viernes, 29 de agosto de 2025

Capítulo 23. I. Las creencias irreconciliables (4ª parte).

I. Las creencias irreconciliables (4ª parte).

7. Lo que tú recuerdas forma parte de ti. 2Pues no puedes sino ser tal como Dios te creó. 3La verdad no lucha contra las ilusiones ni las ilusiones luchan contra la verdad. 4Las ilusiones sólo luchan entre ellas. 5Al estar fragmentadas, fragmentan a su vez. 6Pero la verdad es indivisible y se encuentra mucho más allá de su limi­tado alcance. 7Recordarás lo que sabes cuando hayas compren­dido que no puedes estar en conflicto. 8Una ilusión acerca de ti mismo puede luchar contra otra, mas la guerra entre dos ilusiones es un estado en el que nada ocurre. 9No hay ni vencedor ni victo­ria. 10Y la verdad se alza radiante, más allá del conflicto, intacta y serena en la paz de Dios.

Mientras que el olvido se origina por la decisión de ir hacia adelante, recordar se origina por un movimiento de ir hacia atrás. La etimología del término recordar nos informa que procede del latín "recordari", constituido por el prefijo re. Actúa como propiedad de reiteración en dirección hacia atrás, y las formas cor, cordis, que remiten al corazón. Se observa que en la antigüedad la capacidad del pensamiento y la reflexión tenían origen en el centro del cuerpo. Podríamos decir que la capacidad de recordar, más allá de ser una acción cerebral donde se inscriben los recuerdos, es una característica vinculada al corazón. Recordar significa volver a pasar por el corazón.

Esto tiene sentido al conocer que la experiencia tiene la capacidad de despertar nuestros sentimientos, los cuales están estrechamente relacionados con la fuente del corazón. Ese sentimiento manda un mensaje al cerebro donde queda grabado e inscrito, formando parte de nuestra memoria. 

Si aplicamos lo dicho al mensaje con el que Jesús inicia este punto, debemos entender que recordar lo que somos es el proceso de activación de nuestro corazón para despertar la visión de lo que realmente somos. El sentimiento que tiene ese poder de reactivación de nuestro corazón es el amor.

Recordaremos lo que sabemos cuando hayamos comprendido que no podemos estar en conflicto, o lo que es lo mismo, cuando decidamos amarnos y amar.

8. Los conflictos sólo pueden tener lugar entre dos fuerzas. 2No pueden existir entre lo que es un poder y lo que no es nada. 3No hay nada que puedas atacar que no forme parte de ti. 4Y al ata­carlo das lugar a dos ilusiones de ti mismo en conflicto entre sí. 5esto ocurre siempre que contemplas alguna creación de Dios de cualquier manera que no sea con amor. 6El conflicto es temi­ble, pues es la cuna del temor. 7Mas lo que ha nacido de la nada no puede cobrar realidad mediante la pugna. 8¿Por qué llenar tu mundo de conflictos contigo mismo?. 9Deja que toda esa locura quede des-hecha y vuélvete en paz al recuerdo de Dios, el cual brilla aún en tu mente serena.

"No hay nada que puedas atacar que no forme parte de ti". Este mensaje de Jesús es contundente y, si lo integramos en nuestra conciencia, despertaríamos del sueño de la sinrazón en el que nos encontramos sumidos. Aceptarlo como verdad supone que hemos comprendido la naturaleza verdadera de nuestro ser. Somos mentes con capacidad para interpretar lo que ve, pero esa capacidad exige consciencia, es decir, podemos interpretar que lo que vemos se encuentra fuera de nosotros, nos es ajeno, o podemos interpretar que lo que vemos forma parte de nuestra mente, es decir, somos nosotros mismos.

Cuando decidimos interpretar que lo que vemos se encuentra fuera de nuestra mente, lo que estamos haciendo es activar el conflicto, al enfrentar dos pensamientos ilusorios: uno, al creer que el otro tiene la intención de atacarnos, y el otro, el que dicho ataque nada tiene que ver con nuestra interpretación mental.

Cuando decidimos interpretar que lo que vemos se encuentra en nuestra mente, lo que estamos haciendo es activar la relación santa en la cual nos unimos conscientemente con el único propósito de recorrer conjuntamente el camino de la salvación.

jueves, 28 de agosto de 2025

Capítulo 23. I. Las creencias irreconciliables (3ª parte).

I. Las creencias irreconciliables (3ª parte).

5. Esta guerra contra ti mismo se emprendió para enseñarle al Hijo de Dios que él no es quien realmente es, y que no es el Hijo de su Padre. 2tal fin, debe borrar de su memoria el recuerdo de su Padre. 3En la vida corporal dicho recuerdo se olvida, y si pien­sas que eres un cuerpo, creerás haberlo olvidado. 4Mas la verdad nunca puede olvidarse de sí misma, y tú no has olvidado lo que eres. 5Sólo una extraña ilusión de ti mismo, un deseo de derrotar lo que eres, es lo que no se acuerda.

Ya lo adelantábamos más arriba. El ego tiene como objetivo que nos olvidemos de nuestra verdadera realidad, de nuestra verdadera identidad, y para ello fabrica un sistema de pensamiento donde nos plantea una cuestión esencial: ¿Dónde está Dios, que no lo veo? ¿Dónde está la invulnerabilidad del ser y su eternidad?

Acostumbrados a que nuestra mente visualice aquello que percibimos, es lógico que tengamos resistencia a creer en aquello que no somos capaces de ver, tocar u oler.

Desde la visión del ego, la mente se confunde con el cerebro y hay argumentos que determinan que la mente es el cerebro en acción. Esta interpretación está basada en la creencia de que el cuerpo es el dueño y señor de nuestra identidad y que en él reside todo el poder para dirigir nuestros pensamientos y sentimientos.

La densidad del nivel tridimensional en el que se manifiesta actualmente la conciencia se convierte en un obstáculo para que seamos sensibles a la manifestación de la energía y el espíritu. A pesar de ello, el ego no puede obviar que la realidad de la energía existe, pues el avance de la ciencia tiene medios para medir su manifestación, lo cual la convierte en una idea aceptable dentro del raciocinio empírico de la mente actual.

El cuerpo es visible dado que se manifiesta en la dimensión donde el campo energético es más denso. Tanto los pensamientos como los sentimientos se manifiestan en su propia forma, que al ser más sutil no se expresa en forma de partículas, sino que lo hace en forma de ondas. 

6. La guerra contra ti mismo no es más que una batalla entre dos ilusiones que luchan para diferenciarse la una de la otra, cre­yendo que la que triunfe será la verdadera. 2No existe conflicto alguno entre ellas y la verdad. 3Ni tampoco son ellas diferentes entre sí. 4Ninguna de las dos es verdad. 5Por lo tanto, no importa qué forma adopten. 6Lo que las engendró es una locura y no pueden sino seguir formando parte de ello. 7La locura no repre­senta ninguna amenaza contra la realidad ni ejerce influencia alguna sobre ella. 8Las ilusiones no pueden vencer a la verdad ni suponer una amenaza para ella en absoluto. 9Y la realidad que niegan no forma parte de ellas.

