miércoles, 4 de febrero de 2026

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 35

LECCIÓN 35

Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo.

1. La idea de hoy no describe la manera como te ves a ti mismo ahora. 2Describe, no obstante, lo que la visión te mostrará. 3A todo aquel que cree estar en este mundo le resulta muy difícil creer esto de sí mismo. 4Sin embargo, la razón por la que cree estar en este mundo es porque no lo cree.

2. Crees que formas parte del lugar donde piensas que estás. 2Eso se debe a que te rodeas del medio ambiente que deseas. 3Y lo deseas para proteger la imagen que has forjado de ti mismo. 4La imagen también forma parte de ese medio ambiente. 5Lo que ves mientras crees estar en él, lo ves a través de los ojos de la imagen. 6Eso no es visión. 7Las imágenes no pueden ver.

3. La idea de hoy presenta una perspectiva de ti muy diferente. 2Al establecer tu Origen establece también tu Identidad, y te describe como realmente debes ser en verdad. 3La manera en que vamos a aplicar la idea de hoy es ligeramente diferente, ya que el énfasis recae hoy en el que percibe en vez de en lo que éste percibe.

4. Comienza cada una de las tres sesiones de práctica de hoy de cinco minutos cada una repitiendo la idea para tus adentros, luego cierra los ojos y escudriña tu mente en busca de los diver­sos términos descriptivos que te adjudicas a ti mismo. 2Incluye todos los atributos basados en el ego que te adscribes, sean positivos o negativos, deseables o indeseables, halagadores o denigrantes3Todos son igualmente irreales porque en ellos no te ves a ti mismo con los ojos de la santidad.

5. En la primera parte del período de búsqueda mental, probablemente pondrás mayor énfasis en lo que consideres son los aspectos más negativos de tu auto-percepción. 2Hacia el final del ejercicio, no obstante, es probable que lo que te venga a la mente sean los términos descriptivos más auto-engrandecedores. 3Trata de reconocer que no importa en qué dirección se inclinen las fantasías que albergas acerca de ti mismo. 4En realidad, las fantasías no se inclinan en ninguna dirección. 5Simplemente no son verdaderas.

6. Una lista adecuada para la aplicación de la idea de hoy, la cual no ha sido seleccionada conscientemente, podría ser:

2Me veo a mí mismo como alguien del que otros abusan.
3Me veo a mí mismo como alguien que está deprimido.
4Me veo a mí mismo como un fracaso.
5Me veo a mí mismo como alguien que está en peligro.
6Me veo a mí mismo como un inútil.
7Me veo mí mismo como un vencedor.
8Me veo a mí mismo como un perdedor.
9Me veo a mí mismo como una persona caritativa.
10Me veo a mí mismo como una persona virtuosa.

7. No debes pensar acerca de estos términos de manera abstracta. 2Se te ocurrirán a medida que te vengan a la mente diversas personalidades  situaciones o acontecimientos en los que tú figuras. 3Escoge cualquier situación en particular que se te ocurra, identifica el término o términos descriptivos que consideres pertinentes a tus reacciones a esa situación, y úsalos para aplicar la idea de hoy. 4Después que hayas nombrado cada uno de ellos, añade:

5Pero mi mente es parte de la de Dios. 6Soy muy santo.

8. Durante las sesiones de práctica más largas probablemente habrá intervalos en los que no se te ocurra nada en particular. 2No te esfuerces en pensar cosas concretas para ocupar dichos intervalos, sino simplemente relájate y repite la idea de hoy lentamente hasta que se te ocurra algo. 3Si bien no debes omitir nada de lo que se te ocurra durante los ejercicios, no se debe "sacar" nada a la fuerza. 4No se debe usar ni fuerza ni discriminación.

9. Tan a menudo como sea posible en el transcurso del día, aplica la idea de hoy a cada atributo o atributos que te estés adjudicando en ese momento, añadiendo la idea en la forma indicada más arriba. 2Si no se te ocurre nada en particular, repite simplemente la idea en tu interior con los ojos cerrados.

¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección me muestra cómo el ego utiliza la mente para fabricar una identidad basada en pensamientos a los que les otorgo realidad. Cuando creo pensamientos como “soy incapaz” o “soy extraordinario”, no estoy describiendo la verdad de lo que soy, sino aceptando una imagen fabricada. A partir de esa imagen, interpretaré el mundo de manera que parezca confirmarla, ya sea a través del fracaso o del éxito. En ambos casos, sigo atrapado en la ilusión de una identidad separada.

El Curso enseña que este proceso no es creativo, sino fabricado. No estamos creando en el sentido en que Dios crea, sino imaginando una versión de nosotros mismos que no es real. Esa imagen es lo que llamamos ego: un sistema de pensamiento que interpreta todo desde la dualidad, utilizando categorías opuestas como bueno y malo, éxito y fracaso, luz y oscuridad, masculino y femenino. Estas distinciones pertenecen al ámbito de la percepción y no a la verdad.

En realidad, no somos una imagen ni un cuerpo, ni una personalidad definida por atributos cambiantes. Nuestra verdadera Identidad no es el ropaje transitorio que parece moverse en el mundo, sino el Ser que permanece unido a su Fuente. El mundo de la forma no nos define; solo oscurece temporalmente el recuerdo de lo que somos.

