2. ¿Cómo va a ser posible esto? 2Pues es seguro que si das una cosa finita tus ojos físicos dejarán de percibirla como tuya. 3No obstante, hemos aprendido que las cosas sólo representan los pensamientos que dan lugar a ellas. 4Y no careces de pruebas de que cuando compartes tus ideas, las refuerzas en tu propia mente. 5Tal vez la forma en que el pensamiento parece manifestarse cambie al darse. 6No obstante, éste tiene que retornar al que lo da. 7Y la forma que adopte no puede ser menos aceptable. 8Tiene que ser más.¿Acaso se puede dar lo que no se tiene?
SENTIDO
GENERAL DE LA LECCIÓN:
La lección 187 enseña que:
• Dar incrementa lo que das.
• No hay pérdida en lo espiritual.
• El sacrificio es una ilusión.
• Bendecir es aceptar la propia santidad.
• El mundo se transforma según lo que proyectamos.
No existe un dador y un receptor
separados.
Hay un solo intercambio en unidad.
PROPÓSITO Y
SENTIDO DEL EJERCICIO:
En esta etapa el Curso consolida
coherencia interior.
Aquí se nos invita a:
• Observar cualquier pensamiento de
pérdida.
• Detectar creencias en sacrificio.
• Cuestionar la lógica del sufrimiento.
• Elegir bendecir en lugar de juzgar.
La práctica consiste en: Extender
lo que deseamos conservar.
Si quiero paz → la doy.
Si quiero amor → lo ofrezco.
Si quiero seguridad → la afirmo para todos.
ASPECTOS
PSICOLÓGICOS:
Psicológicamente, esta lección:
• Reduce mentalidad de escasez.
• Disuelve resentimiento.
• Disminuye miedo a la pérdida.
• Fortalece autoestima real.
• Genera expansión emocional.
Cuando comprendo que no pierdo al
dar,
desaparece la defensividad.
La mente deja de protegerse
compulsivamente.
ASPECTOS
ESPIRITUALES:
Espiritualmente, esta lección
afirma:
• Solo existe una mente compartida.
• Lo que bendigo en otros lo afirmo en mí.
• La unidad hace imposible la pérdida real.
• La salvación se expande al compartirse.
• La inocencia es universal.
La imagen de las azucenas simboliza
pureza compartida.
No hay altar individual.
Hay un altar común.
INSTRUCCIONES
PRÁCTICAS:
Hoy la práctica consiste en:
• Observar dónde creo que dar
implica perder.
• Identificar resistencias a bendecir.
• Ofrecer mentalmente bendición a quienes vea.
• Recordar que lo que doy se refuerza en mí.
• Repetir la idea con conciencia: “Bendigo al mundo porque me bendigo a mí
mismo.”
Sin esfuerzo forzado.
Sin dramatismo.
Con apertura.
ADVERTENCIAS IMPORTANTES:
❌ No confundir bendición con tolerar abuso.
❌ No usar la
idea para negar emociones.
❌ No convertir
la práctica en superioridad moral.
❌ No forzar
sentimientos artificiales.
✔ Practicar sinceridad.
✔ Recordar la
unidad.
✔ Permitir que
la comprensión crezca gradualmente.
✔ Elegir
percepción correcta en lugar de juicio.
RELACIÓN CON
EL PROCESO DEL CURSO:
La secuencia ahora se integra:
• 181 → Cambio de enfoque.
• 182 → Quietud interior.
• 183 → Identidad compartida.
• 184 → Herencia divina.
• 185 → Elección de paz.
• 186 → Aceptación de función.
• 187 → Extensión mediante bendición.
Aquí la práctica se vuelve
dinámica.
No solo aceptamos paz.
La extendemos.
CONCLUSIÓN
FINAL:
La lección 187 desmantela el mito
de la pérdida.
No hay sacrificio en la verdad.
No hay escasez en el amor.
No hay disminución en el perdón.
Al bendecir, confirmo mi propia
santidad.
Al extender paz, la establezco en mí.
El mundo que veo responde a lo que
doy.
Y cuando doy bendición, recibo
expansión.
FRASE
INSPIRADORA: “Al ofrecer bendición al mundo,
reconozco la abundancia que ya vive en mí.”
