jueves, 25 de diciembre de 2025

Capítulo 25. III. Percepción y elección (2ª parte).

III. Percepción y elección (2ª parte).

2. Las leyes de Dios no pueden gobernar directamente en un mundo regido por la percepción, pues un mundo así no pudo haber sido creado por la Mente para la cual la percepción no tiene sentido. 2Sus leyes, no obstante, se ven reflejadas por todas partes. 3No es que el mundo donde se ven reflejadas sea real en absoluto. 4Es real sólo porque Su Hijo cree que lo es, y Dios no pudo permitirse a Sí Mismo separarse completamente de lo que Su Hijo cree. 5Él no pudo unirse a la demencia de Su Hijo, pero sí pudo asegurarse de que Su cordura lo acompañase siempre, para que no se pudiese perder eternamente en la locura de su deseo.

Este fragmento profundiza en la naturaleza ilusoria del mundo perceptual y la fidelidad de Dios hacia Su Hijo, incluso en medio de su aparente separación.

Jesús, a través de este mensaje, nos enseña que el mundo que percibimos no es real desde la perspectiva divina, ya que la percepción misma es ajena a la Mente de Dios. Sin embargo, las leyes de Dios —como el amor, la paz y la unidad— se reflejan en este mundo como señales de cordura. Aunque Dios no creó este mundo ilusorio, no abandonó a Su Hijo en él. En lugar de unirse a la demencia (la creencia en la separación), Dios aseguró que Su cordura —Su Amor— acompañara siempre a Su Hijo.

En la vida diaria, este punto nos recuerda que, aunque vivamos en un mundo de apariencias, conflictos y separación, las leyes del amor siguen presentes. Podemos elegir ver reflejos de la verdad en los actos de bondad, en la belleza, en la paz interior. Dios no nos abandona en nuestra confusión. Su guía está siempre disponible.

¿Cómo aplicar esta enseñanza?

  • Cuando te sientas perdido o atrapado en el caos del mundo, recuerda que la cordura de Dios está contigo.
  • En momentos de juicio o miedo, busca los reflejos del amor: una sonrisa, una palabra amable, una pausa de silencio.

Veamos unos ejemplos concretos:

  • Ana está atravesando una crisis personal. Todo parece confuso y doloroso. Sin embargo, una amiga le ofrece apoyo incondicional. Ana reconoce que ese gesto es un reflejo de las leyes de Dios: el amor que no juzga.
  • Un niño se pierde en un bosque. Aunque el bosque es oscuro y desconocido, lleva consigo una linterna que su madre le dio. Esa luz representa la cordura de Dios: siempre presente, aunque el entorno parezca amenazante.

Unas preguntas para la reflexión:

  • ¿Dónde he visto reflejos de las leyes de Dios en mi vida cotidiana?
  • ¿Estoy dispuesto a reconocer que este mundo no es la creación de Dios, pero que Su Amor sigue presente?
  • ¿Cómo puedo abrirme más a la guía de la cordura divina en medio de mis percepciones?

Resumiendo: Este punto nos enseña que, aunque el mundo perceptual no fue creado por Dios, Su Amor nunca nos ha abandonado. La cordura divina nos acompaña siempre, como una luz que guía en medio de la ilusión. Reconocer estos reflejos es el primer paso hacia el despertar.

“Su cordura lo acompañase siempre, para que no se pudiese perder eternamente en la locura de su deseo.”

Por último, una invitación: Hoy, busca un reflejo de las leyes de Dios en tu entorno. Puede estar en una mirada, en una pausa, en un acto de amor. Y recuerda: no estás solo.

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