viernes, 13 de febrero de 2026

¿Somos la luz que ilumina el mundo? Reflexión desde la Lección 44

¿Somos la luz que ilumina el mundo?  Reflexión desde la Lección 44

En la Lección 44 leemos una afirmación poderosa: “Somos la luz del mundo.”

Una estudiante plantea una idea muy interesante: ¿Podría entenderse esto en el sentido de que no hay nada realmente “ahí fuera”, y que todo lo que vemos existe porque lo iluminamos con nuestra mente? ¿Hay mundo si no hay nadie que lo observe? ¿Somos nosotros quienes lo hacemos aparecer al ponerle luz?

La pregunta es profunda. Y merece una respuesta cuidadosa.

Un Curso de Milagros afirma algo muy claro: La percepción no es pasiva. El mundo que vemos depende del sistema de pensamiento que elegimos.

El Curso dice que el mundo es efecto, no causa. Es decir, lo que vemos no es independiente de la mente.

Pero aquí debemos matizar algo importante. No está diciendo que tu mente individual crea físicamente el planeta, que el mundo desaparece si no lo miras, ni que todo es una proyección privada tuya.

Eso sería una interpretación psicológica o filosófica, no la enseñanza del Curso.

El Curso habla de una mente única que cree estar fragmentada. El mundo surge de una creencia colectiva en la separación.

No es “mi mente personal” iluminando cosas aisladas. Es la mente que se cree separada, generando una experiencia perceptiva compartida.

¿Qué significa entonces “somos la luz del mundo”?

Aquí está la clave. La luz no significa que “hacemos existir” el mundo físico. Significa que damos significado a lo que percibimos.

Sin la mente, el mundo sería percepción sin interpretación. Pero el sufrimiento no viene de los objetos, viene del significado que les atribuimos.

Cuando el Curso dice que somos la luz del mundo, está diciendo que somos la fuente del significado; que somos quienes elegimos ver desde el miedo o desde el amor, y que somos quienes iluminamos la experiencia con un sistema de pensamiento u otro.

No iluminamos la materia. Iluminamos el sentido.

El ejemplo filosófico clásico —si un árbol cae y nadie lo oye, ¿hace ruido?— es interesante, pero el Curso no se centra en eso.

La pregunta más alineada con UCDM sería: Si un hecho ocurre, ¿tiene significado sin una mente que lo interprete?

Desde el Curso, el mundo como forma puede seguir su curso, pero el dolor, el miedo o el conflicto no están en el árbol, están en la interpretación.

Ahí es donde entra la “luz”.

¿Existe el mundo “ahí fuera”?

Desde el punto de vista absoluto del Curso, el mundo es una proyección de la creencia en la separación. No es creación de Dios. No es realidad eterna.

Pero mientras creemos en él, lo experimentamos como real.

Por eso el Curso no nos pide negar el mundo, sino reinterpretarlo.

La luz no crea la forma, transforma la percepción.

Este matiz es esencial. La luz de la que habla la Lección 44 no crea montañas, árboles o cuerpos. Cambia la forma de verlos.

Desde el ego, vemos amenaza, vemos pérdida, vemos ataque, vemos carencia.

Desde la luz, vemos oportunidad de perdón, vemos inocencia más allá de la conducta, vemos una petición de amor, vemos unidad detrás de la apariencia.

El mundo no desaparece. Cambia la experiencia.

Entonces, ¿tiene sentido lo que plantea la estudiante?

Sí… pero con precisión. Tiene sentido en cuanto a que el mundo no tiene significado por sí mismo, somos nosotros quienes lo iluminamos con interpretación, y la experiencia depende de la mente.

Pero no en el sentido de que la mente individual cree físicamente el universo, nada existe si no lo observamos, y que el mundo sea una ilusión privada personal.

El Curso habla de un sueño colectivo nacido de una mente que se creyó separada.

Podemos concluir diciendo que “Somos la luz del mundo” no significa que fabriquemos objetos. Significa que, sin la mente, no hay significado. Que, sin significado, no hay experiencia emocional. Y que el significado siempre es elegido.

La luz no hace que el mundo exista. Hace que el mundo sea interpretado de una u otra manera.

Y ahí está el poder transformador de la lección: No cambiar el mundo.  Cambiar la manera de verlo.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 44

LECCIÓN 44

Dios es la luz en la que veo.

1. Hoy continuamos con la idea de ayer, agregándole otra dimensión2No puedes ver en la oscuridad, y no puedes fabricar luz. 3Puedes fabricar oscuridad y luego pensar que ves en ella, pero la luz refleja vida, y es, por lo tanto, un aspecto de la creación. 4La creación y la oscuridad no pueden coexistir, pero la luz y la vida son inseparables, pues no son sino diferentes aspectos de la creación.

2. Para poder ver, tienes que reconocer que la luz se encuentra en tu interior y no afuera. 2No puedes ver fuera de ti, ni tampoco se encuentra fuera de ti el equipo que necesitas para poder ver. 3Una parte esencial de ese equipo es la luz que hace posible el que puedas ver. 4Esa luz está siempre contigo, haciendo que la visión sea posible en toda circunstancia.

3. Hoy vamos a intentar llegar hasta esa luz. 2Para tal fin, utilizaremos una forma de ejercicio que ya se sugirió anteriormente, y que vamos a utilizar cada vez más. 3Dicha forma de ejercicio es especialmente difícil para la mente indisciplinada y representa uno de los objetivos principales del entrenamiento mental. 4Requiere precisamente lo que le falta a la mente sin entrenar. 5Con todo, si has de ver, dicho entrenamiento tiene que tener lugar.

