martes, 4 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 185

LECCIÓN 185

Deseo la paz de Dios.

1. Decir estas palabras no es nada. 2Pero decirlas de corazón lo es todo. 3Si pudieras decirlas de corazón, aunque sólo fuera por un instante, jamás volverías a sentir pesar alguno, en ningún lugar momento. 4Recobrarías plena conciencia del Cielo, el recuerdo de Dios quedaría completamente reinstaurado y la resurrección de toda la creación plenamente reconocida.

2. No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse. 2Ya no podría entretenerse con sueños o creer que él mismo es un sueño. 3No podría inventar un infierno y creer que es real. 4Desea la paz de Dios, y se le concede. 5Eso es todo lo que desea y todo lo que recibirá. 6Son muchos los que han dicho estas palabras. 7Pero ciertamente son muy pocos los que las han dicho de todo corazón. 8No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido. 9EI mundo cambiaría completamente sólo con que hubiese dos que estuviesen de acuerdo en que esas palabras expresan lo único que ellos anhelan.

3. Dos mentes con un solo empeño se vuelven tan fuertes que lo que disponen se convierte en la Voluntad de Dios. 2Pues las men­tes sólo se pueden unir en la verdad. 3En sueños, no hay dos mentes que puedan compartir la misma intención. 4Para cada una de ellas, el héroe del sueño es distinto, y el desenlace desea­do no es el mismo. 5El perdedor y el ganador simplemente alter­nan de acuerdo con patrones cambiantes, según la proporción entre ganancia y pérdida y entre pérdida y ganancia adquiere un matiz diferente o adopta otra forma.

4. No obstante, lo único que se puede hacer en sueños es transigir. 2A veces ello adopta la forma de una unión, pero sólo la forma. 3En los sueños nada tiene significado, pues su meta es transigir. 4Las mentes no pueden unirse en sueños. 5Sólo pueden negociar. 6Mas ¿qué trato podrían hacer que les proporcionase la paz de Dios? 7Las ilusiones pasan a ocupar Su lugar. 8Y lo que Él es deja de tener significado para las mentes dormidas empeñadas en hacer tratos, cada cual en beneficio propio y a costa de la pérdida de otros.

5. Desear la paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. 2Pues nadie que diga estas palabras de todo corazón desea ilusiones o busca la manera de obtenerlas. 3Las ha examinado y se ha dado cuenta de que no le ofrecen nada. 4Ahora procura ir más allá de ellas, al reconocer que otro sueño sólo le ofrecería lo mismo que los demás. 5Para él, todos los sueños son uno. 6Y ha aprendido que la única diferencia entre ellos es la forma que adoptan, pues cualquiera de ellos suscitará la misma desespera­ción y zozobra que los demás.

6. La mente que desea la paz de todo corazón debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz. 2Y cuando el deseo de paz es genuino, los medios para encontrarla se le conceden en una forma tal que cada mente que honradamente la busca pueda entender. 3Sea cual sea la forma en que se presente la lección, ha sido planeada para él de tal forma que si su petición es sincera, no dejará de verla. 4Mas si su petición no es sincera, no habrá manera de que pueda aceptar la lección o realmente aprenderla.

7. Dediquemos hoy nuestra práctica a reconocer que nuestras palabras son sinceras. 2Deseamos la paz de Dios. 3No es éste un deseo vano. 4Estas palabras no piden que se nos dé otro sueño. 5No procuran transigir, ni es su afán hacer otro trato con la espe­ranza de que aún haya un sueño que pueda tener éxito cuando todos los demás han fracasado. 6Decir estas palabras de corazón es reconocer la futilidad de las ilusiones y pedir lo eterno en lugar de sueños cambiantes que parecen ofrecerte distintas cosas, pero que en realidad son igualmente insubstanciales.

8. Dedica hoy tus sesiones de práctica a escudriñar minuciosa­mente tu mente a fin de descubrir los sueños que todavía anhe­las. 2¿Qué es lo que realmente deseas de corazón? 3Olvídate de las palabras que empleas al hacer tus peticiones. 4Considera sola­mente lo que crees que te brindará consuelo y felicidad. 5Pero no te desalientes por razón de las ilusiones que aún perduran, pues la forma que éstas adoptan no es lo que importa ahora. 6No dejes que algunos sueños te resulten más aceptables, mientras que te avergüenzas de otros y los ocultas. 7Son todos el mismo sueño. 8Y puesto que todos son el mismo, debes hacer la siguiente pregunta con respecto cada uno de ellos: "¿Es esto lo que deseo en lugar del Cielo y de la paz de Dios?"

9. Ésta es la elección que tienes ante ti. 2No te dejes engañar pen­sando que es de otra manera. 3En esto no es posible transigir. 4Pues o bien eliges la paz de Dios o bien pides sueños. 5Y éstos vendrán a ti tal como los hayas pedido. 6Mas la paz de Dios ven­drá con igual certeza para permanecer contigo para siempre. 7No desaparecerá con cada curva o vuelta del camino, para luego rea­parecer sin que sea reconocible, en formas que cambian y varían con cada paso que das.

10. Deseas la paz de Dios. 2eso es lo que desean también todos los que parecen ir en pos de sueños. 3Esto es lo único que pides tanto para ellos como para ti cuando haces esta petición con pro­funda sinceridad. 4Pues de esa manera procuras alcanzar lo que ellos desean realmente, y unes tu intención a lo que ellos quieren por encima de todas las cosas, hecho éste que tal vez les sea des­conocido, si bien para ti es indudable. 5Ha habido ocasiones en las que has sido débil y en las que has estado indeciso acerca de tu propósito, inseguro con respecto a lo que quieres, adónde ir a buscarlo o adónde acudir en busca de ayuda. 6Mas la ayuda ya se te ha dado. 7¿No la aprovecharías ahora compartiéndola?

