martes, 30 de septiembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 273

LECCIÓN 273

Mía es la quietud de la paz de Dios.

1. Tal vez estemos ahora listos para pasar un día en perfecta calma. 2Sl esto no fuese posible todavía, nos contentaremos y nos sentiremos más que satisfechos con poder aprender cómo es posible pasar un día así. 3Si permitimos que algo nos perturbe, aprendamos a descartarlo y a recobrar la paz. 4Sólo necesitamos decirles a nuestras mentes con absoluta certeza: "Mía es la quie­tud de la paz de Dios", y nada podrá venir a perturbar la paz que Dios Mismo le dio a Su Hijo.

2. Padre, Tu paz me pertenece. 2¿Qué necesidad tengo de temer que algo pueda robarme lo que Tú has dispuesto sea mío para siempre? 3No puedo perder los dones que Tú me has dado. 4Por lo tanto, la paz con la que Tú agraciaste a Tu Hijo sigue conmigo, en la quietud y en el eterno amor que Te profeso.


¿Qué me enseña esta lección?

La creencia en el pecado originó el temor a Dios y, con ello, la pérdida de la paz de la que gozaba su Hijo.

Me pregunto qué hubiese pasado si el Hijo de Dios no hubiese interpretado su acción de ver el mundo de otra manera, como un acto pecaminoso.

En la etapa conocida como “Paraíso”, el Hijo de Dios seguía las enseñanzas de Su Padre, vía directa, gracias a la conexión mental existente entre Creador y lo creado.

El acto de “independencia”, o lo que es lo mismo, elegir aprender por vía propia, llevó al Hijo de Dios a buscar externamente un canal de aprendizaje, con lo cual abrió sus ojos al mundo exterior y descubrió que tenía un cuerpo que respondía a sus deseos de ser especial, al cual le otorgó el poder de su identidad.

La vía de la percepción se convirtió en el canal de aprendizaje por el cual iba adquiriendo conocimiento de sí mismo. La identificación con el cuerpo le llevó a olvidar su verdadero origen y a adquirir la falsa creencia de que su realidad dependía de ese envoltorio material.

La idea de que el pecado era posible le llevó a despertar un profundo temor a Dios. Su naturaleza divina quedó relegada al olvido, y su única verdad procedía del mundo externo. Ese temor puso fin, igualmente, al estado de unidad, coherencia y paz del que gozaba.

Recuperar ese estado espiritual nos invita a rectificar el error con el que nos encontramos identificados. Debemos dejar de servir al ego, al cuerpo y a la conquista del mundo material, para reconocer nuestra verdadera identidad, nuestro verdadero Ser y expresar nuestra voluntad de ver la unidad que impera en la oleada de vida humana.

Esa visión de unidad se traducirá en experimentar el estado de paz, que es nuestra condición espiritual: "Mía es la quietud de la paz de Dios".

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 273 enseña que la paz de Dios ya es tuya.

No depende de circunstancias externas. Puede ser recuperada en cualquier momento. No puede ser perdida realmente.

La mente puede regresar a ella.

No es crear paz, es recordar que nunca se fue.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Mía es la quietud de la paz de Dios”.

Cada repetición refuerza la certeza interna, disuelve la perturbación y facilita el retorno a la calma.

No es esfuerzo, es reconocimiento.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección trabaja directamente sobre la reactividad emocional.

Cuando crees que la paz depende de lo externo, aparece inseguridad, miedo a perderla, hipervigilancia y ansiedad.

Cuando esto se corrige, disminuye la reactividad, aumenta la estabilidad, aparece confianza, y surge una calma más profunda.

No porque el mundo cambie, sino porque dejas de vincular tu paz a él.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección afirma que la paz es un atributo del Ser, Dios la ha dado y no puede retirarla, el Hijo de Dios permanece en ella, y el Amor la sostiene eternamente.

Y revela algo profundamente reconfortante: No necesitas proteger la paz, la paz te protege a ti.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

Observa cualquier momento de perturbación.

No lo niegues, pero tampoco lo sigas.

Y entonces recuerda: “Mía es la quietud de la paz de Dios”.

Puedes acompañarlo con:

  • “La paz sigue aquí”.
  • “No he perdido nada real”.

Permítete volver, una y otra vez.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES: 

No forzar un estado de calma artificial.
No negar emociones.
No frustrarse si aparece perturbación.

Aplicarla como regreso, no como exigencia.
Permitir que suavice la mente.
Usarla con gentileza.

La paz no se impone, se recuerda.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa profundizándose:

260 → Dios es mi origen.
261 → Dios es mi refugio.
262 → Somos uno en Él.
263 → Todo es puro en Él.
264 → Estoy rodeado por Su Amor.
265 → Todo es manso en Él.
266 → Me reconozco en todos.
267 → La paz vive en mí.
268 → Dejo que todo sea.
269 → Veo la verdad en todo.
270 → Trasciendo la visión del cuerpo.
271 → Elijo cómo ver.
272 → Elijo lo que realmente satisface.
273 → Permanezco en la paz.

Ahora no sólo eliges la verdad, comienzas a habitarla.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 273 es profundamente estabilizadora:

La paz no viene y va.
No depende de lo que ocurra.
No puede ser destruida.

Sólo puede ser olvidada momentáneamente. Y cuando la recuerdas, regresa intacta. Porque nunca se fue. Siempre ha sido tuya.

FRASE INSPIRADORA: “La paz no es algo que alcanzo, es algo que recuerdo que siempre ha sido mío”.



Ejemplo-Guía: "¿Qué elegirías entre la paz y el conflicto?

Yo lo tengo claro: la paz. Pero no es tan fácil como parece; el mundo no favorece ese estado de quietud.