Cada vez son más las mentes que son sensibles a la manifestación de la energía en su estado más sutil. Esto responde a la idea de que estamos recordando lo que realmente somos. Esa nueva percepción es lo que en el Curso se llama percepción verdadera y sus efectos tienen como consecuencia un importante cambio en el campo de las creencias.

La guerra del ego contra su ilusorio enemigo, Dios, tan solo tiene significado para la falsedad de su sistema de pensamiento y persigue un solo fin, el perpetuar su ilusoria existencia. La ilusión no es nada y lo que es nada no puede coexistir salvo al amparo de una falsa creencia en la nada.

Cuando tu mente te muestre la silueta del conflicto, piensa que lo que estás percibiendo es una ilusión y que no es nada. Es como luchar contra molinos de viento creyendo que son horribles monstruos a los que hay que vencer. Observa el motivo del conflicto, pero no lo hagas desde el miedo, pues si lo haces así, decidirás atacar las aspas de ese viejo molino. En su lugar, hazlo desde la lucidez que te aporta el amor. Lo ves ahora con mayor claridad. Ahora sabes que ese monstruo que estará frente a ti es tan solo un viejo molino. Decides apreciar su realidad y te regocijas al comprobar que estabas enfrentándote a una ilusión. Ahora, continúa tu camino, pues tu destino está cerca. 

miércoles, 27 de agosto de 2025

Capítulo 23. I. Las creencias irreconciliables (2ª parte).

I. Las creencias irreconciliables (2ª parte).

3. Ten por seguro que no es posible que Dios y el ego, o tú y el ego jamás os podáis encontrar. 2En apariencia lo hacéis y formáis extrañas alianzas basándoos en premisas que no tienen sentido. 3Pues vuestras creencias convergen en el cuerpo, al que el ego ha elegido como su hogar y tú consideras que es el tuyo. 4Vuestro punto de encuentro es un error: un error en cómo te consideras a ti mismo. 5El ego se une a una ilusión de ti que tú compartes con él. 6Las ilusiones, no obstante, no pueden unirse. 7Son todas lo mismo, y no son nada. 8Su unión está basada en la nada, pues dos de ellas están tan desprovistas de sentido como una o mil. 9El ego no se une a nada, pues no es nada. 10Y la victoria que anhela está tan desprovista de sentido como él mismo.

Podemos utilizar el cuerpo conociendo su condición ilusoria y atribuyéndole la función que, desde la percepción verdadera, nos ayudará a recordar nuestra verdadera identidad. En este sentido, las relaciones santas se convierten en el escenario más apropiado donde podemos anticipar la experiencia de santidad que formará parte de nuestra realidad cuando abandonemos el nivel físico y retornemos a nuestro verdadero hogar.

Dios y el ego no pueden formar una unidad, al igual que la luz no puede coexistir con la oscuridad. O hay luz o hay oscuridad. Con respecto a la identidad de lo que somos, ocurre igual; no podemos ser cuerpos y espíritu al mismo tiempo. El verdadero ser no puede estar condicionado por las leyes del cambio y de la temporalidad. El espíritu no nace ni muere, simplemente es. El cuerpo, en cambio, sí responde a esas leyes.

4. Hermano, la guerra contra ti mismo está llegando a su fin. 2El final de la jornada se encuentra en el lugar de la paz. 3¿No te gustaría aceptar la paz que allí se te ofrece? 4Este "enemigo" con­tra el que has luchado como si fuese un intruso a tu paz se trans­forma ahí, ante tus propios ojos, en el portador de tu paz. 5Tu "enemigo" era Dios Mismo, Quien no sabe de conflictos, victo­rias o ataques de ninguna clase. 6Su amor por ti es perfecto, abso­luto y eterno. 7El Hijo de Dios en guerra contra su Creador es una condición tan ridícula como lo sería la naturaleza rugiéndole iracunda al viento, proclamando que él ya no forma parte de ella. 8¿Cómo iba a poder la naturaleza decretar esto y hacer que fuese verdad? 9Del mismo modo, no es a ti a quien le corresponde deci­dir qué es lo que forma parte de ti y qué es lo que debe mante­nerse aparte.

¿Y si nuestro error con respecto a la realidad de nuestra verdadera identidad se redujese a una equivocada interpretación de la realidad percibida? Si fuese así, tendríamos que reconocer que nos hemos olvidado de nuestro origen, de que somos seres espirituales emanados de la Fuente Creadora que nos contiene y que dicho olvido ha sido consecuencia del uso de nuestra inexperta voluntad que, al prestarle atención al infinito campo donde emanan los arquetipos en forma de ideas potenciales, ha adquirido la capacidad de colapsar ese campo de posibilidades, consiguiendo con ello que la energía-idea-pensamiento se mostrase en una nueva dimensión, la física. Este proceso de transformación de la energía en partículas está siendo estudiado por los físicos cuánticos y está aportando una información muy valiosa sobre aquello que llamamos realidad.

Si lo dicho fuese posible, si lo que sucede responde a esa dinámica, tendremos que desmontar todo el sistema de creencia del ego, en especial el que nos hace seres de naturaleza pecaminosa, y en que nos mantiene prisioneros de la falsa identificación con la dimensión tridimensional.

martes, 26 de agosto de 2025

Capítulo 23. I. Las creencias irreconciliables (1ª parte).

I. Las creencias irreconciliables (1ª parte).

1. El recuerdo de Dios aflora en la mente que está serena. 2No puede venir allí donde hay conflicto, pues una mente en pugna consigo misma no puede recordar la mansedumbre eterna. 3Los medios de la guerra no son los medios de la paz, y lo que recuerda el belicoso no es amor. 4Si no se atribuyese valor a la creencia en la victoria, la guerra sería imposible. 5Si estás en con­flicto, eso quiere decir que crees que el ego tiene el poder de salir triunfante. 6¿Por qué otra razón sino te ibas a identificar con él? 7Seguramente te habrás percatado de que el ego está en pugna con Dios. 8Que el ego no tiene enemigo alguno, es cierto. 9Mas es igualmente cierto que cree firmemente tener un enemigo al que necesita vencer, y que lo logrará.

Si el origen del ego es el resultado de haber elegido una voluntad distinta a la compartida con la Fuente Original, con Dios, la consecuencia directa de esa elección no es otra que el conflicto. 

La ruta directa que comunica al Hijo con el Padre es hacer Su Voluntad, esto es, utilizar los atributos creadores heredados de Su Padre y crear desde el amor la esencia que nos mantiene en comunión con Dios y la Creación. 

Sin embargo, cuando la voluntad del Hijo se deja seducir por la fuerza del deseo de ser especial, la mente recibe la impronta de servir a ese nuevo impulso y se pone al servicio de él. La mente pasa de un estado de paz a un estado de conflicto y de duda. El impulso del deseo nos lleva a elegir una nueva ruta que, en vez de comunicarnos directamente con nuestro Creador, nos separa de Él.

2. ¿No te das cuenta de que una guerra contra ti mismo sería una guerra contra Dios? 2Y en una guerra así, ¿es concebible la victo­ria? 3Y si lo fuese, ¿la desearías? 4La muerte de Dios, de ser posi­ble, significaría tu muerte. 5¿Qué clase de victoria sería ésa? 6El ego marcha siempre hacia la derrota porque cree que puede ven­certe. 7Dios, no obstante, sabe que eso no es posible. 8Eso no es una guerra, sino la descabellada creencia de que es posible atacar y derrotar la Voluntad de Dios. 9Te puedes identificar con esta creencia, pero jamás dejará de ser una locura. 10Y el miedo rei­nará en la locura, y parecerá haber reemplazado al amor allí. 11Éste es el propósito del conflicto. 12Y para aquellos que creen que es posible, los medios parecen ser reales.

El ego cree que puede vencer al espíritu negándolo. Para ello, fabrica un sistema de pensamiento basado en la percepción sensorial y establece como su pilar más firme aquello que no perciba con sus sentidos: no existe. Es su modo de vencer a su "enemigo", a Dios. Esa enemistad tan solo existe en su sistema de pensamiento, el cual está ocultando el miedo que siente por aquello que niega. El temor a Dios es su obsesión oculta, pues si lo reconociese abiertamente, estaría contradiciéndose en su creencia de que Dios no existe. El ego se guarda en la manga su carta más valiosa y cuando lo ve necesario, la utiliza con astucia y trata de convencer a su audiencia de que si Dios existiese, ¿cómo en su inmensa sabiduría y gracia podría permitir las desgracias que el mundo padece?

El ego es el maestro de la ilusión y la mentira. El temor del ego a Dios no está basado realmente en la creencia de su inexistencia, sino en que su existencia significaría su irrealidad.

lunes, 25 de agosto de 2025

Capítulo 23. LA GUERRA CONTRA TI MISMO: Introducción (2ª parte).

Capítulo 23

LA GUERRA CONTRA TI MISMO

 

Introducción (2ª parte).

4. No permitas que las pequeñas interferencias te arrastren a la pequeñez. 2La culpabilidad no ejerce ninguna atracción en el estado de inocencia. 3¡Piensa cuán feliz es el mundo por el que caminas con la verdad a tu lado! 4No renuncies a ese mundo de libertad por un pequeño anhelo de aparente pecado, ni por el más leve destello de atracción que pueda ejercer la culpabilidad. 5¿Despreciarías el Cielo por causa de esas insignificantes distracciones? 6Tu destino y tu propósito se encuentran mucho más allá de ellas, en un lugar nítido donde no existe la pequeñez. 7Tu pro­pósito no se aviene con ninguna clase de pequeñez. 8De ahí que no se avenga con el pecado.

Tómate tan solo un instante de recogimiento y elige una vivencia en la que identifiques tu deseo de ser especial. No te costará mucho encontrarla. Analízala. Podría pedirte que describieras con detalles tu comportamiento, tus sensaciones, tus emociones. Pero no lo haré. Tan solo te pedirá que contestes esta pregunta: ¿Estás en paz?

Yo he realizado ese mismo ejercicio retrospectivo y debo decir que en todas las circunstancias en las que me he identificado con el deseo de ser especial, jamás he logrado un estado de paz. Me he preguntado el porqué de este hecho y he llegado a la conclusión de que la única razón de ello es porque me siento un ser débil e intento constantemente recuperar la fortaleza que he creído perder cuando decido atacar en vez de amar.

5. No permitamos que la pequeñez haga caer al Hijo de Dios en la tentación. 2Su gloria está más allá de toda pequeñez, al ser tan inconmensurable e intemporal como la eternidad. 3No dejes que el tiempo enturbie tu visión de él. 4No lo dejes solo y atemorizado en su tentación, sino ayúdalo a que la supere y a que perciba la luz de la que forma parte. 5Tu inocencia alumbrará el camino a la suya, y así la tuya quedará protegida y se mantendrá en tu conciencia. 6Pues, ¿quién puede conocer su gloria y al mismo tiempo percibir lo pequeño y lo débil en sí mismo? 7¿Quién puede cami­nar temblando de miedo por un mundo temible, y percatarse de que la gloria del Cielo refulge en él?

He reflexionado mucho sobre el hecho de que el Hijo de Dios se dejase seducir por el deseo de ser especial, cuando en su condición divina gozaba de los mismos atributos creadores que su Padre. Si ya era como Dios, ¿qué sentido tendría que decidiese oír la voz de la serpiente que le prometía ser como Dios si comía del árbol prohibido? 

El hombre, en su acción creadora dentro del mundo del sueño, ejerce su facultad para crear vida a nivel físico, para tener hijos. Esa criatura que surge de la unión del esperma masculino y del óvulo femenino se manifiesta en su proceso de crecimiento de manera dependiente del alimento que le ofrece su madre. Este estado está en analogía con la condición en la que se encontraban Adán y Eva en el Edén, donde tenían todo lo que pudiesen necesitar a su disposición. 

El feto continúa su crecimiento dentro del vientre materno y llega un día en el que ese estado de unidad alcanza su fin. El nacimiento al mundo exterior viene acompañado de la rotura del cordón umbilical a través del cual ha estado recibiendo el alimento necesario para su formación. Esa separación viene acompañada de un llanto y de una primera inhalación de un nuevo elemento, el oxígeno, que al penetrar en sus pulmones le permite sobrevivir de manera separada de su creador. El aire como elemento representa el pensamiento. El niño tiene esa capacidad para vivir en el mundo donde impera ese elemento. Esto es, tiene la capacidad para hacer uso de la energía del pensamiento. Pero en esa etapa ese niño no tiene la capacidad consciente para hacer uso de él. Por lo tanto, deberá aprender a utilizar dicha capacidad. 

En todo el proceso descrito, hay una etapa muy importante que nos ayuda a comprender la razón por la que podemos no ser conscientes del poder del que somos portadores.  ¿Es posible que el Hijo de Dios, aun siendo portador de los mismos atributos creadores que Dios, no fuese consciente de ello para su uso? 

En el proceso de crecimiento del niño, la infancia se caracteriza por el estado de unión que tiene con sus progenitores. Piensa, siente y se alimenta de lo ofrecido por sus padres. Pero con la llegada de la adolescencia, el niño despierta su deseo de ser especial, ser diferente a sus padres y, aunque sigue teniendo la herencia trasladada por ellos, el niño adquiere el firme deseo de satisfacer sus apetencias, pensando y sintiendo de manera diferente si así lo cree necesario.

6. No hay nada a tu alrededor que no forme parte de ti. 2Contém­plalo amorosamente y ve la luz del Cielo en ello. 3Pues así es como llegarás a comprender todo lo que se te ha dado. 4El mundo bri­llará y resplandecerá en amoroso perdón, y todo lo que una vez considerabas pecaminoso será re-interpretado ahora como parte integrante del Cielo. 5¡Qué bello es caminar, limpio, redimido y feliz, por un mundo que tanta necesidad tiene de la redención que tu inocencia vierte sobre él! 6¿Qué otra cosa podría ser más impor­tante para ti? 7Pues he aquí tu salvación y tu libertad. 8Y éstas tienen que ser absolutas para que las puedas reconocer.

