miércoles, 12 de julio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 193

LECCIÓN 193

Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que yo aprenda.

1. El aprendizaje es algo que le es ajeno a Dios. 2Su Voluntad, no obstante, se extiende hasta lo que Él no entiende; en el sentido de que Él dispone que la felicidad que Su Hijo heredó de Él perma­nezca incólume, sea perpetua y por siempre en aumento, que se expanda eternamente en la dicha de la creación plena, que sea eternamente receptiva y absolutamente ilimitada en Él. 3Ésa es Su Voluntad. 4Por lo tanto, Su Voluntad provee los medios para garantizar que se cumpla.

2. Dios no ve contradicciones. 2Sin embargo, Su Hijo cree verlas. 3Por eso tiene necesidad de Alguien que pueda corregir su defec­tuosa manera de ver y ofrecerle una visión que lo conduzca de nuevo al lugar donde la percepción cesa. 4Dios no percibe en abso­luto. 5Él es, no obstante, Quien provee los medios para que la percepción se vuelva lo suficientemente hermosa y verdadera como para que la luz del Cielo pueda resplandecer sobre ella. 6Él es Quien responde a las contradicciones de Su Hijo y Quien man­tiene su inocencia a salvo para siempre.

3. Éstas son las lecciones que Dios quiere que aprendas. 2Su Voluntad se refleja en todas ellas, y ellas reflejan Su amorosa bondad para con el Hijo que Él ama. 3Cada lección encierra un pensamiento central, que se repite en todas ellas. 4Su forma es lo único que varía, según las circunstancias, los acontecimientos, los personajes o los temas, los cuales parecen ser reales, pero no lo son. 5Su contenido fundamental es el mismo 6es éste:
7Perdona, y verás esto de otra forma.

4. Es cierto que no parece que todo pesar no sea más que una falta de perdón. 2No obstante, eso es lo que en cada caso se encuentra tras la forma. 3Esta uniformidad es lo que hace que el aprendizaje sea algo seguro, ya que la lección es tan simple que al final no se puede rechazar. 4Nadie se puede ocultar para siempre de una ver­dad tan obvia, que aunque se presenta en innumerables formas, se puede reconocer con la misma facilidad en todas ellas, sólo con desear ver la simple lección que allí se encierra.

5. Perdona, y verás esto de otra forma.

2Éstas son las palabras que el Espíritu Santo te dice en medio de todas tus tribulaciones, todo dolor y todo sufrimiento, sea cual sea la forma en que se manifiesten. 3Éstas son las palabras con las que a la tentación le llega su fin, y la culpabilidad, abandonada ahora, deja de ser objeto de reverencia. 4Éstas son las palabras que ponen fin al sueño de pecado y eliminan todo miedo de la mente. 5Éstas son las palabras mediante las cuales al mundo entero le llega la salvación.

6. ¿No deberíamos acaso aprender a decir estas palabras cada vez que nos sintamos tentados de creer que el dolor es real y la muerte se vuelva nuestra elección en lugar de la vida? 2¿No deberíamos acaso aprender a decirlas una vez que hayamos comprendido el poder que tienen para liberar a todas las mentes de la esclavitud? 3Éstas son palabras que te dan poder sobre todos los aconteci­mientos que parecen tener control sobre ti. 4Ves esos aconte­cimientos correctamente cuando mantienes estas palabras en tu conciencia, sin olvidarte de que son aplicables a todo lo que ves o a todo lo que cualquier hermano contemple erróneamente.

7. ¿Cómo puedes saber cuándo estás viendo equivocadamente o cuándo no está alguien percibiendo la lección que debería apren­der? 2¿Parece ser real el dolor en dicha percepción? 3Si lo parece, ten por seguro que no se ha aprendido la lección, 4y que en la mente que ve el dolor a través de los ojos que ella misma dirige permanece oculta una falta de perdón.

8. Dios no quiere que sigas sufriendo de esa manera. 2Él quiere ayudarte a que te perdones a ti mismo. 3Su Hijo no recuerda quién es, 4y Dios no quiere que se olvide de Su Amor ni de todos los dones que Su Amor trae consigo. 5¿Renunciarías ahora a tu propia salvación? 6¿Dejarías acaso de aprender las sencillas lecciones que el Maestro celestial pone ante ti para que todo dolor desaparezca y el Hijo pueda recordar a su Padre?

9. Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que aprendas. 2Él no deja ningún pensamiento rencoroso sin corregir, ni que ninguna espina o clavo lastime en modo alguno a Su santo Hijo. 3Él quiere asegurarse de que su santo descanso permanezca sereno e imperturbable, sin preocupaciones, en un hogar eterno que cuida de él. 4Él quiere que todas las lágrimas sean enjugadas y que no quede ni una sola más por derramar, ni ninguna que sólo esté esperando el momento señalado para brotar. 5Pues Dios ha dispuesto que la risa reemplace a cada una de ellas y que Su Hijo sea libre otra vez.

10. Hoy trataremos de superar en un solo día miles de aparentes obstáculos a la paz. 2Deja que la misericordia llegue a ti cuanto antes. 3No trates de posponer su llegada ni un sólo día, minuto o instante más. 4Para eso se hizo el tiempo. 5Úsalo hoy para lo que es. 6Dedica, mañana y noche, el tiempo que puedas a lo que éste tiene como propósito, y no permitas que el tiempo que dediques sea menos que el que sea necesario para satisfacer tu más impe­riosa necesidad.

11. Da todo lo que puedas, y luego da un poco más. 2Pues ahora nos levantaremos apresuradamente e iremos a casa de nuestro Padre. 3Hemos estado ausentes demasiado tiempo y ya no quere­mos seguir demorándonos más aquí. 4Según practicamos, pense­mos en todas las cosas con las que nos hemos quedado para resolverlas por nuestra cuenta y que hemos mantenido fuera del alcance de la curación. 5Entreguémoselas a Aquel que sabe cómo contemplarlas de manera que desaparezcan. 6La verdad es Su mensaje; la verdad es Su enseñanza. 7Suyas son las lecciones que Dios quiere que aprendamos.

12. Hoy, y en los días venideros, dedica un poco de tiempo cada hora a practicar la lección del perdón tal como se indique. 2Trata de aplicarla a lo acontecido en esa hora, de manera que la próxima esté libre de todo ello. 3De esta manera, las cadenas del tiempo se desatarán fácilmente. 4No dejes que ninguna hora arroje su som­bra sobre la siguiente, y cuando haya transcurrido, deja que todo lo acontecido se vaya con ella. 5De este modo, permanecerás libre y en paz eterna en el mundo del tiempo.

13. Ésta es la lección que Dios quiere que aprendas: Hay una manera de contemplarlo todo que te acerca más a Él y a la salva­ción del mundo. 2todo lo que habla de terror, responde de esta manera:

3Perdonaré, y esto desaparecerá.


4Repite estas mismas palabras ante toda aprensión, preocupación o sufrimiento. 5Y entonces estarás en posesión de la llave que abre las puertas del Cielo y que hace que el Amor de Dios el Padre llegue por fin hasta la tierra para elevarla hasta el Cielo. 6Dios Mismo dará este paso final. 7No te niegues a dar los pequeños pasos que te pide para que puedas llegar hasta Él.



¿Qué me enseña esta lección?

En esencia, tan sólo existe un error, a pesar de que pueda adoptar muchísimas formas. A ese error, le hemos llamado “pecado” y como consecuencia de ello, hemos fabricado una realidad falsa e ilusoria que se soporta sobre los frágiles pilares de la culpabilidad y de la separación.

El uso incorrecto de los poderes creadores de los que somos portadores, nos ha llevado a proyectar un mundo de necesidad, cuando en verdad, Somos Seres potencialmente perfectos.

¿Qué necesidad tiene el Hijo de Dios cuando en realidad es perfecto?

La respuesta que contesta a esta pregunta, debemos buscarla en la capacidad de decidir libremente, en el libre albedrío, que poseemos por ser una condición heredada de nuestro Creador. Decidimos ver un mundo de necesidad con el cual nos identificamos, pues el nivel de aprendizaje, en el Viaje Evolutivo en el que el Hijo de Dios se encuentra inmerso, era de principiante en el manejo del uso correcto de la Voluntad Creadora y quedamos identificados con el mundo de la percepción procedente del mundo físico.

Esa desconexión con la Fuente Original, propició la creencia en el pecado y en la expulsión del Paraíso en el que evolucionábamos antes de la separación. Nuestro Creador pasó a ser una Criatura que causaba Temor y al que se le atribuyó las acciones vengativas que experimentamos en el mundo que proyectamos.

Estamos hablando de un doble error:

  • La creencia en el pecado.
  • La figura de un Dios vengativo
Ambos errores tienen un mismo origen: el miedo, el sustituto del Amor.

Al igual que hablamos de un solo error, podemos hablar de una sola lección, a pesar de que éstas adopten diferentes expresiones y rostros. La lección que debemos aprender es la de perdonar, la de amar, o lo que es lo mismo, sustituir la ilusión del miedo.

