LECCIÓN 96
La salvación procede de mi único Ser.
1. Aunque eres un solo Ser, te percibes a ti mismo como si fueses dos: bueno y malo, lleno de amor y lleno de odio, mente y cuerpo. 2Esta sensación de estar dividido en dos estados opuestos da lugar a un constante y agudo conflicto, y conduce a desesperados intentos de reconciliar los aspectos contradictorios de esa auto-percepción. 3Has buscado muchas de estas soluciones reconciliatorias, pero ninguna de ellas te ha dado resultado. 4Los opuestos que percibes en ti jamás serán compatibles. 5Tan sólo uno de ellos existe.
2. Si has de salvarte, tienes que aceptar el hecho de que, por mucho que lo intentes, la verdad y lo ilusorio no pueden reconciliarse, independientemente de los medios que utilices o de dónde percibas el problema. 2Hasta que no aceptes esto, irás en pos de un sinnúmero de metas irrealizables, desperdiciarás el tiempo, tus esfuerzos serán en vano, fluctuarás entre la esperanza y la duda, y cada intento será tan fútil como el anterior y tan inútil como sin duda alguna habrá de ser el siguiente.
3. Los problemas que no tienen sentido no se pueden resolver dentro del marco en que se han planteado. 2Dos seres en conflicto supone una condición que no se puede resolver, y no puede haber tampoco un punto de encuentro entre el bien y el mal. 3El ser que tú fabricaste jamás podrá ser tu Ser, ni tampoco puede tu Ser dividirse en dos y seguir siendo lo que es y lo que no puede sino ser eternamente. 4Una mente y un cuerpo no pueden ambos coexistir. 5No trates de reconciliarlos, pues cada uno de ellos niega que el otro sea real. 6Si eres lo físico, tu mente desaparece del concepto que tienes de ti mismo, pues no tiene un lugar en el que realmente pueda ser parte de ti. 7Si eres espíritu, el cuerpo es entonces el que no tiene ningún sentido en tu realidad.
4. La mente es el medio del que el espíritu se vale para expresarse a Sí Mismo. 2Y la mente que sirve al espíritu está en paz y llena de gozo. 3Deriva su poder del espíritu y desempeña gustosamente su función aquí. 4La mente puede, por otro lado, verse también a sí misma como divorciada del espíritu y percibirse como dentro de un cuerpo al que confunde consigo misma. 5Sin su función, pues, no tiene paz, y la felicidad se vuelve algo ajeno a su pensamiento.
5. Mas una mente separada del espíritu no puede pensar. 2Ha negado la Fuente de su fortaleza, y se considera a sí misma desvalida, limitada y débil. 3Desasociada ahora de su función, cree estar sola y separada, atacada por ejércitos que se organizan contra ella; cree asimismo estar oculta en la frágil estructura del cuerpo. 4Ahora tiene que reconciliar lo que es diferente con lo que es lo mismo, pues para eso es para lo que piensa que es.
6. No pierdas más tiempo en esto. 2¿Quién puede resolver los insensatos conflictos que los sueños presentan? 3¿Qué significado podría tener en verdad su resolución? 4¿Qué objeto tendría? 5¿De qué serviría? 6La salvación no puede hacer que las ilusiones sean reales, ni tampoco resolver un problema que no existe. 7Tal vez albergas la esperanza de que puede. 8Mas ¿querrías que el plan de Dios para la liberación de Su amado Hijo le causase dolor a éste y además no lo liberase?
7. Tu Ser aún conserva Sus pensamientos, los cuales permanecen dentro de tu mente y en la Mente de Dios. 2El Espíritu Santo conserva la salvación en tu mente y le ofrece el camino de la paz. 3La salvación es un pensamiento que compartes con Dios porque Su Voz lo aceptó por ti y respondió en tu nombre que se había consumado. 4De esta manera, la salvación está salvaguardada entre los pensamientos que tu Ser aprecia y abriga por ti con amor.
8. Hoy intentaremos localizar este pensamiento, cuya presencia en tu mente está garantizada por Aquel que te habla desde tu único Ser. 2Nuestras prácticas de cinco minutos cada hora estarán dedicadas a buscar este Ser en tu mente. 3La salvación procede de Él a través de Aquel que es el puente entre tu mente y Él. 4Espera pacientemente y deja que Él te hable acerca de tu Ser y de lo que tu mente puede hacer una vez que haya sido restituida a Éste y se encuentre libre para servir Su Voluntad. 9. Comienza diciendo lo siguiente:
2La salvación procede de mi único Ser. 3Sus pensamientos están a mi disposición.