Cuando Jesús nos está afirmando que no hay nada a nuestro alrededor que no forme parte de nosotros, nos está revelando las claves de nuestra identidad. Somos el Hijo de Dios. Somos Su Creación. Somo la Filiación. Somos Uno. La unidad tan solo es posible en el nivel de la mente recta. Nada es real fuera de la mente. La verdad pertenece al nivel de la mente recta. El Conocimiento forma parte de la Mente Recta. 

Como mente, formamos una unidad con otras mentes. Todo lo que vemos y todo lo que percibimos lo hacemos con el uso de la mente. Por tal razón, todo lo que hay a nuestro alrededor forma parte de nuestra mente. Nada existe fuera de nuestra mente. 

viernes, 22 de agosto de 2025

Capítulo 22. III. La razón y las distintas formas del error (4ª parte).

 III. La razón y las distintas formas del error (4ª parte).

7. Sólo los errores varían de forma, y a eso se debe que puedan engañar. 2Tú puedes cambiar la forma porque ésta no es verdad. 3Y no puede ser la realidad precisamente porque puede cambiar. 4La razón te diría que si la forma no es la realidad tiene que ser entonces una ilusión, y que no se puede ver porque no existe. 5si la ves debes estar equivocado, pues estás viendo lo que no puede ser real como si lo fuera. 6Lo que no puede ver más allá de lo que no existe no puede sino ser percepción distorsionada, y no puede por menos que percibir a las ilusiones como si fuesen la verdad. 7¿Cómo iba a poder, entonces, reconocer la verdad?

Mientras que para este Curso el error tan sólo es uno, para el ego, los errores varían de forma.

Un Curso de Milagros reconoce un sólo error: el creer que estamos separados de nuestro Creador y de Su creación. Al tratarse de una única causa, también diremos que tan sólo hay una sóla solución, la corrección, esto es, la Expiación.

Al estudiar el Curso, nos resultará de gran ayuda el entender desde la razón el significado de verdad y realidad. 

Os dejo un enlace de una de mis publicaciones titulada "Nada real puede ser amenazado", donde analizo los conceptos "verdad" y "real" de manera que nos permita conocer su significado y nos permita reconocer lo que los diferencia de lo ilusorio.

Aprendiendo Un Curso de Milagros: Nada real puede ser amenazado

8. No permitas que la forma de sus errores te aleje de aquel cuya santidad es la tuya. 2No permitas que la visión de su santidad, que te mostraría tu perdón, quede oculta tras lo que ven los ojos del cuerpo. 3No permitas que la conciencia que tienes de tu her­mano se vea obstruida por tu percepción de sus pecados y de su cuerpo. 4¿Qué hay en él que quisieras atacar, excepto lo que aso­cias con su cuerpo, el cual crees que puede pecar? 5Más allá de sus errores se encuentra su santidad junto con tu salvación. 6Tú no le diste su santidad, sino que trataste de ver tus pecados en él para salvarte a ti mismo. 7Sin embargo, su santidad es tu perdón. a¿Cómo ibas a poder salvarte si haces de aquel cuya santidad es tu salvación un pecador?

El error más común que nos acompaña cuando interpretamos la realidad desde el punto de vista del ego es proyectar sobre los demás el contenido de nuestros pensamientos no amorosos. No aguantamos el peso de nuestros sentimientos de culpabilidad y ello nos lleva a querer corregirlo en la forma del otro. El desconocimiento de que es nuestra mente la que nos lleva a interpretar y a juzgar nos lleva a trasladar esa autoría al cuerpo, en el cual se perciben las diferencias y donde se hace más evidente la separación.

En el alocado deseo de quedar limpio de "pecado", nos lanzamos a una descabellada cruzada dirigida hacia los demás, a los que consideramos nuestros enemigos, en un intento de sanar nuestra naturaleza pecadora. Nos vemos débiles y ello nos lleva a percibir la debilidad en los demás, por lo que decidimos defendernos de ellos propiciándole nuestro justificado ataque para poner fin al mal. 

9. Una relación santa, por muy recién nacida que sea, tiene que valorar la santidad por encima de todo lo demás. 2Cualquier valor profano producirá confusión, y lo hará en la conciencia. 3En las relaciones no santas se le atribuye valor a cada uno de los indivi­duos que la componen, ya que cada uno de ellos parece justificar los pecados del otro. 4Cada uno ve en el otro aquello que le incita a pecar en contra de su voluntad. 5De esta manera, cada uno le atribuye sus pecados al otro y se siente atraído hacia él para poder perpetuar sus pecados. 6Y así se hace imposible que cada uno vea que él mismo es el causante de sus propios pecados al desear que el pecado sea real. 7La razón, en cambio, ve una relación santa como lo que realmente es: un estado mental común, donde ambos gustosamente le entregan sus errores a la corrección, de manera que los dos puedan ser felizmente sanados cual uno solo.

La teoría del "espejo" viene a reforzar la idea de que nuestro hermano no es nuestro enemigo, sino todo lo contrario, es nuestro salvador. Me gusta pensar que entre la humanidad existe un pacto de amor sellado en el Cielo y por el que nos ofrecemos a realizar la función de "salvadores" para los demás. Gracias a este pacto, la salvación queda garantizada por el compromiso adquirido en dicho pacto.

El otro es nuestro espejo, esto es, nos refleja aquello que no vemos en nosotros mismos. El espejo no nos engaña, nos muestra tal y como nos proyectamos sobre él. Podemos pedirle al espejo que nos diga quién es la criatura más bella del mundo, pero debemos estar dispuestos a aceptar que la respuesta de ese espejo no sea de nuestro agrado, tal y como ocurrió en el cuento de hadas.

El otro siempre nos muestra el rostro que proyectamos en él. Podemos reconocer aspectos positivos de nuestra personalidad de los que no somos totalmente conscientes y podemos ver en ellos la parte más oscura y oculta de nuestro ser. Trascender el juicio condenatorio de lo percibido en el espejo del otro nos abrirá las puertas de la salvación. La razón habrá abierto nuestros ojos a la verdadera realidad y nos habrá permitido recordar lo que somos realmente. En ese recuerdo, también reconoceremos el pacto que hemos sellado con todos nuestros hermanos de Filiación. 

Capítulo 23. LA GUERRA CONTRA TI MISMO: Introducción (1ª parte).

Capítulo 23

LA GUERRA CONTRA TI MISMO

 

Introducción (1ª parte).

1.  ¿No te das cuenta de que lo opuesto a la flaqueza y a la debili­dad es la impecabilidad*? 2La inocencia es fuerza, y nada más lo es. 3Los que están libres de pecado no pueden temer, pues el pecado, de la clase que sea, implica debilidad. 4La demostración de fuerza de la que el ataque se quiere valer para encubrir la fla­queza no logra ocultarla, pues, ¿cómo se iba a poder ocultar lo que no es real? 5Nadie que tenga un enemigo es fuerte, y nadie puede atacar a menos que crea tener un enemigo. 6Creer en enemigos es, por lo tanto, creer en la debilidad, y lo que es débil no es la Volun­tad de Dios. 7Y al oponerse a ésta, es el "enemigo" de Dios. 8Y así, se teme a Dios, al considerársele una voluntad contraria.

