
Según la enseñanza central de Un Curso de Milagros, la verdadera identidad del Hijo de Dios es espíritu, eterno e inmutable, creado a imagen y semejanza de su Creador. Sin embargo, en el sueño de la separación, el Hijo de Dios olvidó su verdadera naturaleza y, usando su poder creativo, fabricó un mundo ilusorio de tiempo, espacio y cuerpos, identificándose con lo que no es real.
En este olvido, el Hijo de Dios pasó de reconocerse como eterno y pleno, a verse a sí mismo como un ser frágil, limitado y sujeto al nacimiento y la muerte. Así, la vida se percibe como un breve intervalo entre dos nadas, y la existencia se reduce a una lucha por sobrevivir en un mundo de carencia, miedo y conflicto. Esta percepción es el resultado de la creencia en la separación y en la culpabilidad, que da lugar a la ilusión de que la vida puede estar limitada por el tiempo y el cuerpo.
Sin embargo, UCDM enseña que todo esto no es más que un sueño, una ilusión que puede ser deshecha mediante el perdón y el recuerdo de la verdad. El milagro consiste en reconocer que nada real puede ser amenazado y que nada irreal existe. En esto radica la paz de Dios.
Dejó de caminar de la mano de la Vida, olvidando la protección y el amor de su Padre, y eligió unirse a un falso aliado: el ego. El ego, fundamento de la separación, basa sus valores en la creencia en el pecado, la culpa, el castigo, el sufrimiento, el sacrificio y la escasez. Así, la mente se identifica con la enfermedad, la carencia y el miedo, creyendo que estos son reales y que forman parte de su existencia.
Pero, con tales compañeros, el camino no puede estar en paz. Es imposible experimentar la alegría y la felicidad cuando, en la búsqueda de ellas, se elige atacar, juzgar y condenar a los demás, incluso hasta el extremo de justificar la muerte. ¿Cómo podría hallar paz el corazón que permanece en la ignorancia de su verdadera naturaleza, creyéndose separado, culpable y necesitado de defensa?
UCDM nos recuerda que mientras sigamos escuchando al ego y sus valores, la paz será inalcanzable. Sólo cuando elegimos de nuevo, perdonamos y recordamos nuestra inocencia y la de todos, podemos regresar a la dicha y a la plenitud que son nuestra herencia como Hijos de Dios.
Hoy, una parte del mundo celebra el nacimiento del Cristo, símbolo del Amor y del Perdón. Este día es una oportunidad perfecta para recordar lo que hemos olvidado y así recuperar nuestra verdadera identidad como Hijos de Dios.
Hoy es el día en que ese Espíritu de Luz puede renacer en nosotros, para que lo alimentemos y le permitamos crecer en nuestra conciencia. Hoy es el día en que elijo, con plena voluntad, perdonar. Reconozco con certeza que aquello que llamamos pecado no fue más que un error, y todo error puede ser corregido. El perdón es el medio que nos devuelve a la paz y nos recuerda que seguimos siendo tal como Dios nos creó: inocentes, amados y eternos.
Ejemplo-Guía: "El nacimiento de Cristo"
Reconozco que no puedo ser imparcial al hablar de la Navidad. Me cuento entre quienes sienten una afinidad especial por estas fechas, y comprendo profundamente a quienes, movidos por la nostalgia o el dolor, prefieren tomar distancia de celebraciones que perciben como vacías o manipuladas por la sociedad consumista.
Es cierto que el espíritu de la Navidad nos invita al recogimiento interior y a compartir con los demás nuestros deseos más puros y elevados. Sin embargo, también es un tiempo en el que las ausencias de seres queridos, o el recuerdo de relaciones que en el pasado fueron fuente de alegría y ahora son solo memorias, pueden abrir heridas que se sienten con mayor intensidad en estos días.
Desde la visión de Un Curso de Milagros, se nos recuerda que todo dolor y toda nostalgia son llamadas al perdón y a la sanación interior. La Navidad puede ser una oportunidad para mirar con honestidad nuestras emociones, abrazar con compasión nuestras pérdidas y, sobre todo, permitir que el Amor renazca en nuestro corazón. Así, más allá de las formas externas, podemos experimentar el verdadero milagro de la Navidad: el recuerdo de nuestra unión con todos y el renacimiento de la paz en nuestro interior.
Más allá de todo ello, más allá de las percepciones que enturbian nuestra visión verdadera, estamos llamados a celebrar el recuerdo de ese Espíritu que renace, una y otra vez, en la Tierra, con el único propósito de hacernos conscientes de nuestra verdadera identidad.
Todos somos Cristo, aunque lo hayamos olvidado. Todos somos Amor, aunque no seamos conscientes de ello. Todos somos uno con todo lo creado, aunque hayamos elegido la separación y la soledad.
