Diálogos entre Psique y Lumen.
Diálogo 3: ¿El pecado no existe? Entonces, ¿todo está
permitido?
Psique: Si el Curso dice que el pecado no existe, ¿significa
que todo está permitido? ¿No es eso peligroso?
Lumen: La pregunta surge casi inevitablemente. Porque si se
elimina la idea de pecado, parece que se elimina el límite moral.
Psique: Pero si no hay pecado real, ¿qué impide que alguien
dañe a otros sin remordimiento?
Lumen: La creencia en el pecado no ha impedido el daño en la
historia humana.
De hecho, muchas veces lo ha intensificado.
Cuando alguien
se percibe culpable en esencia, tiende a proyectar esa culpa fuera. Ataca para
no sentirla. Castiga porque cree merecer castigo.
La idea de
pecado ontológico no produce bondad; produce miedo.
El Curso
propone algo distinto: que el mal comportamiento no es maldad esencial, sino
error de percepción.
Psique: ¿Error en qué sentido?
Lumen: Error en la identidad.
Si alguien
cree que está separado, vulnerable y en competencia, actuará desde defensa. Y
la defensa, cuando se intensifica, se convierte en ataque.
El ataque no
surge porque el pecado sea real. Surge porque se cree en la separación.
Cambiar
“pecado” por “error” no es trivial. Cambia la base psicológica.
Psique: Pero, ¿no se pierde la responsabilidad?
Lumen: Al contrario. Se vuelve más profunda.
En el marco
del pecado, la responsabilidad termina en culpa y castigo.
En el marco del error, la responsabilidad implica corrección.
La culpa
paraliza. La corrección transforma.
Si alguien te
hiere y tú crees que es un pecador esencial, lo condenas.
Si entiendes que está actuando desde percepción distorsionada, puedes poner
límites sin condenar su esencia.
Eso no
justifica la conducta. La contextualiza.
Psique: Entonces el Curso no dice “haz lo que quieras”.
Lumen: No. Dice algo más radical: lo que haces nace de lo que
crees ser.
Si te crees
separado, actuarás con miedo. Si recuerdas unidad, el ataque pierde sentido.
No se trata de
imponer normas externas, sino de sanar la fuente interna.
Psique: Pero en términos prácticos, ¿cómo se traduce eso?
Lumen: En que el daño sigue teniendo consecuencias en el
plano de la experiencia. Pero esas consecuencias no son castigo divino; son el
reflejo natural de la mente que eligió miedo.
El ataque no
te condena ante Dios. Te mantiene en conflicto interior. Eso ya es suficiente
consecuencia.
Psique: Entonces el “castigo” es psicológico, no metafísico.
Lumen: Exacto.
Cuando atacas,
refuerzas la percepción de separación. Y eso genera miedo, aislamiento y
defensividad. No porque haya una ley punitiva externa, sino porque has elegido
un sistema de pensamiento que produce conflicto.
El Curso no
elimina la ética. La reubica.
Psique: ¿Cómo la reubica?
Lumen: De una ética basada en culpa y amenaza, a una ética
basada en percepción y coherencia.
En el sistema
del pecado: “Compórtate bien o serás castigado.”
En el sistema
del error: “Lo que eliges pensar determina la experiencia que tendrás.”
No es
permisividad. Es responsabilidad mental.
Psique: ¿Y qué ocurre con la justicia? ¿Desaparece?
Lumen: La justicia punitiva pierde centralidad. Pero la
claridad no.
Si alguien
actúa dañando, poner límites no es condenar su esencia. Es proteger la
integridad del espacio compartido.
El Curso no
pide ingenuidad. Pide no confundir conducta con identidad eterna.
Puedes decir
“esto no es aceptable” sin decir “tú eres irremediablemente malo”. Eso es un
cambio enorme.
Psique: Entonces el pecado no existe como esencia… pero el
error sí existe como experiencia.
Lumen: Sí. El error existe como elección equivocada de
percepción. Pero puede corregirse.
El pecado, tal
como se entiende tradicionalmente, sería una mancha permanente. El Curso niega
esa permanencia. Ningún error altera lo que eres en verdad.
Psique: ¿Y eso no trivializa el daño?
Lumen: No. Lo libera del drama metafísico.
El daño puede
doler. Puede requerir reparación. Puede necesitar límites firmes. Pero no
convierte a nadie en una identidad corrupta para siempre.
Eso es
compasión estructural.
Psique: Entonces, cuando el Curso dice que el pecado no
existe, ¿está diciendo que el mal no tiene sustancia propia?
Lumen: Exactamente.
El mal no es
una fuerza ontológica. Es una percepción errónea actuada. Si el mal tuviera
sustancia propia, sería tan real como el amor. Y entonces la unidad sería
imposible.
El Curso
protege la unidad afirmando que el error no tiene raíz eterna.
Psique: Entonces, ¿todo está permitido?
Lumen: No.
Todo es
posible como elección, pero no todo es coherente con lo que eres.
Puedes elegir
ataque. Pero el ataque te aleja de la paz.
Puedes elegir
culpa. Pero la culpa te encierra.
No hay policía
metafísico. Hay coherencia o incoherencia con tu naturaleza.
La verdadera
pregunta no es “¿Está permitido?”. Es “¿Qué sistema de pensamiento quiero
reforzar?”.
Psique: Entonces la libertad no es licencia, sino conciencia.
Lumen: Sí.
La libertad no
es hacer lo que el ego desea sin límites. Es no estar obligado a actuar desde el
miedo.
Cuando
comprendes que el pecado no existe como esencia, dejas de defenderte con culpa.
Y al dejar de defenderte, disminuye la necesidad de atacar.
La ética del
Curso no nace del miedo al castigo, sino del reconocimiento de unidad.
Conclusión de Lumen:
El pecado no
existe como identidad eterna. Pero el error sí tiene efectos en la experiencia.
Nada te
condena ante Dios, pero tus elecciones refuerzan paz o conflicto.
No todo está
“permitido” en el sentido de ser neutro. Todo es elección, y cada elección
fortalece el sistema de pensamiento que eliges vivir.
No eres un
pecador que debe temer castigo. Eres conciencia capaz de corregir su
percepción.
Y esa posibilidad de corrección es lo que llamamos libertad.

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