A estas alturas de las enseñanzas, tal vez nos hayamos dado cuenta de que el sistema de pensamiento fabricado por el ego, por la creencia en la separación, ha dado lugar a un mundo contrario al orden natural, esto es, a la verdad y a lo real. 

La creencia en la separación favoreció el pensamiento del miedo, del pecado y de la culpa. El creer que el comer de la fruta prohibida del árbol del bien y del mal tuvo como consecuencia la expulsión del estado paradisiaco del que gozaba el Hijo de Dios, es decir, del estado de unidad con Dios y con Su Creación, nos llevó a descubrir nuestra desnudez, esto es, nuestra inocencia, y a sentirnos avergonzados al albergar el deseo de ser especial y a la pérdida de nuestra impecabilidad y fortaleza.

Nos dicen las Escrituras que ese acto de desobediencia propició que la conciencia entrase en un estado semejante al sueño del cual aún no ha despertado. Ese estado de sueño ha dado lugar a la percepción falsa y a la fabricación de una realidad ilusoria cuyo protagonista es el cuerpo y las leyes de la temporalidad propias de lo irreal.

La fortaleza de Dios es inquebrantable y está basada en su naturaleza impecable y pura. Su Hijo comparte esa misma condición, la cual forma parte de su naturaleza verdadera y espiritual. Sin embargo, cuando su voluntad fue seducida por la tentación del deseo de ser especial, su mente dejó de servir al amor y a la unidad y su conciencia quedó dormida y sumida en la pesadilla del sueño que es el estado en el que la mente se encuentra cuando decide servir a la dualidad y negar la unidad.

2.  ¡Qué extraña se vuelve en verdad esta guerra contra ti mismo! 2No podrás sino creer que todo aquello de lo que te vales para los fines del pecado puede herirte y convertirse en tu enemigo. 3Y lucharás contra ello y tratarás de debilitarlo por esa razón, y cre­yendo haberlo logrado, atacarás de nuevo. 4Es tan seguro que tendrás miedo de lo que atacas como que amarás lo que percibes libre de pecado. 5Todo aquel que recorre con inocencia el camino que el amor le muestra, camina en paz. 6Pues el amor camina a su lado, resguardándolo del miedo. 7Y lo único que ve son seres inocentes, incapaces de atacar.

La historia de la humanidad parece surgir a partir de que la astuta serpiente tentara a Eva para que comiese de la fruta prohibida. La implicación de la naturaleza emocional —Eva— le pide a la voluntad —Adán— que se ponga a su servicio, esto es, que coma, igualmente, de la fruta para que de este modo pudiesen ser como Dios. Detrás de esta simbología sagrada se esconde el mecanismo que llevó a la mente a desviar su atención hacia una fuerza llamada deseo de la que no era consciente. El Hijo de Dios gozaba del estado de comunión con su creador y en ese estado del ser era pleno, perfecto e inocente. La fuerza del deseo se presenta a la mente mostrándole el aspecto de la necesidad, de la incompleción, de la escasez, cuando en verdad, el argumento de ser como Dios era una falsa astucia, pues el Hijo de Dios ya era como Dios, pero lo narran dándonos a entender que no era consciente de dicha condición.

No, la historia de la humanidad no surge tras la ilusoria transgresión de quebrantar el precepto divino de no comer del árbol del bien y del mal. La humanidad es Una, pues es la Filiación, la obra creadora de Dios. El Hijo de Dios es Uno. La separación fue una ilusión: El "surgimiento de muchos" proviene del aparente sueño de separación, en el que el Hijo único pareció separarse de Dios. Este acto nunca ocurrió en realidad, pero parece haber sucedido en la mente dormida del Hijo.    Los muchos cuerpos, las múltiples mentes y personalidades que percibimos forman parte de este sueño de separación. En verdad, no estamos separados, pero creemos estarlo. Esta creencia origina el mundo que vemos.

3. Camina gloriosamente, con la cabeza en alto, y no temas nin­gún mal. 2Los inocentes se encuentran a salvo porque comparten su inocencia. 3No ven nada que sea nocivo, pues su conciencia de la verdad libera a todas las cosas de la ilusión de la nocividad. 4Y lo que parecía nocivo resplandece ahora en la inocencia de ellos, liberado del pecado y del miedo, y felizmente de vuelta en los brazos del amor. 5Los inocentes comparten la fortaleza del amor porque vieron la inocencia. 6Y todo error desapareció porque no lo vieron. 7Quien busca la gloria la halla donde ésta se encuentra. 8¿Y dónde podría encontrarse sino en los que son inocentes?

El inocente no siente la necesidad de ser alguien, ni siente miedo de no ser nadie. El inocente no siente el deseo de ser especial y no se siente incompleto, ni separado, pues se sabe parte del Todo, el Hijo de Dios.

La creencia en el pecado, en la separación, es un pesado fardo que no nos permite sentirnos en libertad. Creer en el pecado despierta la voz juzgadora de la culpa que nos atormenta con liberarnos de esa pesada carga. Ante la desesperación que ocasiona el sentimiento de la culpa, tomamos la decisión de castigarnos, entendiendo que atacándonos quedaremos purificados de nuestros pecados. El cuerpo es el elegido para sufrir ese suplicio redentor, pero lo peor de ello no es tan solo el autocastigo que nos infligimos, sino que proyectaremos sobre los demás ese ejercicio de purificación y atacaremos el pecado que percibiremos en el otro a través de nuestros juicios condenatorios.

jueves, 21 de agosto de 2025

Capítulo 22. VI. La luz de la relación santa (5ª parte).

VI. La luz de la relación santa (5ª parte).

13. Sólo los que son diferentes pueden atacar. 2de ahí deduces que porque puedes atacar, debes ser diferente de tu hermano. 3Sin embargo, el Espíritu Santo explica esto de otra manera. 4No pue­des atacar precisamente porque no eres diferente de tu hermano. 5Cualquiera de esas dos posturas es una conclusión lógica. 6Cual­quiera de ellas puede ser aceptada, pero no ambas. 7La única pregunta que necesita contestarse a fin de decidir cuál de las dos es verdad, es si en realidad tú eres diferente de tu hermano. 8Desde el punto de vista de lo que entiendes parece que lo eres, y, por lo tanto, que puedes atacar. 9De ambas alternativas, ésta parece la más natural y la más afín a tu experiencia. 10Por eso es necesario que tengas otras experiencias, más afines a la verdad, para enseñarte lo que en realidad es natural y verdadero.

Si aplicamos en nuestras vidas el sistema de pensamiento del ego, nos resultará difícil entender por qué, a pesar de que dicho sistema de pensamiento nos lleva a la percepción del miedo, del dolor, del sufrimiento, no decidimos cambiarlo, sustituirlo por un nuevo sistema de pensamiento. Planteado más escuetamente: "Si algo nos hace daño, ¿por qué no lo abandonamos?

Los investigadores del comportamiento del cerebro nos aportan información que nos puede ayudar a encontrar una respuesta a esta cuestión.