El Espíritu de la Navidad es la invitación a recordar quiénes somos realmente, a dejar atrás las ilusiones de carencia, miedo y separación, y a permitir que la Luz del Cristo interior despierte en nosotros. Es el momento de reconocer que la unidad, el amor y la inocencia siguen intactos en nuestro interior, esperando ser recordados y compartidos.
A lo largo de estas lecciones hemos reflexionado sobre la Visión de Cristo, lo que nos ha permitido comprender la importancia de la función que se nos ha encomendado en este mundo: perdonar.
Y qué mejor día que hoy para expandir y compartir esa experiencia con el mundo. Celebrar el renacer de la Fuerza del Amor es hacer real la experiencia del perdón. Miremos el mundo que nos rodea con los ojos de Cristo y reconozcamos que, en verdad, no hay nada que perdonar. Pasemos por alto todo error, y el error dejará de tener significado. Así, permitimos que la paz y la inocencia renazcan en nosotros y en todos.
Hoy, elijamos ver con la Visión de Cristo, recordando que el perdón es el camino que nos conduce de regreso a nuestra verdadera identidad y a la experiencia del Amor que nunca nos ha abandonado.
Reflexión: El pecado es imposible.

AMEN.
ResponderEliminarJuan José, mil gracias por tan valioso aporte, sus apreciaciones son enseñanzas que me han llevado a una mejor comprensión del libro UCDM.}Bendiciones; gracias, gracias, gracias
ResponderEliminarGratitud, Ana.
EliminarGracias ínfinitas por la entrega diaria
ResponderEliminarGracias!!
Eliminar"Padre, hoy vamos a perdonar Tu mundo y a dejar que la creación sea Tuya"
ResponderEliminarEn ésta primera frase de la lección
de hoy ¿a que mundo hace referencia "Tú mundo" Creo haber entendido en el Curso que, el mundo que tenemos que perdonar es el de la forma, el de la percepción, éste en el que creemos vivir. Pero este mundo no lo ha creado Dios, es una fabricación del Hijo de Dios para de algún modo esconderse de su Padre por temor a Su venganza por haberse separado de Él. Entiendo que el mundo de Dios, en el mundo real, el que vemos con los ojos del Amor ya está todo perdonado. ¿ Cual es entonces el mundo al que se refiere la lección como "Tú mundo" que hay que perdonar. Gracias por todo lo que compartes. Gracias por tu luz.
El mundo al que hace referencia esta Lección es el de la Mente, donde se encuentra la Causa que nos permite crear a semejanza de Dios. Ese acto volitivo del Hijo de Dios, emanado de la mente, nos ha llevado a visionar un mundo donde la percepción ha susituido al Conocimiento. Por eso, este mismo punto, añade que hemos entendido todas las cosas erroneamente. Lo que hay que perdonar en el Mundo es el uso que hemos dado a la voluntad y que nos ha llevado a la creencia en el pecado.
EliminarGracias J.J
ResponderEliminarGracias, gracias, gracias.
ResponderEliminarPor favor podrías explicarme qué significa "Padre, hoy vamos a perdonar Tu mundo y a dejar que la creación sea Tuya" a qué mundo se refiere? Tu está con mayúscula al igual que Tuya... por qué? En gratitud y Feliz Navidad!
ResponderEliminarContemplo un mundo perfecto y infalible adónde Todos Somos Uno en el Amor🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
ResponderEliminarEl Mundo ha Sido perdonado...el Amor y el Perdón son la Única Realidad🙏🙏🙏🙏🙏✨✨✨✨✨✨🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙
ResponderEliminarMuchas gracias maestro
ResponderEliminarHola! Juan José, FELIZ NAVIDAD. Esta es mi día favorito, amo la Navidad, desde pequeña. Es la época del año que más me gusta. Y aquí y ahora estoy empezando a valorar lo
ResponderEliminarverdaderamente real, desde una mirada de AMOR, UNIDAD Y PAZ!. Ahora veo la NAVIDAD como un símbolo, un portal sagrado que se abre dentro de mí, un Cristo interno, esa chispa de divinidad que todos llevamos dentro enterradas bajo capas de ego, miedo y juicios. Ahora veo a la NAVIDAD como una invitación a un despertar interior, a recordar que la lúz que buscamos afuera, siempre ha estado dentro de nosotros. El nacimiento de Cristo es un reflejo del renacer de nuestra propia consciencia, de la victoria de luz sobre las sombras internas, el alma humana está llamada a renacer, hay que recordar quienes somos realmente, un santo hijo de Dios creado a su imagen y semejanza. Gratitúd!