martes, 8 de julio de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 189

LECCIÓN 189

Siento el Amor de Dios dentro de mí ahora.

1. Hay una luz en ti que el mundo no puede percibir. 2con sus ojos no la podrás ver, pues estás cegado por él. 3No obstante, tienes ojos con los que poder verla. 4Está ahí para que la contem­ples. 5No se puso en ti para que se mantuviese oculta de tu vista. 6Esta luz es un reflejo del pensamiento con el que practicamos ahora. 7Sentir el Amor de Dios dentro de ti es ver el mundo reno­vado, radiante de Inocencia, lleno de esperanza y bendecido con perfecta caridad y amor.

2. ¿Quién podría sentir temor en un mundo así?  2Dicho mundo te da la bienvenida, se regocija de que hayas venido y te canta ala­banzas mientras te mantiene a salvo de cualquier peligro o dolor: 3Te ofrece un hogar cálido y tranquilo en el que permanecer por un tiempo. 4Te bendice a lo largo del día, y te cuida durante la noche, cual silencioso guardián de tu sueño santo. 5Ve en ti la salvación, y protege la luz que mora en ti, en la que ve la suya propia. 6Te ofrece sus flores y su nieve como muestra de agrade­cimiento por tu benevolencia.

3. Éste es el mundo que el Amor de Dios revela. 2Es tan diferente del mundo que ves a través de los enturbiados ojos de la malicia y del miedo, que uno desmiente al otro. 3Sólo uno de ellos puede percibirse en absoluto. 4El otro no tiene ningún significado.  5aquellos que ven surgir del ataque un mundo de odio listo para vengarse, asesinar y destruir, les resulta inconcebible la idea de un mundo en el que el perdón resplandece sobre todas las cosas y la paz ofrece su dulce luz a todo el mundo.

4. Sin embargo, el mundo del odio es igualmente invisible inconcebible para aquellos que sienten dentro de sí el Amor de Dios. 2Su mundo refleja la quietud y la paz que refulge en ellos; la tranquilidad y la inocencia que ven a su alrededor; la dicha con la que miran hacia afuera desde los inagotables manantiales de dicha en su interior. 3Contemplan lo que han sentido dentro de sí, y ven su inequívoco reflejo por todas partes.

5. ¿Cuál de ellos quieres ver? 2Eres libre de elegir. 3Mas debes conocer la ley que rige toda visión y no dejar que tu mente se olvide de ella: contemplarás aquello que sientas en tu interior. 4Si el odio encuentra acogida en tu corazón, percibirás un mundo temible, atenazado cruelmente por las huesudas y afiladas garras de la muerte. 5Mas si sientes el Amor de Dios dentro de ti, con­templarás un mundo de misericordia y de amor.

6. Hoy pasamos de largo las ilusiones, según intentamos llegar hasta lo que es verdad en nosotros y sentir su infinita ternura, su Amor que sabe que somos tan perfectos como él mismo, y su visión, el don que su Amor nos ofrece. 2Hoy aprenderemos el camino, 3el cual es tan seguro como el Amor mismo, al que nos conduce. 4Pues su sencillez nos protege de las trampas que las descabelladas complicaciones del aparente razonar del mundo tienen como propósito ocultar.

7. Haz simplemente esto: permanece muy quedo y deja a un lado todos los pensamientos acerca de lo que tú eres y de lo que Dios es; todos los conceptos que hayas aprendido acerca del mundo; todas las imágenes que tienes acerca de ti mismo. 2Vacía tu mente de todo lo que ella piensa que es verdadero o falso, bueno o malo; de todo pensamiento que considere digno, así como de todas las ideas de las que se siente avergonzada. 3No conserves nada. 4No traigas contigo ni un solo pensamiento que el pasado te haya enseñado, ni ninguna creencia que, sea cual sea su proce­dencia, hayas aprendido con anterioridad. 5Olvídate de este mundo, olvídate de este curso y, con las manos completamente vacías, ve a tu Dios.

8. ¿No es acaso Él Quien sabe cómo llegar a ti? 2Tú no necesitas saber cómo llegar a Él. 3Tu papel consiste simplemente en permitir que todos los obstáculos que has interpuesto entre el Hijo y Dios el Padre sean eliminados silenciosamente para siempre. 4Dios hará lo que le corresponde hacer en gozosa e inmediata respuesta. 5Pide y recibirás. 6Mas no vengas con exigencias, ni le señales el camino por donde Él debe aparecer ante ti. 7La manera de llegar a Él es simplemente dejando que Él sea lo que es. 8Pues de esa forma se proclama también tu realidad.