Ejemplo-Guía: "La ilusión de perder, aquello que damos"
¡Dios!, qué lección. Me ha llenado tanto, que no he podido evitar compartir con vosotros esta sensación. Es como si en su enseñanza hubiese reconocido un mensaje esencial que ha de acercarme un poco más hacia la meta, la única meta, formar parte del Plan de Salvación dispuesto por nuestro Padre para su Hijo.
En mi sueño, las vivencias de generosidad se convierten en un proceso de aprendizaje al que le presto mucha atención. Esto es así porque a lo largo de mi vida me he identificado falsamente con una creencia comúnmente compartida, la de la necesidad y la escasez. Esta creencia nos lleva a ser muy cautelosos con aquello que poseemos en el terreno material, pues pensamos que, si damos lo que tenemos, lo perderemos.
En este sentido, y si establecemos una línea de reflexión sobre esa creencia errónea, siempre he tenido una visión de mí generosa en otros campos. Por ejemplo, en compartir mis conocimientos. En este sentido, he de confesar que incluso he tenido que suavizar el tono juicioso que condena a aquellos que ponen precio a lo que difunden.
Es evidente que se trataba de un conflicto interno muy sutil. Ese conflicto me estaba describiendo una realidad bien distinta a la opinión que me llevaba a considerarme una persona desprendida a la hora de dar mis conocimientos. Es una contradicción el tener la capacidad para dar y, en cambio, emitir un juicio condenatorio al modo en cómo se da. Es como si le pudiéramos poner una condición al hecho de dar.
Hoy mi visión es diferente. Hoy sé que es dando como únicamente puedes conservar lo que tienes. Pero lo más importante, y que va más allá del hecho en sí mismo de dar, es que, en verdad, no podemos dejar de ser lo que somos cuando descubrimos esa verdad. Es decir, cuando tienes la humilde certeza de que eres Hijo de Dios, entonces el Amor se convierte en nuestra única condición. Todos nuestros actos son la manifestación de ese Amor. El Amor es dar y recibir.
¿Cuál es el límite a la hora de dar? Si nos hacemos esta pregunta, no habremos comprendido el mensaje anterior. El Amor no se habrá convertido en nuestra condición, pues el Amor no tiene límites. ¿Acaso Dios puede tener límites?
Podemos plantearnos esta cuestión desde otro punto de vista. El Amor no pertenece a este mundo. Si así fuese, no estaríamos debatiendo este tema. No existirían la división, la separación, el dolor, el sufrimiento, la necesidad, el sacrificio, la enfermedad, la muerte. Pero, siendo nuestra esencia verdadera, podemos recordar su verdadero significado: la Unidad. Desde ese recuerdo, dentro del escenario del sueño en el que permanecemos, podemos elegir experimentar el sueño del Amor, y para hacerlo, desplegamos su reflejo dentro del mundo de la ilusión, el perdón. Esa es nuestra función en el Plan de Salvación, perdonar. Como no podemos dar lo que no tenemos, debemos perdonarnos a nosotros mismos, y de este modo lo conservaremos como un estado que se expandirá a nuestro alrededor.
Para mí esta lección es maravillosa. Una invitación a la liberación y al encuentro con la paz. Es desde la Fuente, desde el pensamiento, donde la voluntad de dar debe emanar. Es en esa Fuente donde nos fundimos con nuestro Creador. Desde esa Fuente, nada nos falta. Lo contrario, una visión de escasez, es una visión diferente de la Fuente.
Tenemos miedo a perder lo que damos, pues le damos valor a lo material, pensando que nuestra felicidad procede de esa fuente. Pero no es así. Tan solo tendremos que observar el deterioro de lo que tenemos en el plano de la forma para darnos cuenta de que poner nuestra felicidad en manos de estas posesiones no puede llevarnos a otro sitio que a la frustración. En verdad, es el pensamiento de apego a estas ilusiones lo que nos lleva a temer perder, cuando realmente esto es imposible, pues cada vez que damos al mundo, es a nuestro mundo al que damos, esto es, a nosotros mismos.
¿Te vas a privar de recibir lo que eres?
Reflexión: ¿Pierdes aquello que das?


Gracias J.J
ResponderEliminarGracias x la reflexión 💗
ResponderEliminarGracias
ResponderEliminarLo que doy a los demás lo estoy dando a mí mismo🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💙💙💙💙💙💙💙💙💙
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