4Luego busca Sus pensamientos, y reclámalos como tuyos. 5Son tus pensamientos reales, los cuales has negado mientras dejabas que tu mente vagase por un mundo de sueños en busca de ilusiones que los sustituyesen. 6He aquí tus pensamientos, los únicos que tienes. 7La salvación se encuentra entre ellos. aHállala allí.
10. Si tienes éxito, los pensamientos que se te ocurran te dirán que te has salvado y que tu mente ha encontrado la función que procuró perder. 2Tu Ser le dará la bienvenida y la colmará de paz. 3Una vez que su fortaleza haya sido restaurada, tu mente podrá fluir de nuevo desde su espíritu al espíritu de todas las cosas creadas por el Espíritu a semejanza de Sí Mismo. 4Tu mente bendecirá todas las cosas. 5Una vez que la confusión haya cesado, quedarás restaurado, pues habrás hallado tu Ser.
11. Tu Ser sabe que hoy no puedes fracasar. 2Tal vez tu mente siga dudándolo por un rato, 3pero no te dejes desanimar por ello. 4Tu Ser conservará para ti la dicha que experimenta, y gozarás de ella con plena conciencia. 5Cada vez que dedicas cinco minutos de cada hora a buscar a Aquel que une a tu mente con tu Ser, le ofreces un tesoro adicional para que lo salvaguarde para ti.
12. Cada vez que le dices hoy a tu agitada mente que tu salvación procede de tu único Ser, añades otro tesoro más a tu creciente almacén. 2Y éste se le da en su totalidad a todo aquel que lo pida y acepte el regalo. 3Piensa, pues, cuánto se te está dando este día para que lo des, de manera que se te pueda dar a ti.
¿Qué me enseña esta lección?¿Quién puede ser feliz en medio del conflicto?
¿Quién elegiría construir su hogar en la oscuridad?
¿Quién no desea despertar de una pesadilla?
Sólo el Verdadero Ser posee la capacidad de liberarnos del
conflicto, de iluminar nuestra casa interior y de despertarnos a la única
Realidad que es eterna y verdadera.
Mientras nuestra mente permanezca al servicio de la
dualidad —de la división y de la separación— seguiremos alimentando la falsa
creencia de que estamos apartados de la Fuente, de nuestro Creador y de Su
Creación. Desde esa visión fragmentada, el conflicto se vuelve inevitable.
Si creemos en el conflicto, no conoceremos la paz.
Si creemos en la oscuridad, permaneceremos desorientados.
Si creemos que podemos seguir dormidos, nos identificaremos con las imágenes
del sueño, sin reconocer que somos nosotros mismos quienes lo estamos soñando.Servir a la dualidad sólo puede conducirnos a aquello que
ella misma engendra: incoherencia, lucha interna y ausencia de paz.
Imaginemos por un instante que observamos a un hijo
adolescente cuyos impulsos emocionales, al tomar el control de su mente y de su
discernimiento, lo llevan a tomar decisiones que le traerán dolor y
sufrimiento. Desde el amor y el respeto a su libre albedrío, no intentaríamos
dirigir su vida, sino que le preguntaríamos con serenidad:
“¿Has reflexionado sobre las consecuencias de tus actos?”
Con esta pregunta no imponemos una decisión; simplemente
acercamos una luz que le permita ver con mayor claridad.
¿Y qué representa esa luz? La luz es la verdad. Es la capacidad de ver más allá de la reacción inmediata y
reconocer el sentido profundo de lo que elegimos.
Esta lección nos revela que la mente es un instrumento
neutro que puede ponerse al servicio de dos sistemas de pensamiento: el del
Espíritu o el del ego. Cuando la mente es utilizada por el Espíritu, accedemos a la visión verdadera. Cuando es utilizada por el ego, la percepción se convierte en imaginación y la
verdad es sustituida por la ilusión.
¿Cómo podemos saber a quién está sirviendo nuestra mente?
Cuando la mente sirve al Espíritu, sólo vemos unidad,
actuamos conforme a la Ley del Amor y experimentamos dicha y paz profundas.
Cuando la mente sirve al ego —y se identifica con el cuerpo— percibimos
separación y actuamos bajo el influjo del miedo y de la culpa, lo que
inevitablemente se traduce en dolor, sufrimiento y enfermedad.
