viernes, 31 de enero de 2025

Capítulo 18. II. La base del sueño (1ª parte).

II. La base del sueño (1ª parte).

1¿No es acaso cierto que de los sueños surge un mundo que parece ser muy real? 2Mas examina lo que es ese mundo. 3Obvia­mente no es el mundo que viste antes de irte a dormir. 4Es más bien una distorsión de él, urdida exclusivamente en torno a lo que tú hubieses preferido que ocurriese. 5En él eres "libre" para reconstruir lo que parecía atacarte, y convertirlo en un tributo a tu ego, que se indignó por el "ataque". 6Ése no sería tu deseo a menos que no te identificases a ti mismo con el ego, que siempre se ve a sí mismo, y, por lo tanto, a ti, como sometido a un cons­tante ataque y sumamente vulnerable a él. 

El ejemplo que utiliza Jesús en este punto nos ayuda en la comprensión de lo que sucede con nuestra mente en la interpretación que hace de la realidad percibida. 

La verdadera realidad es sustituida por una falsa realidad mientras dormimos. Es en ese estado llamado sueño donde la identidad de lo que realmente somos adopta un nivel de percepción que se deja seducir por lo ilusorio. El contenido del sueño, independientemente de que pueda ser feliz o terrorífico, siempre es una distorsión de la percepción verdadera. 

La necesidad de "dormir" pertenece al sistema de pensamiento del ego. Es el cuerpo el que siente esa necesidad biológica. Ya sabemos que el símbolo del ego, el cuerpo, está sujeto a las leyes de la temporalidad, por lo que es irreal, ya que tan solo lo que no cambia, lo eterno, es lo verdadero y real. Por lo tanto, las percepciones que procedan del cuerpo son todas irreales e ilusorias, tal y como lo es el contenido de lo percibido en sueño mientras dormimos.

2. Los sueños son caóticos porque están regidos por tus deseos conflictivos, y así, lo que es verdad les trae sin cuidado. 2Son el mejor ejemplo de cómo se puede utilizar la percepción para sus­tituir a la verdad por ilusiones. 3Al despertar no los tomas en serio, pues el hecho de que la realidad se viola tan radicalmente en ellos resulta evidente. 4Sin embargo, son una manera de ver el mundo y de cambiarlo para que se adapte mejor al ego. 5Son ejemplos impresionantes, tanto de la incapacidad del ego para tolerar la realidad, como del hecho de que tú estás dispuesto a cambiar la realidad para beneficiarlo a él.

La percepción del cuerpo tiene su origen en el deseo de ser especial, en el deseo de ver las cosas de manera diferente a como Dios nos ha creado. La creencia en la separación ha dado lugar al miedo y dicha creencia se fundamenta en la ausencia de amor. 

Es por ello que la mente dividida utiliza el pensamiento de ataque como un mecanismo de respuesta para protegerse del miedo. El ataque procede, pues, de la mente, aunque el ego piensa que ese poder lo tiene el cuerpo. Pero el cuerpo no ataca si no sigue los dictados de la mente errada. Es muy importante considerar esto que decimos, pues tenemos el poder de cambiar el contenido de nuestra mente y, de camino, utilizar nuestro cuerpo para la función para la que está diseñado, la de comunicar y compartir con los demás los atributos que forman parte de nuestra verdadera identidad espiritual. 

3. La diferencia entre lo que ves en sueños y lo que ves al desper­tar no te resulta inquietante. 2Reconoces que lo que ves al desper­tar se desvanece en los sueños. 3Al despertar, no obstante, no esperas que haya desaparecido. 4En los sueños eres tú quien determina todo. 5Las personas se convierten en lo que tú quieres que sean y hacen lo que tú les ordenas. 6No se te impone ningún límite en cuanto a las sustituciones que puedes llevar a cabo. 7Por algún tiempo parece como si se te hubiese dado el mundo para que hicieses de él lo que se te antojase. 8No te das cuenta de que lo estás atacando y tratando de subyugarlo para que se avenga a tus deseos.

Al analizar el contenido percibido mientras dormimos y nos sumergimos en el mundo ilusorio del sueño, las leyes de la lógica y de la razón desaparecen, dejándonos dar forma a una realidad que es fruto de nuestros deseos y en los que se pone de manifiesto el propósito de crear un mundo especial y acorde a nuestras falsas creencias. 

Lo que ocurre mientras dormimos es el mejor ejemplo que nos muestra el modo en cómo percibimos la realidad. Para el ego, el mundo que percibe es real, pero no se da cuenta de que lo que percibe es lo que su mente ha decidido hacer real. Lo temporal y lo perecedero son características propias del mundo fabricado por el ego; sin embargo, el ego no los cuestiona, sino que argumenta con todo el peso de su sistema de pensamiento que lo temporal es lo real. Que todo nace para morir y la verdad está sujeta a ese proceso cíclico que hace que lo que hoy es verdad, mañana ya no lo sea, siendo sustituido por otra verdad.

Todos estos argumentos pertenecen al mundo del sueño, y si es así, es señal inequívoca de que estamos dormidos.

jueves, 30 de enero de 2025

Capítulo 18. EL FINAL DEL SUEÑO. I. El substituto de la realidad (4ª parte).

  Capítulo 18

EL FINAL DEL SUEÑO


I. El substituto de la realidad (4ª parte).

10. En ti no hay separación, y no hay sustituto que pueda mantenerte separado de tu hermano. 2Tu realidad fue la creación de Dios, la cual no tiene sustituto. 3Estáis tan firmemente unidos en la verdad, que sólo Dios mora allí. 4Y Él jamás aceptaría otra cosa en lugar de vosotros. 5Él os ama a los dos por igual y cual uno solo. 6Y tal como Él os ama, así sois. 7Nosotros no estáis unidos en ilusiones, sino en un Pensamiento tan santo y tan perfecto que las ilusiones no pueden permanecer allí para mancillar el santo lugar donde os encontráis unidos. 8Dios está contigo, hermano mío. 9Unámonos en Él en paz y con gratitud, y aceptemos Su regalo como nuestra más santa y perfecta realidad, la cual compartimos con Él.

Sí, ahora sabemos que somos uno. Ahora nos sentimos guiados por el Mensajero de Dios, por el Espíritu Santo. Su Voz nos acompaña en todo instante y nos libera de toda tentación.

Hemos alcanzado el altar donde se encuentra la verdad. Consciente en ese encuentro de Amor, sentimos la Comunión con nuestro Padre y hacemos nuestra Su Dicha por Su Compleción. Esa Compleción es también la nuestra. Hacemos consciente la Filiación.

11. El Cielo le es restituido a toda la Filiación a través de tu relación, pues en ella reside la Filiación, íntegra y hermosa, y a salvo en tu amor. 2El Cielo ha entrado silenciosamente, pues todas las ilusiones han sido llevadas dulcemente ante la verdad en ti, y el amor ha refulgido sobre ti, bendiciendo tu relación con la verdad. 3Dios y toda Su creación han entrado a formar parte de ella juntos. 4¡Cuán santa y hermosa es vuestra relación, la cual la verdad ilumina! 5El Cielo la contempla y se regocija de que lo hayas dejado venir a ti. 6Y Dios Mismo se alegra de que tu relación siga siendo tal como fue creada. 7El universo que se encuentra dentro de ti se une a ti junto con tu hermano. 8Y el Cielo contempla con amor aquello que está unido en él, junto con su Creador.