La primera parte de lo expuesto, pienso que todos coincidiríamos al elegirla. Pero la aportación posterior, ¡cuidado!, tiene trampa. Si creemos que nuestra paz, nuestra quietud, está en manos del mundo exterior, en manos de los demás, entonces seguiremos proyectando fuera, sin darnos cuenta de que todo lo externo es el reflejo de lo que se encuentra en nuestro interior.


En este sentido, si nos decimos que el mundo exterior no favorece nuestro estado de quietud, lo que estamos diciendo, realmente, es que en nuestro interior no gozamos de esa paz, pues si así fuese, la veríamos en el mundo que nos rodea.

Ese proceso forma parte de nuestro despertar. Este proceso sitúa nuestra mente en el instante en el que reconocemos que somos los soñadores del sueño, en el instante en que reconocemos que nada externo a nosotros puede dañarnos, salvo que le otorguemos ese poder, en el instante en el que aceptamos que somos los únicos responsables de todas nuestras "causas" y, por lo tanto, de todos nuestros "efectos".

Si continuamos identificados con el máximo representante del ego, el cuerpo, tan sólo podremos dar un paso importante hacia el estado que hemos llamado quietud si le otorgamos la función que realmente tiene en el sueño: ser un comunicador. Desde esta perspectiva, el cuerpo en sí mismo no tiene capacidad para ofrecernos paz o conflicto. El cuerpo actúa según los dictados de la mente. Por lo tanto, él no tiene la capacidad para atacar si la mente no le da esa orden; ni la de hacernos gozar de un instante de paz, si la mente no le ofrece ese estado interno. Luego, dejado claro ese punto, dediquémonos a la "fuente", a la mente. Es en ella donde debemos llevar a cabo la corrección. Si nuestra mente alcanza la visión de lo que somos; si despierta a lo que es real y lo que es ilusorio, nos permitirá gozar de la quietud que ofrece la paz de Dios.

Es muy simple. Si te ves como Dios te ha creado, te recordarás como el Hijo de Dios: Inocente, Impecable, Pleno, Abundante, Amoroso y Uno con todo lo creado. ¿Qué puede turbar tu paz ante gloriosa visión?

Reflexión: ¿Qué nos priva de sentir la quietud de la paz de Dios?

Capítulo 24. II. La perfidia de creerse especial (2ª parte).

II. La perfidia de creerse especial (2ª parte).

3. Ser especial es la idea del pecado hecha realidad. 2Sin esa base no es posible ni siquiera imaginarse el pecado. 3Pues el pecado surgió de ella, de lo que no es nada, y no es más que una flor maléfica desprovista de raíces. 4He aquí al que se ha erigido a sí mismo en "salvador", el "creador" que crea de forma diferente a como crea el Padre e hizo que Su Hijo fuese como él y no como el Padre. 5Sus hijos "especiales" son muchos, nunca uno solo, y cada uno de ellos se encuentra exiliado de sí mismo y de Aquel de Quien forma parte. 6Y ninguno de ellos ama la Unicidad que los creó como uno solo con Él. 7Ellos eligieron el especialismo en lugar del Cielo y de la paz, y lo envolvieron cuidadosamente en el pecado para mantenerlo "a salvo" de la verdad.


En un acto de imaginación, aun sabiendo que toda imagen pertenece al mundo de la ilusión, voy a simular el estado en el que se encontraban Adán y Eva gozando de la abundancia paradisiaca del Edén. Su calidad sería semejante a la que describe el Curso cuando hace referencia al Cielo. Por lo tanto, el estado natural de nuestros progenitores ancestrales sería el de la unicidad, el de la paz y la dicha. Igualmente, compartían el conocimiento del mundo divino. 

Las Sagradas Escrituras nos narran verdades trascendentes en un lenguaje simbólico y metafórico que deben ser llevadas hasta la razón para comprender su mensaje. El motivo de que fuese transmitido de este modo responde a las limitaciones intelectuales de la humanidad hacia la que iba dirigido.

Sabemos por los textos sagrados que Dios creó a Adán y, posteriormente, tomando una "costilla" de Adán, creó a Eva. La interpretación literal del término hebreo que hace referencia a "costilla" es "Tzela", cuyo significado verdadero es "lado". Esta afirmación se extrae de un análisis más exhaustivo de la Biblia, donde se utiliza dicho término con la interpretación verdadera a la que hacemos referencia.

Ese "lado" nos aproxima a la idea que nos enseña el Curso cuando nos dice que el mundo fue creado por una "extensión" de Dios. Ya sabemos que amar es extenderse a sí mismo.

Por lo tanto, la creación de Eva responde al proceso natural del acto creador del Ser original al que se ha llamado Adán. De la unidad adamita surge la dualidad Eva. Si el estado de Unidad lo identificamos con la Voluntad del Padre, a Eva podemos identificarla con el Amor del Hijo. No es casual que el amor se haya vinculado con el poder del deseo. Tampoco es casual que en el episodio de la tentación de la serpiente, esta fuese dirigida a Eva y no a Adán. El Amor-Deseo-Eva, tras sucumbir al ardor cupido de la serpiente, al deseo de ser especial, tentó a su vez la voluntad de Adán, ofreciéndole comer del fruto prohibido. El gesto de Adán cediendo a la propuesta de su compañera los llevó a desconectarse de la Voluntad del Padre. ¿Acaso no es esto que decimos el génesis de la creencia en la separación y el pecado?

Así alcanzamos, en este ejercicio imaginativo, que, tras quedar seducidos por el deseo de ser especial, la mente descubrió una dimensión nueva, la corporal -desnudez de sus cuerpos- y esa nueva visión le llevó a pensar que había perdido la confianza de su Creador, al cual, a partir de ese instante, lo consideró su enemigo, pues temió ser castigado por su vengativa cólera.