4. Lleva a cabo como mínimo tres sesiones de práctica hoy, cada una de tres a cinco minutos de duración. 2Recomendamos enfáticamente que les dediques más tiempo, pero únicamente si notas que el tiempo pasa sin que experimentes ninguna sensación de tensión o muy poca. 3La forma de práctica que vamos a utilizar hoy es la más natural y fácil del mundo para la mente entrenada, tal como parece ser la más antinatural y difícil para la mente sin entrenar.

5. Tu mente ya no está completamente sin entrenar. 2Estás bastante listo para aprender la forma de ejercicio que vamos a utilizar hoy, pero es posible que te topes con una gran resistencia. 3La razón es muy simple. 4Al practicar de esta manera, te desprendes de todo lo que ahora crees y de todos los pensamientos que has inventado. 5Propiamente dicho, esto constituye tu liberación del infierno. 6Sin embargo, si se percibe a través de los ojos del ego, es una pérdida de identidad y un descenso al infierno.

6. Si te puedes apartar del ego, aunque sólo sea un poco, no tendrás dificultad alguna en reconocer que su oposición y sus miedos no significan nada. 2Tal vez te resulte útil recordarte a ti mismo de vez en cuando, que alcanzar la luz es escapar de la oscuridad, independientemente de lo que creas al contrario. 3Dios es la luz en la que ves. 4Estás intentando llegar a Él.

7. Da comienzo a la sesión de práctica repitiendo la idea de hoy con los ojos abiertos, luego ciérralos lentamente mientras repites la idea varias veces más. 2Trata entonces de sumergirte en tu mente, abandonando cualquier clase de interferencia e intrusión a medida que te sumerges serenamente más allá de ellas. 3No hay nada, excepto tú, que pueda impedirle a tu mente hacer esto. 4Tu mente está sencillamente siguiendo su curso natural. 5Trata de observar los pensamientos que te vengan sin involucrarte con ninguno de ellos, y pásalos de largo tranquilamente.

8. Si bien no se recomienda ningún enfoque en particular para esta forma de ejercicio, sí es necesario que te des cuenta de cuán importante es lo que estás haciendo, el inestimable valor que ello tiene para ti, así como que seas consciente de que estás intentando hacer algo muy sagrado. 2La salvación es el más feliz de todos tus logros. 3Es asimismo el único que tiene sentido porque es el único que tiene verdadera utilidad para ti.

9. Si experimentas cualquier clase de resistencia, haz una pausa lo suficientemente larga como para poder repetir la idea de hoy con los ojos cerrados, a no ser que notes que tienes miedo. 2En ese caso es probable que abrir los ojos brevemente te haga sentir más tranquilo. 3Trata, sin embargo, de reanudar los ejercicios con los ojos cerrados tan pronto como puedas.

10Si estás haciendo los ejercicios correctamente, deberías experimentar una cierta sensación de relajación, e incluso sentir que te estás aproximando a la luz o de hecho adentrándote en ella. 2Trata de pensar en la luz, sin forma y sin límites, según pasas de largo los pensamientos de este mundo. 3Y no te olvides de que no te pueden atar a él a no ser que tú les des el poder de hacerlo.

11. Durante el transcurso del día, repite la idea a menudo con los ojos abiertos o cerrados, como mejor te parezca en su momento. 2Pero no te olvides de repetirla. 3Sobre todo, decídete hoy a no olvidarte.

¿Qué me enseña esta lección?

Las enseñanzas de La Cábala nos dicen que la Luz es el principio inteligible y superior en el que se manifiesta la Divinidad. El primer trabajo que realizó Elohim en el Proceso de la Creación fue separar la Luz de las Tinieblas, determinando de este modo la Luz como el Principio más Elevado del Padre y estableciendo un nivel inferior donde la oscuridad tendría su lugar.

Es la búsqueda y el encuentro con la Luz, la más elevada conquista que podemos realizar para elevarnos a la consciencia divina. Cuando utilizamos el término buscar, por lo general, relacionamos dicha acción con un acto externo. Sin embargo, buscar la luz nos invita a dirigir nuestra atención hacia el interior del ser. Y cuando nos referimos al “interior”, no debemos pensar que la Luz la encontraremos en nuestros órganos internos, por muy vitales que éstos sean. Cuando aludimos al “interior”, nos estamos refiriendo al Yo Espiritual, en detrimento del término “exterior”, el cual está en sintonía con el ego.

En la medida en que nos situamos en la Luz y tomamos el timón de nuestra mente, estamos capacitados para dirigir la orientación de nuestros pensamientos. Dejaremos de estar identificados con las fabricaciones de nuestro ego y actuaremos como observadores de esos pensamientos que tratan de mantenernos prisioneros de la ilusión del mundo físico.

Los pensamientos de miedo, de culpa, de sufrimiento, de dolor, de ira, de egoísmo, de rencor, de ataque y venganza pasarán por nuestra mente, pero nuestra Luz nos hará inteligible su significado y los dejaremos pasar para que no formen parte de nuestra existencia. Lo que no es real no tiene significado. Lo que no tiene significado no es nada.

Si respondemos y nos identificamos con estos pensamientos, los estaremos justificando externamente, les damos sentido y lo experimentaremos como nuestra única realidad.

Cuando tomamos consciencia de la Unidad y nos manifestamos expandiendo el Amor, estaremos actuando como obreros de la Luz.

Veamos algunas características propias del poder de la Luz, recogidas en el Curso:

“Siempre que la luz irrumpe en la oscuridad, la oscuridad desaparece” (T-2.VII.5:4).

“El entendimiento es luz, y la luz conduce al conocimiento. El Espíritu Santo se encuentra en la luz porque Él está en ti que eres luz, pero tú desconoces esto” (T-5.III.7:5-6).

