martes, 30 de septiembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 273

LECCIÓN 273

Mía es la quietud de la paz de Dios.

1. Tal vez estemos ahora listos para pasar un día en perfecta calma. 2Sl esto no fuese posible todavía, nos contentaremos y nos sentiremos más que satisfechos con poder aprender cómo es posible pasar un día así. 3Si permitimos que algo nos perturbe, aprendamos a descartarlo y a recobrar la paz. 4Sólo necesitamos decirles a nuestras mentes con absoluta certeza: "Mía es la quie­tud de la paz de Dios", y nada podrá venir a perturbar la paz que Dios Mismo le dio a Su Hijo.

2. Padre, Tu paz me pertenece. 2¿Qué necesidad tengo de temer que algo pueda robarme lo que Tú has dispuesto sea mío para siempre? 3No puedo perder los dones que Tú me has dado. 4Por lo tanto, la paz con la que Tú agraciaste a Tu Hijo sigue conmigo, en la quietud y en el eterno amor que Te profeso.


¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me enseña, con absoluta claridad, que la paz de Dios jamás puede perderse, pues constituye el estado natural del Hijo de Dios. Lo único que parece ocultarla es la creencia de que la separación ocurrió realmente. Cuando la mente acepta la idea de que el pecado es posible, fabrica inevitablemente un Dios al que teme, un juez dispuesto a condenarla. Pero Un Curso de Milagros afirma que el pecado no tiene realidad y que únicamente el error necesita corrección, nunca castigo (T-19.II.1:1-6; T-19.II.3:2-5). La paz no desapareció; simplemente quedó velada por una falsa interpretación de nuestra experiencia.

Me pregunto qué habría sucedido si el Hijo de Dios no hubiera interpretado el deseo de experimentar una percepción distinta como un acto de desobediencia. Quizá nunca habría surgido el miedo, porque el miedo nace siempre de la culpa, y la culpa nace de creer que hemos atacado a Dios. Sin embargo, el Curso nos recuerda que la separación fue únicamente «una diminuta y alocada idea» (T-27.VIII.6:2), una idea que pareció tener efectos, pero que jamás alteró la realidad de la Creación. Dios no cambió Su Amor por juicio, ni Su Paz por ira.

En el estado de perfecta comunión con el Padre no existía conflicto alguno. La comunicación entre Creador y Creación era directa, sin interferencias ni símbolos, pues el conocimiento sustituía por completo a la percepción. El Curso enseña que «el conocimiento no es la motivación para aprender este curso. La paz lo es» (T-8.I.1:1-2). Sólo cuando la mente pareció apartarse de ese conocimiento comenzó a depender de la percepción, dando origen al mundo de las diferencias.

Al creer que podía encontrar por sí misma una realidad distinta, la mente dirigió su atención hacia el mundo exterior. Entonces otorgó valor a los sentidos, identificándose con el cuerpo y aceptándolo como su identidad. Desde ese instante comenzó a interpretar la vida a través de imágenes cambiantes, olvidando que «no soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó» (L-pI.rVI.In.3:3-5). La percepción pasó a ocupar el lugar del conocimiento, y el tiempo sustituyó aparentemente a la eternidad.

La identificación con el cuerpo dio lugar a una sensación constante de vulnerabilidad. Si el cuerpo nace, envejece y muere, también parecía lógico creer que nuestra existencia estaba sometida a esas mismas leyes. Así surgieron el miedo, la necesidad de defenderse, la competencia, la enfermedad y el sufrimiento. Pero el Curso insiste en que el cuerpo no es nuestra identidad, sino únicamente un medio de comunicación que la mente puede poner al servicio del ego o del Espíritu Santo (T-8.VII.2:1-7).

La verdadera causa de la pérdida de la paz no fue el cuerpo, sino la creencia de que el pecado era real. Esa única idea dio origen al temor a Dios, pues la mente pensó que debía ocultarse de Él para evitar Su castigo. Sin embargo, el Curso deshace esta falsa imagen afirmando que «Él no conoce ni el pecado ni sus resultados» (T-19.IV.C.i.3:4) y que Su Voluntad para Su Hijo es únicamente perfecta felicidad (L-pI.101.6:1; L-pI.101.7:6-7). El temor procede de la culpa; el Amor procede del conocimiento.

Recuperar la paz exige, por tanto, corregir la causa y no luchar contra sus efectos. No se trata de mejorar el sueño, sino de despertar de él. El Espíritu Santo utiliza cada experiencia para enseñarnos a reinterpretarla desde el perdón. Allí donde antes veíamos ataque, comenzamos a reconocer una petición de amor. Allí donde antes veíamos culpables, descubrimos hermanos que comparten con nosotros la misma inocencia. Así desaparece la necesidad de defendernos, porque comprendemos que nada real puede ser amenazado (T-in.2:2-4).

Cuando dejo de servir al sistema de pensamiento del ego, abandono gradualmente la búsqueda obsesiva de reconocimiento, de control y de posesión. La mente deja de perseguir aquello que nunca podrá ofrecerle paz y comienza a recordar su verdadera función: extender el Amor de Dios. Entonces la unidad deja de ser una idea filosófica para convertirse en una experiencia viva. Reconozco en cada hermano la misma Luz que habita en mí y descubro que nuestra aparente diversidad jamás ha podido romper la Unidad de la Filiación.

Esta lección me recuerda que la paz no es una recompensa futura ni un estado que deba conquistar. Es mi herencia eterna. Nunca la perdí; únicamente olvidé dónde buscarla. Cuando abandono la creencia en el pecado, el temor desaparece por sí mismo, porque ya no existe ninguna razón para huir de Dios. Sólo queda el reconocimiento de Su Amor inmutable.

Y entonces comprendo que la quietud de la paz de Dios siempre ha sido mía. No necesito fabricarla ni alcanzarla. Sólo debo aceptar que jamás la abandoné, porque jamás abandoné a mi Padre. En esa certeza descansa mi mente, y en esa quietud reconozco mi verdadero Hogar.


SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 273 enseña que la paz de Dios ya es tuya.

No depende de circunstancias externas. Puede ser recuperada en cualquier momento. No puede ser perdida realmente.

La mente puede regresar a ella.

No es crear paz, es recordar que nunca se fue.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Mía es la quietud de la paz de Dios”.

Cada repetición refuerza la certeza interna, disuelve la perturbación y facilita el retorno a la calma.

No es esfuerzo, es reconocimiento.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección trabaja directamente sobre la reactividad emocional.

Cuando crees que la paz depende de lo externo, aparece inseguridad, miedo a perderla, hipervigilancia y ansiedad.

Cuando esto se corrige, disminuye la reactividad, aumenta la estabilidad, aparece confianza, y surge una calma más profunda.

No porque el mundo cambie, sino porque dejas de vincular tu paz a él.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección afirma que la paz es un atributo del Ser, Dios la ha dado y no puede retirarla, el Hijo de Dios permanece en ella, y el Amor la sostiene eternamente.

Y revela algo profundamente reconfortante: No necesitas proteger la paz, la paz te protege a ti.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

Observa cualquier momento de perturbación.

No lo niegues, pero tampoco lo sigas.