11. Nadie que realmente busque la paz de Dios puede dejar de hallarla. 2Pues lo único que pide es dejar de engañarse a sí mismo, al negarse lo que la Voluntad de Dios dispone. 3¿Quién que pida lo que ya es suyo podría quedar insatisfecho? 4¿Quién que pida una respuesta que él puede dar puesto que dispone de ella puede decir que no se le ha contestado? 5La paz de Dios es tuya.

12. La paz fue creada para ti; tu Creador te la dio y la estableció como Su propio regalo eterno. 2¿Cómo ibas a poder fracasar cuando tan sólo estás pidiendo lo que Él dispone para ti? 3¿Y cómo podría ser que lo que pides fuese solamente para ti? 4No hay nin­gún don de Dios que no sea para todos. 5Éste es el atributo que distingue a los dones de Dios de todos los sueños que jamás pare­cieron ocupar el lugar de la verdad.

13. Cuando un don de Dios ha sido pedido y aceptado por cual­quiera, nadie pierde, sino que todos salen ganando. 2Dios da sólo con el propósito de unir. 3Para Él, quitar no tiene sentido. 4Y cuando tampoco lo tenga para ti, sabrás a ciencia cierta que com­partes una sola Voluntad con Él, así como Él contigo. 5Y también sabrás que compartes una sola Voluntad con todos tus hermanos, cuya intención es la tuya.

14. Es esa única intención lo que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desespe­ración, al amor que el ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creó. 2Con semejante ayuda a nuestro lado, ¿cómo íbamos a poder fracasar hoy cuando pedimos que se nos conceda la paz de Dios?


¿Qué me enseña esta lección?


¿Cómo puede ser que deseando la paz de Dios, me encuentre juzgando a mi hermano en un deseo ilusorio de ayudarle?
¿Cómo puede ser que deseando la paz de Dios, me descubra atacando las imperfecciones ajenas?
¿Cómo puede ser que deseando la paz de Dios, me sienta culpable por mi falta de amor, por sentirme atacado, por no ver la unidad en el rostro de mi hermano?

Las Enseñanzas no tan solo debe ser asimilada a nivel intelectual, pues ello haría de nosotros meros teóricos. También debe calar en nuestra naturaleza emocional, haciéndonos sentir su mensaje y llevándonos a amar lo que es pura teoría.

Es por ello, que no basta con desear la paz de Dios, debemos movilizar nuestro corazón para que ese deseo alcance su meta. Podemos hablar y difundir con palabras los beneficios y bondades de la Unidad y del Amor…, pero si no sentimos lo que decimos, si no nos movilizamos en acciones que estén acorde con lo que proclamamos, de nada nos servirá, pues el ego, seguirá haciendo valer su creencia en la separación, en la culpa, en el castigo, en el miedo, etc.

Si deseamos la paz de Dios, tenemos que pensar y sentir en términos de paz, esto es, en términos de Unidad, de Amor, de Armonía. Tan sólo así, la paz será una realidad, pues formará parte íntegra de nosotros.

Ejemplo-Guía: "¿De quién depende la paz que añoras?"

Durante mucho tiempo, he mantenido la creencia de que la paz depende de la respuesta que me ofrezca la vida. Por supuesto que me he sentido merecedor de que la vida me sonría y que me ofrezca su rostro más amable, obsequiándome con momentos felices, con momentos de paz. Es por ello, que cuando ese rostro no es el esperado, que me revelo, que me siento una víctima, que reclamo a la vida, que me devuelva lo que es mio.

Esta manera de ver las cosas, propia de una personalidad entregada al ego, puede ser el guión que pueda compartir la gran mayoría de los humanos. La paz, no depende de nosotros, sino de los demás, de todo lo que nos rodea.

Esta visión exige un profundo cambio, tanto es así, que podemos decir, que la verdad nos sugiere todo lo contrario, es decir, la paz, depende solo y exclusivamente de nosotros, pues nada externo se manifiesta si no es proyectado por nuestra mente. El pensamiento siempre sigue a su fuente. Si internamente hemos conquistado la paz, esto es, si hemos deseado de todo corazón la Paz que tan sólo Dios nos puede otorgar, el mundo que veremos estará impregnado de esa paz. Sin embargo, si en nuestro interior somos incapaces de establecer la coherencia necesaria para que pueda manifestarse de la paz, nuestro mundo exterior, será la viva imagen de lo que llevamos dentro.

Mientras que creamos en un mundo de división y separación, mientras que permanezcamos identificados con el cuerpo y con el mundo material, estaremos tomando el camino equivocado, si pretendemos alcanzar la paz. Esto es así, porque el mundo material es irreal e ilusorio, y esta basado en la temporalidad. Esa visión de lo temporal hace que sintamos un profundo temor a perder lo que tenemos y ello nos priva de la paz.

Cuando hayamos consumido todo deseo por conquistar las ilusiones que nos ofrece el mundo material, volveremos nuestra mirada hacia el Cielo y descubriremos un mundo en que el deseo se funde con la Voluntad que nos invita a experimentar que todos somos Uno. En ese momento, nuestros deseos ya no se orientarán hacia el mundo de la oscuridad, sino que nos impulsará a conquista el mundo de la Luz. A partir de ese instante Santo, tan solo desearemos con toda la fuerza de nuestro corazón gozar de la paz que nuestro Padre ha dispuesto para todos nosotros.

Desear la paz de Dios, significa que todos nuestros sentidos, los canales de nuestra percepción, se unifican y se orientan en una sola dirección: ver, sentir, degustar, oler y oír, el mundo del Espíritu.

Reflexión: Desear la paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños. ¿Cuáles son tus sueños?

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