Recordar mi
santidad transforma mi mirada: Aplicando la lección 58.
La Lección 58 continúa el Primer Repaso del Libro
de Ejercicios de Un curso de milagros y marca un giro profundo en la
experiencia interior.
Si en la lección anterior recuperábamos el poder
al dejar de vernos como víctimas, aquí descubrimos algo aún más luminoso: Mi santidad envuelve lo que veo. Mi santidad
bendice el mundo. Mi santidad es mi
salvación.
Este repaso no habla de hacer más. Habla de
recordar quién soy. Y cuando lo recuerdo, la percepción cambia.
1. Mi santidad
envuelve todo lo que veo.
La percepción no es neutra. Siempre parte de la
identidad desde la que miro.
Si me veo culpable, veré culpa. Si me veo
separado, veré separación. Pero cuando empiezo a aceptar mi propia inocencia,
algo se transforma: El mundo deja de parecer amenazante.
No porque haya cambiado externamente, sino porque
la mirada ya no está teñida por la culpa. Mi santidad no se proyecta como una
idea.
Se extiende como una manera de ver.
2. Mi santidad
bendice al mundo.
Sí importa. Cada pensamiento de perdón suaviza la
percepción.
Cada instante de paz tiene efecto. No es un efecto mágico externo.
Es un cambio en la mente compartida.
Bendecir no es hacer algo extraordinario. Es
permitir que la verdad que soy se exprese sin interferencias. Y esa expresión
alcanza más allá de lo que comprendo.
3. No hay nada
que mi santidad no pueda hacer.
Esta afirmación no habla de poder personal. Habla
del poder de la verdad cuando no encuentra resistencia.
Las ilusiones sobre mí mismo —culpa, pequeñez,
incapacidad— se sostienen solo mientras las creo. Cuando recuerdo mi santidad,
esas falsas ideas pierden fuerza.
La santidad no lucha. Simplemente disuelve lo que
no es real.
4. Mi santidad es
mi salvación.
Aquí el Curso desmantela la búsqueda externa. La
salvación no viene de cambiar circunstancias. Viene de reconocer mi verdadera
identidad.
No tengo que perfeccionarme. No tengo que ganarme
el amor.
No tengo que reparar lo que nunca fue dañado.
Aceptar mi santidad es aceptar que ya soy tal
como Dios me creó. Y en ese reconocimiento el miedo pierde su base.
5. Soy bendito
por ser un Hijo de Dios.
Esta idea sana la raíz de la insuficiencia. Mi
valor no depende de mis logros.
No depende de mi historia. No depende de la opinión de nadie.
Soy bendito por lo que soy, no por lo que hago. Y
esa bendición no se pierde por haberla olvidado.
Cuando dejo de cuestionar mi valor esencial, la
percepción del mundo se suaviza. Porque ya no necesito defender mi identidad.
🌅 Sentido general de la lección.
La Lección 58 transforma la percepción al
transformar la identidad. Si me creo pequeño, veré limitaciones. Si recuerdo mi
santidad, veré posibilidades.
Aquí el Curso consolida el paso de: “No soy
víctima” a “Soy mente santa cuya presencia bendice”.
No se trata de inflar el ego. Se trata de soltar
la culpa. Y cuando la culpa se afloja, la mirada se vuelve luminosa.
🌿 Cómo aplicar la lección.
Durante el día, cuando aparezca la sensación de
insignificancia o culpa, practica:
- “Mi santidad envuelve esto.”
- “Mi santidad bendice al mundo.”
- “Soy bendito por ser quien soy.”
No es autoafirmación superficial. Es recordatorio
de identidad. Cada vez que aceptas tu santidad, la percepción se expande.
🌿 Cierre personal – Cuando dejé de sentirme
pequeño:
Hubo momentos en que creía que no tenía nada que
aportar.
Que mi paz era irrelevante. Que mi estado
interior no cambiaba nada.