Hemos dejado la relación especial atrás y, de la mano del Espíritu Santo, hemos percibido al otro tal y como es en verdad, compartiendo nuestra imagen y semejanza con Dios. Nos hemos hecho conscientes de que somos seres espirituales que comparten la esencia del amor y que poseen el don para crear desde el amor.

Hoy podemos exclamar al unísono: "Espíritu soy, un santo Hijo de Dios; libre de toda limita­ción, a salvo, sano y pleno. Libre para perdonar y libre para salvar al mundo".

12. Aquel a quien Dios ha llamado no debe prestar oídos a ningún substituto. 2La llamada de los sustitutos no es más que el eco del error original que fragmentó el Cielo. 3¿Y qué fue de la paz de los que prestaron oídos a dicha llamada? 4Regresa conmigo al Cielo, y caminando junto con tu hermano ve a otro mundo más allá de éste, hasta llegar a la belleza y alegría que ese otro mundo te ofrece. 5¿Quieres debilitar y fragmentar aún más lo que ya se encuentra fragmentado y sin esperanzas? 6¿Es ahí donde buscarías la felicidad? 7¿No preferirías acaso reparar lo que ha sido quebrantado y unirte a la cruzada para devolverle la plenitud a lo que fue asolado por la separación y la enfermedad?

La vida que conocemos es fruto de una percepción alterada por la proyección de una mente que sirve al miedo, a la creencia en el pecado y en la culpa, lo que hace que dicha percepción de la vida se convierta en un pensamiento demente.

Al negar el amor, como nuestro huésped, lo que hacemos es sustituir la verdad por el error, por la ilusión. Siendo esto así, el mundo que percibimos es hijo del error, hijo de la ilusión, donde el amor es malentendido y temido, donde el amor se busca donde no se encuentra, donde el amor se mendiga y no se da.

13. Has sido llamado, junto con tu hermano, a la más santa función que este mundo puede ofrecer. 2Ésa es la única función que no tiene límites, y que llega hasta cada uno de los fragmentos de la Filiación cual auxilio sanador y unificador. 3Esto es lo que se te ofrece en tu relación santa. 4Acéptalo ahora, y lo darás tal como lo has recibido. 5La paz de Dios se te da con el luminoso propósito en el que te unes a tu hermano. 6La santa luz que os unió tiene que extenderse, de la misma forma en que la aceptasteis.

Cuando planteamos la ecuación de la igualdad y semejanza de Dios y Su Hijo, veíamos que el fruto del acto creado desde el amor es su expansión. Cuando se da lo que se es, lo que damos se multiplica a sí mismo y su abundancia será infinita, pues el hecho de expandirse ya es una manifestación infinita, pues esa es su misión. Eso es lo que es, y si lo es, lo será siempre.

Desde el amor te veo, hermano. Desde el amor te bendigo. 

miércoles, 29 de enero de 2025

Capítulo 18. EL FINAL DEL SUEÑO. I. El substituto de la realidad (3ª parte).

  Capítulo 18

EL FINAL DEL SUEÑO


I. El substituto de la realidad (3ª parte).

7. Cuando te parezca ver alguna forma distorsionada del error original tratando de atemorizarte, di únicamente: "Dios es Amor y el miedo no forma parte de Él", y desaparecerá. 2La verdad te salvará, 3pues no te ha abandonado para irse al mundo demente y así apartarse de ti. 4En tu interior se encuentra la cordura; la demencia, fuera de ti. 5Pero tú crees que es al revés: que la verdad se encuentra afuera y el error y la culpabilidad adentro. 6Tus míseras e insensatas substituciones, trastocadas por la locura y formando torbellinos que se mueven sin rumbo cual plumas arrastradas por el viento, son insustanciales. 7Se funden, se juntan y se separan, de acuerdo con patrones cambiantes que no tienen sentido y que no tienen que ser juzgados en absoluto. 8No tiene objeto juzgarlos individualmente. 9Las insignificantes diferencias que en lo relativo a la forma parece haber entre ellas no son diferencias reales en absoluto. 10Ninguna de tus sustituciones tiene importancia. 11Eso es lo único que tienen en común, nada más. 12Sin embargo, ¿qué otra cosa es necesaria para hacer que todas sean lo mismo?

El sistema de pensamiento del ego se caracteriza por la proyección al exterior del contenido de su mente, la cual alberga la errónea creencia en la separación. De este modo cree ser lo que percibe, negando lo que es en realidad. 

Con base en esa percepción falsa de identidad, todo lo que proyecta fuera de sí mismo es juzgado y tratado como potenciales enemigos para alcanzar sus metas y deseos. El miedo a perder le lleva a protegerse de los potenciales agresores externos a los que identifica como separados de él.

El mundo proyectado en realidad es la proyección de sus miedos, de ahí que se sienta en la imperiosa necesidad de protegerse de él, esto es, de sí mismo.

8. Deja que se las lleve el viento, formando torbellinos y dando tumbos hasta que se pierdan de vista, lejos, muy lejos de ti. 2Y vuélvete hacia la majestuosa calma interna, donde en santa quietud mora el Dios viviente que nunca abandonaste y que nunca te abandonó. 3El Espíritu Santo te lleva dulcemente de la mano, y desanda contigo el camino recorrido en el absurdo viaje que emprendiste fuera de ti mismo, conduciéndote con gran amor de vuelta a la verdad y a la seguridad de tu interior. 4Él lleva ante la verdad todas tus dementes proyecciones y todas tus descabelladas sustituciones, las cuales ubicaste fuera de ti. 5Así es como Él invierte el curso de la demencia y te devuelve a la razón.

Mientras que la identidad del ego se dirige a la percepción del mundo exterior, la identidad verdadera del Hijo de Dios se dirige a la visión interna donde se encuentra su esencia real, su ser espiritual.

Es en el interior de cada ser donde se ha de producir el encuentro con la unidad. Es en la mente recta donde encontraremos el camino que ha de conducirnos a la salvación, donde reconoceremos la verdad, donde compartiremos el amor que nos hace uno con el resto de la Filiación.

9. En tu relación con tu hermano, donde el Espíritu Santo se ha hecho cargo de todo a petición tuya; Él ha fijado el rumbo hacia adentro, hacia la verdad que compartís. 2En el demente mundo de afuera nada se puede compartir, sino únicamente sustituir. En la realidad, compartir y sustituir no tienen absolutamente nada en común. 3Dentro de ti amas a tu hermano con un amor perfecto. 4Ésa es tierra santa en la que ninguna sustitución puede tener lugar y donde sólo la verdad de tu hermano puede morar. 5Ahí estáis unidos en Dios, tan unidos como lo estáis con Él. 6El error original jamás llegó hasta ahí, ni lo hará jamás. 7Ahí reside la verdad radiante, a la que el Espíritu Santo ha confiado tu relación. 8Deja que Él la lleve ahí, donde tú quieres que esté. 9Ofrécele un poco de fe en tu hermano, para ayudarle a que te muestre que ningún sustituto del Cielo que hayas inventado puede excluirte de éste. 

El pacto de amor con el que Dios nos creó permanece celosamente custodiado en nuestro interior. Ese pacto es la garantía de que el amor no será sustituido por el miedo. La verdad se erige como custodio que protege las puertas que conducen hasta el altar donde se produce el encuentro santo del Hijo de Dios. En ese inmaculado altar, una resplandeciente luz nos indica el camino que debemos tomar; ese camino no es otro que el uso del amor.

martes, 28 de enero de 2025

Capítulo 18. EL FINAL DEL SUEÑO. I. El substituto de la realidad (2ª parte).

 Capítulo 18

EL FINAL DEL SUEÑO


I. El substituto de la realidad (2ª parte).

4. Tú que crees que Dios es miedo tan sólo llevaste a cabo una sustitución. 2Ésta ha adoptado muchas formas porque fue la sustitución de la verdad por la ilusión, la de la plenitud por la fragmentación. 3Dicha sustitución a su vez ha sido tan desmenuzada y subdividida, y dividida de nuevo una y otra vez, que ahora resulta casi imposible percibir que una vez fue una sola y que todavía sigue siendo lo que siempre fue. 4Ese único error, que llevó a la verdad a la ilusión, a lo infinito a lo temporal, y a la vida a la muerte, fue el único que jamás cometiste. 5Todo tu mundo se basa en él. 6Todo lo que ves lo refleja, y todas las relaciones especiales que jamás entablaste proceden de él.

Es como si el ego tuviese la capacidad para establecer su propio guion, en el cual las cosas no son como lo que son en verdad, es decir, sustituye lo verdadero por lo ilusorio, pues su único propósito es mostrarnos su poder, demostrándonos que tiene la capacidad de elegir lo que desea ser: único y especial a todos los demás.

Cuando la mente sirve al amor, es capaz de crear la igualdad que nos une al Creador y Su Creación. Cuando la mente sirve al miedo y al especialismo, es capaz de inventar un mundo donde tan solo existe la división y la separación. 

El Espíritu utiliza la mente para amar cuando elige hacer la Voluntad de Su Padre. Cuando el Espíritu utiliza la mente para ser diferente al amor, elige satisfacer su deseo, que no es más que decidir soñar que puede ser algo diferente a lo que es.  

5. Tal vez te sorprenda oír cuán diferente es la realidad de eso que ves. 2No te das cuenta de la magnitud de ese único error. 3Fue tan inmenso y tan absolutamente increíble que de él no pudo sino surgir un mundo totalmente irreal. 4¿Qué otra cosa si no podía haber surgido de él? 5A medida que empieces a examinar sus aspectos fragmentados te darás cuenta de que son bastante temibles. 6Pero nada que hayas visto puede ni remotamente empezar a mostrarte la enormidad del error original, el cual pareció expulsarte del Cielo, fragmentar el conocimiento convirtiéndolo en inútiles añicos de percepciones desunidas y forzarte a llevar a cabo más sustituciones.

Hemos visto en el punto anterior cómo el error original ha sido sustituir el amor por el miedo. Ese error es consecuencia de elegir ser diferente a nuestro Padre, el cual nos creó de la esencia del Amor. La ecuación es la siguiente: Dios es Amor y nos crea a Su Imagen y Semejanza, lo que nos hace iguales a Él, es decir, somos Hijos del Amor. Dios = Hijo.

Como Hijos del Amor y semejantes a Dios, tenemos la capacidad de crear. Cuando creamos desde lo que somos, nuestras creaciones serán a nuestra imagen y semejanza, es decir, serán creaciones de amor que tendrán la propiedad de extender lo que es, Amor. Hijo = Sus creaciones.

Pero el Hijo es libre en emplear la voluntad, y cuando lo hace sin amor, lo que hace es elegir el amor por el deseo, la luz por la oscuridad, la unidad por la división. Sus creaciones serán falsas creaciones, o lo que es lo mismo, serán invenciones, fabricaciones de lo que no es semejante a Él, sino una entidad distinta, una sombra proyectada e ilusoria.

6. Ésa fue la primera proyección del error al exterior. 2El mundo surgió para ocultarlo, y se convirtió en la pantalla sobre la que se proyectó, la cual se interpuso entre la verdad y tú. 3Pues la verdad se extiende hacia adentro, donde la idea de que es posible perder no tiene sentido y lo único que es concebible es un mayor aumento. 4¿Crees que es realmente extraño que de esa proyección del error surgiese un mundo en el que todo está invertido y al revés? 5Eso fue inevitable. 6Pues si se llevase la verdad ante esto, ésta sólo podría permanecer recogida en calma, sin tomar parte en la absurda proyección mediante la cual este mundo fue construido. 7No llames pecado a esa proyección sino locura, pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo. 8Tampoco la revistas de culpabilidad, pues la culpabilidad implica que realmente ocurrió. 9Pero sobre todo, no le tengas miedo.

Nos narra la Biblia en el Génesis que Adán y Eva, tras comer de la fruta del Árbol Prohibido, sintieron vergüenza de su desnudez y se taparon con hojas. Su desobediencia a Dios propició su expulsión del Paraíso y, a partir de ese instante, tendrían que ganarse el pan con el sudor de su frente. Esta narración alegórica tiene muchas interpretaciones, pero la más aceptada, la que nos dice que Dios expulsó a Adán y Eva del Jardín del Edén, ha propiciado que el error en la creencia de la separación se propagase como verdad.

Dios es Amor y el Amor no separa, ni divide. Tan solo el miedo, su sustituto, es el que nos hace identificarnos con el pecado y con la culpa, cuando en verdad, ni el pecado ni la culpa son reales, pues no existen salvo que decidamos creer en el miedo y olvidarnos de lo que somos, del amor.

lunes, 27 de enero de 2025

Capítulo 18. EL FINAL DEL SUEÑO. I. El substituto de la realidad (1ª parte).

Capítulo 18

EL FINAL DEL SUEÑO


I. El substituto de la realidad (1ª parte).

1. Sustituir es aceptar una cosa por otra. 2Sólo con que examinases exactamente lo que esto implica, percibirías de inmediato cuánto difiere del objetivo que el Espíritu Santo te ha dado y quiere alcanzar por ti. 3Substituir es elegir entre dos opciones, renunciando a un aspecto de la Filiación en favor de otro. 4Para este propósito especial, uno de ellos se juzga como más valioso y reemplaza al otro. 5La relación en la que la substitución tuvo lugar queda de este modo fragmentada, y, consecuentemente, su propósito queda dividido. 6Fragmentar es excluir, y la substitución es la defensa más potente que el ego tiene para mantener vigente la separación.

Con este capítulo se abre un tema muy interesante y hasta cierto punto controvertido para el sistema de pensamiento del ego. Me resulta interesante porque sustituir es elegir y aceptar una cosa por otra. Y si tenemos la capacidad para elegir, es porque somos libres para hacerlo. Esa libertad es uno de los dones con los que Dios nos dotó en nuestra condición de Hijo. Por lo tanto, el libre albedrío nos hace semejantes a Dios para crear.

Decía, igualmente, que este tema puede resultar controvertido en manos del ego, pues su sistema de pensamiento basado en el especialismo del yo puede plantear, en defensa de sus firmes creencias, la siguiente cuestión: Soy libre para crear y soy libre para elegir. Luego en esa elección no hay nada malo, simplemente analizo, comparo y elijo la mejor opción para lo que deseo. Sí, asumo que para elegir debo dividir y separar.

Las conclusiones que el ego ofrece en defensa de su creencia en la separación son interminables. Le merece la pena esforzarse para tener a nuestra mente a sus servicios y emitiendo pensamientos que aboguen por la división.

Lo que no le interesa al ego es que descubramos la verdad que acompaña al don del libre albedrío. Esa verdad nos enseña que la libertad procede del Amor, la esencia con la que Dios creó a Su Hijo. Que el amor es uno y no divide. Que el amor, cuando hace uso del libre albedrío, elige lo que Es y no lo que no es. Si nuestra verdadera identidad es espiritual, no podemos elegir ser otra cosa, no podemos elegir ser un cuerpo. Y eso es precisamente lo que hace el ego, utilizar el don de la libertad de elección para elegir ser algo diferente a Dios.

En conclusión, cuando elegimos ser algo diferente al amor, estaremos eligiendo la división, estaremos eligiendo la ilusión, la irrealidad.

2. El Espíritu Santo nunca utiliza substitutos. 2En cualquier situación en la que el ego percibe a una persona como sustituto de otra, el Espíritu Santo sólo ve su unión e indivisibilidad. 3Él no elige entre ellas, pues sabe que son una sola. 4Al estar unidas, son una sola porque son lo mismo. 5La substitución es claramente un proceso en el que se perciben como si fuesen diferentes. 6El deseo del Espíritu Santo es unir, el del ego, separar. 7Nada puede interponerse entre lo que Dios ha unido y el Espíritu Santo considera uno. 8Pero todo parece interponerse en las relaciones fragmentadas que el ego patrocina a fin de destruirlas.

De lo dicho anteriormente, podemos entender que el ego basa sus relaciones con los demás en la creencia en la separación. Al no percibirlo desde la verdad, lo hace desde la ilusión, lo que le lleva a pensar que no existe la unidad entre los seres. Ese gesto revela que nuestra mente ha sustituido el amor por el miedo, que ha sustituido la unión por la división, que ha sustituido la paz por el egoísta deseo de dominar y de ganar.

En cambio, cuando elegimos el amor, estamos eligiendo la Visión Crística y estamos eligiendo la mente recta del Espíritu Santo.

3. La única emoción en la que la substitución es imposible es el amor. 2El miedo, por definición, conlleva substitución, pues es el substituto del amor. 3El miedo es una emoción fragmentada y fragmentante. 4Parece adoptar muchas formas y cada una parece requerir el que uno actúe de modo diferente para poder obtener satisfacción. 5Si bien esto parece dar lugar a un comportamiento muy variable, un efecto mucho más serio reside en la percepción fragmentada de la que procede dicho comportamiento. 6No se considera a nadie como un ser completo. 7Se hace hincapié en el cuerpo, y se le da una importancia especial a ciertas partes de éste, las cuales se usan como baremo de comparación, ya sea para aceptar o para rechazar, y así expresar una forma especial de miedo.

Cuando hacemos uso del libre albedrío para elegir satisfacer nuestros deseos egoístas de ser especiales, damos lugar a que el miedo se manifieste en nuestros pensamientos, llevándonos a tomar decisiones en las que la separación prevalecerá por encima de todas las cosas. Desde el miedo, tan solo podemos experimentar relaciones conflictivas que nos aportarán los frutos propios del conflicto: la desarmonía, los enfrentamientos y el sufrimiento.

La elección del ego fue negar la identidad del Espíritu y sustituirlo por la ilusión de ser un cuerpo. El cuerpo se convierte en su principal insignia y le atribuye un inmenso poder para ratificar su sistema de pensamiento. El cuerpo se puede percibir, el Espíritu no. Y esa falsa conclusión le lleva a creer tan solo en lo que percibe.

viernes, 24 de enero de 2025

Capítulo 17. VIII. Las condiciones de la paz (2ª parte).

 VIII. Las condiciones de la paz (2ª parte).

4. Para ti, que has respondido a la llamada de tu Redentor, la ten­sión que conlleva no responder a Su llamada parece ser mayor que antes. 2Pero no es así. 3La resistencia siempre estuvo ahí, pero se la atribuías a otra cosa, creyendo que era esa "otra cosa" la que la producía. 4Mas eso nunca fue verdad. 5Pues lo que esa "otra cosa" producía era pesar y depresión, enfermedad y dolor, tinie­blas y vagas imaginaciones de terror, escalofriantes fantasías de miedo y abrasadores sueños infernales. 6todo ello no era más que la intolerable tensión que se producía al negarte a depositar tu fe en la verdad y a ver su evidente realidad.

Cada momento de nuestra vida es una invitación a responder desde la fe en el Espíritu Santo, o en la falta de fe en Él. Dicho de otro modo, cada momento de nuestra vida es una invitación para responder desde el amor o desde el miedo. Es así de simple, no lo compliquemos más. El ego nos dirá que la vida no es tan simple, que hay matices que no podemos obviar, y para argumentar a favor de estos matices, nos narrará multitud de situaciones, a cual más dramática, que nos harán dudar si no estaremos siendo débiles al tomar la decisión de ver cada situación tal y como es, tan solo una situación en la que se nos invita a tomar una decisión: amar o sufrir, perdonar o castigar.

Entonces, ¿tenemos que aceptarlo todo, perdonarlo todo? Si nos estamos haciendo esta pregunta, es evidente que no tenemos fe en la verdad y que nos hemos dejado engañar por las argucias del ego. ¿Cómo lo sé? Sencillamente, porque cuando no decido perdonarlo todo, no me siento en paz. Estoy decidiendo castigarme por el odio y la ira que siento y estoy decidiendo castigar al culpable que ha suscitado en mí tales sentimientos, olvidando o desconociendo que ese "otro" está ayudándonos a descubrir el contenido de nuestros pensamientos, los que ocultamos en nuestro interior y que proyectamos en los demás.

5. Tal fue la crucifixión del Hijo de Dios. 2Su falta de fe le oca­sionó todo eso. 3Piénsalo muy bien antes de permitirte usar tu falta de fe contra él. 4Pues él ha resucitado, y tú has aceptado la Causa de su despertar como tu propia causa. 5Has asumido el papel que te corresponde en su redención, y ahora eres completamente responsable por él. 6No le falles ahora, pues te ha sido dado comprender lo que tu falta de fe en él te ocasiona. 7Su salva­ción es tu único propósito. 8Ve sólo esto en toda situación, y cada una de ellas se convertirá en un medio de brindarte sólo eso.

En efecto, cuando elegimos el miedo, el rencor, la ira como respuesta a los conflictos que afrontamos en la vida, lo que estamos haciendo es elegir el camino de la crucifixión, el de la muerte, el del castigo y la culpa, el del odio hacia sí mismo.

Como bien recoge en su enseñanza el Curso, el Hijo de Dios no debe ser perdonado sino despertado, esto es, resucitado. Cuando despertamos de un sueño y recordamos el contenido de lo soñado como una pesadilla, nuestros miedos se disipan y recuperamos la paz y el sociego. El hecho de haber reconocido la verdad nos lleva de la mano hasta esa situación de paz.

De igual modo, el Hijo de Dios retornará a la paz cuando decida conscientemente ver la verdad, ver que ha estado depositando su fe en el falso guía, que su mente se encontraba identificada con las ilusiones procedentes del estado de sueño elegido. Su fe elegirá al maestro correcto y su mente servirá al Espíritu Santo.

6. Cuando aceptaste la verdad como el objetivo de tu relación, te convertiste en un dador de paz tan irremediablemente como que tu Padre te dio paz. 2Pues el objetivo de la paz no se puede aceptar sin sus condiciones, y tú tuviste que haber tenido fe en dicho objetivo, pues nadie acepta lo que no cree que es real. 3Tu propósito no ha cambiado ni cambiará jamás, pues aceptaste lo que nunca puede cambiar. 4Y ahora no le puedes negar nada que necesite para ser eternamente inmutable. 5Tu liberación es segura. 6Da tal como has recibido. 7Y demuestra que te has elevado muy por encima de cualquier situación que pudiese detenerte y mantenerte separado de Aquel Cuya llamada contestaste.

Tan solo hay un modo de aceptar la verdad. Deposita tu fe en ella y la verdad formará parte de tu mente y de tus pensamientos. Si consideras que debes ver para creer, si consideras que para creer en la verdad debes percibirla, debes meter el dedo en la llaga del Señor, como lo hizo el apóstol Tomás, hazlo. Practica la atención en el presente. Míralo con el propósito de tener un encuentro verdadero con la verdad. No invites al ego a ese encuentro, pues si lo haces, no te permitirá mirar la verdad libre de los recuerdos del pasado. El presente es verdadero en sí mismo por lo que es. Y lo que es, es tan solo eso, es. Si crees que el presente es otra cosa a lo que es, no lo estarás viendo tal y como es.

Tú decides lo que es, eligiendo verlo contagiado por lo aprendido en el pasado o aceptando la oportunidad que te ofrece. Ese presente no lo has vivido nunca, es nuevo y, por su condición de nuevo, te brinda la posibilidad de elegir verlo como la única oportunidad que tienes, ahora, para elegir de nuevo lo que más te conviene.

Si quieres paz, elige paz. Si quieres sufrimiento, elige trasladarlo desde tu pasado al presente. La verdad no se encuentra en tu pasado; siempre la encontraremos en el presente. Aceptar la verdad es depositar nuestra fe en ella, es elegirla por encima de la ilusión. No condiciones a la verdad, a la paz, con la carga emocional que arrastra en la mochila de tus recuerdos. Obviar esos recuerdos de dolor tan solo es posible en el ahora, en el presente, y esta elección se llama perdón. El perdón es, por lo tanto, nuestra elección de obviar el dolor que nos han causado o que hemos causado. 

jueves, 23 de enero de 2025

Capítulo 17. VIII. Las condiciones de la paz (1ª parte).

VIII. Las condiciones de la paz (1ª parte).

1. El instante santo no es más que un caso especial, un ejemplo extremo, de lo que toda situación debería ser. 2El significado que el propósito del Espíritu Santo le ha dado al instante santo, se le da también a toda situación. 3El instante santo suscita la misma suspensión de falta de fe -que se rechaza y no se utiliza- para que la fe pueda responder a la llamada de la verdad. 4El instante santo es el ejemplo supremo, la demostración clara e inequívoca del significado de toda relación y de toda situación cuando se ven como un todo. 5La fe ha aceptado todos los aspectos de la situa­ción, y la falta de fe no ha impuesto el que nada se vea excluido de ella. 6Es una situación de perfecta paz, debido simplemente a que la has dejado ser lo que es.

El instante santo está inspirado por la mente recta, la que procede de los pensamientos que sirven a la verdad que representa el Espíritu Santo. Esa verdad es una y nos hace uno con la Fuente de donde procede, esto es, con Dios y Su Creación. Por lo tanto, referirse al instante santo como un ejemplo extremo de lo que debería ser significa que es tanta su importancia que debemos practicarlo en cada instante de nuestra vida.

Si ponemos nuestra fe en ello, elevaremos nuestros pensamientos hacia el altar donde nuestra consciencia se comunica con Dios. Ese altar es el amor compartido con nuestro Creador y con la Filiación.

Cada relación, cuando se afronta desde la fe en el instante santo, es una oportunidad única para vivirla desde la inocencia, es decir, vivirla con ojos nuevos, vivirla libre de juicios, vivirla tan solo como ser lo que es.

2. Esta simple cortesía es todo lo que el Espíritu Santo te pide: 2que dejes que la verdad sea lo que es. 3No intervengas, no la ataques, ni interrumpas su llegada. 4Deja que envuelva cada situación y que te brinde paz. 5Ni siquiera se te pide que tengas fe, pues la verdad no pide nada. 6Déjala entrar, y ella invocará la fe que necesitas para gozar de paz, y se asegurará de que dispongas de ella. 7Pero no te alces contra ella, pues no puede hacer acto de presencia si te opones a ella.

Si tenemos fe en lo que somos y lo que somos tan solo es amor, cualquier relación que establezcamos será tratada desde la ausencia de juicios que tratan de enturbiar la inocencia que expresa el instante presente. Ese instante presente es el único verdadero donde podemos ver las cosas libres de significados. La mente que sirve al ego tratará de convencernos de que ese presente es la consecuencia de nuestro pasado y, dado que en ese pasado nos han dañado o hemos dañado, ahora es el momento de vengarnos o pagar nuestra culpa. El presente, de este modo, queda empañado de nuestro rencor y no es vivido tal y como se nos muestra, impecable, inocente, libre para que decidamos entre el amor o el miedo.

3. ¿No desearías hacer de toda situación un instante santo? 2Pues tal es el regalo de la fe, que se da libremente dondequiera que la falta de fe se deja a un lado sin usar. 3El poder del propósito del Espíritu Santo puede usarse entonces en su lugar. 4Este poder transforma instantáneamente todas las situaciones en el único medio, seguro y continuo, de establecer Su propósito y de demostrar su realidad. 5Lo que se ha demostrado ha requerido fe, y ésta ha sido concedida. 6Ahora se convierte en un hecho, del que ya no se puede retirar la fe. 7La tensión que conlleva negarle la fe a la verdad es enorme y mucho mayor de lo que te imaginas. 8Pero responder a la verdad con fe no entraña tensión alguna.

Pongamos a prueba nuestra fe. ¿Cómo? Mirando de frente al momento presente. Hagámoslo. Elijamos el ahora. No importa dónde estemos, ni lo que estemos haciendo. Yo, por ejemplo, estoy pulsando las teclas del teclado de mi ordenador y transcribiendo el contenido de los pensamientos que emanan de mi mente. Miro lo que estoy haciendo de forma automática. Es una acción que acostumbro a realizar y lo hago de manera inconsciente. Ahora decido mirarlo de otra manera. Cuando lo hago, me doy cuenta de que lo que fluye de mi mente no procede de mi ego, pues él ignora el contenido de lo que estoy escribiendo; él no comparte el mensaje que estoy trasladando, lo interpreta como una chaladura de mi mente. Entonces me hago consciente de que el contenido de estas ideas procede de mi mente recta, la que se encuentra depositada en mi fe en el Espíritu Santo. Ahora sé que proceden de Él, y lo sé porque me aporta paz lo que estoy haciendo y mi mente sintoniza Su Canal, a través del cual recibo Su Voz.

Ahora, en este presente, mi fe me permite sentirme uno con todo lo creado, me permite hacer de este instante un instante santo, pues es mi santidad la que se manifiesta. Lo único que he hecho es permitir que el ahora se manifieste tal y como es, una oportunidad para mirar desde el amor.

miércoles, 22 de enero de 2025

Capítulo 17. VII. La invocación a la fe (3ª parte).

VII. La invocación a la fe (3ª parte).

7. El poder que se ha depositado en ti, en quien se ha establecido el objetivo del Espíritu Santo, transciende tanto tu limitada con­cepción de lo infinito, que no tienes idea de la magnitud de la fuerza que te acompaña. 2Y puedes usar esta fuerza con perfecta seguridad. 3No obstante, a pesar de su extraordinario poder, tan grande que se extiende allende las estrellas hasta el universo que se encuentra más allá de ellas, tu insignificante falta de fe la puede neutralizar, si en su lugar prefieres valerte de tu falta de fe.

Cuando nuestra mirada se dirige a la inmensidad del universo, no podemos evitar sentirnos "insignificantes" ante tanta grandiosidad. A pesar de ello, esa grandeza se encuentra en nuestro interior, formando parte íntegra de nuestra verdadera identidad espiritual.