Mientras que la mente se relaciona con los pensamientos, el cuerpo se relaciona con los sentimientos y emociones. En el sistema del ego, el cuerpo es el dueño y la mente su servidora. La razón de ello radica en que las experiencias vividas por el cuerpo producen sentimientos y emociones que el cerebro graba en forma de memoria. La repetición de esas experiencias corporales fortalece los sentimientos y emociones, los cuales potencian la parte del cerebro donde se produce la grabación en la memoria, convirtiéndose en el recuerdo. De este modo, cada vez que afrontamos una experiencia similar, el cerebro activa el recuerdo de los sentimientos vividos en el pasado y, de manera automática, responde ante ello de la misma forma en la que lo hicimos en la primera experiencia. Llega un momento en que, cuando estamos repitiendo vivencias (cosa bastante común), lo que estamos haciendo es recrear el pasado, es decir, vivimos el presente en términos de pasado y en nuestra vida todo se repite una y otra vez.

Ante un cerebro programado por las experiencias del cuerpo, la mente tiene poco que hacer, es decir, la función creadora de la mente está imposibilitada de ejercer su función cuando el cerebro está totalmente supeditado al cuerpo.

Si creemos que somos un cuerpo y vemos a nuestros hermanos como una amenaza para nuestra seguridad personal, lo que estamos haciendo es transmitir al cerebro el mensaje de nuestros sentimientos de miedo como consecuencia de nuestra relación individual. Pensaremos y sentiremos que el otro es una fuente de peligro para nuestra integridad. Lo que sigue, todos lo conocemos.

"Será necesario tener otras experiencias más afines a la verdad", nos dice Jesús en este punto. Esas experiencias nuevas deben reinvertir los papeles del cerebro y del cuerpo. La mente recta, la razón, debe gobernar el cerebro y deshacer los viejos sentimientos y emociones basadas en el miedo, y en su lugar, depositar la gracia del amor. De este modo, la relación especial se convertirá en santa y los efectos de ello serán la expansión del amor y de la paz en el mundo.

14. Esa es la función de tu relación santa. 2Pues lo que uno de vosotros piense, el otro lo experimentará con él. 3¿Qué puede querer decir esto, sino que tu mente y la mente de tu hermano son una? 4No veas con temor este feliz hecho ni pienses que con ello se te impone una pesada carga. 5Pues cuando lo hayas acep­tado de buen grado, te darás cuenta de que vuestra relación es un reflejo de la unión que existe entre el Creador y Su Hijo. 6Entre las mentes amorosas no hay separación. 7Y cada pensamiento que una de ellas tiene le brinda felicidad a la otra porque es la misma mente. 8La dicha es ilimitada porque cada pensamiento de amor radiante extiende su ser y crea más de sí mismo. 9En él no tienen cabida las diferencias, pues todo pensamiento es como él mismo.

Al cambiar las funciones directoras del cuerpo en el cerebro-mente, lo que estaremos haciendo es percibir correctamente la realidad. El cuerpo es neutral y la mente es la que es portadora del poder de crear. En el mundo de la ilusión que percibimos actualmente, cuando este cambio de funciones sea una realidad, el cuerpo gozará de mayor armonía y salud, pues será la expresión de los mandatos que recibe de la fuente, de la mente, donde la visión de la unidad hará que todo goce de la vibración armónica de la paz.

El Hijo de Dios será consciente de su poder creador y lo utilizará para establecer relaciones santas y para dirigir la vida bajo la guía del Espíritu Santo y de la visión Crística.

15. La luz que os une brilla a través del universo, y puesto que os une, hace que seáis uno con vuestro Creador. 2en Él converge toda la creación. 3¿Lamentarías no poder sentir miedo solo, cuando tu relación te puede enseñar que el poder del amor reside en ella, haciendo así que el miedo sea imposible? 4No intentes conservar un poco del ego junto con este regalo. 5Pues se te dio para que lo usaras, no para que lo ocultases. 6Aquello que te enseña que no os podéis separar niega al ego. 7Deja que la verdad decida si tú y tu hermano sois diferentes o iguales, y que te enseñe cuál de estas dos posibilidades es verdad.

Cuando escribo estas líneas, soy consciente de que mi razón me dice que no soy un cuerpo; que mi realidad verdadera es ser el Hijo de Dios. Que soy libre para amar y para crear. Que mi voluntad puede servir a la verdad o al error. Que puedo elegir: ser especial o ser santo. Que ser especial es elegir por el miedo y por el sufrimiento. Que ser santo es elegir por el amor y por la paz.

Soy consciente del infinito campo de posibilidades donde mi mente puede colapsar una opción u otra. Soy consciente de la importancia de saber elegir bajo la supervisión de la Mente Recta, del Espíritu Santo.

Jesús, sensible a todas estas cuestiones, nos ayuda en este instante crucial y nos dice: "Deja que la verdad decida si tú y tu hermano sois diferentes o iguales, y que te enseñe cuál de estas dos posibilidades es verdad".

Si vemos diferencias, las consecuencias ya las conocemos; el miedo gobernará nuestras vidas y seremos infelices.

Si vemos igualdad, las consecuencias ya las conocemos: el amor se expandirá en nuestras vidas y compartiremos la felicidad eterna. 

miércoles, 20 de agosto de 2025

Capítulo 22. VI. La luz de la relación santa (4ª parte).

VI. La luz de la relación santa (4ª parte).

9. ¿Qué otra cosa podría ser contemplar con caridad aquello que tu Padre ama, sino una bendición universal? 2Extender el perdón es la función del Espíritu Santo. 3Deja eso en Sus manos. 4Ocúpate únicamente de entregarle aquello que se puede extender. 5No guardes ningún secreto tenebroso que Él no pueda usar, antes bien, ofrécele los pequeños regalos que Él puede extender para siempre. 6Él aceptará cada uno de ellos y los convertirá en una fuerza potente en favor de la paz. 7El Espíritu Santo no dejará de bendecir ni uno solo de los regalos que le haces ni los limitará en forma alguna. 8Los infundirá de todo el poder que Dios le ha conferido, a fin de hacer de cada uno de ellos un manantial de curación para todos. 9Cada pequeño regalo que le ofreces a tu hermano derrama luz sobre el mundo. 10No te preo­cupes por las tinieblas; mira más allá de ellas y contempla a tu hermano. 11Y deja que las tinieblas sean disipadas por Aquel que conoce la luz y que tiernamente la deposita en cada una de las dulces sonrisas de fe y de confianza con que bendices a tu her­mano.

El mejor regalo que podemos ofrecerle al Espíritu Santo es el de nuestra mente recta, la razón. De nuestra mente recta tan sólo pueden fluir pensamientos amorosos y portadores de dicha y felicidad. De la mente recta surge la gratitud y el reconocimiento de que todos formamos parte de la unidad compartida en la Mente de Dios, nuestro Creador. La gratitud es una expresión del amor, por lo que su expresión se convierte en el reconocimiento de la unidad.

