El hambre del ego — La búsqueda de plenitud según
Un Curso de Milagros.
Parte II: El hambre que no se llena. Comer de
más, el especialismo y la búsqueda interminable del ego.
En el artículo anterior vimos que Un Curso de
Milagros explica el mundo como la proyección de una mente que cree haberse
separado de Dios. Esa creencia genera una sensación profunda de carencia.
Desde esa perspectiva, muchas de nuestras
conductas —incluida la relación con la comida— no son simplemente hábitos
físicos, sino expresiones de la mente que intenta llenar un vacío que cree real.
En este segundo artículo vamos a profundizar en
una idea clave del Curso que Kenneth Wapnick aplica con mucha claridad a este
tema: el especialismo.
El especialismo: la estrategia favorita del ego.
En el sistema del ego, ser especial significa tener
algo que otros no tienen o que nos hace diferentes.
El especialismo puede aparecer de muchas formas,
como por ejemplo, sentirse superior, sentirse inferior, sentirse víctima, sentirse
único, sentirse incomprendido. Todas estas formas tienen algo en común: refuerzan
la identidad individual separada.
El Curso explica este mecanismo de la siguiente manera: “El especialismo
es la gran dictadura del ego”. (T-24.II.1:1)
El ego necesita el especialismo porque sin él no
podría sostener la ilusión de separación.
El especialismo y el cuerpo.
El cuerpo es una herramienta perfecta para el
especialismo.
Cada cuerpo parece diferente, y en este sentido
podemos hablar de diferentes gustos, diferentes necesidades y diferentes
preferencias. Esto permite al ego construir identidades individuales.
En el caso de la comida, por ejemplo, el
especialismo puede manifestarse de muchas maneras:
- “Yo necesito comer más que otros”.
- “Mi ansiedad es distinta”.
- “Mi problema con la comida es especial”.
- “Este alimento me hace sentir mejor”.
El contenido concreto puede variar, pero el
objetivo del ego siempre es el mismo: reforzar la identidad individual.
Comer como sustituto del amor.
Según explica Kenneth Wapnick, cuando analiza el
tema que estamos tratando. el problema de comer compulsivamente no es la comida
en sí. El problema es el significado que la mente le da.
Cuando la mente cree que algo externo puede
aliviar el vacío interior, ese objeto se convierte en un sustituto del amor.
El ego utiliza muchos sustitutos, como, por
ejemplo, la comida, las relaciones, el éxito, el dinero, el poder o el reconocimiento.
En todos los casos ocurre el mismo patrón. Primero aparece la sensación de
vacío. Después buscamos algo fuera para llenarlo. Pero el alivio nunca dura.
El Curso describe esta dinámica de forma muy clara: “El ego exige
satisfacción interminable”. (T-13.V.7:1)
Porque el ego necesita que la búsqueda continúe,
pues si alguna vez quedáramos completamente satisfechos, el sistema del ego se
derrumbaría.
La paradoja del placer.
El ego promete placer, pero nunca entrega paz
duradera. Esto ocurre porque el objetivo del ego no es hacernos felices, sino mantener
la separación.
Así funciona su ciclo:
- Sentimos un vacío.
- Buscamos algo externo.
- Experimentamos un placer momentáneo.
- El vacío vuelve.
Y entonces el ciclo empieza otra vez.
El Curso describe esta dinámica cuando habla de
los “ídolos” del ego: “Los ídolos son sustitutos del amor”.
(T-29.VIII.3:1)
Un ídolo es cualquier cosa del mundo que creemos
que puede darnos lo que en realidad sólo puede venir de Dios.
Cuando el problema parece ser el cuerpo.
Desde la perspectiva del mundo, la solución a
comer de más suele centrarse en el cuerpo y por esta razón recurrimos a las dietas,
al control de nuestros impulsos, a
prácticas de disciplinas o al empleo de reglas alimentarias.
Aunque estas estrategias pueden tener cierto
efecto a nivel práctico, el Curso nos invita a mirar el problema desde otro
lugar. Porque el problema real no está en el cuerpo.
El Curso lo expresa con claridad: “El cuerpo
es simplemente un recurso de aprendizaje para la mente”. (T-19.IV.C.11:1)
El cuerpo no causa nuestros problemas. La mente
utiliza el cuerpo para expresar sus creencias.
La verdadera raíz del impulso.
Cuando observamos con honestidad nuestros
impulsos, descubrimos algo importante. Muchas veces no estamos buscando comida.
Estamos buscando: consuelo, alivio, distracción, seguridad, amor.
La comida se convierte simplemente en el medio
que utilizamos. Pero la raíz sigue siendo la misma: la creencia en la carencia.
Mientras esa creencia permanezca intacta, la
mente seguirá buscando sustitutos.
El primer paso hacia la sanación.
La propuesta del Curso no es luchar contra el
comportamiento. El primer paso es comprender el propósito que la mente le ha
dado.
Cuando empezamos a observar nuestros hábitos sin
culpa ni juicio, ocurre algo importante. Empezamos a ver el sistema del ego
funcionando. Y cuando el sistema se hace visible, pierde gran parte de su
poder.
El Curso resume este proceso de forma sencilla: “La
tarea del obrador de milagros es negar la negación de la verdad”.
(T-12.II.1:5)
Es decir, reconocer que lo que el ego nos dice
sobre nuestra falta no es verdad.
Un cambio de mirada.
El verdadero cambio no ocurre en el plato. Ocurre
en la mente.
Cuando dejamos de intentar llenar el vacío con
objetos externos y empezamos a cuestionar la creencia en ese vacío, algo
empieza a transformarse.
El Curso describe este cambio como un cambio de
maestro. En lugar de escuchar la voz del ego, aprendemos a escuchar la guía del
Espíritu Santo.
Y esa guía siempre nos recuerda la misma verdad: lo
que somos ya es completo.
Glosario de términos en Un Curso de Milagros.
Ego: Sistema de pensamiento basado en la separación,
la culpa y el miedo.
Espíritu Santo: La Voz de Dios
en la mente que corrige las percepciones del ego.
Jesús (en el Curso): Símbolo del
maestro que ha despertado del sueño de separación y guía el proceso de
aprendizaje.
Separación: La creencia de que el Hijo de Dios
se apartó de su Fuente.
Pecado: La creencia errónea de que la separación ocurrió
realmente.
Culpa: La emoción que surge al creer que el pecado es
real.
Miedo: La expectativa de castigo derivada de la culpa.
Especialismo: El mecanismo del ego que busca
reforzar la identidad individual separada.
Perdón: El proceso de reconocer que la separación nunca
ocurrió.
Milagro: Un cambio de percepción del miedo
al amor.

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