lunes, 12 de junio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 163

LECCIÓN 163

La muerte no existe. El Hijo de Dios es libre.

1. La muerte es un pensamiento que adopta muchas formas, las cuales a menudo no se reconocen. 2La muerte puede manifestarse en forma de tristeza, miedo, ansiedad o duda; en forma de ira, falta de fe y desconfianza; preocupación por el cuerpo, envidia, así como en todas aquellas formas en las que el deseo de ser como no eres pueda venir a tentarte. 3Todos ésos pensamientos no son sino reflejos de la veneración que se le rinde a la muerte como salvadora y portadora de la liberación.

2. En cuanto que encarnación del miedo, anfitrión del pecado, dios de los culpables y señor de toda ilusión y engaño, el pensa­miento de la muerte parece ser muy poderoso. 2Pues parece ence­rrar a todas las cosas vivientes en sus marchitas manos y a todos los deseos y esperanzas en su puño funesto, así como percibir toda meta únicamente a través de sus ojos invidentes. 3Los débi­les, los indefensos, así como los enfermos se postran ante su ima­gen, al pensar que sólo ella es real, inescapable y digna de su confianza. 4Pues la muerte es lo único que inevitablemente lle­gará.

3. Todas las cosas excepto la muerte parecen ser inciertas y per­derse demasiado pronto independientemente de cuán difícil haya sido adquirirlas, aNinguna de ellas parece ofrecernos seguridad con respecto a lo que nos ha de brindar, y son propensas a defrau­dar las esperanzas que una vez nos hicieron abrigar y a dejar tras sí un mal sabor de boca, en lugar de aspiraciones y sueños. 2Pero con la muerte se puede contar. 3Pues vendrá con pasos firmes cuando haya llegado su hora: 4Jamás cesará de tomar todo lo que tiene vida como rehén.

4. ¿Te postrarías ante ídolos como éste? 2Aquí la fortaleza y el poderío de Dios Mismo se perciben dentro de un ídolo hecho de barro. 3Aquí se proclama que lo opuesto a Dios es señor de toda la creación, más fuerte que la Voluntad de Dios por la vida, o que la infinitud del amor y la perfecta e inmutable constancia del Cielo. 4Aquí por fin se derrota la Voluntad del Padre y del Hijo; y se entierra bajo la lápida que la muerte ha colocado sobre el cuerpo del santo Hijo de Dios.

5. Impío ahora debido a la derrota, el Hijo de Dios se ha convertido en lo que la muerte quiere hacer de él. 2En su epitafio, que la muerte ha escrito, no se menciona su nombre, pues ha pasado a ser polvo. 3En él sólo se menciona lo siguiente: “Aquí yace un testigo de que Dios ha muerto”. 4Y esto es lo que la muerte escribe una y otra vez, mientras sus veneradores asienten, y postrándose con sus frentes en el suelo, susurran llenas de miedo que así es.

6. Es imposible venerar a la muerte en cualquiera de las formas que adopta, y al mismo tiempo seleccionar unas cuantas que no favoreces y que incluso deseas evitar, mientras sigues creyendo en el resto. 2Pues la muerte es total. 3O bien, todas las cosas mueren, o bien, todas viven y no pueden morir. 4En esto no hay términos medios. 5Pues aquí nos encontramos de nuevo ante algo que es obvio y que debemos aceptar si queremos gozar de cordura: lo que contradice totalmente un pensamiento no puede ser verdad, a menos que se haya demostrado la falsedad de su opuesto.

7. La idea de que Dios ha muerto es algo tan descabellado que incluso a los dementes les resulta difícil creerlo. 2Pues implica que Dios estuvo vivo una vez y que de alguna manera murió, aparentemente asesinado por aquellos que no querían que sobreviviese. 3Al ser la voluntad de éstos más fuerte, pudo vencer a la suya y, de esta manera, la vida eterna sucumbió ante la muerte. 4Y al morir el Padre, murió también el hijo.

8. Puede que los que veneran la muerte tengan miedo. 2Sin embargo, ¿Pueden ser realmente temibles estos pensamientos?. 3Si se diesen cuenta de que eso es lo que creen, se liberarían de inmediato. 4Esto es lo que tú les vas a mostrar hoy. 5La muerte no existe, y renunciamos a ella en todas sus formas, por la salvación de ellos, así como por la nuestra. 6Dios no creó la muerte. 7Cualquier forma que adopte, por lo tanto, tiene que ser una ilusión. 8Esta es la postura que hoy adoptamos. 9Y se nos concede poder mirar allende la muerte, y ver la vida que se encuentra más allá.

9. Padre nuestro, bendice hoy nuestros ojos. 2Somos Tus Emisarios, y deseamos contemplar el glorioso reflejo de tu amor que refulge en todas las cosas. 3Vivimos y nos movemos únicamente en Ti. 4No estamos separados de tu vida eterna. 5La muerte no existe, pues la muerte no es Tu Voluntad. 6Y moramos allí donde Tú nos ubicaste, en la vida que compartimos Contigo y con toda cosa viviente, para ser como Tú y parte de Ti para siempre. 7Aceptamos Tus Pensamientos como nuestros, y nuestra voluntad es una con la Tuya eternamente. 8Amén.


¿Qué me enseña esta lección?

La muerte es un pensamiento. La muerte no es real.


En efecto, la muerte es fruto de la acción de nuestra mente sobre el nivel de percepción que le dispensa el mundo físico, y el cuerpo, a nivel particular. El ego, al identificarse plenamente con ese vehículo temporal, adquiere la creencia de que la muerte es el final de su ciclo vital. Su consciencia, adormecida en esa relación con la densidad material, confunde lo que es ilusorio, con lo que es real y verdadero.

