jueves, 3 de abril de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 93

LECCIÓN 93

La luz, la dicha y la paz moran en mí.


1. Crees ser la morada del mal, de las tinieblas y del pecado. 2Piensas que si alguien pudiese ver la verdad acerca de ti sentiría tal repulsión que se alejaría de ti como si de una serpiente vene­nosa se tratase. 3Piensas que si la verdad acerca de ti te fuese revelada, te sobrecogería un horror tan grande que te apresura­rías de inmediato a quitarte la vida, pues sería imposible seguir viviendo después de haber contemplado semejante atrocidad.

2. Estas creencias están tan firmemente arraigadas en ti que resulta difícil hacerte entender que no tienen fundamento alguno. 2Que has cometido errores es obvio. 3Cierto es también, teniendo en cuenta lo que ahora crees, que has buscado la salvación por extra­ños caminos; que te has dejado engañar y que a tu vez has enga­ñado; que has tenido miedo de fantasías pueriles y de sueños crueles y que te has postrado ante ídolos de polvo.

3. Hoy vamos a poner en tela de juicio todo esto, no desde el punto de vista de lo que piensas, sino desde un punto de referen­cia muy distinto, desde el cual tales pensamientos vanos carecen de sentido. 2Esos pensamientos no concuerdan con la Voluntad de Dios. 3Él no comparte contigo estas extrañas creencias. 4Esto es suficiente para probarte que son erróneas, pero tú no te das cuenta de ello.

4. ¿Por qué no habrías de dar saltos de alegría cuando se te ase­gura que todo el mal que crees haber hecho nunca ocurrió; que todos tus pecados no son nada; que sigues siendo tan puro y santo como fuiste creado, y que la luz, la dicha y la paz moran en ti? 2La imagen que tienes de ti mismo no puede resistir la Volun­tad de Dios. 3Tú piensas que eso es la muerte, sin embargo, es la vida. 4Tú piensas que se te está destruyendo, sin embargo, se te está salvando.

5. El ser que tú fabricaste no es el Hijo de Dios. 2Por lo tanto, no existe en absoluto. 3todo lo que aparentemente hace o piensa carece de significado. 4No es bueno ni malo. 5Es simplemente irreal; nada más. 6No batalla con el Hijo de Dios. 7No le hace daño ni ataca su paz. 8No ha alterado la creación en absoluto, ni ha convertido la eterna impecabilidad en pecado, o el amor en odio. 9¿Qué poder puede poseer ese ser que tú fabricaste, cuando lo que hace es contradecir la Voluntad de Dios?

6. Tu impecabilidad está garantizada por Dios. 2Esto tiene que repetirse una y otra vez, hasta que se acepte. 3Es la verdad. 4Tu impecabilidad está garantizada por Dios. 5Nada puede afectarla, y nada puede cambiar lo que Dios creó eterno. 6El ser que tú fabri­caste, lleno de maldad y de pecado, no es nada. 7Tu impecabilidad está garantizada por Dios, y la luz, la dicha y la paz moran en ti.

7. La salvación requiere que aceptes un solo pensamiento: que eres tal como Dios te creó, y no lo que has hecho de ti mismo. 2Sea cual sea el mal que creas haber hecho, eres tal como Dios te creó. 3Sean cuales sean los errores que hayas cometido, la verdad con respecto a ti permanece inalterada. 4La creación es eterna e inalterable. 5Tu impecabilidad está garantizada por Dios. 6Eres, y siempre serás, exactamente como fuiste creado. 7La luz, la dicha y la paz moran en ti porque ahí las puso Dios.

8. En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy, las cuales serían más provechosas si las llevases a cabo durante los prime­ros cinco minutos de cada hora de vigilia, comienza afirmando la verdad acerca de tu creación:

2La luz, la dicha y la paz moran en mí.
3Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

4Luego deja a un lado las disparatadas imágenes que tienes de ti mismo, y pasa el resto de la sesión de práctica tratando de experi­mentar lo que Dios te ha dado, en lugar de lo que tú has decre­tado para ti mismo.

9. Pues o bien eres lo que Dios creó, o bien lo que tú mismo has hecho de ti. 2Un Ser es real; el otro no existe. 3Trata de experimen­tar la unidad de tu único Ser. 4Trata de apreciar Su santidad y el Amor del que fue creado. 5Trata de no ser un obstáculo para el Ser que Dios creó como lo que tú eres, ocultando Su majestad tras los insignificantes ídolos de maldad y de pecado que has inven­tado para reemplazarlo. 6Permítele venir ahí donde le corres­ponde estar. 7Ahí estás tú; Eso es lo que eres. 8Y la luz, la dicha y la paz moran en ti porque esto es así.