“Es imposible concebir la luz y la oscuridad, o todo y nada, como posibilidades compatibles” (T-3.II.1:3).

“Cuando una mente contiene solamente luz, conoce solamente la luz. Su propia luminiscencia alumbra todo en su derredor, y se extiende hasta la penumbra de otras mentes y las transforma en majestad” (T-7.XI.5:1-2).

“Dios Mismo iluminó tu mente, y la mantiene iluminada con Su Luz porque Su Luz es lo que tu mente es” (T-7.III.5:1).

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de la Lección 44 es deshacer la identificación entre visión y percepción corporal.

El ego cree que ve a través del cuerpo y que la luz procede del exterior. Desde esa creencia, el mundo parece fragmentado, amenazante y cambiante.

El Curso corrige esta confusión mostrando que:

  • la Luz no está fuera,
  • la Luz no fluctúa,
  • la Luz no depende de condiciones externas.

Si Dios es la Luz en la que veo, entonces nada que perciba puede tener un significado independiente de Él. La visión verdadera no reacciona al mundo; lo trasciende.

Esta lección no busca mejorar la percepción, sino trasladar el punto de referencia de la visión: del mundo a Dios.

Instrucciones prácticas:

La práctica mantiene la sencillez característica de esta etapa del Curso:

  • Aplicaciones breves y frecuentes a lo largo del día.
  • Uso inmediato cuando aparezca:
    • confusión,
    • juicio,
    • sensación de amenaza,
    • percepción de conflicto,
    • interpretación basada en el miedo.

No se pide cerrar los ojos para “ver luz”, ni imaginar claridad, ni generar estados internos especiales. La práctica consiste únicamente en recordar la Fuente de la visión.

La lección no pide que cambie lo que veo, sino desde dónde veo.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección desmonta la creencia de que:

  • lo que veo me afecta,
  • el mundo tiene poder sobre mí,
  • la claridad depende de circunstancias favorables.

Cuando creo que la luz procede del exterior, me vuelvo dependiente de lo que ocurre. Pero cuando acepto que la Luz está en Dios —y no en el mundo—, la mente deja de reaccionar compulsivamente.

El efecto psicológico es una disminución del miedo, porque lo que veo deja de ser una amenaza y pasa a ser una percepción neutral, sin carga personal.

Espiritualmente, esta lección afirma una verdad central del Curso: La visión verdadera es una condición del Ser, no una función del cuerpo.

Ver en la Luz de Dios significa ver desde la Unidad, no desde la fragmentación. En esa Luz no hay opuestos, ni juicios, ni sombras. La oscuridad no es algo que haya que combatir; simplemente no existe donde la Luz es aceptada.

El Espíritu Santo utiliza esta Luz para reinterpretar lo que parecía separado, devolviéndolo a la Unidad.

Relación con el Curso;

La progresión continúa con una precisión impecable:

  • 42 → Dios es mi fortaleza
  • 43 → Dios es mi Fuente
  • 44 → Dios es la Luz en la que veo

Después de aceptar que Dios me sostiene y me origina, el Curso da el siguiente paso lógico:

Si Dios es mi Fuente, también es el Medio en el que veo.

Aquí se completa el desplazamiento del punto de referencia:

  • ya no me apoyo en mí,
  • ya no veo solo,
  • ya no veo desde el cuerpo,
  • veo en Dios.

Consejos para la práctica;

  • No intentar “sentir luz”.
  • No buscar experiencias visuales o místicas.
  • No evaluar si la percepción cambia.

Aplicar la idea especialmente cuando aparezcan pensamientos como:

  • “Esto es oscuro”
  • “No veo salida”
  • “Esto es malo”
  • “Esto me amenaza”

La lección no pide lucha contra la oscuridad, sino recordar la Luz.

Conclusión final;

La Lección 44 enseña que la visión verdadera no depende de lo que se ve, sino de la Luz en la que se ve.

Cuando recuerdo que Dios es la Luz en la que veo el juicio pierde sentido, el miedo se desvanece, y la percepción se aquieta.

Aquí el Curso consolida una verdad profunda y liberadora: no necesito cambiar el mundo para ver con claridad; necesito recordar dónde estoy viendo.

Frase inspiradora: “No busco la luz en lo que veo; veo en la Luz que nunca se apaga.”


Ejemplo-Guía: ¿Qué debo hacer para alcanzar la iluminación?

¿Os resuena el ejemplo? Seguro que sí. La búsqueda de la iluminación forma parte del proceso conciencial en el que nos encontramos. Reconozco que esa meta ha sido mi meta y aún continúa siéndolo. Pero de la misma manera que hago ese reconocimiento públicamente, debo añadir que, en mi presente, ya no persigo la iluminación como lo hacía antes, es decir, ya no busco la iluminación como si se encontrase fuera de mí, como si dependiese de los esfuerzos externos que tuviese que realizar y alguien decidiese que esos esfuerzos eran merecedores de contar con el grado de iluminado.

Mi consciencia presente no da poder a lo externo en esta búsqueda, lo que ha supuesto mi elección de dejar de seguir a "maestros", "guías", etc., a quienes otorgué la capacidad de decidir sobre mí. Ahora creo en el "empoderamiento", es decir, en la consciencia de que soy el Hijo de Dios. Soy consciente de que, cuando Dios creó a su Hijo, le dio los medios necesarios para que, por sí mismo, supiese encontrar su verdadera identidad y el "lugar" de donde procede.

