domingo, 2 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 183


LECCIÓN 183

Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.

1. El Nombre de Dios es sagrado, pero no es más sagrado que el tuyo. 2Invocar Su Nombre es invocar el tuyo. 3Un padre le da su nombre a su hijo y, de este modo, identifica a su hijo con él. 4Sus hermanos comparten su nombre y, así, están unidos por un vínculo en el que encuentran su identidad. 5El Nombre de tu Padre te recuerda quién eres incluso en un mundo que no lo sabe, e incluso cuando tú mismo no lo has recordado.

2. El Nombre de Dios no puede ser oído sin que suscite una res­puesta, ni pronunciado sin que produzca un eco en la mente que te exhorta a recordar. 2Di Su Nombre, y estarás invitando a los ángeles a que rodeen el lugar en el que te encuentras, a cantarte según despliegan sus alas para mantenerte a salvo y a protegerte de cualquier pensamiento mundano que quisiera mancillar tu santidad.

3. Repite el Nombre de Dios, y el mundo entero responderá aban­donando las ilusiones. 2Todo sueño que el mundo tenga en gran estima de repente desaparecerá, y allí donde parecía encontrarse hallarás una estrella, un milagro de gracia. 3Los enfermos se levantarán, curados ya de sus pensamientos enfermizos. 4Los cie­gos podrán ver y los sordos oír. 5Los afligidos abandonarán su duelo, y sus lágrimas de dolor se secarán cuando la risa de felici­dad venga a bendecir al mundo.

4. Repite el Nombre de Dios y todo nombre nimio deja de tener significado. 2Ante el Nombre de Dios, toda tentación se vuelve algo indeseable y sin nombre. 3Repite Su Nombre, y verás cuán fácilmente te olvidas de los nombres de todos los dioses que hon­rabas. 4Pues habrán perdido el nombre de dios que les otorgabas. 5Se volverán anónimos y dejarán de ser importantes para ti, si bien, antes de que dejases que el Nombre de Dios reemplazase a sus nimios nombres, te postrabas reverente ante ellos llamándo­los dioses.

5. Repite el Nombre de Dios e invoca a tu Ser, Cuyo Nombre es el Suyo. 2Repite Su Nombre, y todas las cosas insignificantes y sin nombre de la tierra se ven en su correcta perspectiva. 3Aquellos que invocan el Nombre de Dios no pueden confundir lo que no tiene nombre con el Nombre, el pecado con la gracia, ni los cuer­pos con el santo Hijo de Dios. 4si te unes a un hermano mien­tras te sientas con él en silencio y repites dentro de tu mente quieta el Nombre de Dios junto con él, habrás edificado ahí un altar que se eleva hasta Dios Mismo y hasta Su Hijo.

6. Practica sólo esto hoy: repite el Nombre de Dios lentamente una y otra vez. 2Relega al olvido cualquier otro nombre que no sea el Suyo. 3No oigas nada más. 4Deja que todos tus pensamientos se anclen en Esto. 5No usaremos ninguna otra palabra, excepto al principio, cuando repetimos la idea de hoy una sola vez. 6Y enton­ces el Nombre de Dios se convierte en nuestro único pensamiento, nuestra única palabra, lo único que ocupa nuestras mentes, nues­tro único deseo, el único sonido que tiene significado y el único Nombre de todo lo que deseamos ver y de todo lo que queremos considerar nuestro.

7. De esta manera extendemos una invitación que jamás puede ser rechazada. 2Y Dios vendrá, y Él Mismo responderá a ella. 3No pienses que Él oye las vanas oraciones de aquellos que lo invocan con nombres de ídolos que el mundo tiene en gran estima. 4De esa manera nunca podrán llegar a Él. 5Dios no puede oír peticio­nes que le pidan que no sea Él Mismo o que Su Hijo reciba otro nombre que no sea el Suyo.

8. Repite el Nombre de Dios, y lo estarás reconociendo como el único Creador de la realidad. 2Y estarás reconociendo asimismo que Su Hijo es parte de Él y que crea en Su Nombre. 3Siéntate en silencio y deja que Su Nombre se convierta en la idea todo ­abarcadora que absorbe tu mente por completo. 4Acalla todo pen­samiento excepto éste. 5Deja que ésta sea la respuesta para cual­quier otro pensamiento, y observa cómo el Nombre de Dios reemplaza a los miles de nombres que diste a todos tus pensa­mientos, sin darte cuenta de que sólo hay un Nombre para todo lo que existe y jamás existirá.

9. Hoy puedes alcanzar un estado en el que experimentarás el don de la gracia. 2Puedes escaparte de todas las ataduras del mundo, y ofrecerle a éste la misma liberación que tú has encontrado. 3Pue­des recordar lo que el mundo olvidó y ofrecerle lo que tú has recordado. 4Puedes también aceptar el papel que te corresponde desempeñar en su salvación, así como en la tuya propia. 5ambas se pueden lograr perfectamente.

10. Recurre al Nombre de Dios para tu liberación y se te conce­derá. 2No se necesita más oración que ésta, pues encierra dentro de sí a todas las demás. 3Las palabras son irrelevantes y las peticiones innecesarias cuando el Hijo de Dios invoca el Nombre de su Padre. 4Los Pensamientos de su Padre se vuelven los suyos propios. 5El Hijo de Dios reivindica su derecho a todo lo que su Padre le dio, le está dando todavía y le dará eternamente. 6Lo invoca para dejar que todas las cosas que creyó haber hecho que­den sin nombre ahora, y en su lugar el santo Nombre de Dios se convierta en el juicio que él tiene de la intranscendencia de todas ellas.

