“¿Cómo paso de
entender que soy luz… a experimentarlo?”: Aplicando la lección 91.
Permanece un
instante con esta pregunta… sin intentar resolverla demasiado rápido.
Porque aquí no
hay falta de comprensión. Hay algo más sutil: una distancia entre lo que sabes… y lo que
sientes.
Sabes que eres
luz. Lo has leído. Lo has aceptado. Incluso resuena en ti. Y, sin embargo… no
siempre lo experimentas.
La mente puede
aceptar una idea, sin haber soltado aún lo que la contradice.
Puedes
entender que eres luz y al mismo tiempo seguir creyendo, en algún nivel, que
eres vulnerable, limitado y afectado por lo externo.
Y esa creencia
no se discute… se experimenta.
Lo que
mantiene la distancia.
No es que te falte algo. Es que aún
estás dando valor a lo que no eres.
Cada vez que
piensas: “Esto me afecta”, “Esto me duele por lo que pasó fuera”, “No soy
suficiente”, estás eligiendo, sin darte cuenta, verte como un cuerpo… como una
historia… como una identidad frágil.
Y desde ahí, la luz no desaparece, pero
queda cubierta.
El giro no es
intelectual… es experiencial.
No se trata de
repetir: “Soy luz, soy luz, soy luz”.
Sino de
empezar a observar, con honestidad: “¿Desde dónde estoy viendo esto ahora?”
Y poco a poco
reconocer: “Esto que estoy sintiendo… viene de una percepción, no de lo que
soy”.
Ahí comienza
el cambio. No porque fuerces una nueva experiencia, sino porque dejas de sostener la anterior.
¿Cómo se empieza a experimentar la luz?
No ocurre como un logro.
No ocurre como un premio.
No ocurre como un momento espectacular.
Empieza de
forma muy sencilla, cuando sueltas un juicio, cuando no reaccionas como antes y
cuando aparece un instante de paz sin motivo.
Ahí… ya estás
experimentando la luz. Pero la mente suele pasarlo por alto, porque espera algo
más evidente, más intenso, más “especial”.
El verdadero
paso.
No es pasar de
no ser luz… a ser luz.
Es pasar de creer
en la oscuridad a dejar de darle realidad.
Una clave muy
clara.
No necesitas crear
la experiencia de luz. Necesitas dejar de negar la que ya está.
Cierre:
No se te pide
que te conviertas en luz. Se te invita a dejar de defender lo que no eres.
La experiencia
no llega cuando entiendes más… sino cuando resistes menos.
Y entonces,
sin esfuerzo… sin anuncio… sin espectáculo… algo en ti se reconoce.
No como una
idea. Sino como una presencia tranquila, estable, silenciosa.
Siempre ha
estado ahí. Esperando no ser alcanzada… sino permitida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario