IV. La luz que traes contigo (2ª parte).
2. Podría afirmarse, por lo tanto, que la ley básica de la percepción es: "Te regocijarás con lo que veas, pues lo ves para regocijarte". 2Y mientras creas que el sufrimiento y el pecado te pueden proporcionar alegría, seguirán estando ahí para que los veas. 3 Nada es de por sí perjudicial o beneficioso a menos que así lo desees. 4Tu deseo es lo que determina los efectos que ha de tener en ti porque lo elegiste como un medio para obtener esos efectos, creyendo que eran los portadores del regocijo y de la felicidad. 6 Esta ley rige incluso en el Cielo. 7El Hijo de Dios crea para ser feliz, puesto que comparte con su Padre el propósito que Éste tuvo al crearlo a fin de que su alegría fuese cada vez mayor y la de Dios junto con la suya.
Este fragmento profundiza en la relación entre percepción, deseo y experiencia, y nos invita a examinar cómo nuestra mente elige aquello que quiere experimentar, incluso a nivel espiritual.
En la vida cotidiana, este principio nos invita a observar honestamente nuestros deseos y a reconocer que, si experimentamos sufrimiento, es porque en algún nivel creemos que nos aportará algo (justificación, atención, castigo, etc.).
La práctica consiste en preguntarnos:
¿Qué estoy buscando realmente en esta situación?
¿Estoy eligiendo ver el conflicto, el error, el pecado, porque creo que ahí está mi felicidad o mi justificación?
¿Qué pasaría si eligiera ver la inocencia, la paz o la posibilidad de alegría?
Este fragmento nos anima a asumir la responsabilidad de nuestra percepción y a recordar que podemos elegir de nuevo, orientando nuestro deseo hacia la verdadera felicidad.
Ejemplos concretos:
Ejemplo 1: Si en una relación de pareja tiendo a fijarme en los errores del otro y a sentirme víctima, es porque, en algún nivel, creo que eso me da razón, poder o justificación para mi malestar. Estoy eligiendo ver el conflicto porque creo que ahí está mi 'regocijo'.
Ejemplo 2: En el trabajo, si busco constantemente reconocimiento y me frustro por no recibirlo, es porque he decidido que mi felicidad depende de la aprobación externa. Mi deseo dirige mi percepción y experiencia.
Ejemplo 3: Si me siento culpable por un error del pasado y no me permito perdonarme, es porque creo que la culpa me protege o me purifica. Estoy eligiendo ver el pecado como fuente de 'alegría', aunque en realidad me mantiene en sufrimiento.
Citas relacionadas:
Preguntas para la reflexión:
Conclusión o síntesis:
Este fragmento nos recuerda que somos responsables de nuestra experiencia porque elegimos, consciente o inconscientemente, aquello con lo que queremos regocijarnos.
La percepción es una herramienta poderosa: puede mantenernos en el sufrimiento si creemos que ahí está nuestra felicidad, o puede liberarnos si elegimos ver la inocencia y la paz.
La verdadera alegría es el propósito de la creación, y está disponible cuando alineamos nuestro deseo con el de Dios.
Frase inspiradora: '"Elijo ver aquello que me conduce a la alegría, porque fui creado para ser feliz".
Una invitación:
Este punto es una invitación a mirar con honestidad nuestros deseos y a reconocer el poder que tenemos para elegir de nuevo.
No somos víctimas de lo que vemos: somos los creadores de nuestra experiencia a través de la percepción y el deseo.
¿Cómo aceptar esta invitación?
Hazte consciente de lo que buscas en cada situación:
¿quieres tener razón, sufrir, castigar, o prefieres la paz y la alegría?
Cuando notes que te regocijas en el conflicto, la culpa o el ataque, detente y pregúntate:
¿Qué deseo estoy alimentando?
¿Estoy dispuesto a elegir de nuevo?
Recuerda que tu felicidad es el propósito de tu existencia, y que tu alegría aumenta la alegría de Dios.
Invitación práctica: Hoy, cada vez que te sorprendas buscando justificación en el sufrimiento, repite para ti:
“Elijo regocijarme en la paz, la inocencia y la unión. Fui creado para la alegría”.









