viernes, 7 de abril de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 97

LECCIÓN 97

Soy espíritu.


1. La idea de hoy te identifica a ti con tu único Ser. 2No acepta una identidad dividida, ni trata de formar una unidad entrela­zando factores opuestos. 3Simplemente declara la verdad. 4Prac­tica hoy esta verdad tan a menudo como puedas, pues extraerá a tu mente del conflicto y la llevará a los serenos campos de la paz. 5Ni el más leve escalofrío de miedo hará acto de presencia, pues habrá sido absuelta de la locura al haber abandonado la ilusión de una identidad dividida.

2. Volvemos a declarar la verdad acerca de tu Ser, el santo Hijo de Dios que mora en ti, a Cuya mente le ha sido restituida la cordura. 2Tú eres el espíritu que ha sido amorosamente dotado de todo el Amor, la paz y la dicha de tu Padre. 3Tú eres el espíritu que completa a Dios Mismo y que comparte con Él Su función de Creador. 4Él está siempre contigo, tal como tú estás con Él.

3. Hoy trataremos de acercar la realidad a tu mente todavía más. 2Cada vez que practicas, te vuelves cuando menos un poco más consciente, ahorrando en algunas ocasiones mil años o más. 3Los minutos que dedicas se multiplican una y otra vez, pues el mila­gro hace uso del tiempo, pero no está regido por él. 4La salvación es un milagro, el primero y el último; el primero que es el último, pues es uno.

4. Tú eres el espíritu en cuya mente mora el milagro en el que el tiempo se detiene; el milagro en el que un minuto que se dedique a la práctica de estas ideas se convierte en un lapso de tiempo ilimitado e infinito. 2Da, pues, gustosamente estos minutos, y cuenta con Aquel que prometió infundirlos de intemporalidad. 3Él respaldará con toda Su fortaleza cada pequeño esfuerzo que hagas. 4Concédele hoy los minutos que Él necesita para poder ayudarte a entender con Él que tú eres el espíritu que mora en Él y que hace un llamamiento a todas las cosas vivientes a través de Su Voz; el espíritu que ofrece Su visión a todo aquel que se la pide y que reemplaza el error con la simple verdad.

5. El Espíritu Santo se regocijará de tomar cinco minutos de cada hora de tu tiempo para llevarlos alrededor de este mundo afli­gido donde el dolor y la congoja parecen reinar. 2No pasará por alto ni una sola mente receptiva que esté dispuesta a aceptar los dones de curación que esos minutos brindan, y los concederá allí donde Él sabe que han de ser bien recibidos. 3su poder sanador aumentará cada vez que alguien los acepte como sus propios pensamientos y los use para curar.

6. De esta manera, cada ofrenda que se le haga se multiplicará miles de veces y decenas de miles más. 2Y cuando te sea devuelta, sobrepasará en poderío la pequeña ofrenda que hiciste, en forma parecida a como el resplandor del sol es infinitamente más potente que el pequeño destello que emite la luciérnaga en un fugaz instante antes de apagarse. 3El constante fulgor de esta luz permanecerá y te guiará más allá de las tinieblas; y jamás podrás olvidar el camino otra vez.

7. Comienza estos gratos ejercicios con las palabras que el Espí­ritu Santo te dice, y deja que su eco reverbere por todo el mundo a través de Él:

2Espíritu soy, un santo Hijo de Dios; libre de toda limita­ción, a salvo, sano y pleno.
3Libre para perdonar y libre para salvar al mundo.

3Expresado a través de ti, el Espíritu Santo aceptará este regalo que recibiste de Él, aumentará su poder y te lo devolverá.
8. Ofrécele gustosamente hoy cada sesión de práctica. 2Y Él te hablará, recordándote que eres espíritu, uno con Él y con Dios, uno con tus hermanos y con tu Ser. 3Escucha las seguridades que te da cada vez que pronuncias las palabras que Él te ofrece hoy, y permite que Él le diga a tu mente que son verdad. 4Utilízalas contra cualquier tentación, y evita las lamentables consecuencias que la tentación trae consigo si sucumbes a la creencia de que eres otra cosa. 5El Espíritu Santo te brinda paz hoy. 6Recibe Sus palabras, y ofréceselas a Él.

¿Qué me enseña esta lección?