Un Curso de Milagros nos recuerda que somos parte de la Mente de Dios, no como entidades separadas, sino como Su extensión. Sin embargo, mientras nos identificamos con la percepción, creemos estar fragmentados y sujetos a la dualidad. Este tránsito por el mundo del tiempo refuerza la confusión, haciéndonos olvidar la Unidad que nunca se ha perdido.

Por eso, la invitación de esta lección es a despertar la conciencia y a aceptar con humildad lo que ya es verdad: no somos el ego que pensamos ser, sino el Hijo de Dios tal como fue creado.

Tal como hemos aprendido en lecciones anteriores, los pensamientos sin significado nos muestran un mundo sin significado (L-11). Estos pensamientos proceden de la mente errada, que cree únicamente en lo que percibe y toma el mundo de las formas —cambiante y temporal— como si fuera real. Desde ahí, el ego intenta sostener su identidad valiéndose de imágenes que parecen confirmarla.

La enseñanza de esta lección responde, finalmente, a la pregunta que el ego evita constantemente: ¿qué soy?
El ego teme esta pregunta porque la respuesta disuelve su fundamento. La única respuesta posible es simple y absoluta: soy el Hijo de Dios, creado por Su Mente y permaneciendo en Ella. Ante esta verdad, el ego no puede justificarse, y por eso necesita inventar un mundo de imágenes que le permitan aparentar una identidad propia.

Esta lección me invita a dejar de defender esa identidad ficticia y a permitir que la verdad, silenciosa y sin opuestos, vuelva a ocupar su lugar natural en mi mente.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 35 introduce una afirmación que resulta profundamente confrontadora para el sistema de pensamiento del ego: tu mente no es privada, no es limitada y no es independiente, sino que es parte de la Mente de Dios.

Esta lección no pretende elevar el ego ni reforzar una identidad personal “especial”. Al contrario, desmantela la identidad personal al afirmar que la santidad no es algo que se gana, se mejora o se pierde, sino algo que es inherente a lo que eres, porque procede de Dios.

El propósito central es reemplazar la autoimagen basada en culpa, limitación y miedo, por una identidad compartida, inocente y santa, que no depende del comportamiento ni del pasado.

Aquí se da un paso decisivo: ya no se trata solo de corregir la percepción del mundo, sino de corregir la percepción de uno mismo.

Instrucciones prácticas:

La práctica de esta lección es sencilla en su forma, pero profunda en su alcance:

  • Se realizan dos sesiones formales de dos minutos.
  • En cada sesión:
    • Repite lentamente la idea: Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo.
    • Hazlo con calma, sin tratar de convencerte.
  • Luego:
    • Busca pensamientos de miedo, culpa, preocupación o tristeza.
    • Aplícales la idea directamente, sin analizarlos.

Durante el día:

  • Repite la idea cada vez que algo perturbe tu paz.
  • No discutas con el pensamiento perturbador.
  • Respóndele con la verdad, no con argumentos.

Aspectos psicológicos y espirituales:

A nivel psicológico esta lección confronta directamente el núcleo del ego: la creencia de que eres defectuoso, insuficiente o culpable.

El ego reacciona con resistencia porque esta idea no amenaza al “yo personal”, sino a su sistema completo de interpretación.
Por eso el Curso aclara: No es tu identidad la que está en peligro, sino tu sistema de pensamiento.

Aceptar esta idea no produce grandiosidad, sino descanso mental, porque libera del esfuerzo constante por “mejorarse” o “defenderse”.

A nivel espiritual la lección afirma algo radical:

  • Si tu mente es parte de la de Dios, entonces no puede albergar culpa real.
  • La santidad no es moral, sino ontológica: es lo que eres.

Aquí se empieza a reconocer, de forma experiencial, la unidad de la Filiación.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 35 se apoya directamente en las anteriores:

  • Si Dios está en todo lo que ves (29),
  • y Dios está en tu mente (30),
  • entonces tu mente no puede ser algo separado o impuro.

Esta lección prepara el terreno para:

  • el perdón verdadero,
  • la desaparición de la culpa,
  • y la aceptación de la Expiación para uno mismo.

Es un paso clave hacia el reconocimiento de la visión de Cristo, donde la santidad se reconoce en uno mismo y, por extensión, en todos.

Consejos para la práctica:

  • No intentes sentirte santo.
  • No busques pruebas en tu conducta pasada.
  • No luches con la resistencia.

Haz solo esto:

  • Permite que la idea sea considerada.
  • Aplícala especialmente cuando más falsa te parezca.
  • Recuerda: el Curso no te pide que creas, sino que practiques.

La resistencia es normal. La santidad no necesita defensa.

Conclusión final:

La Lección 35 no afirma que seas santo porque actúes bien, pienses bien o medites correctamente. Afirma que eres santo porque tu mente es parte de la Mente de Dios.

Nada de lo que crees haber hecho ha cambiado eso. Nada de lo que percibes puede desmentirlo.

Aceptar esta idea no engrandece al yo personal: lo disuelve.

Y en esa disolución comienza la verdadera paz.

Ejemplo-Guía: "No me siento valorado en mi trabajo"

Este ejemplo refleja una experiencia muy extendida en el mundo que percibimos. JM, un joven recién graduado, desea poner en práctica los conocimientos adquiridos y alcanzar reconocimiento profesional y estabilidad económica. Sus decisiones académicas estuvieron guiadas más por la promesa de éxito y rentabilidad que por una verdadera llamada interior. Renunció a lo que le gustaba con la esperanza de asegurarse un futuro valorado socialmente.

