domingo, 18 de junio de 2017

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 169

LECCIÓN 169

Por la gracia vivo. Por la gracia soy liberado.

1. La gracia es el atributo del Amor de Dios que más se asemeja al estado que prevalece en la unidad de la verdad. 2Es la aspiración más elevada que se puede tener en el mundo, pues conduce más allá de él. 3Se encuentra más allá del aprendizaje, aunque es su objetivo, pues la gracia no puede arribar hasta que la mente no se haya preparado a sí misma para aceptarla de verdad. 4La gracia se vuelve inevitable para aquellos que han preparado un altar donde ésta pueda ser dulcemente depositada y gustosamente recibida: un altar inmaculado y santo para este don.

2. La gracia es la aceptación del amor de Dios en un mundo de aparente odio y miedo. 2Sólo mediante la gracia pueden desapa­recer el odio y el miedo, pues la gracia da lugar a un estado tan opuesto a todo lo que el mundo ofrece, que aquellos cuyas men­tes están iluminadas por el don de la gracia no pueden creer que el mundo del miedo sea real.

3. La gracia no es algo que se aprende. 2EI último paso tiene que ir más allá de todo aprendizaje. 3La gracia no es la meta que este curso aspira a alcanzar. 4No obstante, nos preparamos para ella en el sentido de que una mente receptiva puede oír la Llamada a despertar. 5Dicha mente no se ha cerrado completamente a la Voz de Dios. 6Se ha dado cuenta de que hay cosas que no sabe, y, por lo tanto, está lista para aceptar un estado completamente dife­rente de la experiencia con la que se siente a gusto por resultarle familiar.

4. Tal vez parezca que estamos contradiciendo nuestra afirma­ción de que el momento en que la revelación de que el Padre y el Hijo son uno ya se ha fijado. 2Pero hemos dicho también que la mente es la que determina cuándo ha de ocurrir ese momento, y que ya lo ha hecho. 3Te exhortamos, no obstante, a que des testi­monio de la Palabra de Dios para hacer que la experiencia de la verdad llegue más pronto y para acelerar su advenimiento a toda mente que reconozca los efectos de la verdad en ti.

5. La unidad es simplemente la idea de que Dios es. 2en Su Ser, Él abarca todas las cosas. 3Ninguna mente contiene nada que no sea Él. 4Decimos "Dios es"; y luego guardamos silencio, pues en ese conocimiento las palabras carecen de sentido. 5No hay labios que las puedan pronunciar, ni ninguna parte de la mente es lo suficientemente diferente del resto como para poder sentir que ahora es consciente de algo que no sea ella misma. 6Se ha unido a su Fuente, 7al igual que ella, simplemente es.

6. No podemos hablar, escribir, ni pensar en esto en absoluto. 2Pues aflorará en toda mente cuando el reconocimiento de que su voluntad es la de Dios se haya dado y recibido por completo. 3Ello hace que la mente retorne al eterno presente, donde el pasado y el futuro son inconcebibles. 4El eterno presente yace más allá de la salvación; más allá de todo pensamiento de tiempo, de perdón y de la santa faz de Cristo. 5El Hijo de Dios simplemente ha desapa­recido en su Padre, tal como su Padre ha desaparecido en él. 6El mundo jamás ha tenido lugar. 7La eternidad permanece como un estado constante.

7. Esto está más allá de la experiencia que estamos tratando de acelerar. 2No obstante, cuando se enseña y se aprende lo que es el perdón, ello trae consigo experiencias que dan testimonio de que el momento en que la mente misma decidió abandonarlo todo excepto esto, está por llegar. 3No es que realmente lo podamos acelerar, toda vez que lo que vas a ofrecer es algo que simple­mente se había ocultado de Aquel que enseña el significado del perdón.

8. Todo aprendizaje ya se encontraba en Su Mente, consumado y completo. 2Él reconoció todo lo que el tiempo encierra, y se lo dio a todas las mentes para que cada una de ellas pudiera determinar, desde una perspectiva en la que el tiempo ha terminado, cuándo ha de ser liberada para la revelación y la eternidad. 3Hemos repe­tido en varias ocasiones que no haces sino emprender una jornada que ya concluyó.

9. Pues la unidad no puede sino encontrarse aquí. 2Sea cual sea el momento que la mente haya fijado para la revelación ello es com­pletamente irrelevante para lo que no puede sino ser un estado constante, eternamente como siempre ha sido, y como ha de seguir siendo eternamente. 3Nosotros simplemente asumimos el papel que se nos asignó hace mucho, y que Aquel que escribió el guión de la salvación en el Nombre de Su Creador y en el Nombre del Hijo de Su Creador, reconoció como perfectamente realizado.

10. No hay necesidad de clarificar más lo que nadie en el mundo puede entender. 2Cuando la revelación de tu unidad tenga lugar, lo sabrás y lo comprenderás plenamente. 3Pero por ahora es mucho lo que aún nos queda por hacer, pues aquellos que se encuentran en el tiempo pueden hablar de cosas que están más allá de él, y escuchar palabras que explican que lo que ha de venir ha pasado ya. 4Mas ¿qué significado pueden tener dichas palabras para los que todavía se rigen por el reloj, y se levantan, trabajan y se van a dormir de acuerdo con él?

11.  Baste, pues, con decir que para desempeñar tu papel es mucho lo que aún te queda por hacer. 2El final seguirá siendo nebuloso hasta que hayas desempeñado por completo tu papel. 3Pero eso no importa, 4pues tu papel sigue siendo el pilar sobre lo que todo lo demás descansa. 5Conforme asumas el papel que se te enco­mendó, la salvación se acercará un poco más a cada corazón incierto cuyo latir no esté aún en sintonía con Dios.