Al igual que unos padres enseñan a su hijo a recordar su nombre y la dirección en donde viven la primera vez que éste sale de casa, nuestro Creador dispuso en su Hijo esa información, la cual forma parte de su memoria ancestral. ¿Qué queremos decir con esta analogía? Sencillamente, que todos tenemos la iluminación a nuestro alcance, pues somos Luz. Lo que ocurre es que lo hemos olvidado, al proyectar nuestra mente sobre el mundo exterior, con el cual nos hemos identificado temporalmente. Por lo tanto, lo único que tenemos que hacer es dirigir nuestra mirada hacia nuestro Yo Espiritual, al cual ubicamos en nuestro interior.

¿Entonces los ejercicios que recomiendan para alcanzar la iluminación no son válidos?

Es evidente que esta cuestión procede de la mente dual, acostumbrada a interpretar las cosas como buenas-malas, positivo-negativo, etc. Cada uno tenemos un nivel distinto en el proceso conciencial. Tal vez tú necesites, como yo, hacer uso de técnicas de meditación con el propósito de ayudar a nuestra mente a controlarse, a aquietarse. De hecho, esta lección nos invita a practicar ese ejercicio, pues favorecerá la toma de consciencia con el nivel profundo de nuestro Ser. Pero no debemos perder de vista una cuestión importante. La causa de que busquemos la iluminación fuera de nosotros no se encuentra en los efectos, es decir, en las cosas que hacemos en el mundo práctico. La causa se encuentra en nuestra mente, que nos lleva a creer en un mundo de percepción, cuando es posible conectar directamente con nuestra Fuente, y para ello, el primer paso que debemos dar es poner nuestra Voluntad en ello, es decir, elegirlo con la certeza de que esa comunicación será posible porque es la única, real.

Fijaros lo que nos enseña UCDM sobre este particular:

"Criatura de la luz, no sabes que la luz está en ti. Sin embargo, la encontrarás a través de sus testigos, pues al haberles dado luz, ellos te la devolverán. Cada hermano que contemples en la luz hará que seas más consciente de tu propia luz. El amor siempre conduce al amor. Los enfermos, que imploran amor, se sienten agradecidos por él, y en su alegría resplandecen con santo agradecimiento. Y eso es lo que te ofrecen a ti que les brindaste dicha. Son tus guías a la dicha, pues habiéndola recibido de ti, desean conservarla. Los has establecido como guías a la paz, pues has hecho que ésta se manifieste en ellos. Y al verla, su belleza te llama a retornar a tu hogar" (T-13.VI.10:1-9).

Ya hemos dicho que la Luz es el poder del entendimiento. Cuando comprendamos que en el mundo los seres están unidos al compartir una misma Fuente, cada vez que veamos a uno de nuestros hermanos, estaremos viéndonos y reconociendo a Dios en él. Entender el significado profundo de cada experiencia compartida con cada uno de nuestros hermanos nos sitúa en la Luz.

Otra joya extraída del Curso:

"Hay una luz que este mundo no puede dar. Mas tú puedes darla, tal como se te dio a ti. Y conforme la des, su resplandor te incitará a abandonar el mundo y a seguirla. Pues esta luz te atraerá como nada en este mundo puede hacerlo. Y tú desecharás este mundo y encontrarás otro. Ese otro mundo resplandece con el amor que tú le has dado. En él todo te recordará a tu Padre y a Su santo Hijo. La luz es ilimitada y se extiende por todo ese mundo con serena dicha. Todos aquellos que trajiste contigo resplandecerán sobre ti, y tú resplandecerás sobre ellos con gratitud porque te trajeron hasta aquí. Tu luz se unirá a la suya dando lugar a un poder tan irresistible que liberará de las tinieblas a los demás según tu mirada se pose sobre ellos" (T-13.VI.11:1-10).

Reflexión: ¿Cómo ver a tu hermano en la luz?

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (11ª parte).

VII. La roca de la salvación (11ª parte).

11. La creencia de que es posible perder no es sino el reflejo de la premisa subyacente de que Dios está loco. 2Pues en este mundo parece que alguien tiene que perder porque otro ganó. 3Si esto fuese cierto, entonces Dios estaría loco. 4Mas ¿qué es esa creencia, sino una forma de la premisa más básica según la cual, "El pecado es real y es lo que rige al mundo"? 5Por cada pequeña ganancia que se obtenga alguien tiene que perder, y pagar el importe exacto con sangre y sufrimiento. 6Pues, de lo contrario, el mal triunfaría y la destrucción sería el costo total de cualquier ganancia. 7Tú que crees que Dios está loco, examina esto deteni­damente y comprende que, o bien Dios es demente o bien es esto lo que lo es, pero no ambos.

Este párrafo expone con absoluta claridad la raíz lógica de la creencia en la pérdida. No la trata como un hecho psicológico ni como una experiencia humana inevitable, sino como una conclusión metafísica que se deriva directamente de una premisa falsa: que Dios está loco.

El Curso establece una relación directa e ineludible: creer que alguien puede perder, es creer que Dios creó un sistema de ganancia y pérdida, y creer que Dios está loco.

En el mundo parece evidente que alguien debe perder para que otro gane. Esta lógica competitiva se presenta como “realista”, “natural” o “inevitable”. Pero el Curso muestra que, si esa lógica fuese verdadera, Dios tendría que haberla establecido, lo cual implicaría que Su Voluntad es contradictoria, cruel y destructiva.

El texto va más profundo aún: esta creencia no es aislada, sino una forma concreta de la premisa más básica del ego: “El pecado es real y es lo que rige al mundo.”

La idea de pérdida necesita necesariamente del pecado como fundamento. Si el pecado es real, entonces la ganancia exige sacrificio, y el progreso se paga con dolor. Por eso el texto describe el mundo como un sistema en el que toda ganancia se cobra con “sangre y sufrimiento”. No como denuncia moral, sino como consecuencia lógica del sistema de pensamiento.

