VII. La roca de la salvación (6ª parte).
6. Pon a prueba todas tus creencias a la luz de este único requisito, y entiende que todo lo que satisface esta única petición es digno de tu fe. 2Nada más lo es. 3Lo que no es amor es pecado, y cada uno de ellos percibe al otro como demente y sin sentido. 4El amor es la base de un mundo que los pecadores perciben como completamente demente, ya que creen que el camino que ellos siguen es el que conduce a la cordura. 5Mas el pecado es igualmente demente a los ojos del amor, que dulcemente prefieren mirar más allá de la locura y descansar serenamente en la verdad. 6Tanto el amor como el pecado ven un mundo inmutable, de acuerdo a como cada uno define la inalterable y eterna verdad de lo que eres. 7Y cada uno refleja un punto de vista de lo que el Padre y el Hijo deben ser para que ese punto de vista sea significativo y cuerdo.
Ese criterio es el amor.
No se trata de un amor sentimental, moral o
humano, sino del principio ontológico que define la realidad. Todo lo que
satisface este único requisito —ser amor— es digno de fe. Todo lo demás no lo
es. No hay grados ni excepciones.
El texto establece una equivalencia contundente: “Lo
que no es amor es pecado.”
Aquí el pecado no se define como acción, sino
como ausencia de amor, es decir, como un sistema de pensamiento. Amor y pecado
son incompatibles y se perciben mutuamente como dementes y sin sentido, porque
cada uno parte de una definición opuesta de la realidad.
Desde la perspectiva del pecado, el mundo basado
en el amor parece completamente demente, ya que el pecado cree que su camino
—basado en separación, juicio y pérdida— es el que conduce a la cordura.
Desde la perspectiva del amor, ocurre exactamente lo contrario: el pecado es
visto como locura, pero sin ataque. El amor no combate la locura; mira más allá
de ella y descansa serenamente en la verdad.
El punto más profundo del párrafo aparece cuando
afirma que tanto el amor como el pecado perciben un mundo inmutable. La
diferencia no está en la experiencia de estabilidad, sino en cómo se define lo
que eres. Cada sistema proyecta un mundo fijo que refleja su definición del
Padre y del Hijo. La percepción del mundo revela, en realidad, la idea que se
tiene de Dios y de uno mismo.
Mensaje central del punto:
- El amor
es el único criterio válido para evaluar cualquier creencia.
- Solo lo
que es amor es digno de fe.
- Todo lo
que no es amor es pecado.
- Amor y
pecado se perciben mutuamente como locura.
- El amor
no ataca la locura; la trasciende.
- Ambos
sistemas perciben un mundo “inmutable”, según su definición de la verdad.
- La
percepción del mundo refleja la idea que se tiene del Padre y del Hijo.
Claves de comprensión:
- El
discernimiento espiritual se reduce a una sola prueba.
- El pecado
no es un acto, sino una interpretación sin amor.
- La locura
no se corrige con ataque, sino con trascendencia.
- El mundo
que parece estable refleja la definición que se tiene del Ser.
- Cambiar
la percepción del mundo implica cambiar la definición de quién eres.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Examina
cada pensamiento, juicio o decisión preguntando:
“¿Esto es amor?” - Si no lo
es, no lo ataques; simplemente retira tu fe de él.
- Observa
cuándo percibes el amor como ingenuo o irreal: ahí habla el pecado.
- Practica
mirar más allá del error en lugar de corregirlo.
- Permite
que el descanso sustituya al esfuerzo por tener razón.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿Qué
creencias sigo sosteniendo que no proceden del amor?
- ¿Confundo
firmeza con verdad?
- ¿En qué
momentos percibo el amor como poco real o poco práctico?
- ¿Qué idea
de Dios y de mí mismo se refleja en el mundo que veo?
- ¿Estoy
dispuesto a confiar solo en lo que es amor?
Conclusión / síntesis:
Este párrafo ofrece la herramienta final de la salvación: un criterio
único, claro y universal. No se te pide analizar todas las creencias, sino ponerlas
a prueba. Si son amor, permanecen. Si no lo son, carecen de valor real.
El amor no necesita defenderse ni justificarse. Simplemente descansa en la
verdad, mientras la locura se disuelve por falta de fe. Así, el mundo cambia no
porque sea atacado, sino porque ya no es creído.
Frase inspiradora:
“Solo el amor es digno de mi fe.”
Invitación práctica:
Hoy, ante cualquier pensamiento que reclame tu adhesión, repite:
“Si no es amor, no lo necesito.”
Y permite que esa simple prueba te devuelva al descanso.
..jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario