Diálogos entre Psique
y Lumen
¿Por qué me resisto a
soltar el sufrimiento?
Psique:
Hay algo que me cuesta reconocer.
Digo
que quiero estar en paz. Digo que quiero dejar atrás el dolor. Digo que quiero
perdonar. Pero algunas veces tengo la sensación de que sigo regresando a los
mismos pensamientos, a las mismas heridas, a las mismas historias.
Entonces
me pregunto: Si sufrir me hace daño… ¿por qué me resisto a soltar el
sufrimiento?
Lumen:
Porque quizá no estás aferrado al sufrimiento. Quizá estás aferrado al
significado que le has dado.
Psique:
¿Hay alguna diferencia?
Una enorme diferencia.
Nadie
desea conscientemente sufrir. Pero la mente puede utilizar el sufrimiento para
sostener
una identidad, justificar una interpretación o conservar una historia.
Psique:
¿Quieres decir que puedo obtener algo del sufrimiento?
Lumen:
No necesariamente algo agradable. Pero sí algo que el ego considera útil.
Psique:
¿Qué puede considerar útil el ego en el dolor?
Lumen:
Tener razón.
Psique:
¿Tener razón?
Lumen:
Sí. Imagina que alguien te ha herido.
Durante años has
pensado: "Lo que me hizo cambió mi vida." "Por su culpa soy
así." "Si aquello no hubiera ocurrido, yo sería diferente."
Ahora imagina que
finalmente sueltas completamente el sufrimiento.
Psique:
Sería libre.
Lumen:
Sí. Pero el ego podría preguntarte: "Entonces… ¿todo lo que ocurrió no
tuvo poder para destruirte?"
Psique:
Comprendo.
Lumen:
Y si reconoces que no tuvo ese poder, una parte de la historia que has
construido sobre ti comienza a desaparecer.
Psique:
Entonces quizá no temo perder el dolor. Temo perder la historia.
Lumen:
Exactamente. Y a veces hemos contado una historia durante tanto tiempo que ya
no sabemos quiénes seríamos sin ella.
Psique:
"Soy el que sufrió."
Lumen:
Sí.
"Soy el que fue
abandonado." "Soy el que no recibió amor." "Soy el que fue
traicionado." "Soy el que tuvo una vida difícil."
El acontecimiento
ocurrió en el tiempo. Pero el ego lo convirtió en identidad.
Psique:
Entonces, soltar el sufrimiento puede sentirse como perder una parte de mí.
Lumen:
Aunque esa parte te haga daño.
Psique:
Eso parece contradictorio.
Lumen:
El ego está lleno de contradicciones. Prefiere una identidad dolorosa conocida
antes que una libertad desconocida.
Psique:
¿Por qué?
Lumen:
Porque lo conocido proporciona una falsa sensación de seguridad.
Sabes
cómo ser quien has sido. Sabes cómo reaccionar. Sabes qué esperar.
Pero
si sueltas la historia… aparece una pregunta inquietante: "¿Quién soy
ahora?"
Psique:
Entonces la libertad también puede dar miedo.
Lumen:
Mucho. Porque la libertad no tiene guion.
Psique:
Nunca lo había pensado así.
Lumen:
Por eso algunas personas repiten durante años los mismos conflictos.
No porque quieran
sufrir. Sino porque el sufrimiento confirma una creencia.
Psique:
¿Qué tipo de creencia?
Lumen:
"El mundo es peligroso." "No se puede confiar en nadie." "Siempre
me abandonan." "Nadie me comprende." "Yo nunca tengo
suerte."
Cada
nueva experiencia es interpretada para confirmar la historia anterior.
Psique:
Entonces el sufrimiento se convierte en una prueba.
Lumen:
Exactamente. El ego dice: "¿Lo ves? Yo tenía razón."
Y para el ego tener
razón es más importante que estar en paz.
Psique:
Eso es duro de reconocer.
Lumen:
Pero también es liberador.
Porque si puedes verlo,
puedes elegir de nuevo.
Psique:
¿Y qué ocurre con el resentimiento?
Lumen:
El resentimiento es una de las formas más claras de conservar el sufrimiento.
Psique:
¿Por qué?
Lumen:
Porque el resentimiento mantiene vivo el pasado.
Dice: "No olvidaré
lo que hiciste."
Y debajo de esa frase
suele esconderse otra: "Necesito recordar tu culpa para justificar mi
dolor."
Psique:
Entonces perdonar puede parecer peligroso.
Lumen: Para el ego, sí.
Porque teme que perdonar
signifique perder la prueba.
Psique:
¿La prueba de que fui herido?
Lumen:
La prueba de que eres víctima.
Psique:
Y si dejo de ser víctima…
Lumen:
Recuperas responsabilidad sobre tu mente.
Psique:
Eso puede ser incómodo.
Lumen:
Mucho.
