Del sacrificio al amor: Una reflexión desde la Lección 343.
Desde ese
lugar surge la pregunta: Si esto lo hago “por amor”, ¿por qué me pesa tanto?
La Lección 343
de Un Curso de Milagros aborda esta cuestión de forma directa, pero no desde la
exigencia moral, sino desde una revisión profunda de cómo interpretamos el dar.
El sacrificio
no está en el acto, sino en la interpretación.
El Curso no dice que cuidar sea un
error.
No dice que el cansancio sea una falta espiritual.
No dice que debamos forzarnos a sentir amor cuando no lo sentimos.
Dice algo
mucho más preciso: El sacrificio no es un hecho, es una interpretación.
El sufrimiento aparece cuando el
acto de cuidar se acompaña de pensamientos como:
- “Estoy perdiendo mi vida”.
- “Yo debería estar haciendo otra cosa”.
- “Esto no me corresponde”.
- “Si no fuera por esto, sería más feliz”.
En ese punto,
el cuidado deja de ser un gesto presente y se convierte en una renuncia forzada.
No por lo que se hace, sino por cómo se vive internamente.
Lo que el ego
llama sacrificio.
Para el ego,
sacrificarse significa perder algo valioso, quedar en desventaja, dar más de lo
que se recibe, postergarse a uno mismo.
Por eso el
sacrificio casi siempre va acompañado —aunque sea en silencio— de resentimiento,
cansancio emocional, sensación de injusticia y culpa por desear otra cosa.
El Curso es
muy claro al respecto: El amor no exige sacrificio. Si hay sacrificio, no es
amor, aunque la forma externa sea correcta.
El giro que
propone la Lección 343:
La Lección 343 no nos pide que
demos más.
Nos pide que cuestionemos la idea de pérdida.
En esencia, nos recuerda: Nada real
puede perderse.
Esto no significa que no haya
esfuerzo, no haya límites, no haya cansancio y no necesitemos ayuda.
Significa algo más profundo: no
estás perdiendo tu Ser por cuidar.
El dolor
aparece cuando creemos que nuestra vida verdadera está en lo que no estamos
haciendo, y que el amor nos está alejando de ella.
Elegir no es
lo mismo que imponerse.
Hay una diferencia clave entre “tengo
que hacer esto” y “estoy eligiendo esto ahora”.
El Curso no
niega que haya circunstancias difíciles, pero sí señala que el sufrimiento se
intensifica cuando el cuidado se vive como obligación moral, deuda o castigo.
El amor
empieza a sentirse cuando el acto se elige internamente, aunque sea con
cansancio, cuando se deja de usar el cuidado como prueba de valor o de culpa y
cuando se reconoce que el propio valor no depende de cuántas cosas se
renuncian.
Amar no es
anularse.
Desde la
visión de UCDM, amar no significa agotarse hasta desaparecer, no poner límites,
no pedir ayuda, no descansar o no decir “hasta aquí”.
Si el cuidado
te destruye, no es amor lo que se está expresando, sino una creencia
inconsciente de que debes pagar algo, compensar algo o demostrar algo.
A veces, poner
un límite es el acto más amoroso, incluso cuando genera incomodidad.
Una pregunta
honesta que transforma la percepción.
La Lección 343
nos invita a mirar con suavidad: ¿Qué creo que estoy perdiendo al cuidar? ¿Y
quién sería yo sin esa idea de pérdida?
No para juzgar
la respuesta, sino para descubrir si aquello que creemos perder es real… o es
solo una identidad que el ego se resiste a soltar.
Cuando el
sacrificio se afloja.
Cuando empieza
a asentarse —aunque sea poco a poco— la idea de que el amor no empobrece, algo
cambia: el resentimiento se suaviza, la culpa pierde fuerza, el cuidado se
vuelve más humano y el acto sigue siendo el mismo, pero la vivencia interna se
transforma. No porque todo sea fácil, sino porque deja de ser una condena.
A título de
resumen diremos que la Lección 343 no idealiza el cuidado ni exige heroísmo
espiritual. Nos recuerda algo esencial:
Nada real
puede perderse.
Y el amor nunca te quita lo que eres.
Si hoy algo se vive como sacrificio, el Curso no acusa. Solo invita a mirar ahí con honestidad y amabilidad. Porque no es el amor lo que duele. Es la creencia de que amar nos deja sin nada. Y esa creencia —como todas— puede ser revisada.

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