Pero al practicar esta lección comencé a notar
algo sutil: Cada vez que me juzgaba con dureza, el mundo se volvía más áspero. Cada
vez que aceptaba mi inocencia, la percepción se suavizaba. No porque el mundo
cambiara mágicamente, sino porque dejaba de mirarlo desde la culpa.
Comprendí que mi santidad no era un mérito. Era
un hecho. Y cuando dejé de cuestionarlo, la experiencia empezó a reflejarlo.
La Lección 58 no me pidió hacer más. Me invitó a
dejar de negarme. Y en ese gesto simple, la mirada cambió.
🌿 Experimentointensivoo de 24 horas:
Lección
58 – Recordar mi santidad en medio de lo cotidiano.
Durante
24 horas vas a practicar algo muy simple: 👉 Cada vez que surja culpa, pequeñez o juicio, vas a recordar tu
santidad… y observar qué ocurre en tu percepción.
No
para convencerte de nada. Sino para ver el efecto real del recuerdo.
🌅 Fase 1 – Declaración de identidad (por la
mañana).
Al
comenzar el día, di internamente: “Hoy recordaré que mi santidad envuelve todo
lo que veo.” No lo digas con solemnidad. Dilo con disposición.
No
se trata de sentirte especial. Se trata de dejar de sentirte culpable.
🔍 Fase 2 – Detectar la autoimagen limitada.
A
lo largo del día observa cuándo aparece:
- Autocrítica.
- Sensación de
insuficiencia.
- Pensamientos
como “no soy suficiente”.
- Juicio hacia
otros.
- Sensación de
insignificancia.
En
ese instante, detente. Y pregúntate:
- ¿Desde qué
identidad estoy mirando ahora?
- ¿Estoy viendo
desde la culpa… o desde la santidad?
No
te corrijas aún. Solo obsérvalo.
🌊 Fase 3 – Introducir el recuerdo.
Ahora
di internamente: “Mi santidad envuelve esto.”
Y
luego: “Mi santidad bendice al mundo.”
No
necesitas sentir algo especial. Solo sostener el pensamiento.
Observa
qué ocurre con la percepción: ¿Se suaviza la imagen del otro? ¿Baja la
intensidad del juicio? ¿Aparece un pequeño espacio interior?
Ese
espacio es el efecto.
🧠 Fase 4 – Practicar la extensión.
Elige
conscientemente tres momentos del día para mirar a alguien —conocido o
desconocido— y pensar: “Compartimos la misma santidad.”
No
lo digas como frase espiritual decorativa. Dilo como experimento mental.
Y
observa: ¿Cambia tu actitud corporal? ¿Cambia la energía del encuentro?
¿Cambia tu interpretación?
La
santidad no hace ruido. Pero transforma la percepción.
🌙 Fase 5 – Revisión nocturna profunda.
Antes
de dormir, reflexiona:
- ¿Cuándo me
sentí pequeño hoy?
- ¿Qué ocurrió
cuando recordé mi santidad?
- ¿Cambió algo en
mi forma de mirar?
- ¿Se redujo la
sensación de amenaza?
Y
hazte la pregunta central: 👉 ¿Qué efecto tuvo en mi experiencia recordar quién soy?
🌿 Lo que suele revelarse.
Si
el experimento se hace con honestidad, aparecen comprensiones claras:
1️⃣ La culpa tiñe la percepción de conflicto.
2️⃣ La santidad
suaviza la mirada.
3️⃣ No necesito
hacer nada extraordinario para bendecir; basta con recordar.
Y
algo más profundo comienza a sentirse: No soy pequeño. No soy insuficiente. No
soy irrelevante.
🌅 El núcleo transformador de la Lección 58:
El
ego dice: “Eres limitado.”
El
recuerdo responde: “Soy tal como fui creado.”
La
santidad no es arrogancia. Es ausencia de culpa. Y cuando la culpa se afloja,
la percepción deja de atacar.
🌿 Frase para acompañar el experimento.
Durante
el día repite suavemente: “Mi santidad bendice esto.”
Y cuando aparezca autocrítica: “Soy bendito por ser quien soy.”

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