El gesto de la gratitud bendice al receptor y al emisor, pues, como hemos dicho anteriormente, sus efectos producen la visión de la unidad. Agradecer y bendecir son el regalo que podemos ofrecer al Espíritu Santo para que lo extienda allí donde se necesi

10De tu aprendizaje depende el bienestar del mundo. 2es sólo la arrogancia lo que negaría el poder de tu voluntad. 3¿Crees acaso que la Voluntad de Dios es impotente? 4¿Es a eso a lo que llamas humildad? 5No te das cuenta de lo que esta creencia ha ocasionado. 6Te consideras a ti mismo vulnerable, débil, fácil de destruir y a merced de innumerables agresores mucho más fuer­tes que tú. 7Examinemos detenidamente cómo fue que surgió este error, pues en él yace enterrada la pesada ancla que parece man­tener vigente, inamovible y sólido como una roca el temor a Dios. 8Y mientras esa creencia perdure, así parecerá ser.

Al poner nuestra voluntad al servicio del deseo de ser especial, elegimos sustituir nuestra identidad eterna por una identidad pasajera. Dicha elección trascendió en una nueva percepción donde la unidad de las mentes fue alterada por la creencia en la separación. El conocimiento se olvidó y el sistema de pensamiento basado en la individualidad nos desconectó de la razón y de la verdad, cerrando nuestros ojos espirituales y abriendo los ojos del cuerpo.

La voluntad es nuestro poder creador, el cual ha sido heredado en nuestra condición de Hijo de Dios. Nuestra actual percepción errónea es consecuencia de un acto de nuestra voluntad, la cual se ha fijado como objetivo satisfacer el deseo de especialismo. Pero la arrogancia que exhibe la identidad egoica niega que el mundo que percibimos sea nuestra creación ilusoria y prefiere defender la creencia en un Dios vengativo que nos está castigando por haberle desobedecido.

11. ¿Quién puede atacar al Hijo de Dios y no atacar a su Padre? 2¿Cómo iba a ser el Hijo de Dios débil, frágil y fácil de destruir a menos que su Padre también lo fuese? 3¿No te das cuenta de que cada pecado y cada condenación que percibes y justificas es un ataque contra tu Padre? 4Por eso es por lo que el ataque no ha tenido lugar ni puede ser real. 5No te percatas de que ésa ha sido tu intención porque crees que el Padre y el Hijo están separados. 6Y no puedes sino pensar que están separados, debido al miedo. 7Pues parece menos arriesgado atacar a otro o atacarte a ti mismo que atacar al gran Creador del universo, Cuyo poder conoces.

Lo que Jesús nos aporta en este punto es muy interesante, pues nos advierte una cuestión de lógica que, al ser considerada y comprendida, nos permitirá reconocer que el ataque, en cualquiera de sus formas, tan sólo es posible en el mundo de la ilusión, pero imposible en el mundo real y verdadero. ¿Cuál es esta razón? Expresado con sencillez. Lo que forma una unidad no puede atacarse a sí mismo. Tan solo la creencia en la separación puede argumentar que el ataque es posible, pues los cuerpos así lo sufren o lo otorgan. Sin esos cuerpos, no sería posible.

12. Si fueses uno con Dios y reconocieses esa unidad, sabrías que Su poder te pertenece. 2Mas no podrás recordar esto mientras creas que el ataque, de la clase que sea, tiene sentido. 3Ninguna clase de ataque está justificado porque no tiene sentido. 4De la única manera en que el ataque se podría justificar es si tú y tu hermano estuvieseis realmente separados el uno del otro, y todo el mundo estuviese separado del Creador. 5Pues sólo entonces sería posible atacar una parte de la creación sin atacarla a toda ella; atacar al Hijo sin atacar al Padre; atacar a otro sin atacarte a ti mismo o herirte a ti mismo sin que otro sufriese dolor. 6Sin embargo, no te quieres deshacer de esa creencia. 7Mas ¿dónde reside su valor, sino en el deseo de poder atacar impunemente? 8El ataque no es ni peligroso ni inocuo. 9Sencillamente es imposi­ble. 10esto es así porque el universo es uno. 11No elegirías atacar su realidad si no fuese porque para poder verlo separado de su hacedor es esencial atacar. 12así parece como si el amor pudiese atacar y volverse temible.

Jesús amplía sus argumentos a favor de la idea de que el ataque es imposible y que creer que lo es forma parte de la percepción falsa en la que se basa el sistema de pensamiento del ego.

Ver nuestra individualidad es consecuencia de nuestro deseo de ser especial y nos confirma que hemos elegido olvidarnos de nuestra condición espiritual y su condición esencial, la de uno con todo lo creado, pues formamos una unidad en la Mente de nuestro Creador.

La visión de la individualidad propicia la visión de cuerpos separados en los cuales proyectamos el contenido de nuestras creencias, las cuales están basadas en el miedo y en la ausencia de amor. El miedo que sentimos en nuestro interior nos lleva a encontrar un mecanismo de defensa para protegernos. De este modo, el ataque se convierte en nuestra mejor estrategia para preservarnos del ataque de los demás. El conflicto está servido y garantizado.

martes, 19 de agosto de 2025

Capítulo 22. VI. La luz de la relación santa (3ª parte).

VI. La luz de la relación santa (3ª parte).

6. Criatura de paz, la luz ha descendido sobre ti. 2No reconoces la luz que traes contigo, pero la recordarás. 3¿Quién podría negarse a sí mismo la visión que le brinda a los demás? 4¿Y quién dejaría de reconocer el regalo que, por mediación suya, él permitió que se depositase en el Cielo? 5El amoroso servicio que le prestas al Espíritu Santo te lo prestas a ti mismo. 6Tú que ahora eres Su medio tienes que amar todo lo que Él ama. 7Y lo que traes contigo es tu recuerdo de todo lo que es eterno. 8Ningún vestigio de lo temporal puede permanecer por mucho tiempo en la mente que sirve a lo intemporal. 9Y ninguna ilusión puede turbar la paz de una relación que se ha convertido en el instrumento de la paz.

Jesús reconoce una cualidad intrínseca de nuestra identidad, llamándonos criatura de paz. La paz forma parte de nuestra esencia divina. Es un estado del ser que forma parte de nuestra verdadera identidad espiritual. Ser consciente de esa condición, de que somos paz, nos llevará a expandirla a través de nuestra labor creadora.

La aplicación de la Expiación en nuestra mente nos pone al servicio del Espíritu Santo, de la razón, de la Mente Recta, y nos entregamos a Él en calidad de medio para que la verdad y el amor se extiendan eternamente.

7. Cuando hayas contemplado a tu hermano con absoluto per­dón, del que no se haya excluido ningún error ni nada se man­tenga oculto, ¿qué error podría haber en cualquier parte que tú no pudieses pasar por alto? 2¿Y qué tipo de sufrimiento podría nublar tu vista e impedirte ver más allá de él? 3¿Y qué ilusión no ibas a reconocer como un error, como una sombra que puedes atravesar completamente impávido? 4Dios no permite que nada sea un obstáculo para aquellos que hacen Su Voluntad, y éstos reconocerán que sus voluntades son la Suya porque la sirven. 5la sirven de buen grado. 6¿Podrían, entonces, demorarse mucho en recordar lo que son?

La transformación que nos ofrece el Espíritu Santo a través de la Expiación nos lleva a corregir la falsa creencia en la separación, en el pecado y en la culpa. Nuestra mente "dormida" nos permitirá percibir correctamente y abrirá nuestros ojos espirituales para permitirnos ver, desde la razón, que lo que considerábamos pecado tan sólo era un error y que todo error se corrige desde la misma fuente desde la que se originó, desde la mente.