Y entonces recuerda: “Mía es la quietud de la paz de Dios”.

Puedes acompañarlo con:

  • “La paz sigue aquí”.
  • “No he perdido nada real”.

Permítete volver, una y otra vez.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES: 

❌ No forzar un estado de calma artificial.
❌ No negar emociones.
❌ No frustrarse si aparece perturbación.

✔ Aplicarla como regreso, no como exigencia.
✔ Permitir que suavice la mente.
✔ Usarla con gentileza.

La paz no se impone, se recuerda.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa profundizándose:

260 → Dios es mi origen.
261 → Dios es mi refugio.
262 → Somos uno en Él.
263 → Todo es puro en Él.
264 → Estoy rodeado por Su Amor.
265 → Todo es manso en Él.
266 → Me reconozco en todos.
267 → La paz vive en mí.
268 → Dejo que todo sea.
269 → Veo la verdad en todo.
270 → Trasciendo la visión del cuerpo.
271 → Elijo cómo ver.
272 → Elijo lo que realmente satisface.
273 → Permanezco en la paz.

Ahora no sólo eliges la verdad, comienzas a habitarla.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 273 es profundamente estabilizadora:

La paz no viene y va.
No depende de lo que ocurra.
No puede ser destruida.

Sólo puede ser olvidada momentáneamente. Y cuando la recuerdas, regresa intacta. Porque nunca se fue. Siempre ha sido tuya.

FRASE INSPIRADORA: “La paz no es algo que alcanzo, es algo que recuerdo que siempre ha sido mío”.



Ejemplo-Guía: ¿Qué elegirías entre la paz y el conflicto?

Si alguien nos preguntara qué elegiríamos entre la paz y el conflicto, probablemente responderíamos sin dudar: la paz. La respuesta parece evidente. ¿Quién podría preferir la inquietud a la quietud, la lucha al descanso, el miedo al Amor? Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla cuando descubrimos que, muchas veces, seguimos eligiendo el conflicto sin darnos cuenta.

Decimos que queremos paz, pero creemos que esa paz depende del comportamiento de los demás. Decimos que deseamos quietud, pero esperamos que el mundo cambie para poder experimentarla. Decimos que buscamos serenidad, pero seguimos entregando a las circunstancias externas el poder de decidir nuestro estado interior. Y ahí se encuentra la trampa del ego: hacernos creer que la paz está fuera de nosotros.

Si afirmamos que el mundo no favorece nuestra paz, tal vez convenga detenernos y mirar con honestidad. ¿Es el mundo el que nos arrebata la quietud, o es nuestra interpretación del mundo la que nos mantiene en conflicto? El Curso nos recuerda que no somos víctimas del mundo que vemos (L-pI.31), y esa afirmación nos devuelve la responsabilidad a la mente, que es donde realmente debe producirse la corrección.

Nada externo puede dañarnos si no le otorgamos ese poder. El conflicto no nace en las formas, sino en el significado que les damos. Por eso, cuando percibimos ataque, amenaza o pérdida, no estamos viendo simplemente el mundo; estamos contemplando la proyección de una creencia interna. Como enseña el Curso, «la proyección da lugar a la percepción» (T-21.In.1:1). Vemos fuera lo que todavía no hemos sanado dentro.

Este reconocimiento forma parte esencial del despertar. Llega un instante en el que dejamos de culpar al mundo, a los demás o a las circunstancias, y comenzamos a comprender que somos los soñadores del sueño (T-27.VII.13:1-2). Mientras sigamos creyendo que el sueño nos sucede sin nuestra participación, nos sentiremos atrapados en él. Pero cuando reconocemos que la causa se encuentra en la mente, recuperamos el poder de elegir de nuevo.

El cuerpo, máximo símbolo de la identidad egoica, no puede ofrecernos ni paz ni conflicto por sí mismo. El cuerpo no piensa, no decide, no juzga ni ataca. Sólo ejecuta el propósito que la mente le asigna. Por eso el Curso afirma que «el cuerpo es únicamente un medio de comunicación» (T-8.VII.2:1). Si la mente sirve al ego, el cuerpo será utilizado para defender, atacar, competir o reclamar. Si la mente sirve al Espíritu Santo, el cuerpo será utilizado para comunicar amor, perdón y paz.

Por lo tanto, no debemos buscar la causa de nuestra inquietud en el cuerpo ni en el mundo, sino en la mente. Es ahí donde el error fue aceptado y es ahí donde debe ser corregido. Si la mente cree en la separación, verá conflicto. Si cree en la culpa, verá amenaza. Si cree en el miedo, verá enemigos. Pero si acepta la visión del Espíritu, comenzará a ver de otra manera.

La paz de Dios no depende de que el sueño adopte una forma agradable. No depende de que todas las circunstancias sean favorables. No depende de que los demás actúen como esperamos. La paz de Dios procede del recuerdo de lo que somos. Cuando la mente reconoce su verdadera identidad, deja de buscar seguridad en lo cambiante y descansa en lo eterno.

Es muy simple, aunque no siempre nos parezca fácil. Si me veo tal como Dios me creó, recordaré que soy Su Hijo: inocente, impecable, pleno, abundante, amoroso y unido a toda la Filiación. El Curso lo expresa con una claridad absoluta: «Soy tal como Dios me creó» (L-pI.94.3:3; L-pI.110.6:2). Ante esta visión, ¿qué podría turbar mi paz?

El conflicto sólo puede afectar a una identidad falsa. Sólo puede amenazar al personaje que creo ser dentro del sueño. Pero no puede tocar al Ser que Dios creó. Nada real puede ser amenazado y nada irreal existe (T-in.2:2-3). En esta certeza descansa la quietud de la paz de Dios.

Por eso, hoy puedo preguntarme con sinceridad: ¿qué estoy eligiendo en este instante? ¿Estoy eligiendo la paz o estoy defendiendo el conflicto? ¿Estoy escuchando al ego o al Espíritu Santo? ¿Estoy viendo cuerpos separados o estoy recordando la Unidad?

Y si descubro que he elegido el conflicto, no necesito culparme. Sólo necesito elegir de nuevo.

Porque la paz no está lejos. La paz no depende del mundo. La paz no espera a que cambien las circunstancias. La paz está en mi mente cuando dejo de negar la verdad de lo que soy.

Y cuando recuerdo que soy el Hijo de Dios, la quietud deja de ser una meta y se convierte en mi estado natural.


Reflexión: ¿Qué nos priva de sentir la quietud de la paz de Dios?

Capítulo 24. II. La perfidia de creerse especial (2ª parte).

II. La perfidia de creerse especial (2ª parte).

3. Ser especial es la idea del pecado hecha realidad. 2Sin esa base no es posible ni siquiera imaginarse el pecado. 3Pues el pecado surgió de ella, de lo que no es nada, y no es más que una flor maléfica desprovista de raíces. 4He aquí al que se ha erigido a sí mismo en "salvador", el "creador" que crea de forma diferente a como crea el Padre e hizo que Su Hijo fuese como él y no como el Padre. 5Sus hijos "especiales" son muchos, nunca uno solo, y cada uno de ellos se encuentra exiliado de sí mismo y de Aquel de Quien forma parte. 6Y ninguno de ellos ama la Unicidad que los creó como uno solo con Él. 7Ellos eligieron el especialismo en lugar del Cielo y de la paz, y lo envolvieron cuidadosamente en el pecado para mantenerlo "a salvo" de la verdad.