4. Tú no eres especial. 2Si crees que lo eres y quieres defender tu especialismo en contra de la verdad de lo que realmente eres, ¿cómo vas a poder conocer la verdad? 3¿Qué respuesta del Espí­ritu Santo podría llegar hasta ti, cuando a lo que escuchas es a tu deseo de ser especial, que es lo que pregunta y lo que responde? 4Tan sólo prestas oídos a su mezquina respuesta, la cual ni siquiera se oye en la melodía que en amorosa alabanza de lo que eres fluye eternamente desde Dios a ti. 5este colosal himno de honor que amorosamente se te ofrece por razón de lo que eres parece silencioso e inaudible ante el "poderío" de tu especia­lismo. 6Te esfuerzas por escuchar una voz que no tiene sonido, y, sin embargo, la Llamada de Dios Mismo te parece insonora.

Tal vez estés pensando, tras haber leído la reflexión anterior, que existen formas más fáciles para dar a conocer la verdad que utilizar el lenguaje de símbolos que se emplean en los Textos Sagrados. Es posible que esté utilizando mis propios pensamientos para demostrar lo que pienso sobre este tema. Sin embargo, cuando pienso en el momento histórico en el que se llevaron a cabo las Escrituras y valoro el nivel de comprensión intelectual de la gran mayoría hacia la que iban dirigidos sus mensajes, alcanzo a comprender que es difícil hacer comprender a un niño verdades intelectuales de un nivel adulto de la mente. Por tal motivo, los cuentos están escritos en un lenguaje simbólico y fantasioso propio del nivel de comprensión de la edad infantil.

La humanidad ya no se encuentra en ese estado infantil. Entiendo que estamos preparados para entender la verdad en un lenguaje directo, lo que nos invita a simplificar el significado que debemos extraer de los puntos que estamos analizando.

Cuando el Curso se refiere al deseo de ser especial, lo que nos está describiendo es una naturaleza egoísta que piensa que es el centro del universo y que es incapaz de amarse a sí mismo más allá de su aspecto corporal. 

Si rendimos culto a nuestro aspecto corporal, es señal inequívoca de que nuestra mente está sirviendo al deseo de ser especial.

Si al relacionarnos con el mundo vemos al otro como nuestro enemigo, estamos, igualmente, sirviendo al deseo de ser especial.

Si juzgamos las debilidades de los demás y condenamos sus "pecados", es la evidencia de que estamos proyectando nuestra propia condena sobre ellos.

lunes, 29 de septiembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 272

LECCIÓN 272

¿Cómo iban a poder satisfacer las ilusiones al Hijo de Dios?

1. Padre, la verdad me pertenece. 2Mi hogar se estableció en el Cielo mediante tu voluntad y la mía. 3¿Podrían contentarme los sueños? 4¿Podrían brindarme felicidad las ilusiones? 5¿Qué otra cosa sino Tu recuerdo podría satisfacer a Tu Hijo? 6No me contentaré con menos de lo que Tú me has dado. 7Tu Amor, por siempre dulce y sereno, me rodea y me mantiene a salvo eternamente. 8El Hijo de Dios no puede sino ser tal como Tú lo creaste.

2. Hoy dejamos atrás las ilusiones. 2Y si oímos a la tentación lla­marnos e invitarnos a que nos entretengamos con un sueño, nos haremos a un lado y nos preguntaremos si nosotros, los Hijos de Dios, podríamos contentarnos con sueños cuando podemos ele­gir el Cielo con la misma facilidad que el infierno. Y el amor reemplazará gustosamente todo temor.


¿Qué me enseña esta lección?

Elegimos soltarnos de la mano protectora de nuestro Padre, cuando formábamos una unidad con Él, para ir a experimentar por nuestra propia iniciativa y descubrir una nueva realidad, que no lo era; tan sólo era una ilusión.

Sí, el Hijo de Dios gozaba de esa libertad y la empleó. Dotado potencialmente de los Atributos de su Padre, utilizó su Voluntad para iniciar una nueva andadura. Aprender por sí mismo le llevó a enfocar su mente en un mundo que, por ser temporal, no es real. El mundo material le ofrecía, a través de la vía sensorial, un canal de aprendizaje basado en la percepción. Sus ojos descubrieron un mundo nuevo, que favoreció la creencia en la separación, pues la percepción de cuerpos diferentes, unos de otros, le llevó a identificarse con él y determinar su identidad.

El Hijo de Dios, desde ese momento, descubrió su soledad.

Pero ¿qué padre no ofrece a su hijo la mano, para ayudarle a reencontrar el camino correcto? Ese padre ha permanecido expectante, en espera de que su hijo reclamase su herencia.

Del mismo modo, nuestro Padre permanece paciente en espera de que le tendamos de nuevo nuestras manos, para hacernos sentir que nos encontramos en nuestro verdadero Hogar.

Ese reencuentro se producirá en el instante en que decidamos abandonar el mundo de la ilusión para vivir tan sólo en el mundo de la realidad, en el mundo de la Unidad.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 272 enseña que las ilusiones no pueden satisfacerte.

El deseo del ego es inestable. Sólo el recuerdo de Dios trae plenitud.

Siempre puedes elegir la verdad. El amor reemplaza al miedo.

No es renunciar a algo valioso, es dejar lo que nunca pudo llenarte.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “¿Cómo iban a poder satisfacer las ilusiones al Hijo de Dios?”

Cada repetición debilita el apego a lo ilusorio, reduce la búsqueda externa y fortalece la orientación hacia la verdad.

No es sacrificio, es claridad.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección trabaja directamente sobre el deseo y la búsqueda.

Cuando buscas en ilusiones, aparece expectativa, dependencia, frustración,
y ciclo de insatisfacción.

Cuando esto se corrige, disminuye la ansiedad, se suelta la necesidad constante, aparece mayor estabilidad, y surge una sensación de suficiencia.