El ego introduce entonces una falsa disyuntiva: si alguien no paga el precio, “el mal triunfaría”. Así, la destrucción se presenta como el costo obligatorio de cualquier beneficio, reforzando la creencia de que la violencia y el sufrimiento son necesarios para sostener el orden del mundo.

El párrafo culmina con una exigencia de honestidad intelectual absoluta: o bien Dios es demente o bien lo es este sistema de pensamiento
pero no ambos.

No hay conciliación posible. El Curso no deja espacio a una tercera vía.

Mensaje central del punto:

  • La creencia en la pérdida implica creer que Dios está loco.
  • El mundo parece regirse por ganancia/pérdida.
  • Si esto fuese real, Dios habría creado un sistema cruel.
  • La creencia en la pérdida deriva de la idea de que el pecado es real.
  • El sacrificio y el sufrimiento sostienen esa creencia.
  • El ego justifica la violencia como necesaria.
  • Solo una de las dos cosas puede ser demente: Dios o el mundo.

Claves de comprensión:

  • La pérdida no es una experiencia neutra, sino una conclusión teológica inconsciente.
  • El sistema de ganancia/pérdida necesita del pecado para sostenerse.
  • El sufrimiento se justifica cuando se cree que es necesario.
  • El ego protege su sistema presentándolo como moralmente obligatorio.
  • La verdad no puede incluir destrucción como requisito.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa cuándo das por hecho que alguien debe perder.
  • Detecta pensamientos del tipo “esto tiene un costo inevitable”.
  • Pregúntate: “¿Estoy aceptando que el sufrimiento es necesario?”
  • Practica cuestionar la lógica del sacrificio.
  • Recuerda: lo que procede de Dios no exige pago alguno.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿En qué situaciones creo que perder es inevitable?
  • ¿Qué sacrificios sigo justificando como necesarios?
  • ¿Confundo justicia con castigo?
  • ¿Puedo concebir una ganancia sin costo?
  • ¿Qué sistema considero realmente demente: Dios o el mundo?

Conclusión / síntesis:

Este párrafo revela que la creencia en la pérdida no es inocente, sino que sostiene la idea más extrema del ego: que Dios creó un mundo gobernado por el sacrificio. Al exponer esta lógica sin suavizarla, el Curso obliga a la mente a elegir entre dos interpretaciones incompatibles.

O Dios es Amor, o el mundo tiene razón.
Ambos no pueden ser verdaderos.

La salvación comienza cuando se cuestiona la necesidad de perder.

Frase inspiradora:

“Nada que provenga de Dios puede exigir pérdida.”

Invitación práctica:

Hoy, ante cualquier pensamiento de sacrificio o coste inevitable, repite:

“La Voluntad de Dios no exige que nadie pierda.”

Y permite que esa idea empiece a desmontar el sistema desde dentro.

jueves, 12 de febrero de 2026

Diálogos entre Psique y Lumen: “Uno y muchos”

Diálogos entre Psique y Lumen: Aprendiendo Un Curso de Milagros.

Este espacio nace del deseo sincero de comprender.
No de convencer, no de enseñar desde arriba, sino de explorar juntos.

Psique representa la mente que pregunta, que duda, que busca claridad en medio de sus propias percepciones. Es la parte de nosotros que quiere entender, que tropieza, que vuelve a preguntar.

Lumen no es un maestro ni una autoridad. Es simplemente una voz de claridad. Una luz suave que ayuda a mirar de otra manera. No impone respuestas; acompaña el descubrimiento.

En estos diálogos compartiremos reflexiones inspiradas en Un Curso de Milagros, abordando sus ideas desde la experiencia directa, con un lenguaje accesible y humano. La intención no es explicar el Curso de forma académica, sino permitir que sus enseñanzas se desplieguen en conversación viva.

Porque a veces la verdad no se encuentra en afirmaciones rotundas, sino en preguntas honestas.

Si alguna vez te has preguntado quién eres realmente, qué significa perdonar, o si la separación que percibes es real… tal vez este diálogo también sea el tuyo.

Bienvenido. 

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 43

LECCIÓN 43

Dios es mi Fuente. No puedo ver separado de Él.

1. La percepción no es un atributo de Dios. 2El ámbito de Dios es el del conocimiento. 3Sin embargo, Él ha creado al Espíritu Santo para que sirva de Mediador entre la percepción y el conocimiento. 4Sin este vínculo con Dios, la percepción habría reemplazado al conocimiento en tu mente para siempre. 5Gracias a este vínculo con Dios, la percepción se transformará y se purificará en tal medida que te conducirá al conocimiento. 6Ésa es su función tal como la ve el Espíritu Santo. 7Por lo tanto, ésa es en verdad su función.

2. En Dios no puedes ver. 2La percepción no tiene ninguna fun­ción en Dios, y no existe. 3Pero en la salvación, que es el proceso de erradicar lo que nunca fue, la percepción tiene un propósito sumamente importante. 4Habiéndola inventado el Hijo de Dios para un propósito no santo, tiene que convertirse ahora en el medio a través del cual se le restaura su santidad en su conciencia5La percepción no tiene significado. 6Sin embargo, el Espíritu Santo le otorga un significado muy parecido al de Dios. 7Una percepción que ha sanado se convierte en el medio por el que el Hijo de Dios perdona a su hermano, y, por ende, se perdona a sí mismo.

3. No puedes ver separado de Dios porque no puedes estar separado de Dios. 2Todo lo que haces, lo haces en Él, porque todo lo que piensas, lo piensas con Su Mente. 3Si la visión es real, y es real en la medida en que comparte el propósito del Espíritu Santo, entonces no puedes ver separado de Dios.