Porque
mientras el otro sea la causa de tu sufrimiento, también parece ser responsable
de tu paz.
Psique:
Entonces espero que cambie. Que se arrepienta. Que me pida perdón. Que
reconozca lo que hizo.
Lumen:
Sí. Y hasta que eso ocurra, mantienes tu paz en sus manos.
Psique:
Entonces el sufrimiento también puede ser una forma de dependencia.
Lumen:
Exactamente.
Una dependencia
dolorosa, pero dependencia al fin.
Psique:
¿Y cómo se suelta?
Lumen:
No diciéndote: "No debería sufrir."
Eso solo añade culpa al
dolor.
Psique:
Entonces, ¿qué hago?
Lumen: Pregunta con honestidad: "¿Qué creo perder
si dejo de sufrir por esto?"
Psique:
Esa es una pregunta incómoda.
Lumen:
Las preguntas que liberan suelen serlo.
Psique:
Podría descubrir que temo dejar de tener razón.
Lumen:
Sí.
O que temes perder una
identidad. O una justificación. O una forma de obtener atención. O una manera
de evitar volver a amar.
Psique:
¿Evitar amar?
Lumen:
Claro. Si una relación te hirió profundamente, puedes utilizar ese dolor para
decir: "Nunca volveré a abrirme."
El sufrimiento se
convierte entonces en una muralla.
Psique:
Me protege.
Lumen:
Eso cree el ego. Pero una muralla no distingue entre aquello que puede herirte
y aquello que puede amarte.
Lo mantiene todo fuera.
Psique:
Entonces mi protección también se convierte en prisión.
Lumen:
Siempre ocurre así con las defensas del ego. Prometen seguridad. Y terminan produciendo aislamiento.
Psique:
Entonces, soltar el sufrimiento significa bajar la muralla.
Lumen:
Poco a poco. No necesitas destruirla violentamente.
Solo comenzar a
reconocer que quizá ya no la necesitas.
Psique:
¿Y si todavía no puedo soltar?
Lumen:
Entonces sé honesto.
Di: "Todavía no
quiero soltar esto completamente."
Psique:
Eso no parece muy espiritual.
Lumen:
Es mucho más espiritual que fingir un perdón que no sientes.
La honestidad abre la
puerta. La negación la cierra.
Psique:
Entonces puedo empezar reconociendo mi resistencia.
Lumen:
Sí.
Sin juzgarla. Sin
convertirla en otro problema.
Simplemente observando: "Hay
una parte de mí que todavía cree necesitar este dolor."
Psique:
¿Y después?
Lumen:
Pregúntale qué está intentando proteger.
Psique:
¿Al dolor?
Lumen:
A la creencia que lo sostiene.
El sufrimiento casi
siempre protege una idea.
Encuentra la idea. Y
habrás encontrado la puerta.
Psique:
Entonces no tengo que luchar contra mi sufrimiento.
Lumen:
No. Tienes que comprender para qué lo estás utilizando.
Psique:
Y cuando ya no necesite utilizarlo…
Lumen:
Comenzará a caer por sí mismo.
Psique:
Entonces quizá el sufrimiento no se suelta apretando los dientes y diciendo
"ya he perdonado".
Lumen:
No. Se suelta cuando deja de tener una función para ti.
Psique:
Entonces la pregunta no es solo: "¿Por qué sufro?"
Lumen:
Sino: "¿Qué estoy intentando conservar a través de este sufrimiento?"
Psique:
Y puede que la respuesta sea una historia sobre mí mismo.
Lumen:
Sí.
Una
historia que quizá te acompañó durante años. Una historia que quizá explicó
muchas cosas. Una historia que quizá incluso te ayudó a sobrevivir.
Psique:
Pero que ya no necesito.
Lumen:
Exactamente. Puedes agradecer que una defensa te protegiera cuando creías
necesitarla. Y después dejarla ir.
Psique:
Sin luchar contra ella.
Lumen:
Sin luchar. Porque aquello que se mira con verdadera comprensión ya no necesita
ser atacado.
Conclusión de Lumen
No
siempre te aferras al sufrimiento porque quieras sufrir. A veces te aferras a
la identidad que construiste alrededor de él.
El
dolor puede convertirse en historia. La historia puede convertirse en identidad.
Y la identidad puede convertirse en prisión.
El
ego dice: "Si suelto mi sufrimiento, perderé una parte de mí."
La
claridad responde: "Quizá lo que pierdas sea únicamente aquello que nunca
fuiste."
No
te obligues a soltar. No te culpes por seguir sintiendo.
Pregunta
con honestidad: "¿Qué creo perder si dejo de sufrir por esto?"
Y
escucha. Porque tal vez, detrás de todo ese dolor, no haya una parte de ti que
quiera seguir sufriendo.
Tal vez solo haya una parte de ti que todavía tiene miedo de descubrir quién sería… si finalmente fuese libre.