No porque obtengas más, sino porque dejas de buscar donde no hay nada que encontrar.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección afirma que la verdad ya te pertenece, tu hogar es el Cielo, Dios te sostiene en Su Amor y tu Ser es inmutable.

Y revela algo profundamente liberador: No necesitas completar nada, ya eres completo.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

Observa qué cosas buscas para sentirte mejor o completo.

Detecta expectativas puestas en el mundo.

Y entonces recuerda: “¿Cómo iban a poder satisfacer las ilusiones al Hijo de Dios?”

Puedes acompañarlo con:

  • “Esto no puede darme lo que busco”.
  • “Lo que busco ya está en mí”.

No fuerces el desapego, permite que se comprenda.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES: 

No rechazar el mundo de forma extrema.
No forzar desapego emocional.
No juzgar tus propios deseos.

Aplicarla con suavidad.
Permitir que aclare la mente.
Usarla como discernimiento, no como rechazo.

La verdad no se impone, se reconoce.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa profundizándose:

260 → Dios es mi origen.
261 → Dios es mi refugio.
262 → Somos uno en Él.
263 → Todo es puro en Él.
264 → Estoy rodeado por Su Amor.
265 → Todo es manso en Él.
266 → Me reconozco en todos.
267 → La paz vive en mí.
268 → Dejo que todo sea.
269 → Veo la verdad en todo.
270 → Trasciendo la visión del cuerpo.
271 → Elijo cómo ver.
272 → Elijo lo que realmente satisface.

Ahora no sólo eliges cómo ver, eliges qué valoras.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 272 es profundamente clarificadora:

Nada externo puede completarte.
Nada ilusorio puede sostenerte.
Nada cambiante puede darte paz.

Y cuando esto se comprende, la búsqueda cambia. Porque dejas de perseguir lo que no puede llenarte. Y comienzas a reconocer que lo que buscas siempre ha estado contigo.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de buscar en ilusiones, descubro que ya tengo todo lo que necesito”.



Ejemplo-Guía: "¿Qué elegirías entre lo real y lo falso?

Yo lo tengo claro: lo real. Pero la respuesta no es tan diáfana cuando no tenemos claro lo que es real. Es más, lo tenemos mucho más complicado cuando nuestra mente percibe lo ilusorio como real y lo verdaderamente real lo percibe como falso.

Nuestra percepción actual, guiada por las razones que le aportan los sentidos, está plenamente identificada con aquello que puede ver y tocar, oír o sentir, en definitiva, percibir en alguna de sus formas. En cambio, aquello que no es capaz de ver, medir, analizar, para la mente no existe. En este sentido, el mundo espiritual no es real.

Sin embargo, la verdad no se puede ocultar. La vida, en el nivel del sueño en el que la percibimos, nos está mostrando que lo que venimos llamando real, el mundo material, no nos aporta los valores lógicos que debería aportarnos el mundo de la verdad. Es decir, sujetas a las leyes físicas de la temporalidad, todo lo material se convierte en una fuente de sufrimiento, de dolor, cuando nuestros deseos intentan gozar de ella permanentemente.

La propia fuente del deseo, de donde emanan nuestros anhelos, es efímera y cambiante; inestable y caprichosa, lo que nos lleva a estados anímicos depresivos y caóticos.

¿Qué elegirías entre lo eterno y lo efímero?

Yo lo tengo aún más claro: lo eterno. Quizás ahora te resulte más fácil elegir. Lo eterno favorece la condición del desapego. Si sabes que permanecerá por siempre, ¿para qué desear apegarse a ello? El apego es fruto del miedo a perder. Ese miedo es consecuencia del olvido de conocer que somos el Hijo de Dios. Ese miedo ha sustituido al Amor. No es su opuesto, pues el Amor no tiene opuestos. El miedo es una fabricación ilusoria que surge como consecuencia de una falsa creencia en el pecado, en haber desobedecido a nuestro Creador.

Recordar que somos Hijo de Dios, que somos tal y como Él nos ha creado, nos llevará a elegir lo eterno, pues ese reconocimiento nos permite vernos como verdaderamente somos, y somos eternos.

Reflexión: ¿Te contentarás con sueños cuando puedes elegir el Cielo?

Capítulo 24. II. La perfidia de creerse especial (1ª parte).

II. La perfidia de creerse especial (1ª parte).

1. Hacer comparaciones es necesariamente un mecanismo del ego, pues el amor nunca las hace. 2Creerse especial siempre con­lleva hacer comparaciones. 3Pues se establece al ver una falta en otro y se perpetúa al buscar y mantener claramente a la vista cuanta falta se pueda encontrar. 4Esto es lo que persigue el especialismo, y esto es lo que contempla. 5Y aquel a quien tu deseo de ser especial así rebaja, habría sido tu salvador si tú no hubieses elegido usarlo como un triste ejemplo de cuán especial eres tú. 6Frente a la pequeñez que ves en él, tú te yergues alto y señero, irreprochable y honesto, puro e inmaculado. 7No entiendes que al hacer eso es a ti mismo a quien rebajas.

Un Curso de Milagros nos enseña que la parte de la mente que se cree separada de su fuente se proyecta al exterior dando lugar a la percepción de un mundo igualmente separado. El deseo de ser especial hizo que surgiese la creencia en la separación, sustituyendo el amor unificador por el pensamiento individual y divisorio. 

La percepción del pensamiento proyectado siempre es portadora de separación, y el sistema de pensamiento que se sustenta en dicha proyección da lugar a juzgar en el otro las debilidades que ocultamos en nuestro mundo interior.

El pensamiento de separación con relación a la Fuente Creadora favoreció la creencia en el pecado y en la culpa, y la purificación de la naturaleza pecaminosa se convirtió en nuestra cruzada.

