sábado, 3 de junio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 154


LECCIÓN 154

Me cuento entre los ministros de Dios.

1. No seamos hoy ni arrogantes ni falsamente humildes. 2Ya hemos superado tales necedades. 3No podemos juzgarnos a no­sotros mismos, ni hace falta que lo hagamos. 4Eso no es sino apla­zar la decisión y posponer entregarnos de lleno al ejercicio de nuestra función. 5Nuestro papel no es juzgar nuestra valía, ni tampoco podríamos saber cuál es el mejor papel para nosotros o qué es lo que podemos hacer dentro de un plan más amplio que no podemos captar en su totalidad. 6Nuestro papel se nos asigna en el Cielo, no en el infierno. 7Y lo que pensamos que es debili­dad puede ser fortaleza, y lo que creemos que es nuestra forta­leza a menudo es arrogancia.

2. Sea cual sea el papel que se te haya asignado, fue seleccionado por la Voz que habla por Dios, Cuya función es asimismo hablar por ti. 2El Espíritu Santo escoge y acepta tu papel por ti, toda vez que ve tus puntos fuertes exactamente como son, y es igualmente consciente de dónde se puede hacer mejor uso de ellos, con qué propósito, a quién pueden ayudar y cuándo. 3Él no actúa sin tu consentimiento. 4Pero no se deja engañar con respecto a lo que eres, y escucha solamente Su Voz en ti.

3. Mediante esta capacidad Suya de oír una sola Voz, la Cual es la Suya Propia, es como tú por fin cobras conciencia de que en ti solo hay una Voz. 2Y esa sola Voz te asigna tu función, te la comu­nica, y te proporciona las fuerzas necesarias para poder entender lo que es, para poder llevar a cabo lo que requiere, así como para poder triunfar en todo lo que hagas que tenga que ver con ella. 3Dios se une a Su Hijo en esto, y Su Hijo se convierte de este modo en el mensajero de la unidad junto con Él.

4. Esta unión de Padre e Hijo, a través de la Voz que habla por Dios, es lo que hace que la salvación sea algo aparte del mundo. 2Ésta es la Voz que habla de leyes que el mundo no obedece, y la que promete salvarnos de todo pecado y abolir la culpabilidad de la mente que Dios creó libre de pecado. 3Ahora esta mente vuelve a cobrar conciencia de Aquel que la creó y de su eterna unión consigo misma. 4Y así, su Ser es la única realidad en la que su voluntad y la de Dios están unidas.

5. El mensajero no escribe el mensaje que transmite. 2Tampoco cuestiona el derecho del que lo escribe, ni pregunta por qué razón ha escogido aquellos que han de recibir el mensaje del que él es portador. 3Sólo necesita aceptarlo, llevárselo a quienes va destinado y cumplir con su cometido de entregarlo. 4Si trata de determinar cuáles deben ser los mensajes, cuál es su propósito o adónde se deben llevar, no estará desempeñando debidamente su papel de portador de la Palabra.

6. Hay una diferencia fundamental en el papel que desempeñan los mensajeros del Cielo que los distingue de los mensajeros del mundo. 2Los mensajes que transmiten van dirigidos en primer lugar a ellos mismos. 3Y es únicamente en la medida en que los pueden aceptar para sí que se vuelven capaces de llevarlos aún más lejos, y de transmitirlos allí donde se dispuso que fueran recibidos. 4Al igual que los mensajeros del mundo, ellos no escri­bieron los mensajes de los que son portadores, pero se convier­ten, en rigor, en los primeros que los reciben, a fin de prepararse para dar.

7. Un mensajero terrenal cumple su misión transmitiendo todos los mensajes de que es portador. 2Los mensajeros de Dios desem­peñan su papel aceptando Sus mensajes como si fuesen para ellos mismos, y demuestran que han entendido los mensajes al trans­mitírselos a otros. 3No eligen ningún papel que no les haya sido asignado por Su autoridad. 4Y de esta forma, se benefician con cada mensaje que transmiten.

8. ¿Queréis recibir los mensajes de Dios? 2Pues así es como os convertís en Sus mensajeros. 3Sois nombrados ahora. 4Sin embargo, os demoráis en transmitir los mensajes que habéis reci­bido. 5Y de esta forma, no os dais cuenta de que son para vosotros, y así, no los reconocéis. 6Nadie puede recibir, y comprender qué ha recibido, hasta que no dé. 7Pues sólo al dar puede aceptar que ha recibido.

9. Vosotros que sois ahora los mensajeros de Dios, recibid Sus mensajes. 2Pues eso es parte de la función que se os asignó. 3Dios no ha dejado de ofreceros lo que necesitáis, ni ello ha dejado de aceptarse. 4No obstante, hay otra parte de la tarea que se os ha señalado que todavía tiene que llevarse a cabo. 5Aquel que reci­bió los mensajes de Dios por vosotros quisiera que vosotros tam­bién los recibierais. 6Pues de esta manera os identificáis con Él y reivindicáis lo que es vuestro.

10.   Esta unión es lo que nos proponemos reconocer hoy. 2No trata­remos de mantener nuestras mentes separadas de Aquel que habla por nosotros, pues es nuestra propia voz la que oímos cuando le prestamos atención a Él. 3Únicamente Él puede hablar­nos a nosotros y hablar por nosotros, uniendo en una sola Voz el recibir y el dar de la Palabra de Dios; el dar y el recibir de Su Voluntad.

11. Nuestra práctica de hoy consiste en darle a Él lo que es Su Voluntad tener, de manera que podamos reconocer los dones que nos hace. 2Él necesita nuestra voz para poder hablar a través de nosotros. 3Necesita nuestras manos para que acepten Sus mensa­jes y se los lleven a quienes Él nos indique. 4Necesita nuestros pies para que éstos nos conduzcan allí donde Su Voluntad dis­pone que vayamos, de forma que aquellos que esperan acongoja­dos puedan por fin liberarse. 5Y necesita que nuestra voluntad se una a la Suya, para que podamos ser los verdaderos receptores de los dones que Él otorga.

12. Aprendamos sólo esta lección el día de hoy: que no reconoce­remos lo que hemos recibido hasta que no lo demos. 2Has oído esto cientos de veces y de cien maneras diferentes, y, sin embargo, todavía no lo crees. 3Mas ten por seguro esto: hasta que no lo creas, recibirás miles y miles de milagros, pero no sabrás que Dios Mismo no se ha quedado con ningún regalo que tú ya no poseas, ni le ha negado a Su Hijo la más mínima bendición. 4¿Qué significado puede tener esto para ti a no ser que te hayas identificado con el Hijo y con lo que es suyo?

13. Nuestra lección de hoy reza así:

2Me cuento entre los ministros de Dios, y me siento agradecido de disponer de los medios a través de los cua­les puedo llegar a reconocer que soy libre.

14. El mundo retrocederá a medida que iluminemos nuestras men­tes y reconozcamos la veracidad de estas santas palabras. 2Pues constituyen el mensaje que hoy nos envía nuestro Creador. 3Ahora demostraremos cómo han cambiado lo que pensábamos de noso­tros mismos y de lo que nuestra función era. 4Pues al demostrar que no aceptamos ninguna voluntad que no sea la que comparti­mos, los numerosos dones que nuestro Creador nos otorga apare­cerán de inmediato ante nuestra vista y llegarán a nuestras manos, y así reconoceremos lo que hemos recibido.


¿Qué me enseña esta lección?


Ser ministro de Dios, nos convierte en mensajero de su Palabra y nos asigna la misión de extenderla y compartirla con el resto de criaturas de la Tierra.