La pequeñez forma parte del pensamiento que sirve al sistema de creencia del ego. Percibir la verdad hará caer ese velo que no nos permite ver nuestra realidad divina. La Visión Espiritual nos abrirá la puerta que nos conduce a la grandeza y juntos a nuestros hermanos, retornaremos de nuevo a compartir el Conocimiento Directo con nuestro Creador.

8Considera, no obstante, lo que sigue a continuación, y descu­bre la causa de tu falta de fe: crees que la razón por la que tienes algo contra tu hermano es por lo que él te hizo a ti. 2Mas por lo que realmente lo culpas es por lo que tú le hiciste a él. 3No le guardas rencor por su pasado sino por el tuyo. 4Y no tienes fe en él debido a lo que tú fuiste. 5Tú eres, sin embargo, tan inocente de ello como lo es él. 6Lo que nunca existió no tiene causa, ni está ahí para obstruir a la verdad. 7La falta de fe no tiene causa; la fe, en cambio, sí tiene Causa. 8Esa Causa ha entrado a formar parte de toda situación que comparta Su propósito. 9La luz de la verdad brilla desde el centro de la situación, y ejerce influencia sobre todos aquellos a quienes el propósito de la situación llama. 10Y llama a todo el mundo. 11No hay situación que no incluya a toda tu relación, a todos sus aspectos y a todas sus partes. 12No puedes excluir ningún aspecto de ti mismo y esperar que la situación siga siendo santa. 13Pues ese aspecto comparte el propósito de tu relación en su totalidad y deriva su significado de ella.

La psicología de la mente humana surge de la base de un error ancestral que da lugar a proyectar fuera todo aquello que negamos dentro. Así, al no aceptarnos como pecadores, lanzamos nuestra culpa sobre los demás, lo que nos llevará a juzgarlos y a castigarlos por sus pecados. 

La falta de amor hacia nosotros mismos nos lleva a buscar el amor especial en el otro, pero lo hacemos desde la culpa que esa falta de amor nos genera.

El creernos especiales nos lleva a visionarnos como seres separados del resto de la humanidad. Esa visión es proyectada, igualmente, sobre los demás, llevándonos a interpretar al otro como nuestro enemigo.

9. A menos que la fe que tienes en tu hermano te acompañe en toda situación, serás infiel a tu propia relación. 2Tu fe exhortará a los demás a que compartan tu propósito, tal como el propósito en sí invocó la fe en ti. 3Y verás los medios que una vez empleaste para que te condujesen a las ilusiones, transformados en medios que te conducen a la verdad. 4La verdad invoca la fe, y la fe le hace sitio a la verdad. 5Cuando el Espíritu Santo cambió el propó­sito de tu relación al intercambiar el tuyo por el Suyo, el objetivo que estableció en ella se extendió a toda situación en que jamás puedas verte envuelto. 6Y así liberó del pasado todas las situacio­nes que éste habría desprovisto de significado.

A menos que la creencia en la unidad que nos mantiene unidos a nuestros hermanos se convierta en la fortaleza de nuestra fe, seremos infieles a toda relación. Percibiremos al otro como a nuestro enemigo y lo atacaremos para evitar de este modo su ataque.

Nuestra fe debe contagiar a los demás, pues la verdad que ha abierto nuestros ojos a la realidad que compartimos con el Espíritu Santo también se encuentra en cada uno de nuestros hermanos.

Tan solo la ilusión provocada por la falta de fe puede poner en peligro esa relación de amor.

10. Invocas la fe por razón de Aquel que te acompaña en toda situación. 2Ya no estás completamente loco ni tampoco solo. 3Pues la idea de que en Dios puede haber soledad no puede sino ser un sueño. 4Tú, cuya relación comparte el objetivo del Espíritu Santo, has sido alejado de la soledad porque la verdad ha llegado. 5Su invocación a la fe es poderosa. 6No uses tu falta de fe contra la verdad, pues ésta te exhorta a que te salves y a que estés en paz. 

La soledad forma parte del mundo irreal que ha fabricado el ego. Al percibir al otro como separado de nosotros, lo que estamos haciendo es proyectar nuestra división interior, nuestra unidad. Ello nos lleva a percibir la necesidad en forma de soledad. Es como si nos faltase una parte de nuestra unidad. Esa parte son los demás, con los que en verdad formamos la creación de Dios.

Cuando la fe participa de la Mente Recta, nos lleva a percibir al otro formando parte de nuestro ser. Esa visión nos lleva a compartir el amor en nuestras relaciones y, por tanto, a gozar plenamente de los pensamientos compartidos con los demás.

martes, 21 de enero de 2025

Capítulo 17. VII. La invocación a la fe (2ª parte).

VII. La invocación a la fe (2ª parte).

4. Únicamente lo que tú no has dado es lo que puede faltar en cualquier situación. 2Pero recuerda esto: la santidad fue la meta que se fijó para tu relación, y no fuiste tú quien lo hizo. 3No fuiste tú quien la fijó porque la santidad no se puede ver excepto mediante la fe, y tu relación no era santa por razón de la limitada y reducida fe que tenías en tu hermano. 4Tu fe tiene que aumen­tar para poder alcanzar la meta que se ha fijado. 5La realidad de la meta facilitará eso, pues te permitirá ver que la paz y la fe no vienen por separado. 6¿Cómo podrías estar en una situación sin tener fe y al mismo tiempo serle fiel a tu hermano?

La Filiación Divina, el Hijo de Dios, goza de la santidad de Su Padre. El Amor y la Unidad son dos de sus Atributos y son eternos. El Amor es inquebrantable. Cuando otra creencia se interpone ante esa verdad, se produce una alteración en la fe verdadera, lo que da lugar a la mala fe o creencia errónea. Podemos decir que la mala fe es lo mismo que la falsa fe, pues lo que nos está indicando es que la ilusión se ha apoderado de la verdadera realidad.

La falsa fe nos lleva a interpretar a nuestros hermanos como a nuestros enemigos. Los percibimos con una identidad pasajera y quebrantable, lo que significa la ausencia de la esencia del Amor. Identificado con una personalidad pecadora y merecedora del castigo que mitigue la culpa que siente, la santidad que comparte la Filiación desaparece bajo las sombras que proyecta la identidad egoica.

5. Cada situación en la que te encuentras no es más que un medio para satisfacer el propósito que se estableció para tu relación. 2Si la ves como algo diferente, es que te falta fe. 3No hagas uso de esa falta de fe. 4Deja que se presente y obsérvala con calma, pero no hagas uso de ella. 5La falta de fe es la sierva de lo ilusorio, y es totalmente fiel a su amo. 6Haz uso de ella, y te llevará directa­mente a las ilusiones. 7No te sientas tentado por lo que te ofrece. 8La falta de fe no supone ningún obstáculo para el objetivo, sino para el valor que éste tiene para ti. 9No aceptes la ilusión de paz que te ofrece, sino que, por el contrario, contempla su ofrecimiento y reconoce que es una ilusión.

Cada encuentro de relación con nuestros hermanos es una invitación a dar fe de nuestra creencia en la unidad. Ello supondrá que reconocemos a nuestro hermano como parte integrante de la Filiación que conforma el acto creador de Dios.

Verlo de otra manera, esto es, verlo desde la falta de fe, nos mostrará el contenido de nuestra creencia errada en la separación.

