando recuerdo lo que soy. 

Mi santidad bendice al mundo (Lección 37) 

Psicológicamente:

  • Sana la sensación de inutilidad o insignificancia.
  • Restituye el valor del simple “ser”. 

Espiritualmente:

  • Bendecir no es hacer, es permitir que la verdad se exprese.
  • La bendición no depende del comportamiento, sino del recuerdo. 

Clave: No necesito cambiar el mundo para bendecirlo. 

No hay nada que mi santidad no pueda hacer (Lección 38) 

Psicológicamente:

  • Corrige la autoimagen limitada.
  • Disuelve la creencia de impotencia aprendida.
  • Introduce confianza no basada en el ego. 

Espiritualmente:

  • La santidad no actúa como poder personal.
  • Es el poder de la verdad al no encontrar resistencia. 

Clave: La santidad no fuerza; deshace lo que no es real. 

Mi santidad es mi salvación (Lección 39) 

Psicológicamente:

  • Desmonta la búsqueda externa de seguridad.
  • La salvación deja de ser algo que “tengo que lograr”. 

Espiritualmente:

  • La salvación no viene del esfuerzo, sino del reconocimiento.
  • No se gana, se acepta. 

Clave: No soy salvado por lo que hago, sino por lo que soy. 

Soy bendito por ser un Hijo de Dios (Lección 40) 

Psicológicamente:

  • Sana la culpa básica.
  • Restituye una autoimagen no condenatoria. 

Espiritualmente:

  • La bendición no es condicional.
  • La filiación es un hecho, no un mérito. 

Clave: Mi valor no depende de mi historia. 

Sentido psicológico global del repaso: 

Este repaso:

  • disuelve la idea de insignificancia,
  • restaura la confianza interna,
  • transforma la percepción del mundo como amenaza. 

La mente deja de protegerse y empieza a extenderse. 

Sentido espiritual global del repaso: 

Espiritualmente, la Lección 58 afirma: La salvación no es escapar del mundo, sino permitir que la santidad lo envuelva. 

El mundo no se ataca ni se abandona: se bendice al ser visto correctamente. 

Instrucciones prácticas:

 Durante el día:

  • notar cuándo te sientes pequeño o irrelevante,
  • recordar que tu santidad no es personal,
  • repetir suavemente: “Mi santidad bendice al mundo.” 

Especialmente útil cuando surjan pensamientos como:

  • “No sirvo para esto”
  • “No marco ninguna diferencia”
  • “Mi paz no importa” 

Advertencias importantes: 

  • No usar estas ideas para inflar el ego. 
  • No confundir santidad con superioridad moral. 
  • Usarlas para recordar identidad.Usarlas para soltar la sensación de inutilidad.

Relación con el proceso del Curso: 

  • Lección 54 → Ver es elegir
  • Lección 55 → No sé elegir sin guía
  • Lección 56 → El ataque me ciega
  • Lección 57 → No soy víctima; soy mente santa
  • Lección 58 → Mi santidad se extiende y salva 

Aquí el Curso consolida la extensión del recuerdo. 

Conclusión final: 

La Lección 58 enseña una verdad profundamente estabilizadora: No soy un individuo tratando de salvarse, soy una mente santa cuya sola presencia bendice. 

Cuando dejo de dudar de mi valor, el mundo deja de parecer hostil. 

Frase inspiradora final: “Cuando recuerdo mi santidad, no necesito hacer nada: el mundo es bendecido.”

Capítulo 18. IX. Los dos mundos (1ª parte).

IX. Los dos mundos (1ª parte).

1.   Se te ha dicho que lleves la oscuridad a la luz, y la culpabili­dad a la santidad. 2Se te ha dicho también que el error tiene que ser corregido allí donde se originó. 3Lo que el Espíritu Santo necesita, por lo tanto, es esa diminuta parte de ti, el insignificante pensamiento que parece estar separado y desconectado. 4El resto está completamente al cuidado de Dios y no necesita guía. 5Pero ese pensamiento descabellado e ilusorio necesita ayuda porque, en su demencia, cree que él es el Hijo de Dios, completo en sí mismo y omnipotente, único gobernante del reino que estableció aparte para forzarlo, mediante la locura, a la obediencia y a la esclavitud. 6Ésa es la pequeña parte que crees haberle robado al Cielo. 7¡Devuélvesela! 8El Cielo no la ha perdido, pero tú has per­dido de vista al Cielo. 9Deja que el Espíritu Santo la saque del desolado reino donde tú la confinaste, rodeada de tinieblas, pro­tegida por el ataque y reforzada por el odio. 10Dentro de sus barricadas todavía se encuentra un diminuto segmento del Hijo de Dios, completo y santo, sereno y ajeno a lo que tú crees que le rodea.

El pensamiento sigue a su fuente. La fuente de donde emana toda creación es la Voluntad, el Amor y la Inteligencia. Esos tres Principios no están separados, sino que forman la unidad de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todo pensamiento creador sigue la estela de esos tres Principios. Esos tres Principios se manifiestan bajo la Ley del Libre Albedrío, pues están más allá de cualquier límite imaginable.