4. Hoy son necesarias tres sesiones de práctica de cinco minutos cada una. 2La primera debe hacerse lo más temprano que puedas; la segunda lo más tarde posible, y la tercera en el momento más oportuno y adecuado que las circunstancias y la buena disposición permitan. 3Al comienzo de estas sesiones repite la idea de hoy para tus adentros con los ojos cerrados. 4Luego mira a tú alrededor brevemente, aplicando la idea específicamente a lo que veas. 5Cuatro o cinco objetos durante esta fase de la sesión de práctica serán suficientes. 6Podrías decir, por ejemplo:

7Dios es mi Fuente. 8No puedo ver este escritorio separado de Él.
9Dios es mi Fuente. 10No puedo ver ese cuadro separado de Él.

5. Si bien esta parte del ejercicio debe ser relativamente corta, asegúrate, en esta fase de la práctica, de seleccionar los objetos tan al azar como sea posible, sin controlar su inclusión o exclusión2Para la segunda fase, la más larga, cierra los ojos, repite la idea de hoy nuevamente, y luego deja que cualquier pensamiento pertinente que se te ocurra sea una aportación a la idea de hoy en tu propio estilo particular. 3Pensamientos tales como:

4Veo a través de los ojos del perdón.
5Veo el mundo como un lugar bendito.
6El mundo me puede mostrar quién soy.
7Veo mis propios pensamientos, que son como los de Dios.

8Cualquier pensamiento que en mayor o menor medida esté directamente relacionado con la idea de hoy es adecuado. 9Los pensamientos no tienen que tener una relación obvia con la idea, pero tampoco deben oponerse a ella.

6. Si ves que tu mente se distrae o si comienzas a notar la presencia de pensamientos que están en clara oposición a la idea de hoy, o si te resulta imposible pensar en algo, abre los ojos, repite la primera fase del ejercicio, y luego intenta de nuevo la segunda. 2No dejes transcurrir grandes lapsos de tiempo en los que te enfrascas en pensamientos irrelevantes. 3Para evitar eso, vuelve a la primera fase del ejercicio cuantas veces sea necesario.

7. Al aplicar la idea de hoy durante las sesiones de práctica más cortas, la forma de la idea puede variar de acuerdo con las circunstancias y situaciones en las que te encuentres en el transcurso del día. Cuando estés con otra persona, por ejemplo, trata de acordarte de decirle silenciosamente:

3Dios es mi Fuente. 4No puedo verte separado de Él.

5Esta variación puede aplicarse por igual tanto a desconocidos como a aquellas personas con las que crees tener una relación íntima. 6De hecho, evita a toda costa hacer distinciones de esta clase.

8. La idea de hoy también debe aplicarse en el transcurso del día a las diversas situaciones y acontecimientos que puedan presentarse, especialmente a aquellos que de alguna forma parezcan afligirte. 2A tal fin, aplica la idea de esta manera:

3Dios es mi Fuente. 4No puedo ver esto separado de Él.

9. Si en ese momento no se presenta en tu conciencia ningún sujeto en particular, repite simplemente la idea en su forma original. 2Trata de no dejar pasar grandes lapsos de tiempo sin recordar la idea de hoy y, por ende, sin recordar tu función.

¿Qué me enseña esta lección?

En esta lección, se recogen dos afirmaciones que nos pueden confundir, pues sus mensajes son, aparentemente, contrarios. En una de ellas, se nos dice que en Dios no podemos ver, y en la otra, se nos dice que no podemos ver separados de Dios porque no podemos estar sepa­rados de Él. En la primera afirmación, no podemos ver; sin embargo, en la segunda, sí podemos.

No hay tal contrariedad en dichas afirmaciones; es más, su claridad nos permite comprender los atributos de Dios y los atributos del ego; ambos tienen en común la misma fuente, la mente.

En Dios no podemos ver, tal y como ve el ego, es decir, Dios no puede percibir, dado que la percepción es la decisión de usar la mente para tener pensamientos divididos, lo que da lugar a la creencia en la separación.

En cambio, para ver, no podremos hacerlo separados de Dios, pues la verdadera visión emana de la Mente Una, o lo que es lo mismo, la Extensión del Amor a través de la Mente de Dios.

Dios ha creado a Su Hijo a Su Imagen y Semejanza, lo que significa que Su Hijo es portador de Sus mismos Atributos. El Hijo de Dios es Espíritu y tiene a su disposición una “herramienta”, la mente, la cual puede ser utilizada para crear o para fabricar. Cuando crea, está utilizando el conocimiento de las leyes del cielo; cuando fabrica, está utilizando sus propias leyes, dando lugar a la percepción de un mundo dividido y separado.

Dios es nuestra fuente. Cuando vemos en comunión con Él, estamos viendo el mundo real, estamos viendo a través de la Mente Recta, la cual está inspirada por el Espíritu Santo, el Mediador que Dios ofrece a Su Hijo para garantizar que el conocimiento no es sustituido por la percepción, o lo que es lo mismo, que la división niega a la unidad.

Nosotros, como Hijos de Dios, debemos extender nuestro Ser de modo que, en plena comunión con nuestro Padre y Su Filiación, seamos agentes integradores de la Unidad.

Esa Alianza Santa debe ocupar nuestra mente, de modo que veamos en todo lo creado la huella verdadera e imborrable de la Hermandad.

Lo irreal, lo temporal, ocupa un segundo plano en la manifestación verdadera de la existencia. Cuanto ocurre tiene un sentido espiritual, que no material. Todo suma para allanarnos el camino hacia la salvación. Es por ello que esta lección nos recuerda que la percepción no tiene significado, al no tener ninguna función en Dios.