9. Así pues, hoy no elegiremos el camino por el que vamos a Él. 2Pero sí elegimos dejar que Él venga a nosotros. 3con esta deci­sión descansamos. 4Su Amor se abrirá paso por su cuenta en nues­tros corazones serenos y en nuestras mentes abiertas. 5Es induda­ble que lo que no ha sido negado se encuentra ahí, si es que es verdad y puede alcanzarse. 6Dios conoce a Su Hijo y sabe cómo llegar a él. 7No necesita que Su Hijo le muestre el camino. 8tra­vés de cada puerta abierta Su Amor refulge hacia afuera desde su hogar interno e ilumina al mundo con inocencia.

10. Padre, no sabemos cómo llegar a Ti. 2Pero te hemos llamado y Tú nos has contestado. 3No interferiremos. 4Los caminos de la salvación no son nuestros, pues te pertenecen a Ti. 5es a Ti a donde vamos para encontrarlos. 6Nuestras manos están abiertas para recibir Tus dones. 7No tenemos ningún pensamiento que no pensemos contigo, ni abrigamos creencia alguna con respecto a lo que somos o a Quién nos creó. 8Tuyo es el camino que queremos hallar y seguir. 9Y sólo pedimos que Tu Volun­tad, que también es la nuestra, se haga en nosotros y en el mundo, para que éste pase a formar parte del Cielo. 10Amén.


¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me enseña que la salvación es una liberación. No una liberación que debamos conquistar mediante esfuerzo, sacrificio o sufrimiento, sino una liberación que se produce cuando dejamos de aferrarnos a todas las falsas creencias con las que hemos cubierto nuestra verdadera identidad.

El ego ha construido su mundo sobre una serie de ideas que parecen incuestionables. Nos ha enseñado a creer en el miedo, en la culpa, en el castigo y en el sufrimiento. Nos ha convencido de que hemos pecado contra Dios, contra nuestros hermanos y contra nosotros mismos, y que debemos pagar un precio para recuperar la inocencia perdida.

Sin embargo, el Curso nos enseña que la culpa no es real porque la separación nunca ocurrió verdaderamente. Lo que Dios creó permanece tal como fue creado. La inocencia no puede ser destruida, del mismo modo que la luz no puede ser alterada por las sombras que parecen ocultarla.

Por eso esta lección nos invita a soltar. A soltar el miedo. A soltar la culpa. A soltar la necesidad de castigarnos. A soltar la creencia de que el sufrimiento tiene algún valor redentor.

El ego cree que el dolor purifica. El Espíritu Santo enseña que sólo el Amor sana.

El ego cree que debemos pagar por nuestros errores. El Espíritu Santo nos recuerda que la Expiación ya ha sido consumada para todos (T-2.V.5:1).

El ego cree que la inocencia debe recuperarse. El Espíritu Santo nos muestra que jamás la hemos perdido.

Cuando comenzamos a aceptar esta corrección, algo profundo ocurre en nuestra mente. Dejamos de identificarnos con las historias que hemos fabricado acerca de nosotros mismos. Dejamos de vernos como víctimas de nuestro pasado o como prisioneros de nuestras circunstancias. Dejamos de definirnos por nuestros errores, por nuestras heridas o por nuestros fracasos.

Comenzamos a recordar quiénes somos.

Nos liberamos de los innumerables disfraces con los que hemos intentado ocultar nuestra realidad. Nos liberamos de los juicios que hemos emitido sobre nosotros mismos. Nos liberamos de la necesidad de demostrar nuestro valor. Nos liberamos de la obligación de ser algo distinto de lo que Dios creó.

Incluso nuestras emociones dejan de convertirse en cadenas. Ya no necesitamos aferrarnos a aquellas que consideramos agradables ni luchar contra aquellas que hemos etiquetado como negativas. Aprendemos a observarlas sin identificarnos con ellas, reconociendo que ninguna emoción define nuestra verdadera identidad.

Porque somos mucho más que nuestros estados mentales. Somos mucho más que nuestras experiencias. Somos mucho más que nuestras percepciones.

La lección nos conduce entonces al único lugar donde la verdad puede ser reconocida: el presente.

El pasado desaparece. El futuro pierde su atractivo. La mente deja de vagar entre recuerdos y expectativas. Y comienza a descansar en el ahora.

Es en este instante donde se encuentra la paz. Es en este instante donde se encuentra la salvación. Es en este instante donde se encuentra Dios.

El Curso llama a este momento el Instante Santo, ese espacio de conciencia en el que dejamos de identificarnos con el sueño y recordamos nuestra realidad eterna.

En ese estado ya no nos vemos como seres separados. Nos reconocemos como una sola Filiación.

Ya no percibimos carencia. Reconocemos la abundancia de nuestra Fuente.