La unidad de la que gozan esos tres Principios establece la dirección correcta para expandir la creación. La Voluntad debe unirse al Amor para crear inteligentemente, es decir, para crear desde la Unidad. Cuando la voluntad no se une al amor, la mente nos muestra una visión distorsionada de la unidad, lo que se traduce en una visión carente de amor y, por lo tanto, una visión ilusoria de la verdad.

La dirección del uso de la voluntad nos lleva, bien a crear la verdad o bien a fabricar la ilusión. La diferencia entre ambas radica en que, mientras la verdad es eterna, la ilusión es temporal, o lo que es lo mismo, es irreal.

Este punto nos invita con su enseñanza a que redirijamos nuestra voluntad y la pongamos al servicio del amor. Con ello estaríamos haciendo la Voluntad de nuestro Padre, es decir, estaríamos creando desde la unidad.

2. No te mantengas separado, pues Aquel que sí lo rodea te ha brindado la unión, y ha llevado tu minúscula ofrenda de oscuri­dad a la luz eterna. 2¿Cómo se logra eso? 3Muy fácilmente, pues está basado en lo que ese mísero reino realmente es. 4El árido desierto, las tinieblas y la falta de vida, sólo se ven a través de los ojos del cuerpo. 5La desolada visión que éstos te ofrecen está dis­torsionada, y los mensajes que te transmiten a ti que la inventaste para poner límites a tu conciencia son insignificantes y limitados, y están tan fragmentados que no tienen sentido.

Identificamos la visión como la capacidad que tienen los ojos físicos para percibir lo externo. Sin embargo, la verdadera visión no se encuentra en la capacidad de nuestros ojos físicos, sino en nuestra mente. Es posible que esta afirmación nos invite a reflexionar sobre esta cuestión. Si lo hacemos y ponemos en práctica su mensaje, no tendremos más remedio que confirmar su certeza.

Observemos cualquier objeto que se encuentre ante nuestros ojos. Elijo un objeto para desarrollar este ejercicio. En estos momentos, estoy frente a la pantalla del ordenador. Lo sé porque mis ojos me lo están mostrando y no he podido confundirlo con otro objeto, como por ejemplo la taza de café que se encuentra justamente a su lado. No tengo dudas, nos diremos, pues sé distinguir lo que mis ojos me están mostrando. Pienso que la pantalla es una pantalla y que la taza es una taza porque me lo muestran mis ojos. Sin embargo, el significado de ambos objetos es identificable porque en mi mente se encuentra la información adquirida en un pasado sobre sus significados. ¿Pero podemos decir que el verdadero significado de esos objetos es el que nosotros pensamos que es?

Si elegimos ver al otro desde nuestra visión corporal, lo que haremos será decidir verlo como nosotros creemos que es, no como en realidad es. Lo juzgamos por su apariencia externa y decidimos proyectar sobre él toda la culpabilidad que atesoramos en nuestro interior y que no estamos dispuestos a aceptar. De este modo, el cuerpo se convierte en la barrera que ponemos entre nosotros y la salvación, la cual tan solo puede ser real cuando decidimos ver a nuestros hermanos desde la unidad.

3. Parece como si desde el mundo de los cuerpos, al que la demencia dio lugar, se le devolvieran a la mente que lo concibió mensajes descabellados. 2Y esos mensajes dan testimonio de dicho mundo, y lo proclaman real. 3Pues tú enviaste a esos mensajeros para que te trajesen esos mensajes. 4De lo único que dichos mensa­jes te hablan es de cosas externas. 5No hay mensaje que hable de lo que está subyacente, pues el cuerpo no podría hablar de ello. 6Sus ojos no lo pueden percibir; sus sentidos siguen siendo completa­mente inconscientes de ello y su lengua no puede transmitir sus mensajes. 7Pero Dios puede llevarte hasta allí, si estás dispuesto a seguir al Espíritu Santo a través del aparente terror, confiando en que Él no te abandonará ni te dejará allí. 8Pues Su propósito no es atemorizarte, aunque el tuyo lo sea. 9Te sientes seriamente tentado de abandonar al Espíritu Santo al primer roce con el anillo de temor, pero Él te conducirá sano y salvo a través del temor y más allá de él.

El término "demencia" que utiliza Jesús en este apartado, así como en otros del Curso, puede ser interpretado por muchos de nosotros como inapropiado al pensar que se está realizando un juicio en los términos propios del ego. Si así lo estamos interpretando, deberíamos sopesar que el significado etimológico de dicho término procede del latín dementis, que se traduce en "el que se sale de su mente", o lo que es lo mismo, que no utiliza su mente bajo el Principio de la Inteligencia Divina, la cual expresa la verdad de la unidad.

Por lo tanto, el término demente no es un juicio condenatorio del uso de la mente, sino la comprensión del uso de la voluntad en una dirección errónea que la conduce al encuentro con una realidad imaginada que da lugar a la creencia en la separación.

El pensamiento es demente cuando nos lleva a la creencia en la separación o, lo que es lo mismo, cuando nos lleva a identificarnos con el cuerpo y con la conciencia perceptiva. 

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