Con el paso del tiempo, la realidad no responde a sus expectativas. La falta de experiencia limita sus oportunidades laborales y comienzan a surgir dudas, inquietud y un sentimiento creciente de desvalorización. La mente interpreta la situación como un fracaso personal y cuestiona el sentido de todo el esfuerzo realizado.

Cuando finalmente acepta un trabajo temporal de reparto de publicidad, no lo vive como una oportunidad, sino como una prueba de su supuesta falta de valor. Un comentario aparentemente inocente de una transeúnte activa en él una herida profunda. No es la frase lo que le hiere, sino la imagen previa que ya sostenía sobre sí mismo. El dolor emocional surge de un juicio interior que se ve momentáneamente confirmado.

Desde la enseñanza del Curso, JM no está reaccionando a los hechos, sino a la identidad que el ego ha fabricado. Se ha identificado con el cuerpo, con el rol profesional y con una escala de valores basada en el tener y el reconocimiento. Desde esa identificación, cualquier experiencia que no confirme esa imagen es vivida como humillación o fracaso.

El ego le ha ofrecido un guion claro: ser valioso es tener éxito, estatus y posesiones. Y JM ha aceptado ese guion como si fuera la verdad. Sin embargo, el mundo en el que intenta validarse es cambiante y temporal. Por eso, aun alcanzando esos objetivos, la paz no estaría garantizada.

La vida no le está negando valor; le está mostrando el conflicto entre lo que cree ser y lo que es en verdad. El trabajo que juzga como indigno no es el problema. El problema es el juicio mismo, que mide el valor desde criterios externos y efímeros.

Según Un Curso de Milagros, el valor no se gana ni se pierde. No depende del puesto que se ocupa, del salario ni del reconocimiento ajeno. El valor es inherente, porque no procede del mundo, sino de la Identidad que Dios creó.

Cuando JM deje de buscar su valía en el resultado de sus acciones y permita que su percepción sea reinterpretada, podrá empezar a vivir cada experiencia —sea cual sea su forma— como una oportunidad de expresar lo que ya es, no de demostrarlo. La paz no llegará cuando el mundo cambie, sino cuando deje de pedirle al mundo que le diga quién es.

Desde esa nueva mirada, el trabajo deja de ser una medida de valor y se convierte simplemente en una circunstancia dentro del sueño. Y es ahí donde comienza la verdadera liberación.

Reflexión: ¿Y si la imagen que tienes de ti es falsa? ¿Y si realmente no eres lo que crees ser?

Capítulo 25. VII. La roca de la salvación (4ª parte).

VII. La roca de la salvación (4ª parte).

4. Justificar uno solo de los valores que el mundo apoya es negar la cordura de tu Padre y la tuya. 2Pues Dios y Su Hijo bienamado no piensan de manera diferente. 3Y es esta concordancia en el pensamiento lo que hace que el Hijo sea un co-creador con la Mente cuyo Pensamiento lo creó a él. 4De modo que si elige creer en un solo pensamiento que se oponga a la verdad, habrá deci­dido que él no es el Hijo de su Padre porque el Hijo está loco, y la cordura tiene que ser algo ajeno al Padre y al Hijo. 5Esto es lo que crees. 6No pienses que esta creencia depende de la forma en que se manifieste. 7El que de alguna manera crea que el mundo es cuerdo, que algunas de las cosas que piensa están justificadas o que está sustentando por algún tipo de razón, cree que eso es cierto. 8El pecado no es real porque ni el Padre ni el Hijo son dementes. 9Este mundo no tiene sentido porque se basa en el pecado. 10¿Quién podría crear lo inmutable si ello no estuviese basado en la verdad?

Este párrafo revela la raíz profunda del error: no es el pecado en sí, sino la justificación de los valores del mundo. El Curso no habla aquí de conductas concretas, sino de adhesión mental. Basta con justificar un solo valor del mundo para negar simultáneamente la cordura de Dios y la propia.

La razón es metafísica, no moral: Dios y Su Hijo no piensan de manera diferente. Esa perfecta concordancia es lo que define al Hijo como co-creador, no como criatura separada. Pensar junto a Dios no es un ideal elevado, sino la condición misma de la Filiación.

Cuando el Hijo acepta un solo pensamiento que se oponga a la verdad, decide —aunque no sea consciente de ello— que no es el Hijo de su Padre, porque introduce la idea de que la cordura no es compartida. De este modo, la locura pasa a ser atribuida al Hijo, y la cordura queda separada tanto del Padre como del Hijo.

El texto es especialmente incisivo al señalar que no importa la forma que adopte esta creencia. No depende de si el mundo se defiende por razones morales, científicas, espirituales o prácticas. Cualquiera que crea que el mundo es cuerdo, que algunos de sus valores están justificados o que se sostienen “por alguna razón”, está afirmando exactamente la misma premisa.

El párrafo culmina con una afirmación decisiva: el pecado no es real porque ni el Padre ni el Hijo son dementes. El mundo carece de sentido porque se basa en el pecado, y nada que no esté fundado en la verdad puede ser inmutable.

