VIII. La restitución de la justicia al amor (8ª parte).
8. La justicia, no obstante, no puede castigar a aquellos que, aunque claman por castigo, tienen un Juez que sabe que en realidad son completamente inocentes. 2La justicia le obliga a liberarlos y a darles todo el honor que merecen y que se han negado a sí mismos al no ser justos y no poder entender que son inocentes. 3El amor no es comprensible para los pecadores porque creen que la justicia no guarda ninguna relación con el amor y que representa algo distinto. 4Y de esta manera, se percibe al amor como algo débil, y a la venganza como muestra de fortaleza. 5Pues el amor perdió cuando el juicio se separó de su lado, y ahora es demasiado débil para poder salvar a nadie del castigo. 6Pero la venganza sin amor ha cobrado más fuerza al estar separada y aparte del amor. 7¿Y qué otra cosa sino la venganza puede ser ahora lo que ayuda y salva, mientras que el amor es un espectador pasivo, impotente, injusto, endeble e incapaz de salvar?
Este párrafo presenta la corrección final del juicio humano sobre la fuerza
y la debilidad. Comienza afirmando algo radicalmente contrario a la creencia
del ego: la justicia no puede castigar a los inocentes, incluso cuando ellos
mismos claman por castigo.
Aquí se revela un punto crucial: la justicia verdadera no responde a la demanda del castigado, sino al conocimiento del Juez. Y el Juez —Dios, o la Mente que conoce la verdad— sabe que son completamente inocentes.
Por eso, la justicia no solo libera, sino que restaura el honor. No se
limita a absolver: devuelve lo que fue negado. El sufrimiento no fue justicia,
fue error, y la justicia corrige honrando.
El texto explica entonces por qué el amor resulta incomprensible para quien
se percibe pecador. Cree que justicia y amor son opuestos, y que uno debe
sacrificar al otro. Desde esta creencia nace la inversión: el amor parece
débil,
la venganza parece fuerte.
Esta es la tragedia
central del juicio separado. Cuando el juicio se separa del amor, el amor
parece haber “perdido”. Ya no es visto como fuerza salvadora, sino como
espectador impotente, incapaz de proteger frente al castigo.
Mientras tanto, la venganza, al operar sin amor, parece ganar poder. Se
convierte en el mecanismo que “funciona”, que “corrige”, que “pone orden”. En
esta visión invertida, solo la venganza parece útil, mientras que el amor es
despreciado como ingenuo e ineficaz.
El párrafo no afirma que esto sea verdad, sino que describe con precisión
el mundo que surge cuando el amor es separado de la justicia. Es el mundo del
ego, donde el castigo parece necesario y el amor parece inútil.
Mensaje central del
punto:
- La justicia no puede castigar a los
inocentes.
- Aunque clamen por castigo, la justicia los
libera.
- La justicia restaura el honor perdido.
- El amor es incomprensible para quien se
cree pecador.
- Separar justicia y amor hace parecer débil
al amor.
- La venganza parece fuerte cuando actúa sin
amor.
- El mundo del ego invierte fuerza y
debilidad.
Claves de
comprensión:
- La justicia responde a la verdad, no a la
demanda.
- El castigo pedido no legitima la culpa.
- El honor es parte de la corrección, no un
premio.
- El amor no compite con la justicia: la
contiene.
- La venganza “funciona” solo en un sistema
falso.
- La percepción de debilidad es una ilusión
del ego.
Aplicación práctica
en la vida cotidiana:
- Observa cuándo pides castigo, incluso de
forma sutil.
- Nota si desconfías del amor como fuerza
real.
- Detecta la creencia de que solo el castigo
“corrige”.
- Practica aceptar la idea de que mereces
honor, no castigo.
- Recuerda que el amor no necesita
defenderse para ser fuerte.
Preguntas para la
reflexión personal:
- ¿Dónde sigo creyendo que el amor es débil?
- ¿En qué situaciones considero la venganza
más eficaz?
- ¿Me he negado honor a mí mismo por
sentirme culpable?
- ¿Puedo aceptar que la justicia me libere
aunque yo no lo crea?
- ¿Estoy dispuesto a ver la fuerza del amor
de nuevo?
Conclusión:
Este párrafo revela la última inversión que sostiene el mundo del ego:
creer que la venganza salva y que el amor fracasa. Pero la justicia verdadera,
unida al amor, no puede castigar a quien es inocente, aunque él mismo lo pida.
Al liberar y restaurar el honor, la justicia devuelve al amor su lugar
natural como la única fuerza capaz de salvar. La venganza solo parece fuerte
cuando el amor ha sido expulsado del juicio.
Restituir la justicia al amor es devolverle al amor su poder real.
Frase inspiradora: “El amor no es débil: es lo único que puede
salvar.”

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