VII. La roca de la salvación (12ª parte).
12. La salvación es el renacimiento de la idea de que nadie tiene que perder para que otro gane. 2Y todo el mundo tiene que ganar, si es que uno solo ha de ganar. 3Con esto queda restaurada la cordura. 4Y sobre esta única roca de verdad la fe puede descansar con perfecta confianza y en perfecta paz en la eterna cordura de Dios. 5La razón queda satisfecha, pues con esto todas las creencias dementes pueden ser corregidas. 6Y si esto es verdad, el pecado no puede sino ser imposible. 7Ésta es la roca sobre la que descansa la salvación, el punto estratégico desde el que el Espíritu Santo le confiere significado y dirección al plan en el que tu función especial tiene un papel que jugar. 8Pues aquí tu función especial se vuelve íntegra porque comparte la función de la totalidad.
Esa idea es radical y simple: nadie tiene que
perder para que otro gane.
Aquí se corrige de raíz la lógica del mundo. La
ganancia deja de estar asociada al sacrificio, y la pérdida queda revelada como
una premisa falsa. La salvación ocurre cuando esta idea vuelve a ocupar el
lugar que le corresponde en la mente.
El texto va aún más lejos: todo el mundo tiene
que ganar, si es que uno solo ha de ganar.
Esto excluye toda posibilidad de salvación
parcial, individual o selectiva. Si la ganancia no es total, no es real. La
salvación es necesariamente inclusiva, o no es salvación en absoluto.
A partir de esta idea, se afirma algo decisivo: Con
esto queda restaurada la cordura.
La cordura no se restaura mediante corrección
conductual ni esfuerzo moral, sino cuando se abandona la creencia en la
pérdida. La locura consistía precisamente en creer que el sacrificio era
necesario.
Sobre esta idea —y solo sobre ella— la fe puede descansar.
No luchar, no buscar, no defenderse. La roca de la salvación es descrita como la
eterna cordura de Dios, lo que indica que esta verdad no es negociable ni
provisional.
El texto afirma que la razón queda satisfecha.
Esto es clave: la salvación no contradice la razón, sino que la libera de
premisas dementes. Cuando esta idea se acepta, todas las creencias basadas en
sacrificio, culpa y castigo pueden ser corregidas sin conflicto.
De ahí se deduce una consecuencia inevitable: si
esto es verdad, el pecado no puede sino ser imposible.
El pecado no se combate; se vuelve lógicamente
imposible cuando se elimina la necesidad de pérdida.
El párrafo culmina integrando todo el capítulo: esta
idea es la roca, el punto estratégico del plan del Espíritu Santo, y el lugar
donde la función especial recupera su verdadera naturaleza.
Aquí se produce la integración final: la función
especial deja de ser “especial” en sentido exclusivo y se vuelve íntegra,
porque comparte la función de la totalidad. Ya no sirve a la separación, sino a
la inclusión.
Mensaje central del punto.
- La
salvación es el renacimiento de una idea.
- Nadie
tiene que perder para que otro gane.
- Si uno
gana, todos ganan.
- Esta idea
restaura la cordura.
- Sobre
ella la fe puede descansar en paz.
- La razón
queda satisfecha.
- El pecado
se vuelve imposible.
- La
función especial se integra en la totalidad.
Claves de comprensión:
- La
salvación no es un evento, sino un cambio de premisa.
- La
pérdida es incompatible con la verdad.
- La
inclusión total es el criterio de realidad.
- La fe
descansa cuando no hay amenaza.
- La razón
no es enemiga de la verdad, sino su aliada.
- La
función especial solo es verdadera cuando sirve al todo.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Observa
cuándo interpretas una situación como ganancia/pérdida.
- Practica
recordar que la ganancia real no excluye.
- Deja de
medir el progreso en términos de sacrificio.
- Permite
que la paz sea el criterio de verdad.
- Reconoce
que tu función beneficia a todos o no es real.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿En qué
áreas sigo creyendo que alguien debe perder?
- ¿Qué
sacrificios sigo justificando?
- ¿Puedo
concebir una ganancia que incluya a todos?
- ¿Descansa
mi fe o sigue defendiéndose?
- ¿Sirve mi
función al todo o a una identidad separada?
Conclusión / síntesis:
Este párrafo establece el fundamento definitivo
de la salvación. Todo el capítulo converge aquí. Cuando se abandona la creencia
en la pérdida, la cordura se restaura, la razón descansa, el pecado se vuelve
imposible y la función especial se integra en la totalidad.
La salvación no es un logro individual, sino el
recuerdo compartido de que la ganancia real no excluye a nadie. Sobre esta
roca, la paz es inevitable.
Frase inspiradora:
“Cuando uno gana, todos ganan.”
Invitación práctica:
Hoy, ante cualquier situación de conflicto o comparación, repite
lentamente:
“Nadie tiene que perder para que yo gane.”
Y deja que esa idea haga el trabajo de la salvación.
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