El Espíritu es eterno e inmortal. Cuando se pasa de un Estado de Unidad a una consciencia individual –separación-, la Vida se interpreta como un camino que nos conduce, inevitablemente, hacia la muerte.

Pero la muerte, interpretado en el nivel de lo concreto como el final de la vida, también adopta otros significados. A veces, nos sorprendemos expresando frases como: “Has muerto para mí”; “Estás muerto en vida”; “Las células han muerto…” Estos ejemplos, definen estados mentales más que físicos, que se identifican con el sistema de pensamiento característico del ego: miedo, culpa, odio, castigo, dolor, sufrimiento, enfermedad, etc…

8  Había  plantado el Señor  Dios  desde  el principio un jardín delicioso, en que colocó al hombre que había formado 9 y en donde  el Señor  Dios  había hecho nacer  de  la  tierra   misma   toda   suerte   de árboles  hermosos a la vista,  y de frutos  suaves  al paladar:  y también  el árbol de la vida en medio del paraíso, y el árbol de la ciencia del bien y del mal...

15   Tomó, pues,  el Señor Dios  al hombre,   y púsole en el paraíso de delicias, para que la cultivase y guardase. 16 Diole también este  precepto diciendo: Come si  quieres del fruto de  todos los  árboles  del paraíso:  17 Más del fruto del árbol de la ciencia  del bien  y del  mal  no  comas, porque  en  cualquier día que comieres de  él,  infaliblemente morirás..." (Génesis 2, 8-17).

Ya lo hemos comentado al estudiar la Lección 160, la muerte a la que alude este pasaje no es la muerte que interpreta el ego, como la pérdida de la vida. De este pasaje se deduce, que morir, es la consecuencia de orientar nuestra mente al plano material e identificarse con él. Lo que no ha nacido de lo material no puede morir en lo material. Esto sería real, si nuestra identidad fuese el cuerpo. Afirmar esto, conllevaría a creer que nuestro Padre tiene cuerpo y está sujeto a la muerte.

Nuestro origen, nuestra procedencia, define lo que Somos. Somos Hijos de Dios, y creados de la acción expansiva de Su Mente.


Ejemplo-Guía: "Crees que eres un cuerpo, porque le otorgas, como real, la ilusión de la muerte"

¿Creerías que eres un cuerpo, si tuvieses la certeza de que eres eterno?

Niegas tu eternidad, porque has olvidado tu verdadero origen. Si no percibo al ser espiritual no creo en él. ¿Pero, cómo percibirás con los ojos del cuerpo lo que tan solo puedes ver con los ojos del alma?

Cuando desarrolles la visión que acompaña el despertar de la verdadera consciencia, podrás tener la certeza de que eres Espíritu y ello será posible porque verás con los ojos del Espíritu, con la Mente.

Tus argumentos, los del ego, se fundamentan en el sistema de pensamiento de que eres el cuerpo con el que percibes, y no permitirás que nada, ni nadie, te pueda hacer pensar que lo que llamas vida, es el tránsito que va desde el nacimiento y te lleva hasta la muerte, donde termina. Cualquier otra verdad que ponga en entredicho dicho argumento, priva al ego de lo más esencia, de su existencia.

El ego piensa en términos de temporalidad y esa percepción le somete a la ilusión permanente de que la muerte es una constante real en su vida. A cada segundo, su sistema celular se regenera, lo que significa, que unas células mueren y otras nacen.

En el terreno emocional, ese proceso de renovación vida-muerte nos lleva al nacimiento de deseos, que tras ser satisfechos, mueren, para en su lugar surgir otro nuevo deseo.

Aunque es en el mundo de los efectos donde mejor se aprecia el fruto de nuestra cosecha, no podemos olvidar, que no dejan de ser la manifestación de la verdadera causa, la cual se encuentra en nuestra mente. Si creemos en la muerte, fabricaremos todo nuestro mundo bajo las leyes de la muerte. Nadie tendrá dificultad en comprender que tales argumentos no pueden conducirnos a otro destino que al sufrimiento.

Pero, en todos nosotros se encuentra el deseo de la verdadera Vida. Todo pensamiento sigue a su Fuente. Si hemos sido emanados de la Mente de Dios, aunque hayamos creado una imagen de nosotros diferente, jamás podremos dar muerte a la verdadera Vida y esa vida, emerge desde nuestro interior invitándonos a recordar nuestro Origen.

Si desde que amanece cada día, en el fraguar ilusorio del tiempo que nos acompaña en nuestro sueño, decidimos, elegimos no identificarnos con el cuerpo, estaremos apostando por la Vida, pues es el cuerpo el único que se aferra a la muerte.

Cuando participo en el juego de la muerte, en el que la sociedad en la que vivimos nos tiene acostumbrado, mi mente trasciende lo que mis ojos físicos me muestran, una ataúd donde yace sin vida un envoltorio corporal que dio cobijo a un Ser Espiritual. Procuro conectar mi Espíritu, al Espíritu de aquel cuerpo desechado, y le hablo, le susurro que acaba de cambiar de conciencia y le invito a abrir sus ojos a la nueva consciencia que le invita a participar de una Verdad que le estaba aguardando. Ahora, se encuentra en las puertas del Cielo y debe tener la certeza de que es un ciudadano con todos los derechos de ese nuevo Hogar. Le digo que es Luz y que siga la estela de la Luz. En esa conversación, suele estar acompañada de una agradable sensación de paz.

Reflexión: "La muerte es un pensamiento"

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