Al creernos separados, guiados por el deseo de ser especiales, tuvimos que permitir que un pensamiento de escasez sustituyera a la realidad de la abundancia de la que goza nuestra única y verdadera realidad espiritual. De este modo, el deseo de Ser fue sustituido por el deseo de poseer. En esta ecuación fraguada por la demencia de la mente dividida, el otro es el factor a destruir, pues de este modo garantizamos el triunfo de nuestro especialismo.

Nos dice Jesús que hacer comparaciones es un mecanismo del ego y que creerse especial conlleva realizar comparaciones. Nuestra experiencia corporal así nos lo confirma y la creencia en que dar es perder nos hace mezquinos y tacaños.

La ignorancia, fruto de una mente demente y dividida, nos lleva a olvidar que aquello que percibimos habla de nosotros mismos y que, en la medida en que nos condenamos y castigamos, del mismo modo condenamos y castigamos a los demás. Esta visión viciada por el desconocimiento de nuestra verdadera identidad nos aleja de la salvación, la cual solo es posible si negamos la visión egoica y la sustituimos por la visión crística.

2. Tratar de ser especial es siempre a costa de la paz. 2¿Quién podría atacar y menospreciar a su salvador y al mismo tiempo reconocer su fuerte apoyo? 3¿Quién podría menoscabar su omni­potencia y al mismo tiempo compartir su poder? 4¿Y quién podría usarlo como medida de la pequeñez y al mismo tiempo liberarse de toda limitación? 5Tú tienes una función que desem­peñar en la salvación. 6Realizarla te brindará felicidad. 7Pero tratar de ser especial siempre te ocasionará dolor. 8Pues es una meta que se opone a la salvación, y, por lo tanto, va en contra de la Voluntad de Dios. 9Atribuir valor a ser especial es apreciar una voluntad ajena, para la cual las ilusiones acerca de ti son más importantes que la verdad.

Tan sólo la unicidad, fruto de la esencia del amor incondicional, nos aporta paz. Las mentes unidas forman la Filiación, la creación de Dios. La unicidad y, por lo tanto, la paz, es el estado natural que forma parte del Mundo de Dios, donde Padre e Hijo son Uno, unidos por el mismo deseo de Ser.

Cuando el deseo de Ser se sustituye por el deseo de ser especial, o lo que es lo mismo, de ser diferente de su fuente, es el instante en que desechamos el conocimiento para hacer real un mundo de percepción e ignorancia.

El ego emana de esa elección conducida por el deseo de ser especial. Desconectado del conocimiento, la naturaleza corporal busca satisfacer su ignorancia, la que lo lleva a ver un mundo fragmentado y temeroso. Urge el dar significado a las cosas que no entiende y lo hace desde una mente desconectada de la verdad, razón por la cual el significado que otorga al mundo ilusorio que percibe no va más allá que a una interpretación errónea de lo que es real o ilusorio. A lo real lo llama imposible y a lo ilusorio lo reconoce como verdadero.

Lo único cierto es que cuando elegimos ser especiales, los resultados siempre nos aportan dolor, mientras que cuando elegimos la guía del Espíritu Santo, inspirados por el deseo de Ser, los resultados serán experimentar la paz.

domingo, 28 de septiembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 271

¿Qué es el Cristo?

1. Cristo es el Hijo de Dios tal como Él lo creó. 2Cristo es el Ser que compartimos y que nos une a unos con otros, y también con Dios. 3Es el Pensamiento que todavía mora en la Mente que es Su Fuente. 4No ha abandonado Su santo hogar ni ha perdido la ino­cencia en la que fue creado. 5Mora inmutable para siempre en la Mente de Dios.

2. Cristo es el eslabón que te mantiene unido a Dios, y la garantía de que la separación no es más que una ilusión de desesperanza, pues toda esperanza morará por siempre en Él. 2Tu mente es parte de la Suya, y Ésta de la tuya. 3Él es la parte en la que se encuentra la Respuesta de Dios, y en la que ya se han tomado todas las decisiones y a los sueños les ha llegado su fin. 4Nada que los ojos del cuerpo puedan percibir lo afecta en absoluto. 5Pues aunque Su Padre depositó en Él los medios para tu salvación, Él sigue siendo, no obstante, el Ser que, al igual que Su Padre, no conoce el pecado.

3. Al ser el hogar del Espíritu Santo y sentirse a gusto única­mente en Dios, Cristo permanece en paz en el Cielo de tu mente santa. 2Él es la única parte de ti que en verdad es real. 3Lo demás son sueños. 4Mas éstos se le entregarán a Cristo, para que se des­vanezcan ante Su gloria y pueda por fin serte revelado tu santo Ser, el Cristo.

4. El Espíritu Santo se extiende desde el Cristo en ti hasta todos tus sueños, y los invita a venir hasta Él para que puedan ser transformados en la verdad. 2Él los intercambiará por el sueño final que Dios dispuso fuese el fin de todos los sueños. 3Pues cuando el perdón descanse sobre el mundo y cada uno de los Hijos de Dios goce de paz, ¿qué podría mantener las cosas sepa­radas cuando lo único que se puede ver es la faz de Cristo?

5. ¿Y por cuánto tiempo habrá de verse esta santa faz, cuando no es más que el símbolo de que el período de aprendizaje ya ha concluido y de que el objetivo de la Expiación por fin se ha alcan­zado? 2Tratemos, por lo tanto, de encontrar la faz de Cristo y de no buscar nada más. 3Al contemplar Su gloria, sabremos que no tenemos necesidad de aprender nada, ni de percepción, ni de tiempo, ni de ninguna otra cosa, excepto del santo Ser, el Cristo que Dios creó como Su Hijo.


LECCIÓN 271

Hoy sólo utilizaré la visión de Cristo.