En un acto de imaginación, aun sabiendo que toda imagen pertenece al mundo de la ilusión, voy a simular el estado en el que se encontraban Adán y Eva gozando de la abundancia paradisiaca del Edén. Su calidad sería semejante a la que describe el Curso cuando hace referencia al Cielo. Por lo tanto, el estado natural de nuestros progenitores ancestrales sería el de la unicidad, el de la paz y la dicha. Igualmente, compartían el conocimiento del mundo divino. 

Las Sagradas Escrituras nos narran verdades trascendentes en un lenguaje simbólico y metafórico que deben ser llevadas hasta la razón para comprender su mensaje. El motivo de que fuese transmitido de este modo responde a las limitaciones intelectuales de la humanidad hacia la que iba dirigido.

Sabemos por los textos sagrados que Dios creó a Adán y, posteriormente, tomando una "costilla" de Adán, creó a Eva. La interpretación literal del término hebreo que hace referencia a "costilla" es "Tzela", cuyo significado verdadero es "lado". Esta afirmación se extrae de un análisis más exhaustivo de la Biblia, donde se utiliza dicho término con la interpretación verdadera a la que hacemos referencia.

Ese "lado" nos aproxima a la idea que nos enseña el Curso cuando nos dice que el mundo fue creado por una "extensión" de Dios. Ya sabemos que amar es extenderse a sí mismo.

Por lo tanto, la creación de Eva responde al proceso natural del acto creador del Ser original al que se ha llamado Adán. De la unidad adamita surge la dualidad Eva. Si el estado de Unidad lo identificamos con la Voluntad del Padre, a Eva podemos identificarla con el Amor del Hijo. No es casual que el amor se haya vinculado con el poder del deseo. Tampoco es casual que en el episodio de la tentación de la serpiente, esta fuese dirigida a Eva y no a Adán. El Amor-Deseo-Eva, tras sucumbir al ardor cupido de la serpiente, al deseo de ser especial, tentó a su vez la voluntad de Adán, ofreciéndole comer del fruto prohibido. El gesto de Adán cediendo a la propuesta de su compañera los llevó a desconectarse de la Voluntad del Padre. ¿Acaso no es esto que decimos el génesis de la creencia en la separación y el pecado?

Así alcanzamos, en este ejercicio imaginativo, que, tras quedar seducidos por el deseo de ser especial, la mente descubrió una dimensión nueva, la corporal -desnudez de sus cuerpos- y esa nueva visión le llevó a pensar que había perdido la confianza de su Creador, al cual, a partir de ese instante, lo consideró su enemigo, pues temió ser castigado por su vengativa cólera.

4. Tú no eres especial. 2Si crees que lo eres y quieres defender tu especialismo en contra de la verdad de lo que realmente eres, ¿cómo vas a poder conocer la verdad? 3¿Qué respuesta del Espí­ritu Santo podría llegar hasta ti, cuando a lo que escuchas es a tu deseo de ser especial, que es lo que pregunta y lo que responde? 4Tan sólo prestas oídos a su mezquina respuesta, la cual ni siquiera se oye en la melodía que en amorosa alabanza de lo que eres fluye eternamente desde Dios a ti. 5Y este colosal himno de honor que amorosamente se te ofrece por razón de lo que eres parece silencioso e inaudible ante el "poderío" de tu especia­lismo. 6Te esfuerzas por escuchar una voz que no tiene sonido, y, sin embargo, la Llamada de Dios Mismo te parece insonora.

Tal vez estés pensando, tras haber leído la reflexión anterior, que existen formas más fáciles para dar a conocer la verdad que utilizar el lenguaje de símbolos que se emplean en los Textos Sagrados. Es posible que esté utilizando mis propios pensamientos para demostrar lo que pienso sobre este tema. Sin embargo, cuando pienso en el momento histórico en el que se llevaron a cabo las Escrituras y valoro el nivel de comprensión intelectual de la gran mayoría hacia la que iban dirigidos sus mensajes, alcanzo a comprender que es difícil hacer comprender a un niño verdades intelectuales de un nivel adulto de la mente. Por tal motivo, los cuentos están escritos en un lenguaje simbólico y fantasioso propio del nivel de comprensión de la edad infantil.

La humanidad ya no se encuentra en ese estado infantil. Entiendo que estamos preparados para entender la verdad en un lenguaje directo, lo que nos invita a simplificar el significado que debemos extraer de los puntos que estamos analizando.

Cuando el Curso se refiere al deseo de ser especial, lo que nos está describiendo es una naturaleza egoísta que piensa que es el centro del universo y que es incapaz de amarse a sí mismo más allá de su aspecto corporal. 

Si rendimos culto a nuestro aspecto corporal, es señal inequívoca de que nuestra mente está sirviendo al deseo de ser especial.

Si al relacionarnos con el mundo vemos al otro como nuestro enemigo, estamos, igualmente, sirviendo al deseo de ser especial.

Si juzgamos las debilidades de los demás y condenamos sus "pecados", es la evidencia de que estamos proyectando nuestra propia condena sobre ellos.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Capítulo 24. II. La perfidia de creerse especial (1ª parte).

II. La perfidia de creerse especial (1ª parte).

1. Hacer comparaciones es necesariamente un mecanismo del ego, pues el amor nunca las hace. 2Creerse especial siempre con­lleva hacer comparaciones. 3Pues se establece al ver una falta en otro y se perpetúa al buscar y mantener claramente a la vista cuanta falta se pueda encontrar. 4Esto es lo que persigue el especialismo, y esto es lo que contempla. 5Y aquel a quien tu deseo de ser especial así rebaja, habría sido tu salvador si tú no hubieses elegido usarlo como un triste ejemplo de cuán especial eres tú. 6Frente a la pequeñez que ves en él, tú te yergues alto y señero, irreprochable y honesto, puro e inmaculado. 7No entiendes que al hacer eso es a ti mismo a quien rebajas.

Un Curso de Milagros nos enseña que la parte de la mente que se cree separada de su fuente se proyecta al exterior dando lugar a la percepción de un mundo igualmente separado. El deseo de ser especial hizo que surgiese la creencia en la separación, sustituyendo el amor unificador por el pensamiento individual y divisorio. 

La percepción del pensamiento proyectado siempre es portadora de separación, y el sistema de pensamiento que se sustenta en dicha proyección da lugar a juzgar en el otro las debilidades que ocultamos en nuestro mundo interior.

El pensamiento de separación con relación a la Fuente Creadora favoreció la creencia en el pecado y en la culpa, y la purificación de la naturaleza pecaminosa se convirtió en nuestra cruzada.

Al creernos separados, guiados por el deseo de ser especiales, tuvimos que permitir que un pensamiento de escasez sustituyera a la realidad de la abundancia de la que goza nuestra única y verdadera realidad espiritual. De este modo, el deseo de Ser fue sustituido por el deseo de poseer. En esta ecuación fraguada por la demencia de la mente dividida, el otro es el factor a destruir, pues de este modo garantizamos el triunfo de nuestro especialismo.