Como Hijos de Dios, somos perfectos como el Padre es Perfecto. Por lo tanto, nada externo puede ofrecer ni un ápice de evolución a esa Perfección.

Sin embargo, en el uso del libre albedrío, el Hijo de Dios ha fabricado un mundo donde la percepción se convierte en el canal de aprendizaje, en el canal de toma de conciencia. Si la percepción se ha convertido en la puerta que nos ha llevado a perder la conexión directa con la divinidad, será a través de ese mismo canal que recordaremos el camino de vuelta que ha de llevarnos a nuestro verdadero Hogar. Esto quiere decir que, a través de la experimentación de nuestra divinidad, tomaremos plena consciencia de que somos seres espirituales, de que somos el Hijo de Dios.

La Liberación pasa por la no identificación con el mundo temporal; por la desvinculación del sentido de culpa que nos mantiene atados a la falsa creencia en el pecado. La verdadera libertad existe cuando abandonamos la ilusión de nuestros miedos y nos desapegamos de los placeres que nos dispensan los sentidos físicos al consumir los manjares del mundo material. Esos placeres son, como su mundo, temporales y no satisfacen plenamente. En cambio, la comunión con Dios nos eleva a un estado de Ser que nos permite gozar de las bendiciones de nuestra santidad.

UCDM nos dice que todo lo que Dios creó es semejante a Él. La extensión, tal como Dios la emprendió, es similar al resplandor interior que los Hijos del Padre han heredado de Él. Su verdadera fuente se encuentra en su interior.

 La Sagrada Biblia nos revela que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza; con ello debemos entender que el concepto "imagen" se refiere a "pensamiento", y el concepto "semejanza" se refiere a "una calidad semejante".

Dotado con los Atributos creadores de su Padre, el Hijo de Dios, lo hemos adelantado anteriormente, fabricó un mundo donde imperan las leyes de la percepción. Pero, ¿cuál es el origen de la percepción?

Recurriendo al Texto del Curso, podemos leer:

"La proyección da lugar a la percepción. El mundo que ves se compone de aquello con lo que tú lo dotaste. Nada más. Pero si bien no es nada más, tampoco es menos. Por lo tanto, es importante para ti. Es el testimonio de tu estado mental, la imagen externa de una condición interna. Tal como el hombre piense, así percibirá. No trates, por lo tanto, de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él. La percepción es un resultado, no una causa. Por eso es por lo que el concepto de grados de dificultad en los milagros no tiene sentido. Todo lo que se contempla a través de la visión es sano y santo. Nada que se perciba sin ella tiene significado. Y donde no hay significado, hay caos” (T-21.In.1:1-12).

“La condenación es un juicio que emites acerca de ti mismo, y eso es lo que proyectas sobre el mundo. Si lo ves como algo condenado, lo único que verás es lo que tú has hecho para herir al Hijo de Dios. Si contemplas desastres y catástrofes, es que has tratado de crucificarlo. Si ves santidad y esperanza, es que te has unido a la Voluntad de Dios para liberarlo. Estas son las únicas alternativas que tienes ante ti. Y lo que veas dará testimonio de tu elección y te permitirá reconocer cuál de ellas elegiste. El mundo que ves tan sólo te muestra cuánta dicha te has permitido ver en ti y aceptar como tuya. Y si ése es su significado, el poder de dar dicha tiene entonces que encontrarse en ti" (T-21.In.1:2-8).

Propósito y sentido de la lección:

El propósito de la Lección 43 es corregir la ilusión de autonomía. El ego se define a sí mismo como una fuente independiente de pensamiento, percepción y juicio. Desde esa creencia surge toda percepción errónea.

El Curso enseña que la separación no consiste en estar lejos de Dios, sino en creer que se puede ver sin Él. Esta lección devuelve la mente a su Fuente natural, mostrando que toda percepción verdadera depende de reconocer ese Origen compartido.

Aquí se da un paso más profundo que en la lección anterior:

  • En la 42 se aceptaba que Dios es mi fortaleza.
  • En la 43 se reconoce que Dios es mi Fuente, es decir, el origen mismo de mi ver.

Si Dios es la Fuente, no hay esfuerzo que hacer, ni dirección que buscar fuera. La corrección no es añadir algo nuevo, sino dejar de imaginar un punto de vista separado.

Instrucciones prácticas:

La práctica de esta lección mantiene la sencillez característica del Curso:

  • Aplicaciones frecuentes y breves.
  • Uso inmediato cuando aparezcan:
    • confusión,
    • juicio,
    • comparación,
    • sensación de estar “perdido”,
    • interpretación basada en el miedo.

No se pide analizar lo que se ve, ni intentar cambiar la percepción por voluntad propia.
La práctica consiste en recordar la Fuente y permitir que la visión sea compartida.

La idea no se utiliza para “ver mejor”, sino para dejar de insistir en ver solo.

Aspectos psicológicos y espirituales:

Psicológicamente, esta lección confronta una de las creencias más profundas del ego: “Yo veo por mí mismo”.

De esta creencia nacen:

  • la duda constante,
  • el conflicto interno,
  • la necesidad de confirmar,
  • el miedo a equivocarse.

Creer que la percepción depende del yo personal genera ansiedad, porque el ego sabe que no ve con claridad. Aceptar que Dios es la Fuente libera a la mente del peso de tener que interpretar correctamente por su cuenta.

El efecto psicológico inmediato es descanso mental: ya no tengo que sostener una visión privada ni defenderla. 

Espiritualmente, la lección afirma una verdad central del Curso: No existe percepción privada en la verdad.

