lunes, 7 de abril de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 97

LECCIÓN 97

Soy espíritu.

1. La idea de hoy te identifica a ti con tu único Ser. 2No acepta una identidad dividida, ni trata de formar una unidad entrela­zando factores opuestos. 3Simplemente declara la verdad. 4Prac­tica hoy esta verdad tan a menudo como puedas, pues extraerá a tu mente del conflicto y la llevará a los serenos campos de la paz. 5Ni el más leve escalofrío de miedo hará acto de presencia, pues habrá sido absuelta de la locura al haber abandonado la ilusión de una identidad dividida.

2. Volvemos a declarar la verdad acerca de tu Ser, el santo Hijo de Dios que mora en ti, a Cuya mente le ha sido restituida la cordura. 2Tú eres el espíritu que ha sido amorosamente dotado de todo el Amor, la paz y la dicha de tu Padre. 3Tú eres el espíritu que completa a Dios Mismo y que comparte con Él Su función de Creador. 4Él está siempre contigo, tal como tú estás con Él.

3. Hoy trataremos de acercar la realidad a tu mente todavía más. 2Cada vez que practicas, te vuelves cuando menos un poco más consciente, ahorrando en algunas ocasiones mil años o más. 3Los minutos que dedicas se multiplican una y otra vez, pues el mila­gro hace uso del tiempo, pero no está regido por él. 4La salvación es un milagro, el primero y el último; el primero que es el último, pues es uno.

4. Tú eres el espíritu en cuya mente mora el milagro en el que el tiempo se detiene; el milagro en el que un minuto que se dedique a la práctica de estas ideas se convierte en un lapso de tiempo ilimitado e infinito. 2Da, pues, gustosamente estos minutos, y cuenta con Aquel que prometió infundirlos de intemporalidad. 3Él respaldará con toda Su fortaleza cada pequeño esfuerzo que hagas. 4Concédele hoy los minutos que Él necesita para poder ayudarte a entender con Él que tú eres el espíritu que mora en Él y que hace un llamamiento a todas las cosas vivientes a través de Su Voz; el espíritu que ofrece Su visión a todo aquel que se la pide y que reemplaza el error con la simple verdad.

5. El Espíritu Santo se regocijará de tomar cinco minutos de cada hora de tu tiempo para llevarlos alrededor de este mundo afli­gido donde el dolor y la congoja parecen reinar. 2No pasará por alto ni una sola mente receptiva que esté dispuesta a aceptar los dones de curación que esos minutos brindan, y los concederá allí donde Él sabe que han de ser bien recibidos. 3su poder sanador aumentará cada vez que alguien los acepte como sus propios pensamientos y los use para curar.

6. De esta manera, cada ofrenda que se le haga se multiplicará miles de veces y decenas de miles más. 2Y cuando te sea devuelta, sobrepasará en poderío la pequeña ofrenda que hiciste, en forma parecida a como el resplandor del sol es infinitamente más potente que el pequeño destello que emite la luciérnaga en un fugaz instante antes de apagarse. 3El constante fulgor de esta luz permanecerá y te guiará más allá de las tinieblas; y jamás podrás olvidar el camino otra vez.

7. Comienza estos gratos ejercicios con las palabras que el Espí­ritu Santo te dice, y deja que su eco reverbere por todo el mundo a través de Él:

2Espíritu soy, un santo Hijo de Dios; libre de toda limita­ción, a salvo, sano y pleno.
3Libre para perdonar y libre para salvar al mundo.

3Expresado a través de ti, el Espíritu Santo aceptará este regalo que recibiste de Él, aumentará su poder y te lo devolverá.
8. Ofrécele gustosamente hoy cada sesión de práctica. 2Y Él te hablará, recordándote que eres espíritu, uno con Él y con Dios, uno con tus hermanos y con tu Ser. 3Escucha las seguridades que te da cada vez que pronuncias las palabras que Él te ofrece hoy, y permite que Él le diga a tu mente que son verdad. 4Utilízalas contra cualquier tentación, y evita las lamentables consecuencias que la tentación trae consigo si sucumbes a la creencia de que eres otra cosa. 5El Espíritu Santo te brinda paz hoy. 6Recibe Sus palabras, y ofréceselas a Él.

¿Qué me enseña esta lección?

El reconocimiento de mi verdadera Identidad es profundamente liberador. Soy Espíritu.

Afirmar esta única y verdadera Realidad eleva mi estado de consciencia y me permite acceder a una experiencia de plenitud que trasciende toda percepción limitada. Pronunciar este reconocimiento no es un acto intelectual, sino una vivencia interna que me colma de una dicha serena y de una paz profunda, semejante a la que se experimenta al despertar de una pesadilla agitada y descubrir que nunca fue real.

Yo soy Espíritu.
Mis ojos ya no se encuentran confinados por los contornos de la materia. Desde ahora y para siempre, elijo ver la única Realidad que es verdadera: la Esencia Divina. La reconozco en mí y, a través de mí, contemplo esa misma Divinidad reflejada en mis hermanos.

