miércoles, 30 de abril de 2025

Capítulo 20. II. La ofrenda de azucenas (2ª parte).

II. La ofrenda de azucenas (2ª parte).

3. Cada regalo es una evaluación tanto del que recibe como del que da. 2No hay nadie que no considere como un altar a sí mismo aquello que ha elegido como su hogar. 3Y no hay nadie que no desee atraer a los devotos de lo que ha depositado allí, haciendo que sea digno de la devoción de éstos.  4Y todo el mundo ha puesto una luz sobre su altar para que otros puedan ver lo que ha depositado en él y lo hagan suyo. 5Este es el valor que le conce­diste a tu hermano y que te concediste a ti mismo. 6Éste es el regalo que le haces a él y que te haces a ti mismo: el veredicto acerca del Hijo de Dios por lo que él es. 7No te olvides de que es a tu salvador a quien le ofreces el regalo. 8Ofrécele espinas y te crucificas a ti mismo. 9Ofrécele azucenas y es a ti mismo a quien liberas.

Elegir conscientemente a la mente como el lugar sagrado de donde emanan nuestras creencias nos sitúa en el plano de la verdad. La única verdad procede del amor, la esencia con la que Dios nos ha creado a Su imagen y semejanza. Ser Hijo de Dios es ser Hijo del Amor. La mente crea vida cuando sirve al amor. Cuando la mente expande amor, está reconociendo que forma parte de la Unidad de la Filiación. De la causa del amor crecen frutos de paz y felicidad. Todo altar erigido al culto del amor está adornado por azucenas y la luz que se desprende de él se convierte en un faro para todo aquel que busca alcanzar el puerto de la salvación.

4. Tengo gran necesidad de azucenas, pues el Hijo de Dios no me ha perdonado. 2¿Y puedo ofrecerle perdón cuando él me ofrece espinas? 3Pues aquel que le ofrece espinas a alguien está todavía contra mí, mas ¿quién podría ser íntegro sin él? 4Sé su amigo en mi nombre, para que yo pueda ser perdonado y tú puedas ver que el Hijo de Dios goza de plenitud. 5Pero examina primero el altar del hogar que has elegido, y observa lo que allí has depositado para ofrecérmelo a mí. 6Si son espinas cuyas puntas reful­gen en una luz de color sangre, has elegido al cuerpo como hogar y lo que me ofreces es separación.  7
Las espinas, no obstante, han desaparecido. 8Examínalas más de cerca ahora y podrás ver que 
tu altar ya no es lo que era antes.

Nuestra voluntad es libre para elegir. Ya hemos hablado en el punto anterior de los regalos que nos ofrece la mente cuando elige servir al amor. Cada pensamiento de amor es un regalo de azucena que compartimos con la Filiación. Pero la mente puede elegir un camino ausente de amor, puede elegir ver fuera de la consciencia crística, y cuando así lo hace, sustituye su poder de crear por el de imaginar, inventando una realidad ilusoria y temporal con la cual se identifica. Podemos decir que la mente se nubla, se oscurece, entra en un estado de sopor semejante al sueño y, a partir de ese nuevo estado, cree que las sombras son la realidad y deja de distinguir la luz. 

El cuerpo no es nuestra verdadera esencia, pues de serlo, Dios sería un cuerpo y eso no es verdad. Las consecuencias de habernos identificado con el cuerpo nos llevan a rendirle culto y a ocultar el temor que nos origina dicha identificación. 

5. Todavía miras con los ojos del cuerpo, y éstos sólo pueden ver espinas. 2Sin embargo, has pedido ver otra cosa y se te ha conce­dido. 3Aquellos que aceptan el propósito del Espíritu Santo como su propósito comparten asimismo Su visión. 4lo que le permite a Él ver irradiar Su propósito desde cada altar es algo tan tuyo como Suyo. 5Él no ve extraños, sino tan sólo amigos entrañables y amorosos. 6Él no ve espinas, sino únicamente azucenas que reful­gen en el dulce resplandor de la paz, la cual irradia su luz sobre todo lo que Él contempla y ama.­

Las espinas a las que se refiere este punto son los efectos que causa la creencia en la separación y la identificación con el cuerpo. Al mirar desde esa creencia a nuestros hermanos, vemos en el otro la representación de aquello que tememos y que inconscientemente reconocemos como la causa de nuestra perdición, nuestra naturaleza pecadora. Es por tal motivo que elegimos atacar esa falsa percepción y cada ataque se convierte en una espina que clavamos en la conciencia crística.

El Espíritu Santo, la Voz que habla por Dios en nuestra mente, iluminará el camino que ha de conducirnos a la salvación. Ese camino no es otro que el que nos llevará de vuelta a nuestro verdadero hogar. El Cielo, el símbolo de la unidad, es nuestro destino, es nuestra verdadera realidad. Para alcanzarlo, tan solo debemos cumplir un requisito: ir de la mano de nuestros hermanos y ofrecerles nuestras azucenas, esto es, nuestro perdón.

martes, 29 de abril de 2025

Capítulo 20. II. La ofrenda de azucenas (1ª parte).

II. La ofrenda de azucenas (1ª parte).

1. Observa todas las baratijas que se confeccionan para colgarse del cuerpo, o para cubrirlo o para que él las use. 2Contempla todas las cosas inútiles que se han inventado para que sus ojos las vean. 3Piensa en las muchas  ofrendas que se le hacen para su deleite, y recuerda que todas ellas se concibieron para que aque­llo que aborreces pareciera hermoso. 4¿Utilizarías eso que aborre­ces para cautivar a tu hermano y atraer su atención? 5Date cuenta de que lo único que le ofreces es una corona de espinas, al no reconocer el cuerpo como lo que es y al tratar de justificar la interpretación que haces de su valor basándote en la aceptación que tu hermano hace de él. 6Aún así, el regalo proclama el poco valor que le concedes a tu hermano, del mismo modo en que el agrado con que él lo acepta refleja el poco valor que él se concede a sí mismo.

No te sientas mal, no te sientas traicionado por aquellos que te han educado y que te han enseñado lo que han aprendido, aunque su contenido sea un error. Mientras que el feto se encuentra en el interior de su madre, se puede interpretar que forma parte de ella. No tiene conciencia de lo que realmente es, pero se siente parte de ella. 

Cuando se produce el alumbramiento, este viene acompañado de la separación del nuevo cuerpo de aquel que le ha creado durante 9 meses. A partir de ese momento, comienza el aprendizaje de lo que creemos ser, pues es lo que percibimos que somos. 

Aquellos que han escrito sobre la evolución espiritual de la consciencia y del ser nos dicen que el niño al nacer conserva la visión verdadera; esta es la condición espiritual, lo que lo mantiene unido a su creador. Será con el paso del tiempo que esa visión se sustituya por la visión perceptiva y se olvide por completo.

La creencia en la separación de los cuerpos se instituye como una verdad irrefutable para el sistema de pensamiento del ego y sitúa al cuerpo como nuestra verdadera identidad y todo gira alrededor de esa falsa creencia.

Cada vez que nos expresamos, lo hacemos desde conciencia corporal, desde la percepción en la separación. Lo más demente de todo es que, en lo más profundo de nuestra inconsciencia, seguimos identificados con la creencia en que el cuerpo es el único causante de todas nuestras desgracias, pues es la causa de nuestra naturaleza pecadora.

2. Si los regalos se han de dar y recibir de verdad, no se pueden dar a través del cuerpo. 2El cuerpo no puede ofrecer ni aceptar nada; tampoco puede dar o quitar nada. 3Sólo la mente puede evaluar, y sólo ella puede decidir lo que quiere recibir y lo que quiere dar. 4Y cada regalo que ofrece depende de lo que ella misma desea. 5La mente engalanará con gran esmero lo que ha elegido como hogar, y lo preparará para que reciba los regalos que ella desea obtener, ofreciéndoselos a aquellos que vengan a dicho hogar, o a aquellos que quiere atraer a él. 6Y allí intercam­biarán sus regalos, ofreciendo y recibiendo lo que sus  mentes hayan juzgado como digno de ellos.

Decía en el punto anterior que no debemos sentirnos mal al considerar al cuerpo como nuestra verdadera realidad. Culpar al cuerpo de nuestras desgracias, de nuestros sufrimientos, es reconocer su realidad para poder ofrecernos esos regalos. Es más coherente, es más lógico verlo tal y como es. Conociéndolo, podemos otorgarle su verdadera función y permitirle prestar sus servicios a la única causa que nos mueve, el reencontrarnos con la verdad, con la felicidad y con la paz.

Para reconocer su función, debemos sustituir su papel en nuestra conciencia y otorgárselo a la mente, la cual ha permanecido oculta y desconocida. Ser consciente de que la mente es la causa de todas nuestras creencias y que no pertenece al mundo perceptivo, sino al espiritual, no aporta una visión nueva y, fruto de ello, podremos conocer nuestra verdadera identidad y la de los demás. Ese es el regalo que debemos ofrecer a nuestros hermanos.

lunes, 28 de abril de 2025

Capítulo 20. LA VISIÓN DE LA SANTIDAD. I. La Semana Santa.

Capítulo 20

LA VISIÓN DE LA SANTIDAD 

I. La Semana Santa.

1. Hoy es Domingo de Ramos, la celebración de la victoria y la aceptación de la verdad.  2No nos pasemos esta Semana Santa lamentando la crucifixión del Hijo de Dios, sino celebrando jubi­losamente su liberación. 3Pues la Pascua de Resurrección es el signo de la paz, no del dolor. 4Un Cristo asesinado no tiene sen­tido. 5Pero un Cristo resucitado se convierte en el símbolo de que el Hijo de Dios se ha perdonado a sí mismo, en la señal de que se considera a sí mismo sano e íntegro.

Jesús emplea la primera sección del capítulo 20 para revelarnos el auténtico sentido de la Semana Santa.  Creo que es imprescindible que la humanidad comprenda esta contribución tan extraordinaria, ya que si examinamos cómo se interpreta y se ejerce su simbolismo, no podremos más que admitir que el sistema de pensamiento del ego dirige nuestras convicciones. Estoy convencido de que cada religión le otorga un significado diferente a esta festividad, que indudablemente, más allá de su realidad histórica, está simbolizando una etapa del proceso de despertar de la conciencia humana.

Desde la cultura que he recibido de manos de la religión católica, recuerdo desde muy pequeño que la Semana Santa me atraía de una manera especial, pues el hecho de permitirme vestir los ropajes de un nazareno y de pertenecer a una cofradía que rinde culto a la imagen del Hijo de Dios, para mí adquiría un profundo significado, aunque no comprendiese entonces el porqué me sentía de esa manera. He de reconocer que en la educación religiosa recibida, cuando se abordaba la Semana Santa, me producía miedo y preocupación, pues entendía que para alcanzar el nivel de la santidad había, sin duda alguna, un tramo de humillación, sufrimiento y dolor. El ejemplo que nos mostraba Jesús muriendo en la cruz para purificar los pecados del mundo no me invitaba a seguir sus pasos, sino a elegir otro modo de vida que fuese menos traumático.

Cuando descubrí un mensaje diferente en el simbolismo de la Semana Santa, pude liberarme del miedo que durante muchos años me había acompañado y que me impedía seguir el ejemplo de la crucifixión recibida por el maestro Jesús. El domingo, el día asociado a la luminosidad del Sol, se produce el hecho más importante que nos enseña esta celebración: La Resurrección.

2. Esta semana empieza con ramos y termina con azucenas, el signo puro y santo de que el Hijo de Dios es inocente. 2No permi­tas que ningún signo lúgubre de crucifixión se interponga entre la jornada y su propósito, entre la aceptación de la verdad y su expresión. 3Esta semana celebramos la vida, no la muerte. 4Y honr­amos la perfecta pureza del Hijo de Dios, no sus pecados. 5Hazle a tu hermano la ofrenda de las azucenas, no la de una corona de espinas; el regalo del amor, no el "regalo" del miedo. 6Te encuen­tras a su lado, con espinas en una mano y azucenas en la otra, indeciso con respecto a cuál le vas a dar. 7Únete a mí ahora, des­hazte de las espinas y, en su lugar, ofrécele las azucenas. 8Lo que quiero esta Pascua es el regalo de tu perdón, que tú me concedes y yo te devuelvo. 9No podemos unirnos en la crucifixión ni en la muerte. 10Ni tampoco puede consumarse la resurrección hasta que tu perdón descanse sobre Cristo, junto con el mío.

Os quiero compartir la narración del evangelista Marcos sobre la entrada de Jesús en Jerusalén. Para los que quieran conocer con mayor profundidad el contenido de dicho Evangelio y su significado esotérico, os dejo un enlace que os llevará a la publicación de la obra titulada "Nuevas Creencias, Nuevas Consciencias", en la que trato de desmenuzar la simbología oculta en el Texto Sagrado. 

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ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALEN

"Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá. Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! 10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! (Mc. 11.1.10)".

¿Te imaginas la escena formando parte de la misma? Seguro que te unirías a las voces que clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Esa exclamación está preñada del verdadero significado que representa la Semana Santa. Habla de nuestro reconocimiento por El Salvador. Nadie desea su muerte, salvo los que se encuentran representados en la narración bíblica por el sistema de pensamiento del ego: los representantes del Sanedrín, los vendedores del templo y, por Poncio Pilato, en su papel de juez y verdugo.

3. Una semana es poco tiempo, sin embargo, la Semana Santa simboliza la jornada que el Hijo de Dios emprendió. 2Él comenzó con el signo de la victoria, la promesa de la resurrección, la cual ya se le había concedido. 3No dejes que caiga en la tentación de la crucifixión ni que se demore allí. 4Ayúdale a seguir adelante en paz más allá de ella, con la luz de su propia inocencia alum­brando el camino hacia su redención y liberación. 5No le obstru­yas el paso con clavos y espinas cuando su redención está tan cerca. 6Deja, en cambio, que la blancura de tu radiante ofrenda de azucenas lo acelere en su camino hacia la resurrección.

El periodo de tiempo que se recoge en el pasaje bíblico es representativo. No está aludiendo a su sentido específico. Los textos sagrados no recogen una narrativa exclusivamente histórica, sino que en su contenido se encuentran las claves herméticas y esotéricas que deben ser desveladas para así conocer su profundo mensaje y significado. En el caso de la Semana Santa y de cada uno de los personajes que se describen en sus pasajes, debemos leer entre líneas lo que representa para el alma y para la evolución de nuestra conciencia.

De este modo, Jesús, al elegir un pollino para entrar en Jerusalén, nos está enseñando un acto de humildad y sencillez. No eligió un alazán de poderoso porte para demostrar su poder, pues su poder, como su reino, no era de este mundo. 

4.  La Pascua no es la celebración del costo del pecado, sino la celebración de su final. 2Si al mirar entre los níveos pétalos de las azucenas que has recibido y ofrecido como tu regalo vislumbras tras el velo la faz de Cristo, estarás contemplando la faz de tu hermano y reconociéndola. 3Yo era un extraño y tú me acogiste, a pesar de que no sabías quién era. 4Mas lo sabrás por razón de tu ofrenda de azucenas. 5En el perdón que le concedes a ese forastero, que aunque es un extraño para ti es tu Amigo  ancestral, reside su liberación y tu redención junto con él. 6La temporada de Pascua es una temporada de júbilo, no de duelo. 7Contempla a tu Amigo resucitado y celebra su santidad junto conmigo. 8Pues la Pascua es la temporada de tu salvación, junto con la mía.

La Semana Santa, tal y como nos la enseña Jesús, es un mensaje de salvación y no de condena. Es un mensaje de transformación, en el que el Espíritu prevalece por encima del cuerpo; esto es, el amor sustituye al miedo, la unicidad sustituye a la separación y la vida vence a la muerte.

Al igual que sus discípulos, de sus allegados, debemos acompañar a Jesús hasta el último tramo del camino. No podemos quedarnos afligidos cuando percibamos que el sufrimiento y el dolor son el final de nuestros días, pues nuestro verdadero Ser está por encima de esa ilusión. Debemos tener fe en lo que nos muestra Jesús cuando aborda el pasaje de la resurrección.

EL SEPULCRO VACIO

"1Pasado el sábado, María Magdalena, y María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a ungirle. 2 Muy de madrugada, el primer día después del sábado, en cuanto salió el sol, vinieron al monumento. 3 Se decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del monumento? 4 Y mirando, vieron que la piedra esta removida; era muy grande. 5 Entrando en el monumento, vieron un joven sentado a la derecha, vestido de una túnica blanca, y quedaron sobrecogidas de espanto. 6 Él les dijo: No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el sitio en que le pusieron. 7 Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que os precederá a Galilea; allí le veréis, como os he dicho. 8 Saliendo, huían del monumento, porque el temor y estupor se había apoderado de ellas, y a nadie dijeron nada; tal era el miedo que tenían" (Mc. 16:8).

Como se puede comprobar en el contenido del pasaje, el miedo nos acompaña hasta el último tramo del camino. Reconocer la existencia verdadera del Ser, su invulnerabilidad, su intemporalidad, no nos resultará fácil. Muchos de nosotros, al igual que Tomás, necesitaremos meter el dedo en la llaga para creer en la resurrección de Jesús. Pero finalmente, la resurrección queda inscrita en nuestra consciencia como la meta que debemos alcanzar para que la verdad prevalezca sobre la ilusión.

viernes, 25 de abril de 2025

Capítulo 19. D-i. El descorrimiento del velo (5ª parte).

i. El descorrimiento del velo (5ª parte).

17. Ten fe en tu hermano, pues la fe, la esperanza y la misericordia son tuyas para que las des. 2A las manos que dan, se les da el regalo. 3Contempla a tu hermano, y ve en él el regalo de Dios que quieres recibir. 4Ya es casi la Pascua, la temporada de la resurrec­ción. 5Concedámonos la redención unos a otros y compartámosla, para podernos levantar unidos en la resurrección, y no separados en la muerte. 6Contempla el regalo de libertad que le di al Espíritu Santo para ti. 7Y liberaos juntos, al ofrecerle al Espíritu Santo ese mismo regalo. 8Y al dárselo, recibidlo de Él a cambio de lo que le disteis. 9Él nos conduce a ti y a mí para que nos podamos encon­trar aquí, en este sagrado lugar, y juntos tomar la misma decisión.

Tener fe en nuestro hermano es una invitación a ver la verdad de su identidad, la realidad que expresa su presencia en nuestra existencia. Esa verdad es la que nos lleva a creer en la semejanza en la que hemos sido creados y que nos une a Dios y a Su creación. Tener fe en nuestro hermano es conocer quiénes somos y quién es él; lo que significa que reconocemos nuestra igualdad, nuestra unidad. Si no tenemos fe en nuestro hermano, seguiremos atacándolo y crucificándolo para que redima sus culpas. Le daremos muerte creyendo que de este modo estamos poniendo fin a aquello que pone en peligro nuestra verdad, dado que en lo más profundo de nuestro ser reconocemos que él representa la vía de nuestra salvación, pues se convierte en la diana hacia la cual debemos dirigir nuestro amor, nuestro perdón. Sin su existencia no tendríamos el espejo a través del cual poder mirarnos y reconocer lo que somos.

Sí, nuestro hermano es el regalo que nos permitirá expandir nuestra naturaleza divina, nuestro amor.

18. Libera a tu hermano aquí, tal como yo te liberé a ti. 2Hazle el mismo regalo, y contémplalo sin ninguna clase de condena. 3Considéralo tan inocente como yo te considero a ti, y pasa por alto los pecados que él cree ver en sí mismo. 4Ofrécele en este huerto de aparente agonía y muerte su libertad y completa emancipación del pecado. 5De esta manera, allanaremos juntos el camino que conduce a la resurrección del Hijo de Dios y le per­mitiremos elevarse de nuevo al feliz recuerdo de su Padre, Quien no conoce el pecado ni la muerte, sino sólo la vida eterna.

Cuando experimentamos una pesadilla, ¿no agradecemos que nos despierten y que calmen nuestra ansiedad? ¿No agradeceremos que alguien encienda la luz y que nos libere de la oscuridad en la que nos sentíamos prisioneros? ¿No agradeceremos que alguien nos abrace y seque las lágrimas de nuestros ojos? ¿No agradeceremos que alguien susurre a nuestros oídos palabras de amor que nos liberen del miedo?

Entonces, ¿por qué razón no nos convertimos en ese "alguien" y nos convertimos en el agente que despierta a todos cuantos se encuentran sumidos en el delirante sueño?

Lo primero es darnos cuenta de que somos los soñadores de ese sueño y que ello nos otorga el poder para elegir seguir teniéndolos o, en cambio, cambiar su calidad. El hecho de reconocernos como los autores de nuestros sueños nos permite conocer su ilusoria realidad, lo que nos permitirá dejar de tenerles miedo.

Reconocer que todo sueño de condena puede ser sustituido por el sueño del perdón es el mejor regalo que nos podemos hacer a nosotros mismos y a los demás.

19. Juntos desapareceremos en la Presencia que se encuentra detrás del velo, no para perdernos sino para encontrarnos a no­sotros mismos; no para que se nos vea, sino para que se nos conozca. 2al gozar de conocimiento, no quedará nada sin hacer en el plan de salvación que Dios estableció. 3Éste es el propósito de la jornada, sin el cual ésta no tendría sentido. 4He aquí la paz de Dios, que Él te dio para siempre. 5He aquí el descanso y la quietud que buscas, la razón de la jornada desde su comienzo. 6El Cielo es el regalo que le debes a tu hermano, la deuda de gratitud que le ofreces al Hijo de Dios como muestra de agradeci­miento por lo que él es y por aquello para lo que su Padre lo creó.

El reconocimiento mutuo de lo que somos allanará el camino que nos ha de llevar de retorno a nuestro verdadero hogar, el Cielo, donde reina la consciencia de unidad.

La ignorancia de lo que somos al habernos identificado con la falsa e ilusoria realidad del cuerpo ha cegado nuestra visión y nos impide ver y percibir nuestra verdadera esencia espiritual.

Este punto nos recuerda que hemos sido creados para que gocemos del conocimiento. La importancia del conocimiento de uno mismo es esencial para afrontar y alcanzar la salvación. Es la ignorancia de lo que somos lo que ha propiciado que nuestra mente esté al servicio del sistema de pensamiento del ego e identificada con un envoltorio temporal.

El conocimiento es la llave que nos llevará a liberarnos de la crucifixión y a alcanzar la resurrección que nos permitirá recordar nuestra verdadera identidad.

El conocimiento es el propósito de nuestra jornada y en él se encuentra la paz de Dios.

20. Piensa detenidamente cómo vas a considerar al dador de este regalo, pues tal como lo consideres a él, así mismo te parecerá el regalo. 2Según lo consideres, ya sea como el portador de la culpa­bilidad o como el de la salvación, así verás y recibirás su ofrenda. 3Los crucificados infligen dolor porque están llenos de dolor. 4Pero los redimidos ofrecen alegría porque han sido curados del dolor. 5Todo el mundo da tal como recibe, pero primero tiene que elegir qué es lo que quiere recibir. 6Y reconocerá lo que ha elegido por lo que dé y por lo que reciba. 7Y no hay nada en el infierno o en el Cielo que pueda interferir en su decisión.

Todos deseamos tener sueños felices. Todos deseamos que alguien nos libere del terror que nos embarga cuando experimentamos una pesadilla. Todos queremos gozar de paz y de felicidad. Todos queremos disfrutar de abundancia y todos deseamos ser amados.

Sin embargo, olvidamos que recibimos aquello que damos y que damos aquello que tenemos. Esa es la ley que rige el universo y que nos permite conocernos, pues en la medida en que tenemos pesadillas, es señal de que creemos en el miedo. En la medida en que no gozamos de paz y de felicidad, es señal de que no estamos en conflicto y de que no perdonamos. En la medida en que no disfrutamos de la abundancia y no somos amados, es señal de que nos creemos escasos y no nos amamos.

Sustituye la crucifixión por la resurrección y ello será la señal de que has sustituido el miedo por el amor y la ignorancia por el conocimiento.

21. Has llegado hasta este punto porque elegiste emprender la jor­nada. 2Y nadie emprende nada que crea es insensato. 3Aquello en lo que tenías fe sigue siendo fiel, y te cuida con fe tan tierna y, al mismo tiempo, tan poderosa, que te elevará muy por encima del velo, y pondrá al Hijo de Dios a salvo dentro de la segura protec­ción de su Padre. 4He aquí el propósito que le confiere a este mundo y a la larga jornada a través de él, el único significado que pueden tener. 5Aparte de esto, no tienen sentido. 6Tú y tu her­mano os alzáis juntos, todavía sin la convicción de que el mundo y la jornada tienen un propósito. 7Mas os es dado poder ver este propósito en vuestro santo Amigo y reconocerlo como propio.

Así es y así será. El Espíritu Santo, nuestro Amigo, representa la Mente Recta, la cual nos permitirá alcanzar la percepción verdadera y con ello el reconocimiento de lo que realmente somos.

De su mano abandonaremos las viejas creencias en la separación y, en su lugar, festejaremos, junto a nuestros hermanos, el triunfo de la unidad, el triunfo del perdón y del amor.

Si nos encontramos festejando el triunfo de la paz y de la felicidad, es señal de que lo hemos elegido así; es señal de que nos hemos dado cuenta de nuestro error al elegir creer en el pecado y en el miedo, lo que nos ha llevado a tomar una nueva elección: la de caminar junto a nuestros hermanos la senda que nos conduce a la salvación. Hemos depositado nuestra fe en él y nos hemos reconocido en su mente, que es nuestra propia mente.

Hoy festejamos jubilosos el reconocimiento de lo que somos: Hijos de Dios.

jueves, 24 de abril de 2025

Capítulo 19. D-i. El descorrimiento del velo (4ª parte).

i. El descorrimiento del velo (4ª parte).

14. Contempla a tu Amigo, al Cristo que está a tu lado. 2¡Qué santo y hermoso es! 3Pensaste que había pecado porque arrojaste so­bre Él el velo del pecado para ocultar Su hermosura. 4A pesar de ello, Él te sigue extendiendo el perdón para que compartas con Él Su santidad. 5Este "enemigo", este "extraño" te sigue ofreciendo la salvación por ser Su Amigo. 6Los "enemigos" de Cristo, los adoradores del pecado, no saben a Quién atacan.

El "velo del pecado" es la expresión que utiliza Jesús para referirse a la creencia en la separación, la causa que ha dado lugar al demencial sistema de pensamiento del ego. Empleando un tono de humor, podemos decir que nuestra libre elección "cabreó" mucho a nuestro Hacedor, el cual, en respuesta a nuestra desobediencia, nos condenó a abandonar el Paraíso Terrenal y a ganarnos el sustento de cada día con el sudor de nuestro trabajo.

Por lo tanto, el velo del pecado se convierte en el pensamiento que debemos corregir y no purgar. Verlo como un error nos ofrece la oportunidad de rectificación, mientras que verlo como un pecado nos lleva directamente a la culpa y a la redención a través del castigo y el dolor.

No podemos separarnos de nuestra "Fuente". No podemos separarnos de nuestro Creador, pero sí podemos crearnos un velo que nos impida ver la verdad y en su lugar percibir las sombras que se reflejan en ese velo. Esa sombra nos llevará a percibir al otro como a nuestro enemigo y no como a nuestro salvador. Su percepción nos recordará nuestro pecado y lo condenaremos con la intención de limpiar nuestra propia culpa.

15. Éste es tu hermano, que ha sido crucificado por el pecado y que aguarda para ser liberado del dolor. 2¿No le concederías tu perdón, cuando él es el único que te lo puede conceder a ti? 3cambio de su redención, él te dará la tuya, tan indudablemente como que Dios creó cada cosa viviente y la ama. 4te la dará de verdad, pues será ofrecida así como recibida. 5No hay gracia del Cielo que no puedas ofrecerle a tu hermano, y recibir de tu santí­simo Amigo. 6No permitas que te la niegue, pues al recibirla se la ofreces a él. 7Y él recibirá de ti lo que tú recibiste de él. 8La reden­ción se te ha concedido para que se la des a tu hermano, y para que de esta manera la recibas. 9Liberas al que perdonas, y partici­pas de lo que das. 10Perdona los pecados que tu hermano cree haber cometido, así como toda la culpabilidad que crees ver en él.

Jesús nos ofrece la verdadera vía de la redención, el único modo de corregir el error que creemos haber cometido y que hemos interpretado como pecado. No se trata de corregir fuera de nosotros lo que vemos dentro, juzgándolo y condenándolo en un intento vano de redimir la culpa que sentimos por reconocernos como pecadores. No se trata de castigarnos y desgarrar nuestra piel a latigazos para limpiar nuestros pecados y saldar la deuda que creemos tener con Dios. Se trata de cambiar nuestra falsa creencia que nos lleva a vernos exiliados de nuestro hogar para vagar por las tierras áridas y yermas de la necesidad. 

Tan solo liberándonos del miedo, del odio, del rencor, podremos liberar al mundo del acto de crucifixión al que lo sometemos. ¿Qué nos impide perdonarnos y perdonar? Tan solo nuestra ignorancia y nuestros miedos. Demos aquello que forma parte de nuestra verdadera realidad; demos amor y ese amor nos conducirá hasta nuestro destino, que no es otro que la salvación y la paz. Demos perdón y contagiaremos al mundo con la función que Dios nos ha encomendado.

16. Éste es el santo lugar de resurrección, al que venimos de nuevo y al que retornaremos hasta que la redención se haya consumado y recibido. 2Antes de condenar a tu hermano, recuerda quién es él. 3Y da gracias a Dios de que sea santo y de que se le haya dado el regalo de la santidad para ti. 4Únete a él con alegría, y elimina todo vestigio de culpabilidad de su perturbada y torturada mente. 5Ayúdale a levantar la pesada carga de pecado que echaste sobre sus hombros y que él aceptó como propia, y arrójala lejos de él sonriendo felizmente. 6No la oprimas contra su frente como si fuese una corona de espinas, ni lo claves a ella, dejándolo irre­dento y sin esperanzas.

La unidad que nos hace uno con nuestros hermanos es la que nos hace iguales cuando pensamos y cuando hacemos uso de la mente. Podemos utilizar esa semejanza para ver en el otro la esencia verdadera con la que Dios nos ha creado, el amor, y cuando así lo hacemos, estaremos reforzando la compleción de la Filiación, o, en cambio, podemos utilizar esa igualdad para reforzar nuestros miedos, proyectándolos sobre los demás y combatiéndolos en un ataque al otro en un intento de ponerle fin al pecado que forma parte de nuestra propia creencia.

La proyección se convierte en una liberación de aquellos pensamientos que nos oprimen y que nos hacen sentir impuros y vulnerables, razón por la cual decidimos ver en los demás nuestra propia oscuridad, la cual es bien aceptada por el otro, pues comparte esa misma visión interiormente. De este modo, el combate está garantizado y se perpetuará, pues en verdad esa contienda no alcanza su final con la victoria, sino con el perdón, que es el único antídoto que pondrá fin a esos males.

miércoles, 23 de abril de 2025

Capítulo 19. D-i. El descorrimiento del velo (3ª parte).

 i. El descorrimiento del velo (3ª parte).

12. Este hermano que está a tu lado todavía te sigue pareciendo un extraño. 2No lo conoces, y la interpretación que haces de él es temible. 3lo sigues atacando, para mantener a salvo lo que tú crees ser. 4Sin embargo, en sus manos está tu salvación. 5Ves su locura, que detestas porque la compartes con él. 6toda la piedad y el perdón que la curaría dan paso al miedo. 7Hermano, necesi­tas perdonar a tu hermano, pues juntos compartiréis la locura o el Cielo. 8Y juntos alzaréis la mirada con fe o no la alzaréis en absoluto.

Nacer en este mundo gobernado por las leyes del ego nos hace prisioneros de sus creencias, lo que sin duda despertará en nosotros un profundo y aterrador miedo. Desde que nacemos somos carentes, tenemos necesidades que, si no son satisfechas, nos impedirán sobrevivir. Esas necesidades, en primer término, son físicas, pero realmente son la manifestación tangible de necesidades mucho más profundas de las que aún no somos conscientes, como las emocionales. Desde muy temprano, aprendemos a demandar atención que satisfaga nuestro apetito emocional. Demandamos amor, muestras de cariño y nos vamos convirtiendo en afanados expertos en el arte de manipular el mundo que nos rodea para asegurarnos de que nuestra propia seguridad está garantizada.

El mundo que percibimos no nos muestra la verdad, sino todo lo contrario. Nuestras percepciones no nos permiten ver un mundo unido, sino que se nos enseña que el mundo está regido por leyes donde la regla principal es la separación, la división. Aprendemos a escudriñar con nuestra mente todo cuanto percibimos y llegamos a la conclusión de que la diferencia rige en todas las criaturas de la tierra, por lo que damos fe de que la unidad no es el patrón verdadero.

El otro no es igual que nosotros, pero esa creencia nos traiciona, pues pronto nos descubriremos en el acto de proyectar nuestros miedos sobre ellos, en un intento de desprendernos de ellos, lo que nos llevará a atacarlos con la intención de protegernos de los miedos que hemos percibido en ellos, los mismos que hemos visto en nosotros. Esta mecánica debería hacernos conscientes de que nuestros pensamientos, nuestras mentes nos unen. Pero preferimos ser fieles a nuestra fe y negar dicha posibilidad, no sea que reconocerlo suponga el fin de nuestros días.

13. A tu lado se encuentra uno que te ofrece el cáliz de la Expia­ción, pues el Espíritu Santo está en él. 2¿Preferirías guardarle ren­cor por sus pecados o aceptar el regalo que te hace? 3¿Es este portador de salvación tu amigo o tu enemigo? 4Decide cuál de esas dos cosas es, sin olvidar que lo que has de recibir de él depen­derá de lo que elijas. 5Él tiene el poder de perdonar tus pecados, tal como tú tienes el de perdonar los suyos. 6Ninguno de vosotros puede conferirse ese poder a sí mismo. 7Vuestro salvador, no obs­tante, se encuentra al lado de cada uno de vosotros. 8Deja que él sea lo que es, y no trates de hacer del amor tu enemigo.

Cuando se caiga la venda que nos impide ver al otro como a nuestro hermano, con el cual nos mantenemos unidos a través de la mente, reconoceremos que nuestro ser es igual al de él, tanto para lo bueno como para lo malo, es decir, tanto para amar como para sentir miedo. Nuestras propias necesidades son iguales a las de él. Nuestros miedos son iguales a los suyos. Compartir la unidad de la mente nos hace iguales. Si creemos en la separación, esa creencia será igualmente compartida y nos veremos como enemigos. En cambio, si creemos en la igualdad que nos une, no podremos menos que aceptar que el amor que buscamos, que la felicidad que añoramos, también es el amor y la felicidad que el otro busca y añora.

Si compartimos los mismos pensamientos, ¿no sería más fácil para todos satisfacernosla mutuamente, en vez de atacarnos para privar al otro de lo que tiene?

El Espíritu Santo se encuentra en nuestros hermanos tal y como se encuentra en nuestra mente. Es por ello que la Expiación se encuentra en ellos, al igual que en nosotros. Sabiendo esto, ¿vamos a negarle la Expiación? ¿Vamos a negarle nuestro perdón? Si lo hacemos, estaremos negando que la Expiación, el amor y el perdón se encuentren en nosotros mismos, lo que nos condenará a seguir buscándolo allí donde no se encuentra.

martes, 22 de abril de 2025

Capítulo 19. D-i. El descorrimiento del velo (2ª parte).

i. El descorrimiento del velo (2ª parte).

10No es posible tampoco enfrentarse a esto demasiado pronto. 2Éste es el lugar al que todo el mundo tiene que llegar cuando esté listo. 3Una vez que ha encontrado a su hermano está listo. 4Sin embargo, llegar simplemente hasta ahí no es suficiente. 5Pues una jornada desprovista de propósito sigue siendo algo absurdo, e incluso cuando ha concluido no parece haber tenido sentido. 6¿Cómo podrías saber que ha finalizado a menos que te dieses cuenta de que su propósito se ha consumado? 7Ahí, con el final de la jornada ante ti, es cuando ves su propósito. 8Y es ahí donde eliges hacerle frente al obstáculo o seguir vagando sin rumbo, sólo para tener que regresar y elegir de nuevo.

Jesús, en su línea de aportarnos las "señales" adecuadas para que reconozcamos el camino que debemos recorrer para alcanzar nuestro destino, que no es otro que la salvación, nos comparte en este punto dos pistas interesantes.

Por un lado nos dice que no es posible "enfrentarse a esto" demasiado pronto. Con ello debemos entender que dicho enfrentamiento se refiere a la decisión de emprender el camino hacia la salvación en el momento adecuado. Cuando decidimos llevar a cabo cualquier aventura que suponga un reto desconocido hasta ahora, afrontarla sin habernos equipado convenientemente para ello puede suponer el fracaso de la misma e incluso puede poner en peligro nuestra integridad física. En el terreno espiritual, que no es más que una expresión del uso de nuestra mente, debemos tener la precaución de saber si estamos preparados para afrontar el reto que hemos decidido afrontar, esto es, deshacer nuestras viejas creencias y sustituirlas por una nueva visión. Conozco muchos casos, entre los que se encuentran los vividos personalmente, en el que la falta de fe profunda en lo que estábamos emprendiendo nos llevó a fracasar en nuestro intento de cambiar las cosas, de corregir los errores, lo que vino a complicar aún más las cosas al despertar el sentimiento de la culpa por no haber dado la talla.

¿Cómo saber cuándo estamos preparados? La respuesta a esta pregunta es la segunda pista que nos ofrece Jesús en este punto. Lo sabremos cuando hayamos encontrado a nuestro hermano, con el cual emprender la aventura. Esa aventura no es otra que andar el camino que nos conducirá a la salvación, lo que significa una invitación a perdonarnos y a perdonar. Lo sabrás cuando el otro, tu hermano, te esté ofreciendo el regalo de perdonarle y de perdonarte. A partir de ahí, ya podemos emprender el camino que nos conducirá a nuestro destino.

11. Hacerle frente al temor a Dios requiere cierta preparación. 2Sólo los cuerdos pueden mirar de frente a la absoluta demencia y a la locura delirante con piedad y compasión, pero sin miedo. 3Pues sólo les podría parecer temible si la comparten, y tú la com­partes mientras no contemples a tu hermano con perfecta fe, con perfecto amor y con perfecta ternura. 4Mientras no lo perdones completamente, tú sigues sin ser perdonado. 5Tienes miedo de Dios porque tienes miedo de tu hermano. 6Temes a los que no perdonas. 7Y nadie alcanza el amor con el miedo a su lado.

El origen del miedo es la consecuencia de elegir ver por nosotros mismos, desligados de la visión del amor, lo que nos llevó a ver imágenes separadas a las que le otorgamos la condición de tener vida propia separada de su fuente. El miedo es la percepción de un mundo donde rigen las leyes de la separación, de la temporalidad, de lo ilusorio e irreal. Por lo tanto, el miedo es el pensamiento erróneo que nos ha llevado a identificarnos con el cuerpo físico y, al reconocerlo como la causa de nuestro pecado, es odiado y al mismo tiempo temido, pues su presencia nos recuerda nuestra transgresión a la Voluntad de Dios. Dicho de otro modo, el cuerpo despierta en nosotros el sentimiento de temor a Dios y de temor a nuestro hermano, donde proyectamos la percepción de nuestra falsa identidad corporal.

Cuando las enseñanzas del Curso de Milagros identifican a nuestros hermanos como la única vía para alcanzar la salvación, lo que nos están haciendo es mostrarnos la creencia que debemos Expiar, esto es, corregir, la de creer que estamos separados de la Filiación y de Dios. El perdón es la expresión de amor que debemos aplicarnos para llevar a cabo la Expiación del error referido. Perdonarnos no es otra cosa que elegir tener el sueño feliz en el que el amor sustituye al miedo.

lunes, 21 de abril de 2025

Capítulo 19. D-i. El descorrimiento del velo (1ª parte).

i. El descorrimiento del velo (1ª parte).

8. No olvides que tú y tu hermano habéis llegado hasta aquí jun­tos. 2Y ciertamente no fue el ego el que os guió. 3Ningún obstá­culo a la paz se puede superar con su ayuda. 4El ego no revela sus secretos, ni te pide que los examines y los transciendas. 5No quiere que veas su debilidad, ni que te des cuenta de que no tiene poder alguno para mantenerte alejado de la verdad. 6El Guía que os condujo hasta aquí aún está con vosotros, y cuando alcéis la mirada estaréis listos para mirar cara a cara al terror sin temor alguno. 7Pero primero, alza la mirada y mira a tu hermano con inocencia nacida del completo perdón de sus ilusiones, y a través de los ojos de la fe que no las ve.

Si tenemos depositada nuestra fe, nuestras creencias, en el sistema de pensamiento del ego, la identificación con el cuerpo nos impedirá deshacernos de todos nuestros errores, los cuales se basan, principalmente, en la creencia ciega de que somos aquello que percibimos y que nos encontramos separados del resto de la creación. Recordemos que los pensamientos siguen a su fuente y, si nuestra mente sirve al miedo, esos pensamientos serán de miedo, dando lugar a la visión de un mundo demente, donde no podremos reencontrarnos con la paz.

Pero el hecho de que nos encontremos caminando juntos en busca de la verdad nos indica que hemos tomado una nueva elección, la cual nos lleva a utilizar nuestra voluntad en el único propósito de recorrer, unidos, el camino que ha de llevarnos a la salvación. Esa nueva fe, esa nueva creencia, nos permitirá elevar nuestra mirada y ver a nuestros hermanos con la inocencia nacida del perdón.

9. Nadie puede enfrentarse al temor a Dios sin experimentar te­rror, a menos que haya aceptado la Expiación y haya aprendido que las ilusiones no son reales. 2Nadie puede enfrentarse a este obstáculo solo, pues no habría podido llegar a este punto si su hermano no le hubiese acompañado. 3Y nadie se atrevería a enfrentarse a dicho temor sin haber perdonado a su hermano de todo corazón. 4Quédate ahí un rato, pero sin temblar. 5Ya estás listo. 6Unámonos en un instante santo, aquí, en este lugar al que el propósito que se te señaló en un instante santo te ha condu­cido. 7Y unámonos con la fe de que Aquel que nos condujo a todos juntos hasta aquí también te ofrecerá la inocencia que nece­sitas, y de que la aceptarás por mi amor y por el Suyo.

Fue nuestra elección equivocada la que nos llevó a la creencia en el pecado y en la separación de nuestro Creador y de Su Creación, la Filiación. Nos identificamos con el mundo que nos mostró nuestros deseos individualistas y a partir de ahí creímos ser lo que la percepción nos mostraba. Ello nos llevó a poner nuestra fe en el nivel perceptivo y a aceptar como verdadero tan solo aquello que pudiéramos percibir a través de nuestros sentidos físicos. El mundo que nos muestran nuestros ojos físicos es un mundo de perdición, en el que para alimentarnos tenemos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. Es un mundo de escasez y necesidades, de dolor y sufrimiento. El mundo que percibimos se interpreta como el símbolo del temor a Dios, pues lo que nos muestra nos recuerda las consecuencias de nuestro pecado.

Hoy sabemos que todo forma parte de un sueño, de una pesadilla, de la que aún no hemos despertado. Hoy sabemos que estamos soñando, que lo que creemos real es fruto de la ilusión y que somos los soñadores de ese sueño y, como tal, tenemos el poder para elegir cambiar la calidad del sueño, es decir, podemos elegir sustituir el miedo por el amor y de este modo tener sueños felices.

Hoy, si así lo elegimos, podemos recordar el pacto de amor que nos une a toda la Filiación y conmemorar en el presente, en el ahora, el instante santo que nos ofrece la oportunidad para Expiar el error que nos ha mantenido prisionero de la ilusión. En este instante santo, yo te reconozco como mi hermano en Cristo y como mi acompañante para, juntos, andar el camino que nos llevará a las puertas de la salvación.

viernes, 18 de abril de 2025

Capítulo 19. D. El cuarto obstáculo: El temor a Dios (3ª parte).