Adquirir esa condición, precisa tomar consciencia de lo que realmente  Somos. Desde el momento en que nos ponemos al servicio de nuestro Yo Espiritual, nuestra voluntad no es otra que ser útiles a la Voluntad de Dios. Ya no encontramos satisfacción en los logros procedentes de la personalidad egoica, ahora, nuestro mayor placer radica en actuar como servidores de la Luz, del Amor, de la Gracia y de la Abundancia Divina.

Nos convertimos en los representantes en la Tierra de nuestro Hacedor. Le ofrecemos nuestros vehículos inferiores para que los utilice en el Propósito de propagar su Plan de Salvación. Nuestras palabras, nuestras acciones, serán portadoras de paz, de unidad, de armonía y despertarán las consciencias de nuestros hermanos aún sumidos en el sueño del ego.

En la medida en que compartimos el mensaje de Dios con los demás, estamos recibiéndolo, pues no existe separación entre las mentes de los hombres.

Debemos ser receptivos, en cada momento y en cada lugar, al mensaje que recibimos a través de nuestra relación con los demás, pues en sus voces, descubriremos la Voz de Dios que nos invita a descubrir su Palabra.

Nuestras voces y las voces de nuestros hermanos son mensajeras de la inspiración de Dios.


Ejemplo-Guía: ¿Cómo puedo estar seguro de que soy un ministro de Dios?

Hace unos años, coincidiendo con la etapa de inicio en mi propósito de difundir las enseñanzas de Un Curso de Milagros, me vi envuelto en un debate interno en el que me surgieron muchas dudas con respecto a cómo distinguir a los verdaderos ministros de Dios.

Recuerdo que por entonces, había contactado con muchos conferenciantes que se empleaban en compartir sus "voces" a través de distintos medios, entre los más frecuentes, la red internet. Reconozco, que al margen de su habilidades, de sus dones y talentos y de sus inclinaciones mercantilistas, todos ellos, en alguna medida, me han aportado mucha luz a la hora de encontrar respuestas. 

Sin embargo, no tardé en caer en el tentador juego de los juicios, lo que me llevó a seleccionar a los que consideraba más cercanos a mi manera de ver las cosas. Los clasifiqué en dos grupos, los que utilizaban sus habilidades para transmitir conocimiento a cambio de un precio material, y los que utilizaban sus habilidades para transmitir conocimiento desinteresadamente.

Bueno, hoy he corregido ese error típico de una visión egoica, y he comprendido, en primer lugar, que no debo juzgar condenatoriamente y en segundo lugar, que desconozco el papel asignado por el Espíritu Santo a cada uno de ellos. Tan sólo tengo claro una cosa, más allá de las acciones, lo importante es el Amor con el que compartimos lo que somos.

Me siento afortunado al poder reconocer lo que la Lección de hoy nos enseña. Todos y cada uno de nosotros, tenemos un papel asignado en el Cielo y todos y cada uno de nosotros, somos mensajeros de un mensaje que no nos pertenece, sino que procede de nuestro Ser Superior, El Espíritu Santo. Eso es lo esencial y esa es la fuerza que nos debe mover.

Por mi experiencia, tengo la certeza, de que lo que digo y comparto, no proceden de mi. Disfruto como un niño, al que embarga la sorpresa, cuando recibo las impresiones de aquellos a los que ha llegado el mensaje y comentan que le ha llegado en el momento justo, que era lo que estaba buscando. Doy fe, de que no tengo la oportunidad de conocer físicamente a estas personas, pero estoy seguro de que nuestras mentes sí se conocen y participan de la misma Fuente.

Tengo la certeza, que entre mis dones y talentos se encuentra ser un difusor de la Palabra de Dios. Cuando lo hago, como en este momento, tengo la sensación de estar fuera del tiempo. Jamás me canso y siento un placer especial que me llena de felicidad. Me satisface compartir desde la gratitud y desde la gratuidad, pero lo hago porque así me lo dicta el corazón, no porque considere que ese gesto sea, ni mejor ni peor.

Reflexión: ¿Cómo percibes la Voz del Espíritu Santo en ti?

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