martes, 3 de febrero de 2026

¿Cómo puedo dominar mi mente subconsciente?

¿Cómo puedo dominar mi mente subconsciente?

Esta es la pregunta práctica central de Un Curso de Milagros, y conviene responderla con mucha claridad, porque aquí es donde muchos estudiantes se frustran o se juzgan innecesariamente.

Primero, una corrección fundamental.

Un Curso de Milagros no enseña a “dominar” la mente subconsciente. Eso es crucial
entenderlo desde el inicio.

El intento de dominar, controlar o forzar los pensamientos pertenece al ego. Y el ego jamás puede deshacer al ego. El Curso no propone control, propone entrenamiento suave, vigilancia y entrega.

Por eso Jesús dice, de manera muy clara: “Una mente sin entrenar no puede lograr nada.” (Libro de Ejercicios, Introducción).

No dice: una mente que controle todo. Dice: una mente entrenada.

Entonces, ¿por qué aparecen pensamientos del pasado y del futuro “sin permiso”?

Porque eso es exactamente lo que hace una mente no entrenada.

La mente que el Curso llama “errada”:

  • Vive en el pasado o en el futuro.
  • Repite escenas.
  • Anticipa amenazas.
  • Reproduce culpa y miedo automáticamente.

Eso no es un fallo del estudiante. Eso es el punto de partida que el Curso da por hecho.

Por eso el Curso no empieza con “elige pensamientos elevados”, sino con:

  • “Mis pensamientos no significan nada”
  • “Nunca estoy disgustado por la razón que creo”
  • “Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí”

Antes de cambiar pensamientos, hay que aprender a observarlos sin seguirlos.

Entonces, ¿qué hago cuando la mente “se va”?

Aquí está la clave práctica: No se te pide que detengas los pensamientos. Se te pide que NO LOS SIGAS.

El Curso no habla de dominar la mente subconsciente, sino de retirar la creencia en lo que la mente dice.

La práctica real es esta:

  1. El pensamiento aparece (pasado, futuro, culpa, miedo).
  2. Lo reconozco: Este es un pensamiento del ego.”
  3. No lo discuto. No lo analizo. No lo combato.
  4. Lo entrego: “Espíritu Santo, decide tú por mí.”

Eso ES el entrenamiento.

¿Y por qué vuelve una y otra vez?

Porque la mente ha sido entrenada durante años —o vidas, diría el Curso— en el sistema del ego.

La repetición no indica fracaso. Indica desaprendizaje en proceso.

Jesús lo dice con una ternura brutal: “Tu progreso se juzga por tu disposición, no por tus resultados.”

Cada vez que te das cuenta de que te has perdido en la carrera mental, ese darse cuenta ya es un avance.

Antes estabas perdido sin saberlo. Ahora te pierdes… y te observas.

Eso es conciencia despertando.

Entonces, ¿cuál es la práctica concreta?

No se trata de dominar tu mente subconsciente, sino de dejar de identificarte con ella.

Prácticas sencillas del Curso:

  • Pausar varias veces al día.
  • Decir internamente:
    • “Podría ver paz en lugar de esto.”
    • “No sé cuál es el propósito de esto.”
    • “Espíritu Santo, reinterpreta esto por mí.”
  • No buscar sentirte mejor de inmediato.
  • Buscar no decidir solo.

El punto más importante (y más liberador).

No tienes que limpiar la mente para estar en paz. La paz limpia la mente cuando eliges unirte a ella.

El ego dice: “Cuando controles tu mente, tendrás paz.”

El Curso dice: “Cuando elijas la paz, la mente se aquietará por sí sola.”

Y esa elección no es un acto heroico. Es una pequeña dosis de buena voluntad, repetida muchas veces.

 

Para recordar: “No soy responsable de los pensamientos que aparecen, pero sí de a cuál le doy autoridad”.

Eso es todo el poder que el Curso te devuelve. Y es más que suficiente.

 

Práctica diaria UCDM (Para una mente dispersa, sin forzarla).

Duración total: 10–15 minutos
Frecuencia: una vez al día (ideal por la mañana)
Objetivo: no controlar la mente, sino elegir de nuevo el guía.

1.  Preparación (1 minuto).

Siéntate cómodamente.
No intentes relajarte ni “poner la mente en blanco”.

Di internamente, con suavidad:

“No sé cómo aquietar mi mente por mi cuenta.”
“No sé cuál es el propósito de nada de lo que pienso.”

(Esto no es rendición pasiva: es honestidad radical, que el Curso valora profundamente.)

2.  Reconocimiento (2–3 minutos).

Permite que la mente funcione como lo hace habitualmente.
Pensamientos del pasado, del futuro, imágenes, diálogos internos.

No los frenes.
No los analices.

Solo observa y nombra, muy suavemente:

  • “Pensamiento del pasado.”
  • “Pensamiento del futuro.”
  • “Pensamiento de miedo.”
  • “Pensamiento de culpa.”

Sin juicio.
Sin corrección.

Esto ya es entrenamiento. El ego se alimenta de ser seguido, no de ser observado.

3.  La clave del Curso: no decidir solo (3 minutos).

Cuando notes que te has perdido en una cadena de pensamientos, di internamente:

“Espíritu Santo, no quiero decidir esto solo.”

Y añade una de estas frases (elige solo una por día):

  • “Podría ver paz en lugar de esto.”
  • “No soy víctima del mundo que veo.”
  • “Mis pensamientos no significan nada.”
  • “Estoy dispuesto a ver esto de otra manera.”

No esperes sentir nada especial. El Curso no trabaja con sensaciones, sino con elección.

4.  Breve quietud sin expectativas (2–3 minutos).

Ahora deja de repetir frases.

Permanece en silencio interior aunque la mente siga hablando.

No luches contra el ruido mental.
La quietud no es ausencia de pensamientos; es ausencia de identificación con ellos.

Si aparece un pensamiento fuerte, di una sola vez:

“Eso no es lo que quiero.”

Y vuelve a la quietud.

5.  Cierre y extensión (1 minuto).

Cierra la práctica con esta idea:

“Hoy no necesito vigilar mi mente,
solo recordar a quién quiero escuchar.”

Compromiso simple para el día:

  • Cada vez que notes dispersión, no la corrijas.
  • Solo di internamente: “Elijo de nuevo.”

Eso es todo.

Aclaraciones importantes para el estudiante:

  • No busques resultados inmediatos.
  • No midas la práctica por cuán “callada” estuvo la mente.
  • El progreso se mide solo por una cosa: ¿me di cuenta más rápido de que me había perdido?

Si la respuesta es sí, la práctica está funcionando.

Frase-guía para recordar durante el día:

No tengo que dominar mi mente.
Solo tengo que dejar de seguirla sin cuestionarla.

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