10. Tal vez no estés dispuesto o no puedas dedicar los primeros cinco minutos de cada hora a hacer estos ejercicios. 2Trata, no obstante, de hacerlos cuando puedas. 3Acuérdate por lo menos de repetir estos pensamientos cada hora:

4La luz, la dicha y la paz moran en mí.
5Mi impecabilidad está garantizada por Dios.

6Trata luego de dedicar un minuto más o menos, con los ojos cerrados, a cobrar conciencia de que se trata de una afirmación de la verdad acerca de ti.

11. Si surge alguna situación que parezca perturbarte, desvanece la ilusión de miedo de inmediato, repitiendo de nuevo estos pen­samientos. 2Si te sientes tentado de enfadarte con alguien, dile silenciosamente:

3La luz, la dicha y la paz moran en ti.
4Tu impecabilidad está garantizada por Dios.

5Hoy puedes hacer mucho por la salvación del mundo. 6Hoy pue­des hacer mucho por desempeñar más fielmente el papel que Dios te ha asignado en la salvación. 7Y hoy puedes asimismo hacer mucho por convencer a tu mente de que la idea de hoy es en efecto la verdad.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección nos sitúa ante una elección fundamental que determina por completo nuestro estado interior: creer en el pecado o reconocer nuestra inocencia. Percibirnos como un cuerpo inmerso en un mundo material o tener la certeza de que somos un Ser espiritual es la clave que condiciona la forma en que vivimos la experiencia. Vivir en la aparente oscuridad de la ilusión o morar conscientemente en la luz, en la dicha y en la paz, depende de esa elección.

Creer es una función propia del ego. Mientras nuestro origen siga siendo interpretado, mientras lo sometamos a creencias, seguiremos viéndonos desde el sistema de pensamiento del ego. El conocimiento, en cambio, no requiere aprendizaje: cuando el aprendizaje deja de ser necesario, simplemente se conoce a Dios.

La idea de que existe otra forma de percibir —más allá de la que propone el ego— es, paradójicamente, el pensamiento más elevado al que puede llegar el propio ego. Y lo es porque, aunque de manera tenue, reconoce que él no es el Ser. El ego no es más que un intento erróneo de la mente de percibirse a sí misma tal como desea ser, en lugar de aceptarse tal como realmente es.

Cuando el conocimiento de lo que somos se hace evidente, comprendemos que el ego no tiene existencia real. Y entonces surge una pregunta inevitable: si el ego no existe, ¿cómo es posible que su voz sea tan persistente, tan insistente?

El Curso responde con claridad a esta cuestión al señalar el enorme poder distorsionador del deseo. Aquello que deseamos, aun cuando no sea real, tiene la capacidad de alterar profundamente nuestra percepción. El deseo no crea la verdad, pero sí puede oscurecerla.

La capacidad de percibir hizo posible la experiencia del cuerpo, pues percibir implica tanto un objeto percibido como un medio para percibirlo. La función interpretativa de la percepción —una forma de creación distorsionada— llevó a la mente a concluir que era un cuerpo. Sin embargo, el espíritu, que posee conocimiento absoluto, no pudo aceptar esa aparente pérdida de poder, ya que es incapaz de albergar oscuridad. Por esta razón, el espíritu quedó casi inaccesible a la mente confundida y completamente inaccesible al cuerpo.

La mente se divide cuando decide inventar niveles de realidad. Como consecuencia de esta división, el ego adopta el cuerpo como su hogar y trata de satisfacerse a través de él. Pero la creencia de que eso es posible es, en sí misma, una decisión equivocada de la mente, que ha perdido de vista lo que verdaderamente es posible y real.

Esta lección nos invita, por tanto, a ir más allá de la creencia y a acercarnos al conocimiento; a dejar de identificarnos con una percepción fragmentada y a recordar que no somos un cuerpo que percibe, sino una mente que ha olvidado su verdadera naturaleza espiritual. Cuando ese recuerdo se restablece, la voz del ego pierde su aparente poder y la luz de la verdad vuelve a ocupar su lugar natural en nuestra conciencia.

Propósito y sentido de la lección:

La lección 93 tiene un propósito directo y profundamente identitario: corregir la falsa imagen
de ti mismo y sustituirla por la verdad que Dios estableció en tu mente.