Nos dice Jesús que hacer comparaciones es un mecanismo del ego y que creerse especial conlleva realizar comparaciones. Nuestra experiencia corporal así nos lo confirma y la creencia en que dar es perder nos hace mezquinos y tacaños.

La ignorancia, fruto de una mente demente y dividida, nos lleva a olvidar que aquello que percibimos habla de nosotros mismos y que, en la medida en que nos condenamos y castigamos, del mismo modo condenamos y castigamos a los demás. Esta visión viciada por el desconocimiento de nuestra verdadera identidad nos aleja de la salvación, la cual solo es posible si negamos la visión egoica y la sustituimos por la visión crística.

2. Tratar de ser especial es siempre a costa de la paz. 2¿Quién podría atacar y menospreciar a su salvador y al mismo tiempo reconocer su fuerte apoyo? 3¿Quién podría menoscabar su omni­potencia y al mismo tiempo compartir su poder? 4¿Y quién podría usarlo como medida de la pequeñez y al mismo tiempo liberarse de toda limitación? 5Tú tienes una función que desem­peñar en la salvación. 6Realizarla te brindará felicidad. 7Pero tratar de ser especial siempre te ocasionará dolor. 8Pues es una meta que se opone a la salvación, y, por lo tanto, va en contra de la Voluntad de Dios. 9Atribuir valor a ser especial es apreciar una voluntad ajena, para la cual las ilusiones acerca de ti son más importantes que la verdad.

Tan sólo la unicidad, fruto de la esencia del amor incondicional, nos aporta paz. Las mentes unidas forman la Filiación, la creación de Dios. La unicidad y, por lo tanto, la paz, es el estado natural que forma parte del Mundo de Dios, donde Padre e Hijo son Uno, unidos por el mismo deseo de Ser.

Cuando el deseo de Ser se sustituye por el deseo de ser especial, o lo que es lo mismo, de ser diferente de su fuente, es el instante en que desechamos el conocimiento para hacer real un mundo de percepción e ignorancia.

El ego emana de esa elección conducida por el deseo de ser especial. Desconectado del conocimiento, la naturaleza corporal busca satisfacer su ignorancia, la que lo lleva a ver un mundo fragmentado y temeroso. Urge el dar significado a las cosas que no entiende y lo hace desde una mente desconectada de la verdad, razón por la cual el significado que otorga al mundo ilusorio que percibe no va más allá que a una interpretación errónea de lo que es real o ilusorio. A lo real lo llama imposible y a lo ilusorio lo reconoce como verdadero.

Lo único cierto es que cuando elegimos ser especiales, los resultados siempre nos aportan dolor, mientras que cuando elegimos la guía del Espíritu Santo, inspirados por el deseo de Ser, los resultados serán experimentar la paz.

viernes, 26 de septiembre de 2025

Capítulo 24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (4ª parte).

I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (4ª parte).

7. Tu hermano es tu amigo porque su Padre lo creó semejante a ti. 2No hay diferencia alguna entre vosotros. 3Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. 4Lo que no das, lo pierdes. 5Dios se dio a Sí Mismo a vosotros dos, y recordar esto es el único propósito que compartís ahora. 6Por lo tanto, es el único propósito que tenéis. 7¿Podríais atacaros el uno al otro si decidieseis no permitir que el deseo de ser especial se interpusiese entre vosotros? 8Observa imparcial­mente qué es lo que hace que no aceptes a tu hermano del todo, o qué es lo que te lleva a pensar que quizá os convendría más estar separados. 9¿No es siempre acaso tu creencia de que tu sensación de ser especial se ve menoscabada por vuestra relación? 10¿Y no es éste el "enemigo" que hace que cada uno de vosotros sea una ilusión para el otro?

En un momento de honradez conmigo mismo, me he preguntado qué tipo de amor practico en este mundo. Es curioso el gesto que he tenido de manera espontánea, cerrando los ojos y acudiendo a mis pensamientos para dar una respuesta a esta cuestión. Es como si el hecho de percibir las formas externas, sobre todo las corporales, me hiciese reconocer que mi forma de amar a los demás no estaba en sintonía con la que hemos estado analizando en los puntos anteriores. El simple hecho de ver fuera de mí me lleva de una manera inconsciente y autónoma a juzgar lo que veo, a darle un significado que condiciona mi manera de pensar.

Cuando elijo cerrar mis ojos, el no percibir me ayuda a mantenerme en un nivel de percepción diferente. Ahora me resulta más fácil concentrarme en la energía que quiero mantener viva en mi mente. Los recuerdos de las personas se convierten en obstáculo que me dificulta el propósito de sintonizar con la frecuencia del amor incondicional. Cuando estos recuerdos se adueñan de mis pensamientos, tomo conciencia de que mi estado emocional es idéntico al que percibo cuando tengo los ojos físicos abiertos. Me doy cuenta de que, en realidad, no es la percepción externa la que me hace sentir de una manera u otra, sino mis creencias, mis juicios sobre lo percibido.

Si considero a mi hermano un enemigo, el hecho de cerrar mis ojos a su percepción no va a evitar que siga pensando que es mi enemigo. Debo cambiar la visión de mi hermano desde mi interior, es decir, desde las creencias, y el único modo de hacerlo es negando el deseo de ser especial y recordando el deseo de unidad.

Ahora, vibrando con la visión crística, no es necesario que cierre los ojos físicos para percibir a mi hermano como un amigo.

8. Tu temor a Dios y a tu hermano procede de cada creencia de ser especial que aún no has reconocido. 2Pues exiges que tu hermano se postre ante ella en contra de su voluntad. 3Y Dios Mismo tiene que honrarla o pagar las consecuencias. 4Todo vestigio de malicia, toda punzada de odio y todo deseo de perpetuar la separación nace ahí. 5Pues en este punto el propósito que compartes con tu hermano queda velado de vuestras conciencias. 6Te resistes a aceptar este curso porque te enseña que tú y tu hermano sois igua­les. 7No tenéis ningún propósito que no sea el mismo, ni ninguno que vuestro Padre no comparta con vosotros. 8Pues se ha elimi­nado de vuestra relación todo objetivo de ser especial. 9¿Destrui­rías ahora el objetivo de santidad que el Cielo le confirió a esta relación? 10¿Qué perspectiva puede tener el que se cree especial que no cambie con cada aparente golpe, con cada afrenta, o con cada juicio que se imagina ha sido emitido contra él?

Si analizamos nuestras vidas y las vidas que nos han precedido y que la historia de la humanidad nos ha legado de manera que podamos ser conscientes de los diferentes matices de la vida, no podremos evitar caer en la desolación y en la desesperanza ante la visión de tanto dolor y sufrimiento.

Expresado de esta manera, si lo anterior fuese considerado una opinión válida, cabe preguntarse: ¿cómo es posible que, a pesar de tanta demencia, sigamos rindiendo culto al deseo de ser especial? ¿Cómo es posible que el miedo, el terror, el ataque, las guerras, las violaciones, las masacres sigan estando al orden del día como consecuencia de que seguimos rindiendo culto al especialismo?

