VII. La roca de la salvación (13ª parte).
13. Recuerda que toda tentación no es más que esto: la creencia descabellada de que la locura de Dios te devolvería la cordura y te daría lo que quisieses, y de que o tú o Dios tenéis que perder frente a la locura porque vuestros objetivos son irreconciliables. 2La muerte exige vida, pero la vida no cuesta nada. 3Nadie tiene que sufrir para que
Este párrafo redefine toda tentación sin
excepción. No la presenta como deseo, debilidad moral o atracción hacia el
placer, sino como una única creencia absurda, repetida en múltiples formas: la
idea de que la locura de Dios podría salvarte.
Según esta lógica, la cordura solo podría
alcanzarse a costa de Dios, o bien Dios tendría que perder para que tú ganes.
La tentación siempre plantea un conflicto irreconciliable entre tú y Dios, como
si vuestros objetivos fueran opuestos.
Este es el núcleo del engaño: o tú o Dios
tenéis que perder.
El Curso desmantela esta idea mostrando su
absurdo lógico. Si Dios pudiera perder, no sería Dios. Si tú pudieras ganar a
costa de Dios, no serías Su Hijo. La tentación siempre implica una visión de la
realidad basada en la pérdida, y por tanto, en la locura.
El texto introduce entonces una afirmación
fundamental: La muerte exige vida, pero la vida no cuesta nada.
Aquí se establece una distinción radical entre
dos sistemas: la muerte exige sacrificio, la vida no exige nada.
La Voluntad de Dios no necesita sufrimiento, pago
ni renuncia. Nadie tiene que sufrir para que Su Voluntad se cumpla, porque Su
Voluntad ya es.
La salvación no es una concesión divina, sino una
Voluntad compartida. No es solo para el “yo” individual, sino para el Ser del
Hijo de Dios, que es uno con todos. Y ese Ser no puede perder, porque una
pérdida del Hijo sería una pérdida del Padre, lo cual es imposible.
El párrafo culmina afirmando que esta conclusión
no es mística ni emocional, sino perfectamente cuerda, porque es verdadera. La
verdad no exige sacrificio, y la cordura no puede surgir del conflicto.
Mensaje central del punto:
- Toda
tentación es una sola creencia falsa.
- La
tentación propone que Dios esté loco.
- Presenta
un conflicto entre Dios y Su Hijo.
- Sugiere
que alguien debe perder.
- La muerte
exige sacrificio; la vida no.
- Nadie
tiene que sufrir para que se cumpla la Voluntad de Dios.
- El Hijo
de Dios no puede perder.
- Esto es
cuerdo porque es verdad.
Claves de comprensión:
- La
tentación no tiene múltiples formas reales.
- Siempre
propone ganancia a costa de Dios.
- El
sacrificio es señal inequívoca de ilusión.
- La
Voluntad de Dios no compite con nada.
- La
salvación es compartida, no individual.
- La
imposibilidad de la pérdida define la verdad.
Aplicación práctica en la vida cotidiana:
- Ante cualquier tentación, pregúntate: “¿Estoy creyendo que alguien
debe perder?”
- Observa cuándo aparece la idea de sacrificio necesario.
- Recuerda que la vida no exige pago alguno.
- Practica rechazar cualquier pensamiento que enfrente tu bien al de
Dios.
- Descansa en la idea de que la salvación no tiene costo.
Preguntas para la reflexión personal:
- ¿Qué
tentaciones sigo interpretando como inevitables?
- ¿Dónde
creo que el bien tiene un costo?
- ¿Qué
sacrificios sigo justificando?
- ¿Puedo
aceptar que la vida no exige nada?
- ¿Estoy
dispuesto a soltar la idea de conflicto con Dios?
Conclusión / síntesis:
Este párrafo revela que la tentación no es
poderosa, solo repetitiva. Siempre propone lo mismo: que la locura puede
salvarte y que Dios debe perder para que tú ganes. Al reconocer esta
estructura, la tentación pierde todo su atractivo, porque se ve como lo que es:
una contradicción imposible.
La verdad no compite, no exige, no sacrifica. La
salvación es la Voluntad compartida de Dios y Su Hijo, y por eso la pérdida
es imposible.
Esto es cuerdo. Porque es verdad.
Frase inspiradora:
“La vida no cuesta nada.”
Invitación práctica:
Hoy, ante cualquier tentación, repite con suavidad:
“Nada tiene que perder para que yo sea salvo.”
Y permite que la cordura se reafirme sola.
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