Esta lección nos invita, con suavidad pero con firmeza, a
elegir de nuevo:
a poner nuestra mente al servicio de la luz,
a recordar quiénes somos en verdad,
y a permitir que la paz sea la consecuencia natural de esa elección.
Propósito y sentido de la lección:
El Curso muestra aquí la división falsa que el estudiante experimenta:- un yo fabricado (ego),
- un Yo real (Ser).
El propósito de la lección es que reconozcas:- Solo hay un Ser en ti.
- Ese Ser es tu salvación.
- Todo sufrimiento proviene de creer en un yo que no existe.
La lección es una corrección directa a la dependencia emocional del mundo, de otros y de las circunstancias.
Instrucciones prácticas:
Períodos largosCierra los ojos.- Repite suavemente: “La salvación procede de mi único Ser.”
- Deja que los pensamientos se aquieten sin lucha.
- No intentes forzar paz ni “crear” al Ser.
- No intentes definirlo ni imaginarlo.
- Deja que la mente se abra a la posibilidad de que tu Ser ya está allí.
- Permite que el recuerdo de tu identidad surja sin esfuerzo.
Durante el día
Repetir la idea:- cuando busques aprobación, seguridad o solución fuera de ti,
- cuando creas que otros pueden dañarte,
- cuando surja miedo, dependencia o frustración,
- cuando sientas necesidad de controlar,
- cuando surja la tentación de culpar al mundo.
Cada repetición te devuelve a la verdad: Nada fuera de mí puede salvarme, porque nada fuera de mí puede definir lo que soy.
Aspectos psicológicos:
Esta lección tiene un enorme impacto psicológico:- Disminuye la dependencia emocional del exterior.
- Reduce la ansiedad basada en incertidumbre externa.
- Deshace el patrón de buscar validación.
- Desactiva la creencia de que el “yo pequeño” debe sobrevivir.
- Restaura un sentido interno de centro y autonomía espiritual.
- Permite una mayor estabilidad emocional, al no basarse en circunstancias cambiantes.
La frase funciona como una afirmación de madurez interior: “Mi estado no depende del mundo. Proviene de mi Ser.”
Aspectos espirituales:
Espiritualmente, la lección establece una verdad contundente:- El ego no tiene poder para salvar.
- Tu Ser es uno con Dios y por eso salva.
- Todo lo que necesitas está en tu interior.
- La salvación es un reconocimiento, no una conquista.
- No puedes perder lo que Dios creó como tú.
Deshace la ilusión de separación al afirmar:
No soy dos. No soy un yo dividido. Soy un solo Ser. Y ese Ser es mi salvación.
Relación con la progresión del Curso:
La secuencia continúa con precisión:91–94 → La luz, la fortaleza y la paz definen tu identidad.95 → Eres uno con tu Creador.96 → La salvación procede de ese Ser único.97 → “Soy espíritu” — continuación natural.98–100 → consolidación de la identidad espiritual.
La lección 96 marca un giro clave: Ya no solo se te enseña quién eres, sino de dónde viene la salvación y por qué.
El Curso consolida la enseñanza: La salvación nunca pudo estar fuera de ti.
Consejos para la práctica:
• No intentes “entender” intelectualmente la unidad del Ser.• No luches contra pensamientos del ego: déjalos pasar.• No te culpes si te descubres buscando validación externa.• No esperes una experiencia mística inmediata.• No te esfuerces por “ser espiritual”.
✔ Usa la idea como un retorno suave a tu centro.✔ Cultiva una actitud de receptividad, no de esfuerzo.✔ Recuerda que reconocer tu Ser es recordar tu libertad.✔ Cada vez que sientas dependencia del mundo, repite la idea.
Conclusión final:
La lección 96 revela una de las verdades centrales del Curso:
La salvación no es algo que debas encontrar, sino algo que debes recordar.
No procede del mundo, ni del cuerpo, ni de las relaciones, ni de los resultados,ni del futuro.
Procede de lo que eres: un Ser único, intacto, invulnerable, eterno.
Todo sufrimiento proviene de olvidar este hecho; toda salvación proviene de recordarlo.
Frase inspiradora: “Cuando dejo de buscar fuera, descubro que la salvación siempre estuvo en mi único Ser.”Ejemplo-Guía: ¿Cómo hago para salvarme?