Todo ello da lugar, me refiero a la situación que da lugar a una experiencia de relación, a poner a prueba nuestra fe en la verdad. Nos enfrentamos, una vez más, a elegir la realidad o la ilusión. Si no queremos ver a nuestro hermano desde la unidad, es porque no creemos en que ello sea verdad. Siempre proyectamos fuera de nosotros aquello que vemos en nuestro interior. Al vernos como pecadores, separados de nuestro Creador, trasladaremos esa misma visión fuera de nosotros, de tal modo que el otro será alguien ajeno a nosotros.

6. El objetivo de la ilusión está tan estrechamente vinculado a la falta de fe como la fe lo está a la verdad. 2Si pones en duda que alguien pueda desempeñar su papel, y desempeñarlo perfecta­mente en cualquier situación entregada de antemano a la verdad, es que la entrega no fue absoluta. 3Esto significa que no has tenido fe en tu hermano y que has usado tu falta de fe contra él. 4Nin­guna relación es santa a menos que su santidad la acompañe a todas partes. 5De la misma manera en que la santidad y la fe van de la mano, así su fe tiene también que acompañarla a todas par­tes. 6La realidad del objetivo inspirará y obrará cualquier milagro que sea necesario para su logro. 7Cualquier cosa tanto si es dema­siado grande como demasiado pequeña, demasiado débil o de­masiado apremiante, será puesta dulcemente a su servicio para apoyar su propósito. 8El universo la servirá gustosamente, tal como ella sirve al universo. 9Pero no interfieras.

La luz de la verdad resplandece eternamente para todo aquel que quiere gozar de ella. Tan solo tenemos que invocarla en nombre del amor que nos une a ella, para que se nos muestre a la consciencia. El acto consciente de buscar la verdad es un llamamiento para que todas las fuerzas que trabajan para el amor se pongan a nuestra disposición y nos allanen el camino para disfrutar de ese encuentro milagroso.

lunes, 20 de enero de 2025

Capítulo 17. VII. La invocación a la fe (1ª parte).

VII. La invocación a la fe (1ª parte).

1. Los sustitutos de cualquier aspecto de una situación son los testigos de tu falta de fe. 2Demuestran que no creíste que la situa­ción y el problema estuviesen en el mismo lugar. 3El problema era la falta de fe, y esto es lo que demuestras cuando lo separas de su fuente y lo pones en otro lugar. 4Como resultado de ello, no ves el problema. 5De no haberte faltado la fe de que podía ser resuelto, el problema habría desaparecido. 6Y la situación habría tenido sentido para ti porque se habría eliminado cualquier interferen­cia que hubiese impedido que la entendieses. 7Trasladar el pro­blema a otro lugar es perpetuarlo, pues te desentiendes de él y haces que sea irresoluble.

¿Quiénes son esos "sustitutos"? Jesús utiliza este término para aludir a los pensamientos que conforman las creencias erróneas. Es por ello que nos sitúa el error en la creencia de que la situación y el problema estuviesen en el mismo lugar. Añade que el problema es la falta de fe, o lo que es lo mismo, la creencia correcta, la que ha de llevarnos a comprender que la causa y el efecto no podemos fracturarlos, no podemos pensar que están separadas la una de la otra, sino que son los dos polos de un mismo eje.

Si no conocemos la causa, no entenderemos los efectos. Aparecen los problemas, pero no lo afrontamos adecuadamente, pues no conocemos el sentido de la situación. Cuando realmente el problema nos está revelando cuál es la situación. Si aplicamos esta secuencia a la experiencia de relación especial, donde la causa-situación aparece desvinculada del efecto-problema, comprenderemos la razón por la cual dicha experiencia suele ser frustrante.

La situación y el problema no se producen separadamente, es decir, no podemos pretender que la causa-situación la ubiquemos en el pasado y el efecto-problema lo percibamos en el presente. El concepto tiempo debe ser visto desde otra perspectiva. que nos permita comprender que el pasado pasó y que tan solo en el presente se nos muestra la percepción verdadera de la causa-efecto, de la situación-problema. Es en ese presente donde podremos tener acceso consciente del problema y, de la mano de la fe, de la creencia en ello, podremos elegir ver el problema desde el perdón, sin que la creencia en la separación nuble nuestra consciencia de la verdad.

2. No hay ningún problema que la fe no pueda resolver. 2Si trasla­das cualquier aspecto de un problema a otro lugar, ello hará que sea imposible solventarlo. 3Pues si trasladas parte del problema a otro lugar, el significado del problema inevitablemente se pierde, y la solución del problema radica en su significado. 4¿No es posi­ble acaso que todos tus problemas ya se hayan resuelto, pero que tú te hayas excluido a ti mismo de la solución? 5La fe, no obstante, tiene que estar donde algo se ha consumado, y donde tú ves que se consumó.

La afirmación con la que comienza este punto nos lleva a comprender que la creencia en la unidad que mantiene a la Filiación unida a Su Creador es el correctivo de cualquier problema. El ego, que es un experto fracturador de la verdad, piensa que hay muchos tipos de problemas, y esto es así debido a que cree en la separación. Si creyese en la unidad, la causa del problema desaparecería, lo que nos llevaría a la visión correcta de que el problema es un error, que se corrige negando su existencia.

Si el problema que percibimos es que sembramos la semilla de un peral y el árbol nos da manzanas, lo que percibimos como problema, esto es, las manzanas, nos está revelando que cometimos un error a la hora de elegir la semilla, es decir, no separamos la elección de la semilla de los frutos obtenidos. Verlo desde el presente como una unidad nos permitirá aplicar el correctivo correcto, elegir conscientemente la semilla adecuada para que nos ofrezca los frutos adecuados.

3. Una situación es una relación, pues es una confluencia de pen­samientos. 2Si se perciben problemas, es porque se cree que los pensamientos están en conflicto. 3Mas si el objetivo es la verdad, eso es imposible. 4Alguna idea relacionada con el cuerpo tuvo que haberse inmiscuido, ya que las mentes no pueden atacar. 5Pensar en cuerpos indica falta de fe, pues los cuerpos no pueden solven­tar nada. 6El que se inmiscuyan en la relación -lo cual es un error acerca de lo que piensas de la situación- es lo que entonces se convierte en la justificación de tu falta de fe. 7Cometerás este error, pero no dejes que ello sea motivo de preocupación para ti. 8El error no importa. 9La falta de fe que se lleva ante la fe nunca será un escollo para la verdad. 10Pero usar la falta de fe contra la verdad siempre destruirá la fe. 11Si te falta fe, pide que se te restituya allí donde se perdió, y no intentes que se te indemnize por ella en otra parte, como si se te hubiese privado injustamente de ella.

Cuando nuestra relación con los demás nos lleva a percibirlos como cuerpos, lo que estamos haciendo es identificarlos incorrectamente y la causa de ello tan solo se encuentra en nuestras creencias, en nuestros pensamientos, los cuales defienden que somos lo que percibimos erróneamente.

Si depositamos nuestra fe en creencias falsas, no sabremos identificar correctamente dónde se encuentra la solución a nuestros problemas. Mantenernos fieles a la "mala fe" o a la carencia de fe nos llevará a ir ciegos por la vida y a no ver la verdad. El sistema de pensamiento del ego se caracteriza precisamente por su empeño en mantenernos alejados de la creencia correcta, para lo cual merma nuestra fe en la verdad, mostrándonos pruebas de que tan solo el mundo de la percepción es el verdadero.

viernes, 17 de enero de 2025

Capítulo 17. VI. Cómo fijar la meta (2ª parte).