Ya no percibimos oscuridad. Reconocemos la Luz que siempre ha brillado en nosotros.

Ya no buscamos desesperadamente el amor. Nos descubrimos envueltos en el Amor de Dios.

Entonces comprendemos que nunca abandonamos nuestro Hogar. Nunca fuimos expulsados del Cielo. Nunca dejamos de estar unidos a nuestro Creador. Tan sólo soñamos que era posible hacerlo. Y ahora comenzamos a despertar.

La paz sustituye al conflicto. La dicha sustituye al sufrimiento. La plenitud sustituye a la necesidad. Y la gratitud surge de manera natural al reconocer que todo cuanto buscábamos ya nos había sido dado.

Porque seguimos siendo tal como Dios nos creó (L-pI.94.7:1; L-pI.110.10:3). Porque seguimos siendo uno con Él. Porque seguimos siendo uno con nuestros hermanos. Y porque la Luz de nuestra verdadera identidad jamás dejó de brillar.

Reflexión: ¿De qué creencias sigo necesitando liberarme? ¿Todavía creo que el sufrimiento tiene poder para redimirme? ¿Me identifico con mi pasado o con mi verdadera identidad? ¿Busco la paz en el futuro o la acepto en este instante? ¿Podría permitirme hoy descansar en la certeza de que sigo siendo tal como Dios me creó?

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 189 enseña que:

• El Amor de Dios es experimentable.
• La percepción refleja estado interno.
• No necesitamos forzar iluminación.
• Soltar es más importante que buscar.
• Dios sabe cómo alcanzarnos.

Aquí la espiritualidad se vuelve confianza absoluta.

PROPÓSITO Y SENTIDO DE LA LECCIÓN:

En esta etapa, el Curso profundiza en la experiencia directa.

Hoy la práctica es:

• Permanecer en quietud.
• Vaciar la mente.
• No traer pasado.
• No anticipar experiencia.
• Permitir que el Amor emerja.

No se trata de producir emoción.
Se trata de permitirla.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Psicológicamente, esta lección:

• Reduce control excesivo.
• Disminuye hiper-análisis espiritual.
• Alivia perfeccionismo interno.
• Desactiva autoimagen rígida.
• Fomenta vulnerabilidad sana.

Cuando soltamos auto-definiciones, la identidad se suaviza.

Y en esa suavidad aparece el Amor.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente afirma:

• Dios no está distante.
• El Amor es esencia interna.
• La separación es negación, no realidad.
• El perdón abre el corazón.
• El Cielo no es futuro: es estado.

Sentir el Amor de Dios es experimentar unidad.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy la práctica es profunda pero sencilla:

  1. Siéntate en silencio.
  2. Cierra los ojos.
  3. Deja pasar pensamientos sin seguirlos.
  4. No intentes sentir nada específico.
  5. Repite suavemente: “Siento el Amor de Dios dentro de mí ahora.”
  1. Permanece disponible.

Si surgen distracciones, vuelve suavemente.
Sin lucha.
Sin juicio.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

❌ No intentar fabricar emoción espiritual.
❌ No medir si la experiencia “es suficiente”.
❌ No forzar silencio absoluto.
❌ No buscar sensaciones extraordinarias.

✔ Practicar apertura.
✔ Permitir vulnerabilidad.
✔ Aceptar sencillez.
✔ Confiar en el proceso.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La secuencia continúa afinándose:

• 181 → Cambio de enfoque.
• 182 → Quietud.
• 183 → Identidad.
• 184 → Herencia.
• 185 → Elección de paz.
• 186 → Función aceptada.
• 187 → Bendición extendida.
• 188 → Reconocimiento de la luz.
• 189 → Experiencia directa del Amor.

Aquí pasamos del reconocimiento a la vivencia.

Ya no es solo saber.
Es sentir.

CONCLUSIÓN FINAL:

La lección 189 nos invita a rendirnos suavemente.

No necesitamos saber cómo llegar a Dios.
No necesitamos definir el Amor.
No necesitamos defendernos.

Solo dejar de negar.

Cuando los conceptos se sueltan, cuando la mente descansa, cuando el control se afloja, el Amor aparece.

Y entonces el mundo cambia, porque el corazón cambió primero.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando suelto todo lo que creo ser, el Amor que siempre fui se revela.”


Ejemplo-Guía:  "Suelta todas las creencias; suelta todos tus deseos; suelta todas tus pertenencias; suelta la visión del mundo y déjate llevar: vive".

¿Qué sucede cuando comenzamos a desprendernos de las creencias que han dado forma a nuestra vida?

¿Qué ocurre cuando dejamos de aferrarnos a nuestros deseos, a nuestras certezas y a las imágenes que hemos fabricado acerca de nosotros mismos y del mundo?

La primera respuesta suele ser el miedo.

El ego interpreta cualquier pérdida de referencias como una amenaza. Acostumbrado a apoyarse en creencias, opiniones, objetivos y posesiones, experimenta inseguridad cuando estos pilares comienzan a tambalearse.

Quizá aparezca la sensación de vacío. Quizá surja la impresión de que ya no sabemos hacia dónde dirigirnos. Quizá incluso sintamos una cierta soledad al descubrir que los antiguos deseos han dejado de guiarnos.

Pero la lección de hoy nos invita a mirar más allá de esas primeras reacciones.

Porque aquello que el ego interpreta como pérdida puede ser, en realidad, una liberación.

Durante mucho tiempo hemos confundido vivir con sobrevivir.

Hemos llamado vida a una existencia sostenida por el miedo, la defensa, la competencia, la necesidad y el esfuerzo constante por proteger aquello que creemos poseer.

Nos hemos acostumbrado a perseguir metas que cambian continuamente, a defender opiniones, a competir por reconocimiento y a buscar seguridad en un mundo que, por naturaleza, es inestable y transitorio.

Sin embargo, sobrevivir no es vivir. Sobrevivir es permanecer atrapados en la creencia de que somos vulnerables. Vivir es recordar que somos libres.

Sobrevivir es sostenerse mediante el miedo. Vivir es descansar en la confianza.

Sobrevivir es aferrarse. Vivir es permitir.

La lección de hoy nos propone una experiencia extraordinariamente sencilla y, precisamente por ello, profundamente transformadora.

Nos invita a dejar de apoyarnos en aquello que hemos fabricado para descubrir aquello que Dios ha puesto en nosotros.

No se trata de renunciar al mundo de manera externa ni de abandonar nuestras responsabilidades. Se trata de soltar las interpretaciones, los juicios y las exigencias que hemos depositado sobre él.

Cuando dejamos de juzgar constantemente lo que ocurre, algo nuevo comienza a revelarse.

La mente se vuelve más silenciosa. La resistencia disminuye. La lucha pierde intensidad. Y empezamos a percibir una Presencia que siempre estuvo ahí.

Descubrimos que la Luz de Dios no se encuentra al final del camino. Está en nosotros. Siempre lo ha estado.

Por eso esta lección puede entenderse como una invitación a verificar una verdad mediante la experiencia.

Si la Luz de Dios no habitara en nosotros, al abandonar nuestros sistemas de defensa nos hundiríamos en el caos.

Pero ocurre exactamente lo contrario. Cuanto más soltamos, más paz encontramos. Cuanto menos controlamos, más confianza experimentamos. Cuanto menos nos aferramos a nuestras viejas certezas, más evidente se vuelve la guía amorosa del Espíritu Santo.

Es como volver a mirar el mundo con ojos nuevos. Con la curiosidad de un niño. Con la apertura de quien no necesita tener todas las respuestas. Con la inocencia de quien se permite aprender nuevamente.

Los antiguos valores comienzan a perder importancia. Los juicios dejan de parecer necesarios. Las prioridades basadas en el miedo se disuelven poco a poco.

Y entonces surge una pregunta: ¿Qué queda cuando todo eso desaparece?

La respuesta es sorprendentemente simple: La vida. La vida tal como Dios la creó. Una vida que no necesita ser defendida. Una vida que no depende de las circunstancias. Una vida que se expresa como aceptación, alegría, confianza y amor.

Por eso la invitación de esta lección no consiste en hacer más cosas, sino en permitir. Permitir que la Vida nos conduzca. Permitir que la Luz ilumine nuestra percepción. Permitir que el Amor sustituya al miedo.

Vive. Mira el mundo con ojos nuevos.

Respira conscientemente y reconoce que cada instante es una oportunidad para recordar quién eres.

Recibe con cada inspiración el aliento de Dios. Y al exhalar, agradece.

Agradece la Luz que habita en tu interior. Agradece el Amor que te sostiene. Y, sobre todo, compártelo. Porque aquello que compartes desde Dios nunca se pierde. Se fortalece. Y al extenderlo, recuerdas que siempre ha sido tuyo.

Reflexión: ¿Qué mundo quieres ver? Eres libre de elegir.

12 comentarios:

  1. Hermosa lección hermoso comentario!gracias

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  2. El Amor de Dios está dentro de mí y me guía🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙💙💙

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  3. La Paz y el Amor de Dios están conmigo🙏🙏🙏🙏🙏🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳🥳

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  4. Gracias hermano por compartirnos tu reflexión sobre esta lección, es muy valiosa para todos nosotros

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  5. Hermosa lección 😍 Dios está en mi y en todo y en todos 🙏🏼🩷 gracias

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