Esta pregunta, tan aparentemente sencilla, encierra en su
planteamiento un error fundamental que conviene corregir desde el inicio. Si
creemos necesitar salvación es porque, en algún nivel de nuestra mente, nos
sentimos condenados. Y sentirnos condenados es sinónimo de vivir prisioneros
del miedo, que es el principal obstáculo para experimentar la libertad.
Las enseñanzas de Un Curso de Milagros nos recuerdan
que sólo existe un único error que necesita corrección: la creencia de que
estamos separados de nuestro Creador. A partir de esta idea errónea se
despliega una cadena casi interminable de falsas conclusiones.
El miedo surge como consecuencia directa de esa creencia,
pues imaginamos haber perdido la protección de nuestro Padre.
La condena nace del mismo origen, al creer que hemos traicionado Su confianza.
Desde ahí, otorgamos realidad a la idea del pecado, nos sentimos manchados,
culpables, y llegamos incluso a exigir el castigo como supuesto medio de
redención.
La culpa, no reconocida y no perdonada, se proyecta hacia el
exterior en forma de juicios condenatorios, ataques y acusaciones, con la
esperanza inconsciente de liberarnos de aquello que creemos llevar dentro. Así,
intentamos “limpiarnos” condenando al mundo.
Sin embargo, la respuesta que nos ofrece el Curso es clara y
rotunda:
no hay nada que hacer para salvarnos, porque jamás hemos perdido nuestra
inocencia, nuestra plenitud ni nuestra libertad.
Si aún sentimos la necesidad de una respuesta distinta, no
hay error en ello. No podemos negar la verdad, pero tampoco podemos imponerla
negando la experiencia del mundo ilusorio que percibimos. Comprender que la
necesidad de salvación es, en sí misma, una creencia, ya supone un paso
decisivo, pues nos sitúa ante la posibilidad de elegir de nuevo.
Te sientes prisionero de tus creencias, y ahora sabes que ese
sentimiento procede de un error que puede ser corregido. Si hasta ahora tu
mente ha estado al servicio del ego y esa lealtad te ha conducido al conflicto
y al dolor, hoy puedes elegir poner tu mente al servicio del Espíritu.
Cuando la mente se entrega al Espíritu Santo, se establece un
nuevo canal de comunicación que transforma tanto el ámbito interno como el
externo de la experiencia.
En el plano interno, surge el gozo, fruto de la confianza —la
verdadera fe— que nos permite entregar todas nuestras decisiones al Espíritu
Santo. Esta entrega nos conduce a una actitud de aceptación profunda de lo que
acontece, que nada tiene que ver con la resignación, sino con la certeza de que
todo sirve a un propósito de sanación.
En el plano externo, nuestra relación con el mundo se
transforma. Comenzamos a percibir la unidad con todo lo creado, lo que
despierta una empatía natural y nos libera de la necesidad de juzgar, atacar o
vengarnos.
Salvarse, entonces, no es hacer algo nuevo, sino recordar
lo que siempre hemos sido y permitir que la luz del Espíritu reinterprete
cada experiencia desde la verdad.
Reflexión: ¿Crees que es posible servir a dos amos a la vez?
La salvación procede de mi único Ser.
2. Si has de salvarte, tienes que aceptar el hecho de que, por mucho que lo intentes, la verdad y lo ilusorio no pueden reconciliarse, independientemente de los medios que utilices o de dónde percibas el problema. 2Hasta que no aceptes esto, irás en pos de un sinnúmero de metas irrealizables, desperdiciarás el tiempo, tus esfuerzos serán en vano, fluctuarás entre la esperanza y la duda, y cada intento será tan fútil como el anterior y tan inútil como sin duda alguna habrá de ser el siguiente.¿Quién puede ser feliz en medio del conflicto?
¿Quién elegiría construir su hogar en la oscuridad?
¿Quién no desea despertar de una pesadilla?
Sólo el Verdadero Ser posee la capacidad de liberarnos del
conflicto, de iluminar nuestra casa interior y de despertarnos a la única
Realidad que es eterna y verdadera.
Mientras nuestra mente permanezca al servicio de la
dualidad —de la división y de la separación— seguiremos alimentando la falsa
creencia de que estamos apartados de la Fuente, de nuestro Creador y de Su
Creación. Desde esa visión fragmentada, el conflicto se vuelve inevitable.
Si creemos en el conflicto, no conoceremos la paz.
Si creemos en la oscuridad, permaneceremos desorientados.