He tenido que zamarrear mi cerebro en un intento infantil de despertar mi mente de esta pesadilla que llamamos vida.

¿Hasta cuándo vamos a seguir llamando vida a lo que es un mundo de muerte?

Sí, este mundo es un mundo de muerte porque así lo hemos decidido al hacerlo real, cuando en verdad no lo es. ¿Conoces algún cuerpo que no haya muerto en este mundo, que permanezca eternamente en él?

El hecho de que deseemos ser especiales no nos hace eternos, sino temporales.

Tan sólo el Espíritu es eterno y no alberga deseos especiales. Su único deseo es expandir su esencia creadora, el amor.

9. Los que se creen especiales se ven obligados a defender las ilusiones contra la verdad, 2pues ¿qué otra cosa es el deseo de ser especial sino un ataque contra la Voluntad de Dios? 3No amas a tu hermano mientras sea eso lo que defiendes en contra suya. 4Esto es lo que él ataca y lo que tú proteges. 5He aquí el motivo de la batalla que libras contra él. 6Aquí él no puede sino ser tu ene­migo, no tu amigo. 7Jamás podrá haber paz entre los que son diferentes. 8Mas él es tu amigo precisamente porque sois lo mismo.

Leí hace tiempo, cuando adiestraba mi mente en el conocimiento de la astrología, que el signo de Acuario representaba la amistad y que la razón de ello respondía a la interpretación que se aportaba de la amistad: dos personas que piensan iguales. 

El contenido de este punto y la aportación que nos hace Jesús afirmando que el otro es tu amigo porque sois lo mismo, me ha recordado el significado de la amistad establecida por la igualdad en la manera de pensar.

Se dice, igualmente, que Acuario es el signo que expresa el amor incondicional. No nos resultará extraño reconocer el motivo de esta vinculación, pues para amar incondicionalmente hay que alcanzar la igualdad en el nivel mental, de modo que la percepción del otro esté filtrada por esa condición.

Cuando dos mentes se unen, las fuerzas de amor se expresan a través de ellas y se convierten en portadoras de la esencia creadora del amor. En el nivel de la amistad no puede existir el amor condicionado que se convierte en una limitación de la expresión libre del propio amor. Esta es la razón por la cual alcanzar una experiencia de amistad verdadera se ve en muchas ocasiones truncada por los celos y por las posturas irreflexivas y fanáticas, propias de las mentes que sirven al deseo de ser especial.  

jueves, 25 de septiembre de 2025

Capítulo 24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (3ª parte).

I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (3ª parte).

5. El deseo de ser especial es el gran dictador de las decisiones erróneas. 2He aquí la gran ilusión de lo que tú eres y de lo que tu hermano es. 3Y he aquí también lo que hace que se ame al cuerpo y se le considere algo que vale la pena conservar. 4Ser especial es una postura que requiere defensa. 5Las ilusiones la pueden atacar y es indudable que lo hacen. 6Pues aquello en lo que tu hermano se tiene que convertir para que tú puedas seguir siendo especial es una ilusión. 7Hay que atacar a aquel que es "peor" que tú, de forma que tu especialismo pueda perpetuarse a costa de su derrota. 8Pues ser especial supone un triunfo, y esa victoria consti­tuye la derrota y humillación de tu hermano. 9¿Cómo puede vivir tu hermano con el fardo de todos tus pecados sobre él? 10¿Y quién, sino tú, es su conquistador?

En este punto, la estrategia del sistema de pensamiento del ego queda al descubierto y se pone de manifiesto que aquel a quien llama amigo o aliado es su peor enemigo. El otro se convierte en la diana donde dirigimos todos nuestros dardos, sobre todos aquellos de los que deseamos desprendernos en un intento de aliviar el dolor que nos causa mentalmente al recordarnos nuestra naturaleza pecaminosa y grosera. 

Es más fácil condenar y juzgar las debilidades ajenas que reconocer las nuestras y corregirlas desde el nivel en que se manifiestan, desde la mente. Condenando el pecado de nuestros hermanos, afianzamos la creencia de que el cuerpo es nuestra realidad y el único causante de nuestros actos pecaminosos. De este modo estamos condenando doblemente a nuestros hermanos. Por un lado, juzgando su naturaleza pecadora y, por otro, reconociéndolo por su identidad ilusoria y temporal.

6. ¿Podrías odiar a tu hermano si fueses igual que él? 2¿Podrías atacarlo si te dieses cuenta de que caminas con él hacia una misma meta? 3¿No harías todo lo posible por ayudarlo a alcan­zarla si percibieses que su triunfo es el tuyo propio? 4Tu deseo de ser especial te convierte en su enemigo; pero en un propósito compartido, eres su amigo. 5Ser especial jamás se puede compar­tir, pues depende de metas que sólo tú puedes alcanzar. 6Y él jamás debe alcanzarlas, pues de otro modo tu meta se vería en peligro. 7¿Qué significado puede tener el amor allí donde el obje­tivo es triunfar? 8¿Y qué decisión puede tomarse en favor de ese objetivo que no acabe perjudicándote?

Si analizamos detenidamente el valor que le damos a las acciones por encima, incluso de lo que pensamos, no deberíamos tener ninguna dificultad para reconocer que tal valoración ha sido inspirada por la guía del ego y no del Espíritu Santo.

El ego exige que el amor deba ser demostrado. Esta visión procede del deseo de ser especial. Le pedimos al otro que nos ame como nosotros queremos que lo haga, no desde su libertad de expresión. Es más, si no lo hace tal y como espera que lo haga, lo juzgará y lo interpretará como un ataque. Amar de manera condicionada no es el amor que nos enseña el curso. 

El amor incondicional es el que surge de nuestra naturaleza divina con el propósito de prolongar la esencia del propio amor, de lo que somos. El amor no se crea a sí mismo, pero sí crea de sí mismo. El amor Es, al igual que Dios Es. Sin principio y sin final. Comprender desde la mente egoica esta dimensión del amor es imposible, pues desmantela todo su sistema de pensamiento temporal.

Amar en este mundo creyéndonos diferentes a los demás es imposible. Podremos asignar a ese sentimiento otro significado, pero no el que le hemos dado al amor, como el poder para extenderse de sí mismo.

Amar en este mundo desde la visión crística, desde la visión de la unidad, sí es posible.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Capítulo 24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (2ª parte).

I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (2ª parte).

3. La única creencia que se mantiene celosamente oculta y que se defiende aunque no se reconoce, es la fe en ser especial. 2Esto se manifiesta de muchas formas, pero siempre choca con la realidad de la creación de Dios y con la grandeza con la que Él dotó a Su Hijo. 3¿Qué otra cosa podría justificar el ataque? 4¿Quién podría odiar a alguien cuyo Ser es el suyo propio y a Quien conoce? 5Sólo los que se creen especiales pueden tener enemigos, pues creen ser diferentes y no iguales. 6Y cualquier clase de diferencia impone diferentes órdenes de realidad y una ineludible necesi­dad de juzgar.

La creencia en el pecado es la consecuencia directa de haber sustituido el deseo de ser Uno por el deseo de ser especial. El amor es sustituido por el deseo egoísta, lo que propició el olvido del Conocimiento y la adopción de un estado mental demente e ignorante.