VI. Cómo fijar la meta (2ª parte).

4. El valor de decidir de antemano lo que quieres que ocurra es simplemente que ello te permite percibir la situación como un medio para hacer que tu objetivo se logre. 2Haces, por lo tanto, todo lo posible por pasar por alto todo lo que interferiría en su logro, y te concentras sólo en lo que te ayuda a conseguirlo. 3Es obvio que este enfoque ha hecho que la manera en que distingues lo verdadero de lo falso sea más parecida a la del Espíritu Santo. 4Lo verdadero viene a ser lo que se puede utilizar para lograr el objetivo, 5lo falso, lo inútil desde ese punto de vista. 6La situa­ción tiene ahora sentido, pero sólo porque el objetivo ha hecho que lo tenga.

Utilicemos de nuevo el símil del agricultor que se marca el objetivo de sembrar la semilla del
peral, pues su propósito consciente es cosechar hermosas y gustosas peras.

El hecho de haber tomado esa decisión de manera consciente llevará al agricultor a concentrar sus esfuerzos en el logro del objetivo. Para ello, labrará la tierra convenientemente y esperará la fecha adecuada para llevar a cabo la siembra. Esa semilla será mimada con todos los cuidados que se requieren, con el riego adecuado y, cuando la planta vaya creciendo, se podarán las ramas que puedan ser un obstáculo para impedir que el árbol crezca sano y robusto, lo que garantizará el hecho de que haya una frondosa cosecha de peras. Cuando el proceso haya culminado, el agricultor degustará uno de sus frutos y comprobará que su sabor es el esperado, es decir, tendrá la satisfacción de que sus esfuerzos han logrado el objetivo perseguido.

No todos los agricultores siguen ese proceder y muchos, carentes de la paciencia necesaria para establecer los pasos a seguir adecuadamente, deciden abandonar la labor de los cuidados de lo sembrado y prefieren adueñarse de los esfuerzos de otros, robándoles la cosecha de sus frutos.

5. Tener a la verdad por objetivo tiene otras ventajas prácticas. 2Si la situación se usa en favor de la verdad y la cordura, su desen­lace no puede ser otro que la paz. 3Y esto es así independiente de cuál sea el desenlace. 4Si la paz es la condición de la verdad y la cordura, y no puede existir sin ellas, allí donde hay paz tienen que estar también la verdad y la cordura. 5La verdad viene por su propia iniciativa. 6Si experimentas paz, es porque la verdad ha venido a ti, y así, no podrás sino ver el desenlace correctamente, pues el engaño no puede prevalecer contra ti. 7Podrás reconocer el desenlace precisamente porque estás en paz. 8En esto se puede ver una vez más lo opuesto a la manera de ver del ego, pues el ego cree que es la situación la que da lugar a la experiencia. 9El Espíritu Santo sabe que la situación es tal como el objetivo la determina, y que se experimenta de acuerdo con ese objetivo.

¿Qué agricultor habrá obrado correctamente? ¿El que eligió su objetivo conscientemente y saboreó el éxito de su cosecha? ¿O el que se negó a trabajar la tierra y eligió apoderarse de los frutos de los esfuerzos ajenos? ¿Cuál de ellos experimentaría la paz? ¿Cuál de ellos ha tenido la verdad como objetivo?

Si nos quejamos de que en nuestra vida no tenemos paz, ya sabemos la respuesta.

6.  Tener a la verdad por objetivo requiere fe. 2La fe está implícita en la aceptación del propósito del Espíritu Santo, y esta fe lo abarca todo. 3Allí donde se ha establecido el objetivo de la verdad, allí tiene que estar la fe. 4El Espíritu Santo ve la situación como un todo. 5El objetivo establece el hecho de que todo aquel que esté involucrado en la situación desempeñará el papel que le corres­ponde en la consecución del mismo. 6Esto es inevitable. 7Nadie fracasará en su cometido. 8Esto parece requerir mucha más fe de la que tú tienes ahora, y mucha más de la que tú puedes dar. 9Esto es así, no obstante, sólo desde el punto de vista del ego, pues el ego cree que la manera de "resolver" los conflictos es fragmentán­dolos, y, así, no percibe la situación como un todo. 10El ego, por consiguiente, intenta dividir la situación en segmentos y lidiar con cada uno de ellos por separado, pues tiene fe en la separación y no en la unidad.

Si acudimos al Diccionario de la lengua española, el significado de fe es el siguiente: "Conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas". "Conjunto de creencias de una religión". Por lo tanto, cuando hablamos de fe, estamos refiriéndonos a las creencias. Con base en este significado, podemos tener fe en Dios o podemos no tener fe en Él, o lo que es lo mismo, podemos creer o no creer en Él. 

Cuando se nos invita a tener fe en algo o en alguien, se nos está pidiendo que creamos en lo que la otra persona cree sin que dicha creencia sea obtenida por nuestra mente de una forma objetiva. Para que admitamos adoptar esa creencia como nuestra, nos debe resonar, es decir, debe despertar en nosotros el recuerdo de que su "verdad" forma parte de nosotros.

Tener a la verdad por objetivo requiere fe, es decir, requiere que nos resuene esa verdad. Y lo hará, porque esa verdad somos nosotros y es compartida por el resto de la filiación. Si la creencia no fuese verdad, esto es, si su Causa no gozara del amor, de la unidad, sus Efectos darían lugar a una creencia errónea, lo que ocasionaría la afiliación a lo que se llama "mala fe". 

Este punto nos advierte de algo muy importante que no entramos a considerar. "El objetivo establece el hecho de que todo aquel que está involucrado en la situación desempeñará el papel que le corresponde en la consecución del mismo". El ego desconoce esta verdad. Su creencia en la separación le lleva a fragmentarlo todo, lo que le impide visionar la unidad que nos convierte en cómplices colaboradores para facilitar que todo sea como debe ser.

El agricultor, que marca su objetivo conscientemente, sabe que por sí solo no podrá recoger toda la cosecha, ni garantizar que alcance su plenitud, pues los cuidados son muchos. Así que se rodeará de jornaleros que le ayudarán en dicha tarea. Cada uno de esos colaboradores tiene su papel para lograr llevar a cabo el objetivo propuesto.

Esos "jornaleros" son los cómplices que se dan cita en el momento adecuado para hacer posible que lo que tengamos que cosechar sea cosechado.

Esos "jornaleros" son los cómplices que se dan cita en el momento adecuado para hacer posible que lo que tengamos que cosechar sea cosechado.

7. Cuando el ego se enfrenta a un aspecto de la situación que parece ser difícil, trata de trasladarlo a otro lugar y resolverlo allí. 2parecerá tener éxito, salvo que ese intento entra en conflicto con la unidad, y no puede por menos que enturbiar el objetivo de la verdad. 3Y no se podrá experimentar paz, salvo en fantasías. 4La verdad no ha venido porque la fe ha sido negada, al no haberse depositado donde por derecho propio le corresponde estar. 5De este modo pierdes el entendimiento de la situación que el objetivo de la verdad te brindaría. 6Pues las soluciones que proceden de fantasías no aportan sino una experiencia ilusoria, y una paz ilusoria no es la condición que le permite la entrada a la verdad.

Cuando una situación nos sobrepasa o simplemente consideramos que los esfuerzos que debemos realizar no nos satisfacen, decidimos elegir el camino más corto, el que no nos supondrá ningún esfuerzo, salvo el de hacer nuestros los frutos sembrados por otro. Nuestro ego se sentirá pletórico y se dirá que es merecedor de lo que tiene y de la paz que reporta dicha situación.

¿Acaso crees que el error te puede reportar paz?  

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