Desde la visión de lo que Soy, emerge una manera completamente nueva de relacionarme conmigo mismo y con el mundo que parece desplegarse fuera. Esta visión revela un mundo distinto, un mundo en el que, desde el mismo instante en que nacemos a la consciencia, se nos muestra con claridad lo que realmente somos. En él comprendemos que el cuerpo no es nuestra identidad, sino tan solo un ropaje, un vehículo transitorio que utilizamos para comunicarnos en el mundo ilusorio de las formas, cuya única función es servir al propósito de una percepción correcta.

En este mundo nuevo se nos revela que todos somos Hijos de un mismo Padre y que, en la Unidad, conformamos una sola Filiación. Reconocemos que ese Padre es la Fuente de la Vida, de la cual recibimos incesantemente el aliento que nos sostiene. De esa Fuente emana también nuestra capacidad creadora, la cual se expresa a través de la mente, el foco desde el que se manifiesta nuestro Ser Espiritual.

Se nos revela, asimismo, que la mente es Una y que se deleita en la Santidad, la Plenitud, la Inocencia y la Impecabilidad. Esta Mente Una es la causa de todo efecto y, a través de ella, el Hijo de Dios extiende los Atributos con los que fue creado: la Voluntad, el Amor y la Inteligencia.

Reconocer esta verdad es recordar lo que nunca dejó de ser.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 97 profundiza de forma decisiva en la corrección de identidad iniciada en lecciones anteriores.

Su propósito es: Liberarte por completo de la identificación con el cuerpo y establecer tu identidad real en el espíritu.

El Curso insiste en que:
  • La debilidad no describe al espíritu.
  • El sufrimiento no describe al espíritu.
  • El miedo no describe al espíritu.
  • La muerte no describe al espíritu.
Por lo tanto: Nada de eso te describe a ti.

La lección afirma una ontología total: la identidad verdadera no es psicológica ni corporal, sino espiritual.

Instrucciones prácticas:

Períodos largos
  • Repite suavemente: “Soy espíritu.”
  • Permite que los pensamientos corporales se presenten sin luchar.
  • Déjalos pasar como sombras.
  • No intentes sentirte “espiritual”: solo reconoce lo que dice la idea.
  • Permanece en un estado de receptividad, no de esfuerzo.
  • Descansa en la certeza interna que estas palabras evocan.
Durante el día

Úsala cuando aparezca:
  • cansancio,
  • enfermedad o síntomas corporales,
  • ansiedad,
  • irritación,
  • miedo,
  • autodefinición corporal (“soy débil”, “soy limitado”),
  • apego a circunstancias físicas.
Cada repetición corrige la identidad: “Esto le ocurre al cuerpo. Pero yo no soy un cuerpo. Soy espíritu.”

Aspectos psicológicos:

Psicológicamente, la lección facilita una separación fundamental: separar la experiencia corporal de la identidad.

Esto produce:
  • desidentificación del dolor,
  • disminución del miedo a la vulnerabilidad,
  • reducción del apego al control corporal,
  • mayor estabilidad emocional,
  • alivio de la ansiedad por supervivencia,
  • desactivación del diálogo mental centrado en el cuerpo,
  • mayor sensación de ligereza y autonomía interior.
No niega el cuerpo. Lo despoja de la autoridad de definir quién eres. Esta es una liberación psicológica profunda.

Aspectos espirituales:

Espiritualmente, la lección afirma:
  • Eres tal como Dios te creó.
  • El espíritu no cambia ni muere.
  • El espíritu no sufre.
  • El espíritu no tiene opuestos.
  • No puedes ser lo que no eres.
Todo el sufrimiento proviene de tomar al cuerpo como identidad.

La lección pone esto en claro: No eres un cuerpo que tiene un espíritu. Eres espíritu que temporalmente utiliza un cuerpo.

Esto reintegra la identidad divina, libre de tiempo, límites y amenaza.

Relación con la progresión del Curso:

El encadenamiento es perfecto:
95 → Soy uno con mi Creador.
96 → La salvación procede de mi único Ser.
97 → Ese Ser es espíritu.
98 → Afirmación de la inocencia espiritual.
99 → La salvación es la aceptación de esta inocencia.
100 → La voluntad de Dios para mí es felicidad perfecta.

Así, la Lección 97 actúa como fundamento ontológico: Define qué eres
para que después puedas aceptar lo que te corresponde por ser eso.

Consejos para la práctica:

• No esperes una experiencia espiritual intensa: la lección apunta al reconocimiento, no a la emoción.
• No luches contra el pensamiento corporal: obsérvalo y déjalo pasar.
• No uses esta idea para negar dolor físico, sino para corregir identidad.
• No trates de “creer” a la fuerza: basta con recordar.
• No te culpes si sientes resistencia: es natural cuando el ego teme desaparecer.

✔ Sé suave contigo.
✔ Permite que la frase vaya cayendo en la mente lentamente.
✔ Reconoce que cada repetición debilita la identificación con el cuerpo.
✔ Descansa en la idea sin exigir resultados inmediatos.

Conclusión final:

La Lección 97 establece una verdad esencial: No eres un cuerpo. Eres espíritu: libre, ilimitado, eterno.

