Psique: Hay algo que me cuesta comprender cuando estudio el
Curso. Siempre he creído que tener libre albedrío significa poder decidir lo
que quiero hacer con mi vida. Sin embargo, el Curso parece enseñarnos que, en
el fondo, solo podemos elegir entre escuchar al ego o al Espíritu Santo. Si
únicamente existen esas dos posibilidades, ¿somos verdaderamente libres?
Lumen: Depende de lo que entiendas por libertad. Normalmente
creemos que somos libres cuando podemos escoger entre muchas alternativas:
dónde vivir, con quién relacionarnos, qué trabajo realizar o qué camino seguir.
Pero el Curso plantea una pregunta más profunda: ¿eres realmente libre cuando
tus decisiones están condicionadas por el miedo, la culpa, la necesidad de
reconocimiento o el deseo de controlar?
Psique: Aunque mis decisiones estén condicionadas, sigo
siendo yo quien las toma.
Lumen: Eso parece. Imagina que tienes que tomar una decisión
importante y sientes mucho miedo a equivocarte. Analizas todas las
posibilidades, anticipas consecuencias y buscas garantías hasta elegir aquello
que parece ofrecerte mayor seguridad. Has tomado una decisión, pero ¿has
elegido libremente o has permitido que el miedo decida por ti?
Psique: Entonces una cosa es poder escoger entre alternativas
y otra ser interiormente libre.
Lumen: Exactamente. Puedes disponer de muchas opciones y,
sin embargo, sentirte prisionero de tus temores. Puedes cambiar de trabajo, de
pareja o de ciudad buscando una felicidad que parece escaparse continuamente. Y
aunque algunos de esos cambios sean convenientes, si continúas creyendo que tu
paz depende exclusivamente de las circunstancias, llevarás contigo el mismo
conflicto.
Psique: Entonces puedo cambiar completamente mi vida exterior
y seguir pensando de la misma manera.
Lumen: Sí. Por eso el Curso no sitúa la libertad fundamental
en las formas que eliges, sino en el propósito con el que las utilizas. Una
misma situación puede servirte para reforzar la separación o para aprender a
deshacerla.
Psique: ¿Y ahí aparecen el ego y el Espíritu Santo?
Lumen: Exactamente. El ego interpreta desde el miedo, la
culpa, la comparación y el ataque. El Espíritu Santo ofrece una interpretación
que conduce hacia el perdón, la unión y la paz. No son dos verdades
equivalentes entre las que debas escoger, sino dos sistemas de pensamiento con
propósitos opuestos.
Psique: Pero si solo existen esas dos opciones, sigo
sintiendo que mi libertad está limitada.
Lumen: Porque imaginas la libertad como la posibilidad de
escoger entre innumerables caminos igualmente verdaderos. El Curso propone algo
diferente: puedes continuar defendiendo una interpretación equivocada o
permitir que sea corregida. Puedes elegir el error, pero esa elección no lo
convierte en verdad.
Psique: ¿Puedes ponerme un ejemplo?
Lumen: Imagina que alguien no te saluda. Puedes pensar que
te desprecia, enfadarte y construir una historia sobre sus intenciones. También
puedes reconocer que desconoces por qué no te ha saludado y estar dispuesto a
mirar la situación de otra manera. El acontecimiento es el mismo, pero tu
experiencia cambia según la interpretación que aceptas.
Psique: Entonces mi libertad consiste en elegir qué
interpretación quiero seguir.
Lumen: En el nivel del aprendizaje, sí. No eliges lo que es
verdadero, porque la verdad no depende de tus preferencias. Pero puedes elegir
si deseas continuar mirando desde el miedo o permitir que tu percepción sea
corregida.
Psique: Eso me plantea otra dificultad. Si Dios me creó
libre, ¿no debería poder convertirme en lo que quisiera, incluso en algo
separado de Él?
Lumen: Esa es precisamente la confusión que sostiene el ego.
El Curso enseña que tu libertad no consiste en poder destruir tu verdadera
naturaleza. Puedes creer que estás separado de Dios, pero no convertir esa
separación en realidad. Puedes sentirte indigno del Amor, pero no modificar tu
verdadera dignidad.
Psique: Entonces hay algo que no puedo elegir.
Lumen: No puedes elegir que la verdad deje de ser verdad. Y
eso no representa una limitación, sino la garantía de que nunca puedes perderte
definitivamente. Si pudieras destruir tu unión con Dios, tu libertad incluiría
la posibilidad de perder para siempre aquello que eres.
Psique: Entonces mi verdadera voluntad y la Voluntad de Dios
no pueden estar enfrentadas.
Lumen: Exactamente. El ego imagina dos voluntades opuestas:
la tuya y la de Dios. Cree que ser libre significa independizarte de Él, como
si la unión fuera sometimiento. Pero el Curso enseña que tu voluntad real y la
Voluntad de Dios son una. El conflicto aparece cuando confundes los deseos del
ego con aquello que verdaderamente quieres.
Psique: Cuando escucho la expresión «hacer la Voluntad de
Dios», a veces pienso en renunciar a mis propios deseos para obedecer una
autoridad externa.
Lumen: Porque imaginas a Dios como alguien que podría querer
algo contrario a tu verdadero bien. Pero si Dios es Amor, Su Voluntad no puede
ser tu sufrimiento ni tu sacrificio. Reconocerla no significa someterte a una
voluntad ajena, sino descubrir que aquello que realmente deseas nunca ha estado
separado del Amor.
Psique: ¿Y cómo puedo saber qué quiero realmente?
Lumen: Observando qué buscas detrás de tus deseos. El ego
puede decir: «Quiero que esta persona me dé la razón». Pero quizá estés
buscando reconocimiento o seguridad. Puede decir: «Necesito conseguir este
trabajo para sentirme valioso». Pero lo que verdaderamente deseas es reconocer
un valor que no dependa de tus logros.
Psique: Entonces mis deseos particulares pueden ser intentos
equivocados de encontrar algo más profundo.
Lumen: Exactamente. El Curso no te pide que los condenes,
sino que descubras qué crees obtener mediante ellos. Detrás de muchas de
nuestras búsquedas existe un mismo anhelo de paz, amor, seguridad y plenitud.
Psique: Sin embargo, muchas veces no quiero elegir la paz.
Quiero tener razón, defenderme o demostrar que alguien se ha equivocado.
Lumen: Y reconocerlo honestamente forma parte del
aprendizaje. La mente dividida puede desear la paz y, al mismo tiempo, creer
que necesita conservar el conflicto para protegerse.
Psique: Entonces ¿qué hago cuando descubro que sigo queriendo
estar enfadado?
Lumen: No necesitas fingir que ya has perdonado. Puedes
reconocer: «Todavía quiero conservar este resentimiento, pero estoy dispuesto a
aprender por qué no lo necesito». Esa disposición sincera abre la puerta a la
corrección.
Psique: Entonces tampoco tengo que obligarme a elegir lo que
el Curso considera correcto.
Lumen: No. El ego puede apropiarse incluso de la enseñanza
espiritual y convertirla en otra exigencia: «Tienes que elegir bien. No puedes
equivocarte. Si sigues teniendo miedo, estás fracasando». Pero la corrección no
necesita culpa. Puedes observar tu resistencia sin condenarte y permitir que
cambie gradualmente.
Psique: ¿Y qué ocurre con las decisiones prácticas? ¿Cómo sé
qué trabajo aceptar, si debo terminar una relación o si conviene cambiar de
ciudad?
Lumen: El Curso no establece una única decisión externa
correcta para cada circunstancia. Dos personas pueden tomar decisiones
diferentes sin que eso signifique necesariamente que una escucha al ego y la
otra al Espíritu Santo. Lo importante es reconocer el propósito que dirige cada
elección.
Psique: ¿Puedes explicarlo con una relación?
Lumen: Puedes permanecer en una relación por miedo a estar
solo o marcharte impulsado por ese mismo miedo. También puedes permanecer desde
una disposición sincera a sanar o marcharte desde la claridad de que necesitas
establecer límites. La conducta exterior no revela por sí sola el estado de tu
mente.
Psique: Entonces no puedo juzgar el progreso espiritual de
alguien por las decisiones que toma.
Lumen: Exactamente. Ni siquiera deberías convertir tus
propias decisiones en una medida absoluta de tu aprendizaje. Puedes
equivocarte, rectificar, asumir responsabilidades y volver a elegir. El Curso
no pretende hacerte incapaz de cometer errores, sino enseñarte que los errores
pueden corregirse sin condenación.
Psique: Eso me tranquiliza, porque a veces siento que una
decisión equivocada puede arruinar todo mi futuro.
Lumen: El ego convierte cada elección importante en una
amenaza. Te dice que existe una opción perfecta y que, si no la descubres,
perderás tu oportunidad de ser feliz. Entonces comienzas a analizarlo todo
interminablemente porque crees que tu seguridad depende de acertar.
Psique: ¿Y no depende de ello?
Lumen: Tus decisiones tienen consecuencias prácticas y
conviene tomarlas responsablemente. Pero ninguna puede modificar tu verdadera
identidad. Puedes cometer un error y necesitar repararlo, cambiar de dirección
o afrontar sus consecuencias sin convertirlo en una sentencia contra lo que
eres.
Psique: Entonces la libertad también consiste en no quedar
prisionero de mis decisiones anteriores.
Lumen: Exactamente. El ego utiliza el pasado para decirte:
«Elegiste mal. Fracasaste. Ya es demasiado tarde». La corrección te recuerda
que siempre puedes elegir de nuevo. No necesariamente podrás cambiar lo
ocurrido, pero sí la interpretación que continúas haciendo de ello.
Psique: Pero si la separación nunca ocurrió realmente, ¿no
significa que nuestras decisiones dentro del sueño también son ilusorias?
Lumen: Desde la perspectiva de la realidad última, ninguna
elección basada en la separación puede modificar lo que Dios creó. Sin embargo,
mientras crees estar dentro del sueño, la capacidad de elegir entre dos
sistemas de pensamiento tiene sentido como instrumento de aprendizaje.
Psique: Entonces el libre albedrío tiene una función mientras
creemos estar separados.
Lumen: Podemos expresarlo así, distinguiendo entre la
libertad eterna de tu Ser y la capacidad de elegir que experimentas durante el
aprendizaje. Dentro del sueño parecen existir innumerables alternativas, pero
el Curso señala una elección fundamental: continuar interpretando desde la
separación o aceptar la corrección que te conduce a recordar la unidad.
Psique: Entonces el Espíritu Santo no me obliga a despertar.
Lumen: No. La corrección no se impone. Puedes resistirte,
retrasarla o continuar defendiendo tus interpretaciones. Pero esa resistencia
no puede convertir el error en verdad. El Amor no necesita obligarte a regresar
porque, desde la perspectiva del Curso, nunca te separaste realmente de Él.
Psique: Entonces despertar no significa renunciar a mi
libertad.
Lumen: Significa descubrir que aquello que llamabas libertad
era muchas veces una forma de esclavitud. El ego dice que eres libre cuando
puedes conseguir lo que deseas, pero después te hace depender de conseguirlo.
Cuanto más necesitas controlar, poseer, ganar o recibir reconocimiento para
sentirte completo, más vulnerable te vuelves a perderlo.
Psique: Entonces puedo conseguir lo que quiero y continuar
sintiéndome prisionero.
Lumen: Exactamente. Puedes ganar una discusión y seguir
enfadado. Puedes obtener reconocimiento y necesitar todavía más. Puedes
controlar una situación y comenzar inmediatamente a preocuparte por la
siguiente. El ego ofrece una libertad que necesita defenderse continuamente.
Psique: Mientras que la libertad del Curso sería no necesitar
que todo ocurra como deseo para conservar mi paz.
Lumen: Sí. No significa dejar de tener preferencias,
objetivos o responsabilidades. Significa dejar de convertirlos en condiciones
indispensables para reconocer quién eres.
Psique: Entonces quizá el verdadero libre albedrío no
consista en poder hacer cualquier cosa.
Lumen: Sino en dejar de estar gobernado por aquello que te
impide reconocer lo que realmente quieres.
Psique: Creo que empiezo a comprenderlo. Puedo elegir entre
muchas cosas, pero la elección verdaderamente importante es si quiero seguir
escuchando al miedo o permitir que otra manera de mirar me muestre la verdad.
Lumen: Exactamente. Y quizá descubras que la verdadera
libertad no consiste en poder elegir contra el Amor, sino en reconocer que
nunca has dejado de pertenecer a Él.
Conclusión de Lumen:
El Curso no
niega que podamos tomar decisiones en nuestra vida cotidiana. Elegimos
relaciones, trabajos, proyectos y caminos. Pero nos invita a reconocer que tener
muchas opciones no significa necesariamente ser libres.
El ego dice: «Soy
libre cuando puedo hacer que las cosas sean como yo quiero». El Espíritu
Santo nos enseña que la verdadera libertad aparece cuando dejamos de depender
de las circunstancias para reconocer nuestra paz.
Por eso la
elección fundamental no se encuentra entre todas las formas que el mundo nos
ofrece, sino entre los dos propósitos con los que podemos utilizarlas: reforzar
la separación o aprender a recordar la unidad.
Podemos
elegir, equivocarnos, rectificar y aprender. Ninguna decisión equivocada puede
destruir nuestra verdadera identidad. Y si todavía no estamos dispuestos a
abandonar un juicio o un resentimiento, podemos reconocerlo honestamente sin
convertir esa resistencia en una nueva culpa.
Quizá entonces
la pregunta deje de ser: «¿Puedo hacer todo lo que quiero?» y se convierta en
otra mucho más reveladora: «¿Estoy
eligiendo lo que realmente quiero o lo que mi miedo me hace creer que
necesito?»
Porque la
libertad no consiste en conseguir que el mundo obedezca nuestros deseos, sino
en descubrir que podemos dejar de utilizarlo para mantenernos prisioneros de
nuestras propias interpretaciones.
No somos
verdaderamente libres porque podamos elegir cualquier cosa. Comenzamos a
experimentar nuestra libertad cuando dejamos de elegir contra nuestra propia
paz.
Aclara la aparente contradicción
del libre albedríoReduce la repetición del diálogo central