12. El perdón es el eje central de la salvación, pues hace que todos sus aspectos tengan una relación significativa entre sí, dirige su trayectoria y asegura su resultado. 2ahora pedimos que se nos conceda la gracia, el último regalo que la salvación puede otor­gar. 3La experiencia que la gracia proporciona es temporal, pues la gracia es un preludio del Cielo, pero sólo reemplaza a la idea de tiempo por un breve lapso.

13. Mas ese lapso es suficiente. 2Pues ahí es donde se depositan los milagros, que tú has de devolver de los instantes santos que reci­bes a través de la gracia que experimentas, a todos los que ven la luz que aún refulge en tu faz. 3¿Qué es la faz de Cristo sino la de aquel que se adentró por un momento en la intemporalidad y al volver trajo consigo -para bendecir al mundo- un claro reflejo de la unidad que experimentó allí? 4¿Cómo podrías llegar a alcan­zarla para siempre, mientras una parte de ti se encuentre afuera, ignorante y dormida, necesitada de que tú des testimonio de la verdad?

14. Siéntete agradecido de poder regresar, de la misma manera en que te alegró ir por un instante, y acepta los dones que la gracia te otorgó. 2Es a ti mismo a quien se los traes. 3Y la revelación no está muy lejos. 4Su llegada es indudable. 5Pedimos que se nos conceda la gracia y la experiencia que procede de ella. 6Damos la bienvenida a la liberación que les ofrece a todos. 7No estamos pidiendo lo que no se puede pedir. 8No tenemos nuestras miras puestas en aquello que está más allá de lo que la gracia puede conceder. 9Pues eso lo podemos dar con la gracia que se nos ha concedido.

15. Nuestro objetivo de aprendizaje de hoy no excede lo que expresa esta plegaria. 2Mas ¿qué puede haber en el mundo que sobrepase lo que en este día le pedimos a Aquel que nos concede la gracia que pedimos, tal como se le concedió a Él?

3Por la gracia vivo. 4Por la gracia soy liberado. 5Por la gracia doy. 6Por la gracia he de liberar.


¿Qué me enseña esta lección?


Si sembramos la semilla del Amor, el fruto que obtendremos, será el don de la Gracia.

La Gracia de Dios es una cualidad que incluso transciende la virtud del Perdón. Mientras que el Perdón nos libera del error, la Gracia ni tan siquiera ve el error.

La visión de la Unidad, es la puerta de entrada que nos conduce a la expresión de la Gracia. Al participar de la visión de la Filiación, veremos en nuestro Hermano la impecabilidad y la inocencia propia de nuestra condición divina. Dejamos de juzgar como pecado las acciones que nos mantienen prisionero del apego al mundo y nos liberamos de la culpa, del castigo, del dolor, de la enfermedad, en la medida en que no vemos al cuerpo como una fuente de pecado.

La gratitud es una condición natural, innata de nuestro Verdadero Ser. Cuando la ponemos de manifiesto, estamos reconociendo nuestra Comunión con Dios; reconocemos que Somos sus Plenipotenciarios, sus Mensajeros, sus Embajadores, con el único propósito de impregnar el mundo con la Fuerza de la Luz.


Ejemplo-Guía: ¿Qué efectos tiene la Gracia en tu mundo?

¿Has probado observar cómo reaccionan los demás, cuando le damos las gracias?

Me gusta realizar de una manera consciente este acto, pues percibo que al igual como yo siento la fuerza del amor en las palabras que pronuncio desde el corazón, el otro, el que lo recibe, da muestras, al mismo tiempo, de gratitud por dichas palabras.

Esta circunstancia, me permite experimentar que la gracia es portadora de una magia especial. Se trata de la magia del Amor, la puerta que nos conduce a la visión de la Unidad. Esa es la gran aportación, el regalo que ofrecemos al mundo cuando, desde el corazón, nos expresamos dando gracias.

Ya sabemos que no podemos dar lo que no tenemos, y esta evidencia que puede ser experimentada en todo momento, me permite comprender, que cuando damos las gracias y somos capaces de despertar en el otro una reacción de gratitud, lo que realmente estamos haciendo es un milagro, pues estamos "contagiándonos" mutuamente con el atributo del Amor Divino.

Si no vemos la unidad que nos une a nuestros hermanos de filiación, nuestros gestos de gratitud no serán verdaderos. Es difícil engañar al otro cuando nos expresamos desde el corazón. Es fácil, cuando utilizamos nuestra mente, pero el corazón tiene serias dificultades para engañar. Si nuestra gratitud no emana del corazón, donde se da cita la visión de la unidad, la gratitud que expresemos no tendrá ese efecto milagroso, pues en verdad estamos intentando dar algo que no tenemos. Es como dar un regalo en una caja que está vacía.

La gratitud no depende de la forma sino del fondo. Es una cuestión de Ser.

En verdad, el mundo siente la carencia de la Gracia. La razón de ello, tal vez la hayas intuido. Es preciso encontrar en nuestro interior aquello que queremos compartir. Dar y recibir es lo mismo. Para recibir gracia, tenemos que darla y si no somos conscientes de que somos portadores de ella, seguiremos demandándola fuera.

Cuando estamos agradeciendo, estamos reconociendo el hecho de que damos lo que nos gustaría recibir. A todo el mundo le gusta recibir el regalo de la gracia. Es como si nos reconociéramos en el otro, al que tratamos como nos gustaría que nos tratasen.

Reflexión: Sólo mediante la gracia pueden desaparecer el odio y el miedo.

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