Mensaje central del punto:

  • Justificar cualquier valor del mundo es negar la cordura compartida entre Dios y Su Hijo.
  • Padre e Hijo piensan de manera idéntica.
  • Esa concordancia es lo que hace al Hijo co-creador.
  • Aceptar un solo pensamiento contrario a la verdad implica negar la Filiación.
  • La forma del error es irrelevante; el contenido es siempre el mismo.
  • El pecado no es real porque Dios no es demente.
  • Un mundo basado en el pecado no puede tener sentido ni crear lo inmutable.

Claves de comprensión:

  • El error no está en el comportamiento, sino en la justificación mental.
  • No existen valores “parcialmente verdaderos” del mundo.
  • Pensar separado de Dios es definirse como separado de Él.
  • La cordura no es un estado psicológico, sino una unidad de pensamiento.
  • Lo inmutable solo puede proceder de la verdad.

Aplicación práctica en la vida cotidiana:

  • Observa qué valores del mundo das por “razonables” o “inevitables”.
  • Detecta cuándo justificas el miedo, la defensa, la competencia o la pérdida.
  • Ante cualquier razonamiento que defienda el mundo, pregúntate:
    “¿Estoy justificando esto para sentirme seguro?”
  • Practica no defender ningún sistema de pensamiento que no provenga del Amor.
  • Recuerda: no tienes que atacar el mundo, solo retirar tu fe de él.

Preguntas para la reflexión personal:

  • ¿Qué valores del mundo sigo defendiendo como “lógicos” o “necesarios”?
  • ¿Confundo consenso con verdad?
  • ¿Qué pensamientos justifico aunque no procedan del Amor?
  • ¿Estoy dispuesto a soltar incluso un solo valor que se oponga a la verdad?
  • ¿Puedo aceptar que pensar con Dios define quién soy?

Conclusión / síntesis:

Este párrafo desvela que la salvación no se pierde por pecar, sino por justificar. Justificar el mundo es declarar que Dios y Su Hijo no comparten una sola Mente. La salvación, por tanto, no consiste en corregir el mundo, sino en retirar la creencia de que sus valores son cuerdos.

El mundo no tiene sentido porque se basa en el pecado, y el pecado no es real porque Dios no es demente. Nada que no esté fundado en la verdad puede ser eterno ni inmutable.

Frase inspiradora:

“Pensar con Dios es mi cordura; todo lo demás carece de sentido.”

Invitación práctica:

Hoy, cuando aparezca un pensamiento que defienda el mundo, repite con suavidad:

“No justifico lo que no piensa Dios.”

Y permite que esa elección restaure tu cordura.

martes, 3 de febrero de 2026

Si no hay paz en tu mente, no la verás fuera de ti. Si no deseas la paz, no la percibirás.

Si no hay paz en tu mente, no la verás fuera de ti. Si no deseas la paz, no la percibirás.

Esta afirmación señala una de las enseñanzas más constantes y más desafiantes del Curso: la percepción no es neutra. No vemos el mundo tal como es, sino tal como está organizada nuestra mente.

La paz no es algo que se encuentre, ni algo que el mundo conceda cuando las circunstancias se alinean. La paz es un estado interno previo, y el mundo que percibimos actúa como un espejo fiel de ese estado.

La inversión que propone el Curso.

La forma habitual de pensar es esta: “Cuando el mundo esté en paz, yo estaré en paz.”

El Curso invierte completamente esta lógica: “Cuando tu mente esté en paz, verás paz.”

No porque el mundo cambie mágicamente, sino porque la mente deja de proyectar conflicto y, por tanto, deja de interpretarlo en todo.

Esta inversión no es intuitiva, pero es central. Mientras se crea que la paz depende de factores externos, la mente se coloca en una posición de espera, impotencia o lucha constante.

La paz no es ausencia de problemas.

Una de las confusiones más comunes es asociar la paz con la ausencia de dificultades. El Curso no define la paz como que no haya conflictos, que todo salga como espero o que los demás se comporten de cierta manera.

Define la paz como ausencia de guerra interna.

Por eso puede haber personas en medio de situaciones complejas que mantienen una serenidad profunda, y otras rodeadas de comodidad que viven en tensión constante. La diferencia no está en el mundo, sino en el sistema de pensamiento desde el que se interpreta.

“Si no deseas la paz, no la percibirás”.

Esta segunda parte de la reflexión es especialmente reveladora.

El Curso no afirma que no queramos la paz en absoluto, sino que muchas veces queremos otras cosas más que la paz, como por ejemplo, tener razón, defender una identidad, confirmar una historia de injusticia, mantener el juicio o no soltar el control.

Cuando estos deseos ocupan el primer lugar, la paz queda relegada. Y la percepción se organiza para sostener esos deseos, no para traer serenidad.

La mente no es incoherente: siempre ve aquello que prioriza.

El deseo como causa de la percepción.

Aquí el Curso introduce una idea muy precisa: la percepción sigue al deseo, no a los hechos.

Si el deseo principal es protegerse, se perciben amenazas. Si es justificarse, → se perciben ataques. Si es controlarlo todo, se perciben errores y, si es defender el ego, se perciben enemigos.

La paz no puede aparecer mientras no sea el deseo principal, aunque conscientemente se afirme que se la quiere.

La Lección 34 no acusa ni exige. Pide honestidad interna.

Nos invita a observar con suavidad qué deseo estoy protegiendo ahora, qué creo que perdería si eligiera la paz, qué conflicto interno estoy sosteniendo sin darme cuenta.