El Curso afirma que tu verdadera identidad está compuesta por:

  • luz → claridad, inocencia, visión
  • dicha → alegría incondicionada
  • paz → quietud permanente

El objetivo no es que “consigas” estas cualidades, sino que recuerdes que ya moran en ti.

El ego construye identidad a partir de:

  • errores
  • fallos
  • condición corporal
  • memoria emocional
  • opiniones externas
  • comparaciones

La lección responde: Nada de eso eres tú.

La práctica no busca “mejorarte”, sino revelarte.

Instrucciones prácticas:

Períodos largos

  • Cerrar los ojos.
  • Repetir suavemente la idea.
  • Permitir que surjan pensamientos sin analizarlos.
  • No intentar detenerlos ni corregirlos.
  • Dejar que pasen “por encima”, como nubes.
  • Reconocer que más allá está tu verdadera identidad.
  • No buscar sensaciones especiales.
  • Descansar en la idea de que la luz, la dicha y la paz ya están en ti.

Durante el día

Usar la idea especialmente cuando surja:

  • juicio propio
  • sensación de indignidad
  • irritación
  • ansiedad
  • duda
  • culpa
  • autoimagen negativa

La frase actúa como correctivo inmediato: “Mi identidad no es esta emoción ni este pensamiento. La luz, la dicha y la paz moran en mí.”

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicos

La lección corrige la raíz de la autoestima falsa, la culpa y la vergüenza.

Psicológicamente produce:

  • alivio interno ante la autocrítica,
  • reducción del diálogo mental negativo,
  • disminución de la carga afectiva del “yo defectuoso”,
  • apertura emocional,
  • mayor estabilidad ante errores,
  • una identidad menos dependiente del juicio ajeno.

La afirmación “la luz, la dicha y la paz moran en mí” actúa como reprogramación identitaria profunda.

Espirituales:

Espiritualmente, esta lección recuerda que:

  • lo que Dios puso en ti no puede desaparecer,
  • tu identidad no se contamina por pensamientos o actos,
  • la inocencia es tu estado natural,
  • el ego no puede alterar la creación,
  • tu ser es inmutable luz, dicha y paz.

La lección 93 es una declaración metafísica clave: Tu identidad real no es algo que desarrollas; es algo de lo que despiertas.

Relación con la progresión del Curso:

La lógica interna es impecable:

  • 91 → Los milagros se ven en la luz
  • 92 → La luz y la fortaleza son lo que eres
  • 93 → Esa luz incluye dicha y paz: tu identidad completa
  • 94 → Tu fortaleza procede de tu inocencia
  • 95 → Identidad fijada en la verdad

En la lección 93 culmina un bloque donde el Curso redefine:

  • qué eres,
  • de dónde viene tu fortaleza,
  • dónde reside tu paz,
  • cómo ves milagros.

La lección es un punto de estabilización: Ya no solo “ves” luz: ahora te reconoces como esa luz.

Consejos para la práctica:

• No intentes sentir dicha o paz: permítelas.
• No fuerces silencio mental: observa sin conflicto.
• No te culpes si aparecen pensamientos oscuros.
• No uses la idea para negar emociones reales.
• No esperes claridad inmediata: la práctica es acumulativa.

✔ Reconoce cuando te identificas con un yo falso.
✔ Repite la idea para recordar la verdad, no para alcanzar un estado emocional.
✔ Permite que la luz se revele suavemente.
✔ Acepta que la dicha y la paz no dependen del día que estés teniendo.

Conclusión final:

La lección 93 enseña que:

Tu identidad no está dañada, ni disminuida, ni condicionada.
Lo que eres permanece intacto: luz, dicha y paz.

La idea corrige el error fundamental del ego:

  • Creer que eres lo que tus pensamientos dicen.
  • Creer que eres lo que sientes en un momento dado.
  • Creer que tus fallos definen tu identidad.

No. El Curso es rotundo: Lo que Dios puso en ti es lo que eres. Y Dios puso luz, dicha y paz.

Frase inspiradora: “Cuando dejo de creer en el yo que fabriqué, descubro la luz, la dicha y la paz que siempre han morado en mí.”

Ejemplo-Guía: ¿Tiene algún significado la enfermedad?

La enfermedad carece de significado para la mente sana, pues una mente que mora en la verdad no puede concebir el ataque, ni hacia sí misma ni hacia los demás. Tal como nos recuerda el Curso, una mente recta no puede imaginar la enfermedad, ya que ésta es incompatible con el amor. Sin embargo, para el ego, la enfermedad adquiere un valor especial, pues forma parte de su sistema de pensamiento basado en la culpa y el castigo.