Mientras que el amor crea vida eterna, el deseo egoísta crea muerte y temporalidad.

No podemos subestimar el poder de la mente cuando sirve al deseo de ser especial. Como bien se recoge en el punto anterior, no debemos negar a los enemigos de la paz, a los deseos egoístas. Dichos deseos están presentes en nuestra mente y sus resultados son causantes de los estados de ausencia de paz. Lo único que debemos negar es su realidad, es decir, reconocer que son fruto del mundo de la ilusión y como tal no responden a las leyes de la eternidad.

4. Lo que Dios creó no puede ser atacado, pues no hay nada en el universo que sea diferente de ello. 2Lo que es diferente, sin embargo, exige juicios, y éstos tienen que proceder de alguien que es "mejor", alguien incapaz de ser como aquel a quien con­dena, alguien "superior" a él, y en comparación, inocente. 3Y así, el deseo de ser especial se convierte simultáneamente en un medio y en un fin. 4Pues ser especial no sólo separa, sino que también sirve como base desde la que el ataque contra los que parecen ser "inferiores", es "natural" y "justo". 5Los que se creen especiales se sienten débiles y frágiles debido a las diferencias, pues lo que los hace especiales es su enemigo. 6Sin embargo, ellos lo protegen y lo llaman "amigo". 7Luchan por él contra todo el universo, pues no hay nada en el mundo que sea más valioso para ellos.

No debe resultarnos extraño que tengamos dificultad para comprender la dimensión eterna del significado amor cuando intentamos conocerlo desde la perspectiva del pensamiento del ego. Desde la percepción de un mundo separado, es imposible conocer el significado real que el Curso nos ofrece del amor. Esto es así por la misma razón de que los ojos físicos no pueden ver nuestra realidad verdadera. La visión física determina la realidad en base a la forma y no al contenido.

De igual modo, interpreta el amor desde lo perceptivo, desde las acciones, desde su aspecto externo, respondiendo desde el entendimiento de que el amor debe ser expresado a través de las acciones, negando la posibilidad de que el amor sea real únicamente cuando se expresa como una condición de nuestra mente.

Mientras que lo que se crea desde la mente amorosa no puede ser atacado por la sencilla razón de que pertenece a la creación de Dios y goza del principio de igualdad y de unidad, el amor expresado y entendido desde el nivel perceptivo viene acompañado del deseo de ser especial. Cuando amamos en este mundo, lo hacemos de forma especial, individual y selectiva. Es más, podemos amar y seguidamente odiar a la misma persona, simplemente porque no se ajusta a nuestros deseos o porque nos da miedo amarla desde la libertad.

Se produce una interesante paradoja en el modo de amar desde el punto de vista del ego. El deseo de ser especial nos lleva a sentirnos diferentes a los demás, a los cuales vemos como a nuestros enemigos. Reforzamos nuestro especialismo a través de la percepción de ser especial y único. Por otro lado, lo que en apariencia es diferente a nosotros e interpretamos como enemigo, lo convertimos en nuestro amigo, elevándolo a la condición de especial y atribuyéndole un valor muy personal, dado que sin su presencia nuestro especialismo desaparecería.

martes, 23 de septiembre de 2025

Capítulo 24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (1ª parte).

I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor (1ª parte).

1. El amor es extensión. 2Negarte a dar un regalo -por insignifi­cante que sea- es no conocer el propósito del amor. 3El amor lo da todo eternamente. 4Si retienes una sola creencia, una sola ofrenda, el amor desaparece, pues has pedido que un sustituto ocupe su lugar. 5Y ahora la pugna -el substituto de la paz- no puede sino acompañar a la única alternativa que puedes elegir en lugar del amor. 6El que la hayas elegido es lo que le confiere toda la realidad que parece tener.

¿Cuántas veces nos habremos preguntado qué es el amor? El hecho de cuestionarnos su significado lleva implícito que no lo conocemos. Sin embargo, si tenemos fe en la enseñanza del Curso, en el que se nos enseña que somos "Hijos del Amor", la cuestión se hace aún más incomprensible para nuestra mente. ¿Cómo es posible que, siendo amor, desconozcamos su significado?

Ahora comprendo mejor la razón del aforismo griego "Conócete a ti mismo". El desconocimiento de lo que realmente somos es la causa de que desconozcamos, igualmente, el significado del amor.

Si somos Hijos de Dios, creados a Su imagen y semejanza, dicha condición nos hace "hijos del amor". Si esa comunión Padre-Hijo existiera en nuestra mente, no tendríamos duda de lo que significa el amor, pues seríamos plenamente conscientes de nuestro Ser.

Pero aquí estamos, planteándonos una cuestión que debería ser irrelevante para nuestra mente y que sin embargo se ha convertido en la condición más codiciada de toda existencia.

El amor es extensión. He ahí la respuesta a la cuestión más demente que nos hayamos podido hacer jamás. Tal vez podamos sentirnos contrariados con esta afirmación, pues esperábamos un desarrollo más amplio de lo que es el amor. El único significado que nos aporta el curso es que el amor es extensión, es decir, un acto de voluntad. Pero cuidado, no nos precipitemos en la valoración de ese concepto. 

El Diccionario de la Real Academia Española le aporta los siguientes significados, entre otros: dilatación, alargamiento, prolongación, estiramiento, propagación, expansión, difusión, divulgación. Sus opuestos serían: contracción, encogimiento, reducción.

El amor podría interpretarse como la "prolongación" de la naturaleza de Dios. Lo que nos confirmaría que la afirmación que se recoge en los Textos Sagrados es verdadera cuando nos dice que Dios creó a Su Hijo a Su imagen y semejanza. Todo acto de creación debe ser un acto de amor, lo que significa que debe ser un acto de "prolongación" de nuestra propia naturaleza, lo cual hace posible que la unidad entre nuestro Ser y nuestra creación sea eterna.

Retomando la cuestión con la que iniciábamos el análisis de este punto, con lo expuesto, no podremos menos que comprender que es un planteamiento sin fundamento que revela nuestro nivel de ignorancia y desconocimiento de lo que somos. Preguntar "¿qué es el amor?" tan sólo es posible desde el punto de vista del sistema de pensamiento del ego, el cual está basado en la creencia en la separación, o lo que es lo mismo, en la creencia de que amar nada tiene que ver con la expansión, pues según sus leyes, cuando damos, perdemos lo que damos.

2. Las creencias nunca se atacarán unas a otras abiertamente, ya que es imposible que se puedan producir desenlaces conflictivos. 2Mas una creencia que no se haya reconocido es una decisión de batallar en secreto, en la que los resultados del conflicto se mantie­nen ocultos y nunca se llevan ante la razón para ver si son sensa­tos o no. 3Y son muchos los resultados insensatos que se han obtenido y muchas las decisiones absurdas que se han tomado que ahora se han convertido en creencias a las que se les ha otor­gado el poder de determinar las decisiones subsiguientes. 4No subestimes el poder que tienen estos guerreros ocultos para des­truir tu paz. 5Pues ésta se encuentra a su merced mientras tu deci­sión de dejarla en sus manos siga en pie. 6Los enemigos secretos de la paz -tu más mínima decisión de elegir el ataque en vez del amor- se encuentran ahí por tu propia elección, sin ser reconoci­dos y prestos a desafiarte a combatir y a llevarte a una violencia mucho más grande de lo que te imaginas. 7No niegues su presen­cia ni sus terribles resultados. 8Lo único que se puede negar es su realidad, no sus consecuencias.