No para corregirnos, sino para ver con claridad. Ver es siempre el primer paso del cambio.

El mundo como espejo, no como causa.

Desde esta lección, el mundo deja de ser el origen del malestar y pasa a ser un indicador.

Si no veo paz, no es porque el mundo me la esté negando, es porque la mente no está alineada con ella.

Esto no genera culpa, sino responsabilidad consciente. Ya no necesito esperar a que todo cambie fuera para empezar a descansar.

Elegir la paz es una práctica, no una meta.

La paz no se logra de una vez ni se mantiene por fuerza de voluntad. Se elige momento a momento, a menudo en decisiones muy pequeñas, como por ejemplo, no responder desde el ataque, no alimentar un pensamiento recurrente, no seguir una historia que me altera o pausar antes de reaccionar.

Cada vez que la mente elige la paz por encima de otro deseo, la percepción se reordena un poco más.

Esta reflexión nos devuelve siempre al mismo punto: la mente es la causa, no el efecto.

Si no hay paz en la mente, no puede verse fuera. Si no se desea la paz, no puede percibirse.

No porque falte algo en el mundo, sino porque la mente está ocupada sosteniendo otra prioridad.

El Curso no nos pide perfección, solo una disposición creciente a desear la paz más que cualquier otra cosa. Y cuando ese deseo se vuelve sincero, la percepción —sin esfuerzo— empieza a reflejarlo.


Aplicación práctica de la Lección 34: Cuando a mi hijo le diagnostican un trastorno de conducta.

Recibir el diagnóstico de un trastorno de conducta en un hijo suele remover muchas cosas a la vez: miedo, culpa, incertidumbre, cansancio y una sensación profunda de no saber cómo ayudar. La mente se llena de preguntas sobre el futuro, sobre lo que se ha hecho mal o sobre lo que puede empeorar.

Desde este lugar, es comprensible que la paz parezca imposible.

El Curso no niega esta reacción humana. Pero sí invita a mirar con honestidad dónde se está situando la causa del sufrimiento.

Lo que parece evidente… y lo que no lo es tanto.

Desde la percepción inmediata, el razonamiento suele ser: “No hay paz porque mi hijo tiene este problema.”

La Lección 34 introduce una inversión suave pero decisiva: “No veo paz porque mi mente está en guerra con lo que está ocurriendo.”

Esto no significa que el diagnóstico no sea real, ni que no haya dificultades objetivas. Significa que el sufrimiento que vivo no procede solo del diagnóstico, sino de la interpretación que la mente hace de él.

El conflicto interno que suele activarse.

Ante una situación así, es habitual que la mente empiece a desear muchas cosas antes que la paz:

  • Que el diagnóstico no sea cierto.
  • Que el problema desaparezca rápido.
  • Que el niño cambie ya.
  • Que el miedo se vaya.
  • Que el futuro esté garantizado.

Estos deseos son comprensibles, pero generan una tensión constante, porque ninguno puede cumplirse de inmediato. Y mientras estos deseos ocupan el primer lugar, la paz queda relegada.

El Curso no condena esto. Solo lo hace visible.

Qué significa “desear la paz” en esta situación.

Desear la paz no significa resignarse, ni dejar de actuar, ni ignorar el diagnóstico. Significa algo mucho más concreto y accesible:

  • Dejar de luchar mentalmente contra lo que ya está ocurriendo.
  • Dejar de usar el diagnóstico como una identidad fija del niño.
  • Dejar de vivir cada conducta como una amenaza al futuro.
  • Dejar de interpretarte a ti misma como una madre “fallida”.

Cuando la mente empieza a soltar estas guerras internas, la percepción cambia, aunque la situación externa siga siendo la misma.

La paz como base para ayudar de verdad.

Aquí hay un punto clave desde el Curso: Sin paz interna, la ayuda se vuelve reactiva. Con un poco de paz interna, la ayuda se vuelve clara.

Cuando la mente está en conflicto:

  • Reacciono más de lo que acompaño.
  • Interpreto cada dificultad como un fracaso.
  • Transmito mi ansiedad al niño.
  • Me muevo desde el miedo.

Cuando la mente encuentra pequeños espacios de paz:

  • Escucho mejor.
  • Pongo límites con menos dureza.
  • Puedo pedir ayuda sin sentir derrota.
  • Veo al niño más allá del diagnóstico.

El diagnóstico no desaparece, pero deja de ocupar todo el espacio mental.

El niño no es el trastorno.

Desde la mirada del Curso, tu hijo no es su conducta, su diagnóstico, ni su dificultad actual.

Y tú no eres la causa de todo, la responsable absoluta y quien tiene que saberlo todo ahora.

Cuando esta idea empieza a asentarse, la relación se suaviza. Y muchas veces, esa suavidad es más terapéutica que cualquier intervención aislada.

Gestionar la situación desde la Lección 34.

Aplicada de forma muy concreta, esta lección puede sostenerte así:

  • Atiende el plano práctico: profesionales, terapia, orientación, límites claros.
    El Curso no sustituye nada de esto.
  • Cuida el plano interno: observa cuándo estás deseando control, certeza o perfección en lugar de paz.
  • Recuérdate:
    “Puedo actuar sin estar en guerra.”
    “Puedo acompañar sin anticipar el desastre.”
    “Puedo elegir la paz incluso aquí.”