D. El cuarto obstáculo: El temor a Dios (3ª parte).

5. Cada obstáculo que la paz debe superar se salva de la misma manera: el miedo que lo originó cede ante el amor que se encuen­tra detrás, y así desaparece el miedo. 2lo mismo ocurre con este último obstáculo. 3El deseo de deshacerte de la paz y de ahuyen­tar el Espíritu Santo se desvanece en presencia del sereno recono­cimiento de que amas a Dios. 4La exaltación del cuerpo se abandona en favor del espíritu, al que amas como jamás podrías haber amado al cuerpo. 5la atracción de la muerte desaparece para siempre a medida que la atracción del amor despierta en ti y te llama. 6Desde más allá de cada uno de los obstáculos que te impiden amar, el Amor Mismo ha llamado. 7Y cada uno de ellos ha sido superado mediante el poder de atracción que ejerce lo que se encuentra tras ellos. 8El hecho de que deseases el miedo era lo que hacía que pareciesen insuperables. 9Mas cuando oíste la Voz del Amor tras ellos, contestaste y ellos desaparecieron.

Así es. Cada obstáculo que la paz debe superar se salva de la misma manera, sustituyendo la creencia en el miedo por la creencia en el amor. Dicho de otro modo, recordando lo que realmente somos, un ser espiritual, el Hijo de Dios, y no un cuerpo temporal, el hijo del ego.

Hemos descrito anteriormente que, cuando dejemos de rendir culto al cuerpo y lo empleemos en su función correcta, la de canal de comunicación en el mundo perceptivo, estaremos en condiciones de afrontar el plan de salvación previsto por Dios para Su Hijo. 

Ya no utilizaremos el cuerpo para atacar, para hacer tangible nuestro odio, nuestra creencia en la separación. Ya no lo emplearemos para juzgar y condenar. Ahora lo convertiremos en un vehículo para amar, para expresar la paz y la felicidad que forman parte de nuestra mente. Lo emplearemos para construir "puentes" que permitan al resto de la humanidad cruzar de la tierra de miedo a la tierra de luz. Entre todos, juntos, podremos recrear el nuevo Edén.

6. Y ahora te encuentras aterrorizado ante lo que juraste no vol­ver a mirar nunca más. 2Bajas la vista, al recordar la promesa que les hiciste a tus "amigos". 3La "belleza" del pecado, la sutil atrac­ción de la culpabilidad, la "santa" imagen encerada de la muerte y el temor de la venganza del ego a quien le juraste con sangre que no lo abandonarías, se alzan todos, y te ruegan que no levan­tes la mirada. 4Pues te das cuenta de que si miras ahí y permites que el velo se descorra, ellos desaparecerán para siempre. 5Todos tus "amigos", tus "protectores" y tu "hogar" se desvanecerían. 6No recordarías nada de lo que ahora recuerdas.

He podido experimentar, al andar el camino que me conduce hasta la salvación, que mis viejas creencias se convierten en el principal obstáculo para conseguir el estado de paz que debe formar parte de dicha andadura. Me acompaña la voluntad y el deseo de abandonar un mundo caótico en el que la paz y la felicidad brillan por su ausencia, donde el dolor y el sufrimiento se convierten en el pan de cada día, por lo que en muchas ocasiones me siento perdido y parece que las fuerzas iniciales me abandonan.

Son las viejas creencias que durante tanto tiempo han formado parte de mi mente las que me reclaman ser alimentadas, pues he dejado de atenderlas. El "libro del viajero" también recoge esta singladura, es decir, también nos advierte que en el camino nos encontraremos con las resistencias, con las dudas, que nos invitan a tomar la ruta más cómoda, la conocida, y nos evitarán quebraderos de cabeza, esfuerzos inútiles. Son las voces de las creencias que hemos alimentado durante tanto tiempo y a las que prometimos fidelidad eterna.

La solución para salir airoso en esos tramos del camino nos viene dada en este punto. Dejar de mirar el pasado en nuestra mente para concentrarnos tan solo en el presente, en el ahora, en el instante que nuestra voluntad hará santo al elegir el amor en vez del miedo.

7. Te parece que el mundo te abandonaría por completo sólo con que alzases la mirada. 2Sin embargo, lo único que ocurriría es que serías tú quien lo abandonaría para siempre. 3En esto consiste el re-establecimiento de tu voluntad. 4Mira con los ojos bien abiertos a eso que juraste no mirar, y nunca más creerás que estás a merced de cosas que se encuentran más allá de ti, de fuerzas que no puedes controlar o de pensamientos que te asaltan en contra de tu voluntad. 5Tu voluntad es mirar ahí. 6Ningún deseo desqui­ciado, ningún impulso trivial de volverte a olvidar, ninguna pun­zada de miedo, ni el frío sudor de lo que aparenta ser la muerte pueden oponerse a tu voluntad. 7Pues lo que te atrae desde detrás del velo es algo que se encuentra en lo más recóndito de tu ser, algo de lo que no estás separado y con lo que eres completa­mente uno.

Sí. Ya vislumbramos el final del trayecto. No ha sido fácil, pero lo hemos conseguido. Todo gracias a que nos hemos mantenido firmes en nuestra visión renovada en la que el amor ha sustituido al miedo, donde la unidad ha prevalecido por encima de la separación. Hemos sido tentados, una y otra vez, en las que nuestro ego nos ha prometido ser especiales, donde nos ha ofrecido todo tipo de riquezas y de poder. Pero en esas ofrendas, en esos regalos, no hemos reconocido el más preciado, no hemos sentido la paz y la felicidad verdadera, no hemos visto el rostro de la eternidad, lo que nos ha llevado a renunciar a esas efímeras ofrendas y hemos elegido, en cambio, aceptar el regalo más preciado, la presencia del Espíritu Santo en nuestra mente. Ello es garantía de que el amor, la paz y la felicidad formarán parte de nuestras vidas, por la sencilla y única razón de que seremos sus portadores y así la conservaremos.  

¿Y si cada pensamiento que entregas al otro… fuera el lugar donde tú mismo vas a vivir?: Aplicando la lección 126.

¿Y si cada pensamiento que entregas al otro… fuera el lugar donde tú mismo vas a vivir?: Aplicando la lección 126. Muchos estudiantes de Un ...