Ver con Dios no significa “consultar” a Dios, sino compartir Su Visión. La visión verdadera no es un añadido espiritual, sino el resultado natural de reconocer la Fuente.

Aquí se refuerza la enseñanza de que el Espíritu Santo no añade nada nuevo, sino que resta el error de creer en una fuente separada.

Ver separado de Dios es el error; ver con Él es lo natural.

Relación con el Curso:

La progresión es impecable y muy precisa:

  • 40 → Soy bendecido (recibo de Dios)
  • 41 → No estoy solo (Dios va conmigo)
  • 42 → Dios es mi fortaleza (me sostiene)
  • 43 → Dios es mi Fuente (me origina)

En este punto, el Curso ya no habla solo de acompañamiento o sostén, sino de origen. Aquí se desmantela definitivamente la idea de un “yo” que ve desde fuera de Dios.

La lección responde a la última resistencia del ego: “Tal vez Dios me ayuda… pero sigo viendo por mi cuenta”.

La respuesta es clara: No puedes ver separado de tu Fuente.

Consejos para la práctica;

  • No usar la idea para obtener respuestas inmediatas.
  • No intentar “sentir” la Fuente.
  • No evaluar si la visión cambia.

Aplicarla especialmente cuando surjan pensamientos como:

  • “No entiendo esto”
  • “No sé qué pensar”
  • “Estoy confundido”
  • “Cada uno ve las cosas a su manera”

La lección no pide certeza intelectual, sino humildad perceptiva.

Conclusión final;

La Lección 43 enseña que toda confusión procede de una sola idea errónea: creer que puedo ver separado de mi Fuente.

Cuando acepto que Dios es mi Fuente, la visión deja de ser privada, el juicio pierde su base, y la percepción se unifica.

Aquí el Curso consolida una verdad esencial: no veo solo, no veo desde mí, no veo separado.

Ver con Dios no es un acto místico; es simplemente dejar de insistir en ver sin Él.

Frase inspiradora: “Cuando recuerdo mi Fuente, dejo de ver solo y la visión se vuelve una.”


Ejemplo-Guía: ¿Qué puedo hacer para cambiar el mundo?

Muchos nos hacemos esta pregunta en nuestra vocación espiritual. A veces, he sido testigo de ello. Esta necesidad de cambiar el mundo que nos rodea se convierte en una obsesión. Es como si tuviésemos una deuda pendiente con el mundo y no nos importase el precio que tengamos que pagar para conseguir nuestro objetivo. Digo precio, pues en nuestro afán de ayudar a otros, nos olvidamos de ayudar a los que más cerca están de nosotros: parejas, hijos, familia, etc.

Muchas de estas experiencias, al menos las que yo he conocido, acaban frustradas. Hoy, estoy en condiciones de entender la razón de que esto sea así. Nadie puede cambiar el mundo que juzga y condena, pues ese mundo es así porque es el efecto de nuestra proyección mental. ¿Cómo vamos a ver paz en el mundo, si esa paz no se encuentra en nuestro interior?

De la misma manera que nadie puede dar lo que no tiene, nadie puede encontrar fuera lo que no lleva en su interior.

Buscamos, con ahínco y tesón, la felicidad. Pensamos que la felicidad debemos buscarla fuera y depositamos en los demás la potestad de hacernos felices, en función de lo que nos den. Pero esa búsqueda pronto se verá frustrada al comprobar que los demás no están dispuestos a dar por temor a quedarse sin ello.

Se hace necesario cambiar la visión de la felicidad y no depositar nuestras expectativas en el mundo de los efectos, en el mundo exterior, sino que debemos orientar nuestra mirada hacia nuestro interior y descubrir lo que realmente somos, es decir, somos el Hijo de Dios, y ello lleva implícito que somos Plenos y Abundantes. Por lo tanto, con esa visión espiritual de lo que somos, la felicidad se convierte en una experiencia de dar y recibir. Lo más maravilloso de todo es descubrir que nuestro estado de abundancia nos lleva a dar sin esperar recibir, y cuando esto ocurre, recibimos duplicado lo que hemos dado. Se trata de la Ley del Amor, la cual se fundamenta en la expansión.

Reflexionad sobre lo dicho. La felicidad es una realidad cuando elegimos dar y aquello que damos es la verdadera esencia que somos: Abundancia divina.

¿Por qué entonces existe necesidad? Por la creencia en la escasez, que se convierte en el argumento principal del ego para mantenernos atrapados en la ilusión de la posesión. Su credo es: si doy, pierdo. Con ello, lo único que está haciendo es negar nuestra verdadera Esencia Espiritual, que es, vuelvo a recordarlo, Plenitud y Abundancia.

¿Qué puedes hacer para cambiar el mundo que te rodea? Sencillamente, cambia tu manera de verlo. Has elegido verlo desde la escasez, desde el miedo, desde la condena, desde el sufrimiento y el dolor, y el universo, fiel a tus creencias, te muestra un mundo con esas mismas características.

Si, en cambio, eliges verlo de otra manera; si eliges ver la inocencia, la impecabilidad, la perfección, la abundancia, y esa visión la das desde la unicidad, la expandes y la compartes en tu vida, ten por seguro que experimentarás el mundo que ves.

Para llevar a cabo ese "cambio", no tienes que realizar largos desplazamientos en busca del maestro, del gurú, del guía, que te diga qué es lo que debes o no debes hacer. Ahora, te has convertido en tu propio maestro y, seguro, que muy cerca de ti, encontrarás a muchos hermanos: tu pareja, tu hijo, tu madre o padre, tu amigo, tu enemigo, etc., que, siguiendo el guión del pacto de amor que sellasteis en el Cielo, te ayudarán en la conquista del autoconocimiento.

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