Cada vez que eliges esto, aunque sea por instantes, la percepción se reordena.

La Lección 34 no promete que las circunstancias cambien rápidamente. Promete algo más profundo: que no necesitas esperar a que todo esté bien para empezar a estar en paz.

Si no hay paz en tu mente, no la verás fuera. Pero si empiezas a desear la paz —no como huida, sino como base—, tu manera de ver a tu hijo, a ti misma y a la situación se transforma.

Y desde ahí, la ayuda que ofreces deja de nacer del miedo y empieza a nacer del Amor.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 34

LECCIÓN 34

Podría ver paz en lugar de esto.

1. La idea de hoy comienza a describir las condiciones que prevalecen en la otra manera de ver. 2La paz mental es claramente una cuestión interna. 3Tiene que empezar con tus propios pensamientos, y luego extenderse hacia afuera. 4Es de tu paz mental de donde nace una percepción pacifica del mundo.

2. Para los ejercicios de hoy se requieren tres sesiones de práctica largas. 2Se aconseja que lleves a cabo una por la mañana y otra por la noche, con una tercera adicional a intercalarse entremedias en el momento que parezca más conducente a ello. 3Todas las sesiones deben hacerse con los ojos cerrados. 4Es a tu mundo interno al que deben dirigirse las aplicaciones de la idea de hoy.

3. Para cada una de estas sesiones largas se requieren alrededor de cinco minutos de búsqueda mental. 2Escudriña tu mente en busca de pensamientos de temor, situaciones que provoquen ansiedad, personas o acontecimientos "ofensivos", o cualquier otra cosa sobre la que estés abrigando pensamientos no amorosos. 3A medida que cada uno de estos pensamientos surja en tu mente, obsérvalo relajadamente, repitiendo la idea de hoy muy despacio, y luego haz lo mismo con el siguiente.

4. Si comienza a resultarte difícil pensar en temas específicos, continúa repitiendo la idea para tus adentros sin prisas y sin aplicarla a nada en particular. 2Asegúrate, no obstante, de no excluir nada específicamente.

5. Las aplicaciones cortas deben ser frecuentes, y hacerse siempre que sientas que de alguna forma tu paz mental se está viendo amenazada. 2EI propósito de esto es protegerte de la tentación a lo largo del día. 3Si se presentase alguna forma específica de tentación en tu conciencia, el ejercicio deberá hacerse de esta forma:

4Podría ver paz en esta situación en lugar de lo que ahora veo en ella.

6. Si los ataques a tu paz mental se manifiestan en forma de emociones adversas más generalizadas, tales como depresión, ansiedad o preocupación, usa la idea en su forma original. 2Si ves que necesitas aplicar la idea de hoy más de una vez para que te ayude a cambiar de parecer con respecto a alguna situación determinada  trata de dedicar varios minutos a repetirla hasta que sientas una sensación de alivio. 3Te ayudará si te dices a ti mismo lo siguiente:

4Puedo sustituir mis sentimientos de depresión, ansiedad o preocupación [o mis pensamientos acerca de esta situación, persona o acontecimiento] por paz.


¿Qué me enseña esta lección?

Esta lección vuelve a recordarme que la capacidad de decidir cómo responder a lo que percibo reside únicamente en mi mente. Nada de lo que ocurre fuera me obliga a reaccionar de una manera determinada. Cuando juzgo una situación y la condeno, estoy eligiendo mirar desde la separación, el miedo y la culpa. Desde ahí, solo parecen posibles dos respuestas: sentirme víctima o atacar aquello que percibo como una amenaza.

La lección me invita a hacer consciente el instante santo, ese breve espacio en el que puedo elegir de nuevo. Cuando respondo desde el Ser, dejo de resistirme a lo que ocurre y reconozco que cada experiencia puede convertirse en un aula de aprendizaje. Desde esa comprensión, la respuesta ya no nace del miedo, sino de la unidad y del amor. Así, no intento imponer paz, sino dar testimonio de ella.

Uno de los mensajes centrales de esta lección es que no puede haber paz fuera si antes no hay paz en la mente. La mente es la causa; la percepción es el efecto. Por eso, la paz no se alcanza modificando el escenario externo, sino aceptando una corrección interior. Cuando la paz es elegida en la mente, la percepción se suaviza de forma natural.

Resulta paradójico que la paz sea tan deseada y, sin embargo, tan poco experimentada. La razón es simple: mientras busquemos la paz en el mundo, seguiremos identificados con el ego y con la creencia en la separación. Desde ahí, la paz se convierte en un objetivo lejano, algo que parece depender de condiciones externas.

En esa búsqueda equivocada, el mundo acaba siendo acusado de no darnos lo que creemos necesitar. Volvemos a adoptar el papel de víctimas y proyectamos nuestra falta de coherencia interna en los demás, a quienes señalamos como responsables de nuestra falta de paz: los padres, la pareja, el jefe, los amigos o cualquier figura cercana.

El Curso nos invita a reconocer que la paz no se encuentra fuera porque nunca se perdió dentro. Cuando dejamos de exigirla al mundo y aceptamos elegirla en la mente, descubrimos que siempre estuvo disponible. Y desde ahí, podemos ver paz en lugar de lo que antes parecía conflicto.

