viernes, 4 de abril de 2025

Capítulo 19. B. El segundo obstáculo: La creencia de que el cuerpo es valioso por razón de lo que ofrece (3ª parte).

B. El segundo obstáculo: La creencia de que el cuerpo es valioso por razón de lo que ofrece (3ª parte).


6. Deja que yo sea para ti el símbolo del fin de la culpabilidad, y contempla a tu hermano como me contemplarías a mí. 2Perdó­name por todos los pecados que crees que el Hijo de Dios come­tió. 3Y a la luz de tu perdón él recordará quién es y se olvidará de lo que nunca fue. 4Te pido perdón, pues si tú eres culpable, tam­bién lo tengo que ser yo. 5Mas si yo superé la culpabilidad y vencí al mundo, tú estabas conmigo. 6¿Qué quieres ver en mí, el sím­bolo de la culpabilidad o el del fin de ésta? 7Pues recuerda que lo que yo signifique para ti es lo que verás dentro de ti mismo.

Una vez más, las enseñanzas que nos comparte Jesús me contagian de su luz y elevan mi consciencia a un nivel en el que me fundo con la paz y con el amor. El mensaje que nos regala en este punto es sumamente profundo. Nos resultaría difícil utilizar menos palabras para definir el camino que debemos recorrer y la única función que nos encomienda nuestro Padre. Esta función no es otra que la de amar por encima de todas las cosas. Ese amor nos inspirará en el mundo de la percepción a perdonarnos aquellas falsas creencias por las que nos hemos regido, para poder perdonar a los demás, a los cuales hemos juzgado y condenado como a nosotros mismos.

7. Desde tu relación santa la verdad proclama la verdad y el amor se contempla a sí mismo. 2La salvación fluye desde lo más pro­fundo del hogar que nos ofrecisteis a mi Padre y a mí. 3Y allí estamos juntos, en la serena comunión en la que el Padre y el Hijo están unidos. 4¡Venid, oh fieles, a la santa unión del Padre y del Hijo en vosotros! 5Y no os mantengáis aparte de lo que se os ofrece como muestra de agradecimiento por haberle dado a la paz su hogar en el Cielo. 6Llevad a todo el mundo el jubiloso mensaje del fin de la culpabilidad, y todo el mundo contestará. 7Piensa en lo feliz que te sentirás cuando todos den testimonio del fin del pecado y te muestren que el poder de éste ha desapa­recido para siempre. 8¿Dónde puede seguir habiendo culpabili­dad una vez que la creencia en el pecado ha desaparecido? 9¿Y dónde está la muerte, una vez que se ha dejado de oír para siem­pre a su gran defensor?

Tan solo el autoperdón nos permite percibir un mundo perdonado, donde los seres humanos se sienten liberados de los grilletes del miedo, del pecado y de la culpa.

La salvación nos viene dada por el tipo de relación que establezcamos con nosotros mismos, pues si nos juzgamos y nos condenamos, daremos al mundo esa visión, lo que nos llevará a juzgar y condenar a los demás. El otro será percibido como nuestro enemigo, al que hay que derrotar y vencer, cuando en realidad ese enemigo es nuestro mejor maestro, pues actúa como el espejo donde proyectamos nuestro mundo interior, nuestras creencias, nuestros miedos y nuestras culpas.

La salvación no es posible venciendo al que juzgamos como el enemigo, sino amándolo e integrándolo en respuesta a la visión de que nuestras mentes forman parte una con la de nuestro Creador.

8. Perdóname por tus ilusiones, y libérame del castigo que me quieres imponer por lo que no hice. 2Y al enseñarle a tu hermano a ser libre, aprenderás lo que es la libertad que yo enseñé, y, por lo tanto, me liberarás a mí. 3Formo parte de tu relación santa, sin embargo, preferirías aprisionarme tras los obstáculos que inter­pones a la libertad e impedirme llegar hasta ti. 4Mas no es posible mantener alejado a Uno que ya está ahí. 5Y en Él se hace posible que nuestra comunión, en la que ya estamos unidos, sea el foco de la nueva percepción que derramará la luz que reside en ti por todo el mundo.

Como decía en el punto anterior, la salvación nos viene dada por el tipo de relación que nos apliquemos a nosotros mismos. Si en nuestro interior hay culpa, el tipo de relación será especial y el otro se convierte en el sparring con el que proyectamos nuestros miedos y nuestros odios.

En cambio, cuando en nuestro interior prevalecen los pensamientos amorosos, nuestra relación será santa y se caracterizará por compartir nuestra bendición con todos y cada uno de los Hijos de Dios.

1 comentario:

  1. Hola! 👋 Juan José! Gracias por compartir, otra joya más para mi mente. Gratitud eterna.🙏

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