Seguimos profundizando en la idea que nos ofrece este apartado y que sin duda tiene como objetivo enseñarnos a conocer lo que es el verdadero amor.

Hasta aquí, tenemos claro que el amor es extensión, una prolongación de lo que somos. Nuestras creaciones, para ser reales y verdaderas, tienen que llevar ese sello, el de propagarse a sí mismas. 

Tenemos igualmente claro que, cuando retenemos alguna condición de lo que somos, nuestra creación no es una copia exacta de lo que somos, dado que hemos decidido no compartir la totalidad de lo que somos. Dejamos fuera de nuestra acción creadora un aspecto que no lleva el sello de nuestra identidad verdadera. Podemos decir que existe un conflicto entre lo que somos y lo que hemos creado. El origen de ese acto responde a un deseo de ser especial, de ser diferente a lo que somos. Dicho deseo dará lugar a la creencia en un nuevo aspecto de nuestro ser y el deseo se fortalecerá al convertirse en la creencia que nos confirma ese nuevo aspecto.

Cuando decidimos crear para satisfacer el deseo de ser especial, estamos negando el estado de paz que nos ofrece la expansión de nuestra totalidad y eligiendo en su lugar el estado de conflicto que nos ofrece el deseo de especialismo.

lunes, 22 de septiembre de 2025

Capítulo 24. EL DESEO DE SER ESPECIAL. Introducción.

 Capítulo 24

EL DESEO DE SER ESPECIAL

 

Introducción

1. No olvides que la motivación de este curso es alcanzar y con­servar el estado de paz. 2En ese estado la mente se acalla y se alcanza la condición en la que se recuerda a Dios. 3No es necesa­rio que le digas lo que Él debe hacer. 4Él no fallará. 5Allí donde puede entrar, Él ya ha entrado. 6¿Cómo no iba a poder entrar allí donde es Su Voluntad estar? 7Alcanzarás la paz porque ésa es Su Voluntad. 8¿Crees que una sombra puede frenar la Voluntad que mantiene al universo a salvo? 9Dios no tiene que contemporizar con las ilusiones para ser lo que es. 10Ni Su Hijo tampoco. 11Ellos simplemente son. 12¿Y qué ilusión que en su vagar parezca flotar e interponerse entre Ellos tiene el poder de invalidar los designios de Su Voluntad conjunta?

Al leer el contenido de la introducción a este nuevo capítulo del Curso, mi mente me ha mostrado una evidencia que no es nueva en las enseñanzas que se recogen en el estudio que estamos realizando, pues se desarrolla ampliamente en sus apartados. A pesar de ello, hoy el aprendizaje ha ido más allá de la pura teoría; ha conseguido despertar un nivel de comprensión que tan sólo se alcanza cuando se toma consciencia de ello. Hoy he sido plenamente consciente del poder que tiene la Mente de Dios, la cual compartimos con Él, y con la cual creamos nuestra realidad.

Tengo la certeza, en este momento más que nunca, de que el uso consciente de la mente nos conectará con nuestro verdadero Ser y esta visión nos permitirá alcanzar y conservar el estado de paz que realmente somos. 

Como nos propone este primer apartado de la introducción del capítulo 24, el estado de paz, la ausencia de conflicto, nos permitirá acallar la mente y ello nos conectará con Dios, nuestra verdadera identidad. Nuestra mente divina, no la corpórea y egoica, nos hará conscientes de que no tenemos que hacer nada en absoluto, pues no es lo que hacemos sino lo que somos lo que tiene verdadero valor.

2. Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. 2Ni uno solo debe quedar oculto y encubierto, pues ello pondría en peligro tu aprendizaje. 3Ninguna creencia es neutra. 4Cada una de ellas tiene el poder de dictar cada decisión que tomas. 5Pues una decisión es una conclu­sión basada en todo lo que crees. 6Es el resultado de lo que se cree y emana de ello tal como el sufrimiento es la consecuencia inevita­ble de la culpabilidad, y la libertad, de la falta de pecado. 7La paz no tiene substitutos. 8No hay alternativa para lo que Dios crea. 9La verdad surge de lo que Él sabe. 10Y así como toda la creación sur­gió en Su Mente por razón de lo que Él sabe, del mismo modo tus decisiones proceden de tus creencias. 

El valor de Ser se alinea con la verdad que somos. La búsqueda de otros valores que den más importancia al "hacer", al "tener", responderá al deseo de escasez, de necesidad, al deseo de ser especial y, por lo tanto, a la creencia en la separación. Esta errónea creencia nos mantiene prisioneros del miedo, del conflicto, del sufrimiento, del dolor y de la visión de la muerte.

Detrás de cada decisión siempre hay una creencia y ninguna creencia es neutra. Debemos recordar, tal y como nos enseña el Curso, que la causa de nuestras creencias se encuentra en el deseo. Por lo tanto, la clave para aprender este curso requiere que estemos dispuestos a cuestionar cada uno de los valores que abrigamos, dado que le damos valor a aquello que deseamos.

El deseo de unidad emana de la esencia del amor y de la experiencia de la comunión con Dios y con la Filiación. El deseo de unidad nos hace habitantes del Cielo.

El deseo de ser especial es la fuente del miedo y da lugar a la creencia en la separación. El deseo de ser especial nos hace habitantes de la tierra.

En el Cielo la existencia es verdadera y eterna. En la tierra es ilusoria y temporal.

viernes, 19 de septiembre de 2025

Capítulo 23. IV. Por encima del campo de batalla (4ª parte).

IV. Por encima del campo de batalla (4ª parte).

8. Piensa en lo que se les concede a los que comparten el propó­sito de su Padre sabiendo que es también el suyo: 2no tienen necesidad de nada; 3cualquier clase de pesar es inconcebible; 4de lo único que son conscientes es de la luz que aman y sólo el amor brilla sobre ellos para siempre. 5El amor es su pasado, su pre­sente y su futuro: siempre el mismo, eternamente pleno y com­pletamente compartido. 6Saben que es imposible que su felicidad pueda jamás sufrir cambio alguno. 7Tal vez pienses que en el campo de batalla todavía hay algo que puedes ganar. 8Sin embargo, ¿podría ser eso algo que te ofreciese una calma perfecta y una sensación de amor tan profunda y serena que ninguna sombra de duda pudiera jamás hacerte perder la certeza? 9¿Y podría ser algo que durase eternamente?

El cuerpo físico es un envoltorio con el que ocultamos nuestra verdadera identidad. La realidad que hemos otorgado a ese envoltorio se convierte en un obstáculo para percibir correctamente lo que somos en esencia. Es tan tangible para nuestros sentidos que nos ha hecho olvidar lo que realmente somos. Y lo que es peor, ignora que ese envoltorio es ilusorio, es temporal, mientras que lo que somos es eterno e intemporal.