1. Cada día, cada hora y cada instante elijo lo que quiero contem­plar, los sonidos que quiero oír y los testigos de lo que quiero que sea verdad para mí. 2Hoy elijo contemplar lo que Cristo quiere que vea; hoy elijo escuchar la Voz de Dios, así como buscar los testigos de lo que es verdad en la creación de Dios. 3En la visión de Cristo, el mundo y la creación de Dios se encuentran, y según se unen, toda percepción desaparece.  4La dulce visión de Cristo redime al mundo de la muerte, pues todo aquello sobre lo que Su mirada se posa no puede sino vivir y recordar al Padre y al Hijo: la unión entre Creador y creación.

2. Padre, la visión de Cristo es el camino que me conduce a Ti. 2Lo que Él contempla restaura Tu recuerdo en mí. 3Y eso es lo que elijo contem­plar hoy.


¿Qué me enseña esta lección?

Hoy, elijo ver la Inocencia. Hoy, elijo ver la Unidad. Hoy proclamo mi afinidad con la Filiación Divina.

Hoy retorno a mi Hogar, del cual me creía, erróneamente, escindido.

Hoy, tomo conciencia de la perfección del Ser; de la abundancia que me rodea; de mi impecabilidad; tomo conciencia de mi divinidad.

Hoy, mi mente es Una con la Mente de Dios. Mi voz es Su Voz, y mi palabra es Su Palabra.

Hoy contemplo la eternidad.

Gracias, Cristo, por permitirme ver en tu Faz el Rostro de mi Divinidad.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 271 enseña que la percepción es una elección constante.

Puedes elegir la visión de Cristo.

La interpretación puede ser corregida. La unidad disuelve la percepción errónea.

La verdad puede ser reconocida en todo. No es cambiar lo que ves, es elegir cómo verlo.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Hoy sólo utilizaré la visión de Cristo”.

Cada repetición fortalece la elección consciente, reduce el juicio y abre la percepción a la verdad.

No es un esfuerzo, es una decisión que se renueva.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección trabaja directamente sobre la percepción automática.

Cuando no eliges conscientemente, reaccionas, interpretas desde el pasado,
refuerzas patrones, y repites el conflicto.

Cuando eliges ver de otra manera, se interrumpe la reacción, aparece claridad,
se reduce el juicio, y surge una mayor estabilidad.

No porque el entorno cambie, sino porque eliges otra respuesta.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección afirma que Cristo es la verdadera visión, la percepción puede trascenderse, la unidad es la única realidad, y Dios se recuerda a través de la visión correcta.

Y revela algo profundamente transformador: No estás aprendiendo a ver, estás recordando cómo elegir ver correctamente.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

Observa tus percepciones a lo largo del día.

Detecta interpretaciones automáticas.

Y entonces recuerda: “Hoy sólo utilizaré la visión de Cristo”.

Puedes acompañarlo con:

  • “Puedo elegir ver esto de otra manera”.
  • “Elijo ver con verdad”.

No fuerces la percepción, elige la disposición.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No intentar controlar cada pensamiento.
No frustrarse por no lograrlo constantemente.
No forzar una visión artificial.

Aplicarla suavemente a lo largo del día.
Permitir que interrumpa el juicio.
Usarla como elección, no como exigencia.

La visión cambia cuando la eliges.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa profundizándose:

260 → Dios es mi origen.
261 → Dios es mi refugio.
262 → Somos uno en Él.
263 → Todo es puro en Él.
264 → Estoy rodeado por Su Amor.
265 → Todo es manso en Él.
266 → Me reconozco en todos.
267 → La paz vive en mí.
268 → Dejo que todo sea.
269 → Veo la verdad en todo.
270 → Trasciendo la visión del cuerpo.
271 → Elijo cómo ver.

Ahora no sólo puedes ver diferente, eliges hacerlo.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 271 es profundamente empoderadora:

No eres víctima de tu percepción.
No estás atrapado en lo que ves.
No estás limitado por la interpretación automática.

Puedes elegir. Y en esa elección, todo cambia. Porque cuando eliges la visión de Cristo, el mundo deja de ser conflicto y se convierte en un reflejo de la verdad.

FRASE INSPIRADORA: “Cada instante es una oportunidad de elegir ver con la verdad”.



Ejemplo-Guía: "¿Qué mundo te muestra la visión de Cristo?

En la Lección 263, tuvimos ocasión de reflexionar sobre el significado de la visión de Cristo. Elegimos, entonces, como ejemplo-guía, la reflexión "Contemplando el mundo con los ojos de Cristo". Hoy, vamos a continuar profundizando en este mismo tema, y lo haremos con una nueva propuesta.

Mira tu mundo y hazte la siguiente pregunta: ¿lo que ves te muestra escenas propias de la visión de Cristo?

¿Lo que ves te muestra un mundo que condenas?

¿Acaso odias el comportamiento que estás percibiendo?

¿Te horroriza la enfermedad, la pobreza, las guerras, etc.?

Podríamos enumerar, a título de ejemplo, muchas escenas que se muestran ante la mirada de nuestro mundo. Pero, ¡ojo!, ¿en verdad el mundo es como tú lo percibes o lo que percibes es tu propia percepción, tu propia proyección de lo que ocultas en lo más profundo de tu interior?

La visión de actos condenatorios habla de nuestra propia condena. La visión de un mundo dividido, en guerra, habla de nuestra propia división interna. La visión de un mundo enfermo nos habla de nuestra mente enferma. No, no te sientas culpable por tener esa visión falsa. Recuerda que nos encontramos en el mundo del sueño y es muy importante que tomes conciencia de que eres el soñador del mismo. Ese "despertar" te llevará a desear ver las cosas de otra manera, te llevará a dejar de ver con los ojos del cuerpo y a ver con la visión de Cristo.

No sientas culpa por tu anterior visión, por haber fabricado sueños dementes e insensatos. Ahora, tu atención se centra en lo verdadero y desechas seguir utilizando una visión que te ha llevado a percibir erróneamente. La visión de la oscuridad te ha llevado a desear ver la luz.