Desde la lógica del ego, enfermar es una forma de expiación. El ego cree que castigándose a sí mismo puede mitigar un supuesto castigo divino. De este modo, la enfermedad se convierte en un falso testigo que parece confirmar su creencia central: que somos vulnerables, limitados y separados de Dios. Mientras el cuerpo enferma, el ego se siente reforzado en su argumento de que no somos invulnerables y, por tanto, no procedemos de Dios.

El cuerpo se convierte así en el hogar elegido por el ego. Su vulnerabilidad es utilizada como prueba de que no somos espíritu. No obstante, esta identificación es profundamente contradictoria. El ego, que se refugia en el cuerpo para sentirse seguro, lo desprecia al mismo tiempo, pues lo considera insuficiente como defensa real. De este modo, la mente queda atrapada en una paradoja: se le dice que es cuerpo y que el cuerpo la protege, pero simultáneamente se le demuestra que el cuerpo es frágil y no puede protegerla. Ante esta confusión, la mente se pregunta dónde encontrar seguridad, y el ego responde: en mí.

Esta es la cuestión esencial que plantea la lección: ¿dónde buscamos protección?

El ego utiliza el cuerpo como instrumento para atacar a la mente. Sabe que su desaparición sería inevitable si la mente reconociera que ni el ego ni el cuerpo forman parte de su verdadera identidad. Por ello, intenta convencer a la mente —que sí es real— de que ella depende del ego para aprender y de que el cuerpo es más real que la mente misma. Esta inversión de valores solo puede sostenerse mientras la mente esté confundida, pues una mente recta jamás aceptaría semejante planteamiento.

La respuesta a la búsqueda de protección no se encuentra en el ego, sino en la verdad que nos ofrece el Espíritu Santo: somos una creación de Dios, una parte inestimable de Su Reino, creada como parte de Él mismo. Eso es lo único que existe y lo único que es real.

Cuando el cuerpo, el ego y los sueños de separación desaparecen de nuestra conciencia, no a través de la muerte sino mediante el despertar, reconocemos nuestra eternidad. La muerte no resuelve nada, porque no es nada. Todo se logra a través de la vida, y la vida pertenece exclusivamente al ámbito de la mente. El cuerpo no vive ni muere, porque no puede contener al Ser que es vida.

Dios no creó el cuerpo, ya que lo destructible no puede formar parte del Reino. El cuerpo es tan solo el símbolo de lo que creemos ser, un mecanismo de separación que no tiene existencia real. No obstante, el Espíritu Santo, fiel a Su función, utiliza aquello que hemos fabricado como recurso de aprendizaje. Reinterpreta lo que el ego emplea para reforzar la separación y lo transforma en una demostración de unidad.

Si la mente puede sanar al cuerpo, pero el cuerpo no puede sanar a la mente, entonces queda demostrado que la mente es más poderosa que el cuerpo. Todo milagro es una prueba viva de esta verdad. La enfermedad, por tanto, no tiene significado en sí misma; solo refleja una percepción errónea que pide ser corregida. Y esa corrección no se realiza atacando al cuerpo, sino recordando lo que realmente somos.


Reflexión: ¿Qué parte oscura de ti mismo ocultas a los demás?

9 comentarios:

  1. Buen día la parte oscura que oculto es la molestia de sentirme desamparada,y desolada en un Mundo que e sentido cruel..fribolo y despiadado y muy inconsciente..y muy materialista y egohista..donde el único Dios y el único pasaporte es el dinero..perdón pero es lo que me a tocado enfrentar...gracias...

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  2. Todos ocultamos lo que creemos que hemos hecho mal en la vida, lo que nos hace sentir culpables, lo que nos atemoriza. Bella lección para empezar a trabajarla y convencernos de que no hay nada malo en nosotros y debemos dejar de sentir culpabilidad y sentirnos dignos del Reino de Dios. Gracias por la enseñanza

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  3. Soy un Ser Puro,Inocente y Ilimitado,tal como Dios me creò🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️

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  4. Gracias por sus explicaciones. Oculto mis culpas.
    Hermosa lección, Gracias Jesús, Gracias Padre. 🤍🙏 Milagros para todos 🥰

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  5. Muchas gracias x tus aportes ,me llevan a comprender más el curso q para mi es muy importante gracias

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  6. Wuao que maravillosa lección ❤️‍🩹🙏

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