No es el cuerpo el que tiene el poder para cometer errores, sino la mente, desde donde emanan los pensamientos y las creencias que son el origen de nuestras acciones.

Esa visión corregida se conoce como visión crística y su fortaleza y mayor regalo es el de sustituir el miedo por el amor y la separación por la unión.

8Verás tu valía a través de los ojos de tu hermano, y cada uno será liberado cuando vea a su salvador en el lugar donde antes pensó que había un agresor. 2Mediante esta liberación se libera el mundo. 3Este es tu papel en la consecución de la paz. 4Pues has preguntado cuál es tu función aquí, y se te ha contestado. 5No intentes cambiarla ni substituirla por ninguna otra. 6Pues ésa fue la única función que se te dio. 7Acepta sólo esta función y sírvela de todo corazón, pues lo que el Espíritu Santo hace con los regalos que le das a tu hermano, a quién se los ofrece, dónde y cuándo, es cosa Suya. 8Los concederá allí donde sean recibidos y se les dé la bienvenida. 9Utilizará cada uno de ellos en beneficio de la paz. 10Y ni la más leve sonrisa o la buena voluntad de alguien para pasar por alto la más diminuta equivocación le pasará desapercibida a Él.

La salvación es una conquista personal y estaremos preparados para salvar al mundo tan solo cuando hayamos logrado alcanzar esa conquista, es decir, cuando nos hayamos salvado a nosotros mismos. Nadie puede dar lo que no tiene.

Por lo tanto, tenemos en nuestras manos el poder para salvar el mundo. De igual modo, nuestra salvación necesita de la visión de nuestros hermanos, pues en la medida en que nos vean sus ojos, de este modo podremos tener una visión de nuestra valía. Si nuestra relación está basada en el sistema de pensamiento del ego, o lo que es lo mismo, si nuestra relación es especial, nuestros ojos, al verlo, lo percibirán erróneamente; esto es, lo identificaremos como un cuerpo separado de nosotros y portador de una naturaleza pecaminosa.

En cambio, cuando nuestros ojos ven la inocencia, la impecabilidad, reflejada en la expresión de los demás, será la señal de que hemos despertado a la verdad que somos y de que estamos preparados para establecer una relación santa con el mundo y de que estamos preparados para salvarlo.

lunes, 18 de agosto de 2025

Capítulo 22. VI. La luz de la relación santa (2ª parte).

VI. La luz de la relación santa (2ª parte).

3. No te intranquilices pensando cómo puede el Espíritu Santo intercambiar tan fácilmente los medios y el fin en aquellos que Dios ama y quiere que sean libres para siempre. 2En lugar de ello, siéntete agradecido de poder ser el medio para lograr Su fin. 3Éste es el único servicio que conduce a la libertad. 4Para lograr este fin hay que percibir al cuerpo libre de pecado porque lo que se busca es la impecabilidad. 5La falta de contradicción permite que la transición de medios a fin sea tan fácil como lo es el inter­cambio del odio por la gratitud ante los ojos que perdonan. 6Os santificaréis el uno al otro al usar el cuerpo sólo en beneficio de la impecabilidad. 7Y os será imposible odiar aquello que sirve a quien queréis sanar.

Realmente, si la causa que dio lugar a la identificación con el cuerpo fue el deseo de ser especial, lo que se tradujo en la creencia en la separación y en el pecado, el único camino que ha de conducirnos a la salvación o a la restauración de esa falsa creencia en la verdad es el dejar de ver al cuerpo como la causa de nuestra ilusoria naturaleza pecadora y utilizarlo como el medio más adecuado para extender nuestra verdadera naturaleza espiritual, la cual está impregnada de la fuerza purificadora del amor.

De este modo, el cuerpo pasa de ser nuestro peor enemigo a nuestro mejor aliado. Cuando la mente y el cuerpo trabajan para un mismo fin, la mente ejerce su papel de dirección y el cuerpo ejecuta fielmente las órdenes que recibe de la mente.

4. Esta relación santa, hermosa en su inocencia, llena de forta­leza, y resplandeciendo con una luz mucho más brillante que la del sol que alumbra el firmamento que ves, es la que tu Padre ha elegido como uno de los medios para llevar a cabo Su plan. 2Sién­tete agradecido de que no sirva en absoluto para llevar a cabo el tuyo. 3No usará indebidamente nada que se le confíe, ni dejará de usar nada que se le ofrezca. 4Esta santa relación tiene el poder de curar todo dolor, sea cual sea su forma. 5Ni tu hermano ni tú por separado podéis ser útiles en absoluto. 6Únicamente en vuestra voluntad conjunta radica la curación. 7Pues ahí es donde se encuentra vuestra curación y ahí es donde aceptaréis la Expia­ción. 8al sanar los dos, la Filiación queda sanada porque vues­tras voluntades se han unido.

El hecho de que el deseo de ser especial haya prevalecido sobre el deseo de ser uno con el resto de la creación, motivó la creencia en la separación, pues la igualdad que fluye del amor y del lazo de unidad propio de la obra creada por Dios fue sustituida por el deseo impetuoso de utilizar el poder creativo bajo la guía del ardor inspirada por el impulso egoísta del yo y que ha quedado representado en el texto bíblico con el episodio de la tentación a Eva por parte de la serpiente.

Las mentes están unidas a Su Fuente, pero al gozar del atributo de la creación, el libre albedrío nos puede llevar a utilizar el potencial creador según nuestra voluntad, según nuestro deseo. Como bien nos dice Jesús en este punto, "únicamente en nuestra voluntad conjunta radica la curación". El error es la consecuencia directa de elegir utilizar la voluntad separada de la voluntad del resto de la creación.

5. Ante una relación santa no hay pecado. 2Ya no se percibe nin­guna forma de error, y la razón, unida al amor, contempla calla­damente cualquier confusión y observa simplemente: "Eso fue un error". 3luego, la misma Expiación que aceptaste en tu rela­ción corrige el error y, allí donde éste estaba, deposita una parte del Cielo. 4¡Cuán bendito eres tú que permites que este regalo se otorgue! 5Cada parte del Cielo que restituyes se te da a ti. 6cada lugar vacío del Cielo que vuelves a llenar con la Luz Eterna que traes contigo, resplandece sobre ti. 7Los medios de la impecabili­dad no conocen el miedo porque únicamente son portadores de amor.

La relación santa está libre de pecado dado que se cimenta sobre la creencia en el verdadero amor, en el cual su valor más importante es la libertad. 

Dentro del sueño, ser conscientes de que somos los soñadores del sueño nos permite elegir, desde el presente, sustituir el miedo por el amor y esa elección es la expresión de que la razón y el amor se unen para celebrar el despertar de nuestra consciencia y la percepción verdadera de nuestra identidad espiritual.

La relación especial rinde culto a la creencia en el pecado y en la culpa. Mientras que la relación santa bendice la unión existente en la obra creadora de Dios, en la Filiación.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 258

LECCIÓN 258 Que recuerde que Dios es mi objetivo. 1.  Lo único que necesitamos hacer es entrenar nuestras mentes a pasar por alto todos los...