El sueño te seguirá mostrando escenas grotescas, pero no le darás el valor que le dabas antes. En el sueño, dabas valor al cuerpo material, pero ahora lo utilizas para compartir con tus hermanos tu nueva visión. Ahora no ves en ellos un objeto del pecado, ni te sientes temeroso por su presencia por miedo a ser atacado. Ahora los percibes desde la visión de la inocencia y de la impecabilidad y con esa visión los liberas del pecado. Ya no condenas, tan sólo comprendes que viven su sueño, al igual que tú vives el tuyo. Ahora le ayudas a despertar de ese sueño y a ser conscientes de que son los únicos soñadores y de que tienen el poder para elegir soñar sueños felices.

¿Qué mundo te muestra la visión de Cristo? Un mundo perdonado y unido.


Reflexión: ¿Somos felices con el mundo que vemos?

sábado, 27 de septiembre de 2025

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 270

LECCIÓN 270

 Hoy no utilizaré los ojos del cuerpo.

1. Padre, la visión de Cristo es el don que me has dado, el cual tiene el poder de transformar todo lo que los ojos del cuerpo contemplan en el panorama de un mundo perdonado. 2¡Cuán glorioso y lleno de gracia es ese mundo! 3No obstante, ¡cuánto más podré contemplar en él que lo que puede ofrecerme la vista! 4Un mundo perdonado significa que Tu Hijo reconoce a su Padre, permite que sus sueños sean llevados ante la verdad y aguarda con gran expectación el último instante de tiempo en el que éste acaba para siempre, conforme Tu recuerdo aflora en su memoria. 5ahora su voluntad es una con la Tuya. 6Ahora su función no es sino la Tuya Propia, y todo pensamiento salvo el Tuyo ha desaparecido.

2. El sosiego de hoy bendecirá nuestros corazones y, a través de ellos, la paz descenderá sobre todo el mundo. 2Cristo se convierte en nuestros ojos hoy. 3mediante Su vista le ofrecemos curación al mundo a través de Él, el santo Hijo que Dios creó íntegro; el santo Hijo a quien Dios creó como uno solo.


¿Qué me enseña esta lección?

La Lección 270 de Un Curso de Milagros, «No usaré los ojos del cuerpo hoy», me enseña que la verdadera visión no procede de los sentidos físicos, sino de la mente iluminada por la verdad. Esta lección nos invita a trascender la percepción limitada del mundo y a contemplar la realidad con la Visión de Cristo, que reconoce la inocencia y la unidad en todo lo creado.

¿Qué visión te ofrecen los ojos del cuerpo? ¿Crees que pueden mostrarte aquello que no está ya en tu mente? No. No observarás lo que tu mente no cree. El Curso lo expresa con claridad: «La percepción es un resultado y no una causa» (L-pII.304.1:3). Hemos deseado ver una realidad ilusoria, y nuestros ojos nos han mostrado un mundo material en el que creemos interactuar. A ese cuerpo, la percepción le ha otorgado el poder de definir nuestra identidad, reforzando la creencia en la separación.

Sin embargo, al despertar espiritualmente, comprendemos que esa visión es una ilusión fabricada por la mente. Aquello que llamamos existencia forma parte de un sueño. Aunque aún no hayamos despertado por completo, somos conscientes de que estamos soñando. Este reconocimiento nos permite bendecir lo que vemos, entregándolo al Espíritu Santo para su corrección.

Hoy podemos dar un paso más. Elegimos no ver con los ojos del cuerpo, sino contemplar el mundo perdonado. Elegimos ver con los ojos de Cristo. Como enseña el Curso: «La visión de Cristo es el regalo del Espíritu Santo» (T-12.VII.6:1). A través de esta visión, dejamos de percibir la multiplicidad y el conflicto, y reconocemos la Unidad del Hijo de Dios.

¡Cuánta paz y sosiego aporta Su Visión! Al mirar con amor, desaparece la ilusión de la separación. Ya no vemos enemigos ni diferencias, sino hermanos que comparten nuestra misma esencia divina. En esta comprensión, surge una pregunta inevitable: ¿qué sentido tiene percibirnos separados? ¿Qué podríamos desear para nuestro hermano que no deseemos para nosotros mismos?

La Visión de Cristo nos conduce a un estado de conciencia en el que recordamos nuestro verdadero Hogar. Retornamos al Paraíso del que creímos habernos separado. En verdad, nunca estuvimos fuera de él, pero así lo habíamos creído y así lo experimentamos. El Curso lo confirma: «No soy un cuerpo. Soy libre» (L-pI.199.8:7).

Gracias, Hermano Mayor, por permitirnos ver con tu Santa Visión. Hoy elijo contemplar el mundo con los ojos del Amor y descansar en la paz de la Unidad. Amén.

SENTIDO GENERAL DE LA LECCIÓN:

La lección 270 enseña que los ojos del cuerpo no muestran la verdad.

Existe una visión más allá de la percepción física. La visión de Cristo corrige la percepción.

El mundo puede ser visto como perdonado. La mente puede alinearse con Dios.

No es dejar de ver, es dejar de interpretar desde el error.

PROPÓSITO DE LA LECCIÓN:

Practicar la idea: “Hoy no utilizaré los ojos del cuerpo”.

Cada repetición reduce la dependencia de la percepción física, suaviza el juicio y abre paso a una visión más profunda.

No se trata de cerrar los ojos, sino de abrir la mente.

ASPECTOS PSICOLÓGICOS:

Esta lección trabaja directamente sobre la interpretación automática.

Cuando confías sólo en lo que ves, reaccionas rápidamente, juzgas por apariencias, interpretas desde el pasado, y refuerzas la separación.

Cuando esto se corrige, se ralentiza la reacción, se abre el espacio interno,
aparece una percepción más amplia, y disminuye el juicio.

