II. Muchas clases de error, una sola corrección (6ª parte).
6. Si Dios es justo, no puede haber entonces ningún problema que la justicia no pueda resolver. 2Pero tú crees que algunas injusticias son buenas y justas, así como necesarias para tu propia supervivencia. 3Éstos son los problemas que consideras demasiado grandes e irresolubles. 4Pues hay personas a las que les deseas que pierdan, y no hay nadie a quien desees ver completamente a salvo del sacrificio. 5Considera una vez más cuál es tu función especial. 6Se te ha dado un hermano para que veas en él su perfecta inocencia. 7Y no le exigirás ningún sacrificio porque no es tu voluntad que él sufra pérdida alguna. 8El milagro de justicia que invocas te envolverá tanto a ti como a él. 9Pues el Espíritu Santo no estará contento hasta que todo el mundo lo reciba, 10ya que lo que le das a Él les pertenece a todos, y por el hecho de tú darlo, Él se asegurará de que todos lo reciban por igual.
¿Por qué? Porque
sostienen una creencia oculta: que tu bienestar puede depender de la pérdida de
otro.
Esto puede ser
muy sutil: competencia, resentimiento, comparación, deseo de tener razón. Pero
mientras esa idea esté activa, ciertos conflictos parecerán “necesarios”,
incluso “justificados”.
Y ahí es donde
aparecen los problemas que parecen insolubles. No porque lo sean, sino porque no
quieres soltarlos completamente.
Mensaje
central del punto:
- La justicia de Dios puede resolver todo problema.
- Algunos problemas parecen irresolubles porque los justificas.
- La creencia en pérdida ajena sostiene el conflicto.
- Tu función es ver la inocencia de tu hermano.
- No debes exigir sacrificio a nadie.
- La liberación es compartida, nunca individual.
- Lo que das se extiende a todos.
Claves de
comprensión:
- No hay problema real fuera de la percepción de injusticia.
- Lo “irresoluble” es lo que no quieres soltar.
- La inocencia es la única visión verdadera.
- El sacrificio es incompatible con la justicia.
- La función especial es ver correctamente, no cambiar al otro.
- El milagro incluye a todos sin excepción.
- Dar es extender, no perder.
Aplicación
práctica en la vida cotidiana:
- Observa si hay alguien a quien, aunque sea sutilmente, no deseas ver completamente en paz o “ganando”.
- Puede ser muy leve: “que aprenda”, “que pague”, “que no le vaya tan bien…” Ahí hay una pista clara.
- Luego pregúntate: ¿Estoy viendo inocencia o justificando pérdida?
- Practica esto: → “No quiero que nadie pierda para que yo esté bien.”
- Cuando surja conflicto, recuerda: si incluye sacrificio, no es la solución real.
- Permite que la corrección incluya a todos, aunque tu percepción aún no vea cómo.
Preguntas para
la reflexión personal:
- ¿Creo que a veces es necesario que alguien pierda?
- ¿Hay personas a las que no deseo ver completamente libres o felices?
- ¿Confundo justicia con equilibrio de pérdidas?
- ¿Estoy dispuesto a ver inocencia incluso donde me cuesta más?
- ¿Acepto que lo que doy se extiende a todos?
Conclusión:
Nada es
irresoluble para la justicia de Dios. Pero algo puede parecerlo… si aún lo
quieres conservar.
El conflicto
no persiste por complejidad, sino por apego.
Tu función no
es decidir quién merece ganar o perder, sino ver inocencia sin excepción.
Y en ese acto,
ocurre algo silencioso pero total: lo que das deja de ser solo para uno… y se
convierte en herencia de todos.
Porque en la
verdadera justicia, nadie queda fuera.
Frase
inspiradora: “Lo que doy a uno, pertenece a
todos.”

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