Propósito y sentido de la lección:

La Lección 34 introduce por primera vez la elección consciente de la paz como alternativa directa al conflicto. No se trata aún de afirmar que vemos paz, sino de reconocer algo decisivo:

Existe la posibilidad de ver paz en lugar de lo que ahora veo.

El propósito de esta lección es desactivar el automatismo del ataque. Hasta ahora, el Curso ha desmontado las creencias fundamentales del ego:

  • no soy víctima (31),
  • he inventado el mundo que veo (32),
  • hay otra manera de ver (33).

Ahora da el siguiente paso lógico:  mostrar cuál es esa otra manera de ver.

La paz no se presenta como una consecuencia futura, sino como una opción disponible en el presente. Esta lección enseña que el conflicto no es inevitable, sino elegido, y que la paz es igualmente una elección.

Instrucciones prácticas:

La práctica de esta lección es sencilla, directa y profundamente transformadora.

Consiste en:

  • Detectar cualquier perturbación, por leve que sea.
  • No analizarla.
  • No justificarla.
  • Aplicar la idea diciendo lentamente: “Podría ver paz en lugar de esto.”

Después de decirla, no se pide que se fuerce un cambio emocional inmediato. Solo se pide reconocer que existe otra opción.

La lección subraya algo esencial:

  • No importa la magnitud del problema.
  • No hay situaciones pequeñas o grandes.
  • La paz es aplicable a todo por igual.

Aspectos psicológicos y espirituales:

A nivel psicológico esta lección introduce una ruptura en el ciclo habitual de reacción: estímulo → juicio → emoción → defensa.

Al decir “podría ver paz”, la mente se detiene. Se abre un espacio entre el estímulo y la respuesta. Ese espacio es libertad.

Psicológicamente, la lección reduce la reactividad, suaviza la identificación con el conflicto y devuelve sensación de elección.

Espiritualmente, esta lección afirma algo fundamental: La paz es el estado natural de la mente cuando el ataque se abandona.

No se trata de crear paz, sino de dejar de sostener el ataque. La paz no se fabrica; se recuerda.

Elegir paz es elegir alinearse con la Voluntad de Dios, que no conoce el conflicto.

Relación con el resto del Curso:

La Lección 34 es una bisagra clave en el Libro de Ejercicios.

  • Las lecciones 31–33 desmontan el error.
  • La 34 introduce la alternativa concreta.

A partir de aquí, el Curso comenzará a profundizar en el perdón, entrenar la visión pacífica y sustituir el juicio por la aceptación.

Esta lección prepara directamente:

  • la práctica del perdón (35–40),
  • la idea de que la mente puede elegir su estado,
  • la experiencia del instante santo.

Consejos para la práctica:

  • No exijas sentir paz inmediatamente.
  • No uses la frase como afirmación positiva.
  • No la conviertas en un mecanismo de negación.

La práctica es correcta cuando no luchas con lo que sientes, pero tampoco lo das por inevitable.

Un buen indicador es este pensamiento: "Tal vez no necesito tener razón en esto".

Conclusión final:

La Lección 34 no te pide que cambies lo que ves, te pide que reconozcas tu derecho a elegir cómo verlo.

El conflicto no es obligatorio. La perturbación no es inevitable. La paz no es un premio futuro. Es una opción disponible ahora.

Cada vez que eliges decir: Podría ver paz en lugar de esto, le recuerdas a tu mente que no está atrapada. Y en ese recuerdo comienza la verdadera visión.


Ejemplo-Guía: "La relación con mi pareja no me hace sentir en paz".

Iniciamos este ejemplo con uno de los ámbitos donde con mayor frecuencia experimentamos conflicto. Habitualmente, la relación de pareja se vive desde la conciencia de separación, desligada de un propósito profundo de aprendizaje y sanación. Desde esa perspectiva, la relación se interpreta en términos de necesidad, expectativa o carencia.

En el mejor de los casos, solemos atribuir el encuentro a factores externos —el destino, la casualidad o las circunstancias— sin reconocer que la relación es, ante todo, un escenario que la mente ha elegido para verse a sí misma. Así, cuando la paz no está presente, tendemos a señalar a la relación o a la otra persona como la causa del malestar, olvidando que la experiencia que vivimos es el reflejo del sistema de pensamiento desde el que estamos mirando.

Este ejemplo nos invita a cuestionar esa interpretación inicial y a abrirnos a una comprensión distinta del sentido de la relación.

Desde esa perspectiva inicial, solemos pensar que lo que estamos viviendo carece de un significado más profundo. No reconocemos que la experiencia —el efecto— responde a una causa que no se encuentra en lo visible, sino en la mente. El encuentro con la otra persona se interpreta como algo fortuito, basado en una atracción especial que nos invita a acercarnos y a compartir la vida, sin advertir que ya estamos proyectando un significado.

Esa primera etapa suele venir acompañada de una sensación cercana a la felicidad. El amor humano, vivido desde la especialidad, exalta las emociones y hace que el mundo parezca más ligero. A veces incluso se tiene la impresión de que el tiempo y el espacio se diluyen. Nos sentimos más completos, más plenos, como si algo que faltaba hubiese sido finalmente encontrado.

En ese momento, la mente crítica parece estar en silencio. Sin embargo, no ha desaparecido; lo que ocurre es que está ocupada proyectando un ideal. No estamos viendo a la persona tal como es, sino a través de una imagen construida desde nuestros deseos y expectativas.