Si creemos que podemos seguir dormidos, nos identificaremos con las imágenes del sueño, sin reconocer que somos nosotros mismos quienes lo estamos soñando.
Servir a la dualidad sólo puede conducirnos a aquello que
ella misma engendra: incoherencia, lucha interna y ausencia de paz.
Imaginemos por un instante que observamos a un hijo
adolescente cuyos impulsos emocionales, al tomar el control de su mente y de su
discernimiento, lo llevan a tomar decisiones que le traerán dolor y
sufrimiento. Desde el amor y el respeto a su libre albedrío, no intentaríamos
dirigir su vida, sino que le preguntaríamos con serenidad:
“¿Has reflexionado sobre las consecuencias de tus actos?”
Con esta pregunta no imponemos una decisión; simplemente
acercamos una luz que le permita ver con mayor claridad.
¿Y qué representa esa luz? La luz es la verdad. Es la capacidad de ver más allá de la reacción inmediata y
reconocer el sentido profundo de lo que elegimos.
Esta lección nos revela que la mente es un instrumento
neutro que puede ponerse al servicio de dos sistemas de pensamiento: el del
Espíritu o el del ego. Cuando la mente es utilizada por el Espíritu, accedemos a la visión verdadera. Cuando es utilizada por el ego, la percepción se convierte en imaginación y la
verdad es sustituida por la ilusión.
¿Cómo podemos saber a quién está sirviendo nuestra mente?
Cuando la mente sirve al Espíritu, sólo vemos unidad,
actuamos conforme a la Ley del Amor y experimentamos dicha y paz profundas.
Cuando la mente sirve al ego —y se identifica con el cuerpo— percibimos
separación y actuamos bajo el influjo del miedo y de la culpa, lo que
inevitablemente se traduce en dolor, sufrimiento y enfermedad.
Esta lección nos invita, con suavidad pero con firmeza, a
elegir de nuevo:
a poner nuestra mente al servicio de la luz,
a recordar quiénes somos en verdad,
y a permitir que la paz sea la consecuencia natural de esa elección.
- un yo fabricado (ego),
- un Yo real (Ser).
- Solo hay un Ser en ti.
- Ese Ser es tu salvación.
- Todo sufrimiento proviene de creer en un yo que no existe.
- Repite suavemente: “La salvación procede de mi único Ser.”
- Deja que los pensamientos se aquieten sin lucha.
- No intentes forzar paz ni “crear” al Ser.
- No intentes definirlo ni imaginarlo.
- Deja que la mente se abra a la posibilidad de que tu Ser ya está allí.
- Permite que el recuerdo de tu identidad surja sin esfuerzo.
- cuando busques aprobación, seguridad o solución fuera de ti,
- cuando creas que otros pueden dañarte,
- cuando surja miedo, dependencia o frustración,
- cuando sientas necesidad de controlar,
- cuando surja la tentación de culpar al mundo.
- Disminuye la dependencia emocional del exterior.
- Reduce la ansiedad basada en incertidumbre externa.
- Deshace el patrón de buscar validación.
- Desactiva la creencia de que el “yo pequeño” debe sobrevivir.
- Restaura un sentido interno de centro y autonomía espiritual.
- Permite una mayor estabilidad emocional, al no basarse en circunstancias cambiantes.
- El ego no tiene poder para salvar.
- Tu Ser es uno con Dios y por eso salva.
- Todo lo que necesitas está en tu interior.
- La salvación es un reconocimiento, no una conquista.
- No puedes perder lo que Dios creó como tú.
Ejemplo-Guía: ¿Cómo hago para salvarme?
Esta pregunta, tan aparentemente sencilla, encierra en su
planteamiento un error fundamental que conviene corregir desde el inicio. Si
creemos necesitar salvación es porque, en algún nivel de nuestra mente, nos
sentimos condenados. Y sentirnos condenados es sinónimo de vivir prisioneros
del miedo, que es el principal obstáculo para experimentar la libertad.
Las enseñanzas de Un Curso de Milagros nos recuerdan
que sólo existe un único error que necesita corrección: la creencia de que
estamos separados de nuestro Creador. A partir de esta idea errónea se
despliega una cadena casi interminable de falsas conclusiones.
El miedo surge como consecuencia directa de esa creencia,
pues imaginamos haber perdido la protección de nuestro Padre.
La condena nace del mismo origen, al creer que hemos traicionado Su confianza.