No porque lo visible cambie, sino porque cambia la forma de interpretarlo.

ASPECTOS ESPIRITUALES:

Espiritualmente, esta lección afirma que la verdadera visión es interna, Cristo es la fuente de la percepción correcta, la mente puede trascender la ilusión, y la unidad es la única realidad.

Y revela algo profundamente liberador: No estás limitado por lo que ves con los ojos, puedes ver con la verdad.

INSTRUCCIONES PRÁCTICAS:

Hoy:

Observa lo que percibes con los sentidos.

Detecta interpretaciones inmediatas.

Y entonces recuerda: “Hoy no utilizaré los ojos del cuerpo”.

Puedes acompañarlo con:

  • “Puedo ver esto de otra manera”.
  • “No me guío sólo por lo que parece”.

No fuerces la visión, permite que se abra.

ADVERTENCIAS IMPORTANTES:

No negar lo que percibes físicamente.
No intentar suprimir la percepción sensorial.
No forzar una experiencia espiritual.

Aplicarla a nivel de interpretación interna.
Permitir que amplíe tu percepción.
Usarla como apertura, no como rechazo.

La verdadera visión no sustituye, trasciende.

RELACIÓN CON EL PROCESO DEL CURSO:

La progresión continúa profundizándose:

260 → Dios es mi origen.
261 → Dios es mi refugio.
262 → Somos uno en Él.
263 → Todo es puro en Él.
264 → Estoy rodeado por Su Amor.
265 → Todo es manso en Él.
266 → Me reconozco en todos.
267 → La paz vive en mí.
268 → Dejo que todo sea.
269 → Veo la verdad en todo.
270 → Trasciendo la visión del cuerpo.

Ahora no sólo ves diferente, comienzas a ver desde otro lugar.

CONCLUSIÓN FINAL:

La Lección 270 es profundamente transformadora:

Lo que ves no es lo que parece.
Lo que interpretas no es la verdad.
Y lo que crees ver puede ser corregido.

Cuando dejas de confiar únicamente en los ojos del cuerpo, se abre otra visión. Y en esa visión, todo se unifica, se suaviza y se llena de sentido. Porque ya no ves formas separadas, ves un mundo perdonado.

FRASE INSPIRADORA: “Cuando dejo de confiar sólo en los ojos del cuerpo, comienzo a ver con la verdad”.



Ejemplo-Guía: "El firme propósito de ver la verdad".

Hasta hoy, hemos permanecido ciegos. Aunque nuestros ojos físicos contemplan el mundo que les rodea, aquello que perciben no es real, sino una ilusión fabricada por la mente. Esta mente, identificada con la separación y la división, nos ha mostrado una percepción falsa que hemos confundido con la verdad.

No tienes más que observar tu propia vida para comprender que el mundo que ves y en el que crees existir no puede ser el Hogar que Dios ha dispuesto para Su Hijo. ¿Acaso tú crearías un mundo tan caótico y demente para tu hijo? Esta simple reflexión nos invita a cuestionar la naturaleza de la realidad que experimentamos y a reconocer que no puede proceder del Amor perfecto.

Observa tu existencia. Te percibes como un ser limitado, necesitado y vulnerable, cuando en verdad eres pleno y abundante. Demandas amor y protección, cuando en esencia eres Amor y gozas eternamente del amparo de tu Creador. Sientes miedo y culpabilidad al creer que has fallado a tu Padre, cuando en realidad jamás has alterado una sola línea del Plan de Salvación dispuesto por Él para Su Hijo.

Haces necesarios el dolor, el sufrimiento e incluso la muerte para justificar un sistema de pensamiento erróneo, cuando en verdad eres inocente, impecable y eterno. Estas creencias no son más que velos que oscurecen la visión de la verdad y nos mantienen prisioneros de una percepción ilusoria.

Ante esta encrucijada surge una pregunta esencial: ¿qué mundo estás dispuesto a seguir viendo? ¿El mundo en el que te consideras muerto en vida o aquel que te libera para siempre de la muerte ofreciéndote la eternidad? ¿Elegirás la tristeza cuando puedes gozar de la dicha y de la felicidad que Dios ha dispuesto para ti?

Te sientes agotado cuando experimentas el mundo falso, pues vivir en él te priva de la paz. Sin embargo, elegir ver el mundo perdonado te mantiene animado y lleno de júbilo. Cada instante se transforma entonces en una experiencia de gozo, pues en cada uno de ellos reconoces la Presencia de Cristo en ti y en todos tus hermanos.

El firme propósito de ver la verdad no es una iniciativa que te afecte únicamente a ti. Cuando este propósito se convierte en nuestro único deseo, es señal de que Cristo ha obrado el milagro de curar la ceguera que había en nosotros. Este regalo no se limita a nuestra mente, sino que se expande al mundo entero, compartiendo la verdadera visión con todos.

Tal como nos enseña el Curso, la visión de Cristo contempla únicamente la inocencia. Al ver la verdad en nuestros hermanos, la reconocemos también en nosotros mismos. Así, la percepción errada se desvanece y da paso a la certeza de la unidad.

Hoy elegimos ver con claridad. Hoy dejamos atrás las sombras de la ilusión y aceptamos la luz de la verdad. Hoy reconocemos la impecabilidad del Hijo de Dios.

Hoy veo tu inocencia y tu pureza, pues esa inocencia y esa pureza se han hecho conscientes en mí. En este reconocimiento radica la salvación y la paz eterna que Dios ha dispuesto para todos Sus Hijos.


Reflexión: Tan solo vemos aquello que deseamos ver.

¿Cómo puede ser ilusión algo que me duele?

¿Cómo puede ser ilusión algo que me duele? Hay una resistencia muy profunda que aparece en el estudiante cuando escucha que aquello que perc...