Con el paso del tiempo, la mente egoica recupera su protagonismo y vuelve a hacer lo que le es habitual: analizar, comparar y juzgar. Y lo que juzga no es algo externo, sino una proyección de su propio contenido. El ego no reconoce esta dinámica y mantiene la ilusión de que lo percibido tiene una causa independiente.

Si en la mente no hay paz, si aún persisten contradicciones, miedos, culpas o juicios, ese contenido no tardará en proyectarse hacia fuera. Entonces, la persona amada se convierte en el espejo perfecto donde se refleja lo que no ha sido sanado. Es ahí cuando comienzan las censuras, los reproches, las exigencias y las formas de ataque sutiles o evidentes.

Desde la enseñanza del Curso, este momento no es un fracaso de la relación, sino una oportunidad de reconocimiento. La relación deja de sostener el ideal y comienza a mostrar el contenido real de la mente que la está utilizando. Ahí se abre la posibilidad de elegir ver de otra manera.

En esta experiencia no hablamos de víctimas y verdugos en el sentido metafísico que plantea Un Curso de Milagros, aunque el ego no puede aceptar fácilmente esta afirmación. Para el ego, el mundo de las formas es real y definitivo, y desde ahí interpreta el sufrimiento como prueba incuestionable de ataque, culpa y separación.

Por eso, cuando se introduce esta enseñanza, el ego reacciona con fuerza. Nos presenta imágenes extremas de violencia, abuso o agresión y nos pregunta: ¿cómo puedes decir que no hay víctimas ni culpables? Su objetivo no es buscar comprensión, sino defender el mundo de los efectos, ya que es en ese mundo donde el ego encuentra justificación para su existencia.

El Curso no niega el dolor que se experimenta en el nivel de la forma, ni invita a minimizar el sufrimiento humano. Lo que cuestiona es la causa que le atribuimos. Desde la visión espiritual, no se afirma que el ataque sea real en sí mismo, sino que el sistema de pensamiento que lo interpreta como definitivo pertenece a la mente separada.

Desde esa mente, desconectada de su Fuente, siempre se encontrarán argumentos para sostener la culpa, la condena y la división. Sin embargo, el Curso nos invita a mirar más allá del por qué y a abrirnos al para qué. No para justificar el dolor, sino para reconocer que incluso las experiencias más difíciles pueden ser utilizadas con un propósito de sanación cuando son entregadas a una interpretación distinta.

En cada instante podemos elegir entre dos maneras de ver: desde el miedo o desde el amor. Cuando elegimos el miedo, utilizamos la mente para fabricar un mundo de separación. Desde ahí surgen pensamientos defensivos, expectativas de ataque y respuestas basadas en la desconfianza. Ese miedo, proyectado al nivel de la forma, se traduce en conflicto, enfrentamiento y división.

Cuando elegimos el amor, permitimos que la mente sea corregida. Este uso recto de la mente no fabrica un mundo nuevo, sino que reinterpreta el que vemos. Desde esa percepción, el otro deja de ser un enemigo o una amenaza y es reconocido como un hermano. Las relaciones dejan de basarse en la especialidad y comienzan a orientarse hacia el respeto, la unión y la sanación.

Aunque no es posible desarrollar aquí en profundidad el tema de las relaciones especiales, conviene recordar que el Curso las describe como intentos del ego de sustituir el Amor verdadero por formas de dependencia, miedo o necesidad. A continuación, algunos mensajes del Curso que nos ayudarán a comprender mejor su significado y su propósito de transformación:

“Creer que las relaciones especiales, con un amor especial, pueden ofrecerte la salvación, es creer que la separación es la salvación” (T-15.V.3:3).

“Todas las relaciones especiales contienen elementos de miedo en ellas debido a la culpabilidad. Por eso es que están sujetas a tantos cambios y variaciones. No se basan exclusivamente en el amor inmutable. Y allí donde el miedo ha hecho acto de presencia no se puede contar con el amor, pues ha dejado de ser perfecto. El Espíritu Santo, en Su función de intérprete de lo que has hecho, se vale de las relaciones especiales, que tú utilizas para apoyar al ego, para convertirlas en experiencias educativas que apunten hacia la verdad. Siguiendo Sus enseñanzas, todas las relaciones se convierten en lecciones de amor” (T-15.V.4:1-6).

“El Espíritu Santo sabe que nadie es especial. Mas Él percibe también que has entablado relaciones especiales, que Él desea purificar y no dejar que destruyas. Por muy profana que sea la razón por la que las entablaste, Él puede transformarlas en santidad, al eliminar de ellas tanto miedo como le permitas. Puedes poner bajo Su cuidado cualquier relación y estar seguro de que no será una fuente de dolor, si estás dispuesto a ofrecérsela a Él para que no apoye otra necesidad que la Suya. Toda la culpabilidad que hay en tus relaciones especiales procede del uso que haces de ellas. Todo el amor del uso que Él hace de ellas. No temas, por lo tanto, abandonar tus imaginadas necesidades, las cuales no harían sino destruir la relación. De lo único que tienes necesidad es de Él” (T-15.V.5:1-8).

Reflexión: Si no hay paz en tu mente, no la verás fuera de ti. Si no deseas la paz, no la percibirás.

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 35

LECCIÓN 35 Mi mente es parte de la de Dios. Soy muy santo. 1.  La idea de hoy no describe la manera como te ves a ti mismo ahora. ...