Al perdonarnos, establecemos de nuevo la verdadera conexión con lo que Somos, con la Fuente que nos alimenta, con el Amor que purifica y nos lleva a expresar nuestra inocencia.

El Plan de Salvación dispuesto por Dios para su Hijo se sustenta en un solo pilar. Este pilar es inquebrantable, inexpugnable, impecable. Ese pilar es el perdón.


Ejemplo-Guía: "Todos los caminos llevan a Roma..."

Se trata de una expresión que suele utilizarse en Europa, y más allá de su sentido convencional (en tiempo del Imperio Romano se construyeron más de 70.000 kms que conducían a la Capital del Imperio, la Ciudad de Roma), también tiene un sentido espiritual que aún día se conserva, máxime cuando en dicha ciudad se asienta la principal Casa de la Iglesia Católica, el Vaticano.

Si Roma, la interpretamos simbólicamente como el "corazón" de la espiritualidad, indicar que todos los caminos nos conducen a él, es como referir que todos los problemas tienen una sola solución: la espiritualidad.

Pero, no podemos divagar sobre el aspecto actual de este centro neurálgico de la iglesia católica y verla como la "fuente" de la verdadera espiritualidad, por mucho que se considere al Sumo Pontífice, el Papa, como heredero directo de la sangre del Cristo. No es difícil apreciar que nada más lejos de la realidad. 

Pero, he querido utilizar esta frase en el sentido de que nos permite comprender que todos nuestros problemas, se convierten en los muchos caminos que tomamos en la vida y que al final, todos conducen a un final común: "Todas las cosas son lecciones que Dios quiere que aprendamos".

¿Qué lección quiere Dios, el Padre, que aprendamos? La única y verdadera Lección que podemos aprender y con ello, ponemos fin a todos nuestros problemas, es el perdón.

Esto es así, porque en verdad tan solo hay un solo problema, el miedo o la ausencia de Amor. Ese miedo es consecuencia, como ya hemos tenido ocasión de ver, de la creencia en la separación. 

Tenemos pues una única causa, el miedo y tenemos una única solución, el perdón. 
  • Tengo 24 años. Me acabo de divorciar. No tengo trabajo. No puedo pagar la hipoteca de la casa y mi hija, tiene una enfermedad que el seguro no cubre. Pronto perderé mi casa y no tendré donde ir. Sin dinero, no podré ofrecer a mi hija la oportunidad de que los médicos la curen. Estoy desesperada y no se qué hacer.
¿Cómo podemos ayudarnos si somos los protagonista de una situación semejante?

¿Podemos ayudar a alguien en circunstancias semejantes?

¿Como aplicamos la Lección del perdón ante una experiencia como la descrita?

Vivir una experiencia como la que acabamos de describir desde la visión del ego, nos llevará a sentir dolor, miedo, tristeza, desolación, ira, rencor, y toda una gama de emociones que nos impedirán ver lo esencial: el pensamiento sigue a su fuente. Pensamientos de miedo, nos revelará que nos estamos identificando con el miedo y con la separación. Sin duda es una experiencia que exige una respuesta de liberación y ésta tan solo llegará si en vez de sentir miedo, odio, rencor, ira, dolor y tristeza, decidimos poner en manos del Espíritu Santo, la liberación del miedo, pues el error se encuentra en nuestra mente y no en los efectos que ella nos genera. 

Detrás de toda experiencia de dolor, existe un pensamiento de dolor, lo que significa que existe un pensamiento de miedo, amparado por la creencia en la separación. Si sustituimos esa visión errónea por la visión basada en la unidad, tal vez estemos cambiando nuestra percepción de la pareja y ello nos permita recuperar el tono de amor que se precisa para mantener una relación estable. Si dejamos de sentirnos víctimas de un sistema social injusto y vemos a los representantes de ese sistema como agentes al servicio de nuestra conciencia, tal vez, encontremos el modo de ver satisfecha nuestra voluntad de ser útiles a la sociedad en la que vivimos y en respuesta a esa entrega, conseguimos un trabajo que nos permite recibir una remuneración económica que ha de permitirnos pagar nuestras deudas y atender las necesidades médicas de nuestra hija.

Si lo deseas, lo verás y si lo ves, lo fabricarás y lo experimentarás.

Pero para alcanzar ese nivel de conciencia, es preciso estar dispuesto a llegar a "Roma", es decir, es preciso que estemos dispuesto a perdonarnos y a perdonar a los agentes que se convierten en los protagonista de suministrarnos la lección que debemos aprender.

¡Perdonaré y esto desaparecerá!

Reflexión: "Todo pesar no es más que una falta de perdón"

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