11. Todo lo insignificante se acalla. 2Los pequeños sonidos ahora son inaudibles. 3Todas las cosas vanas de la tierra han desapare­cido. 4El universo consiste únicamente en el Hijo de Dios, que invoca a su Padre. 5Y la Voz de su Padre responde en el santo Nombre de su Padre. 6La paz eterna se encuentra en esta eterna y serena relación, en la que la comunicación transciende con creces todas las palabras, y, sin embargo, supera en profundidad y altura todo aquello que las palabras jamás pudiesen comunicar. 7Quere­mos experimentar hoy esta paz en el Nombre de nuestro Padre. 8Y en Su Nombre se nos concederá.


¿Qué me enseña esta lección?

En el mundo de la multiplicidad regido por el ego, el nombre asigna significado a las cosas.

Desde el punto de vista espiritual, el Nombre de Dios nos lleva a evocar una idea fundamental, pues es su Atributo principal: la Unidad.

Sin Amor, es imposible la Unidad. La ausencia de amor, da lugar al miedo y éste, se fundamenta en la soledad de la separación.

Cuando invocamos el Nombre del Padre, estamos santificándolo, es decir, lo elevamos a la condición de Santo. El Hijo de Dios, cuando se expresa en la mente recta, experimenta ese Instante Santo en el que su consciencia se eleva hasta la Unidad.

El Nombre del Padre y del Hijo es el mismo nombre, pues ambos comparten el Principio de la Unidad.

Quizás te esté preguntando, al igual que yo, ¿cuál es el Nombre del Padre? Tal vez estés argumentando, igual que yo, que para poder invocar su Nombre, debemos previamente conocerlo.

Intuyo que establecer un Nombre para invocar a Dios, sería limitar su Expresión. Su Significado lo abarca Todo. Su Nombre es su Magna Condición de Ser Ilimitado y esa Condición es compartida por su Hijo.

Evocar esa Condición es nombrar al Ser que Es, al Espíritu, y los dones que emanan de Él: la Voluntad, el Amor, la Inteligencia, la Gracia, la Justicia, la Armonía, la Paz, la Verdad, la Eternidad…


Ejemplo-Guía: "Invocando el nombre de Dios y el nuestro propio"

A través de nuestros nombres, se nos identifica y lo que es más importante se nos asocia a una familia, a un clan, a unos de lazos de sangre que se convierte en un acto de fidelidad cuyos eslabones son difíciles de romper. Esa identificación al clan, ese espíritu de fidelidad al patriarca de la familia, nos ofrece una condición que hacemos respetar por encima de todo, reconociendo en tal hecho, que pertenecer a "nuestra" familia nos supone un sentimiento de orgullo.

Respetar las normas del clan, de la familia, es ley. Ese código cerrado se convierte en nuestras creencias más profundas y para hacerla respetar debemos estar dispuesto a todo.

La historia nos ofrece multitud de ejemplos en los que podemos contemplar como, en nombre de nuestro clan, de nuestra familia, de nuestro feudo, de nuestra religión, de nuestra filiación, de nuestros colores, hemos llevado a cabo y seguimos estando dispuestos a ello, todas las atrocidades y barbaridades que podamos imaginar.

Raro es el día que los medios de información no abren sus espacios con noticias de reyertas, de peleas, de luchas entre grupos, hinchas, clanes, que deciden matarse por defender sus códigos, sus leyes, sus creencias.

Todas estas manifestaciones son propias de este mundo, un mundo fabricado bajo el lema de la separación y la división. El seno familiar, ese espacio sagrado donde debe surgir el germen del amor, se ha convertido a lo largo de la historia de la humanidad en la principal fuente de discordia. El amor hacia la sangre se ha malinterpretado, dando lugar al amor egoísta por salvaguardar lo nuestro.

La Lección de hoy nos invita a reflexionar sobre este tema tan conocido por todos nosotros, pues todos hemos participado de él, y seguimos participando, en la medida en que preferimos el triunfo de nuestras creencias y afinidades por encima de la paz y la armonía.

Invocar el nombre de Dios, es la invitación que nos hace esta Lección. Ya hemos dicho, que el nombre nos aporta una identificación. En este sentido, el nombre con el que nos bautiza nuestros padres, nos otorga una identidad de pertenencia al mundo. Ello significa que es portador del germen de la división, pues establece diferenciación entre el resto de hermanos y como ya hemos dicho, por salvar la hidalguía de nuestro nombre estamos dispuestos a matar.

En cambio, el nombre de Dios es uno, pues su Esencia es Una. Si el nombre aportado por nuestros padres en este mundo representa nuestro cuerpo, el nombre de Dios, representa al Espíritu, lo que significa, que cuando invocamos su nombre, lo que realmente estamos haciendo es invocar nuestra verdadera Esencia: el Espíritu.

Esa invocación ha de llevar a nuestra mente a conectar con su estado natural, pues todo pensamiento sigue a Su Fuente.

Podemos aplicar esta Lección cada vez que nos encontremos sumidos en la defensa desenfrenada y demente del mundo material. Cada vez que nos veamos superados por las voces procedentes de los asuntos mundanos, busquemos un instante de acallamiento interno e invoquemos el nombre de Dios, prestémosle atención a nuestro Ser Espiritual que está esperando ese momento en el que nos pueda ofrecer su Paz.

Reflexión: ¿Cuál es el nombre de Dios? ¿Cuál es su Identidad?

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