Al tratarse de un envoltorio, podemos deshacernos de él. ¿Cómo podemos hacerlo sin ponerle fin a su existencia?, se preguntará el ego. No tenemos que deshacernos del envoltorio en los términos en los que el ego cree, sino en aquellos en los que nos lo dicta la razón del Espíritu Santo, deshaciendo la falsa creencia y sustituyéndola por la creencia verdadera. Dicho de otra manera, dejando de creer en el envoltorio y dándole valor al contenido, a la mente.

Cuando estemos dispuestos a realizar ese cambio en nuestra mente, estaremos compartiendo el propósito del Padre y sabremos que la escasez percibida mientras hemos servido al sistema de pensamiento del ego era una ilusión. Ver y Ser lo que somos nos hace gozar de la abundancia divina. Es la mente la que decide creer en la necesidad desde el miedo o crear abundancia desde el amor.

Crear un mundo desde el amor es vivir eternamente en él. Las consecuencias de esa elección nos llevan a experimentar la paz, la felicidad, la dicha, la unidad en cada presente.

9. Los que son conscientes de la fortaleza de Dios jamás podrían pensar en batallas. 2¿Qué sacarían con ello sino la pérdida de su perfección? 3Pues todo aquello por lo que se lucha en el campo de batalla tiene que ver con el cuerpo: con algo que éste parece ofre­cer o poseer. 4Nadie que sepa que lo tiene todo podría buscarse limitaciones ni valorar las ofrendas del cuerpo. 5La insensatez de la conquista resulta evidente desde la serena esfera que se encuentra por encima del campo de batalla. 6¿Qué puede estar en con­flicto con lo que lo es todo? ¿Y qué hay que, ofreciendo menos, pudiese ser más deseable? 8¿A quién que esté respaldado por el amor de Dios podría resultarle difícil elegir entre los milagros y el asesinato?

Si lo tenemos todo, si somos todo, si no somos un envoltorio sino su contenido, ¿por qué luchamos por el deseo de ser especial que nos inspira ser el envoltorio? Nuestra mente debe estar demente si elige la lucha en vez de la paz; nuestra mente debe estar poseída por una creencia que hace real lo ilusorio y niega la verdad. Nuestra mente debe estar sumida en un profundo sueño del que no acaba de despertar.

La ignorancia de lo que somos, lo decíamos más arriba, se convierte en un obstáculo que nos impide conocer el inmenso poder que tiene nuestra mente para crear nuestra realidad. Si nuestra mente está en comunión con la Voluntad del Padre, lo estará igualmente con Su Abundancia, con Su Plenitud, lo que significa que somos parte de esos dones. ¿Quién, teniendo los dones de Dios, desea algo más? Tan sólo aquellos que desean ser especial; ser diferentes a Dios. Ese deseo de ser especial los desliga de la fuente de la abundancia y los sitúa en un nivel de conciencia donde se percibe un mundo separado en el que el miedo ha sustituido al amor y la escasez a la abundancia.

Una mente egoísta tan sólo puede dar lo que tiene: miedo.

Una mente unida tan sólo puede dar lo que tiene: amor. 

jueves, 18 de septiembre de 2025

Capítulo 23. IV. Por encima del campo de batalla (3ª parte).

IV. Por encima del campo de batalla (3ª parte).

6. Cuando la tentación de atacar se presente para nublar tu mente y volverla asesina, recuerda que puedes ver la batalla desde más arriba. 2Incluso cuando se presenta en formas que no reco­noces, conoces las señales: 3una punzada de dolor, un ápice de culpabilidad, pero sobre todo, la pérdida de la paz. 4Conoces esto muy bien. 5Cuando se presenten, no abandones tu lugar en lo alto, sino elige inmediatamente un milagro en vez del asesinato. 6Y Dios Mismo, así como todas las luces del Cielo, se inclinarán tiernamente ante ti para apoyarte. 7Pues habrás elegido permane­cer donde Él quiere que estés, y no hay ilusión que pueda atacar la paz de Dios cuando Él está junto a Su Hijo.

La pérdida de la paz es la señal inequívoca de que hemos elegido como guía al ego. Cuando esta sensación ocupa nuestra mente, debemos recordar de inmediato que nuestro verdadero hogar se encuentra en el Cielo, es decir, en el Mundo de Dios, donde todo es Uno. Lo que realmente estamos haciendo al invocar ese recuerdo en nuestra mente es elevarnos más allá de lo mundano, de la percepción errónea, y decidir ver la situación de la mano de la razón y elegir al guía correcto, a la Voz que habla por Dios, al Espíritu Santo.

Elegir es la clave que transforma nuestra realidad. Elegir al guía correcto, al que nos aporta paz, es crear. Mientras que elegir al falso guía que nos seduce con la promesa de satisfacer todos nuestros deseos especiales es apostar por la pérdida de la paz y de la felicidad.

7. No contemples a nadie desde dentro del campo de batalla, pues lo estarías viendo desde un lugar que no existe. 2No tienes un punto de referencia desde el que observar y desde el que lo que ves pueda tener significado. 3Pues sólo los cuerpos pueden atacar y asesinar, y si éste es tu propósito, eso quiere decir que eres un cuerpo. 4Sólo los propósitos unifican, y aquellos que comparten un mismo propósito son de un mismo pensar. 5El cuerpo de por sí no tiene propósito alguno, y no puede sino ser algo solitario. 6Desde abajo, no puede ser transcendido. 7Desde arriba, las limita­ciones que les impone a aquellos que todavía batallan desapare­cen y se hace imposible percibirlas. 8El cuerpo se interpone entre el Padre y el Cielo que Él creó para Su Hijo precisamente porque no tiene ningún propósito.

Otra de las claves relevantes que nos ayudará en el proceso de transformación de la conciencia, en el despertar espiritual, es analizar la función que realiza el cuerpo. Si lo hacemos, descubriremos que carece de la capacidad creadora, la cual procede de la mente. 

Los postulados de la ciencia, durante muchos años, han defendido que el cuerpo es el centro motor de la vida. Esa visión permitió abogar a los estudiosos por una ciencia determinista en la que el cuerpo tenía el mayor protagonismo.

Hoy día, gracias a las aportaciones de la física cuántica, la ciencia determinista newtoniana se ve obligada a corregir muchos de sus postulados y dar paso a una nueva visión de la realidad de la forma. En este nuevo mundo de paradigmas, la mente (no el cerebro) adquiere un especial énfasis a la hora de determinar el aspecto de la realidad percibida. Podemos decir que las nuevas teorías, poco a poco, nos van acercando a la visión de que somos mentes y no cuerpos.

El cuerpo no tiene propósito; en cambio, la mente sí. Por lo tanto, debemos situarnos en el nivel de la mente si queremos conseguir corregir el error de creernos separados unos de otros, con lo que ello significa, elegir un mundo de miedo o un mundo de amor.

Capítulo 27. V. El ejemplo de la curación (8ª parte)

V. El ejemplo de la curación (8ª parte). 8. Aunque los problemas no son concretos, se manifiestan en for­mas concretas, y son estas formas c...