El reconocimiento de nuestra verdadera identidad es liberador. Soy Espíritu. 

Afirmar mi, única y verdadera, realidad me permite alcanzar un elevado estado de consciencia. Pronunciar ese reconocimiento, me hace sentir una enorme felicidad y una profunda paz, semejante a la que se experimenta, cuando despertamos de una agitada pesadilla.

Yo soy Espíritu. Mis ojos ya no se encuentran limitados por los contornos de la materia y desde ahora y para la eternidad, decido ver la única y verdadera realidad: nuestra esencia divina. La veo en mí, y a través de mí, veo la divinidad de mis hermanos.

Desde la visión de lo que Soy, veo una manera distinta de relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo que vemos proyectado fuera. Esa visión me está mostrando un mundo nuevo, en el que desde que nacemos en él, se nos muestra a la luz de la verdad, lo que realmente somos. Se nos revela, que el cuerpo que percibimos no es nuestra identidad, sino tan solo un envoltorio que utilizamos como vehículo para expresarnos en el mundo ilusorio de las formas.

Se nos revela, en este mundo nuevo, que todos somos Hijos de un mismo Padre y que en la unidad formamos Su Filiación. Que Ese Padre es la Fuente de donde recibimos el aliento de Vida. De esa Fuente recibimos la capacidad de crear y para ello utilizamos la mente, el foco a través del cual se expresa nuestro Ser Espiritual.

Se nos revela, en este mundo nuevo, que la mente es Una y se complace en la Santidad, en la Plenitud, en la Inocencia y en la Impecabilidad. Esa mente Una es la causa de todo efecto y a través de su foco, el Hijo de Dios expande los Atributos con los que ha sido creado, su Voluntad, su Amor y su Inteligencia.

Ejemplo-Guía: "¿Cómo crear ese mundo nuevo?

Ese mundo no hay que crearlo, pues ya existe. Le llamamos nuevo, desde la perspectiva ilusoria del mundo de la percepción basado en la temporalidad, pero en verdad, ese mundo es real en la eternidad.

Ese mundo no hay que crearlo, pues no tiene cabida en la dimensión de la percepción, pues su Fuente es el verdadero Conocimiento. Su existencia pertenece al Espíritu, donde Todo Es.

En el nivel en el que hemos depositado nuestra identidad pasajera, ese mundo nuevo, es como una Voz que nos despierta de las oscuras pesadillas que estamos soñando. Es esa Voz que nos susurra al oído que dejemos de sufrir, que dejemos de sentir temor, que dejemos de sentir dolor, que dejemos de experimentar la necesidad y la escasez. Esa Voz nos ofrece su mano y nos lleva a la verdadera visión de lo que somos: Hijos de Dios. Y esa visión nos permite comprender que lo que llamábamos realidad tan solo era el escenario de nuestros sueños y que las vivencias experimentadas habían sido escritas por nosotros, el único soñador.

Siendo así, no debemos preocuparnos por crear lo que ha existido por siempre. Ese mundo, es el Hogar de Dios, es el "Vientre Divino" donde su Hijo se ha gestado y desde el cual ha sido emanado. Esa emanación, es una expansión de Sí Mismo, por lo que no debemos entenderlo como una separación. En ese Estado de Unidad, no se concibe la necesidad, pues Todo Es. 

Trasladar ese Estado de Plenitud al nivel del sueño, nos sitúa en un nuevo escenario donde dejamos de sentirnos prisioneros de las limitaciones del mundo de la percepción. Ahora tenemos la certeza, de que ese mundo puede ser dibujado con distintas tonalidades, pues en verdad, somos los únicos con capacidad para aportar esos tonos. Y elegimos, el tono de la abundancia, el tono de la salvación, de la libertad, de la confianza, de la salud, el tono del perdón y del amor. 

Elegimos desechar los viejos colores de la pesadumbre, del victimismo, del apego, del miedo y de la culpa, del dolor y de la tristeza, del resentimiento y del odio, de la necesidad y de la escasez. 

Ese es el nuevo lienzo que decidimos crear. La mente al servicio del Espíritu y con esa visión, elegimos vivir la vida, conocedores de que somos los artistas que la colorean.

Reflexión: ¿Crees ser un Espíritu?

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