Desde ahí, otorgamos realidad a la idea del pecado, nos sentimos manchados,
culpables, y llegamos incluso a exigir el castigo como supuesto medio de
redención.
La culpa, no reconocida y no perdonada, se proyecta hacia el
exterior en forma de juicios condenatorios, ataques y acusaciones, con la
esperanza inconsciente de liberarnos de aquello que creemos llevar dentro. Así,
intentamos “limpiarnos” condenando al mundo.
Sin embargo, la respuesta que nos ofrece el Curso es clara y
rotunda:
no hay nada que hacer para salvarnos, porque jamás hemos perdido nuestra
inocencia, nuestra plenitud ni nuestra libertad.
Si aún sentimos la necesidad de una respuesta distinta, no
hay error en ello. No podemos negar la verdad, pero tampoco podemos imponerla
negando la experiencia del mundo ilusorio que percibimos. Comprender que la
necesidad de salvación es, en sí misma, una creencia, ya supone un paso
decisivo, pues nos sitúa ante la posibilidad de elegir de nuevo.
Te sientes prisionero de tus creencias, y ahora sabes que ese
sentimiento procede de un error que puede ser corregido. Si hasta ahora tu
mente ha estado al servicio del ego y esa lealtad te ha conducido al conflicto
y al dolor, hoy puedes elegir poner tu mente al servicio del Espíritu.
Cuando la mente se entrega al Espíritu Santo, se establece un
nuevo canal de comunicación que transforma tanto el ámbito interno como el
externo de la experiencia.
En el plano interno, surge el gozo, fruto de la confianza —la
verdadera fe— que nos permite entregar todas nuestras decisiones al Espíritu
Santo. Esta entrega nos conduce a una actitud de aceptación profunda de lo que
acontece, que nada tiene que ver con la resignación, sino con la certeza de que
todo sirve a un propósito de sanación.
En el plano externo, nuestra relación con el mundo se
transforma. Comenzamos a percibir la unidad con todo lo creado, lo que
despierta una empatía natural y nos libera de la necesidad de juzgar, atacar o
vengarnos.
Salvarse, entonces, no es hacer algo nuevo, sino recordar
lo que siempre hemos sido y permitir que la luz del Espíritu reinterprete
cada experiencia desde la verdad.
Reflexión: ¿Crees que es posible servir a dos amos a la vez?


Que maravilloso...es que la salvacion ya esta en mi!!..no necesito buscarla..solo recordarlo..gracias!!
ResponderEliminarSí, es simplemente maravilloso.
Eliminarbuen día es muy útil darte cuenta que puedes desidir salvarte oh no..solo cambiando la manera de ver las cosas oh situaciones... gracias por ta bella explicas ion...
ResponderEliminarA ti.
EliminarQué hermosa lección muchísimas gracias .namaste .
ResponderEliminarGratitud.
EliminarExcelente reflexión
ResponderEliminarEl comentario me aclaro algo que leí en el libro y no comprendí. Gracias por estos aportes.
ResponderEliminarTodos los días decido poner mi mente al servicio del Espíritu Santo, aceptar cada situación tal como es revisar que debo aprender de esa situación y recordar que el plan de Dios para mi es mi perfecta felicidad, reconozco que es un trabajo diario y que en ocasiones me dejo ganar del ego y camino por mis sombra, son mis pensamientos de ataque producto de archivos de la mente que me llevan a recordar un pasado en el cual desde luego hay algo que no he podido perdonar, en esos momentos e cuando busco estar en el ahora y dejar que el espíritu santo sane mi mente e ilumine mi camino y lo logró, en este nivel de consciencia los paseos por la oscuridad son cada vez más distantes, gracias Juan José un abrazo 🤗
ResponderEliminarGracias J.J
ResponderEliminarQUE BELLA TU REFLEXION, ESTAS EXPLICACIONES REALMENTE SON ENRIQUECEDORAS. GRACIAS POR TU LABOR JUAN JOSE!
ResponderEliminarVivimos en lo imposible. Despertemos a lo real juntos, hermanos. A vivir el mundo real, ahora. Mios son los pensamientos con el Padre. Ayúdame a recordarlo Cristo. Gracias Maestro Juan José. Milagros para nuestra mente dormida. 🥰
ResponderEliminarSoy el Instrumento del Espíritu Santo en unidad y comunión con mis hermanos🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙❤️❤️❤️❤️✨✨✨✨✨
ResponderEliminarBuenas!!!
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