El cuerpo puede enfermar, debilitarse o cansarse, pero tú no.

El cuerpo puede sufrir, pero tú no.

El cuerpo puede morir, pero tú no.

La lección es una invitación a dejar de definirse desde la limitación y comenzar a vivir desde la identidad real.

Frase inspiradora: “Cuando recuerdo que soy espíritu, todo límite desaparece.”

Ejemplo-Guía: "¿Cómo crear ese mundo nuevo?

Ese mundo nuevo no necesita ser creado, porque ya existe.

Lo llamamos “nuevo” únicamente desde la perspectiva ilusoria del mundo de la percepción, regido por la temporalidad. En verdad, ese mundo es real en la eternidad.

No pertenece al ámbito de la percepción, pues su Fuente no es la experiencia sensorial, sino el Conocimiento verdadero. Su existencia reside en el Espíritu, donde Todo Es y nada falta. Desde el nivel en el que hemos depositado provisionalmente nuestra identidad —el nivel del sueño—, ese mundo se manifiesta como una Voz suave que nos despierta de las pesadillas oscuras que creemos estar viviendo.

Es la Voz que nos susurra que dejemos de sufrir, que dejemos de temer, que dejemos de sentir dolor, necesidad y escasez. Esa Voz nos ofrece su mano y nos conduce a la visión verdadera de lo que somos: Hijos de Dios. Y al aceptar esa visión, comprendemos que lo que llamábamos realidad no era más que el escenario de nuestros sueños, y que las experiencias vividas habían sido escritas por nosotros mismos, el único soñador.

Siendo así, no tenemos que preocuparnos por crear lo que ha existido desde siempre. Ese mundo es el Hogar de Dios, el “Vientre Divino” en el que Su Hijo ha sido gestado y desde el cual ha sido emanado. Esa emanación no implica separación alguna, pues es una expansión de Dios Mismo. En ese Estado de Unidad no existe la necesidad, porque Todo Es.

Cuando trasladamos ese Estado de Plenitud al nivel del sueño, nos situamos en un escenario completamente distinto: dejamos de sentirnos prisioneros de las aparentes limitaciones del mundo de la percepción. Ahora sabemos que ese mundo puede ser contemplado con distintos matices, porque somos nosotros quienes elegimos los tonos con los que lo experimentamos.

Y elegimos los tonos de la abundancia, de la salvación, de la libertad y de la confianza. Elegimos los tonos de la salud, del perdón y del amor.
Renunciamos a los viejos colores de la pesadumbre, del victimismo y del apego; del miedo y de la culpa; del dolor, la tristeza, el resentimiento y el odio; de la necesidad y de la escasez.

Ese es el nuevo lienzo que decidimos expresar. La mente puesta al servicio del Espíritu.

Desde esa visión, elegimos vivir la vida con la certeza de que somos los artistas que la colorean.

Reflexión: ¿Crees ser un Espíritu?

11 comentarios:

  1. buen día creo que somos seres espirituales viviendo una experiencia material por esa rason no entendemos muchas cosas oh bien situaciones porque si todos somos uno porque hay tanta desabeniencia entre nosotros...si soy un ser Espiritual...

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    1. Màs bien la lecciòn es SOMOS UN ESPIRITU, SOMOS UNA MENTE que està soñando que es un cuerpo, que està soñando en la ilusiòn de la cual debe despertar, sin embargo no se vive una experiencia como cuerpo, esa es la falsa identidad,

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  2. Creo totalmente en que soy espíritu, Coincido con cada palabra del texto!!Somos artífices de nuestra vida y escogemos el amor o el miedo.Bendiciones y gracias infinitas!!

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  3. Hola,gracias por esta hermosa pagina corazones, muchas veces estudio, copio y pego material en mi face desde aca pero aclaro que es de ustedes. Soy facilitador y practicante de Un Curso De Milagros en Florencio Sanchez departamento de Colonia Uruguay y si algun interesado por aca les dejo mi pagina de facebook que tengo un grupo online. Un Fuerte abrazo.

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    1. Hola,soy Darwin de Uruguay, permiso que dejo mi face si es que es posible para quien necesite unirse a un grupo de apoyo.
      https://www.facebook.com/darwin.hunkeler.50/

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  4. Soy Espíritu,Soy Instrumento de Dios en la Tierra,Soy Paz y Soy Uno con mis Hermanos🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️

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  5. Estoy en el camino a creerme sólo Epíritu para poder ver a mi Padre, como anted del sueño... ahora sólo lo siento, ahora sólo entreno mi mente para que cada mente recuerde ser el Hijo de Dios. Así ES. ASÍ FUÉ. ASÍ HA SIDO SIEMPRE.MIlagros, hermanos míos, escuchando a Jesús viendo a Cristo en todos, Sintiendo a nuestro Padre SIEMPRE.

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  6. Soy El Artista que Colorea Ese Mundo de Amor,Paz,Alegría y Abundancia...Eso Es🤍🤍🤍🤍🤍💙💙💙💙💙❤️❤️❤️❤️❤️✨✨✨✨✨🥳🥳🥳🥳🥳🥳

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